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lunes, 22 de diciembre de 2014

Los episodios de 2014 (I)

Hay personas que se acuerdan de las citas de las series y el nombre de los capítulos pero yo no soy uno de estos afortunados individuos. Mi memoria es selectiva y a veces olvidadiza y esto se verá reflejado en esta lista de algunos de los episodios más destacados del año. No necesariamente son los mejores pero sí aquellos que más me han llamado la atención y que, cuando he querido acordarme de ellos, he podido. Y es que este año ha sido un muy, muy buen año y ahora toca prepararse para artículos y más artículos sobre lo más destacado.

‘Get the rope’ de The Knick
Es fantástico que el cable haya servido para que las series se tomen su tiempo en desarrollar las tramas. Por esto es curioso cuando una serie tirando a lenta como ‘The Knick’, ni que sea porque parecía tener un propósito más documental que narrativo, se propone ser trepidante. Los ataques racistas que recibe el hospital y el empeño del equipo médico por salvar la vida de los pacientes negros es uno de los episodios mejor engrasados del año. Ritmo, ritmo, ritmo.

‘The Wedding’ de Outlander
Es muy fácil de entender porqué este episodio está en la lista del año: jamás ha habido un episodio tan tórrido. Hemos visto sexo, hemos visto desnudos, pero ‘Outlander’ consiguió ser erótica, enamorar con cada roce y la dinámica sexual de esa noche de bodas que, como muchos medios americanos se fijaron, tenía una óptica muy femenina. Y esto, curiosamente, vino después de otro episodio casi teatral que podría haber entrado en esta lista (y que le pasaba la mano por la cara al episodio del hotel de ‘Masters of Sex’, por cierto).

‘Buridan’s Ass’ de Fargo
En Girona hace frío pero no nieva. Por lo tanto, me quedé helado y desconcertado (y maravillado) con los disparos en la nieve de ‘Fargo’. Estaba en medio de la tormenta mientras la serie de FX me decía sin disimulo que su propuesta estética estaba al mismo nivel que el cínico, divertido e inteligente guión.

‘Under pressure’ de Modern Family
Todavía no sé cómo Christopher Lloyd y Steven Levitan permitieron que la guionista Elaine Ko escribiera un episodio con un arco tan dramático. El ataque de nervios de Alex no era una coartada para rematar un gag final, simplemente nos permitía entender un personaje. Es muy, muy raro utilizar el adjetivo desgarrador para referirme a un episodio de ‘Modern Family’.

‘Dramatics, Your Honor’ de The Good Wife
No es el mejor episodio de esta serie, ni tan siquiera de esa temporada, pero hoy en día ya casi no existen las sorpresas en televisión, mucho menos una de ese calibre. Pero sólo se puede llevar a cabo con el respeto de todos los implicados, algo que parece que existe en el rodaje de ‘The Good Wife’.

‘The Last Stand’ de The Legend of Korra
Terminar una serie con una última escena tan impactante como coherente y satisfactoria tiene mérito, sobre todo cuando sirve de colofón para una última temporada muy sólida para una serie inmejorable. Sí, ‘The Legend of Korra’ despierta ahora mismo mi vena más talifán.

‘Thirsty Bird’ de Orange is the new black
Aquellos que odiaban al personaje de Piper Chapman y que pedían que la serie fuera más coral, estuvieron de enhorabuena. Aquellos como yo que pensaban que era una gran protagonista y que adoraban que la serie transmitiera cierta sensación de miedo dentro de la prisión, debieron disfrutar muchísimo con este arranque de temporada que lamentablemente fue a menos.

‘Execution’ de Revenge
Este año en el final de temporada hubo un plus de mala leche con una dinámica de “giro, giro, giro” tan loca que sólo pude levantarme y aplaudir. La escena de “te dejo un regalito bien colocado en el sofá” es uno de los momentos del año.

‘Rixty Minutes’ de Rick & Morty
Cualquier episodio de esta serie de animación podría estar en la lista. Las ideas son demasiado originales y potentes, y siempre están bien desarrolladas. Pero evidentemente me ganan con los canales de todas las realidades alternativas. Lo meta es uno de los mayores fuertes de Dan Harmon.

‘A Day’s Work’ de Mad Men
Se supone que ‘The Strategy’ encapsula a la perfección la relación y evolución de Don y Peggy como pareja laboral, pero el chiste de las rosas me gana. Es un ejemplo perfecto de como los mejores dramas suelen ser las mejores comedias (competición donde gana ‘The Good Wife’, por cierto).

Mañana, los once restantes.

domingo, 31 de agosto de 2014

El debate del más mejor

La televisión es un medio antiguo para aquellos que ni tenemos treinta años, más que nada porque la vivimos ya en su esplendor, pero su ficción es una disciplina bastante joven. Sólo hay que comparar cuántos años tienen las grandes obras de la escultura, la literatura, la pintura y el cine, con el que tiene muchas similitudes. Entonces queda claro hasta qué punto la televisión dejó hace muy poco la fase embrionaria.

Podríamos decir que no maduró hasta este nuevo milenio. Por supuesto había conciencia que las series podían ser de calidad y los ejemplos van desde ‘Yo, Claudio’ hasta ‘El prisionero’, ‘La Ley de los Angeles’ o ‘El abogado’, pero no se contemplaba el medio como una plataforma artística. Era la hermana pequeña del cine y las películas ya las pasaban suficientemente canutas para conseguir la etiqueta de séptimo arte. Pero entonces llegaron las series que tenían como objetivo ser muy buenas y que iban más allá del público (gracias, HBO) y la percepción cambió. ¿Y a qué viene este rollo? Pues que hay una obsesión por ser grandilocuentes, una de la que yo mismo participo.

Recuerdo que, cuando se estrenó ‘Los Soprano’, pasó a ser de forma automática la mejor serie de la historia de la televisión. Podía comprenderse el razonamiento porque no se parecía a nada de lo que hubiéramos visto por su temática, su dirección, su complejidad y su ausencia de tabúes. Con el tiempo hasta cobró más sentido con su influencia, que crearía escuela en HBO (¿o esa escuela la había comenzado ‘Oz’?) y la obsesión por los antihéroes. Pero la televisión fue prolífica y pronto llegaron rivales.

Pensemos, por ejemplo, en ‘The Wire’. Mientras se emitía en HBO pasó desapercibida y, cuando ya estaba terminando, se la comenzó a reivindicar gracias al mercado doméstico. De ella decían que era hasta mejor que ‘Los Soprano’. ¿Y qué pasó con ‘Mad Men’ y su maravilloso arranque? ¿Estábamos ante el mejor drama de la historia? Eso argumentaban muchos críticos mientras ‘Breaking Bad’ se cocía a fuego lento en la misma programación de AMC, llegando a la cima estos dos últimos años y suscitando otra vez el debate. ¿Era Walter White el mejor? ¿Es ‘Ozymandias’ la mejor hora de televisión que ha ofrecido la breve historia televisiva?

