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miércoles, 26 de septiembre de 2012

(Life) Partners

Si bien ayer argumentaba porqué Will & Grace no me apasiona, hoy toca hablar del nuevo proyecto de sus responsables David Kohan y Max Mutchnick, que han hecho equipo otra vez para volver a la televisión con una sitcom. En este caso, se llama Partners y su premisa no suena precisamente descabellada: dos mejores amigos de toda la vida deben compaginar su amistad con sus respectivas parejas. Vamos, que son una especie de Will y de Grace, pero esta vez en la forma de dos hombres, uno homosexual y otro heterosexual.

Estos fáciles paralelismos han permitido que se haya esperado Partners con cierta ilusión por parte de la crítica, que suele recordar con nostalgia las comedias de los jueves del canal NBC, y le ha evitado a la serie tener que ser comparada con Shit My Dad Says, la cancelada sitcom de William Shatner que también escribieron ellos. No obstante, a pesar del regreso al terreno conocido que les brindó el estrellato como guionistas, esta comedia casi está cosechando más titulares por ser el nuevo vehículo de Michael Urie, el robaescenas oficial de Ugly Betty y con una nada silenciosa comunidad de fans.

Él interpreta a Louis, el socio y amigo homosexual, y David Krumholtz (Numb3rs) es Joe. Este es un trozo de pan maleable y Louis, en cambio, es una versión moderada de Jack McFarland: egocéntrico, entrometido y superficial. Y las respectivas parejas son una diseñadora llamada Ali (Sophia Bush de One Tree Hill), con quien Joe se compromete en el piloto, y Wyatt (Brandon Superman Routh), un enfermero cachas de quien Louis se avergüenza por no ser médico.

En el episodio piloto las químicas funcionan. Primer reto superado. Urie y Krumholtz son creíbles como una pareja de amigos de toda la vida porque en cierto modo se compensan (uno es un parado y el otro marcha para los dos) y Bush, que no tenía experiencia en este género, demuestra tener talento para la comedia y encima conecta con sus compañeros de escena en el piloto. Sólo falla Routh que, además de tener un no-personaje en la presentación, resulta bastante incómodo. Pocos actores más sosos hay que este señor y lo demuestra siempre en cada proyecto en el que participa (ni en Chuck colaba como un seductor hombretón de acción).

La química grupal y por parejas no quita que Urie, que es el actor reclamo, esté bastante desesperado por ser la estrella. No sé si será porque le queda demasiado grande un papel protagonista o porque siente que debe ocupar el hueco de Sean Hayes, que ganó un Emmy y tres galardones del sindicato de actores. Y, si optan por convertirlo en un spin-off encubierto de Jack McFarland, Partners perderá todo su potencial porque pasaría a ser una versión pobre de un clásico anterior (que no me gusta, por cierto).

Claro que, aunque no sea así, seguramente acabará afianzándose como una comedia mediocre. Al fin y al cabo, estamos hablando de la CBS y Kohan y Mutchnick son sus responsables.

martes, 25 de septiembre de 2012

La confirmación de la sospecha

Siempre se dice de casi todas las series que sus primeras temporadas nunca son las mejores. A menos que sean Mujeres Desesperadas y Heroes, claro. De tal forma que, cuando vi el estreno de Will and Grace, pensé que esperaría a que tomara forma. Por regla general las sitcoms tardan unos cuantos capítulos en definir quienes son y encima me habían comentado que se convertiría en una comedia más física. Así que esperé. Vi la segunda temporada entera. Decidí que, definitivamente, nunca sería mi comedia favorita de todos los tiempos. Por una cuestión de gustos y también porque muchas veces simplemente me parece lo peor.

Primero entremos en mis preferencias como espectador. Me cuesta divertirme con una serie con unos personajes tan y tan despreciables y cuyos creadores consideran entrañables. Puede que Will sea una rata arrogante y que todos tengan tendencia a meterse con Grace de forma gratuita (que por otra parte sería adorada en cualquier otro grupo de amigos, por su carácter y por su pelo), pero Jack McFarland podría ir tranquilamente a una cámara de gas y el mundo no se perdería nada. Es un inútil, un aprovechado que opina que su mejor amigo debe pagarle el gimnasio cada mes y encima David Kohan y Matt Mutchnick creen que es gracioso que demande a su mejor amiga Karen por una manutención. No, no lo compro, sobre todo porque su intérprete, Sean Hayes, se crece en cada capítulo y sus entradas en el apartamento del abogado son tan excesivas como cansinas. Siempre igual y siempre a peor. De verdad que nunca entenderé que el actor fuera premiado hasta tres veces por el sindicato de actores.

Sí compro, en cambio, cualquier escena relacionada con Debra Messing y Megan Mullally. La primera porque me parece una actriz cómica excepcional. Puede casi perder la compostura a menudo cuando una broma es demasiado buena (algo que como espectador curiosamente se agradece) pero reúne todas las características para ser una actriz total de comedia. Funciona como payasa, funciona como histérica y funciona en sus escenas normales, dramáticas y monas (que alguna también tiene). Y Mullally borda el papel de Karen, el personaje más agradecido de la serie cuya única función es adueñarse de todas las escenas donde debe abrir la boca. En su caso puedo comprender los tres premios SAG.

