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lunes, 18 de mayo de 2026

La búsqueda ancestral - Leído por Índigo Horizonte

 

La búsqueda ancestral


Hace un millón de años, el hombre contemplaba 

el crepúsculo, luego

de haber cazado el alce, o defendido

el cenagoso oasis bajo la gran caverna

del cielo; y descansaba

tallando en las paredes

animales y signos, metáforas y estrellas.


Pasaron los milenios. El ocaso seguía

admirando a los hombres 

que, a las puertas de Atenas,

reposaban después de la batalla,

soñando con la anchura 

del secreto universo 

entre urdimbres y brújulas.


Y los siglos corrieron tras el tiempo 

y levantaron pórfidos y torres

bajo el sol, que ocultaba 

su lumbre cada día 

a quienes lo miraban desangrarse

en púrpuras enjutas.


Legó el ansia su fábula.


Dentro del corazón hay una isla

con prados y palomas, almendros y granados.

Siguiendo los senderos del tilo y la retama, 

se llega a una alta roca, 

como un ciprés erguido

cerca de las estrellas; y desde su estatura

desciende el infinito hasta los ojos

y es todo transparente.

El mar bate sus olas y baña el cielo azul; 

el día se confunde con la noche

en una penumbrosa claridad,

y la brisa trasiega 

la luz como una espora

por todo el firmamento iluminado.


Allí quiero llegar para quedarme,

luz yo también,

contemplando la dicha, el color de los días,

la soledad fecunda.


Escucharlo en otra voz:  Á L P




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sábado, 25 de abril de 2026

ÍNDIGO está leyendo Cántico erótico


Índigo Horizonte está leyendo Cántico erótico

Si te vas de mi vida...

Si te vas de mi vida me quedaré sin vida, 
y si vives conmigo viviré para siempre. 
Cuando pronuncio "siempre" hablo de plenitud, 
de espacios sucesivos entre tu corazón 
y el mío recorridos tan solo en un instante
en el que la materia se disuelve en espíritu; 
hablo de claridad en la noche estrellada 
y en la mañana diáfana, cuando los ojos cierran 
sus párpados y el tiempo es un lago apacible, 
infinito y estático: cuando los cuerpos yerguen 
su clamor y se encuentran en la luz uno al otro, 
habitantes de un mundo que solo ellos habitan 
y llenan de esplendores: cuando los astros alzan 
bajo el mar sus embrujos y el universo dicta 
las leyes de la carne, materia única y causa 
de todo cuanto un día, en sísmico estallido, 
originó el edén al que aspiran los besos. 
Si me sorben tus labios viviré para siempre.


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jueves, 19 de marzo de 2026

Manuela García Gómez lee CASI UN POEMA

Hacía yo aquel ejercicio de inutilidad que la España ordenaba a la juventud para que supiese cómo morir por ella con un arma en la mano y como carne de cañón, supongo. Entonces apareció mi primer librito -que poco después hurté, para quemarlo, de todas cuantas casas visitaba-. 

En aquel inejemplar título había, no obstante, y sin nada que ver con el resto de su contenido, un poema que ahora recojo de una antología que lo rescató. La causa es evidente: tiene poco que ver con la literatura.
Aquí ofrezco dos lecturas: una de Manuela García y otra propia:



