En su primer discurso frente a la Plaza de Mayo, el flamante presidente Alberto Fernández se despidió exclamando: "¡Vamos a ser mujeres...!", y de inmediato corrigiéndose: "¡...mejores!" Le compro el lapsus. Sea de su propia cosecha inconsciente, o bien infiltración de la inteligencia colectiva, se trata indudablemente de lo más memorable –y profético– que escuchamos esta noche. La política también se hace haciendo lenguaje sin querer.
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10 de diciembre de 2019
Ser mujeres
En su primer discurso frente a la Plaza de Mayo, el flamante presidente Alberto Fernández se despidió exclamando: "¡Vamos a ser mujeres...!", y de inmediato corrigiéndose: "¡...mejores!" Le compro el lapsus. Sea de su propia cosecha inconsciente, o bien infiltración de la inteligencia colectiva, se trata indudablemente de lo más memorable –y profético– que escuchamos esta noche. La política también se hace haciendo lenguaje sin querer.
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5 de noviembre de 2018
Don para la diáspora
Cada vez que resuena el fatigado mantra de la marca España, no puedo evitar cierta perplejidad. Acaso un país sea lo contrario de una marca: una amalgama de contradicciones, matices y vidas imposibles de reducir a un producto uniforme. Igual que no podemos evaluar la educación pública con los criterios de un consejo de accionistas, la riqueza de una lengua y los balances de una empresa requieren diferentes instrumentos de análisis. Por supuesto, no se trata de omitir ingenuamente el factor económico de la vida cultural, ni sus efectos en nuestra experiencia lingüística. Sino de repensar el punto de partida de ese cruce. Sus –nunca mejor dicho– presupuestos. Si de negocios se tratase, estaríamos ante un comercio, un intercambio de riquezas; y no una multinacional pretendiendo dirigir a un puñado de sucursales. Antes de lanzarse a la febril conquista de mercados exteriores, convendría preguntarse por la naturaleza interna de esa presunta mercancía. La realidad de nuestro idioma se parece más a una comunidad sin centro, cuyos hablantes se expresan con horizontal plenitud. Todo intento de forzar esa dinámica (como le consta a cualquier persona familiarizada con Latinoamérica) está destinado al tropiezo, la tensión entre pares o ambas cosas. Si el trabajo conjunto que desempeñan las diversas academias resulta digno de encomio, el trasfondo colonial de su organización parece subsistir: España sería el centro lingüístico; y otros veinte países, paradójicos satélites mayores que su astro. Para comprobarlo, basta con aplicar el razonamiento inverso. A ningún país latinoamericano se le ocurriría considerar nuestro idioma como parte de su política exterior o sus estrategias de expansión. Quizá por mi formación filológica, aún considero que las academias tienen su sentido y utilidad. Pero, para nadar en las aguas del presente, necesitarán algo más que enumerar los americanismos que ingresan al diccionario como inmigrantes recibiendo la venia de una aduana. Necesitarán replantearse la estructura conceptual que las une, sus propias reglas de juego. Por lo demás, la pervivencia del término americanismo no deja de asombrarme. El diccionario no tilda de españolismos al resto de vocablos del idioma, que representa a menos del 10% de la población hispanófona. ¿Cómo hará la tecnocracia para sobreponerse a este dato, sencillo y abrumador como el Romancero? Mucho han cambiado las cosas desde que Américo Castro fuese objeto de una hilarante parodia de Borges, cuyo artículo “Las alarmas del doctor Castro” refutaba hasta el sonrojo unos prejuicios eurocéntricos que parecían presumir la existencia de un Primer Mundo lingüístico. La lengua es de quien la trabaja, la ama, la cuestiona. Es patrimonio de una multitud transatlántica, sin jerarquías impuestas, y ningún país tiene derecho a actuar como su dueño. Sería hora de asumir su indómita diversidad, su don para la diáspora. Y celebrar que, por encima de las luchas de poder, quinientos millones de curiosos podemos entendernos (y debatir) en esta hermosa lengua que balbuceó un genio mestizo llamado César Vallejo.
(texto aparecido en el debate "El español y la marca España", convocado por El Cultural)
(texto aparecido en el debate "El español y la marca España", convocado por El Cultural)
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23 de febrero de 2018
Fractura, y 6 (Pinedo)
Pisoteando su propio reflejo, Pinedo se pregunta en qué medida la necesidad de escribir guardará relación con esa tartamudez que tantos pudores le trae. Si acaso la escritura no será su manera de dejar, aunque sea por un momento, de tartamudear cada cosa. O una vía para decir algo con ese balbuceo. En su niñez, cuando le costaba pronunciar una palabra, se encerraba a deletrearla en un papel. Dibujaba sus letras y, ¡plop! Se maravillaba con la perfección, la redondez con que quedaba escrita. Con que quedaba escrita, repite Pinedo en un susurro, percibiendo los pequeños chasquidos en el paladar. Rememora la ocasión en que aprendió la palabra cacofonía. Y descubrió con asombro que, además de ilustrar su propio significado, ese trabalenguas resumía su problema con las palabras. Trabalenguas. La historia de su vida.
