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1 de octubre de 2012

Aventura

Salimos a comprar dos pijamas de algodón sin agujeros. Después fuimos a otra tienda para cambiar la máquina de café, que había desertado de cansancio. Después cenamos una rosca seca de pollo, tomate y queso. Después vimos un thriller noruego, Headhunters, bastante hiperquinético. Después volvimos a casa y nos tomamos un descafeinado tardío en la máquina nueva. Después nos acostamos a leer. Ella La sueñera, de Ana María Shua; yo Balada, de Marcelo Cohen. Después uno de los dos apagó la luz. Hacía tiempo que no viajaba tanto.

30 de noviembre de 2010

Nostalgia, no te creo

Me gusta Philip Larkin, entre otras razones, porque no idealiza la infancia perdida. Porque sabe que ahí también hubo dolores, ruido, oscuridad. A esa manera escéptica de ser nostálgico la tituló, en uno de sus libros, El engaño menor. Otro poemario suyo, Ventanas altas, acaba de ser publicado por la editorial argentina Gog y Magog en versión del extraordinario Marcelo Cohen. A Larkin cualquier pasado le parece íntimamente sospechoso. Leo: «Me pregunto si/ cuarenta años atrás, mirándome, alguien/ habrá pensado: Eso es vida». ¿Eso es envejecer?, me pregunto leyendo. Eso es poesía.