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domingo, 1 de abril de 2012
Francesca Woodman
Francesca Woodman en el Guggenheim de Nueva York. He hablado de ella al menos en nueve entradas de hobby horse. Cuanto más miro sus fotos, más convencido estoy de que no se puede decir nada sobre ellas. Nada que merezca la pena, me refiero. ¿Será porque es como de otro mundo?, porque es sobrenatural, digamos… no, todo lo contrario, es porque es humana, demasiado de este mundo y la cruda realidad es que no entendemos nada, mortales orgullosos de motores…
jueves, 29 de marzo de 2012
Notas para un diario 234
Siempre creí, equivocadamente, que esta foto de Helmut Newton, que el Grand Palais ha elegido para el póster de la retrospectiva que le dedica estos días, estaba tomada en la rue des Beaux Arts. Son esas cosas que a uno se le meten, no se sabe como, en la cabeza y que se quedan ahí para los restos. Está realizada en 1975 y es una foto en espejo goyesco con otra en la que la misma mujer aparece desnuda. Yo confieso que no he visto aún la otra foto. La calle, situada detrás de la rue de Rivoli, en la margen derecha, se parece como dos gotas de agua a esas que mencioné en la nota anterior, de la izquierda, las calles Visconti, Bonaparte, Beaux Arts, etc. En esta última, en un hotelito humilde que fue derribado y que se llamaba Hotel D´Alsace, vivió sus últimos años, y murió el 30 de noviembre de 1900, Oscar Wilde. Tenía a su muerte más o menos mi edad, pero estaba destrozado, muy posiblemente por la sífilis. Puestos a hacer confesiones diré que mantengo una identificación mística con el escritor dublinés. Que cada quien piense lo que quiera al respecto, pero esa identificación, en mi caso, se hace más y más intensa justamente con el Wilde de los últimos años parisinos. He peregrinado (y seguiré haciéndolo) a cada uno de los rincones que de una manera u otra lo evocan, De Profundis en mano, y he percibido, sentido, casi tocado, su espíritu todavía vivo; es por ahí por donde yo experimento la presencia de algo que no es de este mundo. Sus opiniones al final de su vida eran rotundas y claras. Por ejemplo, sobre el éxito y el fracaso (en el que estaba plenamente sumido) decía que "el artista que triunfa es un artista incompleto. El éxito es un mero episodio (es cuanto puede ser) y el fracaso es el desenlace real, final… la suprema función del artista es reflejar la belleza del fracaso". Pienso que hay mucho contenido en esas intuiciones, pero no me toca a mí desvelarlo ahora. Es una réplica exacta del pensamiento de Cervantes. Hasta el último día, Wilde mantuvo intacto el deseo de amar: "Para mí la vida sin deseo no merece la pena vivirse", dijo a su amigo Frank Harris. A pesar de lo que se ha escrito, mantuvo también vivo el deseo de escribir (y se mantuvo a través de él). Dijo a algunos que "su obra estaba ya hecha" pero también escribió en una carta que en el fondo de su corazón, "esa cámara de los ecos muertos" (toma escritor) deseaba hacerlo cada mañana de cada nuevo día. Por eso le admiro. En eso quiero ser, vivir y morir como él. Deseando. De Newton, Helmut, hablaremos otro día.