[de la nueva novela Fractura (Alfaguara). Más información, aquí.]
20 de abril de 2017
La lluvia en el desierto (y 2)
En sus últimos años, Eduardo García fue recuperando y resignificando su Brasil natal. La raíz casi olvidada, lugar de memoria inconsciente. La condición fronteriza no se limita al orden geográfico ni a los dogmas nacionales. Tiene algo de desubicación general, en su sentido más etimológico: sin dónde. De errancia emocional y estética. El regreso simbólico de Eduardo a su primera tierra se completó con el rescate del idioma portugués. Que, para asombro de sus amigos y acaso de sí mismo, había conservado prácticamente intacto tras cuatro décadas de vida en español. Si los duendes internautas no la han borrado, aún circula una filmación del diálogo que mantuvo en Brasilia con su traductor. Imposible evitar una ráfaga de emoción, y también de extrañeza, al escuchar su acento paulista. Aunque apenas hayamos reparado en ello, a Eduardo le tocó escribir en una lengua extranjera. Es probable que su exactitud verbal y escrupulosidad técnica tengan mucho que ver con esa vigilancia de los idiomas adquiridos. Repasando el borrador de sus notas inconclusas, me topé con un lapsus casi imperceptible: «Necesité atravesar un vasto proceso de aprendizaje, en árduo combate con las palabras». No puedo decir que me sorprendiera comprobar que justo así se escribe en portugués. Su querencia por la patria original y la música fue acentuándose con el tiempo. Como si el oído, órgano central de su sensibilidad, fuese el cordón umbilical que lo unía con su memoria. Conservé en mi teléfono todos los mensajes que Eduardo me envió durante los últimos meses. Me sentía incapaz de borrarlos. Como si desterrarlos del aparato equivaliera a despedir a su remitente. Me pregunto adónde van a parar los mensajes que eliminamos. A qué magma de signos, a qué limbo de datos. Mi intención era transcribirlos algún día. Pero eso también se me hacía demasiado árduo. Finalmente se perdieron de la peor manera: me robaron el teléfono ese mismo verano, en pleno duelo. Quizá la muerte sea una ladrona. Y nuestro pensamiento, el malogrado detective. Escribo sobre mi amigo con tapones de goma en los oídos. Así escucho más en mí su respiración, que me acompaña hasta el final del viaje.
(del prólogo al volumen La lluvia en el desierto. Poesía 1995-2016, obra reunida de Eduardo García que acaba de publicar la Fundación Lara en su colección Vandalia.)
21 de marzo de 2017
Le regalé una lupa a mi maestro
como su colección de ojos.
En sus últimos años
—y todos fueron últimos—
no podía leer sin esa ayuda.
La ayuda es ilegible.
Movía su barriga entre paréntesis
arrastrando su máquina de oxígeno.
Fumaba sus hipérboles.
Tenía un surrealismo de víscera de campo.
De niño confundía caballo con papá.
Cierto día me dijo que soñó
con un hombre colgado de una soga:
un pie descalzo, el otro
con una media negra.
¿Por qué tenía pies que discrepaban?,
se preguntaba insomne mi maestro.
Cuando fui a dar el pésame
vi la lupa dormida
sobre una hoja en blanco,
aumentando el silencio.
(Poema inédito. En el Día Mundial de la Poesía
y en memoria de José Viñals, maestro en permanente aniversario)
25 de abril de 2016
Barbarismos en Argentina
amar. Verbo irregular.
baño. Biblioteca sin prestigio.
corazón. Músculo peculiar que, en vez de levantar peso, lo acumula.
democracia. Ruina griega.
escuchar. Extraer música del ruido. || 2. Acción y efecto de prepararse para interrumpir.
ficción. Acontecimiento que aspira a suceder.
goleador. Individuo que celebra lo que merecieron otros.
humor. Facultad de parodiar las propias convicciones, o sea, de pensar. || 2. ~ negro: ejercicio mediante el cual un humorista comprueba si sigue vivo.
imperfección. Perfección mejorada por el escepticismo.
jeta. Rostro, unos años más tarde.
kitsch. Mal gusto de buen gusto.
leer. Acción y efecto de vivir dos veces.
maternidad. Momento de plenitud de una trabajadora antes de ser despedida.
noviazgo. Período durante el cual dos enamorados hacen todo lo posible por no conocerse.