Hay tan poca perspectiva que al final los términos absolutos se han convertido en relativos. La crítica cinematográfica suele tener la decencia de hablar de grandes películas actuales sin sentir la necesidad de decir si son mejores o peores que ‘Ciudadano Kane’, ‘Casablanca’ o ‘Annie Hall’. Pero en televisión, como los títulos tampoco están separados por tantos años, es demasiado fácil caer en la comparación. ‘Breaking Bad’, ‘Mad Men’, ‘The Wire’ y ‘Los Soprano’ guardan muchas similitudes y uno puede dejarse llevar por el recuerdo, por el furor del visionado actual, por las escenas de impacto o la importancia de anticiparse a la moda. Según como se mire, cada semana podríamos argumentar que es una serie distinta.

Todo esto, que conste, lo digo desde un punto de vista muy concreto, el de la crítica norteamericana. Porque, como ya sabéis, aquí siempre defiendo firmemente que ‘The Good Wife’ podría ser la mejor como también lo pueden ser todas estas. ¿Por qué tiene que perder puntos una serie por ser tan televisiva, por entender que una hora puede tener un esquema (los casos) y a la vez servirse de él para desarrollar los personajes y las demás tramas? Por esto ‘The Good Wife’ podría ser la mejor, independientemente de su ausencia en los Emmy (por esta regla de tres, la mejor sería ‘El Ala Oeste’ por delante de ‘Los Soprano’).

Y, sin embargo, si me hubierais encontrado hace cinco años, hubiese argumento que ‘Friday Night Lights’ merecía este honor. Tampoco me hubiera atrevido a llevar la contraria a quien dijera que la mejor era ‘The Wire’. Así que, si alguien me pregunta cuál es la mejor serie que he visto, prefiero decir estas tres de golpe. Por suerte tienen conceptos, estilos y mentalidades distintas y compararlas, aparte de doloroso, resulta injusto.

domingo, 1 de junio de 2014

La madurez de Don y el bailoteo de Bert

Un número musical para despedir la media temporada de ‘Mad Men’. Hablemos de ello porque fue una forma de darle un toque especial a esta decisión de AMC de dividir la séptima temporada en dos partes por razones estrictamente comerciales (imagen de cadena, más tiempo para buscar un relevo, más presencia en los premios). Pero lo industrial no quita lo creativo. El universo de ‘Mad Men’ es realista pero después de tantos años se puede permitir un momento de locura elegante, una pequeña digresión de tono, casi como si se tratase de una escena oculta tras los créditos.

El número, como podéis imaginar, contiene detalles importantes de la trama de ‘Mad Men’, así que puedes dejar de leer si todavía no has visto la despedida temporal de Don Draper.

Robert Morse puede que ya no tenga el físico para marcarse un número ambicioso, pero fue un detalle simpático hacia el personaje de Bert Cooper y hacia el propio actor, que tuvo una prolífica carrera en Broadway. Recordó hasta cierto punto a la película ‘Todos dicen I love you’ de Woody Allen, en el sentido que se nota que es una aproximación humilde al género pero hecha desde la más profunda admiración. Algo sencillo pero efectivo, aunque el Zou Bisou Bisou de Megan siempre estará en la cima de los momentos musicales de la serie. Allí Jessica Paré robó el inicio de la quinta temporada de ‘Mad Men’ y monopolizó los contenidos de los blogs televisivos durante un par de semanas.


 
‘The best things in life are free’ sirvió también para despedir con una nota positiva la temporada. Parecía que ‘Mad Men’ querría llevar a Don al abismo para sus últimos episodios y resulta que los utilizarán para traer algún tipo de paz espiritual al personaje. Él es egoísta, un mal padre y un mal marido y puede que sus mejores días como gurú creativo ya hayan pasado, pero demostró haber crecido. Su forma de terminar la relación con Megan (“te ayudaré”) o de permitir que Peggy se luzca fueron una buena prueba de ello. ¿Será capaz de seguir por esta senda y asumir que sus mayores éxitos y alegrías ya deben provenir de sus hijos, ya sean los biológicos o los laborales (Peggy)?

El episodio, además, fue especialmente emotivo. La muerte de Bert, la realización de Peggy, la madurez de Don, la tranquilidad de todos ellos viendo el aterrizaje en la luna... fue una bonita estampa. Sólo cambiándole un par de escenas podría haber servido como un final definitivo, por lo menos en cuanto al estatus de cada personaje. ¿Así que qué le queda para explicar a Matthew Weiner? ¿No está Don ya al final de su viaje y toca ver hasta qué punto puede llegar Peggy? Al fin y al cabo, resulta interesante el momento en el que Pete la defiende y dice que es “mejor que cualquier otra mujer”. ¿Veremos a alguien asumir que también es mejor que cualquier hombre?

Elizabeth Moss al final no pudo quejarse. Peggy tuvo una presentación bastante frustrante al principio de la temporada, convirtiéndola en una solterona amargada, pero Weiner rectificó a tiempo y permitió que la viéramos otra vez como la mujer ambiciosa y profesional de siempre. No pasaría nada, tampoco, si emplearan los últimos episodios en buscarle un marido, que está claro que esta mujer necesita sexo. Pero la actriz es quien tiene el mejor personaje femenino de la serie, sobre todo porque el guionista es el único por el que se preocupa.

¿Qué ha sido de Joan esta temporada? Ha estado desaparecida y la trajeron sólo para hacer frente contra Don sin venir mucho a cuento (o demostrando que quizá deberían haberle dedicado más minutos). ¿Qué pasó con Megan, que era otra? Weiner le cambió la personalidad cuando pasó de secretaria a publicitaria y esta vez la moldeó otra vez a su antojo, convirtiéndola en una histérica que había dejado atrás toda su inteligencia emocional. Suerte que su adiós a Don tuvo clase y que Jessica Paré tiene encanto en la piel de Megan. ¿Y, finalmente, qué pasa con Betty? Pues nada, que sabe italiano. Mantener a January Jones en el reparto para esto, me parece un desperdicio cuando podrían tenerla fuera de la serie y literalmente contratarla para un sólo episodio o directamente darle el estatus de la mujer de Roger Sterling (extra con frase).