miércoles, 26 de octubre de 2011
Isabel Núnez y Lydia Oliva
La audacia del planteamiento de un libro como Sinrazones del olvido (Icaria, 2011) se justifica también por la riqueza de su contenido. Me explico. Las escritoras catalanas Isabel Núñez y Lydia Oliva llevan lustros difundiendo su pasión por un grupo de artistas modernas, escritoras y fotógrafas, a las que han dedicado cursos, artículos, reseñas, ensayos y hasta pequeñas exposiciones. Siempre por cierto con bastante éxito de público, debido al mismo tiempo a la calidad de las personas estudiadas como a la altura de miras de las estudiosas. Parten de la base más que justificada de que si su condición de mujeres supuso para ellas, mientras vivían y realizaban su obra, un muro de dificultades añadidas, tras su muerte esa misma condición ha lastrado miserablemente el reconocimiento que merecían. Articulado en forma de vidas paralelas (el recurso a la comparación abre insospechados vericuetos en el texto), la sustancia del libro (a mi juicio es el mayor de sus aciertos) es narrativo. De ese modo, nunca resulta tedioso y la carga de reflexión, así como los abundantes datos sobre la vida y la obra de cada artista, fluyen con toda naturalidad por las páginas del libro. Isabelle Eberhardt y Anna Atkins, Jean Rhys y Frances Benjamin, Dorothy Parker y Berenice Abbott, Maeve Brennan y Lee Miller, Natalia Ginzburg y Gisèle Freund: nómadas, pioneras, comprometidas, excéntricas, resistentes, todas fueron admirablemente todas esas cosas. No me puedo olvidar, al repasar sus vidas intensas, sus dificultades, las injusticias a las que se vieron sometidas en su afán de ser libres, aún después de muertas, de la frase de Stravinsky: “Quien te opone una resistencia, te da una fuerza”.
domingo, 18 de septiembre de 2011
Dos fotos (Notas para, 215)
© Jochen Gerner
Me han preguntado si seguiré escribiendo las Notas para un diario o no. Si, ahora que colaboro con un periódico, el blog dejará de ser algo personal y se transformará en un blog de libros. No encuentro una mejor respuesta a esa pregunta que esta foto. En Hobby Horse muchas de las entradas han sido ilustradas con bibliotecas y librerías. Amo los libros, hasta el punto de que más bien cabría decir que muchas de las entradas han sido escritas para poder poner una determinada foto. Pero eso sí, al mismo tiempo odio la decoración, como casi todo lo que es impostado. Tardo un segundo en captar si una foto está compuesta o si responde a la sacrosanta vida espiritual de un lector. No hay una sola foto de libros en este cuaderno en la que la decoración gane la partida. Los libros conllevan suficientemente carga de muerte, de la de verdad, como para embalsamarlos; llevan tanta belleza (escondida) que es un sacrilegio adornarlos de forma alguna. A lo que voy. Los libros son algo, antes que nada, mental. Lo he redescubierto a propósito de esta foto de un artista francés que se llama Jochen Gerner y que me ha dejado reproducirla aquí. En otras palabras, Hobby Horse desaparecerá antes de convertirse en algo inauténtico.Eso mismo pensé el otro día cuando encontré azarosamente esta otra imagen. Me transportó de inmediato a un periodo muy especial de mi adolescencia. Una película, y un amor primero, me habían llevado a los jardines interiores de un college de Oxford. Fui por increíble que parezca a buscar una ventana en un bajo. Una ventana por la que entrara en primavera el olor de las flores silvestres. No encontré esa ventana secreta. Ahora sí la he encontrado. Y la prueba es esta foto de Guadalupe de la Vallina. Una imagen que refleja mejor que nada el estado actual de mi espíritu.
miércoles, 19 de enero de 2011
Todas las mañanas del mundo
Yes, light is speech. Free frank
impartial, sunlight, moonlight,
starlight, lighthouse light,
are language.
P.S. De la nueva edición de la Poesía Completa de Marianne Moore, Lumen (2010). Traducción de Olivia de Miguel: "Sí, luz es la palabra. Libre, franca,/ imparcial luz solar, luz lunar,/luz estelar, luz de faro,/son lenguaje."