Casi un poema

Padre.
Palabra desterrada del poema.
Qué puedo decir de ti para cantarte.
Apenas si en la Historia hay algún verso
que cante a los que fueron como tú
padres del sentimiento de sus hijos.
Mas no basta el silencio de la Historia
para callar mi voz en tu alabanza.
Tal vez nunca existió
un padre como tú,
que callas y no dices
que lo malo está mal,
que callas y no dices, pero tienes
un silencio que es un consejo alegre.
Qué puedo yo decirte, qué
para cantarte,
para hacerte ternura en mi poesía
si ni siquiera has muerto
para que el sentimiento de tu muerte
se entierre en estos versos
y sea él mi poema.
Cómo amarte y decirte que te amo
con letras y con tinta
si me puedo acercar a tus oídos
y, si no susurrártelo, besártelo,
dejarte una palabra en la mejilla.
Este amor que te tengo es un plumaje
que acaricia mi alma lentamente,
un trozo de silencio que me envías
desde tus ojos cuando nos miramos.
Este amor que te tengo es una tarde
que ha perdido el crepúsculo en su luz,
como mi sombra pierde su silueta
cuando viene la noche y estoy solo,
sin esa compañera de mi gesto.
Qué puedo yo decir para hacerte poesía.
Padre.
Pronuncio tu palabra y no me sabe
más que a piedra o paloma, trigo, amor.
No encuentro de tu vida
nada que el mundo no haya hecho mil veces.
Y estás viejo y no harás
seguramente nada perdurable.
Qué puedo yo decir entonces, dime.
Dime lo que tú quieres que diga yo a los hombres.
No te puedo dejar marcharte así,
olvidando un silencio entre tus huellas.
¿No hay un grito en tus pasos, una guerra?
¿No escondes una herida en tu regazo?
Dame sangre y haré de ella tu épica,
forjaré un mundo donde tú seas sol.
Dame sangre, tu sangre, dame sangre... 
O tal vez te has dejado la sangre allá, en la vida,
en las otras heridas que no sangran,
cuando yo te pedía un pan que fue
el precio de tu sangre sin espinas.
Si es este tu martirio ya tienes redención;
porque puedo pensar que nada hiciste,
nada que el corazón recuerde sobre el bronce,
porque tuviste una batalla propia
donde yo era el fusil que te sangraba
las fuerzas cada día
cuando el perro del hambre me ululaba...
Qué no diré de ti, qué callaré.
Tengo voz para siglos si este yugo
que ciñe mi garganta, si el sudor
que me brota del alma no me ahoga
y seca mis palabras, estos gritos
que mi pluma, como a la par de mí,
llora tan húmedos ya, tan como lágrimas...
Y entonces, aquí, ahora, en este verso
es el dolor
el que me hace sentir que el otro mundo,
el de fuera de ti y de mí, no ha de saberlo,
ha de seguir oyendo tu silencio
porque yo ya no quiero repudiarlo.
Y me voy junto a ti, donde me miras,
y te dejo y te dejo y te dejo
una frágil palabra silenciosa
y una leve paloma en la mejilla...


Un poema, otra voz: Luisa Pastor: Moja bieda.


Siempre han sido icónicas de la existencia la juventud y la belleza, perseguidas por la muerte: hace poco recordaba yo en una conferencia los sonetos sobre el carpe diem de Tasso, Garcilaso, Ronsard, Góngora, A. Machado, así como otras variantes de Dámaso Alonso, Rafael Morales y muchos más. Todos vienen a confluir en las palabras de Melibea (adelantadas a las de Romeo y Julieta) cuando, sabiendo la muerte de Calixto, se arroja desde la torre constatando la razón del suicida: "Oh la más de las tristes triste. No es tiempo de yo vivir". 
     Probablemente es esa conjunción de elementos la que me llevó a obsesivar y conturbar la expresión en Los ojos de la metáfora, y a titular el siguiente poema Mosha bieda (Mi tristeza), palabras con las que signó Chopin el ramillete de cartas a su amada cuando supo que la había perdido.

Mosha Bieda en la voz de Luisa Pastor (versión original).

Mosha bieda

Ella era triste como una lascivia insatisfecha.
No sabía mirar, no sabía vivir, no sabía morir.
Ella era hermosa como un suicidio de quince años.
No quería ser triste, no quería ser bella, no quería ser muerte.
Ella vino en la noche como un beso en la noche.
Tenía el horizonte agarrado a su cuello
como una horca terrible sin forma de patíbulo
y se dejó caer hacia arriba, en la noche.
Ella vino en un beso masacrado, ella vino.
Ella era amor como una errata en un libro de lágrimas.
Ella no tiene cielos ni infiernos en sus ojos.
Tampoco los crepúsculos sonríen a su paso.
Y sin embargo el zoclo se detiene al oírla.
Ella era el cobalto, la manzana y el grítalo.
Quizásmente tal vez ella es una liturgia.
No hubo salacidad que rozase su piel de lepra virgen.
Ella no muere nunca porque no vive nunca.
Jamásmente ella ha sido lo que yo no soy nunca.
No enturbia, no conoce, no sonríe, no llora.
Sin embargo su pálpito eclipsa el universo.
Ella vino en la noche con un beso en la noche.
Ella vino en la noche como un beso en la noche.
Yo amé su piel de amianto para mi fuego inútil.
Murió hace doce años al erguirse hacia un beso.
Murió hace doce años llevándose mi vida.
La verdad: yo quisiera
no haber tenido que escribir este poema.

sábado, 10 de enero de 2026

Repudio del suicida (Leído por Francisco Mas-Magro)


Repudio del suicida



“Oh cuerpo luminoso que te fuiste, 

cansado de esta vida, hacia otra vida.

