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viernes, 31 de enero de 2025

Antonio Gracia - El sueño de Don Alonso - Teatro Expresión

Voz: Manuela García


El sueño de don Alonso

“Desocupado lector…”. 


Reclinado en la tarde, don Alonso

otea el horizonte: la llanura,

bajo el cielo rosado del crepúsculo,

parece cobrar vida: 

la antorcha del ocaso

ilumina una sombra que se acerca

difuminada y fantasmal, ecuestre 

y misteriosa; todos

los rostros en que piensa son fantasmas

de polvo y lejanía.

Sueña acaso que es él, que al fin regresa

de un viaje entre sus viajes

inmóviles, cuando por fin huyó

del hastío del campo y del cuidado 

de su hacienda, del galgo corredor

y el tedio cotidiano. Ve

entre los arreboles crepitantes

los rasgos de un cautivo que retorna

de batallas navales y prisiones moriscas.

Ya quisiera que fuese un emisario

con noticias de que sus varias obras

de teatro han triunfado. Considera 

que bien pudiera ser

el gran Lope de Vega, o el mismísimo

don Miguel de Cervantes, tan cercano

a su vida durante tanta vida.

Incluso, simplemente, pueden ser 

el cura y el barbero de la aldea, 

que se ausentan en ocasiones. O,

puestos a imaginar,

un puñado de ovejas descarriadas, 

Pentapolín, Cardenio, Sancho, el Duque…

Cuando pasan los años siempre asalta

el pasado -que nunca fue mejor-

convertido en presente y en futuro:

en horrible epitafio del vacío.

Y cerrando los ojos, Don Alonso

entra en su caserón y se despoja

de la desidia, arroja sus vestidos 

y clama: ¡Don Quijote!


——-


jueves, 30 de enero de 2025

Antonio Gracia - Barataria - Teatro Expresión

Voz: Pablo Valero


Soñando en Barataria

II, 45



Quién pudiera vivir en otro mundo,

lejos de la injusticia cotidiana.

O mejor: quién pudiera gobernar

una pequeña isla y disponer

todas las cosas para que los hombres

se rigiesen por un criterio justo

que los hiciese iguales en la dicha

después de desterrar la desventura.

Verlos cantar como una gran familia 

en la que el uno beneficia al otro

y todos son felices. Y llevar

las leyes y costumbres practicadas

como utopías hechas realidad

a esa isla mayor que es el gran mundo.

Qué no diera por ser yo ese regente

y ser, como mi amo, el hacedor

de una paz sin fronteras.


---


miércoles, 29 de enero de 2025

Los nuestros

Massenet: Meditación

Los nuestros: el Chovinismo como fanatismo

La Historia —la Memoria— es un proceso de selección que significa elección de los recuerdos fundamentales e implica el olvido de lo efímero o intrascendente. Otra cosa es reconocer el mérito del esfuerzo, certero o erróneo. Pero el empecinamiento en defender lo propio frente a lo ajeno, aunque esto sea mejor, es una contumacia que conlleva la aceptación de que el saber no ocupa lugar; y sí lo ocupa: el de los otros saberes que desplaza: por eso la “propiedad” como exclusiva garantía de calidad no crea más que rémoras.

