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sábado, 24 de diciembre de 2016

Milagros de Navidad

Schrödinger tiene cuidado de no realizar experimentos en Navidad. En caso de hacerlos tiene que tomar en cuenta el factor Santa Claus ya que todos los gatos salen vivos de la caja.

sábado, 27 de diciembre de 2014

miércoles, 24 de diciembre de 2014

Olvidados milagros de Navidad

Un día, que casualmente era Navidad, comenzaron a llegar los regalos olvidados. 
El juguete maravilloso que era totalmente la imaginación de un niño dentro de las temblorosas letras en una carta de Navidad bajo el árbol. 
Aquella hermosa muñeca, tan cara que era como un sueño. 
La autopista tan anhelada que era realidad únicamente en los anuncios comerciales. 
Todos aquellos regalos que se le olvidaron a Santa Claus en su saco mágico. 

¿Y cuáles eran olvidos y cuáles eran milagros? 

¡Qué aparezcan los desaparecidos! 
La salud del hermano enfermo. 
¡El regreso del padre ido hace tantos años! 
Tal vez... 

¿Pero podría acaso volver a vivir la abuela? 
Entonces aparecieron cartas pérdidas, fotos y viejos recuerdos que lograron que ella regresara. 

¿Hasta dónde llegaron los milagros? 
Hasta el corazón. Porque el verdadero milagro era que creyéramos y siguiéramos creyendo en él todos los años aunque Santa Claus no nos trajera lo que en verdad deseábamos. 


Hasta ahora. 

martes, 2 de diciembre de 2014

Compras navideñas

Primero ir a la sección de verduras, comprar una zanahoria (puede ser congelada). A continuación los helados. Luego los accesorios: bufanda y sombrero. Por último los botones, grandes. 
Colocar frente al espejo; la sonrisa del muñeco de nieve brotará por sí misma.

lunes, 6 de enero de 2014

Una vez más los Reyes Magos no le traen lo que pidió

Una vez más los Reyes Magos no le traen lo que pidió. Esta vez era algo muy simple: Les pidió una explicación del porque a los otros niños sí les traen los juguetes que pidieron y a él solamente le traen ropa.
Suspira. Bajo el árbol, junto a su zapato, no está la esperada explicación, solamente una vez más, ropa. 
¡Y ni siquiera hay unos calcetines lo suficientemente grandes para que quepan los juguetes que le va a pedir a Santa Claus la próxima Navidad!

jueves, 26 de diciembre de 2013

El deseo de Santa Claus

Santa Claus está leyendo las cartas de niños de todo el mundo cuando llega a una que lo deja conmovido: "Lo que yo quiero para Navidad es que Santa Claus reciba lo que siempre ha deseado". 
Se queda pensativo. 
Tal vez unas vacaciones en las Bahamas. 
¡O verduras sabor a chocolate para poder bajar de peso y así ya caber de nuevo en algunas chimeneas estrechas!
Que dejen de pedir juguetes de marca para reabrir el tradicional taller de Santa. 
Un trineo deportivo para hacer las entregas más rápido. 
Desligar su imagen de aquella marca de refresco de cola. 
Un traje de otro color. 
¿Nieve con sabor a flan napolitano? 
No. Santa Claus sonríe. Lo que siempre ha deseado es que todos tengamos una Feliz Navidad, así que ahora nos toca a nosotros cumplirle el deseo a Santa Claus.

miércoles, 25 de diciembre de 2013

Regalo de Santa Claus

Se asombra al ver una caja debajo del árbol de Navidad. ¿Será posible que después de todos estos años Santa Claus le haya traído por fin lo que siempre quiso? 
Abre la caja y sonríe. Saca al gato de Schrödinger vivo. 

lunes, 23 de diciembre de 2013

Cuento de SantaClaus: ¡Santa Claus no lo sabía!

¡SANTA CLAUS NO LO SABÍA! por: Héctor Ugalde (UCH)
- ¡No debimos haberlo hecho! 

