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sábado, 15 de febrero de 2020

Recuerdos fragmentados

Tengo recuerdos fragmentados de que choqué contra el espejo. 
Mi cuerpo quedó completamente roto. 
El espejo está intacto esperando otra víctima. 

martes, 7 de julio de 2015

domingo, 19 de enero de 2014

Microcuento para armar (y colorear)

besó a la princesa 
y se convirtió en príncipe 
espejito, espejito, ¿quién es la más bella del reino? 
la Bella se enamoró de la Bestia 
besó al sapo 
y se convirtió en un niño de verdad 
quería ir al baile en el palacio 
en un reino muy lejano 
y se calzó sus botas de siete leguas 
los siete enanos vieron a Blancanieves 
dieron las 12 
en el reino de Nunca Jamás 
y vivieron felices para siempre 
me dicen Caperucita Roja 
y colorín colorado este cuento se ha acabado 
arrojó su larga cabellera 
Había una vez 
se comió a la abuelita 
y mordió la manzana envenenada 
el genio le concedió tres deseos 
venció al dragón 
y se transformó en sapo 
le probó la zapatilla de cristal 
en la alta torre del castillo 
y le creció la nariz por decir mentiras 

Fotografía de Chema Madoz

jueves, 4 de octubre de 2012

Cuento 0D0A0D0Aísta


Entre a un blog

DadA  
del mundo una década menos 

CR LF CR LF 

no quiero ni siquiera saber si antes de mí hubo otro yo 

Coja unas tijeras

DADA  
veo mi vida llena de contradicciones y desorden 

quedar de Ciencia nativas de tropicales 
Escoja en el blog un artículo de la longitud que quiera darle a su microcuento

dADa 

al leer entre líneas 
  Recorte el artículo
 
CALABAZA 

de la Gran 27 años de un cuarto de especies 

Recorte en seguida con cuidado cada una de las palabras que forman el articulo y métalas en una bolsa

código hexadecimal 

mi vida ha estado escrita a doble espacio 
  Agítela suavemente

advirtió acción para estrellas protegerlo 

Ahora saque cada recorte uno tras otro

ahora puedo comenzar a vivir completamente 
 
dada 
sufrió el estudio Patrimonio 
Copie concienzudamente en el orden en que hayan salido de la bolsa

llenando los huecos que hay en la historia de mi vida 

más pronunciado a menos de mar 

El microcuento se parecerá a usted

y podría intensos cobertura desaparecer 

Y es usted un escritor infinitamente original y de una sensibilidad hechizante, aunque incomprendido del vulgo. 

martes, 23 de octubre de 2007

LA PIEZA FALTANTE

La pieza faltante
(un cuento "emPiezado"
al que le falta una pieza...)
por Héctor Ugalde Corral
(al que le falta una pieza... :)

1
Mi abuelo se llamaba Armando, tal vez eso explique su fascinación por los rompecabezas.

Quisiera haber conocido más a mi abuelo y no que solamente fuera el recuerdo de lo que no debería de haber olvidado.

Así no hubiera tenido que reconstruir su vida con trozos de sueños, de fantasías y de memorias perdidas, por lo que tuve que reunir mis recuerdos llenando los huecos de mis olvidos.

Uno de los pocos recuerdos que tenía de mi abuelo era de mi niñez. Yo me asomaba por entre las piezas del vitral de la puerta de la entrada y lo veía irse. Pedazos de la silueta de su espalda y al final únicamente fragmentos de su sombra.

Mi abuelo era un personaje multifacético: pintoresco y lleno de color. Alguna vez me dijo "Empiezas completo y terminas en piezas". Eso me desarmó.

A mi abuelo le gustaban los rompecabezas. Creo que él era uno.

2
Cada navidad, cada cumpleaños, cada día especial, recibía de mi abuelo un paquete que contenía un rompecabezas.

Se suponía que yo tendría la paciencia y la creatividad para ir armándolo, aunque no eran rompecabezas comunes. Tenían su dificultad. Unos eran redondos, otros como esferas o cubos. Algunos eran de un sólo color. Uno totalmente blanco. ¡Ah! Y no debo olvidar el de cristal casi completamente transparente.

Era intrigante probar sí las piezas encajaban. A veces necesitaban otro enfoque, un cambio de dirección.