Pero lo que inclina la balanza hacia una opinión negativa son algunos episodios que demuestran cierta pobreza creativa por parte de los responsables. Donde se estructuran los capítulos alrededor de unas tramas completamente inverosímiles. Un ejemplo sería ‘I Never Promised You an Olive Garden’ donde los protagonistas se sienten culpables por evitar a sus amigos Rob y Ellen como si estos no hubieran despreciado su restaurante favorito y les hubieran dejado tirados. Y, si encima se le suma que los chistes se repiten una y otra vez (las caras de Karen, las entradas de Jack), Will & Grace acaba siendo una comedia bastante mediocre. Excesiva e histérica (y para muchos graciosa) pero pobre.

P.D. Podcast: Ayer hablé de los Emmy, pero hoy ya podéis escucharme en el podcast Yo Disparé a J.R. Pero no todo será la caída de Mad Men y el gran triunfo de Homeland. También comentaremos estrenos de pilotos, avances y cierres de temporadas muy variados. Podéis escuchar el programa en la barra lateral y aquí tenéis la guía:
- 0’: Presentación y la gala de los Emmys. Ganadores y perdedores.
- 26’: The Mob Doctor. Análisis del piloto.
- 37’: Downton Abbey. Arranque de la tercera temporada.
- 53’: Awkward. Balance de la segunda temporada.
- 65’: Boardwalk Empire, la serie que sigue a medias.
- 82’: PROPUESTA PARA LOS OYENTES.

martes, 31 de julio de 2012

Will y Jack

La televisión puede que no sea el medio más vanguardista a la hora de abordar ciertos temas sociales, pero sí que tiene una característica que permite que sea más influyente que ningún otro a la hora de hacer mella entre el público: se vive desde la intimidad del hogar y la asiduidad acaba provocando que la gente sienta los personajes como parte de su propia familia. Teniendo esto en cuenta, no fueron nada disparatadas las declaraciones que hizo en mayo el vicepresidente de los Estados Unidos, Joe Biden, cuando dijo que “‘Will & Grace’ hizo más para educar al público americano de lo que casi nadie haya hecho”.
Puede que ahora la televisión esté más curtida en estos asuntos con series como Modern Family y Glee pero, cuando la sitcom se estrenó en 1998, la homosexualidad no tenía tanta visibilidad o aceptación. Un año antes, Ellen DeGeneres había revelado en el show de Oprah Winfrey que era lesbiana y decidió sacar del armario también a su personaje en la serie homónima Ellen, y la jugada no le salió precisamente bien. El capítulo en sí, The Puppy Episode, pasó a la posteridad pero la sitcom se metió en el ojo del huracán. El rechazo entre los conservadores provocó que el canal ABC advirtiera en el comienzo de cada episodio que su contenido podía herir algunas sensibilidades y la audiencia empezó a bajar mientras Ellen recibía críticas por centrarse excesivamente en la homosexualidad de la protagonista en lugar del humor. La serie fue cancelada durante la siguiente temporada y Laura Dern, que interpretaba el personaje homosexual ante el que Ellen salió del armario, se pasó un año sin recibir ofertas de trabajo.
Will & Grace, por lo tanto, no las tenía todas consigo cuando presentó a sus protagonistas, un abogado homosexual y una decoradora heterosexual que compartían piso. Su planteamiento generaba bastantes dudas por la falta de una tensión sexual no resuelta y encima les llegaron críticas de polos opuestos. La derecha y los grupos religiosos denunciaban la presencia desvergonzada de protagonistas homosexuales, y por otro lado recibían quejas por los perfiles de los protagonistas, que algunos consideraban que sólo reforzaban los estereotipos. Supongo que la mayoría provenían por el retrato de Jack, el mejor amigo de Will, que era afeminado, superficial y egoísta, y que continuamente recibía burlas por parte del abogado, que a menudo se refería a él como a una mujer.
Sin embargo, una cosa era declarar a los personajes como gay salidos del armario y otra muy distinta mostrar la homosexualidad con normalidad. Como bien me han hecho ver en mi actual visionado (estoy terminando la primera temporada), la serie probó las aguas antes de meterse de lleno. En el primer borrador del piloto, Will tenía pareja, pero se decidió eliminar las escenas y al final el personaje empezó la serie soltero y, con la excusa de que acababa de salir de una relación algo traumática, tardaría mucho tiempo en tener citas. De hecho, la NBC incluso promocionaría brevemente la serie sin desvelar la homosexualidad de Will, solamente porque temían la reacción del público.
Con esto no quiero decir que Will y Grace no hiciera mucho por la visibilidad y aceptación. De no haber sido algo prudente, posiblemente no hubiera visto la luz, ni se hubiera convertido en uno de los estandartes de la noche de los jueves de NBC, el famoso Must-See-TV line-up donde también se cobijaron Friends, Frasier o Seinfeld. Y el esfuerzo dio sus frutos: ganó el Emmy a la mejor comedia en 2000, reportó galardones para sus cuatro actores protagonistas (Debra Messing, Eric McCormack, Megan Mullally y Sean Hayes) y acabó recopilando 86 nominaciones durante sus ocho años de historia. Bueno, y la convirtió en un referente sobre la homosexualidad en los anales de la televisión, como evidenció Biden.