P.S. 2: La foto está tomada hace pocos días en el Pirineo navarro por José Antonio Echeverría Bomba.
miércoles, 5 de enero de 2011
domingo, 1 de agosto de 2010
Gerda Taro
"Con una mujer como Gerda Taro al lado, cualquiera podría ser Robert Capa". Totalmente de acuerdo con esta frase, oída al vuelo, días atrás, en mi librería de cabecera. La foto de arriba, ¿la sacó el bueno del señor Friedman? Parece que no, pero en realidad no se sabe. Lo que yo hubiera dado, en todo caso, por haber pasado aquella noche de finales de julio del 37 en El Goloso (menudo nombre de lugar para estirar la pata). A su lado. Me hubiera quedado en silencio, viéndola morir. Sola. Plena. De vitalidad y de muerte (como en la foto de abajo). De luz. Fue en concreto un 26 de julio, y yo me acordaré mientras viva de esa mujer a la que admiro. Atropellada por una tanqueta republicana. Enajenada por la morfina. Me gustan sus manos. ¿De hombre? De mujer fuerte. Valiente. De las que no se derrumban a la primera. De las que, no obstante, saben hacer teatro. Dice François Maspero que, cuando estuvo en la cárcel, Gerda volvía loco a un carcelero fingiendo que lloraba. Había descubierto que ese tipo (nos pasa a muchos) nos venimos abajo cuando llora una mujer. Nada más natural. Lo que tú quieras, pero en cuanto aparecía el verdugo, la Taro se echaba a llorar como una magdalena y ahí se acababan los interrogatorios y la tortura. Parece que hay una exposición de sus fotos en Madrid. Yo no pienso ir. "Ya, tú prefieres imaginártelo todo. Muy en tu línea".
jueves, 24 de junio de 2010
domingo, 13 de junio de 2010
Perpetuum mobile
El curso avanza hacia su final. El cansancio se apodera de nuestros mejores propósitos. Apenas nos restan fuerzas, y las pocas que nos quedan se agostan con facilidad ante la insensibilidad o el cansancio ajenos. Es un momento para el cultivo de la paciencia, de la tolerancia, de la distancia y la suspensión. Un tiempo para ir frenando, para ir apagando motores, para contemplar las cosas realizadas y no añorar todas las que se han quedado en ciernes. No resulta fácil parar la inercia de lo comenzado, y menos aún somos capaces de reiniciar nada nuevo. La melancolía y el desencuentro con los que más queremos (aquellos que nos pueden hacer más daño) nos acechan, si no sabemos relativizar un poco las cosas, atender a todo como si no pasara nada. En mi caso, esa expectativa de parar las máquinas no está reñida, ni mucho menos, con descubrimientos deslumbrantes, en el plano personal y en el intelectual. Algunos prefiero callármelos (os recuerdo que no hablo de nada realmente personal en estas notas condenatorias), pero no tengo inconveniente en compartir una parte de aquello que me ha interesado. Es el caso de la obra de una fotógrafa madrileña, de origen hispano-alemán, y de nombre Monika Horstmann. Traigo aquí una de sus fotos. Podéis picar sobre ella y contemplar su elaboración a la vez sutil y descarnada. Una niña (¿Caperucita?) se detiene en un claro del bosque. La línea de fuga corre primero de izquierda a derecha y después sigue la hilera de los árboles hasta el fondo de la imagen. De ese modo, la artista dirige nuestra mirada con decisión, obligándonos a hacer un recorrido completo del plano. A un lado, lejos de su alcance, ha dejado una capa roja y su cesta. ¿Qué contendrá esa caja de Pandora? ¿Por qué mantiene un tul? Viste de blanco adamascado, blanco como sus dientes y las mediaslunas de las uñas de sus dedos de hada. Me fascina la ligera inclinación de sus hombros, el gesto de delicada belleza que dibujan los huesos al sobresalir. Es una forma ligeramente descendente. "Ellas se están transformando aunque apenas lo intuyen". Así define Monika el alma de esa foto cautivadora. Más allá de las referencias formales evidentes (de Lewis Caroll a Puvis de Chavanne), a mí me interesa la pregunta a la que su trabajo apunta: ¿Quiénes somos? ¿Quién está en nosotros, nos habita, en el preciso instante de la detención? La pregunta por la continuidad/discontinuidad del yo me ha obsesionado desde siempre (durante años procuré estudiarlo, a partir de los principales textos de la literatura