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11 de abril de 2014
El botín (y 2)
La segunda noticia, cómo no, tiene que ver con la banca. Mientras entidades financieras y empresas constructoras presionan al Estado español para que continúe invirtiendo en el lucro privado de las infraestructuras públicas, el banquero más poderoso del país realizó unas declaraciones que no difieren una sola coma de las que haría un ministro o un presidente de Gobierno. Durante su última junta de accionistas, dicho individuo se refirió a una «gran labor en el esfuerzo de corrección del déficit público»; a su «compromiso para seguir avanzando en el equilibrio de las cuentas públicas»; y a la «recuperación de la economía española». No contento con ejercer de portavoz de las cuentas estatales, nuestro intrépido banquero se aventuró también a predecir el porcentaje exacto de crecimiento del PIB nacional, y a certificar de paso la ilegalidad de la independencia de Cataluña, invocando al mismísimo Tribunal Constitucional. Propongo que, en vez de mostrar el documento de identidad, en las próximas elecciones presentemos directamente nuestra libreta de ahorro, para agilizar el trámite. Al fin y al cabo, ya se sabe que el tiempo es oro. Y el oro ya sabemos de quién es.
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19 de mayo de 2012
El subcampeón
La inmensa mayoría de los deportes plantea su destino de manera kantiana: ganará el mejor. Resultaría inconcebible afirmar que un tenista jugó mucho mejor que su rival durante todo el partido, pero al final perdió. O que determinado equipo de básket renunció por completo a llevar la iniciativa y terminó venciendo. Veo la final de la Champions League con menos admiración por ambos finalistas (ninguna, en el caso del campeón) que por el fútbol mismo. Los más idealistas podrán argumentar que el resultado del Bayern de Múnich-Chelsea no ha sido justo. Pero en esa profunda capacidad de injusticia, en su mezcla de mérito y crueldad, reside precisamente el misterio del fútbol, el deporte más humano que hemos sido capaces de inventar.
10 de febrero de 2012
De justicia (2)
Haciendo un esfuerzo de ecuanimidad, uno puede asumir las complejidades del conflicto jurídico, y hasta filosófico, que plantea la sentencia contra el juez Garzón. Es decir, hasta qué punto un fin noble (combatir la corrupción política, acabar con los delitos institucionales) justifica los medios empleados (escuchas ilegales, irregularidades en el procedimiento). Y me parece sano que una democracia regrese siempre a esa pregunta. El problema es que este exquisito celo por los derechos de los acusados se haya aplicado tan a rajatabla, oh casualidad, con poderosos políticos y ricos empresarios. Nos cuesta imaginar semejante rigor para velar por reos menos influyentes. El resultado es que los probables corruptos quedan libres, y quien los acusaba es castigado. Cuando justicia y sentido común parecen oponerse tan frontalmente, la sociedad que legitima a esa justicia debilita sus convicciones. Más allá del destino de Garzón, que es árbol y no bosque: ¿acaso nadie va a investigar, con los medios judiciales apropiados, lo que él estaba investigando? Desde esta decisión del Tribunal Supremo, el PP ya no tiene mayoría absoluta, sino suprema. Quizá por eso la flamante tesis doctoral del ex reo Camps se titule Propuestas para la reforma del sistema electoral.
6 de febrero de 2012
De justicia
Cuando un juez se convierte en una de las personas más célebres de un país, es que su tarea estaba demasiado pendiente. Lo que haga España con él será un autorretrato.
18 de abril de 2011
Estéril necesaria
De paso por el querido Perú, todo el mundo habla y me habla de las próximas elecciones presidenciales, que concluirán con Ollanta Humala o Keiko Fujimori en el poder. Casi sin excepción, cada peruano con quien converso se lo plantea como una disyuntiva entre una opción muy mala y una opción terrible. Lo único que varía es el orden de los factores: unos temen más el regreso de la corrupción fujimorista, otros la implantación de un populismo militarizado. Desde luego, ambos candidatos pueden presumir de un pasado lamentable. Humala participó en un intento de golpe de Estado junto con su hermano, Fujimori es la hija de un ex presidente condenado por crímenes contra la humanidad. Más allá de discutir cuál de los dos candidatos sería menos dañino para el país, cabría preguntarse hasta cuándo la democracia latinoamericana seguirá dependiendo de líderes militares y oligarquías familiares. Mientras tanto, al otro lado del charco, el juez Garzón es juzgado antes que los propios crímenes y sobornos que investigaba. La palabra democracia nunca ha sido tan estéril, tan necesaria.
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