Los nuestros no son los que la geografía chovinista, espacial o temporal, mojona como tales: sino aquellos que se han esforzado por serlo dejando un legado a la humanidad, no sólo a la coetaneidad, pensando en sí mismos como individuos y en los demás como compañeros de viaje, aprendiendo de todos y de todo para resolver sus vidas: tratando de identificar la existencia. Los nuestros son los que nos enseñan a mirar el mundo, blandiendo de sus individualidades sólo aquello que puede individua­lizar a todos los hombres, sin terruñismos ni fronteras mentales: no expresan lo cir­cunstancial, sino lo esencial: lo que conecta con la raíz de la personalidad: mal favor se le hace a un país poniéndole como ejemplo lo autóctono si hay otros ejemplos foráneos mejores: se imitará “lo propio” y siempre se estará en una mediocridad nacida de la imitación y el culto de un ejemplo que nunca debiera haberlo sido. El chovinismo destruye al chovinista porque todo fanatismo es una fe autista y autodestructiva. Mirar excesivamente lo que consideramos “propio” nos ciega para ver que “lo extraño” es, con frecuencia, más nuestro porque ha profundizado en el hombre y no sólo en las vidas de unos hombres. Y no nos engañemos: únicamente hay una docena de maestros en cada país y un centenar en la historia: los demás son vecinos de la inteligencia y amigos de la sabiduría que nos ayudan a acercanos a ellas: y como tales hay que respe­tarlos, pero sin que la fácil tendencia a la admiración suplante la contemplación del universo que solamente unos pocos han creado. Si hoy hay tantas “tesis doctorales” sobre autores que no supieron escribir es porque los doctorados no saben leer. Y la miopía induce a creer que lo lejano no existe y que el mundo se reduce a lo próximo. Lo más difícil de aprender en la vida es que lo que nos han enseñado puede ser un error: creamos el mundo a partir de la información que recibimos. Nuestro mundo sería otro si otra fuese nuestra información. De modo que admitir un error no es aceptar una derrota o un atentado contra nuestro yo, sino orientarlo hacia la verdad: una victoria. Los fanatismos (chovinismos, religiosismos, racismos, xenofobias, intolerancias...) proceden de este aprendizaje que no deseamos cuestionar porque tememos que al abrir los ojos entre la luz y nos muestre la tiniebla en la que vivimos, descomponiendo la comodidad de biempensantes que nos hemos fabricado: sólo cuando dejamos de creer que estamos en posesión de la verdad somos capaces de discernir y desenmascarar las mentiras en las que creemos no creer.


Abraham Lincoln | Película completa en español

martes, 28 de enero de 2025

Antonio Gracia - Maritornes - Teatro Expresión

Voz: Fuensanta García


Maritornes

“… daba el arriero a Sancho, Sancho a la moza, la moza a él, 

el ventero a la moza, y todos menudeaban con tanta priesa…”  I, 16


Quién pudiera soñar y hallar -despierta-

convertido el ultraje del arriero 

en el dulce decir de un caballero

que me librase de esta vida incierta. 


 Traspasar, cual señora, la compuerta

de este falso castillo en el que muero

diciendo a unos y a otros que los quiero

y sufriendo reyerta tras reyerta.


Díceme mi dolor que tenga calma,

que la existencia está para sufrirla

y ansiar solo el placer es egoísmo.


Oh triste corazón que tienes alma

y yaces condenado a no sentirla,

pues sentir y sufrir aquí es lo mismo.


---


lunes, 27 de enero de 2025

Antonio Gracia - Grisóstomo (Teatro Expresión)

Voz: María Soto


Lamento de Grisóstomo

“…que murió esta mañana aquel famoso pastor 

estudiante llamado Grisóstomo…”.   I, XII


Yo no nací para morir; para vivir 

nací; y lo atestigua el corazón.

Pero la voluntad solemne de un destino

-más que cruel, inhumano- me arrebata

cualquier instinto de supervivencia

que desde mis entrañas ruge y hiere

mi propia voluntad. He recorrido

los páramos sombríos de la duda

y la certeza de que todo acaba

sin encontrar respuesta a la pregunta

de si vale la pena yacer vivo

en la tumba del ensimismamiento.

Como el que nada teme porque lo perdió todo,

me jugaba la vida, sin saberlo, 

en retos sin sentido, como el ningún sentido 

que tiene la existencia. 

Y si alguno le hallé fue el del amor,

aunque es el mismo amor el que me niega

su apacible consuelo.

No siento hoy lo que sufriera ayer, 

sino lo que tal vez sufrieran quienes, 

por quererme, o amarme, me sufrían

porque no supe amarlos.

Relatar mi tragedia es poner rostro

al de todos los hombres:

porque si todos somos semejantes 

lo que nos asemeja es el dolor.

Tal vez mi salvación sea la muerte. 


sábado, 25 de enero de 2025

La libertad consiste...


Copland: Fanfarria para el hombre común

Trihaiku 

El Progreso es la fuga del trascendentalismo. 

El Progreso es la muerte del antropocentrismo.

El Progreso es la regurgitación del epidermismo. 