  Luis, de ocho años, se restregaba inquieto las manos mientras esperaba la respuesta de su amigo. 
  Ricardo, dos meses menor, pero diez centímetros mayor, dejó de jugar con el mecano, volteó a ver a su mejor amigo y le contestó: 
- ¿Por qué no? 
- Santa Claus nos va a acusar y todos se van a enojar mucho. 
- No te preocupes, no lo sabe. 
- ¿Cómo no va a saberlo? Si Santa Claus lo sabe todo. 
- No te preocupes. No sabe que lo hicimos. 
- ¿Cómo sabes que Santa Claus no lo sabe? 
  Ricardo desesperado por la insistencia de Luis, replicó:
- ¡Porque yo sé más que Santa Claus! 
  La respuesta de Ricardo no convenció mucho a Luis, pero ya no siguió insistiendo. 

  Caminando de regreso a su casa, Ricardo no comprendía la preocupación de su amigo. A Ricardo no le importaba que Santa Claus este año tampoco le volviera a traer nada, ¡la idea de hacer estallar con un cohete el buzón del Director de la escuela había sido fantástica! ¡Cómo había volado el Buzón! ¡Cómo había sonado la explosión! ¡Cómo... En ese momento apareció una ardilla en la banqueta y Ricardo, corriendo tras de ella, se olvidó del asunto. 

  María estaba preocupada. Se acercaba la Navidad y los niños se ponían más nerviosos, cometían más errores y prestaban menos atención a las clases. Pero lo más importante de todo: se ponían tristes, en vez de alegrarse con la llegada de la Navidad. 

  Desde que había llegado como maestra hace cuatro años, y le habían explicado la costumbre que tenían de que alguien se disfrazara de Santa Claus, para leer ante todos la lista de fechorías que los niños del
pueblo hacían, para castigar a los niños malos y convertirlos en niños buenos; la idea del Santa Claus regañon no le gustaba. 

  María suspiró. Lo que para ellos eran fechorías, para María eran simple travesuras. Para ella no había niños malos ni niños buenos, sólo niños tranquilos, y niños inquietos que no podían contener el bullicio de la vida que tenían dentro. 

  Allí estaba el caso de Ricardo y Mauricio: los niños rebeldes y traviesos de el pueblo, o el de Luis muchacho tímido y sensible que lloraba cuando se hablaba de Santa Claus. María no creía que eso fuera
bueno para los niños, pero todas sus tentativas de acabar con esa "nueva" tradición habían sido infructuosos. 

  Ricardo comenzó a inquietarse por su amigo Luis, lo veía cada vez más triste y callado. 

- ¿Qué te pasa? 
- Nada. 
- ¿Cómo que nada? ¿Qué te pasa? 
- ¡Te dije que nada! 
- Somos amigos, así que me tienes que decir qué te pasa. 
- Nada, el próximo Lunes es Navidad. 
- ¿Y? 
- ¡Y Santa Claus les va a decir a todos que soy un niño muy malo, y mis papás ya no me van a querer!
- No. Te aseguro que Santa Claus no lo sabe, y te lo voy a demostrar. ¡Te lo prometo! 

  Ricardo no sabía cómo, pero tenía que encontrar pruebas de que Santa Claus no sabía que ellos habían sido los del "Buzón cohete". ¡No podía tener ojos en todos lados! ¡No podía saberlo todo! Si así fuera, hace
dos años Santa Claus lo habría regañado por lo de la miel derramada en el interior de los pantalones de deportes. Creyeron que había sido Abelardo, ese niño raro que expulsaron y se fue a una escuela en la
ciudad. Y no le hubiera dado regalos, bueno, el pequeño regalo que le dio. ¡Ni eso le hubiera dado! 

  Pero Ricardo pensaba y pensaba, y no se le ocurría cómo cumplir su promesa. Hasta que llegó el 24 de Diciembre, y decidió resolver el asunto de una manera directa: ¡enfrentaría a Santa Claus cara a cara! 