ñu. Especie rumiante protegida con el noble fin de que no se extingan los crucigramas.
orilla. Mitad de un lugar. || 2. Comienzo del puente.
política. Campaña electoral ocasionalmente interrumpida por la acción de gobierno.
quietud. Estado sumamente improbable.
reconciliación. Tregua acordada entre dos cónyuges con el objeto de perfeccionar su ruptura. || 2. ~ nacional: desmemoria pactada entre dos bandos que se recuerdan perfectamente.
sexo. Episodio carnal que les sucede a otros.
traducción. Único modo humano de leer y escribir al mismo tiempo. || 2. Texto original que se inspira en otro.
universidad. Necrópolis con cafetería.
viejo. Joven tomado por sorpresa.
whisky. Lujo del hielo.
xenófobo. Individuo al que le repugnan sus propios ancestros.
yo. Conjetura filosófica.
zen. Estado que precede al ataque de nervios.
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16 de diciembre de 2015
Breve gramática del poder
Poder es sustantivo: se sustenta a sí mismo. Y es también infinitivo: no lo conjuga nadie, no tiene en cuenta a sus hablantes diarios.
Puedo se queda solo ante todos los circunstanciales.
Puedes tiene costumbre de delegar su acción en otro.
Puede se aferra al líder, al protector, al sujeto de enfrente.
Podéis ordena mientras, omitido, su sujeto descansa.
Pueden guarda silencio en voz pasiva.
Podemos, finalmente, ansía conjugarse en plural y en futuro.
Por lo tanto, podremos.
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21 de enero de 2015
Escucha bifurcada (y 2)
Creo que la escritura procede, en buena medida, de una perplejidad ante la lengua materna. Es como si mi oreja derecha escuchase un lugar del idioma, la oreja izquierda otro y mi boca tratase de conciliar las percepciones de ambas. Al principio de mi escolarización en España, este ejercicio me demandaba un esfuerzo considerable. Pero, al cabo de algún tiempo, empezó a convertirse en un mecanismo espontáneo e incluso involuntario. Hoy ya no soy capaz de pensar en castellano sin sospechar de mi propio léxico, sin someter simultáneamente todo lo que digo a una escucha bifurcada.
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24 de diciembre de 2014
Talento para perder (3)
Como en mi casa el fútbol no se consideraba algo interesante, y ya no digamos merecedor de esa atención ritual que yo le prestaba cada domingo, pronto adquirí la hermética costumbre de encerrarme en el baño a escuchar los partidos de Boca. En un tiempo con escasas emisiones en directo, a años luz de los canales digitales, la radio era nuestros ojos. También un desafío de imaginación aplicada y apreciación lingüística: si no había exactitud en la narración, el partido se emborronaba, perdía foco. Aunque me declaro adicto a los partidos televisados, por radio se alcanza un prodigioso vínculo entre estímulo verbal y producción de imágenes. A mejores palabras, mayor caudal de visualización. Por radio, entonces, yo escuchaba y veía a Boca. Para poder concentrarme en cada movimiento imaginado, para entregarme sin distracciones al gozo y al sufrimiento, justo antes del silbato inicial corría al baño y me recostaba en la bañera vacía. Apoyaba la radio en el borde, la ponía a todo volumen y me dejaba envolver por el sobresalto de los ecos. Así la narración, las voces, los goles se multiplicaban a mi alrededor, convirtiendo las paredes del baño en una pequeña cancha flotante. Ahí, a bordo de mi bañera xeneize, naufragando en dirección a la Bombonera, escuché los tres goles de Independiente que nos impidieron salir campeones el año en que Menotti trató de reflotar a Boca.
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22 de diciembre de 2014
Talento para perder (1)
El campeonato que acaba de ganar Racing Club de Avellaneda en mi país natal me trae recuerdos más o menos heredados, como todos los recuerdos. La memoria es una suerte de pelota delicada que rebota de cabeza en cabeza; hasta que alguien la patea lejos. Mi abuelo Mario era hincha de Racing y, durante los pocos años en que ambos coincidimos en la cancha de la vida, no dejó de insistirme para que siguiera su ejemplo. Cada vez que le confesaba que prefería a Boca, mi abuelo me contestaba riendo: ¡Pero si esos son unos pataduras! Mi padre, por su parte, apenas le prestaba atención al fútbol, si bien solía declararse vagamente de Racing en homenaje a su propio padre. De acuerdo con su irrevocable marxismo, mi otro abuelo Jacinto consideraba el fútbol un opio para el pueblo. De vez en cuando salíamos con una pelota, pero para él se trataba más de una gimnasia que de una pasión y, hasta donde puedo recordar, jamás manifestó inclinación por ningún equipo. Hoy la postergada palabrita patadura me habla de una extranjería triple. La que está implícita en la identificación con un equipo diferente al de la propia familia. La del abismo que se abre entre el léxico de las distintas generaciones. Y la de la expatriación a otra tierra donde nadie jamás ha dicho patadura. En España se usa más bien paquete o, según aprendería a decir en mi adolescencia andaluza, manta. ¡Pero si esos tíos son unos mantas! De pronto semejante expresión me suena tan lejana y generacional como aquella de mi abuelo Mario, quien tanto habría celebrado este triunfo que se ha hecho esperar, como suele ocurrir con los equipos que valen la pena.
