Los problemas técnicos durante la final de la Super Bowl, donde de repente de apagaron la mitad de las luces del estadio Superdome de Nueva Orleans incluyendo el marcador, se cobraron una víctima. Puede que no afectara al desenlace del partido, puesto que los Ravens ganaron igualmente, ni impidieron que Beyoncé diera un espectáculo, pero sí perjudicaron a Elementary, la serie que había programado la CBS a continuación.
En la televisión estadounidense es tradición que el canal que emite el evento, que se turnan cada año las networks, elija una de sus series o programas para emitirse después del partido, dándole un buen espaldarazo. Eso sí, tampoco es una maniobra fácil y aprovecharse a largo plazo de ella es complicado. Las cadenas con el tiempo, por ejemplo, han descubierto que no funciona estrenar series, pues deben ser productos más fáciles de consumir como realities o series ya conocidas, y también hay que procurar no programar series cuyo punto álgido ya ha pasado. De nada les sirvió a House, Glee o The Office el empujón. En realidad, si echamos un vistazo a los programas de los últimos años, nada salta a la vista como los estratosféricos números de los cástings de The Voice (37M), ese reality de segunda llamado Undercover Boss (39M) y, remontándonos a 2006, el It’s the End of the World de Anatomía de Grey (37,8M).
El episodio de Elementary, sin embargo, tuvo que conformarse con los datos más modestos desde Alias con 20,8 millones de espectadores por culpa del retraso de media hora que provocó el apagón y que relegó la emisión a altas horas de la noche. Y, ni que fuera por curiosidad, lo he visto. Siempre es curioso ver qué armas se emplean para abrir una nueva serie a un público más amplio. Más allá, por lo menos, de la táctica utilizada varias veces de poner a chicas en lencería en la primera escena, para mantener a la parroquia masculina del partido enganchada a la tele. En esta adaptación de Sherlock Holmes fueron dos strippers ladronas en una primera escena pseudo-cachonda totalmente gratuita y creo que tanto Alias como Anatomía de Grey fueron más graciosas a la hora de mostrar carne.
Sea como sea, el episodio a primera vista era bastante normal. Ni hubo grandes persecuciones, ni ninguno de sus protagonistas estuvo en un peligro real de muerte. Pero sí tuvo un asesino en serie (de esos que siempre funcionan), un duelo entre Sherlock y otra criminóloga rival que sirve de excusa para discutir la personalidad del protagonista y se establece de forma consolidada la amistad entre Sherlock y Watson. Y, para aquellos que se quedaron en el piloto (como yo), fue una buena forma de ponerlos al día y mostrarles en qué se ha quedado Elementary.
Puede que con el tiempo hayan desarrollado la inercia entre Sherlock y Watson (como tándem funcionan), pero esto no quita que sea una serie que hemos visto antes. Las deducciones de Holmes son demasiado parecidas a las de Patrick ‘El Mentalista’ Jane (que también creó Bruno Heller) y su extraño comportamiento, muy asocial, se ha visto muy a menudo últimamente y en personajes más interesantes. Ojalá la CBS hubiera aprovechado el lead-out de la Super Bowl para contarnos por dónde andaba Person of Interest, que he oído muchas cosas buenas de ella y tiene demasiados episodios ahora mismo para ponerme al día. Dentro de las restricciones creativas que impone la CBS, por lo menos no la hemos visto antes tantas veces.