Ir al contenido principal

Entradas

Mostrando las entradas etiquetadas como Gustavo Bedrossian.

Verla volar.

"Los pocos que hacen son la envidia de los muchos que solo miran" (Jim Rohn) “Ana y Miguel se pusieron de novios en la secundaria. Con el paso del tiempo, su relación comenzó a madurar y a crecer. Cierto día, mientras hacían planes y el futuro empezaba a desplegarse ante ellos, sucedió algo inesperado: a Ana le nacieron alas. Al principio, trató de mantenerlas ocultas para no alarmar a Miguel. Sin embargo, esto solo fue posible por unos pocos días. Impulsada por   el viento de una mañana, Ana aprendió a volar. Miguel se sintió sorprendido y admirado por la belleza de las alas de Ana, aunque también se sintió limitado, debido a que no podía acompañarla durante el vuelo. Ana volaba cada vez más alto e iba cada vez más lejos. Miguel confiaba en que, por orden de la naturaleza, a él también le nacerían alas como las de Ana, pero los meses pasaban y eso no sucedía. Hasta que un día, ocurrió el milagro: Miguel había aprendido el arte, la maravilla y la alegría de ve...

Mentiras modernosas.

" La modernidad, nos llenó de nuevos mandatos disfrazados". Quisimos diferenciarnos. Quisimos romper con mandatos. Quisimos ser modernos y renovados. Entonces nos propusimos sacar de nuestro diccionario y de nuestras vidas… “Esfuerzo”. Nos enseñaron que hay que vivir sin esfuerzo. Las cosas deben fluir. Le pusimos condimentos espirituales al asunto. Hoy podemos ser haraganes con el aval de estos nuevos aprendizajes. Aclaremos que el término “sacrificio” ya había sido quitado previamente, por ser considerado de mal gusto, una “mala palabra”. “Autocontrol”. Frenar un impulso pasó a ser considerado un acto de represión y cercenamiento de nuestro ser. Hoy somos más naturales. Podemos dar lugar a nuestra voracidad sin ningún tipo de reparo. Nos decimos de todo en la cara, no importa el costo; somos auténticos. “Sólo se vive una vez” nos abrió las puertas para ir en pos de cualquier cosa que deseemos. “Compromiso”. Aprendimos también que no debíamos atarnos a nada ni nadie. El...

Un corazón abierto es un corazón expuesto.

Esperando ser incluidos. Mirando por la ventana, como lo hace un niño, aguardando que nos inviten a jugar. Hambrientos de un abrazo… o por lo menos, una sonrisa. Expectantes de que alguien se nos acerque. Por otro lado, temiendo que en ese potencial acercamiento del otro: No caigamos del todo bien Alguien nos critique Nos rechacen Y lo que sería peor aún, nos abandonen y volvamos a quedarnos solos. Como lo describe Susan Jeffers: “Necesitamos gustar… Quiero gustarte. Pero no me gusto, y si tú realmente llegas a conocerme es probable que tampoco te guste. Es por eso que pretendo ser diferente de lo que realmente soy… De esa manera, vivimos con el pensamiento aterrador de que ´Si no los conformo, pueden irse´… La soledad es, a menudo, el resultado de un corazón cerrado. Nuestro temor a ser heridos, rechazados o juzgados nos congela en nuestra soledad”. Y ahí estamos. Deseosos de conexión. Anhelando ser amados. Y al mismo tiempo, llenos de miedos. ¿Hay salida? Sí, pero con un camb...

Recibir.

"Recibir es asociarse al plan de Dios que quiere hacernos llegar Su Amor de mil formas distintas". Recibís un elogio. Te felicitan por cómo hiciste un trabajo. El reflejo automático se dispara. Te encargás de quitarle fuerza al comentario: “Bueno, no es tan así, tuve un poco de suerte. Además me equivoqué en esto y aquello”. Te están por regalar algo. Te anticipás para detener la entrega. Soltás alguna frase como ésta: “No, no te molestés, no hace falta. Te agradezco igual por la intención”. Alguien se acerca para abrazarte. Quiere expresar su afecto hacia tu persona. Lo intuís y ya empezás a incomodarte. Con mayor o menor grado de sutileza tomás distancia evitando el contacto físico. Te fastidia cualquier situación de intimidad emocional donde el otro quiera transmitirte un sentimiento positivo. Dificultades de recepción, de eso se trata, dificultades de recepción… Cuando reaccionás de este modo, es porque tenés dificultades para recibir.  La...

Quiero, elijo, me comprometo.