autobiográfica, sin llegar a ninguna conclusión válida). Las transformaciones del yo, a las que Manuel Cruz dedicó un artículo ("Te querré siempre") el otro día en El País. Habla allí del papel que juegan, en la evolución y en las rupturas del yo, los demás, en particular, aquellos a los que hemos amado. Habla de los enamoramientos sucesivos, de la posibilidad de autorreconocerse a través de las mudas del corazón. ¿Dónde está aquel que amó "infinitamente" a tal o cual persona? Aquel que juró "amor eterno" a alguien, cuyo recuerdo ahora nos altera y hasta nos disgusta y desdibuja. La foto de Monika recoge también esa realidad/irreal: los cambios fundamentales, todo aquello que aparece larvado en la imagen de una niña/mujer, tienen que ver con el amor, con su inocencia y con la pasión que un día despertará. Crecemos y nos transformamos amando, pero esa fuerza al mismo tiempo que nos inflama nos deshace. Así vamos dejándonos la piel, en un sentido más literal de lo que cabría imaginar. Quizás sea esta la idea rectora de un clásico/moderno que he leído estos días y que os recomiendo vivamente: Indigno de ser humano, de Osamu Dazai. ¡Extraordinario! Es el autorretrato de alguien conformado a golpes de amor. Alguien que, por medio de lo más humano, acaba en al borde de la inhumanidad. Me emocionó leer, al comienzo de este relato magistral, un párrafo profético; me pareció una meditación sobre la foto de Monika: "Cuando era pequeño solía jugar sólo con niñas, pero no creo exagerar si digo que me relacionaba con ellas con la cautela de quien anda sobre una fina capa de hielo. No podía entenderlas. Andaba totalmente a oscuras en lo que a ellas se refería y, a veces, como si pisara la cola de un tigre, terminaba con penosas heridas. Al contrario de lo que sucede con las causadas por el látigo de un hombre, esas heridas eran profundas y dolorosas, como si de una hemorragia interna se tratase, y resultaban difíciles de curar". ¡Una pasada de escritor y de fotógrafa!
lunes, 26 de abril de 2010
Un seul sourire (Paul Eluard)
Un seul sourire disputait
Chaque étoile à la nuit montante
Un seul sourire pour nous deux.
Et l'azur en tes yeux ravis
Contre la masse de la nuit
Trouvant sa flamme dans mes yeux.
J'ai vu par besoin de savoir
La haute nuit créer le jour
Sans que nous changions d'apparence
Chaque étoile à la nuit montante
Un seul sourire pour nous deux.
Et l'azur en tes yeux ravis
Contre la masse de la nuit
Trouvant sa flamme dans mes yeux.
J'ai vu par besoin de savoir
La haute nuit créer le jour
Sans que nous changions d'apparence
Una sola sonrisa disputaba
Cada estrella a la noche cercana
Una sola sonrisa para nosotros dos.
Y el azur de tus ojos encantados
Contra la masa de la noche
Encuentra su llama en mis ojos.
He visto por necesidad de saber
La alta noche crear el día
Sin que nosotros cambiemos de apariencia
(La foto es de Manel Armengol, se titula En Fornells, y pertenece al ciclo Cielos)
sábado, 24 de octubre de 2009
Abecedario espiritual o Nuevo Libro de los Amigos
Sabemos sin duda que es tan poderoso el amor, que lleva tras sí al hombre, casi sacando el corazón fuera de sus términos y poniéndolo donde el mismo amor se pone; y como el amor de Dios sea más poderoso, también trae al Señor consigo; en tal maña que puede decir el mismo Señor: Donde estuviere mi amor estaré yo; y como Dios es impartible e indivisible, síguese que quien ama al Hijo tiene consigo al Padre y al Espíritu Santo, cuyas riquezas, como no están fuera del mismo Dios, también las trae consigo el que tiene a Dios, porque siempre se trae consigo sus bienes; y como los cuidadanos celestiales más estén con Dios que en sí mismos, no hay duda sino que se van con el mismo Señor adonde el amor les lleve para tener compañía a su Señor; de lo cual se sigue que donde está el amor de Dios está todo el paraíso, y aun que el verdadero paraíso es el amor de Dios, porque ni el paraíso celestial sería paraíso sin amor, ni donde está el verdadero amor de Dios falta por entonces todo lo que está en el cielo empíreo, el cual se dice el mayor y primero de los cielos, así como el amor es el mayor y primero de los mandamientos.
