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23 de septiembre de 2014

Dos sillas para Amis (2)

La sesión que más me atrajo de todo el festival fue la denominada Re-entrevista a Martin Amis. El punto de partida era genial: repetirle al invitado exactamente las mismas preguntas que había respondido hace veinticinco años para la revista Interview, fundada por Andy Warhol, con el fin de asistir a sus reacciones, comentarios y cambios de opinión. La radical ironía de Amis resultaba ideal para esta puesta en escena basada en la distancia. Llegué temprano a The New School, cerca del distrito de Meatpacking, que hoy se ha convertido en otro ejercicio de reescritura: la apropiación de cierta periferia para volverla cool y lucrativa. En la primera fila había varias butacas con un letrero donde podían leerse, tres veces consecutivas, los nombres de Martin Amis y Salman Rushdie. Como una ausencia al cubo o una performance sobre los múltiples egos de un autor. Por fin se levantó el telón. La entrevista correría a cargo del ex director de Granta, mientras un actor interpretaría al joven Amis, entonando sus respuestas pasadas frente al Amis actual. Es lo más parecido a debatir consigo mismo que un autor estará nunca. El locutor anunció el acto como una oportunidad para rectificar, en vez de para reflexionar sobre las transformaciones que opera el tiempo. «Volver atrás, revisitarse y corregirse», exclamaba. En otras palabras, el locutor parecía creer que somos una sola persona a lo largo de toda nuestra vida.

21 de enero de 2013

Monólogo del basurero

Soy el ocultador. No oculto nada mío: trabajo con la vergüenza ajena. Los conductores que se impacientan al encontrarse con mi camión son los mismos que, un rato antes, han dejado su escoria en la puerta para que me la lleve lejos. No quieren verla ni olerla. Pero nada les pertenece más que sus papeles abollados, sus servilletas húmedas, sus cáscaras, sus manchas, sus tampones hinchados, sus condones con nudo. Precisamente por eso, porque dice de ellos mucho más que una foto familiar o una carta de amor, me lo encargan a mí. Dicen que la basura huele mal. Yo no digo que huela bien, pero creo que mal no es la palabra. La basura huele a verdad. No te hagas el anarquista, me dicen mis amigos. Yo lo veo al revés: no hay nadie más útil para el sistema que nosotros. A mí lo de la política me importa un bledo. Me da igual uno que otro. Eso sí: el escándalo de los desperdicios en la puerta del Congreso me hizo gracia. Nadie les presta atención a los residuos. Pero, en cuanto la gente se topa con unas cuantas bolsas apiladas, ya son la cosa más importante del mundo. No es que me queje. Conozco trabajos peores. En este por lo menos no hay que verle la cara a los jefes y se puede conversar con el compañero. Pero igual algún día, cuando sea viejo, me gustaría hacer otra cosa. Ser carpintero, catador de vinos o tripulante de un barco. Ver mucho, mucho sol. Oler distinto. La verdad cansa.

15 de noviembre de 2012

Selección natural

Ayer salí a la manifestación contra los recortes del Gobierno y observé, en mi camino, qué negocios seguían abiertos pese a la huelga general. Algunos bares. Muchas zapaterías. Todas las joyerías, oh. Una tienda de trajes de novias. Otra de cuartos de baño. Un solárium para broncearse en invierno. El navideño Corte Inglés, la caritativa Zara, la elegante Adolfo Domínguez, la popular Blanco, la progresista Natura. Al pasar frente a esta última, le pregunto a un empleado por qué un local con ínfulas solidarias no apoya la huelga. Él se encoge de hombros y responde: Porque mis compañeras dicen que están contentas con la empresa. Natural.

7 de mayo de 2012

El dentista de Sarkozy

Hace algún tiempo, en la vocacionalmente lluviosa París, deambulando por los bulevares del oeste, me topé con la clínica dental a la que acude Sarkozy. Mais oui. Tal cual. De pronto. Me habían hablado de él: docteur Molloy Stuart. Avenue Saint Honoré d’Eylau. El sacamuelas del sacamuelas europeo. El barrio 16 suele ser así: embajadas, perritos, ortodoncias. Imagino a Sarkozy abriendo mucho la boca, babeando ligeramente, diciendo aahh, escupiendo, secándose las comisuras con el dorso de la mano, poniéndose en pie, centrándose la corbata. Europa tiene caries. Es hora de cerrar la boca, monsieur le Président. En la puerta de la consulta, manso, destellaba un descapotable.

25 de julio de 2011

La educación democrática

En la mesa de al lado escucho a una señora de cierta edad, muy bien vestida con una blusa roja, explicarle a su hija: «Yo antes odiaba a la derecha. Ahora la voto». Su hija rubia asiente.

