Desde que vivo en Granada, hace ya más de veinte años, he admirado la red de bibliotecas que vertebra los pueblos más remotos de Andalucía. Y he tenido la dicha de que la sanidad andaluza le salvase la vida a mi padre. Y he tenido el dolor de despedir a mi madre en sus hospitales públicos. En esta tierra he leído, han curado a los míos y los han enterrado. Sea cual sea, ojalá el próximo Gobierno andaluz no confunda crisis con renuncia, ni ahorro con suicidio. Y siga protegiendo ambos bastiones, salud y cultura, sin los cuales no habría camino. Ojalá el próximo Gobierno, sea cual sea, no se ponga folclórico. Y recuerde que, de Lorca a Picasso, de Falla a Morente, la mejor tradición andaluza se ha basado en la vanguardia. Pese a los vendedores de identidades, este sur sabe hablar distintas lenguas. Como región de emigrantes sufridos e inmigrantes recientes, de puertos y de mezclas, Andalucía no sólo te recibe. Sino algo más importante: te deja ser extranjero. Eso es lo mejor que puede decirse de una tierra.
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23 de marzo de 2012
Un ojalá andaluz
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13 de diciembre de 2010
Saludando a Morente
Al maestro Morente le gustaba ir, entre otros, al bar Candela, en el barrio del Realejo. Pasé varios años en ese precioso barrio granadino, donde fui feliz casi siempre. Como tantos vecinos, a menudo tenía la ocasión de cruzarme con Morente e intercambiar saludos. Uno ponía la admiración y él, la sonrisa tímida. Cuanto más estrecho y feo fuese el bar, más a gusto parecía. A veces me quedaba mirándolo y tenía la impresión de que, en lugar de llevársela a los labios, iba a ponerse a cantarle a su copa. Otras veces pasaba en un coche destartalado, que conducía con toda clase de síncopas. Una tarde estuve a punto de ser atropellado por él frente a la puerta de Correos. Cuando me volví para increpar al conductor, vi que era Morente y acabé saludándolo. Él levantó una mano, sin apartar la vista de su canción rodante. Escucharlo en acción era soñar la historia del flamenco entera, desde la raíz hasta la vanguardia. No es justo hablar de él en pretérito. Más apropiado sería cantar de él en futuro.
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