Tercer Abecedario Espiritual de Francisco de Osuna.
La foto está tomada por Manel Armengol en Santa María de Eunate, Navarra, en 1989 (Kodachrome 64-35 mm)
lunes, 19 de octubre de 2009
Para Paula,2
Paula 2
Giro suavemente mi alma hacia ti
Sólo tú me aguardas al lado del camino
Como un viento suave en crecida
Me abres
Lo profundo
Del bosque y del mar
Los horizontes rojos
Dorados
En los que nace el amor.
(La foto fue realizada en 1992 en Venezuela por Manel Armengol, y se titula Sabana; vaya desde aquí mi agradecimiento y admiración por su trabajo)
viernes, 26 de junio de 2009
Notas para un diario 118
Miniatura
Al principio me dediqué a mirar el mar azul, azul turquesa; unas olas pequeñas rompían regularmente contra las rocas. Apenas podía oír el sonido de sus crestas batiendo sobre la piedra negra. Un cielo inmenso aparecía blanqueando el azur. Desde donde tú no estabas, la brisa me traía el sonido de tu voz, las notas levemente agudas de tus palabras. Poco a poco me fueron envolviendo en una dulzura aterradora que me impedía sestear, en mi sombra, detrás de ti. Ya no miraba el mar. Me limité a escuchar las inflexiones de tu voz. Me enamoré de tu voz. Me enamoré de ti.
(En Biarritz, Cafe de Paris, Place de Bellevue 5, 24 de junio de 2009, 16:14. La foto, de Obén Antón, pertenece a la serie Angelo o Diavolo y se titula Bella Durmiente)
jueves, 28 de mayo de 2009
Notas para un diario 110
Estas palabras que te escribo son, desde luego, una especie de Prièr d´insérer, o sea, un Se ruega insertar, acaso el único género en el que me encuentro más o menos a gusto (como dicen en mi tierra de adopción). No todos los hombres mueren igual, escribió el gran Derrida (Aporías), y yo, que siempre me preocupó la vida mucho más que la muerte, por aquello de que la tengo más a mano (la mano que uno puede levantar contra sí mismo si es necesario, si es compulsory, como se dice en inglés, perentorio en castellano), digo que no todos los hombres viven de la misma manera: en concreto yo, pies de nácar, ya no sé si vivo o muero porque no vivo. La verdad es que ha sido patético darte a leer aquella historia terrible, sucia, una historia de hocicos, decías tú, con la precisión literaria y crítica que te caracteriza, pero que al mismo tiempo necesitaba que leyeses (qué haría yo sin el subjuntivo, que tanto contribuye a desobjetivizar la cosa), y no me preguntes porqué pero lo necesitaba como el beber, de la misma manera que el protagonista bebe de la fuente oscura de la mujer del cuento, hasta que de tanto quedar saciado consigue que la fuente vuelva a manar su leche, su miel y su hiel, estoy viendo perfectamente tu cara de asco, ante tanto engolfarse en la natura naturata. La verdad es que resulta paradójico que seas tú, la que todo lo ha probado y experimentado, la que me digas que no haga locuras, que me mantenga en mis trece, joder que fácil es hablar cuando se va por libre en medio de la dantesca selva erronea e oscura di questa vita. Me he preguntado mil veces, entre ayer y hoy, por la necesidad que tenía de que leyeras eso, y a parte de que sé que eres la única persona que no me juzga, y de la necesidad íntima de compartir contigo esa especie de secretum petrarquesco, me alegra el hecho de que hayamos llegado a esa misma conclusión, cada uno por su lado: frente a lo que el autor denomina absolutismo judío, y que yo creo que se puede traducir, en ese contexto erótico, en que en realidad no es que tengamos un cuerpo, sino que somos un cuerpo, no se puede olvidar tampoco que somos un espíritu, y que en realidad nosotros somos nuestras circunstancias biográficas, sociológicas, etc, y que