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3 de octubre de 2013

Narrador torcido


© Daniel Mordzinski

Si el tamaño es cuestión de perspectiva, ¿la perspectiva en qué se apoya? La línea recta opera como un énfasis: le da raíl al discurso. Subraya una intención y disimula sus fracasos. La línea irregular, en cambio, esa que trepa, duda terrenalmente, se dobla y termina cayendo, registra a la manera de un sismógrafo cada intento interrumpido, cada opinión que muda. Un narrador mira el paisaje como el posible borrador de una escena que lo contiene. Escucha lo que dijeron otros hace miles de páginas, relee el viento sur, desconfía de la red del cielo, deja un hueco a su izquierda por si alguien contesta. Y se pone a sí mismo finalmente en perspectiva: un testigo minúsculo cuya desproporción está en la altura de su vértigo.


[Nueva pieza del proyecto fotográfico-poético Cuerpos extraños, en colaboración con Daniel Mordzinski. En la imagen, Sergio Ramírez. Otras entregas, aquí: Alberto Barrera TyszkaPola Oloixarac y autorretrato.]

18 de marzo de 2013

Francamente Mordzinski

© Daniel Mordzinski. Buenos Aires, San Telmo, 2008.

Ese que se repliega, ovillado en su propio personaje, que recibe la luz no como epifanía sino como agresión, quizá porque las lámparas supuran la verdad o una mentira justa, ese que llega tarde a su origen fetal, que se palmea el hombro como susurrándose a sí mismo «duerme, duerme», que hunde su cabellera en la omisión, ese tan colorido en sus ropas por pánico a la noche piel adentro, ese que busca enroscarse, enrocarse, abrazar a su sombra, ese que va callado a la palabra, que duerme media cara para salvar la otra media, que una vez dejó atrás una mesa vacía donde pudo perder jugando solo, ese que está tan pálido por no mirar al frente, que palpa en su camisa algún pliegue propicio, que le escatima un pie al azar, ese tan concentrado en ausentarse, en olvidarse de algo, en soñar lo que no hizo, ese cuya cabeza apunta hacia un agujero, ¿será más yo que yo? Sólo Mordzinski sabe.

[Tercera entrega del proyecto fotográfico-poético Cuerpos extraños, en colaboración con Daniel Mordzinski. Ver entregas anteriores: Alberto Barrera Tyszka y Pola Oloixarac.]

1 de febrero de 2011

Cuerpos extraños, 2

En una nueva entrega del proyecto Cuerpos extraños, Daniel Mordzinski fotografía el significativo sombrero de la narradora argentina Pola Oloixarac. El sombrero medita intermitentemente frente al mar de Cartagena. Tomo nota de algunos de sus pensamientos. 


© Daniel Mordzinski. Cartagena de Indias, Colombia, 2011.

Nadie tiene un perfil inmaculado. Un perfil inmaculado no es de nadie. Ser mirados nos mancha, pero esa mancha es tan epidérmica como la propia piel. Sólo un cutis profundo resiste los contrastes entre el sol y las tinieblas. Nunca sabremos qué opina un perfil. Alrededor del personaje observado se trazan constelaciones: lo estelar es eso. Hay algo de astronomía en alguien que se queda pensativo. Qué excelente sombrero, el pensamiento. Y a través de los huecos, que también hablan, se cuela la luz.

29 de enero de 2011

Cuerpos extraños

Como saben los microrreplicantes, en este blog enlazamos con imágenes externas, pero no solemos incrustar imágenes dentro del propio texto. Aquí intentamos decir la imagen. Pronunciar su espejismo. En estos pequeños recuadros tan sólo hablan las viejas, novedosas palabras. Por eso procuramos no interrumpirlas. Pero toda regla celebra que la rompan. Durante el Hay Festival de Cartagena, disfruto del asombro de colaborar con el genial Daniel Mordzinski, Fotinski para los amigos, que son tantos como los que retrata. El experimento se llama Cuerpos extraños. Consiste en concebir una foto y un texto al mismo tiempo, partiendo de una idea común: descentrar la identidad del escritor retratado, convencidos de que todo retrato alude y elude a su personaje. La serie se publica en el periódico del festival. La primera entrega está dedicada a la espalda del narrador venezolano Alberto Barrera Tyszka:

© Daniel Mordzinski. Cartagena de Indias, Colombia, 2011.

Lo real nos da la espalda porque sabe que ahí, en su reverso, hay algo urgente que interpretar. La frente de las cosas está sobrevalorada. Perseguimos primeros planos, ángulos inmediatos. Pero esa parte de lo real siempre está en guardia: sabe perfectamente que la miran. En cambio una pobre espalda, ¿cómo va a protegerse del análisis? Esa vulnerabilidad es un don. Una espalda es frontal. Su soledad tiene algo de obra de arte sin querer. No hay mejor bienvenida al observador que ofrecerle la espalda, antónimo de dársela. Así el observador llega y se va cuando quiere. Abrazarse a uno mismo. Amor a solas. Eso sería leer.