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jueves, 1 de septiembre de 2016

POR ENDE...

Hoy Google nos recuerda del 37 aniversario de la publicaciòn de "La historia interminable. Por eso reedito este post.

Quien no haya pasado nunca tardes entera delante de un libro, con las orejas ardiéndole y el pelo caído sobre la cara,leyendo y leyendo, olvidado del mundo y sin darse cuenta de que tenía hambre o se estaba quedando helado...

Quien nunca haya leído en secreto o a la luz de una linterna, bajo la manta, porque Papá o Maá o alguna otra persona solícita le ha apagado la luz con el argumento bien intencionado de que tiene que dormir, porque mañana hay que levantarse tempranito...

Quien nunca haya llorado abierta o disimuladamente lágrimas amargas, porque una historia maravillosa acababa y había que decir adiós a personajes con los que había corrido tantas aventuras, a los que quería y admiraba, por los que había temido y rezado, y sin cuya compañia la vida les parecería vacía y sin sentido...

Quien no conozca todo eso por propia experiencia, no podría comprender probablemente lo que Bastián hizo entonces."(1)


Entiendo perfectamente a Bastián Baltasar Bux.


Seguramente muchos habrán visto la película que se hizo sobre el libro y les gustó, igual que a mí, pero... si leen la obra ya no les va a gustar tanto.



(1) ENDE, Michael. La historia interminable.1983. Círculo de Lectores. Barcelona. pág.12

sábado, 14 de mayo de 2016

Mes del Libro. Día 12

MADRE
"Por culpa del azar o de un desliz, cualquier mujer puede convertirse en madre. Dios la ha dotado a mansalva del "instinto maternal" con la finalidad de preservar la especie. Si no fuera por eso, lo que ella haría al ver a esa criatura minúscula, arrugada y chillona, sería arrojarla a la basura. Pero gracias al "instinto maternal" la mira embobada, la encuentra preciosa y se dispone a cuidarla gratis hasta que cumpla por lo menos 21 años. Ser madre es considerar que es mucho más noble sonar narices y lavar pañales, que terminar los estudios, triunfar en una carrera o mantenerse delgada. Es ejercer la vocación sin descanso, siempre con la cantaleta de que se laven los dientes, se acuesten temprano, saquen buenas notas, no fumen, tomen leche...
Es preocuparse de las vacunas, la limpieza de las orejas, los estudios, las palabrotas, los novios y las novias; sin ofenderse cuando la mandan a callar o le tiran la puerta en las narices, porque no están en nada. Es quedarse desvelada esperando que vuelva la hija de la fiesta y, cuando llega hacerse la dormida para no fastidiar. Es temblar cuando el hijo aprende a manejar, anda en moto, se afeita, se enamora, presenta exámenes o le sacan las amígdalas. Es llorar cuando ve a los niños contentos y apretar los dientes y sonreír cuando los ve sufriendo. Es servir de niñera, maestra, chofer, cocinera, lavandera, médico, policía, confesor y mecánico, sin cobrar sueldo alguno. Es entregar su amor y su tiempo sin esperar que se lo agradezcan. Es decir que "son cosas de la edad" cuando la mandan al carrizo. Madre es alguien que nos quiere y nos cuida todos los días de su vida y que llora de emoción porque uno se acuerda de ella una vez al año: el Día de la Madre. El peor defecto que tienen las madres es que se mueren antes de que uno alcance a retribuirles parte de lo que han hecho. Lo dejan a uno desvalido, culpable e irremisiblemente huérfano. Por suerte hay una sola. Porque nadie aguantaría el dolor de perderla dos veces."