  Ricardo se situó en un lugar estratégico, una calle por la que a fuerza tenía que pasar Santa Claus, cuando se dirigiera al Kiosco donde cada Domingo tocaba la banda del pueblo, pero cada 24 de Diciembre el show lo daba el gordo Santa Claus. 

  Cuando la figura de Santa Claus apareció caminando por la estrecha calle, Ricardo corrió y se interpuso en su camino. Santa Claus trastabilló y se paró en seco. 

- ¿Qué quieres, mocoso? 
- Preguntarte algo. 
- ¿Qué cosa? 
- Quiero preguntarte si sabes quién puso cohetes en el buzón del director. 

  Santa Claus se quedó un rato extrañado por la pregunta. Después dirigió una mirada furiosa a Ricardo.

- ¡Así que fuiste tú, chamaco endiablado! ¡Me lo suponía, pero no estaba seguro! Podría haber sido Mauricio, ese otro monstruo enano que me saca canas verdes.
- ¡No lo sabía! Santa Claus ahora sabía que él había sido, pero no importaba, de todos modos por lo de la bicicleta sin frenos no iba a tocarle regalos. ¡Lo importante era que Santa Claus no sabía que Luis le había ayudado! 

  El niño se sonrió y se fue corriendo, dejando al Santa Claus haciendo un berrinche navideño. 

  Ricardo entró corriendo a la casa de Luis. ¡Tenía que darle la noticia! Subió las escaleras de dos en dos y entró apresuradamente en la recámara de su amigo. 

  El cuerpo de Luis colgaba del techo, balanceándose sin vida. Una opresión se formó en su pecho y Ricardo sintió que se ahogaba. Corrió escaleras abajo, tropezó con el papá de Luis y salió a la calle a tomar aire. Lo único que rondaba en su cabeza era ¿Por qué? ¿Por qué? 

  Seguía sintiendo un nudo en el estómago y para soltarlo, para liberarlo, comenzó a gritar a media calle: 

- ¡No lo sabía! 
- ¡No lo sabía! 
- ¡Santa Claus no lo sabía!!! 

Más cuentos de Santa Claus: 
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Cuento de SantaClaus: Satán Claus

SATÁN CLAUS 
por: Héctor Ugalde (UCH)
La enorme figura roja le miraba con sus ojos de fuego mientras que con un dedo lo señalaba acusadoramente y con una gruesa voz le dijo: "¡Tú! ¡Tú eres muy malo!". Al oír una siniestra risa ensordecedora su cuerpo comenzó a temblar de miedo.


Despertó bañado en sudor...

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  El psiquiatra, con acento alemán, le repetía:
- Muy intterressantte. Ssu kkasso serr muy intterressantte.
- Se que le parece un caso muy interesante, doctor Fraud, ¡pero lo que yo quiero es dejar de tener esas espantosas pesadillas!
- Intterressantte. Ssu kkasso serr muy intterressantte.
- ¡He recurrido a todo: exorcismo y brujería!, ¡y ahora cinco años de psicoanálisis no me han servido de nada!
- Ssu kkasso serr muy intterressantte. La foentte de un 99.8% de los ttrraumass inbbarriablementte sse orriginan en la infanssia ssin embarrgo he hurrgado en su mentte porr hippnóssiss perro algo bblokkea ssuss rrekkuerrdoss.
- ¿Qué otra cosa puedo hacer?
- Le rrekkomiendo bbissittarr ssu puebblo nattal. ¡Bbusskke ssu niñess! ¡Al menoss le sserbbirrá de bbakkassioness!
- ¡Está bien! ¡Seguiré su consejo!
- No olbbide bbenirr a bberrme desspuéss. Ssu kkasso sserr muy intterressantte. ¡Podrría ssalirr pubblikkado en el Sselekkssioness!
  Son quinientos besos, base a bagar a la cajas. 
(parece ser que además de alemán, el psiquiatra tenía un 7.5% de árabe)

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El pueblo era bonito, pero le parecía extraño. Extraño, porque aunque algunos lugares le parecían familiares, el recuerdo era difuso. Era como si sus ojos vieran fotografías enfocadas de los recuerdos borrosos de su mente.