vivir no es sino esperar(se) en los límites de la verdad. Sí, de acuerdo, pero escúchame una cosa, siendo eso cierto, te aseguro que hay un momento en la vida en que deseamos la objetivización hasta el tuétano mismo de nuestro ser; como decía mi querido Julien Green, on se fatigue d´ être soi-même, y lo único que queremos es desnudarmos, como esas figuras de la Woodman (ver la foto; no sé a vosotros pero a mí me recuerda hasta la nausea el bushiano y aznariano Abu Grahib), acaso con un caperucho sobre la cabeza. Supongo, flaca, que algo de eso es lo que te quería decir; no era, de verdad, una invitación a nada, ni siquiera una sugerencia, ya me conoces, era sólo una manera de decirte tímidamente algo que te he escrito en la dedicatoria del libro que te he mandado, y que sin ningún rigor voy a reproducir aquí: te decía que hablar contigo, mantenerme cerca de ti, con toda mi evidente maladresse, se convierte en otra manera de volver a mí, eres como un espejo que me devuelve mi imagen, pero una imagen mejorada, sosegada, menos neurótica y angustiada; produces en mí un indudable efecto catártico y eso se debe a que eres seguramente la persona más honesta y limpia que me he encontrado nunca, aunque parezca que yo me empeñe en ensuciar todo lo que nos afecta. In other words, I´m always waiting for you because you´re a part of my life. Por ahora lo dejo aquí, bruja buena, pero te prometo que mañana sigo con este discurso entrecortado que llevaba dentro desde hace días y que todo este rollo del libro dichoso no me ha permitido sacar a la luz.
lunes, 13 de abril de 2009
Notas para un diario 102
Llevo días retrasando esta carta y no me parece justo. Después de los meses que llevo quejándome, y haciendo que te preocupes por mí. Y cuando por fin veo un poco de luz, no te digo nada. Quizás quería entender antes el sentido de lo que he recibido estos días antes de decirte nada. Perdóname Al, pero por otro lado pensaba que la luz que he recibido ha sido tan fuerte que quizás te había llegado a ti también. Empecé a ver algo una noche, en casa. Habíamos salido a cenar. Fue la típica cena, igual a otras miles a las que hemos asistido (recuerdo algunas en las que tú y yo nos mirábamos sintiéndonos fuera del mundo). No conseguí que se hablara de nada durante la cena. Lo mismo de siempre: los mismos temas, las mismas pullas a los ausentes, la misma desconfianza, los chistes fáciles. Llegué a casa derrumbada. Las niñas dormían. Creo que la mayor tenía algo de fiebre pero no quise despertarla. J. se había ido a dejar a la canguro en su casa. Tardaba y tardaba. Puse la tele y me dispuse a esperarle. No ponían nada pero yo pensé que era mejor así. Me sentía totalmente vacía. Empecé a pensar en ti, en que tú tienes tanta o más necesidad que yo de consuelo, después de todo. Tú eres pobre, elegido pobre, concebido pobre: débil, inútil, impotente. Yo también soy pobre, elegida pobre, concebida pobre: débil, inútil e impotente. Somos tan pobres los dos que el evangelio para nosotros es una pura necesidad. Y entonces supe que esa era nuestra mayor riqueza, un tesoro incalculable. Me di cuenta de que, durante los años que hemos pasado cerca, Alguien ha ido desnudando nuestras almas; nosotros queríamos vestirlas, pues conocemos la vergüenza de nuestros pecados, pero lo necesario es desnudarlas para que la semilla llegue a lo profundo de nuestro polvo, a lo más hondo del alma. Al, no temas desnudar tu alma, no temas mirarla, libérate del miedo que te quede, dándoselo todo a él directamente, y si no puedes, dámelo a mí, que se lo daré a él en tu nombre: dáme todo el miedo que te surja. No es fácil caminar