 Isabel Allende

martes, 10 de mayo de 2016

Mes del Libro. Día 10

Algo grave va a suceder en este pueblo

Imagínese usted un pueblo muy pequeño donde hay una señora vieja que tiene dos hijos, uno de 17 y una hija de 14. Está sirviéndoles el desayuno y tiene una expresión de preocupación. Los hijos le preguntan qué le pasa y ella les responde:
-No sé, pero he amanecido con el presentimiento de que algo muy grave va a sucederle a este pueblo.
Ellos se ríen de la madre. Dicen que esos son presentimientos de vieja, cosas que pasan. El hijo se va a jugar al billar, y en el momento en que va a tirar una carambola sencillísima, el otro jugador le dice:
-Te apuesto un peso a que no la haces.
Todos se ríen. Él se ríe. Tira la carambola y no la hace. Paga su peso y todos le preguntan qué pasó, si era una carambola sencilla. Contesta:
-Es cierto, pero me ha quedado la preocupación de una cosa que me dijo mi madre esta mañana sobre algo grave que va a suceder a este pueblo.
Todos se ríen de él, y el que se ha ganado su peso regresa a su casa, donde está con su mamá o una nieta o en fin, cualquier pariente. Feliz con su peso, dice:
-Le gané este peso a Dámaso en la forma más sencilla porque es un tonto.
-¿Y por qué es un tonto?
-Hombre, porque no pudo hacer una carambola sencillísima estorbado con la idea de que su mamá amaneció hoy con la idea de que algo muy grave va a suceder en este pueblo.
Entonces le dice su madre:
-No te burles de los presentimientos de los viejos porque a veces salen.
La pariente lo oye y va a comprar carne. Ella le dice al carnicero:
-Véndame una libra de carne -y en el momento que se la están cortando, agrega-: Mejor véndame dos, porque andan diciendo que algo grave va a pasar y lo mejor es estar preparado.
El carnicero despacha su carne y cuando llega otra señora a comprar una libra de carne, le dice:
-Lleve dos porque hasta aquí llega la gente diciendo que algo muy grave va a pasar, y se están preparando y comprando cosas.
Entonces la vieja responde:
-Tengo varios hijos, mire, mejor deme cuatro libras.
Se lleva las cuatro libras; y para no hacer largo el cuento, diré que el carnicero en media hora agota la carne, mata otra vaca, se vende toda y se va esparciendo el rumor. Llega el momento en que todo el mundo, en el pueblo, está esperando que pase algo. Se paralizan las actividades y de pronto, a las dos de la tarde, hace calor como siempre. Alguien dice:
-¿Se ha dado cuenta del calor que está haciendo?
-¡Pero si en este pueblo siempre ha hecho calor!
(Tanto calor que es pueblo donde los músicos tenían instrumentos remendados con brea y tocaban siempre a la sombra porque si tocaban al sol se les caían a pedazos.)
-Sin embargo -dice uno-, a esta hora nunca ha hecho tanto calor.
-Pero a las dos de la tarde es cuando hay más calor.
-Sí, pero no tanto calor como ahora.
Al pueblo desierto, a la plaza desierta, baja de pronto un pajarito y se corre la voz:
-Hay un pajarito en la plaza.
Y viene todo el mundo, espantado, a ver el pajarito.
-Pero señores, siempre ha habido pajaritos que bajan.
-Sí, pero nunca a esta hora.
Llega un momento de tal tensión para los habitantes del pueblo, que todos están desesperados por irse y no tienen el valor de hacerlo.
-Yo sí soy muy macho -grita uno-. Yo me voy.
Agarra sus muebles, sus hijos, sus animales, los mete en una carreta y atraviesa la calle central donde está el pobre pueblo viéndolo. Hasta el momento en que dicen:
-Si éste se atreve, pues nosotros también nos vamos.
Y empiezan a desmantelar literalmente el pueblo. Se llevan las cosas, los animales, todo.
Y uno de los últimos que abandona el pueblo, dice:
-Que no venga la desgracia a caer sobre lo que queda de nuestra casa -y entonces la incendia y otros incendian también sus casas.
Huyen en un tremendo y verdadero pánico, como en un éxodo de guerra, y en medio de ellos va la señora que tuvo el presagio, clamando:
-Yo dije que algo muy grave iba a pasar, y me dijeron que estaba loca.


Gabriel García Márquez

lunes, 2 de mayo de 2016

Mayo. Mes del Libro. Día 1

Primero de mayo. Día de los trabajadores.

Historia universal    Gianni Rodari
 
Al principio, la Tierra estaba llena de fallos y fue una ardua tarea hacerla más habitable. No había puentes para atravesar los ríos. No había caminos para subir a los montes. ¿Quería uno sentarse? Ni siquiera un banquillo, ni sombra. ¿Se moría uno de sueño? No existían las camas.
Ni zapatos, ni botas para no pincharse los pies. No había gafas para los que veían poco. No había balones para jugar un partido; tampoco había ni ollas ni fuego para cocer los macarrones. No había nada de nada. Cero tras cero y basta.

Sólo estaban los hombres, con dos brazos para trabajar, y así se pudo poner remedio a los fallos más grandes. Pero todavía quedan muchos por corregir: ¡arremangaos, que hay trabajo para todos!

domingo, 21 de febrero de 2016

Umberto Eco


Salud!!




Los tres astronautas






Era una vez la Tierra.

Era una vez Marte.

Estaban muy lejos el uno de la otra, en medio del cielo, y alrededor había millones de planetas y de galaxias.

Los hombres que estaban sobre la Tierra querían llegar a Marte y a los otros planetas; ¡pero estaban tan lejos!
 

Sin embargo, trataron de conseguirlo. Primero lanzaron satélites que giraban alrededor de la Tierra durante dos días y volvían a bajar.

Después, lanzaron cohetes que daban algunas vueltas alrededor de la Tierra, pero, en vez de volver a bajar, al final escapaban de la atracción terrestre y partían hacia el espacio infinito.

Al principio, pusieron perros en los cohetes: pero los perros no sabían hablar y por la radio del cohete transmitían solo "guau, guau". Y los hombres no entendían qué habían visto y adónde habían llegado.