Caminó sin rumbo por las calles con adornos navideños, e inconscientemente comenzó a seguir a la gente que parecía ir toda al mismo lugar: la plaza del pueblo.

Ya había una multitud reunida alrededor de una explanada, al acercarse, creyó atisbar una figura roja trayéndole recuerdos del demonio de sus pesadillas. ¡su corazón le palpitó con fuerza! Con algo de temor se acercó aún más.

Los recuerdos eran más nítidos. Recuerdos de otros niños formados igual que estos, pero con una diferencia: estos niños sonreían.

De pronto, una de las caras de las personas cercanas le pareció familiar.

- ¡Margarita!
  La joven volteó, le miró, pero no le reconoció.
- ¡Soy Manuel!
  La muchacha frunció el ceño. Seguía sin reconocerle.
- ¡Manuel Campos!
  Cómo si el nombre oprimiera un botón de encendido, su cara se iluminó.
- ¡Manolito!
  Pero al ver la cara del hombre que había sido "Manolito", cambió a:
- ¡Manuel! ¿Qué te has hecho? ¿Cómo te ha ido?
- Pues bien, ya ves, aquí de vacaciones.
- ¡Qué bien!... pero ¡Espera! ¡Ya va a subir Santa Claus!

¡Santa Claus en la plaza del centro! ­¡Claro! Esa costumbre antigua que ya sólo en su pueblo y quizás en algunos otros continuaba.

Estuvieron observando cómo los niños poco a poco iban pasando a platicar con Santa Claus, bromeando, riendo y recibiendo sus regalos.
Margarita sonreía, luego volteó a ver a Manuel, y le dijo:

- Recuerdas cuándo niños que el viejo Samuel se disfrazaba de Santa Claus y cómo leía en voz alta para que todos escucharán todo lo malo que habíamos hecho en el año, y cómo nos metía miedo gritándonos con su vocerrrón: ¡ERES MALO! ¡MUY MALO!
  Manuel asintió, ¡Margarita no tenía idea de cómo lo recordaba!
  Margarita se puso seria.
- No quisiera decirlo, pero ¡Qué bueno que murió!
- ¡Ha de haber sido después de que me fui a la ciudad!
- Humm... Me parece que sí.

  Margarita volvió a sonreír.

- Pero eso era antes, ahora resaltamos las cosas buenas que hizo el niño y premiamos sólo lo bueno. Es un enfoque positivo.
- ¡Ya lo creo!

  Margarita y Manuel siguieron contentos, disfrutando al ver la felicidad de esos niños en Navidad.

  Al final del día, una vez exorcizado el gordo demonio de sus pesadillas, Manuel se fue a dormir tranquilo.

- ¡Por fin voy a descansar!

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  Esa noche tuvo su primer sueño de los tres demonios magos.

Más cuentos de Santa Claus: 
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Navideño

Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí; bajo el árbol de Navidad. 

lunes, 3 de enero de 2011

Mi cuento "Santa Claus no lo sabía" en Podcast de La Voz Silenciosa


Es un orgullo y un honor que mi cuento "Santa Claus no lo sabía" haya sido emitido en Internet por La Voz Silenciosa en el podcast "Relatos, cuentos y comentarios" el pasado día último del año (31 de diciembre del 2010). 