Puede que los momentos brillantes de estos tres personajes puedan engañar a unos cuantos espectadores y hagan creer que ‘Mad Men’ también es ‘Mad Women’, pero la realidad es que a Weiner sólo le interesan los hombres y Peggy. Esto no cambia el hecho que estos episodios han sido sólidos, elegantes como siempre y que también demuestran que, cuando quieren quemar trama y alimentan el ritmo, todavía les sale una serie mejor. Pero también reconozcamos que los movimientos en los despachos fueron bastante menos estimulantes que los de ‘The Good Wife’ en otoño.

Puede que en su momento se pudiera argumentar que Alicia Florrick fue detrás de Don Draper, que hizo una revolución y se emancipó de su empresa antes que ella, pero ahora los King le han ganado la partida a Weiner. Para empezar, la tensión de ‘Hitting the fan’ es probablemente uno de los mejores episodios del año (por no decir el mejor) y, si echamos la vista atrás, tuvo muchas más consecuencias que la primera marcha de Don, Roger y Bert. Ahora sólo falta que ‘The Good Wife’ imite ‘Mad Men’ en el aspecto musical y aproveche las voces y el ritmo de Alan Cumming, Nathan Lane y Christine Baranski. Y lo mejoren, que sabemos que es posible.

lunes, 19 de mayo de 2014

¿Qué pasa con Betty?

Definitivamente, dividir la última temporada de ‘Mad Men’ en dos partes no habrá sido una suerte. ¿Por qué razón? Pues porque, como podíamos sospechar, no es una serie que se preste. Los personajes avanzan y tienen conflictos personales y laborales, como por ejemplo Don Draper que está re-introduciéndose en la empresa y ganándose la confianza y el respeto de sus compañeros, pero no se está llegando a ningún punto de tensión como sí tienen otras series.

Esto no es ninguna crítica a la ficción pero tiene que ver con las tácticas del canal y en el fondo es una lástima. ‘Mad Men’, por más que a veces se salga del molde y ofrezca episodios explosivos (en comparación con los demás episodios, que Matthew Weiner no es Shonda Rhimes, ni Vince Gilligan, ni Kurt Sutter), es una serie con una cadencia muy concreta. No sucede nada muy explícito pero sí sucede de todo, se exploran las inercias en la agencia de comunicación y se dejan entrever detalles de las vidas privadas de los protagonistas. Y, en este aspecto, dejar un año entre los primeros siete episodios y los últimos se antoja como algo innecesario. Como espectadores no tenemos que prepararnos para nada, no necesitamos un respiro para asumir lo que se nos viene encima.

De momento, además, esta temporada está siendo notable. Comenzó con un primer episodio bastante flojo, donde se trataron temas y situaciones que hemos visto antes (me refiero a Don con Neve Campbell en el avión), pero luego arrancó con el segundo, donde los diálogos tenían más gracia y Weiner abordó la serie con un tono cómico fantástico (Peggy, Shirley y las flores). Los dramas, cuando son muy buenos, a veces también pueden ser grandes comedias. ‘The Good Wife’ es otro caso que lo ejemplifica a la perfección.

La única duda que tengo al respecto de esta última temporada es el personaje de Betty Draper. De Don siempre se dijo que si el guionista era piadoso con él era porque ya le haría caer por el abismo como daban a entender los títulos de crédito. Pero este proceso de caída ya lo hemos visto y ahora ya nos encontramos ante un Don que se está alzando y que se ha propuesto erigirse otra vez como el genio de la publicidad. El antihéroe se está redimiendo y, en comparación, Betty es una bruja.

La discusión que tuvo con su hijo fue espléndida. Era su pasivo-agresividad a la máxima potencia, lo que siempre me recuerda que podría ser la madre de Bree Van de Kamp. Pero resulta un tanto frustrante como espectador encontrarme siempre con el mismo conflicto. Mientras todos los personajes más o menos avanzan (incluso Roger está expiándose como figura paterna), ella está estancada. ¿Podría ser que a Weiner no le interesara tanto como otros personajes, como he oído decir a algunos críticos americanos? Pues no lo creo, por lo menos del todo. No hay ninguna necesidad de mantener a January Jones en el reparto, su personaje no puede estar más desconectado, pero le gusta recuperarlo de vez en cuando.

Y, además, está el factor temporal. Betty Draper tiene todas las razones del mundo para ser como es. Don la rompió y pruebas hay más que suficientes durante las siete temporadas. Esto no la disculpa como madre pero sí da una explicación y me ayuda a entenderla como espectador. Pero hace tanto tiempo que nos contaron el porqué que su retrato se antoja desigual. Ella no es Don pero tampoco estaría mal que nos recordaran porqué es como es o si tiene alguna posibilidad de mejorar como persona. Hay quienes se fascinan con Don, otros que les fascinan las curvas de Joan y yo, qué queréis que os diga, estoy obsesionado con Betty Draper. Donde haya una mujer desesperada, que se aparten los demás.


P.D.Podcast: La semana pasada no pudimos grabar por culpa de problemas técnicos, pero esta vez ni el fantasma de Bobby Ewing hubiese podido impedirlo. Aquí tenéis el menú del último programa de Yo disparé a J.R:
- 0’: Introducción.
- 3’: ‘24: Live Another Day’.
- 22’: El piloto de ‘Penny Dreadful’.
- 37’: El final de temporada de ‘Agents of SHIELD’.
- 54’: El final de temporada de ‘Arrow’.
- 73’: El final de temporada de ‘Revenge’ con Juan Luis Sanguino.


 

miércoles, 16 de abril de 2014

La diferencia entre fenómeno y nicho

A AMC le salió redondo cuando dividió la última temporada de ‘Breaking Bad’ en dos. Permitió que la serie compitiera en dos entregas de premios distintas (los Emmy este año deberán decidir si vuelven a premiar unos episodios que en realidad ya vieron antes de la gala de septiembre pero que no competían) y los últimos ocho capítulos, al ser tan poco, se vendieron muy bien como un fenómeno. Hubo expectación y mucho ruido con todos ellos y la que había sido una serie minoritaria hasta entonces se convirtió en masiva: la virtud de algunas series de cable, que en lugar de desgastarse añaden audiencia cada año (le ocurrió a Walter White, ahora le sucede a ‘Juego de Tronos’ y ‘Sons of Anarchy’ también ha sido ascendente durante sus seis temporadas).