Por fin, encontraron hombres valientes que quisieron trabajar de astronautas.

El astronauta se llama así porque parte a explorar los astros que están en el espacio infinito, con los planetas, las galaxias y todo lo que hay alrededor.

Los astronautas partían sin saber si podían regresar. Querían conquistar las estrellas, de modo que un día todos pudieran viajar de un planeta a otro, porque la Tierra se había vuelto demasiado chica y los hombres eran cada día más.

Una linda mañana, partieron de la Tierra, de tres lugares distintos, tres cohetes.

En el primero iba un estadounidense que silbaba muy contento una canción de jazz.

En el segundo iba un ruso, que cantaba con voz profunda "Volga, Volga".

En el tercero iba un negro que sonreía feliz con dientes muy blancos sobre la cara negra.

En esa época los habitantes de África, libres por fin, habían probado que como los blancos podían construir, casas, máquinas y, naturalmente, astronaves.

Cada uno de los tres deseaba ser el primero en llegar a Marte: El norteamericano, en realidad, no quería al ruso y el ruso al norteamericano, porque el norteamericano para decir "buenos días" decía How do you do y el ruso decía zdravchmite.

Así, no se entendían y creían que eran diferentes.

Además, ninguno de los dos quería al negro porque tenía un color distinto.

Por eso no se entendían.

Como los tres eran muy valientes, llegaron a Marte casi al mismo tiempo. Descendieron de sus astronaves con el casco y el traje espacial. Y se encontraron con un paisaje maravilloso y extraño: El terreno estaba surcado por largos canales llenos de agua de color verde esmeralda. Había árboles azules y pajaritos nunca vistos, con plumas de rarísimo color.

En el horizonte se veían montañas rojas que despedían misteriosos fulgores.

Los astronautas miraban el paisaje, se miraban entre sí y se mantenían separados, desconfiando el uno del otro.

Cuando llegó la noche se hizo un extraño silencio alrededor. La Tierra brillaba en el cielo como si fuera una estrella lejana.

Los astronautas se sentían tristes y perdidos, y el norteamericano, en medio de la oscuridad, llamó a su mamá.

Dijo: "Mamie".
 

Y el ruso dijo: "Mama"
 

Y el negro dijo: "Mbamba"

Pero enseguida entendieron que estaban diciendo lo mismo y que tenían los mismos sentimientos. Entonces se sonrieron, se acercaron, encendieron juntos una linda fogatita, y cada uno cantó las canciones de su país. Con esto recobraron el coraje y, esperando la mañana, aprendieron a conocerse.

Por fin llegó la mañana y hacía mucho frío. De repente, de un bosquecito salió un marciano. ¡Era realmente horrible verlo! Todo verde, tenía dos antenas en lugar de orejas, una trompa y seis brazos.

Los miró y dijo: "grrrrr".

En su idioma quería decir: "¡Madre mía!, ¿Quiénes son estos seres tan horribles?".

Pero los terráqueos no lo entendieron y creyeron que ése era un grito de guerra.

Era tan distinto a ellos que no podían entenderlo y amarlo.

Enseguida se pusieron de acuerdo y se declararon contra él.

Frente a ese monstruo sus pequeñas diferencias desaparecían. ¿Qué importaba que uno tuviera la piel negra y los otros la tuvieran blanca?

Entendieron que los tres eran seres humanos.

El otro no. Era demasiado feo y los terráqueos pensaban que era tan feo que debía ser malo.

Por eso decidieron matarlo con sus desintegradores atómicos.

Pero de repente, en el gran hielo de la mañana, un pajarito marciano, que evidentemente se había escapado del nido, cayó al suelo temblando de frío y de miedo.

Piaba desesperado, más o menos como un pájaro terráqueo. Daba mucha pena. El norteamericano, el ruso y el negro lo miraron y no supieron contener una lágrima de compasión.
 

Y en ese momento ocurrió un hecho que no esperaban. También el marciano se acercó al pajarito, lo miró, y dejó escapar dos columnas de humo de su trompa. Y los terráqueos, entonces; comprendieron que el marciano estaba llorando. A su modo, como lo hacen los marcianos.

Luego vieron que se inclinaba sobre el pajarito y lo levantaba entre sus seis brazos tratando de darle calor.

El negro que en sus tiempos había sido perseguido por su piel negra sabía cómo eran las cosas. Se volvió hacia sus dos amigos terráqueos:
 

-¿Entendieron? –dijo-. ¡Creíamos que este monstruo era diferente a nosotros y, en cambio, también él ama los animales, sabe conmoverse, tiene corazón y, sin duda, cerebro también! ¿Todavía creen que tenemos que matarlo?

Se sintieron avergonzados ante esa pregunta.

Los terráqueos ya habían entendido la lección: no es suficiente que dos criaturas sean diferentes para que deban ser enemigas.