Para oír el cuento desde el podcast (también se puede bajar en formato mp3) pueden entrar al siguiente enlace: 
http://www.ivoox.com/santa-claus-no-lo-sabia-hector-ugalde-audios-mp3_rf_474357_1.html 


El cuento lo pueden leer aquí:
http://abrapalabramagica.blogspot.mx/2013/12/santa-claus-no-lo-sabia_23.html

Para leer una explicación de cómo surgió la idea de los cuentos de Santa Claus y un índice para entrar a ellos: 
http://www.oocities.com/hugalde/santa.html 


Sí se busca en Google cuentos de Santa Claus escritos por mí, curiosamente el cuento más publicado es este mismo llamado "Santa Claus no lo sabía", aunque es el más trágico de todos. Como pueden ver sí leen los otros "Cuentos de Santa Claus", escribí los cuentos en diferentes estilos (de humor, como historia de detectives, uno tierno, de terror, etc.), sin embargo, parece ser que a la mayoría les gusta lo trágico... 
http://www.google.com.mx/#sclient=psy&hl=es&safe=off&q=%22hector+ugalde%22+%22santa+claus%22&aq=f&aqi=&aql=&oq=&gs_rfai=&pbx=1&fp=421b1a87de0f4084


A mi me gusta más por ejemplo el de "Santa Clos de Rancho" que publiqué en "El Microrrelatista" hace unos días: 
http://elmicrorrelatista.blogspot.com/2010/12/santa-clos-de-rancho.html




¡En fin! ¡mUCHas gracias por otra buena noticia con que cerré el año que acaba de terminar! :]


Más cuentos de Santa Claus: 
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sábado, 23 de diciembre de 2006

Cuento de SantaClaus: Santa Clós de Rancho

SANTA CLOS DE RANCHO 
por Héctor Ugalde (UCH)
Todo comenzó con una idea mía. ¡Bueno! Yo sé que ahora todos en el pueblo dicen que fue idea suya, pero lo recuerdo perfectamente, y sí, fue idea mía. Aunque mi idea no fué exactamente esa. Es decir que mi idea no tenía nada que ver con lo que sucedió, pero si tuvo que ver... ¡Bueno! ¡Mejor les platico desde el principio!
Todo comenzó hace diez años. Mi esposo ya estaba harto de disfrazarse de Santa Clos cada Navidad y ningún otro vecino quería ya el encargo. Entonces se me ocurrió la idea:
- ¿Por qué no buscamos a alguien de fuera?

- ¿De fuera?
- ¡Sí! Si nadie del pueblo quiere disfrazarse de Santa Clos, ¿Por qué no le pedimos a alguien de las rancherías de los alrededores que se disfrace?
- ¿A quién por ejemplo?
- Bueno, creo que el compadre Chon no haría un mal Santa Clos.
Ya saben, el compadre Chon con esa panzota que tiene no quedaría del todo mal. ¡Yo ya me lo imaginaba disfrazado de un Santa Clos que ni mandado a hacer!
Así que me fuí al rancho de mi compadre a exponerle el asunto.
Me encontré al compadre Chon con la comadre Clotilde en su casa, y después de los saludos y preguntas por la salud y todo lo demás, y no queriendo ser maleducada (por lo de la panzota del compadre), y para no comprometerlo, les dije en forma vaga:
- Nos gustaría que alguien de aquí del rancho se disfrace de Santa Clos.

- ¿Santa Clos? ¿Quién es Santa Clos?
- ¡No me digan que no han oído hablar de Santa Clos!
- Pos no comadrita. ¡Qué no ve que no tenemos televisión!
Allí debí de haber sospechado algo, y debí de haber sido más clara, ¡pero no!, para mi suerte no lo fui. Podría decirles que fue a propósito, pero no, fue puritita suerte.
- Bueno, ¿Cómo les diré? Cada Navidad, para celebrar el nacimiento de nuestro Señor Jesucristo, alguien se viste de Santa Clos y les trae sus regalos a los niños que se portaron bien, y regaña a los niños que se portaron mal.