Ahora el canal ha intentado repetir el mismo plan con otra serie. Al no tener relevo en el terreno crítico (‘The Walking Dead’ juega en otra liga), ha dividido la séptima temporada de ‘Mad Men’ en dos para asegurarse presencia en las entregas de premios de 2015 y ver si tanto hablar de la condición de “última temporada” permitiría repetir un fenómeno parecido al de ‘Breaking Bad’. Al fin y al cabo, ‘Mad Men’ precedió a ‘Breaking Bad’ en cuanto a repercusión mediática y de prestigio, y no era descabellado que la serie más premiada de la última década se despidiera por todo lo alto. Sin embargo, parece que no será así y no existe nada más insípido que comprobar con qué números volvió el pasado domingo: 2,3 millones, uno menos que el año pasado.

Las audiencias no sirven de indicador de la calidad de una obra, esta es una realidad que asumimos hace tiempo, pero sí que son útiles para contemplar hasta qué punto una serie es relevante. De ‘Mad Men’, por lo tanto, se puede deducir que es un drama muy influyente, de prestigio y que obsesiona a la crítica, ni que sea por todos los premios que consigue. Pero curiosamente jamás ha conseguido calar de verdad en la cultura popular como, por ejemplo, sí consiguió Walter White. Ahora parece que pertenecen a mundos opuestos y que es evidente que la serie de Vince Gilligan podía abarcar un público más amplio, pero no olvidemos que era la hermana ninguneada de Don Draper cuando arrancó. Fue el boca-oreja lo que permitió que llegase donde llegó, algo que cinco Emmys consecutivos y dos mil reportajes estilosos de Jon Hamm, January Jones y Christina Hendricks no consiguieron para ‘Mad Men’.

Esto no significa que cuando termine ‘Mad Men’ vaya a pertenecer a un eslabón y Walter White vaya a estar por encima señalándole con el dedo y riéndose. Pero es otra muestra que crítica y público no siempre se ponen de acuerdo, que a veces van por lados distintos y otras al unísono. En comparación, ‘The Good Wife’ consigue casi diez millones de espectadores todas las semanas y nadie habla de ello porque está en un canal con más audiencia, y ‘The Wire’ no existió hasta que desapareció de la programación. Cada una sigue su ritmo, sí, pero ninguna ha tenido más posibilidades que ‘Mad Men’ para convertirse en un fenómeno más allá de las influencias en las modas y demás series (‘Pan Am’ no hubiera existido, por ejemplo). Pero no, no caló entre el gran público como sí lo hizo su precursora en los premios y crítica, ‘Los Soprano’.

Y, termine como termine la historia de Don Draper, cuesta creer que tendrá tanta relevancia como el polémico minuto de Tony Soprano en el restaurante con su familia. Mientras que en ningún momento se ha considerado que ‘Mad Men’ haya perdido calidad, sí que da la impresión de estar de capa-caída, como si hubiera perdido el factor interesante cuando fue derrotada en los Emmy. Y es más, y tanto que lo es. Pero no es el fenómeno rompe-barreras que sí han sido otras series de televisión, ya sean mejores o peores. Se ha quedado en una obra muy de nicho.

jueves, 5 de septiembre de 2013

La audiencia y la mujer

El fenómeno ‘Breaking Bad’ es alucinante. La progresión que ha presentado estas últimas temporadas prácticamente no tienen referente. Existe, por supuesto, el caso ‘True Blood’, ‘Juego de Tronos’ y otros ejemplos del cable. Series que se cocieron poco a poco a medida que funcionaba el boca oreja. Pero es curioso que un título que promedió alrededor de dos millones de espectadores durante sus cinco años de emisión, ahora de golpe congregase casi seis para el final de temporada- con el dato curioso que su audiencia se fue rejuveneciendo a medida que avanzaban las temporadas.

Ya no era la compañera de ‘Mad Men’ en AMC, una serie para hombres mayores de bien. ‘Breaking Bad’ fue una serie que habló a los jóvenes, que imaginaron que Walter White podía ser su padre y que se divertían con la desesperación y los errores de Jesse. Que habían crecido con Quentin Tarantino y podían apreciar los diálogos de Gus y los sorprendentes momentos de violencia. Por no hablar de las elecciones fotográficas y musicales curiosas y la capacidad que ha tenido para ser viral y social. Vivo en Girona y en la rambla más transitada hay una tienda que vende camisetas con la cara de Heisenberg o con anuncios de ‘Call Saul’. Ver para creer.

Este subidón de audiencia, que podía preverse hasta cierto punto gracias a los aumentos que tenía cada nueva temporada, demuestran que es un auténtico fenómeno y que realmente ha tocado de cerca de los aficionados a la televisión. Si la comparásemos con ‘Mad Men’, por ejemplo, Don Draper palidecería. Jamás llegó a conectar con el público masivo, ni tan siquiera con el adecuado (‘Breaking Bad’, en el fondo, tampoco se creó para tener audiencias de quince millones). Tuvo momentum en cuanto a presencia en los Emmys y fue influyente en cuanto al modelo de hombre, pero allí se quedó. Cuando se vaya, dudo que triplique su audiencia.

Si tuviera que hacerlo, ya lo hubiéramos notado este año en el que se ha emitido su penúltima temporada. No fue el caso. Entonces, señal que no transmite la sensación que “hay que verla” como sí está haciendo ‘Breaking Bad’, que incluso atrae a aquellos que jamás habían visto un solo episodio en la emisión en directo.

Pero la otra cosa que está dando que hablar es la carta de Anna Gunn donde explicó el placer que había sido interpretar a Skyler White pero lo poco gratificante que era encontrarse con un increíble rechazo por parte del público, que hasta la juzgaban a ella como mujer y que se referían al personaje como si fuese una zorra sin igual. Hasta se comparaba con Betty Draper y Carmela Soprano, dos mujeres que tienen defectos pero que jamás podrán equipararse a sus maridos (mafiosos o infieles y sobre todo desconsiderados). Ella misma comentaba que era como si molestase que una mujer pudiera corregir a un hombre o enfrentarse a él. Es cierto. Les tocaba la moral que Skyler reprobara las acciones de Walter (como tenía que hacer) y ahora les irrita que se atreva a tratarle de igual a igual, como si no tuviese el mismo derecho. La defiendo.

Eso sí, el creador Vince Gilligan también tiene algo de culpa. Él culpó a los críticos con Skyler en la Comic-Con y les describió como machistas, pero él también cayó en el recurso fácil de darle algunas pinceladas antipáticas al principio para que los espectadores sintieran simpatía por Mr White. La paja como regalo de cumpleaños y el aburrimiento de la mujer en casa mientras él trabaja como un loco para sacar la familia a flote eran detalles que contribuían a que nos posicionáramos con él, de la misma forma que Matthew Weiner hizo lo mismo en ‘Mad Men’ y pintó a Betty como una loca sin alma para así justificar que Don se fuera con otras. Pero después llega la hora de la verdad y ellas siempre serán mejores personas que ellos. Ni tan siquiera los burdos intentos de demonizarlas por parte de los creadores pueden enturbiar la idea de que son mujeres fuertes que han tenido que cargar con demasiadas faltas de respeto.