El progreso es un alienígena que invade nuestras vidas y, aunque no lo queramos, nuestras mentes y su devenir.
La pluma -y las artes- se han hecho eco de ese devenir.
Ante tal herencia social pronto será patrimonio del individuo una consigna como esta:
La libertad consiste en poder escoger el propio tirano. Y la mejor vida la que aumenta el bienestar superfluo.
El Progreso es indetenible porque en los genes del hombre social destaca el de "avanzar" aunque sea contra uno mismo.

jueves, 23 de enero de 2025

Don Quijote describe a Dulcinea (Teatro Expresión)

 

Voz: Manuela García

Don Quijote a Dulcinea
“La duquesa rogó a don Quijote que le delinease y describiese
la hermosura y facciones de Dulcinea... " II, 32

“Si yo pudiera hablar de tu belleza
sin que mi amor mintiera en sus palabras, 
le podría decir a cuantos aman
que eres la perfección de la hermosura.

Pero cualquier amante sentirá,
como yo, que su amada es la más bella. 
¿Cómo evitar romper sus ilusiones 
sino callando mi íntima verdad?

Nada diré de tu cabello y ojos,
de tu boca y tu pecho y tu cintura, 
ni de tu corazón de escarcha roja.

Será el silencio en mí más elocuente 
que las razones de los soñadores: 
Ellos tienen su verbo; yo, tus besos”.

Don Quijote describe a Dulcinea (Teatro Expresión)

Antonio Gracia - Grisóstomo (Teatro Expresión)

miércoles, 22 de enero de 2025

Dos sonetos de Darío

Villalobos: Descubrimiento...

Ciento cincuenta años -+ 7- cumplió Darío hace unos meses
     Rubén Darío es uno de esos autores fascinados por la lengua que la interrogan y muestran nuevas posibilidades expresivas, y el tiempo les enseña que vale más como fin lo que se expresa que considerar finalidad el medio de expresión. No es, como Garcilaso, un autor que funde novedad del instrumento dictivo con perennidad de lo dicho, salvo en ocasiones.
     Las obras de Darío pertenecen al hombre lúdico investido de poeta que encuentra al hombre trascendente al margen de su ludismo versal. Un poema tan sencillo como Lo fatal tiene mayor vigencia que sus ritmos poderosos o sus delicadezas de cuentos de hadas. ¿O alguien prefiere La princesa está triste... o Ya viene el cortejo...? Acudimos a estos para descansar del trabajoso vivir en la cotidiana metafísica del desencanto, y vamos a aquel para reconocernos como hijos de la condición mortal. Estos dos son "poéticos"; aquel es bello y verdadero, aunque su belleza sea dolorosa.
     He aquí dos sonetos de Darío: el arquitectónico Caupolicán, y el metafísico Lo fatal:


Caupolicán

Es algo formidable que vio la vieja raza: 
robusto tronco de árbol al hombro de un campeón 
salvaje y aguerrido, cuya fornida maza 
blandiera el brazo de Hércules, o el brazo de Sansón. 

Por casco sus cabellos, su pecho por coraza, 
pudiera tal guerrero, de Arauco en la región, 
lancero de los bosques, Nemrod que todo caza, 
desjarretar un toro, o estrangular un león. 

Anduvo, anduvo, anduvo. Le vio la luz del día, 
le vio la tarde pálida, le vio la noche fría, 
y siempre el tronco de árbol a cuestas del titán. 

«¡El Toqui, el Toqui!» clama la conmovida casta. 
Anduvo, anduvo, anduvo. La aurora dijo: «Basta», 
e irguióse la alta frente del gran Caupolicán.

