No rebuznaron de balde el uno y el otro (la otra) alcalde (¡Cómo les gusta dirigir, a estos políticos!)
CAP (2) 27
El morillo Cide Hamete Berenjeno jura en pública audiencia que va a decir la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad (pues como lo cumpla igual que sus paisanos polìticos dirigentes marroquíes en el asunto Haminatu Haidar, ¡vamos “apañaos”!) sobre el caso de Maese Pedro, su retablo y su mono. Pues resulta que Maese Pedro no es ni más ni menos que Ginés de Pasamonte, y que su mono no tiene secretos…:es un mono cualquiera.
Nos recuerda Cervantes que en el cap 1.22 se dio cuenta de la libertad que hizo don Quijote de los galeotes, entre los que se encontraba este desagradecido Ginesillo. Que fue el mismo individuo que hurtó el Rucio a Sancho.¡ Pues vaya con el tal de Pasamonte!, va a pagar todos los platos rotos por Cervantes, quiero decir por su falta de memoria: el burro desaparece y aparece como las aguas en el Guadiana (pido disculpas por abusar una vez más del manido dicho del Guadiana).
“Dice, pues, que bien se acordará, el que hubiere leído la primera parte desta historia, de aquel Ginés de Pasamonte, a quien, entre otros galeotes, dio libertad(…). Este Ginés de Pasamonte, a quien don Quijote llamaba Ginesillo de Parapilla, fue el que hurtó a Sancho Panza el rucio; que, por no haberse puesto el cómo ni el cuándo en la primera parte, por culpa de los impresores, ha dado en qué entender a muchos, que atribuían a poca memoria del autor la falta de emprenta.”
Una vez más, según leemos en el fragmento anterior, Cervantes nos remite a su primera parte del Quijote. Y es que como tuvo bastante fama, vendiéndose como rosquillas, el ilustre Manco se regodea cada vez que le viene a pelo: ya ha renunciado a las novelas interpoladas, tal El curioso impertinente o la historia del cautivo; ahora interpola episodios de su primera parte del Quijote –faltaría más-.
Y ahora me llama la atención la nueva moda o costumbre que el de Lepanto ha tomado de poner a escribir libros a todo el que se le pone a tiro. Si en capítulos anteriores era el primo el que daba manuscritos a la imprenta, ahora es Ginesillo el que escribe, en un gran volumen, su autobiografía: “Este Ginés, pues, temeroso de no ser hallado de la justicia, que le buscaba para castigarle de sus infinitas bellaquerías y delitos, que fueron tantos y tales, que él mismo compuso un gran volumen contándolos”.
Concluidos estos preliminares, hay que decir que, como faltaban aún varios días para que se celebrasen las famosas justas en Zaragoza, nuestra ilustre pareja determinó de solazarse un par de días por la Ribera del Duero…que diga del Ebro (¡en qué estaría yo pensando! Rioja no había, Sábado es…); al tercer día –la vencida, como siempre-…: “anduvo dos días sin acontecerle cosa digna de ponerse en escritura, hasta que al tercero, al subir de una loma, oyó un gran rumor de atambores, de trompetas y arcabuces. Al principio pensó que algún tercio de soldados pasaba por aquella parte, y por verlos picó a Rocinante y subió la loma arriba; y cuando estuvo en la cumbre, vio al pie della, a su parecer, más de docientos hombres armados”
Los doscientos del escuadrón que describe Cervantes son habitantes del pueblo de los regidores-rebuznadores. Portan un estandarte que les identifica porque lleva impresa la imagen de una cabeza de burro en acto de rebuzno, bajo la cual se puede leer el siguiente lema, señal genuina de la idiosincracia de este pueblo: “no rebuznaron en balde el uno y el otro alcalde”
Don Quijote y Sancho se acercan a ellos, ellos no fiándose les rodean; pero don Quijote les tranquiliza con una excelente homilía. Les explica que el uso de las armas no tiene justificación, y menos por niñerías (verbigracia: justificación sí que encontraron-inventaron los tres bandidos –con las patas en la mesa- de las Azores, al más puro estilo Far West). El sermón incluye algún ilustre pasaje bíblico: “que justa no puede haber alguna que lo sea, va derechamente contra la santa ley que profesamos, en la cual se nos manda que hagamos bien a nuestros enemigos y que amemos a los que nos aborrecen; mandamiento que, aunque parece algo dificultoso de cumplir, no lo es sino para aquellos que tienen menos de Dios que del mundo”
Absorto quedó Sancho al escuchar las palabras de su amo: “-El diablo me lleve -dijo a esta sazón Sancho entre sí- si este mi amo no es tólogo; y si no lo es, que lo parece como un güevo a otro.”
No dejó Sancho a su amo continuar el discurso, sino que interrumpiéndole, se dirigió él al auditorio: “-Mi señor don Quijote de la Mancha, que un tiempo se llamó el Caballero de la Triste Figura y ahora se llama el Caballero de los Leones, es un hidalgo muy atentado, que sabe latín y romance como un bachiller…”
Les habló Sancho sobre la tolerancia y el respeto entre los pueblos; del amor al OTRO. Que no se pelearan por niñerías, que él mismo, de jovenzuelo, rebuznaba como los mismos ángeles: Y luego, puesta la mano en las narices, comenzó a rebuznar tan reciamente, que todos los cercanos valles retumbaron.”
Tan prodigioso rebuzno emitido por Sancho, no les hizo ni puñetera gracia a los lugareños, que lo consideraron ofensiva burla y le respondieron con una no menos prodigiosa paliza sobre su acolchado cuerpo. Don Quijote, viendo que llovía sobre él un nublado de piedras, puso pies en polvorosa antes de que las piedras se hicieran polvo sobre su anguloso cuerpo. Cuando los del rebuzno libertaron a Sancho, y éste pudo dar alcance a su amo, don Quijote le espetó: pero Sancho amigo…,¿ no sabías una canción mejor que esa?, mira en qué aprietos me pones. Pero esto ya es tema para el cap. de la semana que viene, el 2. 28
NOTA REVULSIVA:
Muy interesante el archivo que nos ha remitido Jan Puerta sobre la posible identidad del autor del Quijote Apócrifo. Se merece unas palabras de nuestro ínclito profesor Maese Pedro Ojeda: con todo respeto.
Quien tenga ganas de leer puede cliquear en el siguiente enlace:
Cervantes sabía que Pasamonte fue Avellaneda: La Vida de Pasamonte ...
martinjimenez.pdf