Recordemos a Walter tratando a Skyler de loca por el tema del móvil o a Don llamando al psiquiatra de Betty para saber en qué punto estaba su mujer, traicionando el médico el secreto profesional y la intimidad de ella. Desde mi punto de vista, estos detalles siempre han demostrado que estaban por encima de ellos. Pero se trata de una óptica personal y, en mi opinión, hay demasiada gente dispuesta a posicionarse del lado del hombre de la casa.

jueves, 11 de julio de 2013

Sharon, Bob y otros apuntes de la sexta temporada de 'Mad Men'

La caída de Don Draper podía ser una buena noticia y resultarme muy placentera, pero el final de temporada de ‘Mad Men’ daba para comentar un par de apuntes más y me olvidé de hablar sobre ello. La mayoría orquestados por el propio Matthew Weiner, que sabe muy bien qué detalles causarán más sensación entre la crítica y que causaron mucho furar durante la emisión de la temporada. ¿Pero estuvieron a la altura la camiseta de Sharon Tate y Bob Benson? Mejor vayamos por partes.

La teoría de la violencia

Referencias al clima violento de finales de los sesenta, ese robo de la abuela de Don, se oían sirenas por las calles de Manhattan, Peggy tuvo un ‘altercado doméstico’ y Megan Draper vistió la polémica camiseta que también llevó la mujer de Roman Polanski en una sesión de fotos antes de morir brutalmente asesinada. Todo parecía pronosticar el asesinato de alguien y, por culpa de la camiseta, creía que sería Megan hasta que Weiner avanzó que no moriría por lo menos esta temporada. ¿Quién fue la víctima? La madre de Pete Campbell, a quien su amante homosexual cubano tiró por la borda.

Esta resolución resultó algo anticlimática. Hay que reconocer que tenía su gracia y sirvió para ver el monstruo que es Pete, que ni tan siquiera se inmuta ante el asesinato de su propia madre, pero puede que las expectativas le jugaran una mala pasada al responsable de ‘Mad Men’. Si dejas pistas por todas partes, mejor planea algo impactante. Puede que así tomara el pelo a la crítica y a él le resultara muy gracioso, pero debería haber estado a la altura.

Bob Benson



Todavía no sé cuál es su tendencia sexual pero él era un interrogante que tampoco tuvo una respuesta contundente. El señor risitas, el señor que sabía distintos papeles dependiendo de quien tenía delante y el señor que tenía una identidad falsa. Esta vez (también) sirvió para sacar a Pete de sus casillas (¿era esta su temporada?) pero no pasó de la mera anécdota. No hacía falta que fuera el hijo de Peggy proveniente del futuro, como decían algunos locos, pero no hubiera estado mal que fuera un topo. ¿Puede que lo sea y Weiner se lo haya reservado para la próxima temporada? ¿Habrá dejado también el asesinato de Megan para más adelante? Sea como sea, no hubiera estado mal que nos concretaran qué relación tiene con Joan, ni que fuera para tener más minutos en pantalla a la pelirroja explosiva. En los últimos episodios fue solamente un mueble bar muy voluminoso.

Donna

Sabemos que Peggy es la nueva Don desde que el mujeriego prefirió ascenderla que llevársela a la cama. Pero esta temporada ha sido muy interesante por una razón: ella dejó el empleo en Sterling & Cooper para poder crecer y de repente se dio contra un muro cuando las empresas se fusionaron. A primeras creí que era un error, que hubiera sido más entretenido verla en su nuevo ambiente para que pudiese formarse, pero resultó más estimulante la confrontación. Ya no es la súbdita de antaño que tenía algún pronto pero miraba a su jefe con admiración, ahora en su mente le trata de igual a igual y no aguanta tantas tonterías. Gracias, Peggy, por abrir los ojos.

La educación de Sally



Betty y Sally fumándose un cigarrillo es una escena digna de enmarcar y otro punto y seguido en la pérdida de la inocencia de ella, que ya es tratada casi como una mujer y que bien se lo merece. Cometerá muchos más errores, pero cuando te encuentras a tu padre in fraganti con la vecina (un año después de ver a la madre de su madrastra entre las piernas de Roger Sterling), ya nadie te puede vender la moto. Y Kiernan Schipka, por cierto, aguanta bien el tipo.

Un par de preguntas

¿Por qué Weiner incluyó a Dawn si después la cuestión racial cayó en saco roto? ¿Y por qué se negó a despedir a dos actores en su renegociación de contrato cuando tiene a gente como John Slattery sin hacer nada?

El balance

Positivo. El señor Weiner tiende a hacernos creer que su serie está agotada y de repente nos aparece con arcos interesantes y evoluciones que no esperábamos. Esto no quita que tuviese algún episodio bastante aburrido y que los flashes y momentos oníricos demuestren hasta qué punto la dirección de esta serie deja que desear. Suerte de un final de temporada trepidante (para ser 'Mad Men') que nos hizo olvidar los peores momentos y unas especulaciones por parte de los medios yanquis que hicieron el visionado mucho más disparatado. Y, si la séptima es la última temporada, quiero un spin-off de Betty Draper en esos pisos abandonados para artistas que no se duchan. Una temporada de trece episodios en tiempo real o algo por el estilo. A ver si Matthew pica el anzuelo.

miércoles, 26 de junio de 2013

"Going down?"

Para todos aquellos que detestaron a Don Draper desde que descubrieron que le metía los cuernos a su mujer-trofeo con cualquiera. Para todos aquellos que le menospreciaron por pagar al psiquiatra de Betty para que le chivase después todas sus inseguridades. Para los que opinaron desde el primer instante que era un mal padre y que odiaban que todos sus compañeros de trabajo les pasaran sus arrebatos de chulería porque era un visionario de la publicidad. Para los que no se dejaron engañar por su elegancia a la hora de fumarse cigarrillos y vestir los trajes. A todos ellos: ¡Descorchemos la botella de cava! Porque, por fin, el señor Draper se la ha metido.

Podéis imaginar, por lo tanto, que habrá detalles de la sexta temporada de 'Mad Men'.

