Todos los lunes
deberían ser el Día Internacional del Jazz.
Porque el lunes es azul
como un blues
y es el comienzo que asciende en la semana
como un saxofón rampante
por un pentagrama
que al llegar al cielo ya es martes.
Pero los lunes de madrugada no se encierran en pentagramas.
Son libres.
Llevan el sombrero ladeado
y conocen el sabor de la esperanza asordinada.
Los días de la luna tienen altibajos, cambios de ritmo,
locas improvisaciones como Satchmo.
No intentes secuestrar en un compás 3/4
tus ansias de viernes, maldito lunes.
Suena libre, con decisión
y quizá entonces no parezcas tan amargo
pintando de sábado
tus horas alargadas.
Los lunes, ya lo sabes,
yo soy el del café cargado.
Carga entonces de munición tu revólver,
que está escrito en la pared de algún bar: el amor es un balazo de felicidad
y los lunes
es el día de las balas perdidas.