     El soneto, "formidable" en su arquitectura, retrata al héroe en el momento en que demuestra su reciedumbre -episodio que Darío toma de la Araucana de Ercilla-, tras la cual es aclamado como una especie de mesías. Las hazañas del héroe -la sujeción del árbol, el poder sobre los míticos Hércules y Sansón-, apoyan su imponderable fortaleza, de tal modo que su casco lo forman sus propios "cabellos" y su "coraza" su misma musculatura pectoral. La hipérbole con la que se construye el retrato encuentra credibilidad ante la espectacular demostración verbal de Darío, hábil constructor de rítmicos heptasílabos geminados en alejandrinos -que juegan con el más una y menos una sílaba de finales esdrújulos y agudos- (Hércules, Sansón, por ejemplo), además de con la estructura trimembre ("anduvo"..., "le vio...") que hace avanzar inexorablemente al esforzado personaje hacia su clamorosa victoria sobre lo increíble.
     En cambio Lo fatal renuncia a ese poderío verbal adelgazando la escritura hasta su sencillez natural, porque de poco sirve la altanería frente al destino que conduce a la muerte: el tedio que aplasta al hombre le hace escribir -aparentemente- con descuido, escondiendo el soneto que en realidad conforman los versos, dejando caer con ordenado desaliño el encabalgamiento (versos 8-9), buscando la premura de la temporalidad en el continuado y pertinaz polisíndeton (y...): hastiando su existencia y su expresión, deseando la insensibilidad para evitar el sufrimiento de la conciencia ante el sinsentido de la batalla interior entre eros y tánatos (la "carne", la "tumba") que forjan un vivir sin causa ni consecuencia conocidas: 

A René Pérez

Dichoso el árbol que es apenas sensitivo,
y más la piedra dura, porque esta ya no siente,
pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo, 
ni mayor pesadumbre que la vida consciente.

Ser, y no saber nada, y ser sin rumbo cierto,
y el temor de haber sido y un futuro terror...
Y el espanto seguro de estar mañana muerto,
y sufrir por la vida y por la sombra y por

lo que no conocemos y apenas sospechamos, 
y la carne que tienta con sus frescos racimos
y la tumba que aguarda con sus fúnebres ramos, 
¡y no saber adónde vamos,
ni de dónde venimos...!

Caupolicán

Lo fatal


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martes, 21 de enero de 2025

Azúmbrame tus penas


Tartini: Adagio

Durante los últimos años, en muy pocas ocasiones he comprado libros: porque no sé dónde ponerlos y porque no quiero participar en la promoción de la cultura de la incultura; así que hojeo y ojeo muchos y los dejo flamantemente en sus estantes deseándoles buen viaje inmóvil de allí mismo; porque si un fragmento, o tres, leídos al azar, parecen estangurrias es lícito concluir que el conjunto es prostatítisco.
     Esto es referible, claro, a las novedades, narratolándicas o versísticas, que da lo mismo, porque los últimos poetas no hacen sino disponer en versos de tres o cuatro sílabas -o de quince- las líneas de una mala cuentititis que no saben contar, y los narratorius solo alcanzan a prolongar hasta un capítulo y media yema del otro los versoazumbres de lo que no saben sentir.
     Y hete aquí que, con precaria alegría, he descubierto que no soy el único que carece de la adecuada sensibilidad para admirar tales engendros: algunos conocidos, sabedores de mi fugitivación del negocio prosaceopoetístico, me regalan los ejemplares que han tenido que adquirir en la presentación de un amigo, por ejemplo. 
     Unos basurean lo que compran; yo no compro lo que basurean. Eso es lo correcto: huir de la agresión de cuantos plantan herrumbres en un libro.

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"Carpe diem" leído por Helena Vilella Bas

 

Carpe diem


¿Sabes por qué quienes se aman

fracasan en su amor?

Se aman en el tiempo, obsesionados

con que nunca termine su ventura.

No devoran sus besos

como si fuera cada instante el último,

sino el primero de una larga historia.

Aman la sucesividad de lo que sienten,

no lo que sienten.

Yo, sin embargo, sé

que el instante lo maravilla todo

con su fugacidad interminable

y su estallido inextinguible.

Por eso yo te amo en este aquí

que es todos los lugares

y los tiempos.

Quien se ata al instante no puede abandonarlo.

Y si acaso mañana

dijéramos adiós a nuestro amor,

yo me diré por siempre:

nadie puede matar lo que he vivido.