Mi corazón dejaste solo y triste, 

sumido en el dolor de tu partida.


Si acaso un paraíso concebiste 

más allá de esta senda dolorida,

¿por qué en infierno mi alma convertiste

al no llevar a tu alma mi alma asida?


Bien sé que no quisiste hacerme daño 

y que solo buscabas tu sosiego

cuando te despeñaste hacia el abismo.


Pero en tu adiós está mi desengaño, 

pues me atormenta que no vieras, ciego,

que tu cuerpo y mi cuerpo eran el mismo”.


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viernes, 9 de enero de 2026

Corazón estelar

(Gracias, aunque desees que oculte tu nombre)


Corazón estelar


Casi tres mil millones de latidos

sumará mi existencia cuando muera,

y en cada uno sonará tu nombre

igual que el primer día.

Por encima del vendaval del ruido

mi corazón salmodiará hasta el tuyo

el himno que compone con su amor.

Y a pesar de las gárgolas y olvidos

sigue la luz brotando en nuestros ojos.

No hay suficiente muerte en la ciudad

para matar la vida que nos damos

el uno al otro en este alejamiento

donde sobrevivimos a las ruinas

de la mente, la herrumbre de la carne

y el estupro de la conciencia. Y cuando 

el cielo estalle roto en mil pedazos,

sus escombros no ocultarán el beso

que permanece en nuestros corazones

desde el origen de la eternidad.


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sábado, 3 de enero de 2026

Antonio Gracia - La Panacea

                                    Voz: Manuela García


La panacea


Por las mañanas siento la tristeza

del mundo. El sol alumbra la ciudad

descubriendo sus tuétanos infestos,

y, si llueve, la lluvia no consigue

arrastrar el cadáver de la noche.

Entonces, para huir de tanta herida,

entro en mi corazón y me pregunto

si mi amada vendrá. Ella pone fin

a mi muerte diaria, pues con ella

vienen la única luz y el agua mansa

que iluminan y limpian la existencia.

Ella trae el amor recién nacido,

como un puro cristal arrebatado

al manantial de cuarzo del origen.

“Hoy nace el mundo”, digo cuando llega.


lunes, 29 de diciembre de 2025

Mensaje sin navidad - Leído por Toñi Lozano


Mensaje sin navidad        (para cuantos, a pesar de todo, luchan)

Desde niño sentí que me esperaba
una felicidad interminable:
que un día -tras el monte, junto al río,
en un instante pleno- el corazón
sería conquistado por la dicha;
y las criaturas, junto a mí, serían
sencillamente mansas y celestes.
Pero murió la infante adolescencia
-también la juventud- y no fue así.
Pasó un tiempo de mágico dolor.
Cuando llegaste tú supe que eras 
el jardín del edén que presentía
y que por fin llegabas para alzar 
la plenitud como un beso en mi vida.
Tu dulzura sufriente y luchadora,
tu generosidad y mansedumbre,
tu corazón forjado en la alegría,
tu mirada de cierva, el suave pan
de tu carne, tu pecho luminoso,
tu cuerpo que pulsé como una cítara...
todo cuanto estalló con tu llegada 
fue para mí la tierra prometida.
Pareció que el milagro se cumplía
y se transfiguraba mi universo.
Pero no acabó el sueño de forjarse,
pues a veces acaba en desengaño.
Ahora desapareces y me quedo 
sin hoy y sin ayer y sin mañana.