Por eso se aproximaron al marciano y le tendieron la mano.
 

Y él, que tenía seis manos, estrechó de una sola vez las de ellos tres, mientras con las que tenía libres hacía gestos de saludo.
 

Y señalando con el dedo la Tierra, ahí abajo en el cielo, hizo entender que quería hacer conocer a los demás habitantes y estudiar junto a ellos la forma de fundar una gran república espacial en la que todos estuvieran de acuerdo y se quisieran.

Los terráqueos dijeron que sí muy contentos.
 

Y para festejar el acontecimiento le ofrecieron un cigarrillo. El marciano muy feliz se lo metió en la nariz y empezó a fumar. Pero ya los terráqueos no se escandalizaban más.

Habían entendido que en la Tierra como en los otros planetas, cada uno tiene sus propias costumbres y que sólo es cuestión de comprenderse entre todos.

lunes, 25 de mayo de 2015

Mayo. Mes del Libro 2015.Día 23


Cuarto día de Desafío Literario

Lo mejor de esto fue descubrir cuánta poesía nos anda rondando el alma.Tal vez el primer día fue difícil pero al llegar al cuarto te das cuenta que hay un río de palabras que quisieras compartir. Cumplido el desafío, gracias a María Beatriz Almada Rodríguez por nominarme y gracias a las amigas que aceptaron participar, espero les resulte tan gratificante como a mí. Para hoy elegí un poema de Mario Benedetti, Corazón Coraza.
"Porque te tengo y no
porque te pienso
porque la noche está de ojos abiertos
porque la noche pasa y digo amor
porque has venido a recoger tu imagen
y eres mejor que todas tus imágenes
porque eres linda desde el pie hasta el alma
porque eres buena desde el alma a mí
porque te escondes dulce en el orgullo
pequeña y dulce
corazón coraza
porque eres mía
porque no eres mía
porque te miro y muero
y peor que muero
si no te miro amor
si no te miro
porque tú siempre existes dondequiera
pero existes mejor donde te quiero
porque tu boca es sangre
y tienes frío
tengo que amarte amor
tengo que amarte
aunque esta herida duela como dos
aunque te busque y no te encuentre
y aunque
la noche pase y yo te tenga
y no."

Mayo. Mes del Libro 2015. Día 22


Tercer día del desafío literario.

Para este día elegí: Palabras, de Cecilia Roggero.
"Hay palabras redondas,
como mundo, como hueco,
como sol.
Hay palabras que acompañan,
como luz, como perro,
como sombra.
Hay palabras que lloran
como lluvia.
Hay palabras amargas,
como tónico
y difíciles como lo siento.
Hay palabras grandotas,
como castigo o como grito.
Hay palabras que ríen,
como agua, como circo.
Y las hay tristes,
como fin.
Hay palabras y palabras.
Hay las que se dicen
y las que se callan.
Hay las que duelen
y las que alegran
y las que abren puertas
misteriosas."

lunes, 11 de mayo de 2015

Mayo. Mes del Libro 2015. Día 11

" La lectura es ya en sí un medio para tener acceso al saber, a los conocimientos formales, y por eso mismo puede modificar las líneas de nuestro destino escolar, profesional, social”
“La lectura es también una vía privilegiada para acceder a un uso más desenvuelto de la lengua, esa lengua que puede llegar a constituir una terrible barrera social”.
Un camino privilegiado para construirse uno mismo, para pensarse, para darle un sentido a la propia experiencia, un sentido a la propia vida, para darle voz a su sufrimiento, forma a los deseos, a los sueños propios” 


Tomado dePETIT, Michele. Nuevos acercamientos a los jóvenes y la lectura. 2003.México. Fondo de Cultura Económica

jueves, 7 de mayo de 2015

Mayo. Mes del Libro 2015. Día 7


La maldición de un hada se aloja en el corazón de Jacob Reckless. Cuando pierde casi toda esperanza, le hablan de una cura para revertir el embrujo: una ballesta mágica; pero, antes, deberá encontrar la mano, el corazón y la cabeza del dueño de la antigua arma. Cornelia: quiero leer el tercero!!!!!





Escrito para niños y jóvenes, comencé a leerlo temprano en la mañana y no lo pude abandonar hasta las veinte, cuando terminaron las aventuras de un grupo de niños, de una fotógrafa, de un detective y otros personajes más. Un libro donde algunos quieren ser adultos, otros quieren ser jóvenes y todos llevan máscaras, de las materiales y de las otras. Todo sucede en una ciudad llena de escondites secretos, pasillos escondidos, antiguas catedrales. Una ciudad que se hunde, que tiene una cara risueña para los turistas y otra ignota y oscura propicia para el misterio. En un programa televisivo de preguntas y respuesta le interrogaron al concursando sobre dónde quedaba el puente de Rialto. Él no sabía, yo tampoco. Ahora no me olvido más. El puente de Rialto está en…Venecia! 
El viejo cine Stella también está en Venecia pero no les puedo indicar la dirección porque puede que allí busquen refugio todavía unos cuantos niños sin hogar.