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lunes, 20 de enero de 2025

Antonio Gracia - Midons - Ada Soriano


Voz: Ada Soriano

Midons


En esta hora temprana permanecen los astros
colgados como tenues recuerdos de la luz  
de otras vidas que esperan reencarnarnos. 
También mi dulce amada abre entonces sus ojos, 
tan ciegos para mí durante mucho tiempo;
pues no sabe que adoro su efigie estremecida, 
su faz renacentista pergeñada en la noche 
y pintada en la aurora cuando estalla la luz 
y se embriaga mi alma resurrecta
con las delicuescencias de la suya.
Nunca le dije "te amo"; y ella tampoco sabe
que espero cada día que me diga "ámame". 
Este fuego abrasado me mata y me da vida, 
me convierte en esclavo de un deber insufrible, 
pues no sé si ella es reo de quien la desposó 
y la convierte en midons de mi amor penumbroso. 
Qué extraña pleitesía me domina y tortura; 
sobre todo, como ahora, que no puedo evitar
sentir, pensar, sufrir, gozar dolientemente 
que acaso a ella también le ocurrirá lo mismo
y nos une y separa igual aherrojamiento.


domingo, 19 de enero de 2025

Una improvisación


Elgar: Variaciones Enigma

WELISTA

Ya no esperaba un beso, 
y menos un abrazo
carnal; y de repente 
fundimos nuestros cuerpos 
como dos meteoritos 
que estrellaban su furia;
y brotó el esplendor 
de otro tiempo pasado
en que el amor fue espíritu 
y talismán constante.
Los labios temblorosos 
clamaron y era todo 
como un ayer pidiendo 
una resurrección
en un mañana dulce, 
eviterno y atávico.
No ha sido un sueño, ha sido 
un camino que nunca 
quiero ya abandonar.


jueves, 16 de enero de 2025

Miguel Ruiz Martínez: Sobre Antonio Gracia, 2


En busca de la luz, buscando a Oniria

Del blog Literatura y patrimonio.

La luz, una búsqueda constante de Antonio Gracia a través de su obra. En nombre de la luz es un libro luminoso, y valga la redundancia, que el autor escribe iluminado por la antorcha que Prometeo blandió para entregar el fuego -el conocimiento- a los mortales. El libro se abre en una introducción del crítico más profundo, y más constante, desde hace mucho tiempo, de la obra del poeta, el profesor Ángel Luis Prieto de Paula, que lleva por título “La poesía de Antonio Gracia”. El autor dedica el libro a Oniria. 

El poemario está estructurado en cuatro apartados: En el origen, Amanecer en la noche, Tres palimpsestos, Una poética. Dentro de este último apartado, dos partes: La estrategia del verbo y La búsqueda de Oniria.

“La búsqueda de Oniria” ofrece una leve introducción y seis ítems titulados: En un mundo esforzado, El tema, Este libro, Un tratado encubierto, Refundición o corolario, Identidad de la poesía.

¿Se podría decir que Oniria es un secreto, un enigma, deliberadamente implicitado y explicitado también por Antonio Gracia? 

Repaso su bibliografía. Tengo casi todos sus trabajos. Y rayos de luz en todos ellos reflejan y refractan todos los colores. Parte de esos libros los debo a la generosidad del poeta. Otros los he buscado yo. Sus libros, uno a uno, en busca de Oniria, en busca de la luz.

Esa búsqueda permanente me retrotrae a tiempos pasados, a hace más de medio siglo -siempre el tiempo-, cuando vivía frente a la torre de la iglesia de Santo Domingo. Tiempos en que compartimos un viaje por España, autostop y tren. Un verano, julio, creo que 1970, llegamos a Salamanca, en cuya universidad se había licenciado en filología románica. Allí, la ciudad y el licenciado Vidriera nos esperaban: “Salamanca que enhechiza la voluntad de volver a ella a todos los que de la apacibilidad de su vivienda han gustado”, varios días, una pensión, los alrededores de la Plaza Mayor, sus colegas, una escritora, el amigo salmantino pequeñito, que no paraba de reírse, Pepito el Sandio, si Sandio, si Sandío, algunos vinos, algunas cervezas, cacahuetes, aceitunas -creo que allí no son olivas, como aquí-, boquerones en vinagre, medallones innumerables, las estrellas del cielo encuadradas en el skyline del rectángulo celeste e inmenso de la Plaza Mayor, constelaciones que enviaban mensajes que jamás serían recogidos. En Anaya y sus alrededores Antonio me contaba anécdotas de sus andanzas, dignas algunas de narrarse en las novelas del Lazarillo, Lázaro Carreter en la cátedra, por la Plaza, las vaquillas de los pueblos, la puente del toro, el charco y el salto del ciego que vio las luces al estamparse contra una pared, la calle de Franco antes Toro que bajaba en rambla hacia el río, una orilla del Tormes, la otra, Fray Luis de León, Unamuno, la Ponti, la rana de la portada plateresca, la calavera, el gitanillo, las riberas del Tormes, las barcas del Tormes, los patos del Tormes,  el fluir de las aguas del Tormes, las portadas, las catedrales, el sonido de los pasos sobre las losas del pavimento. Y también, quizá, habló un poco de ella, de la ausente, tal vez sin proponérselo, de la ausencia de la chica que vivía en una residencia universitaria, un poco dijo, no me llegó a decir el nombre, la llamó, eso creo, en alguna ocasión, Oniria. Y poco más. Algo de una ausencia a partir de una noche.