La sexta temporada de ‘Mad Men’, si será recordada por algo, será por esto. El presagio de los títulos de crédito, esa silueta sin identidad que caía al vacío, se ha hecho realidad y el publicista ha visto como progresivamente perdía sus dones. Desde que fue de viaje a Hawai hemos visto como las pasaba canutas. Como pasaba de salirse siempre con la suya a perder el toque que le hacía destacar entre la multitud. Sudó más que de costumbre, una conquista se le escapó de las manos cuando todavía no quería tirar el juguete, Betty le juzgó (y no al revés), su hija Sally vio el monstruo que era y encima en la agencia de Sterling and Cooper y asociados le llamaron la atención. Fue la gota que colmó el vaso y que destrozó el único pilar en la vida de Don que parecía inquebrantable porque hasta entonces, si bien el espectador podía saber qué clase de hombre era, el universo le adoraba.

Este descenso de Don (chapeau por el “¿going down?” cuando coge el ascensor en el último episodio), sin embargo, también rompió mis esquemas con respecto a la serie. Matthew Weiner estuvo enamorado del personaje durante demasiado tiempo y siempre pensé que las acciones del personaje y el retrato que le daba no casaban. Era muy benevolente como guionista, pues lejos de retratarle como un ser despreciable le ponía en un altar con sus esmóquines y copas de whisky. Pero en esta última temporada le quitó los soportes y le dejó estrangulándose. Y ‘Mad Men’, de esta forma, ha podido dar un paso adelante que era muy necesario si quería seguir avanzando. Porque el pasado de Don en un burdel, cuando todavía era Dick Whitman, no da para tanto ni sirve a estas alturas para justificarle.

Ahora la pregunta es qué planes tiene su responsable de cara a la séptima y probablemente última temporada. Hay dos opciones: darle una redención o dejar que se estampe contra el suelo. Obviamente, me decanto por la segunda. Hay antihéroes en televisión que, si bien operan al otro bando de la ley, resultan menos deplorables que este hombre. Porque él no comete sus faltas por necesidad, sino porque le da placer estar en control. Pero habrá que ver si Weiner tiene agallas y se sobrepone al amor platónico que siente por él. El golpe de atención ha sido divertido, pero verle hundido de forma definitiva sería todavía más placentero.

P.D.Podcast: De Don Draper también hablamos en ‘Yo Disparé a J.R.’, además del final de temporada de ‘Hannibal’ y unos cuantos estrenos veraniegos. Aquí tenéis la guía del programa:
- 0’: Presentación.
- 2’: ‘Save Me’, la serie de Anne Heche.
- 11’: ‘The Fosters’. La produjo Jennifer Lopez. ¿Importa?
- 20’: ‘Mistresses’, el remake americano de la serie británica.
- 31’: ‘Dates’, un experimento Made in UK.
- 41’: ‘Hannibal’, balance de temporada.
- 62’: ‘Mad Men’ y la bajada de Don a los infiernos.

jueves, 30 de mayo de 2013

El spin-off de Peggy, la caída de Don y una teoría muy loca

Elizabeth Moss, piensa con la cabeza. No te presentes otra vez en los Emmy a actriz protagonista por ‘Mad Men’ y vete a competir con Christina Hendricks por la estatuilla de secundaria. Si a ella no se lo dieron por ‘The Other Woman’ significa que no está hecha para estos premios y tú tienes muchas opciones si mandas ‘The Better Half’. Tu trama es muy divertida, tiene un grandísimo clímax y tu última escena es tan graciosa como triste. Es un episodio perfecto para mandar a secundaria. Y yo, de mientras, imaginaré que Matthew Weiner está planeando una sitcom de Peggy en ese vecindario. Si es tan bueno como creador televisivo, que lo demuestre con otro registro. ¡Por favor!

Este último capítulo también demostró hasta qué punto ‘The Crash’ no tuvo una buena acogida. Silencio durante demasiados días y, cuando llega algo bueno, la gente sale a los balcones para predicar lo buena que es ‘Mad Men’. Si no se dice nada de ‘Mad Men’ es porque no hay nada positivo que decir y el público y la crítica esperan a que ofrezca algo interesante, para no parecer que no entienden la genialidad de Weiner. Pero es que ‘The Crash’ fue un mal episodio.

Quería imitar los episodios psicotrópicos de temporadas pasadas y se quedó en algo desalmado y sin garra. Y la culpa fue en gran parte de la dirección. Es una serie tan de guión y la visión de su creador la ahoga tanto, que nadie se atreve a filmar atmósferas más atractivas. Recordemos ese ataque al corazón de la season premiere, muy mal rodado, o la escena onírica del año pasado, o simplemente las locuras de ‘The Crash’ o la abuela de Bobby y Sally buscando el reloj de oro. Cero inquietud en la dirección, un episodio mal ejecutado.

Por suerte, ‘The Better Half’ permite olvidarse del experimento fallido. Un solo diálogo entre Don y Betty fue razón suficiente (lo de Peggy fue un plus). Es muy estimulante comprobar cómo se han intercambiado los papeles, como ahora es Betty quien comprende a Don a la perfección y hasta le compadece, y como él está más perdido de lo que podíamos creer. Eso sí, que no nos la intenten colar. Que creciera en un prostíbulo no excusa la basura de persona que es hoy en día con todo el mundo. Su único problema es que es un egocéntrico, un ególatra y un machista y sus dones cada vez tienen menos efectividad. Ya no tiene el mismo magnetismo con las mujeres y en la agencia no es tan imprescindible como le gustaría. Y, mientras tanto, hace sufrir a la pobre Megan, se mete con Peggy y pasa olímpicamente de sus hijos.

Él no es una víctima. Él es un villano y no habrá coartada que sirva.

Y ahora, a modo de punto y aparte, una teoría loca que corre por los blogs estadounidenses y que tiene mucha miga (y que sólo puede considerarse spoiler si acaba sucediendo porque son tribulaciones de algunos espectadores). Como Megan Draper vistió el otro día una camiseta que también llevó Sharon Tate en los sesenta, hay quienes predicen que será asesinada cualquier día de estos. Que la violencia en el vecindario de Peggy y esa ladrona que se coló en casa de los Draper apuntan hacia esta dirección, que cada vez hay más crimen y ella será la víctima. Eso sí, nadie cree que vaya a aparecer Charles Manson ni nadie de su séquito. Y todo por una camiseta, porque es ‘Mad Men’ y cuesta creer que se eligió ese vestuario de forma casual. Ay, Megan...

viernes, 17 de mayo de 2013

Don Draper ya no es intocable

‘Mad Men’ hace tiempo que no reside sola en el Olimpo. Cuando la echaron de su trono en los Emmy, pareció que algo había cambiado. Ya no era intocable y esa aura mítica que había sabido conservar durante tantos años (para llegar a extremos algo locos con la quinta temporada que tardó tanto en estrenarse y se esperó como la segunda venida de Cristo) estaba empezando a vaporizarse. Y está siendo divertido ver cómo a Don Draper le están lloviendo palos.