4 de junio de 2014
Prodigios, padres, policías (2)
«Márchate, olor a lavavajillas,/ déjanos con mi sueño». Ese olor soñante es puro Medel. El hallazgo del tono, del costumbrismo elevado a vuelo, del humor que se ríe de la épica y respeta la elegía, en un golpe de sabia ambigüedad. «Oh pollo deconstruido, oh pan de Latinoamérica;/ oh almuerzo y microondas, manás de los autónomos,/ himno de los estómagos vacíos; ahora pienso/ en nuestras digestiones». Cuánto bien le habría hecho a Neruda ser un poquito Medel, al menos los domingos. Señalar que la autora tiene talento sería una obviedad imperdonable. Que está llena de técnica y trabajo suele en cambio olvidarse. Uno de los versos más emblemáticos de Chatterton menciona «el edificio y su diccionario». El edificio equivale al esfuerzo estructural. El diccionario, al estudio del lenguaje. En este libro hay flor y hay edificio. Fulgor y aplicación. Frescura más paciencia. Al comienzo de uno de sus poemas encontramos un gesto de talento controlado por la lucidez, accidente de la gracia que se convierte en idea. Primero leemos «al cerrarse la puerta»; después aparece el signo «(…)», como si algo se hubiera omitido o borrado de un portazo; y finalmente el verso continúa: «derrumbó nuestra casa». Al cerrarse una puerta, entonces, la elipsis se abre y el sentido queda a la intemperie. Como bien saluda otro de sus versos, «bienvenido, hueco».
22 de mayo de 2014
Barbarismos
autoestima. Montaña
rusa de un solo pasajero.
bandera. Trapo de bajo coste y alto precio.
corazón. Músculo
peculiar que, en vez de levantar peso, lo
acumula.
democracia. Ruina griega. || 2. ~ parlamentaria: oxímoron.
escuchar. Extraer
música del ruido. || 2. Acción y efecto de prepararse para interrumpir.
ficción. Acontecimiento que aspira a suceder. || 2. Versión menos evidente
de lo real.
goleador. Individuo
que celebra lo que merecieron otros.
humor. Facultad de parodiar las propias convicciones,
o sea, de pensar. || 2. Flujo interno
de la tragedia. || 3. ~ negro:
ejercicio mediante el cual un
humorista comprueba si sigue vivo.
imperfección. Belleza que permite ser intervenida. || 2. Perfección mejorada
por el escepticismo.
joder. Verbo transitivo de admirable
polivalencia.
kitsch. Mal gusto de buen gusto.
leer. Acción de viajar hasta donde uno se encuentra. || 2. Acción y efecto de vivir dos veces.
maternidad. Momento de plenitud de una trabajadora antes de ser despedida.
noticia. Ocultación de otra noticia. || 2. Lo que en este mismo momento está dejando de
importar.
ñu. Especie rumiante protegida con el noble fin de que no se extingan
los crucigramas.
orilla. Mitad de un lugar. || 2. Comienzo del puente.
pornografía. Modalidad ansiosa de autoconocimiento. || 2. Deseo trágico de ver algo siempre ligeramente distinto de lo que estamos viendo.
querer. Extraño afecto hacia alguien que no es uno mismo.
reconciliación. Tregua acordada entre dos cónyuges con
el objeto de perfeccionar su ruptura. || 2. ~ nacional: desmemoria pactada
entre dos bandos que se recuerdan perfectamente.
santo. Individuo tocado por un don divino para elegir a sus biógrafos.
traducción. Único modo humano de leer y escribir al mismo tiempo. || 2. Texto original que se inspira en
otro. || 3. Amor retribuido palabra por palabra.
urna. Recipiente que
acoge los restos de un individuo.
|| 2. En las jornadas electorales, ídem.
viejo. Joven tomado por sorpresa.
WC. Oficina con un solo empleado.
xenófobo. Individuo al que le repugnan sus propios ancestros.
yo. Conjetura filosófica.
zoofilia. Doctrina
que predica el amor entre semejantes.
Microclaves:
aforismo,
amor,
democracia,
diccionario,
extranjería,
ficción,
filosofía,
fútbol,
humor,
lectura,
lingüística,
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religión,
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