Al cabo de dos días, me dijo que se iba a Ciudad Rodrigo, a ver a unos conocidos. Yo me quedé en Salamanca, toda para mí. Confieso que visité casi todos los monumentos de la ciudad que siempre se pintó de rosa casi todos los atardeceres y todos los amaneceres. He vuelto muchas veces a Salamanca, que tenía razón el frágil licenciado de Cervantes. La ciudad, en mis ojos para siempre desde la margen del otro lado, catedral en lo alto, el sol mirando con fuerza, toda luz del mundo. Vi, varias veces, a Miguel de Unamuno, atormentado en una plaza pública por un escultor. 

Un día llegamos a Ávila, en tren. Por la mañana. Creo recordar que fuimos, la memoria es débil, a buscar a Oniria, la ausente, entendí en aquel entonces. Y sigo, medio siglo más tarde, intuyéndolo. Antonio, cada vez más, a medida que la vida va fluyendo y acercándose al mar, es más explícito al respecto. Creo que la ausencia de Oniria llevó al poeta, durante varios años de su juventud, a transportar una bala en sus bolsillos, enseñándosela a sus amigos, incluso a los que no lo eran, proyectil al que sacó lustre con sus manos, a fuerza de exhibirlo ante el tiempo que pasaba. 

Llegada a la ciudad de las yemas, por la mañana. Largo camino en ascenso. Entrada al camposanto. Por las calles de las viviendas de los muertos. Tumbas en horizontal, lápidas mirando al cielo.

Las fotografías. Antonio Gracia llevaba una máquina de fotos. Hizo algunas. Avenidas y calles. Cruces, mármoles, piedras pulimentadas. Flores marchitas. La verdad es que la mayor parte de las fotos de esa jornada las hice yo. A él. Antonio en una calle del cementerio. Antonio, homo legens, buscando un nombre entre los nombres. La búsqueda duró más de una hora. Una de las fotos, más de una, se la hice a Antonio crucificado. Lo cuento. Una de las tumbas estaba rematada por un Cristo de tamaño natural en la cabecera. Un Cristo crucificado entre el de Velázquez, el de Goya y el de Rubens. Antonio, ni corto ni perezoso, -que nunca se ha cortado un pelo cuando ha querido hacer algo- se subió sobre una lápida, se puso delante del crucificado, se subió a una pequeña peana y cuando estuvo preparado me dijo dispara. Y disparé. Una vez, otra y otra, tres veces, de frente, a la izquierda, a la derecha. Y se bajó de la cruz, que no había muerto en el empeño. No sé si conserva esas fotografías. Lo cierto es que no me las enseñó cuando las reveló, al regreso, en Orihuela.  Lo que tampoco hizo fue decirme si encontró a Oniria. O no. Ni yo se lo pregunté.

Por eso, cuando En nombre de la luz he encontrado en “En busca de Oniria” me he acordado, me he emocionado con el recuerdo de la ausente que buscó, creo, en el cementerio de Ávila, una mañana de finales un julio, jornada en que, crucificado, no murió, ni siquiera tras tres disparos secos. No sé si quedan imágenes de los tiros de una máquina de la luz que utilizaba un carrete en blanco y negro. 