Quería encontrarle sentido al desafío. Descubrir el espíritu lúdico, el carácter juguetón y la magia de mi abuelo.

Así fui formando una imagen insólita de mi abuelo aunada a una foto que encontré detrás del espejo, a la cual le habían recortado la cara dejando sólo la sonrisa. 
No cabía duda de que mi abuelo era un descarado.

Otro indicio me lo dio un folleto oculto dentro de un reloj en forma de conejo saliendo de un sombrero. Era de una Villas llamadas Mar A. Reacomodé el nombre y sonreí. 

3
¿Había que comenzar desde el principio? ¿O desde el final? ¿O por enmedio? La diversión de los regalos de mi abuelo comenzaba al momento de desenvolverlos.

El investigar cómo abrirlos, el revelar sus secretos encerrados y la sorpresa de descubrir cómo venía empacado y encontrar el mecanismo para abrirlo.

La envoltura era un rompecabezas en sí mismo. Yo tenía que revisar con detenimiento el paquete y ver por fin la manera de abrir el regalo.

Algunos se podían abrir por la fuerza, pero si lo hubiera hecho así los hubiera arruinado. Yo sabía que mi abuelo esperaba que fueran descubiertos por medio del ingenio.

Todo lo que envolvía a mi abuelo era un completo rompecabezas.

4
La vida de mi abuelo era un rompecabezas que me intrigaba y que yo iría resolviendo poco a poco a lo largo de los años.

Un misterio revelado gradualmente conforme iba agregando datos, anécdotas, pedazos de su vida. Cada pieza diferente a las demás, como las de los rompecabezas que me enviaba constantemente.

En todo lo cotidiano mi abuelo era un hueco, un agujero en el centro de las conversaciones. Se eludía, se evitaba, se rodeaba, pero a final de cuentas no podías evitar encontrártelo en algún recoveco de la plática. Se hacía presente por la fuerza de su ausencia. Por lo que no se decía, por lo que se insinuaba...

En el vestíbulo de la casa había un espejo roto en mil pedazos, dicen que hecho añicos por mi abuelo. En aquel espejo roto todo se veía como un rompecabezas. Nunca fue reemplazado a pesar de que no se veía precisamente el centro, en donde se debería de poder ver la propia cara, un agujero justo donde fue el punto del impacto. Eso me dio la clave para descifrar el misterio de su vida al ir descubriendo las diferentes caras de mi abuelo.

5
Todo rompecabezas es a la vez un laberinto. Las uniones que se van formando entre las piezas son caminos, y algunos son pistas falsas, trampas que te desvían de tu objetivo; caminos tortuosos que pueden hacerte dar vuelta, volver sobre tus pasos y regresar nuevamente al inicio donde empezaste tu recorrido. Aunque a veces no había más remedio que desandar los caminos de los recuerdos para reencontrar los olvidos.

Siempre he tenido un espíritu inquieto; listo para resolver enigmas. Por lo que seguir las pistas que mi abuelo dejaba fue tan natural para mí como lo fue para mi abuelo el idearlas, creándolas sólo para mí. Porque sabía que yo podría encontrarlas. Mi abuelo creía en mí. Confiaba en que yo encontraría la solución de los secretos que me presentaba. Lo que yo necesitaba era recuperar la confianza en mi capacidad para salir del centro del laberinto donde estaba el minotauro. Donde estaba yo.

6
Cada vez que armaba un rompecabezas de mi abuelo era un nuevo comienzo y a la vez era un paso más para resolver el enigma de su vida. Los rompecabezas eran como una esfera mágica en la que en lugar de adivinar mi futuro, trataba de vislumbrar el pasado de mi abuelo. Pero yo estaba equivocado al darme cuenta de que había armado mi vida alrededor de la de mi abuelo por lo que mi futuro estaba irremediablemente emparentado con su pasado.

Para resolver los rompecabezas tenía que usar todos mis sentidos. Incluyendo la intuición y la imaginación. Las piezas podían ser palabras, letras o símbolos. O colores, sabores, sonidos, olores y texturas.