en el alma, hay lugares muertos y ateos, otros lugares sin paz, en los que luchan el espíritu del mundo y el mal, pues están divididos; también encontrarás lugares vacíos y desiertos, en los que no sientas su presencia. No te enfades conmigo por lo que te digo: créeme, creo que daría mi vida por ti. Si no desnudamos el alma no se puede sembrar. Para ello hay que dejar que penetre su luz; cuando nuestras faltas estén en la luz, él nos dirá que hacer. Siempre mendigos. Esto es verdad y yo sé que tú entiendes esto que te digo, sin claridad, sólo balbuciendo…
(La foto que acompaña el fragmento de esta carta es otro autorretrato romano de Francesca Woodman, de los años 1977-78)
sábado, 28 de febrero de 2009
Notas para un diario 98
Yo por aquí trabajando mucho, pero por las noches lo paso muy mal. Ansiedad. Angustia. Las dos cosas. La vida me acorrala cada vez más y más (más y más hondo), hasta el fondo. A veces me parece que esto no es no la vida ni la tierra, sino lo que alguien cuenta al respecto. Lo oigo como si se tratara de un país lejano, del viaje de un extraño a países lejanos. Me despierto de repente por el llanto de alguno de los niños y después no logro volver a dormir. Veo la tele, leo a Rodoreda. Tomo leche con miel y doy vueltas y más vueltas pero no logro cerrar los ojos y caer desmayada. Le miro a él y duerme como un tronco. Entonces pienso y pienso y se van pasando los minutos y luego las horas y así amanece y ya me voy a la ducha, cansada de tanto pensar. Y, me dirás, ¿pero en qué piensas? Y te respondo que en todas esas preguntas que no tienen respuesta... Si el cielo existe, si el bien y el mal es una elección, si tendrían razón nuestros padres en lo que nos enseñaron, si habré estado engañada desde pequeña, si estoy haciendo algo útil, que si me muero hoy qué harían él y los niños, que si me muero adónde iría.... al infierno porque ya casi nunca hago el bien. Sudo, me pongo nerviosa y ahí sí que ya no me duermo más. Y se lo explico, me dice que él no piensa tanto y que tiene los pies más en el suelo y que debe de ser más tonto que yo pero que él es más materialista y sólo le preocupan los problemas del día de mañana y que no piensa en nada parecido a lo mío. Claro, él no puede responderme... se queda callado y dice que él tiene fe, que no se pregunta nada y punto. Ves cómo te digo que a veces es mejor no contarlo todo? Bueno, tengo la sensación de que me estoy repitiendo y, en fin, que no sé, pero ya te lo conté la otra vez y lo único que hiciste fue publicar mi carta y no darme ninguna respuesta. Pero me gustaría que estuvieras aquí, como antes. Me gustaría pasear contigo a la luz de los faroles que veo desde la ventana de mi casa. Veo en esa luz mortecina una línea que me habla de la inmortalidad. Por cierto, ayer fui a la presentacion del libro de la Roudinesco de la que hablaste y no sabes que tarados que están todos esos lacanianos. ¿A que no sabes quien estaba entre el publico? Mi ex-psiquiatra! increíble! no se como pude fiarme de un tipo así...
(La foto es un autorretrato de la extraordinaria Francesca Woodman (1958-1981))
jueves, 26 de febrero de 2009
Este blog
ESTAMOS HACIENDO UN LIBRO
testimonio de lo que no decimos.
reunimos nuestro tiempo, nuestros dolores,
nuestros ojos, las manos que tuvimos,
los corazones que ensayamos;
nos traemos al libro,
y quedamos, no obstante,
más grandes y más miserables que el libro.
El lamento no es el dolor.
El canto no es el pájaro.
El libro no soy yo, ni es mi hijo,
ni es la sombra de mi hijo.
El libro no es sólo el tiempo,
un tiempo mío entre todos los tiempos,
un grano en la mazorca,
un pedazo de hidra.