12 de junio de 2011

Campamentos, despachos

Los indignados de Sol levantan campamento. Su idea no es rendirse: es desplazarse, desplegarse. Concebir la acampada como un punto de partida. De paso por Madrid, me acerco un rato a la plaza. Es domingo por la noche y todavía quedan bastante jóvenes limpiando, plegando, empacando. Los observo desmontar sus puestos con la misma serenidad, el mismo respeto y la misma coordinación con que los instalaron hace un mes. Ya es más de lo que demuestran sus mayores en sus despachos.

30 de marzo de 2011

La representatividad

Bruselas es una ciudad poblada de diplomáticos y sin embargo, o por eso mismo, la gente conduce caóticamente, sin respetar jamás las normas colectivas. En Bruselas conviven representantes de distintas instituciones y nacionalidades, mientras en sus barrios se percibe la grave división entre flamencos y francófonos. En Bruselas se ha debatido la aplicación de las leyes que prohíben fumar en los recintos públicos, y en muchos de sus bares sigue imperando el humo. Bruselas es la capital simbólica de Europa y sus plazas están llenas de botellas vacías, desperdicios, restos arqueológicos del futuro.

11 de febrero de 2011

La importancia de llamarse Medardo

Llevo días contemplando una iglesia parisina sin saber por qué. Por devoción, no creo. Hoy me decido a rodear sus muros y encuentro una placa que cuenta su historia. Esta preciosa iglesia es la de San Medardo. Nombre que me recuerda a un gran cuentista español: Medardo Fraile. Curiosamente, el autor tiene apellido de clérigo. Leo la placa como si fuera un cuento. Durante el primer tercio del siglo 18, alrededor de estos muros se agolpaban peregrinos, apestados, predicadores e hipnotizadores. Poco antes de que las autoridades prohibieran semejantes reuniones, alguien dejó escrita una cuarteta rimada: «De par le Roi,/ défense à Dieu/ de faire miracle/ en ce lieu». En otras palabras:

De parte del Rey,
prohibido a Dios
hacer milagros
en este rincón
.

17 de enero de 2011

La mística del muro, 2

Pierre Reverdy fue primero cubista, más tarde surrealista y finalmente místico. En cierta forma, esa progresión suena lógica: del más allá de la geometría a la alucinación; y de la alucinación a la geometría del más allá. Caminando por el sur de París, cuyos muros exponen magníficos grafitis, vuelvo a encontrarme a la inquieta Miss-Tic. Esta vez la cita es una nota del Libro de a bordo, de Reverdy: «La ética es la estética interior». Todo gran aforismo nos deja con nuestro interior a la intemperie.

5 de enero de 2011

La mística del muro

París, barrio 13, rue Corvisart. Un grafiti en un muro: «La poesía es un deporte extremo». Lo firma una muchacha apodada Miss-Tic.

3 de enero de 2011

C'est l'argent, mes amis

En París, qué duda cabe, hay suburbios. Pero los barrios ricos de París no son simplemente ricos: son parisinos, lo que es mucho peor. En el barrio 16, los vecinos que pasean a sus perros desafían la lógica anatómica. Esto es, sujetan las correas manteniendo los brazos por detrás de la espalda. Sólo alguien del barrio 16 es capaz de ejecutar semejante escorzo sin sufrir lesiones dorsales. Tampoco los bares y cafés se conforman con ser tales: sus respectivos nombres los elevan hacia categorías epistemológicas superiores. En el Boulevard de Port Royal, una de las cervecerías más concurridas se llama L'Académie de la Bière. En una esquina de la Avenue des Gobelins, reluce el letrero de este café: Le Canon des Gobelins. No sé si dejar una propina o mi diploma de doctorado.

24 de octubre de 2010

Desconocidos

Qué conmovedor caminar. Qué profundo cruzarse con desconocidos. Paseo por Bilbao mientras llueve. Veo a una mujer obesa sosteniendo un paraguas anaranjado frente a la ría. El paraguas no la cubre, sus pies se están mojando. Ella mira la ría. Veo a un hombre sentado en un portal. Lleva puesto un traje viejo, una corbata amarillenta. Revisa los papeles de su portafolios como si no lloviera, como si no fuese domingo. Veo a un taxista dormido frente a un semáforo rojo, con la cabeza sobre el volante. Veo a una inmigrante en una cafetería. Con pañuelo en la cabeza, extremadamente delgada. Come galletas de manera brutal, triturando la masa, lamiéndose los dedos. Su silla está rodeada de migajas. Los demás la observamos con desaprobación. Cuando termina de devorar su merienda, se agacha a recoger con una servilleta todas las migajas, las deposita en su plato, lo lleva hasta la barra y se marcha, dejando su mesa inmaculada. Camino de nuevo, vuelvo a mi hotel. Me asomo al espejo. No reconozco a nadie.