Eran intrigantes y hermosos los rompecabezas acústicos. O los luminosos que podían arrojar algo de luz en el enigma de mi abuelo. Nunca el enfoque directo, podría ser el pensamiento lateral, o el sentimiento colateral. Lo importante era no adivinar, sino encontrar la respuesta oculta.

Todos los rompecabezas que mi abuelo me regalaba eran diferentes. Sin embargo todos tenían una cosa en común: les faltaba una pieza. La razón de que fuera así la descubriría finalmente años después al encontrar a mi abuelo, y con él, todas las piezas que faltaban.



La séptima parte ("La pieza faltante" o conclusión), aquí: http://abrapalabramagica.blogspot.com/2007/10/la-pieza-faltante-7.html


La pieza faltante 7

7
Si hubiese sabido que un sueño me iba a dar la última pista no hubiera robado horas a mi sueño. Porque fue un sueño el que finalmente me dio la pista cuando había llegado a un callejón sin salida.

Soñé que iba por un laberinto en el que las paredes eran letras, sílabas o palabras sin sentido. Entonces me parecía encontrar la salida y en ella veía el nombre de mi abuelo. Pero no era una salida, sino una madriguera y yo me quedaba atorado en ella. Después de varios intentos por fin logré zafarme y retroceder un par de pasos. Sorpresivamente apareció mi abuelo disfrazado de conejo blanco, todo envuelto para regalo. Lo ví correr y atravesar un espejo. Justo en ese momento se convirtió en su propio reflejo y se fragmentó todo él en piezas de rompecabezas, cada una diciéndome "Todo yo soy". Por último solamente quedó escrito en el espejo el mensaje:


   T
  odo
yo soy
 

Esto del sueño ocurrió después de un tiempo de tratar de resolver el enigma de mi abuelo y de haber llegado a seis palabras claves: Armando, Maravillas, envoltura, espejo, laberinto y piezas (o tal vez la palabra "oculta", de esto no estaba seguro). A la que después le agregué otras dos palabras que estaban en el centro de todo: rompecabezas y abuelo. Yo ya había estado un buen tiempo jugando con los textos encerrados dentro de esas palabras claves, y con esas piezas de letras haber explorado sus conexiones armando y desarmando este rompecabezas de palabras.

Había descubierto sonrisas, travesuras y un gran número de galimatías en un constante Deja Vú lingüistico en que de pronto una cosa casi suena a algo, pero no. Y en el que parecía que estaba formando el Jabberwocky, aquel poema de palabras que no son palabras que Lewis Caroll incluyó en "Alicia a través del espejo". Aunque a veces… por ejemplo, encontraría tal vez una pista de dónde encontrar a mi abuelo:
ocuLta
maravIllas
arMAndo
esPejo
labERinto
envoltUra
O sea: LIMA PERU. Vaya que sí oculta maravillas Armando. En espejos, laberintos y envolturas.
Entonces se me ocurrió tomar únicamente el centro de las ahora 8 palabras claves.

1. arMANdo
2. maraVIllas
3. envoLtura
4. esPEjo
5. labeRinto
6. piEZas
7. rompeCAbeza
8. abUElo
Lo que me dió MAN VI L PE R EZ CA UE Intercambiando VI con UE
llegué a MAN UE L PE R EZ CA VI o MANUEL PEREZ CAVI
Pero ¿no se llamaba mi abuelo Armando? Bueno, podría ser un sobrenombre, una especie de disfraz, de nombre que cubre, que envuelve.


En ese punto estaba atorado en una aparente solución cuando tuve aquel sueño.

Me levanté entusiasmado para revisar el mensaje que mi subconsciente me estaba dando. Y caí en cuenta de que no tenía porque incluir únicamente el centro de mi abuelo, sino todo.

A ver, yo ya tenía:
MAN VI L PE R EZ CA
Y cada una de las piezas que formaban a mi A B U E L O

De pronto me percaté de otra pista: ¡el reflejo del espejo!

MAN  VI L  PE R   EZ CA
   O   L E   U   B  A

¡Así que mi abuelo tenía las piezas que faltaban en cada uno de los huecos!

Esto formaba varias palabras
MANO VILLE PEUR y BEZACA

O reacomodando: MANO VILLE PERU y CABEZA

VILLE me reafirmaba una vez más lo de las Villas del Mar A (o Mar A Villas), ahora sí casi seguramente en PERÚ. Lo de CABEZA me preocupaba... ¿¡Qué le corten la cabeza!? ¡Gulp!