¿Qué dice Antonio “En busca de Oniria”? Comienza con un enunciado sobre su natalicio al mundo del arte: “Nací cuando necesité pensar para combatir la muerte.” ¿Combatir la muerte universal, la de la hora de todos, o una muerte concreta, la de la amada? Vuelvo a releer En busca de la luz. Y llego a la página 76 en que un poema hermosísimo llamado “Nocturno salmanticense” puede darnos, quizá, a lo mejor, alguna de respuesta sobre la luz, Oniria, que no cesa de buscar a Antonio Gracia:


Nocturno salmanticense


Hemos vuelto a los ríos y a los chopos

de nuestra adolescencia. El agua, el viento

aromaban la tarde y un edén

se abría ante nosotros. Si una flor

latía, o si un pájaro cantaba,

eran requiebros silenciosos, éxtasis

de nuestros corazones bajo el puente,

mientras mugía el toro, embravecido

al oír el fragor de nuestro abrazo.

A menudo la lluvia de la noche,

o la escarcha estrellada de los astros,

pretendía lavar nuestro alborozo,

borrar de nuestra carne tanta furia.

Han pasado los años y me ofreces,

y te ofrezco, agua y viento, estrella y rosa, 

como reviviscencia del amor.

Hoy el Tormes agita la memoria.

Te veo sonreír de nuevo, escruto

el fulgor de mis ojos en tus ojos,

y el edén se renueva. Aquella dicha 

vuelve a nacer entre nosotros. Canto.


Original en el blog Literatura y patrimonio.

miércoles, 15 de enero de 2025

EN NOMBRE DE DULCINEA

EN NOMBRE DE DULCINEA

He aquí un divertimento tragicómico integrado por diversas prosas en verso en torno a Don Quijote. Que Cervantes y el lector -incluso el sacrílego Avellaneda- disculpen mi manifiesto sacrilegio. El honesto curioso puede acceder al texto como lectura en vertical y como libro desplegable.

Lectura en vertical:

(Para leer cada página basta con pausarla)

ÍNDICE

Parte Primera 


El sueño de don Alonso 

El redentor

El escrutinio de la biblioteca

Lamento de Grisóstomo

Exordio de Marcela

Ante los galeotes

Historia del Cautivo

Anselmo y Lotario

Maritornes

Batanes

Princesa de la Mancha

Sancho 

El caballero de la Voluntad

Cide Hamete resuelve su estrategia


Parte Segunda


Avellaneda

Sansón Carrasco

Retablo de Maese Pedro

El caballero del verde gabán

La cueva de Montesinos

Don Quijote describe a Dulcinea

Soñando en Barataria

Apócrifo

El trote de Clavileño

El caballero de la Blanca Luna

Playas de Barcelona

Retorno hacia la aldea

Alonso Quijano el Bueno se consuela leyendo a Garcilaso

El pastor Quijotiz a Dulcinea 

Una visión lluviosa de El Toboso

Últimas voluntades de Cervantes


Posdatas

R. Strauss compone sus "Variaciones sobre un tema caballeresco”.

Angrac Ianto lee en su adolescencia

Unamuno prosodia a Don Quijote



Para leer como libro desplegable
pulsar:



Bellod

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martes, 14 de enero de 2025

Catálogo de pájaros

Amar para cumplirnos; amar para ser en el otro, la otra. Amar para perpetuarnos física y síquicamente. Cuántos amores han pretendido fundirse en un beso y cuántos besos han sido la catapulta hacia el sueño de la transfiguración -o la pesadilla del desengaño-. He aquí algunos amantes que intentaron sobreponerse al mausoleo (o así los sentí, quizá para mitigar mi aventura del pájaro en la bóveda):



Catálogo de pájaros


Tuvo Dante a Beatriz, Petrarca a Laura,

Garcilaso a Isabel, y Lope a Filis.

Amó a Lisi Quevedo, Herrera a Luz,

Catulo a Lesbia, y a Corina, Ovidio.

Cervantes le dio vida a Dulcinea

y Larra cantó a Armijo.

Envió Brahms a Clara partituras

y Tediato resucitó a María.

Por las anchas praderas del dolor

fueron Lautrec, y Poe,

Hölderlin y Novalis, y Espronceda,

y tantos corazones devastados.

Bien pudiera haber sido la escritura

mi destino:

pero eres tú, mi Oniria, quien entró

y saqueó mi corazón a sangre y

fuego.

¡Cuántos besos existen porque fueron

palabras más que bocas encendidas!

Todos nacen en ti y en mí

y somos su esperanza

porque en nosotros vuelven a besarse.

No es mucho que sus vidas nos den vida

pues tanto en ellos se gestó la muerte.



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