 Si buscamos por las distintas mitologías, leyendas, literatura, comprobamos el poder de las palabras. Los dioses de la antigua Mesopotamia ocultaban sus verdaderos nombres para que no fueran usados para dañarlos. Las palabras pueden ser creadoras, sanadoras, maldicientes…
Mortimer Folchart, llamado Lengua de Brujo, es un médico de librosy suele narrar a su hija cuentos hermosos con final feliz pero no se atreve a leer la palabra impresa, como la que Fenoglio escribe veloz”como la lanzadera de un telar que va creando una imagen espléndida a partir de hilos negros” (1)
Mortimer tiene el terrible poder de traer a su mundo los personajes que habitan en los libros pero más terrible es saber que por cada habitante del mundo de la literatura que aparece hay otro de carne y hueso que pasa a habitar quien sabe qué mundo de papel. Un libro extraordinario que habla del poder de las palabras, del amor a los libros, de personajes desarraigados, de personajes crueles, de personajes qu se hacen valientes por el amor y la amistad.
Es el primero de la Trilogía de la Tinta. Su título original es Tintenhenz, traducido al español por Rosa Pilar Blanco y publicado por Ediciones Siruela, S. A. en España
(1) FUNKE, Cornelia (2007) Corazón de Tinta. Madrid:Fondo de Cultra Económica. p.468




 ¿Cuántas veces al ver una película o leer un libro hemos deseado formar parte de ese mundo de ficción?
Pero una cosa es contemplar a los malos y sus atrocidades, ver sufrir a los héroes desde nuestro cómodo sillón, al lado del fuego en invierno, o en nuestra sombra preferida en verano, o entre sábanas, sabiendo que en las últimas páginas todo se resolverá, los malos recibirán su castigo, el bien restablecerá el equilibrio y los héroes tendrán memoria corta para el sufrimiento. Y otra cosa asustadora es encontrarte en un mundo que creías ficticio cuyas criaturas son tan reales como tú. Te encantaría reunirte allí con Bailanubes, el Príncipe Negro y su oso, Roxana, Dedo Polvoriento, Arrendajo; conocer a los elfos, a las hadas azules y al pueblo variopinto pero para eso tendrás que enfrentarte, huir y esconderte de Basta y su cuchillo, de Cabeza de Víbora, de Rajahombres, de Zorro incendiario y toda la Hueste de Hierro. Dicen que hay que tener cuidado con lo que uno desea porque se puede hacer realidad.
Es la segunda parte de la Saga de la Tinta, Sangre de Tinta  y publicada en este caso por SCHOLASTIC en español, New York.




Traducido del alemán por Margarita Santos Cuesta, escrito e ilustrado por Cornelia Funke.
Un espejo que es un portal hacia otro mundo ( y no es Alicia la que lo cruza) una casita de dulces, una princesa que duerme esperando a su príncipe, una pelota de oro, la torre de Rapunzel...y más. Los cuentos que ya leíste te van haciendo guiños tramposos mientras Jacob trata de salvar a su hermano.
Los mundos creados por Cornelia Funke suelen ser asustadores pero ejercen una tremenda atracción sobre el lector. Y dejan esa sensación de "quiero más", pero casi siempre hay que esperar al siguiente libro de la saga.
Editado en el 2010 por el Fondo de Cultura Económico (México) para su colección A la orilla del viento




 Hay  palabras que abren puertas, las que escribe Fenoglio, y lee Meggie. Tan necesarias para enmendar, ayudar, consolar. Cabeza de Queso también tiene el don. Pero...Ay! Cuántas desgracias acarrean las palabras guiadas por la ambición de riqueza y poder.
 Muerte de Tinta, el último libro de la trilogía del Mundo de tinta, escrito e ilustrado por Cornelia Funke. Editado por Ediciones Siruela para su colección A la orilla del viento, suma a nuestros personajes conocidos algunos más, de los buenos y de los otros. Con muchas sorpresas que no voy a contar.







 Entretenido, de rápida lectura, este libro cuenta las aventuras de una princesa de diez años que quiere ser...caballera! Ubicada su acción en época de dragones, castillos, gigantes, magos, princesas raptadas, malvados y ambiciosos ( bueno, de estos hay siempre). Igraín tiene un gato llamado Sísifo (agendé el nombre) y solo le teme a las arañas.