En el momento de ver aparecer la primera palabra caí en cuenta de haber bloqueado de mi memoria un hecho importante. A mi abuelo también le faltaba una pieza: No tenía una mano. Era manco. De pronto tuve el recuerdo olvidado de una broma de mi abuelo que decía "Soy Armanco".

Asimismo vino a mi memoria un lugar: Mancora, Perú. Una playa a la que me llevaron muy pequeño y a la que llegué cuando estuve jugando con algunas pistas:
1. arMANdo
2. COnejo
3. envoltuRAMancora es un anagrama de Armanco además de ser el primer sitio web que encontré al buscar en Internet Villas Mar Perú. En esas búsquedas ya había yo leído que Mancora antes era denominado Mancura, que en lengua quechua no se sabe qué signifique, pero que en español es coincidentemente la característica de ser manco, es decir, de no tener mano.

En el mapa, esa zona es muy extraña: toda la costa de Perú hacia el mar es en general muy lisa, pero elárea de Sechura, Piura y Mancura parece una pieza de rompecabezas con una saliente y un hueco, como si le faltara una pieza. Además de formar un ángulo extraño por lo que parece que el sol sale por un lado diferente al de las otras playas de Perú. Mancora es el paraíso de los surfistas y de la pesca de altos vuelos.

Con todos estos datos me decidí y fui al país de las Maravillas, en busca de mi conejo blanco.


Al llegar a Mancora de inmediato me dirigí al centro del pueblo. Allí estaba la figura de una cabeza de metal con un sombrero extremadamente alto. En la base, una placa con un nombre: Manuel Armando Pérez Cavi (¡MAR PECA!). Examinando la cabeza descubrí el artilugio para abrir esa escultura. Involucraba un pequeño martillo que literalmente era un verdadero "rompecabeza" ya que la golpeaba y la abría. Dentro encontré las piezas faltantes de los rompecabezas que mi abuelo me había enviado.

Del otro lado de la plaza ví a un anciano sonriente que me estaba mirando. ¿Acaso era...? Él, dándose cuenta de que lo miraba, negó con la cabeza, pero sonrió, se acercó, y abrazándome me fue llevando sin darme yo cuenta a una pequeña casa. Cuando llegamos señaló a un hombre sentado en una mecedora y dijo: "Ahí está. Mi Armano".

Entonces por fin lo vi, todo sonrisas. Esperándome.

Una señora estaba junto a él asombrada y feliz.

Vino el abrazo, las lágrimas y el tratarnos de recomponer.

El ver su rostro curtido por el sol y por el tiempo. El irlo desenvolviendo. Tratar de encontrar en él los pedazos de recuerdos. Rearmándolo.

"Perdón por descomponer en pedazos tu vida."

"En esta historia el conejo blanco siguió a Alicia" dijo guiñando un ojo y tomando de la mano a la señora que lo acompañaba.

"Perdí la cabeza, pero claro, si tú ya la encontraste en el centro del pueblo."

"Por acá hay un manco famoso: Manco Capac quien fue el primer emperador del Imperio inca, pero era manco solamente de nombre porque tenía ambas manos, si no es que más." Y soltó una carcajada.

"El mar recrea maravillas: esculturas de espuma blanca."

"Vienen por el reto de montar las montañas de agua. Pero hay un peligro: un bloque de roca. Así que por acá te encuentras a surfistas con casco que no quieren encontrar un verdadero ROMPEcabezas."

"Dicen que aquí Hemingway se inspiró para escribir "El viejo y el mar", pero eso es mentira, la escribió en Cuba; pero imaginando este mar."

"Después vino a estas playas cuando Hollywood trato de ponerle imágenes al mar. Aunque realmente fue un poco más al sur, en Conejo Blanco, o más bien: Cabo Blanco. Allí Hemingway trató de capturar su pez espada, su pez Merlín."