Puede que sea un personaje y que sea la intención de Matthew Weiner empezar a dejarle en evidencia (¿acaso no es casualidad que en el primer episodio de la temporada lea 'Inferno'?). Don está cansado y su trato con las mujeres, que muchos habían excusado (y envidiado), está siendo especialmente lamentable. Que conste que me pregunto dónde estaban estas voces cuando pagaba al psiquiatra de Betty para que le chivase sus traumas y poder tenerla todavía más controlada (mientras se tiraba a cualquier chica que le pasara por delante).

Pero algunas de estas críticas se centran también en cómo su caída (esa que se lleva presagiando desde hace un lustro gracias a los títulos de crédito) está siendo aburrida. Que las escenas de Don son pesadas, repetitivas y poco entretenidas y que, en el fondo, es el mismo carcamal de siempre sólo que Weiner ha cambiado la lámpara con la que le enfocaba (está más sudoroso, sí, pero en esencia es el mismo ser despreciable del piloto).

En esta línea van varias líneas argumentales. Por un lado, vemos como maltrata a Megan y prueba que si Betty acabó como una regadera fue culpa suya. Él coge chicas interesantes, las intenta domar y, cuando se aburre, juega psicológicamente con ellas (y puede que haya algunos espoilers). Es especialmente reprobable, por ejemplo, que le eche en cara a Megan el beso que da un actor por cuestión de trabajo, y que él finja ser un ser superior cuando se la pega (por capricho) con la vecina. Una vecina que, por cierto, el único interés que tiene es que es amante y que parece quererse poco a sí misma. Puede que Matthew Weiner se crea (y verdaderamente sea) un intelectual, pero la escena en el hotel está claramente inspirada en el best-seller ’50 sombras de Grey’. Los juegos eróticos siempre han existido pero esa escena de dominación es muy propia de Christian Grey (aunque sin cachetes ni cuarto rojo del dolor).

Por esto, cuando Joan le pega la bronca por no poder aguantar con el directivo de Jaguar (el momento más 'you go, girl!' de la serie, más de uno debió aplaudir en el sofá de su casa. Ha llegado la hora de poner al publicitario en su sitio y sus propios socios de la agencia entienden que no puede ir por libre como si nadie estuviera por encima de él. Él pudo ser el mayor activo para sacar a flote la nueva agencia pero también puede ser quien la lleve a la bancarrota, como siga creyéndose el intocable en un sector que empieza a escapársele de las manos. Cada vez está más claro que Peggy es el futuro y él cada vez tiene menos tacto a la hora de vender sus ideas a las empresas.

Y aquí también quería ir a parar. La súbita fusión de Sterling Cooper Draper and Pryce con la agencia rival me tiene algo desconcertado. ¿No hubiera sido más interesante ver a Peggy durante algo más de tiempo fuera del dominio de Don? Igualmente, da la impresión que los tiros irán justamente por aquí y que Peggy ya no se siente en deuda con nadie. Y ella, Joan y Pete Campbell están haciendo que la sexta temporada sea más entretenida de lo habitual, ni que sea porque Campbell es un gafe. Él es exactamente como Don Draper pero, como no es guapo, tiene tendencia a que le salgan los tiros por la culata. Pobre Vincent Kartheiser: entre su incipiente calvicie y la caída por las escaleras, está siendo el hazmereir de las redes sociales.

miércoles, 10 de abril de 2013

Las ojeras de Don y Jon

Mad Men ha vuelto y por una puerta de tamaño estándar. Nada a lo grande porque no había esa desmedida expectación de la quinta temporada, cuando llevaban una eternidad fuera de antena. La crítica entonces estaba ansiosa y esta vez solamente querían propagar a los cuatro vientos que Matthew Weiner es una persona antipática. ¿Cómo se le ocurre mandar el episodio a los periodistas juntamente con una guía sobre lo que podían mencionar? Más que nada porque el margen de maniobra era absurdo y no acabaron por no comentar nada. Ni tan siquiera que el episodio arrancaba en Hawaii, algo que ya se sabía porque habían salido a la luz imágenes del rodaje. Como si Mad Men fuese El Sexto Sentido y la filtración de un detalle pudiese arruinar el visionado entero. No es el caso (excepto contadas ocasiones) y de esta forma el responsable sólo hace que ganarse enemigos. Y yo, amigos, me siento incapaz de hablar del episodio sin desvelar en qué punto están los personajes principales.


A Don, por ejemplo, se le ve cansado. Jon Hamm, que lleva toda su carrera aparentando cuarenta años (vamos, desde que empezó la serie), está más viejo que nunca y con un carisma más impostado del habitual. Habrá quienes defiendan que se trata del personaje, desesperado por seguir siendo un triunfador cuando puede que ya sea un dinosaurio, pero hubo algunas miradas muy desacertadas. Por más que Don esté en horas bajas, no hace falta que prácticamente cierre los ojos para hacerse el interesante (y sin estar borracho). ¿Estamos, por fin, ante el declive definitivo de Draper? Y ya puestos, ¿será también el de Hamm, ese actor que jamás se ha llevado un Emmy y puede que por alguna razón? Sea como sea, quiero verle fracasar. A Don, digo. Tanta condescendencia no puede seguir sin un castigo divino, sobre todo cuando finge evolucionar y ya está rabiando ante el éxito de Megan (aléjate, querida, huye muy lejos).

El que sí vivió días mejores es Roger Sterling. Cada vez que aparece en Mad Men, hay que preguntarse porqué Matthew Weiner le mantuvo en nómina cuando el personaje no tiene nada más que aportar y el canal que le está haciendo rico le pidió que redujera el reparto. Por suerte para John Slattery (probablemente el mejor actor del elenco), le saca jugo en esta doble season premiere. Es el alivio cómico y, bien empleado, aporta una nota de humor en el capítulo (otras veces, en cambio, es un extra con frase sudada). La resolución de su trama, sin embargo, no está a la altura. La hemos visto demasiadas veces y en Anatomía de Grey aproximadamente veintidós. Podría haber realizado el mismo viaje pero sin utilizar las mismas armas que cualquier guionista de Hollywood, sobre todo cuando se cree por encima de todos ellos (Shonda Rhimes incluida).