sábado, 8 de noviembre de 2025

Una mujer vestida de lujuria


Noche oscura del alma

Una mujer vestida de lujuria 
se derrama carnal como un espíritu 
cincelado en arcilla por un dolmen 
vislumbrador del cosmos. Su cabeza, 
apoyada en la sombra, deja un beso 
sobre el pecho. El abrazo aprieta leve 
el cuerpo contra sí y se funde ardiendo 
en un magma de súbita armonía 
que esparce por el suelo, luminosa 
su fluencia de cáliz torrencial 
en un charco de místico arrebato. 
La estatua de ludibrio y sortilegio 
estalla en movimientos abrasivos  
como pequeños coitos, vendavales 
y rúbricas de dioses, hasta hallar 
a través de succiones el abrazo 
total, definitivo.
Es un ayer que cada día es hoy
en un lugar que vuelve eternamente.
Allí mordí la carne de tu pecho
y libaste mi blanco manantial.
Y el sátiro prodigia su armonía.


sábado, 4 de octubre de 2025

"Amar es un gran viaje" leído por Juana Rosa Pita

 


Amar es un gran viaje


Amar a quien amamos y no poder amar
con el cuerpo y el alma porque el amor se fue
-o se quedó- muy lejos de donde nos quedamos 
-o allí donde nos fuimos-. Vivir es un gran viaje,
y amar una estación hasta la que llegamos
cargados de caminos, estaciones y trenes
con destinos que fueron decepciones y sueños.
Inextricables lazos nos unen y desunen
y convierten en bielas y hierros destrenzados  
el corazón fugaz en busca de un imán
a través de las vías que recorren el tiempo.
Y al fin ríes un día porque en una estación
encontramos al otro transeúnte que mira
con nuestros mismos ojos, y siente con el mismo
abrazo la existencia: una desilusión 
voluntariosa de serenidad y sueño:
la certeza frugal de que la lejanía
es tan solo el disfraz de un gran amor
que es nuestro propio rostro en otro rostro. 

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1 comentario:

  1. Anónimo

    L'amore è l'esito sentimentale di due voltri che si guardano



miércoles, 10 de septiembre de 2025

El autor rememora a su amada

Voz: Manuela García

El autor rememora a su amada

Bajo la luna, anoche tropezamos
el uno con el otro. Hace tiempo que huíamos
de hallarnos: escondimos 
en el silencio nuestros corazones
y también nuestros cuerpos.
Pero, como un espíritu, la carne
atrae la materia ensimismada
y recordé tus grandes pechos dulces
-semejantes a dos manzanas glaucas 
coronadas de arándanos maduros-
que otros habrán sorbido en estos años, 
como tú 
me sorbías uniendo amor y sexo;
y recordé tus ojos errantes por el ansia;
y tu ferocidad tierna y hermosa
cuando íbamos en busca del amor
y nos triscábamos el alma...
El pasado regresa cuando no se cumplió
y convierte en valientes a quienes no lo fueron:
porque dos cuerpos son uno solo en el beso.
No hay más bello animal que dos cuerpos amándose.

sábado, 9 de agosto de 2025

"Retrato" de Antonio Gracia, recita Helena Vilella


Retrato 


Yo soy sólo mis sueños y no he de morir nunca 

porque no me cumplí, y tengo que cumplirme.

Será en un cuerpo amado; tal vez en un combate 

rebelde y luminoso; quizá en mi corazón.

En él guardo un abismo constelado que lleno

con soledad hermosa, la templanza ganada

día a día fluyendo hacia el silencio.


En mi serenidad no cabe el desvarío

ni la tristeza oscura: solamente la luz

de aquel que nada espera porque todo lo tiene

con sólo conjurar un nombre puro. 


Cuánta delectación es el sosiego, 

y qué felicidad saberse en paz con todo

tras el desasimiento innumerable.


Olvidar el pasado y no amar el futuro,

aprender de las cosas y enseñarme a mí mismo 

fueron los horizontes que rigieron mi vida. 

Lucho para ser digno de mis sueños.

Mi voluntad no admite la desesperación.


Mucho me dio la noche y me dieron los libros;

y en la escritura hallé la redención dorada.

Ojalá haya sabido legar algo a los hombres, 

pues, al fin, hay en mi alma dulce misantropía.


Vivo como si fuera a despedirme; pero

en toda despedida hay un retorno

igual que en cada encuentro hay un adiós.


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