(Prólogo de Jaime Sabines a su libro Tarumba)
(La foto es de Klein, y se titula Vacío)
miércoles, 11 de febrero de 2009
Monólogo
Otra vez sólo sombras, contornos en la oscuridad, otra vez el silencio. La luz se ha apagado tras la última puerta, más allá de la estancia vacía que nos separa. Otra vez, la oscuridad. Blanquean las hojas de las puertas. La luna, inmensa, fastuosamente brillante, proyecta en el suelo luminosos trapecios, descubre sobre la mesa metales aún no apercibidos. Ahí al lado, el resplandor levanta una palidez mortuoria en los muchachos pintados. Da la sensación de seres laminados, transparentes, de estar aguardando algo. Pero la realidad no es el momento apacible, o la sorpresa, o la sonrisa, o la presencia de un ser humano que habla, ofrece un cigarrillo y desaparece. Si no fuera porque sé que no será esta la última vez que llegue el miedo, podría levantarme, gritar, como un enfermo más: decir que ya no es posible resistir, que he llegado al fin de mi capacidad de aguante. Pero yo sé que esa no sería tampoco la última vez: sólo una vez más (y agravada). Es preciso continuar, seguir, andar… Preferiría las ventanas cerradas, porque, al menos, no oiría el mar. Si no fuera por el desmesurado resplandor de la luna, podría quedarme quieto, mirando el cielo; descubrir poco a poco los innumerables mundos que de niño me atraían y me consolaban. Pero este brillo me ciega, me duele.
(De La trampa de Ana María Matute)
(Foto Henri Zerdoun)
jueves, 5 de febrero de 2009
Anna Malagrida
De la fotografía española actual, la que más me interesa es la obra de Anna Malagrida (Barcelona, 1970). Sus retratos, especialmente la serie "Espectadores", pero también sus paisajes urbanos, como los que dedicó al Raval, y, sobre todo, la serie llamada "Interiores", del año 2002 (en la foto), me parecen impresionantes: alguien ha hablado de la presencia de Hitchcock en ese conjunto. Me parece demasiado obvio; a mí se me ocurren otras presencias menos notorias pero más sugerentes. A lo que voy. Me apasiona la obra de esta fotógrafa y me he quedado de piedra, al releer unas declaraciones suyas en las que dice lo siguiente: "A lo largo de muchos siglos y hasta la aparición de la sociedad de la información, la imagen de la mujer ha sido vehiculada casi exclusivamente a través de las representaciones artísticas. Sería interesante por ejemplo estudiar la evolución de las representaciones de La madonna a lo largo de la historia, la idea de la mujer como madre, ligada al arte religioso. Hoy, la imagen de la mujer está moldeada por los medios de comunicación. Algunos artistas intentan resistir a la vacuidad de los modelos publicitarios. Creo que el arte es una forma de resistencia, y aunque tiene un radio de acción pequeño puede llegar muy hondo. La fotografía como medio para lanzar mensajes es una idea más publicitaria que artística; la fotografía es un lenguaje directo y que parece accesible a todos, pero es un medio pobre cuando parece real y verdadero."
jueves, 29 de enero de 2009
Fragmentos de vida
1. La fotografía es, antes que nada, una manera de mirar. No es la mirada misma.
2. Es la manera ineludiblemente moderna de mirar: predispuesta a favor de los proyectos de descubrimiento e innovación.
3. En una sociedad moderna, las imágenes realizadas por las cámaras son la entrada principal a realidades de las que no tenemos una vivencia directa.
4. En la manera moderna de conocer, debe de haber imágenes para que algo se convierta en real.
5. En la manera de mirar moderna, la realidad es sobre todo apariencia, la cual es siempre cambiante.
6. Una fotografía es un fragmento: un vislumbre.
7. De una cosa podemos estar seguros: la mirada, el acopio de los fragmentos de la mirada, nunca puede completarse. No hay fotografía definitiva.
(de Susan Sontag, extractos de La fotografía: breve suma)
(La foto es de la islandesa Elina Brotherus, y se llama ¿Por fin contenta?, 1999)
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