Desde Escocia hasta el Himalaya.
 Ben, un niño sin familia que vive en los barracones del puerto se convierte en jinete de un dragón plateado llamado Lung, dando vida a las viejas leyendas y haciendo posible la profesía. Dos duendes, un humúnculo, humanos, elfos, ratas, enanos, cuervos, una serpiente marina, un ave Roc y un malvado antagonista, (de lo contrario no hay novela) el Dorado, han comenzado el 2013 conmigo. Cornelia Funke no necesita presentación. Editado en 2008 por Siruela para su ColecciónA la orilla del viento. Traducción de Rosa Pilar Blanco.

lunes, 18 de agosto de 2014

Ana Ribeiro en Tranqueras






Cicerón definió la Historia como “la maestra de la vida”. 
Suponemos que el papel del historiador es investigar buscando la verdad para proporcionarnos una visión del pasado, para permitir que esta maestra enseñe con conocimientos que nos ayuden a comprender el presente. Pero somos la materia de la Historia y somos los que la contamos. Por ahí las cosas se complican. A veces contamos lo que se nos antoja por motivos diversos. Congelamos hechos, congelamos personas. Y las contemplamos en un solo estado. Inamovibles. Es bueno, es muy bueno mirar los hechos históricos desde distintos ángulos. Es bueno conocer. Es bueno escuchar. Creo que desde la noche del sábado somos un poco más ricos. Por lo menos en lo que a mí respecta, en la riqueza que me interesa poseer.  Muchas gracias, Ana Ribeiro, por el conocimiento, por el buen decir, por la simpatía. Por ese gesto, ese detalle, de hacernos conocer esos documentos que nos acercan a Artigas a nuestra circunstancia geográfica.

viernes, 8 de agosto de 2014

6 y 9 de Agosto

MIL GRULLAS  De Elsa Bornemann

Naomi Watanabe y Toshiro Ueda creían que el mundo era nuevo. Como todos los
chicos. Porque ellos eran nuevos en el mundo. También, como todos los chicos. Pero el
mundo era ya muy viejo entonces, en el año 1945, y otra vez estaba en guerra. Naomi y
Toshiro no entendían muy bien que era lo que estaba pasando.
Desde que ambos recordaban, sus pequeñas vidas en la ciudad japonesa de Hiroshima se
habían desarrollado del mismo modo: en un clima de sobresaltos, entre adultos callados
y tristes, compartiendo con ellos los escasos granos de arroz que flotaban en la sopa
diaria y el miedo que apretaba las reuniones familiares de cada anochecer en torno a las
noticias de la radio, que hablaban de luchas y muerte por todas partes. Sin embargo,
creían que el mundo era nuevo y esperaban ansiosos cada día para descubrirlo.
¡Ah…y también se estaban descubriendo uno al otro!
Se contemplaban de reojo durante la caminata hacia la escuela, cuando suponían que sus
miradas levantaban murallas y nadie más que ellos podrían transitar ese imaginario
senderito de ojos a ojos.
Apenas si habían intercambiado algunas frases. El afecto de los dos no buscaba las
palabras. Estaban tan acostumbrados al silencio…
Pero Naomi, sabía que quería a ese muchacho delgado, que más de una vez se quedaba
sin almorzar para darle a ella la ración de batatas de había traído de su casa.
-No tengo hambre-le mentía Toshiro, cuando veía a la niña apenas si tenía dos o tres
galletitas para pasar el mediodía. - Te dejo mi vianda - y se iba a corretear con sus
compañeros hasta la hora de regreso a las aulas, para que Naomi no tuviera vergüenza
de devorar la ración.
Naomi… Poblaba el corazón de Toshiro. Se le anudaba en los sueños con sus largas
trenzas negras. Le hacía tener ganas de crecer de golpe para poder casarse con ella. Pero
ese futuro quedaba tan lejos aún…
El futuro inmediato de aquella primavera de 1945 fue el verano, que llego puntualmente
el 21 de junio y anunció las vacaciones escolares.
Y con la misma intensidad con que otras veces habían esperado sus soleadas mañanas,
ese año los ensombreció a los dos: ni Naomi ni Toshiro deseaban que empezara. Su
comienzo significaba que dejar de verse durante un mes y medio inacabable.
A pesar de que sus casas no quedaban demasiado lejos un de la otra, sus familias no se
conocían. Ni siquiera tenían entonces la posibilidad de encontrarse en alguna visita.
Había que esperar pacientemente la reanudación de las clases.
 Acabó junio y Toshiro arrancó contento la hoja del almanaque.
Se fue julio y Naomi arrancó contenta la hoja del almanaque.
Y aunque no lo supieran ¡Por fin llegó agosto!-pensaron los dos al mismo tiempo.
Fue justamente el primero de esos cuando Toshiro viajó, junto con sus padres, hacia la
aldea de Miyashima. Iban a pasar una semana. Allí vivían los abuelos, dos ceramistas
que veían apilarse vasijas en todos los rincones del local.
Ya no vendían nada. No obstante, sus manos viejas seguían modelando la arcilla con la
misma dedicación de otras épocas. –Para cuando termine la guerra… -decía el abuelo.-
Todo acaba algún día... – comentaba la abuela por lo bajo. Y Toshiro se sentía que la
paz debería ser algo muy hermoso, porque los ojos de sus madres parecían aclararse
fugazmente cada vez que se referían al fin de la guerra, tal como a el se le aclaraban los
suyo cuando recordaba a Naomi.
¿Y Naomi?
El primero de agosto se despertó inquieta; acababa de soñar que caminaba, sobre la
nieve. Sola. Descalza. Ni casas ni árboles a su alrededor. Un desierto helado y ella
atravesándolo.
Abandonó el tatami, se deslizo de puntillas entre sus dormidos hermanos y abrió la
ventana de la habitación. ¡Qué alivio!
Una cálida madrugada le rozo las mejillas. Ella le devolvió un suspiro.
El dos y tres de agosto escribió, trabajosamente, sus primeros haikus.