- ¡Ahhh! Si es por el nacimiento de Diosito, no se preocupe comadrita, que semos buenos cristianos y bautizados. Contestó la comadre.
- ¿Y cómo está eso del traje y de los regalos? Preguntó el compadre.
- El disfraz aquí lo traigo y se los dejo. Por los regalos no se preocupen. Santa Clos tiene que estar el 24 a las 5 de la tarde en la placita frente a la iglesia, allí donde se pone el mercado. Sabinita, la del Perpétuo Socorro lleva los regalos. Y Josefina la lista de los niños que se portaron bien y de los que se portaron mal. Yo le iré leyendo los nombres de los niños, y diciendo cómo se portaron. ¡Ya sé que usted no sabe leer! ¿Ya ve cómo pensé en todo?
¡Pues no! ¡No había pensado en todo! No sé que pasó, porque ni siquiera mi intuición femenina, ¡que me ha sacado de muchas que para qué les cuento!, me dijo que sucediera nada malo. ¡Sería la emoción de tener un nuevo Santa Clos!
¡Claro que no sabía que tan "nuevo"!
Y llegó el día, ese 24 tenía muchas cosas que hacer: mi vestido, la cena, el maquillaje, y ya saben: ¡para variar se me hizo tarde!
Estaba yo pintándome las uñas, cuando llegó Lupita Ordoñez toda apurada.

- ¡Hortencia! ¡Hortencia! Me dijo.
- ¿Pero qué pasa mujer?
- ¡Corre! ¡Ven!
- ¡Pero todavía no termino de arreglarme!
- ¡No importa! ¡Tienes que venir!
Ante tanta insistencia no tuve más remedio que salir corriendo tras ella rumbo a la plaza frente a la iglesia.
Cuando llegamos, me quedé sin aliento. ¡y no por la carrera que nos echamos!

- ¡Mira! ¡Mira! ¡Mira a tu Santa Clos!
Sí. ¡Lo estaba mirando!
Frente a mi estaba un Santa Clos diferente: un Santa Clos lampiño sin barba, ni bigote. ¡Un Santa Clos sonriente con la cara de Clotilde!
- ¡Pero comadre! ¿Por qué se disfrazó usted?

- ¡Es que yo quería ser la Santa Clos esa y entregar hartos regalos!
- ¿Y el compadre Chon?
- ¡Se quedó a cuidar a los escuincles!
- ¿Y la barba y el bigote?
- ¡Ahhh! ¿Eran barbas y bigotes? ¡Yo creíba que eran parte del relleno!
¡Ya no había tiempo de cambiarla! Los niños ya estaban formados pidiendo sus regalos. ¡Y ya saben cómo son los niños cuando quieren algo! Así que entregamos los regalos de Navidad tal como estaba "casi" planeado. Y no resultó tan mal después de todo.
Y así es como en nuestro pueblo, en Navidad llega una Santa: Santa Clotilde, o sea: ¡Santa Clos!
FIN
Santa Clos de Rancho
o
Santa. Primer Cuento CinematoGráfico Mexicano a Colores.



Más cuentos de Santa Claus: 