Viéndolo así, con su larga barba blanca y sus traviesos ojos risueños, yo pensaba que yo ya había capturado mi Merlín.

miércoles, 7 de febrero de 2007

El milagro de lo inverosímil La última pieza

Pues resulta que ayer curiosamente me encontré con la grata sorpresa de que había llegado un paquete desde Argentina. Era el libro "Casa de Geishas" de la escritora argentina Ana María Shua. Lo curioso y sorpresivo es que el libro lo había pedido a Amazon (junto con otros dos de la misma autora: "La sueñera" y "Botánica del caos"), quien lo pidió a una librería de Argentina, luego Amazon canceló el pedido porque no había en existencia los libros y la librería argentina me preguntó que si los quería usados, pero nunca me decidí a pedirles los libros. El ejemplar que llegó es usado, aunque en buen estado. Otra cosa curiosa es que Amazon me reembolsó el dinero y no me han vuelto a cobrar, ni a avisar nada después de ello (además de que no sabría cuánto sería el cargo porque nunca me informaron).

¡En fin! De las cosas raras y curiosas que pasan cuando suceden. :]

Les pongo como referencia un mensaje de hace ya un poco más de dos años. :]

¡mUCHos salUCHos inverosímiles! :]

> From: Andrés Sánchez
> Sent: Wednesday, August 25, 2004 2:05:53 PM
> Subject: Re: [pcm] LA ÚLTIMA PIEZV :]
>
> ¡Muy padre!
> Me recuerda mucho a aquellas pequeñas prositas que mandaste alguna otra
> vez, que venían en algo llamado "Casa de geishas". Me he cansado de buscar
> en librerías esa cosa (evito la palabra libro porque ya no sé si lo sea), y
> los empleados siempre me remiten a "Memorias de una geisha".
>
> Saludos y gracias,
> L4z.
>
> P.D. Por supuesto, también me recuerda mucho a la familia esa que inventó
> Cortazar, que sin propósito alguno hacía un nudo en un pelo, lo echaba por
> el lababo y luego desplegaba toda la capacidad sumada de todos los miembros
> del clan para tratar de recuperarlo antes de que se fuera a la red profunda
> de tubería. Y construían cadalsos, también...
>
> At 01:04 p.m. 25/08/2004, you wrote:
> >.... Barnabooth decide aprender con el pintor Valene
> >el difícil arte de la acuarela (sin conocer sus
> >técnicas y rudimentos pero con una predisposición
> >natural). Una vez que domina la acuarela, se lanza en
> >un largo viaje alrededor del mundo en un época que no
> >deja de ser conflictiva (entre 1935 y 1955) para
> >ejecutar cierto número de marinas (quinentas) según un
> >método estricto de bocetaje y ejecución. Las marinas
> >resultantes son enviadas a París donde Winkler,
> >maestro de bricolaje, los convierte en rompecabezas
> >que serán guardadas en las cajas negras que Madame
> >Hourcade había confeccionado para tal propósito. Al
> >regreso de su viaje y empresa, Barnabooth empieza a
> >armar los rompecabezas para que después, Morellet,
> >artesano contratado por sus dotes, consiga las marinas
> >originales con un proceso que fue desarrollado por su
> >patrón, Kusser, gracias al cual se pierde el rastro de
> >corte entre las piezas. Las marinas, en apariencia
> >intactas, separadas de la madera donde cumplieron su
> >papel de rompecabezas, pasan entonces a ser
> >destruidas. La finalidad de este propósito, labor de
> >toda una vida que parte de cero para llegar a cero, se
> >ve frustrado en su último momento, el 23 de junio de
> >1975 (veinte años después de haber empezado a
> >armarlos), cuando Barnabooth muere frente al último de
> >sus rompecabezas, inconcluso. Una pieza faltante en
> >forma de equis se deja ver sobre el paño negro de la
> >mesa, mientras Barnabooth mantiene, entre sus dedos,
> >una última pieza, inutilizable, en forma de doble-u.
> >El proyecto e intención de la novela queda así
> >revelada, agotada como transcurso, contenedor de un
> >imaginario que emula pero sobrepasa -en su hecho
> >literario- al presupuesto tomado de la experiencia (lo
> >real en su aproximación) de la que deriva: un
> >despropósito salvado por el milagro de lo inverosímil.

lunes, 8 de enero de 2007

Colocó la última pieza.

