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29 de octubre de 2013
Fraseo y certeza
Uno no sabe bien si la nueva novela de Juan Gabriel Vásquez, una novela breve para su costumbre y extrañamente lírica para esa prosa exacta, filosa, de geómetra, será superior o sólo distinta a sus entregas anteriores, todas ellas admirables, todas ellas lecciones de arquitectura narrativa, pero leyendo Las reputaciones uno se atrevería a sostener, con sintaxis más bien suya, siempre sólida y sinuosa, capaz de desplegar las articulaciones de la frase como se estira un brazo o se dobla una rodilla, que la escritura de Vásquez ha alcanzado una maestría insólita, un estilo que cubre al mismo tiempo las funciones de la improvisación poética y del artefacto estructural, distribuyendo con puntería cada acontecimiento y deteniéndose en detalles que revelan vidas, uno se atrevería a afirmar eso y más, porque también se trata de una tensa parábola sobre los recovecos de la libertad de expresión, sobre los mecanismos de ese monstruo parlante que llamamos opinión pública, hasta que uno se encuentra, por ejemplo, con el pasaje en que el protagonista de la novela, el caricaturista bogotano Javier Mallarino, siente celos del envejecimiento del cuerpo de su ex mujer, celos de las estrías de sus caderas y las sombras de sus nalgas, «porque las sombras y las estrías no eran sombras y estrías, sino mensajeros de todo lo que había sucedido en su ausencia: todo lo que Mallarino se había perdido», y entonces uno siente que el cuerpo de la escritura y el alma de la observación a veces pueden, cuando la experiencia eleva el talento igual que el tiempo madura la belleza, coincidir en una misma historia, un mismo autor, en el aplauso de dos manos que cierran un libro para abrir otra puerta.
24 de marzo de 2011
Personaje lector
Siempre he tenido la convicción de que, en narrativa, el desprecio hacia el personaje está estrechamente ligado a la degradación del humanismo. Igual que un juego delata la realidad del niño, el tipo de relación que establecemos con los seres imaginarios es, en mi opinión, un revelador indicio de cómo nuestra sociedad concibe al prójimo. Me interesan todo género de personajes, incluidos los más absurdos o inverosímiles. Pero me cuesta comprometerme con una narración que, en definitiva, no profundice en la intimidad de alguien. Hace tiempo escribí un breve artículo al respecto. Por eso me ha interesado una entrevista a Juan Gabriel Vásquez, flamante Premio Alfaguara y unos de los mejores narradores latinoamericanos de mi generación. Allí el autor declara: «Creo que el destino individual de alguien que no existe puede decirnos mucho sobre nosotros». Ese ser invisible y decisivo se parece, quizá, mucho al lector.
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