Peggy, de mientras, tiene su spin-off. Ella es la nueva Don para lo bueno (su talento innato por la publicidad) y para lo malo (sólo piensa en ella misma). La única razón por la que no tiene una familia (que ignorar) es porque tendría que parirla. Y, la verdad, espero que no la tenga. Después de la jugarreta gratuita que nos hizo Weiner con el primer retoño (que nos dio a entender que cuidaba su madre y había sido dado en adopción), entraríamos en un estado de paranoia máximo. ¿Existe? ¿No existe? No, no, mejor no.


Y otra que vive en su propio mundo es Betty Francis. Todavía sufriendo sobrepeso y algo más estable de lo habitual (hasta que vemos el twist final, casi damonlindelofiano). Incluso parece sentir cariño cuando le suelta los comentarios más inapropiados que han salido jamás de su boca (Betty la chula). Lo gracioso, sin embargo, es ver cómo está más cómoda rodeada de extraños que no encajan en el esquema de su vida que con su propia familia. La escena de los pisos probablemente sea mi favorita (bueno, las escenas de Betty siempre lo son) y, si Jon Hamm es buen actor porque su personaje tiene el mismo falso carisma, entonces January Jones es la mejor actriz viva.

A favor, por lo tanto, la evolución consecuente de todos sus personajes y unas escenas muy bien escritas (las de Roger por divertidas, las de Megan por lo que dejaban entrever de Don, las de Betty por locas y las de Peggy porque eran casi procedimentales). Y todo con mucha clase, como siempre hace el señor Weiner.

En contra, no obstante, hay unos cuantos detalles. Jon Hamm, por ejemplo. También un montaje bochornoso en la escena de la portería (a la altura de los momentos oníricos de Don Draper). Y odio la obsesión del autor por fingir darle un significado a todas las miradas del protagonista. Lo pillamos, Matthew. Lo hemos pillado desde la primera temporada. Y el vacío existencial de Don no excusa el pésimo ser humano que es (aunque tú creas que sí).

¿Conclusión? Un arranque notable para una serie que ni en broma es la mejor de la historia. Innecesario, lo sé.

miércoles, 19 de diciembre de 2012

Las mejores de 2012 (I)

No me ando con rodeos. Las doce mejores series de 2012 con un par de excepciones.

12 Homeland
Me alegré cuando desbancó a Mad Men en los premios Emmy. Tuvo una primera temporada con un timing excepcional y un arranque en su segundo curso también ejemplar. Pocas series han sabido contar los hechos tal y cómo les exigía la historia, en el momento y de la forma adecuada. Pero de repente Dana tomó las riendas de una trama propia y este thriller sobre la CIA y el terrorismo islámico sufrió una hemorragia de puntos. Tampoco ayudó que desvelaran tanto y se guardasen tan pocos ases en la manga para la traca final. Pero no puede faltar en la lista porque, al fin y al cabo, sigue siendo una buena serie.


11 Nashville
La única newbie americana de la lista y no solamente está para representar una temporada muy floja en cuanto a estrenos. Este culebrón de primetime escrito por Callie Khouri rezuma amor por la música country y encima atrapa a la perfección la esencia de las soap-operas que reinaban en los ochenta. Esa mezcla de drama y rutina. Puede que sea muy obvia en cada giro pero Connie Britton y Hayden Panettiere están espléndidas y el retrato que hacen de la ciudad de Nashville se percibe muy auténtico. Se nota que Khouri es la esposa de un magnate de la música country como T-Bone Burnett.


10 The Real Housewives of Beverly Hills
Puede que no sepamos hasta qué punto en este reality hay realidad, hay ficción o si la ficción no se convierte en realidad cuando planificas tus discusiones con las amigas (o al revés). La cuestión es que este programa que sigue la vida social de mujeres influyentes de Los Angeles contiene más duelos que una temporada entera de Gossip Girl o Revenge. Y, por estúpidas que puedan parecer, su currículum (o sus maridos) las avalan: la cuernudas ex mujeres de Kelsey Grammer y Eddie Cibrian, una estrella infantil de Disney venida a menos y la esposa de David Foster son algunas de sus protagonistas. En el fondo, una radiografía muy interesante del mundo donde se cuecen nuestras series favoritas y que incluso trató la caída de uno de sus sujetos, Russell Armstrong, que acabó con su vida después de pillarse los dedos con la crisis, ser denunciado por estafa y por maltratar físicamente a su mujer. Lo peor, sí, y lo mejor.


9 Awkward
Esta comedia adolescente es, ante todo, una muy buena comedia. Puede que en esta segunda temporada se centraran mucho en la elección amorosa de Jenna Hamilton, una chica normalita que por error todo su instituto cree que intentó suicidarse, pero por el camino nos dejó episodios redondos. La escena coral en casa de los Hamilton con Valerie, Sadie y Ally es uno de los highlights cómicos del año y posiblemente Awkward tiene el mejor episodio de “What If...?” de la televisión. Quién nos iba a decir que la MTV tendría una de las mejores series en emisión.

8 Mad Men
La visión de Matthew Weiner me pone muy nervioso. Sobre todo la adoración que siente por Don Draper, probablemente uno de los seres más despreciables de la pequeña pantalla. Pero el Zou Bisou Bisou fue una maravillosa presentación de personaje que puso a Megan en el centro absoluto de la serie (como si siempre hubiera pertenecido allí), At The Codfish Ball y la pérdida de la inocencia de Sally compite entre los mejores guiones del año, The Other Woman fue uno de los más comentados y Commissions and Fees y el viaje de LSD de Far Away Places consolidan la quinta temporada de Mad Men como la más potente. El final de temporada, sin embargo, probó también que Weiner no es infalible y tiene errores de base, como su exacerbado machismo y su empeño en fingir que el vacío tiene sentido. Metería en este saco a Don afeitándose y el último plano, que bien podríamos comparar con el de la cuarta.


7 Forbrydelsen II y Borgen
Ninguna se emitió originalmente en 2012, pero como son danesas me permito el lujo de meterlas en un mismo puesto y colarlas entre lo mejor del año. Lo han sido. Sarah Lund porque se enfrentó a su segundo caso con su olfato aún más afilado, más aislada que nunca y aprovechando que tenía la mitad de episodios para resolverlo. No era fácil contentar a sus seguidores daneses y británicos y lo consiguió, mejorando de un año al otro. Y la Primera Ministra Birgitte Nyborg hizo que la política fuera accesible sin empobrecerla, ni aleccionar al público, un error en el que sí caía Aaron Sorkin con El Ala Oeste de la Casa Blanca.

P.D. Podcast: Aún no es el especial 2012, pero esta semana hubo como siempre un programa de Yo Disparé a J.R donde hablamos de Arrow, Treme, Parenthood, los Globos de Oro y Miranda. Podéis encontrarlo en la barra lateral y también aquí.