Lento se apaga
El verano.
Enciendo lámparas y sonrisas.

Pronto
Florecerán los crisantemos.
Espera,
Corazón.

Después, achicó en rollitos ambos papeles y los guardó dentro de una cajita de laca en la
que escondía sus pequeños tesoros de curiosidad de sus hermanos.
El cuatro y cinco de agosto se los pasó ayudando a su madre y a las tías. ¡Era tanta la
ropa para remendar! Sin embargo, esa tarea no le disgustaba.
Naomi siempre sabía hallar el modo de convertir en un juego entretenido lo que acaso
resultaba aburridísimas para otras chicas. Cuando cosía, por ejemplo, imaginaba que
cada doscientas veintidós puntadas podía sujetar el deseo para que se cumpliese.
La aguja iba y venía, laboriosa. Así, quedó el pantalón de su hermano menor el ruego de
que finalizara enseguida esa espantosa guerra, y en los puños de la camisa de papá, el
pedio de que Toshiro no la olvidara nunca…
Y los dos deseos se cumplieron.
Pero el mundo tenía sus propios planes… Ocho de la mañana seis de agosto en el cielo de Hiroshima.
Naomi se ajusta su obi de su kimono y recuerda a su amigo: -¿Qué estará haciendo
ahora?
“Ahora”, Toshiro pesca en la isla mientras se pregunta: -¿Qué estará haciendo Naomi?
En el mismo momento, un avión enemigo sobrevuela el cielo de Hiroshima.
En el avión, hombres blancos que pulsan botones y la bomba atómica surca por primera
vez en el cielo. El cielo de Hiroshima.
Un repentino resplandor ilumina extrañamente la cuidad.
En ella, una mamá amanta a su hijo por última vez.
Dos viejos trenzan bambúes por última vez.
Una docena de chicos canturrea: “Donguri Koro Koro- Donguri Ko…” por última vez.
Cientos de mujeres repiten sus gestos habituales por última vez.
Miles de hombres piensan en mañana por última vez.
Naomi sale para hacer unos mandados.
Silenciosa explota la bomba. Hierven, de repente, las aguas del río.
Y medio millón de japoneses, medio millón de seres humanos, se desintegraron esta
mañana. Y con ellos desaparecen edificios, árboles, calles, animales, puentes y el paso
de Hiroshima.
Ya ninguno de los sobrevivientes podrá volver a reflejarse en el mismo espejo, ni abrir
nuevamente la puerta de su casa, ni retomar ningún camino requerido.
Nadie será ya quien era.
Hiroshima arrasada por un hongo atómico.
Hiroshima es el sol, ese seis de agosto de 1945. Un sol estallando.
Recién en diciembre logro Toshiro averiguar donde estaba Naomi ¡Y que aún estaba
viva, Dios!
Ella y su familia, internados en el hospital ubicado en la localidad próxima de
Hiroshima. Como tantos otros cientos de miles que también había sobrevivido al horror,
aunque el horror estuviera ahora instalado dentro de ellos, en sus misma sangre.
Y hacia ese hospital marchó Toshiro una mañana.
El invierno insinuaba ya en el aire y el muchacho no sabia si era el frío exterior o sus
pensamiento lo que le hacia tiritar.
Naomi se hallaba en una cama situada junto a la ventana. De cara al techo. Con los ojos
abiertos y la mirada inmóvil. Ya no tenía sus trenzas. Apenas una tenue pelusita oscura.
Sobra su mesa de luz, unas cuantas grullas de papel desparramadas.
-Voy a morirme, Toshiro… -susurró, no bien sus amigo no se paró, en silencio, al lado
de su cama. –Nunca llegare a plegar las mil grullas que hacen falta…
Mil grullas… o Semba-Tsuru, como se dice en japonés.
Con el corazón encogido, Toshiro contó las que se hallaban dispersas sobre la mesita.
Sólo veinte. Después, las juntó cuidadosamente en un bolsillo de su chaqueta.
-Te vas a curar, Naomi- le dijo entonces, pero su amiga no lo oía ya: se había quedado
dormida. El muchachito salió del hospital, bebiéndose lágrimas.
Ni la madre, ni el padre, ni los tíos de Toshiro (en cuya casa se encontraban
temporariamente alojados) entendieron aquella noche el porqué de la misteriosa
desaparición de casi todos los papeles que, hasta ese día, había habido allí.
Hojas de diarios, pedazos de papel para envolver, viejos cuadernos y hasta algunos
libros parecían haberse esfumado mágicamente. Pero ya era tarde para preguntar. Todos