Colocó la última pieza.
Paradójicamente ese instante perfecto en que todo estaba en su sitio marcaba el momento del inicio de la partida...

jueves, 9 de noviembre de 2006

Cuento de ajedrez "Mi turno"

Facundo Andrade Díaz, argentino, realizó un excelente cortometraje sobre una adaptación de mi cuento de ajedrez "Mi turno". :]

Les pongo el enlace al video del cortometraje: en Youtube:
http://www.youtube.com/watch?v=pYjlR8EIalQ



Y ahora el texto de mi cuento:


Mi turno

Es mi turno. Mi contrincante ya hizo el movimiento inicial y yo ahora tengo que pensar mi primera jugada.

Frente a mí, el tablero. Casillas intermitentes: blancas y negras, nieve y ceniza. Días y noches, algunos claros y luminosos, otros tristes y negros. Poblados de piezas, de personajes y de recuerdos.

Primera jugada. ¿Qué fue primero? ¿El huevo o la gallina? ¿La jugada o el jugador? En el principio fue el verbo. Pero antes fue el pensamiento. Y antes: el pensador. ¿Qué fue primero? ¿Qué fui yo primero? Una semilla de esperanza.

Sí, es mi turno, pero ya no sé si importa si muevo una pieza o un peón, sobre todo si es el principio de una serie de malas jugadas como ha sido mi vida.

Muevo un peón. Como yo, pequeño, diminuto. Insignificante, aunque audaz. Con el sueño de llegar a su meta y coronarse. Un deseo que no siempre se cumple. Porque, créelo, yo fui un niño lleno de ilusiones.

Una vez más es mi turno. ¿Qué hacer? ¿Mover otro peón? ¿O sacar una pieza al campo de batalla? ¿El esquivo alfil o el saltarín caballo? Me decido por el equino juguetón e inquieto. Potrillo travieso y vivaracho que salta sobre los obstáculos y sorprende con sus cambios de camino. Así era yo de muchacho. Así era yo…. antes.

Ahora es el turno del alfil. Torcido y sesgado como llegué a ser. Caminando entre los demás sin verlos. Tratando de pasar desapercibido. Adolescente huraño y egoísta. Los demás no me importaban y yo no les importaba a los demás. Paso entre ellos y no me ven. Y yo no quería verlos.

Debe ser mi turno. No sé, lo supongo. Me parece que mi adversario ya ha hecho su movimiento. No sé cuál es y no me interesa saberlo. Moveré cualquier cosa. Me da igual.

La dama enemiga viene hacia mí. Me da miedo. Me da curiosidad. Eva, la primera mujer del mundo, el primer amor de mi vida. La esperanza, la ilusión y luego el corazón roto.

Es hora de esconderse. El enroque, la muralla. Intentar poner una barrera contra el mundo. Tratar de salir indemne. Ponerme una coraza contra el dolor para no resultar lastimado.

No ha sido una apertura convencional. Con sus variantes y bastante dejadez. Debía planear. Debía prever. Debía… Siempre me decían lo que debía de hacer, y no lo que yo quería hacer.

Levanto una pieza y no sé donde dejarla. "Pieza tocada, pieza jugada" me recuerdo. Pero no quiero estar obligado a hacer algo. A quien le importa. No quiero hacer nada.


Me comen. Yo como. Nos comemos en un intercambio monótono de apetitos automáticos. Pura comida rápida, nada de disfrute gastronómico. No hay tiempo de saber quién es el otro, ni siquiera de saber quién es uno mismo.

No me gusta que me etiqueten, ni que me limiten. Nunca quise encasillarme. Y sin embargo hasta las casillas también son prisioneras en su papel de trampas.

A veces quería hacer trampa. Salirme de las reglas y crear las mías propias. Pero no podía. Los demás no me dejaban, porque usualmente se daban cuenta. Además sabía que no podría; a final de cuentas no soy un tramposo. ¿Qué chiste tendría ganar haciendo trampas?

¡Ah! Pero otra cosa era poner trampas. Simular errores. Dejar piezas desprotegidas para que se las comieran y entonces ¡zaz! caer sobre el rey enemigo que había quedado sin defensa. O hacer amenazas esperando ingenuamente que el contrario no las viera.