" El camino del compromiso no es el camino de la perfección, pero sí el camino de la determinación ”   “Quiero ser un empresario exitoso” “Quiero ser una persona optimista” “Quiero bajar de peso” “Quiero una vida espiritual plena” “Quiero… quiero… quiero”. Muy bien, está muy bien querer o desear algo. Por lo menos, ya se ha dado un paso en comparación con la persona que ni siquiera sabe lo que quiere. Entonces tenemos allí un punto para iniciar el tema: 1-Quiero algo : Cuanto mayor sea el enfoque, mejor. Existen momentos en que deseamos tantas cosas al mismo tiempo que nos confundimos y dispersamos. Cuando le apuntamos a todo, no le acertamos a nada. ¿Qué es lo prioritario? ¿Si se cumple va a afectar positivamente mi vida y la de otros? ¿Es lo más adecuado para este momento de mi vida? Respeto mucho a los que defienden la teoría del “no deseo”; ahora bien, a todos los autores que leí defendiendo esta postura, les encontré luego diciendo todo lo contrario sólo ...

Bendice el que bien dice.

John Mason transmite una ilustración sobre un hombre que se unió a un monasterio en el cual a los monjes se les permitía hablar tan solo dos palabras cada siete años.  Al transcurrir los primeros siete años, el novato se reunió con el abad quien le pidió que exprese sus dos primeras palabras. La respuesta fue: “Comida mala”. Pasados otros siete años, tuvo la posibilidad de expresar otra vez dos palabras. Sentenció: “Cama dura”. Siete años después, veintiún años después de haber entrado al monasterio, el hombre se reunió con el abad por tercera y última vez. Le preguntó: “¿Y cuáles son tus palabras esta vez?”. “Me voy”. “No me sorprende”, le dijo el clérigo disgustado. “¡Todo lo que has hecho desde que llegaste ha sido quejarte!”. Queja, queja y queja. Hay personas que todavía no han comprendido cuántos regalos de Dios están arrojando a la basura con sus repetidas quejas. ¿Cuáles son estos presentes? El regalo de la vida, El regalo de la vida social, ...

La enseñanza por encima del maestro.

Francisco sentía una profunda admiración por quien consideraba su consejero espiritual. Él era una verdadera esponja. Todo lo que su líder afirmaba, Francisco lo vivía como “palabra sagrada”. Había puesto en la otra persona todos sus ideales; por fin alguien podía encarnar una vida perfecta, o casi perfecta. Si a Francisco le decían que fuera para determinado lugar, hacia allí iba. Si a Francisco le ordenaban que dejara de estudiar, obedecía. Si tenía que dejar un trabajo, una amistad, a su familia, él acataba ciegamente. Cualquier opinión o idea de Francisco que no coincidiera con los objetivos de su líder, era señalada como un signo inequívoco de rebeldía. Francisco, cada vez más, se volvía dependiente de su maestro espiritual. De a poco fue perdiendo las iniciativas. Todo lo consultaba; aún la música a escuchar, la ropa a utilizar, las películas o libros a consumir. Hasta que, casi sin darse cuenta, toda esa estructura empezó a desmoronarse. Su economía había entrado en crisis debid...

¿Cambio real o aprendizaje light ?

En demasiadas oportunidades mis oídos tuvieron que escuchar la frase: “No me arrepiento de nada con respecto a lo que hice en mi vida”. El protagonista de la frase, aparentemente con total soltura, no admitiría un solo cambio en lo que hasta ahora ha vivido. Busqué frases en Internet sobre el tema y parece que más de uno, coincide con esta forma de encarar la vida. Veamos sólo dos ejemplos: “No me arrepiento de nada. El que se arrepiente de lo que ha hecho es doblemente miserable” (Spinoza). “No arrepentirse de nada es el principio de toda sabiduría” (Ludwig Bôrne). Bueno, muy bien, parece que esta gente nunca se equivocó, o nunca se lastimó a sí mismos o a otros con sus actos. “¡No, Gustavo! -ya me estará corrigiendo alguno- no hablan de perfeccionismo estas personas, sino que volverían a hacer lo mismo porque de todo se aprende”. Ah, ahora me quedo más tranquilo entonces con esta aclaración. ¡Mentira! No me quedo nada tranquilo. Nuestra sociedad justamente está como está por fal...

Un pequeño gesto, una gran ayuda.

No retengas tu capacidad de amar. Tal vez alguien cercano a ti se sienta solo y carente de afecto. Un abrazo tuyo puede ser el Amor de Dios llegando a esa vida. Quizá otra persona hace mucho tiempo que no se ríe. Un chiste o una broma tuya pueden disparar esa carcajada que renovará el alma de ese ser ensombrecido. Un conocido tuyo puede estar inmerso en un mar de desconcierto. Dos o tres palabras sabias de tu parte pueden llegar a ser la llave para que el otro empiece a destrabar el asunto. Alguien está necesitando de las fuerzas que sólo Dios puede dar. Tan sólo una oración tuya puede ser lo que esa persona requiere para que su fe sea renovada. Una pequeña acción, un pequeño gesto de nuestra parte tal vez representen mucho para alguien atribulado por el dolor y la desesperanza. No minimices tu capacidad de amar. No retengas tu capacidad de amar. Ya sé que también estás necesitado de alguien que te abrace, que te haga reír, que te oriente o que pida a Dios por tu vida. También están t...