Cuento de Santaclós: San Nicolás de los Garza


SAN NICOLÁS DE LOS GARZA 
por: Héctor Ugalde (UCH)
Les voy a contar una historia de allá de mi tierra, allá en el norti. Es una historia de gente sincera, trabajadora y persistente, con un toque de... er... economía...
No está usted para saberlo, ni yo para contárselo, pero habiéndome ausentado de mi pueblo natal por unos años, regresé un día que ya se había enfriado el asunto... en Diciembre, pues...
Fui recibido nada más ni nada menos que por mi viejo amigo de la infancia y de la adolescencia: Agapito Garza. Convertido ya en presidente municipal.
- ¡Hola #%@$ Agapo!
- ¡Hola Carlos!
Después de los saludos y la bienvenida, me invitó a acompañarlo a comer, él me disparó el refresco (la emoción de volverme a ver, pues'n).
- ¿Y cómo están los @#$%@ cuates de la pandilla?
- ¡Bien! El Andrés Garza se jué pa' los iunaites. El Reynaldo Garza se casó con la Carmela Garza, y el Jacinto Garza se casó con la Micaela Garza.
- ¡Ahh %@$#! ¿Y usted no se ha casado?
- ¡Claro! Pa' dar imagen de político confiable y estable. ¡Ya hasta tengo cuatro chilpayates!
- Y... este... ¿Cómo está la Lupe?
- Bien, el niño ya está crecido... aunque le hace falta un padre...
- ¿Y el clima? ¿Cómo ha estado el $%@# clima en estos... ¡Ah $%@#! ¡Si ya son 8 años!
Después de la comida y un par de cervezas, mi amigo Agapo (de cariño y de respeto) se le quedó mirando fijamente a mi barriga...
- ¡Se ve que no le ha ido tan mal, mi buen Carlos Garza!
- No me puedo quejar, mi presi Agapo Garza.
- Es que viendo su, ejem, prosperida' se me ocurrió una idea...
- ¿Pos cuál $%@# idea, Agapo?
- Pos fíjese que por acá ya tenemos unos años con una costumbre Decembrina de época de Navida'
- ¡Ah caray! ¿Y cuál es esa %@$# costumbre, si se puede saber?
- La costumbre es que uno de nosotros se disfraza de Santa Claus pa' leerles la cartilla a los chamacos, y en caso de merecerlo, regalarles su regalo. ¡Pequeño, pero un regalo!
- ¡Ah, jijo de la #$!%@ ¿Cómo está eso de que un %@$%@ regalo?
- Bueno... bueno... El regalo lo ponemos nosotros, ¡Uste' deje de despreocuparse!
- ¿Y cuál es esa $#%@$ idea que se le ocurrió al ver mi e... "esbeltez"?
- Pos pensaba que uste' podría ser el Santa Clos de estas fiestas Decembrinas de Diciembre. Está uste' más llenito, y así nos ahorramos el relleno.
- ¡Jijos de la #%@$@! ¡Pos déjeme pensarlo!
- Pos' piénselo cuánto quiera. Sólo le pido un favor...
- ¿Y cuál es ese #%@$ favor?
- Mhhh... este... pos' que deje de decir tantas palabrotas altisonantes y groseras.
- ¡Ah, Caray! ¿Cuáles %@$#"$ palabrotas?
- ¡Pos' esas!
- ¿Esas? ¿O las $%@##$%@$ otras?
- Pos' solamente las que no diría Santa Clos...
- Ta güeno... Acepto, pero sólo con una %@#$#$%@ condición.
- ¿Cuál?
- Pos que le cambien el nombre al $%@#%@$ Santa Clos ese.
- ¿?? ¿Por qué?
- ¡Es que eso de Santa Clos es de los %@$#@ Iunaites y hasta parece nombre de vieja!
- Humm, ¡Bueno! ¿Y qué nombre le ponemos entonces?
- Pos algo más de nosotros... La #$%@ historia dice que se llamaba San Nicolás, luego los %@$@# gringos le cambiaron el nombre...
- Pos quién sabe si fueron los gringos... ¡a lo mejor fueron los japonéses!...
- No sea bruto mi %@$#@ presi, si hubieran sido los $#$%@#$$%@ japonéses, ¡le hubieran puesto SanYo!
- Pos sí, ¿Verda?
- San Nicolás... San Nicolás... ¡Ya sé jijo de la $%@#! ¡San Nicolás de los Garza!!
-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*
Y llegó el 24 de Diciembre... y comenzaron a pasar los niños... Y el Santa Clo.. ... el San Nicolás de los Garza comenzó a leer cómo se había portado cada chamaco. El primero fue Carlitos, el hijo de la Lupe...
- A ver Carlitos, ¿cómo está eso de que dices ... malas palabras?
- ¡Es que los $#%@$#%@#$%@$ de los $%@#%@$ no dejan de estar %@$#%@$#%@$!
- ¡Ah que ... pela'o tan chamaco!
- Y usted $%@#, ¿pa'que %@#$@ pregunta?
- ¡Pos' pa' darte tu ... regalo de San Nicolás de los Garza!
- ¡Qué $%@# San Nicolás de los %@$%@#%@$#%@$#%@ Garza, ni que %@$#@ cuartos! ¡Yo no quiero ni un %@$#@ regalo!
- Je Je... ¡Pos aunque no ... quieras! ¡Yo te voy a dar este ... regalo! ¡Y éste otro! ¡Y éste!...
Y así, el "esplendido" San Nicolás de los Garza fue entregando regalos a los asombrados niños, aún a los que se portaron mal. Poniendo nerviosos al presidente municipal, a los comerciantes, a los miembros de la asociación de padres de familia, y en fin, a todos los que cooperaron para los regalos. Y más aún, cuando, acabándose los regalos, San Nicolás de los Garza (o sea: yo) comenzó a regalar "Vales".
-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*
Nunca se supo quien quemó el traje de SantaClos, perdón: de San Nicolás de los Garza. Nadie compró un nuevo traje. Y nadie le preocupó que ya no hubiera más San Nicolás, ni Santa Clos.
Sólo Carlitos, quien a pesar de haber recuperado a su padre como regalo de Navidad, todavía se quejó con algunas palabras que no guardaban ninguna economía...
¡Ah que pela'o tan chamaco!