los mayores se durmieron, sorprendidos.
En la habitación que compartía con sus primos, Toshiro velaba entre sombras. Esperó
hasta que tuvo la certeza de que nadie más que él continuaba despierto. Entonces, se
incorporó con sigilo y abrió el armario donde se solían acomodar las mantas.
Mordiéndose la punta de la lengua, extrajo la pila de papeles que había recolectado en
secreto y volvió a su lecho.
La tijera llevaba oculta entre sus ropas.
Y así, en el silencio y la oscuridad de aquellas horas, Toshiro recorto primero
novecientos ochenta cuadraditos y luego los plegó, uno por uno, hasta completar las mil
grullas que ansiaba Naomi, tras sumarles las que ella misma había hecho. Ya amanecía.
El muchacho se encontraba pasando hilos a través de de la silueta de papel. Separó en
grupos de diez frágiles grullas del milagro y las aprestó para que imitaran el vuelo,
suspendidas como estaban de un leve hilo de coser, una encima de la otra.
Con los dedos paspados y el corazón temblando, Toshiro colocó las cien tiras de su
furoshiki y partió rumbo al hospital antes de que su familia se despertara. Por esa única
vez, tomó sin pedir permiso la bicicleta de su primo.
No había tiempo perder. Imposible recorrer a pie, como el día anterior, los kilómetros
que lo separaban del hospital. La vida de Naomi dependía de esas grullas.
-Prohibidas las visitas a esta hora- le dijo una enfermera, impidiéndole el acceso a la
enorme sala de uno de cuyos extremos estaba la cama de su querida amiga.
Toshiro insistió: -Sólo o quiero colgar estas grullas sobre sus lecho. Por favor…
Ningún gesto denunció la emoción de la enfermera cuando el chico le mostró las
avecitas de papel. Con la misma impasibilidad con que momentos antes le había cerrado
el paso, se hizo a un lado y le permitió que entrara: -Pero cinco minutos, ¿eh?
Naomi dormía.
Tratando de no hacer el mínimo ruidito, Toshiro puso en su silla sobre la mesa de luz
luego se subió.
Tuvo que estirarse a más no poder para alcanzar el cielo raso. Pero lo alcanzó. Y en un
rato estaba las mil grullas pendiendo del techo; los cien hilos entrelazados, firmemente
sujetos con alfileres.
Fue al bajarse que su improvisada escalera advirtió que Naomi los estaba observando.
Tenía la cabecita echada hacia un lado y una sonrisa en los ojos.
-Son hermosas, Toshi-Chan… Gracias… -Hay un millar. Son tuyas, Naomi. Tuyas -y el muchacho abandonó la sala sin darse cuenta.
En la luminosidad del mediodía que ahora ocupaba todo el recinto, mil grullas
empezaron a balancearse impulsadas por el viento que la enfermera también dejó colar,
al entreabrir por unos instantes la ventana.
Los ojos de Naomi seguían sonriendo.
La niña murió al día siguiente. Un ángel a la intemperie frente a la impiedad de los
adultos ¿Cómo podían mil frágiles avecitas de papel vencer el horror instalado en su
sangre?
Febrero de 1976.
Toshiro Ueda cumplió cuarenta y dos años y vive en Inglaterra. Se casó, tiene tres hijos
y es gerente de sucursal de un banco establecido en Londres.
Serio y poco comunicativo como es, ninguno de sus empleados se atreve a preguntarle
por qué, entre el aluvión de papeles con importantes informes y mensajes telegráficos
que habitualmente se juntan sobre su escritorio, siempre se encuentran algunas grullas
de origami dispersas al azar.
Grullas seguramente hechas por él, pero en algún momento en que nadie consigue
sorprenderlo.
Grullas desplegando alas en las que se descubren las cifras de la máquina de calcular.
Grullas surgidas de servilletitas con impresos de los más sofisticados restaurantes…
Grullas y más grullas.
Y los empleados comentan, divertidos, que el gerente debe creer en aquella superstición
japonesa.
-Algún día completara las mil…-cuchicheaban entre risas-. ¿Se animará entonces a
colgarlas sobre su escritorio?
Ninguno sospecha, siquiera, la entrañable relación que esas grullas tienen con la perdida
de Hiroshima de su niñez. Con su perdido amor primero.


Extraído de No somos irrompibles, doce cuentos de chicos enamorados.