¿Alguna vez has hablado
a una estatua sin oídos?
¿has atravesado en globo aerostático
atmósferas de roca?
Quizá sea cierto
y este atardecer contaminado
no pertenezca a otoño
y otoño ya no exista,
cuando tampoco guarda identidad
ninguna otra estación.
Las nubes sucias
acompañan poemas industriales
Con la yema de las pupilas
recorres la línea de la esfera
y observas, esperando respuesta,
una bandada de máquinas fósiles
surcando el cielo.
Pareces ahora
una esfinge de Tebas,
de rostro pétreo y ceño fruncido,
que desea interpretar algo bello
en el fin de los días.
¿Alguna vez has encontrado
pétalos frescos en mitad del desierto?
Quizá sea cierto
el suspiro de Gea
y el estremecimiento de los árboles.
Harapos de nube y lluvia ácida
precipitan manufacturados poemas.
Escribientes del amor y la utopía,
resignados,
invocan al cierzo
para escombrar
las grietas del mundo.
| Lluvia ácida (Eduardo Laborda) |
(*Espectacular retrospectiva de Eduardo Laborda en La Lonja de Zaragoza -Pza del Pilar S/N-, hasta el 17 de noviembre)