En aquellos tiempos creía poder dar un mate en pocas jugadas y tener la suerte de ganar rápidamente con algún truco. Me imaginaba que era un héroe haciendo el mate del loco, o el mágico y al principio infalible, mate del pastor. Pero ya he superado esa etapa en la que creía ser más listo que los otros. Ahora ya no me interesa ganar. Bueno, no siempre.

Deslizo la rígida y tiesa torre. La recta y estable torre en que me querían convertir. "Ya madura". "Sé fuerte". No me quiero alinear.

Enfrentaba contrarios. Contrariaba frentes. Cerraba aperturas. Contradecía, confundía. Mezclaba cosas. Alucinaba mates imposibles y todo resultaba ser tan sólo una muy mala combinación. Pésima táctica que según yo era estrategia de grandes vuelos. Bueno, a veces hasta creía que sí volaba… Pero después siempre quedaba mal colocado.

A pesar de todo, a veces quisiera poder simplemente decir: "Compongo" y poder entonces hacer algunos ajustes.

Han pasado varios turnos sin percibir apenas lo que pasa. Me doy cuenta principalmente porque las piezas ya no son las mismas. O más bien, son las mismas pero al estar en otros lados, al interrelacionarse con otras, ya no son las que eran antes. Son las mismas, pero han cambiado. Algunas piezas y peones se han unido, otros han quedado aislados, solos. Como yo.

El tiempo transcurre y parece que he realizado varias jugadas mecánicamente. Juego como entre sueños. Piezas que cambiaron de lugar. Piezas que se fueron y que casi seguro no regresarán.

La partida continúa. Sigo dejándome llevar. Partirme en pedazos. Siempre partiendo, pero sin partir del todo. Por todos los que se fueron. Por todas las pequeñas y grandes partidas que ha habido en mi vida. Mi padre. Mis amigos. Mis… recuerdos.

Cambios y más cambios, y yo que quisiera que todo siguiera igual. No puedo concentrarme. El tablero es un laberinto de piezas que no me dejan ver el camino para salir de este enredo. Mientras, el minotauro acecha…

¡Jaque! ¡Me han dado jaque! Yo, que creía estar a salvo. No puedo creerlo, pero al mismo tiempo ya lo esperaba, lo presentía. Realmente he jugado muy mal. Nada más faltaría que fuera mate. Y yo sin enterarme de nada.

¿Es realmente el mate el fin último? ¿Hay nuevas partidas después de que nos guardan en la caja? ¿Qué sentido tiene el enfrentamiento si al final todo se acaba? ¿Qué coloridas maravillas y misterios hay más allá del monocromático tablero? ¿Qué es lo que persiste posterior al encuentro? ¿Qué juego sigue al final del duelo? ¿Cuál es el verdadero juego?

Mi turno. Como otros tantos turnos. Turnos matutinos, turnos nocturnos y vespertinos; turnos que se turnaban pero que finalmente no eran míos. Esperando mi turno. Siempre esperando.

Un par de jugadas más y estoy abrumado. Las piezas me asfixian. Me encuentro rodeado. No tengo mucho espacio donde moverme. Me siento atrapado.

Quiero liberarme. Intento llegar al centro del tablero. Al centro de mí mismo. De saber dónde poner las piezas. De rearmar mi propio rompecabezas. Tener idea de qué hacer. Dónde moverme. Cuál es mi lugar.

Mi adversario sigue presionando. Acumulando fuerza sobre mis puntos débiles. Especialmente sobre el más vulnerable, que es mi propio rey. La pieza más débil, pero la más valiosa. Es lo mismo que mi corazón.

Por fin aparece mi dama. Que no es mía, aunque yo quisiera que lo fuera. La suerte del encuentro de hace ya un tiempo, y aún no me he atrevido a decirle lo que siento. Busco su mirada. La localizo entre los participantes, en un suelo de mosaicos blancos y negros. Ambos bajamos la mirada con timidez. Rozo la dama con delicadeza y la adelanto un poco.


Ahora estoy a punto de hacer una estupidez (otra, qué más da). Iba a mover cualquier pieza cuando algo inexplicable me detiene. Tal vez la manera en que el contrincante ha hecho su jugada (rápida y segura, pero ansiosa). O la inquietud expectante del público silencioso que nos rodea. Entonces veo el tablero, realmente lo miro, y no simplemente le paso la vista por encima. Y en ese momento caigo en cuenta que va a darme jaque mate.