Nuevas herramientas, nuevas oportunidades.

Nunca ha sido mi principal virtud la habilidad manual para resolver problemas en la casa (albañilería, electricidad, plomería y otras cuestiones por el estilo). Pero cuando me casé me di cuenta que, por lo menos, necesitaba algunas herramientas para algún problema de fácil resolución. Compré algunas herramientas básicas y una caja pequeña donde guardarlas. Con el tiempo descubrí que las herramientas no eran suficientes porque necesitaba otro tipo de destornilladores, un taladro, etc. Por ejemplo, nunca había usado un taladro, por lo cual tuve que aprender a manejarlo. Así que no sólo adquiría nuevas herramientas, sino que iba aprendiendo a utilizarlas. En todos los órdenes de la vida este hecho se repite, seamos más o menos consciente de ello. Necesitamos herramientas. Nuevas herramientas. Herramientas que nos den la posibilidad de construir, y otras veces nos sirvan para reparar. No sabemos en qué momentos podremos llegar a utilizarlas, pero nuestra responsabilidad está en tener la ma...

Hoy aquí, mañana veremos...

¿Te pusiste a pensar que algún día no estarás en el lugar que hoy ocupas? No estarás siempre allí. Puede ser una buena o una mala noticia. Todo depende de ti. Hay personas que tienden a aferrarse a un cargo, a una posición de liderazgo, a un rol en la familia, o a determinado lugar en un grupo. Creen que allí habrán de perpetuarse eternamente. Y se equivocan. Primero porque eso no sucederá. Segundo porque se terminan haciendo un gran daño a sí mismas. Y tercero porque al no correrse a tiempo, terminan lastimando a los demás. Estoy convencido de esto: hay que preparar el terreno para cuando no estemos. Tenemos que prepararnos nosotros para no sentir que se nos acaba el mundo cuando concluyamos con una tarea, por ejemplo. Y tenemos que preparar tempranamente a otros que nos habrán de suceder. Ése es un verdadero éxito. Que podamos multiplicar la influencia formando a otros que continuarán mucho mejor que nosotros lo que alguna vez hicimos. ¿Tienes un saber? Compártelo. No es tuyo. Simple...

No soy yo, soy vos .

José Empa-Tizado tenía una característica que lo distinguía: ponerse en el lugar del otro. Registraba rápidamente los estados emocionales de todo aquel que circulara por sus alrededores (olfato emocional, que le dicen…). De chiquito, ya desarrolló esa tendencia. Por ejemplo, captaba la tristeza de su madre. Casi de inmediato, empezaba a sentir algo similar. Le seguía otro proceso: “¿tendré algo que ver con su tristeza, habré hecho algo malo que entristeció a mi mamá?”. Ahí no terminaba el asunto; venía otro cuestionamiento: “¿qué puedo/debo hacer para que mi mamá salga de ese estado?”. Esta secuencia se repetía a lo largo de toda su vida: 1- Me doy cuenta que siente el otro 2- Lo llego a sentir 3- Me siento responsable por todo lo que le pasa a los demás 4- Tengo que hacer algo lo más rápido posible para que el otro mejore. Lo que en principio era una virtud para conectarse con los demás, terminaba siempre generándole lazos de dependencia y ataduras emocionales. No tenía problemas para...

Haz el gran contacto.

José Contacto siempre fue un hombre muy simpático, un experto en relaciones públicas. Servicial, atento y solícito con los que le rodeaban. Todo es estupendo para José Contacto salvo por un pequeño detalle: su “entrega” se ha caracterizado por una sospechosa selectividad. ¿Quiénes son los beneficiarios de su simpatía? Los ricos, influyentes y poderosos. José Contacto, si lo observas con un poquito de atención es estrategia pura. Se acerca y aleja de la gente a partir de un único filtro: ¿puedo obtener algún rédito de esta relación o no? Hasta su espiritualidad la piensa en función de los negocios. Asiste a lugares o participa en comités de servicio con objetivos firmes: negocio, ascenso, lucro, cargos, y reconocimiento. Todo vínculo que pueda aportarle algún poder extra es más que bienvenido. Aquellos que no encajan con este perfil son rápida y diplomáticamente rechazados. Por momentos, es consciente de su estrategia y, en otras ocasiones, producto de años de experiencia, ni registra l...