del Porqué de los Cuentos de SantaClós

del Porqué de los Cuentos de SantaClós

en el Principio fué el Verbo...
¡Bueno! No nos vayamos tan al Principio... Lo de los Cuentos de SantaClós fue una Convocatoria del TLV (Taller Literario Virtual) de SPiN (mi Proveedor de InterNet en ese entonces), hecha por Lazarus (Andrés Sánchez Moguel) quien tiene su blog en http://faehin.spaces.live.com/
Veamos el mensaje:

- Area: LITERATURA ------------------------------------
Msg#: 28498 Date: 10-20-94 11:49
From: Amoguel Read: Yes Replied: No To:All
Subj: Taller literario virtual
-------------------------------------------------------
Toño Malpica se había dedicado las últimas semanas antes de su súbita desaparición a promover las formas más juguetonas de uso de las letras, así como a intentar resucitar el Taller Literario Virtual.
Siguiendo su interés, y como un homenaje porque se le extraña, quisiera proponer a los participantes o suspirantes a participantes un ejercicio:
Hace unos días, una amiga me comentaba un párrafo de un libro de psicología, en que se señalaba la violencia que el moralismo puede hacer en los niños. Se comentaba la anécdota de una población suiza en que el día de la fiesta de San Nicolás se invitaba muy especialmente a un "vecino" lejano a que la hiciera del famoso personaje. Las madres, muy preocupadas de que la experiencia fuera moral para los niños, enviaban en secreto, unos días antes, cartas al vecino para que supiera lo que, a juicio de ellas, estaban haciendo mal los niños.
Cuando llegaba el día de San Nicolás, éste llegaba con un saco lleno de regalos, pero antes de repartirlos señalaba a cada niño y le indicaba sus "faltas" en ese año. La ceremonia llenaba de terror a los pequeños, pues además de la mágica y maligna certeza de que San Nicolás los vigilaba todo el tiempo, quedaban en ridículo ante el resto del pueblo al enterarse todos de que "fulano se hace pipí en la cama", "mengano es muy chillón".
Hasta aquí la anécdota. Propongo que los interesados creemos un pequeño cuento basado en ella, y que todos subamos nuestros cuentos el próximo viernes. La fecha es para evitar que leamos los cuentos de los demás y contaminemos los nuestros antes de tiempo.
Obviamente, no todo mundo estará de acuerdo con la visión que presenta el autor de la anécdota, y allí está la riqueza, porque algunos cuentos pueden estar a favor, o en contra (o todo lo contrario) de San Nicolás el acusón.
¿Quien l'entra?
Tuiong
... Happy Xmas (The war is over) John Lennon.

De allí se me ocurrieron estos cuentos que están en mi página personal en
y que iré poniendo algunos de ellos aquí en mi blog. :]


Más cuentos de Santa Claus: 
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