Creo que no llegaremos al final de la partida. O más bien yo tendré un final anticipado, apenas en el medio juego. Estoy atrapado en una red de mate. Sería tan fácil rendirme. Acabar con todo de una buena vez.

Siento mi enojo. Mi furia. Mi impotencia. Principalmente porque reconozco que es mi culpa. Ha sido mi propio descuido lo que ha provocado la situación desesperada en que me encuentro.

Me imagino que es uno de esos problemas que salen en las revistas, o en los periódicos. "Mate en 3". "Encuentre la combinación ganadora". Pero por más que busco, no aparece la jugada salvadora.

Desearía que fuera como en el cine. En las películas, el bueno se sonríe y da un mate inmediato de una jugada que el adversario, por más inteligente que sea, no ha podido prever. Hasta podría haber una gran explosión en el momento en que dijese, usando una voz grave y fuerte: "Mate". Con espectacular música de fondo y repetición en cámara lenta. Y para terminar, un acercamiento a la cara del malo mientras grita "¡NOOOOO!". Pero esto no es ficción. Es la realidad con mayúscula en la que no hay buenos ni malos, sino tan sólo personas; con sus problemas, que no se resuelven en un solo movimiento.

Analizo mi posición y no le hallo salida. Mi rey no tiene adonde huir, no puedo bloquear su amenaza y no hay manera de anular a los atacantes. Estoy perdido.

Pero entonces me encuentro en la mirada de ella y ya no estoy tan extraviado. Tengo esperanza. Esperanza de que ella me ame y esperanza de que yo ya no me pierda. Ella (sus ojos y su sonrisa) han renovado mi fe. Y me digo a mí mismo: "No te des por vencido. Esto no se acaba aún. Porque en este momento es mi turno."

Es mi jugada. Yo tengo la ventaja aunque no lo parezca porque, en el apuro de quererme dar mate, mi contrincante ha descuidado a su propio rey. Dicen que la mejor defensa es el ataque, sí. Pero con la amenaza de mate directo sobre mí lo único posible es una serie de jaques que no permitan al contrario la libertad de matarme.

No todo es oponerse, puedo usar las reglas a mi favor. Porque estando en jaque lo único permitido es defender al rey. Y eso me da la clave. Puedo darle algún jaque. Pero no es cuestión meramente de hacer cualquier amenaza. Tengo que pensar cuáles jugadas me sirven y en que orden. Y entonces voy vislumbrando una posibilidad. Mientras esté dando jaques, él se tiene que defender. Y no tendrá tiempo de darme mate. Yo tengo ahora la iniciativa. Me decido. Le doy el primer jaque.

Al principio se asombra. Luego se preocupa. Por último se aterra. Se da cuenta de que puedo arrebatarle la victoria. Puedo hacer algunos sacrificios. Puedo empatarle la partida por jaque perpetuo. Pero a mí ahora ya no me interesa el medio punto. No me interesa la eternidad de los jaques, ni las grises tablas por la repetición triste de jugadas. Porque ahora podría ganar. Los papeles se han volteado. Mi adversario ha entrado en pánico y no sabe si inclinar decorosamente su rey o esperar el desenlace.

Aprendí que así soy yo, con mis defectos y virtudes, con mis circunstancias. Soy resultado de lo que fui, pero no puedo pasármela echándole la culpa al pasado. Es fácil, pero hay mejores formas de vivir la vida. Lo importante es lo que hago hoy para ser mejor mañana. Porque ya por fin, ahora he comprendido, que mi verdadero adversario son mis miedos, mis estupideces, mis errores; es decir yo mismo. Que fui yo el que siempre me limité con las oportunidades que desaproveché y los tiempos que perdí. Que esto es consecuencia de lo que hice. Y una vez que he aceptado esto, puedo triunfar. Aunque no gane. Porque ahora, lo sé, ahora es mi turno.
- En una adivinanza cuyo tema es el ajedrez
¿cuál es la única palabra prohibida?
Reflexioné un momento y repuse:
- La palabra ajedrez.
Jorge Luis Borges

"El jardín de senderos que se bifurcan"

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