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miércoles, 6 de febrero de 2013

Sherlock y el misterio del apagón

Los problemas técnicos durante la final de la Super Bowl, donde de repente de apagaron la mitad de las luces del estadio Superdome de Nueva Orleans incluyendo el marcador, se cobraron una víctima. Puede que no afectara al desenlace del partido, puesto que los Ravens ganaron igualmente, ni impidieron que Beyoncé diera un espectáculo, pero sí perjudicaron a Elementary, la serie que había programado la CBS a continuación.

En la televisión estadounidense es tradición que el canal que emite el evento, que se turnan cada año las networks, elija una de sus series o programas para emitirse después del partido, dándole un buen espaldarazo. Eso sí, tampoco es una maniobra fácil y aprovecharse a largo plazo de ella es complicado. Las cadenas con el tiempo, por ejemplo, han descubierto que no funciona estrenar series, pues deben ser productos más fáciles de consumir como realities o series ya conocidas, y también hay que procurar no programar series cuyo punto álgido ya ha pasado. De nada les sirvió a House, Glee o The Office el empujón. En realidad, si echamos un vistazo a los programas de los últimos años, nada salta a la vista como los estratosféricos números de los cástings de The Voice (37M), ese reality de segunda llamado Undercover Boss (39M) y, remontándonos a 2006, el It’s the End of the World de Anatomía de Grey (37,8M).

El episodio de Elementary, sin embargo, tuvo que conformarse con los datos más modestos desde Alias con 20,8 millones de espectadores por culpa del retraso de media hora que provocó el apagón y que relegó la emisión a altas horas de la noche. Y, ni que fuera por curiosidad, lo he visto. Siempre es curioso ver qué armas se emplean para abrir una nueva serie a un público más amplio. Más allá, por lo menos, de la táctica utilizada varias veces de poner a chicas en lencería en la primera escena, para mantener a la parroquia masculina del partido enganchada a la tele. En esta adaptación de Sherlock Holmes fueron dos strippers ladronas en una primera escena pseudo-cachonda totalmente gratuita y creo que tanto Alias como Anatomía de Grey fueron más graciosas a la hora de mostrar carne.

Sea como sea, el episodio a primera vista era bastante normal. Ni hubo grandes persecuciones, ni ninguno de sus protagonistas estuvo en un peligro real de muerte. Pero sí tuvo un asesino en serie (de esos que siempre funcionan), un duelo entre Sherlock y otra criminóloga rival que sirve de excusa para discutir la personalidad del protagonista y se establece de forma consolidada la amistad entre Sherlock y Watson. Y, para aquellos que se quedaron en el piloto (como yo), fue una buena forma de ponerlos al día y mostrarles en qué se ha quedado Elementary.

Puede que con el tiempo hayan desarrollado la inercia entre Sherlock y Watson (como tándem funcionan), pero esto no quita que sea una serie que hemos visto antes. Las deducciones de Holmes son demasiado parecidas a las de Patrick ‘El Mentalista’ Jane (que también creó Bruno Heller) y su extraño comportamiento, muy asocial, se ha visto muy a menudo últimamente y en personajes más interesantes. Ojalá la CBS hubiera aprovechado el lead-out de la Super Bowl para contarnos por dónde andaba Person of Interest, que he oído muchas cosas buenas de ella y tiene demasiados episodios ahora mismo para ponerme al día. Dentro de las restricciones creativas que impone la CBS, por lo menos no la hemos visto antes tantas veces.

miércoles, 5 de septiembre de 2012

Sherlock y el misterio del apagón

Los estrenos televisivos más esperados se estrenan a partir de finales de septiembre, pero siempre hay alguno que se cuela antes de lo esperado en forma de filtración, porque se colgó en iTunes o en la web de algún canal. El objetivo es abrir boca de cara al estreno y, cuando tienes un blog de TV, es todo un alivio poder adelantar trabajo. De momento, ya conté que me quedaría con The Mindy Project y el jurado (o sea, yo) aún está deliberando acerca de The New Normal, cuya crítica está al caer. Lo que cuesta más de entender, sin embargo, es cómo algunas series como Elementary y Revolution tienen pre-estrenos cuando sólo pueden traer desilusión. Y lo peor es que, por más que estuviera avisado por mi subconsciente, esperaba algo de ellas.


La adaptación muy libre del personaje de Arthur Conan Doyle tenía todos los ingredientes para ser la clásica serie del canal CBS: un procedimental mediocre y de consumo fácil. Pero, como The Good Wife también está en la parrilla del canal, tenía la esperanza que fuera una revelación, una ficción adulta y el equivalente de Alicia Florrick en el género policíaco. No es el caso.

En Elementary, Sherlock Holmes es un ex-alcohólico que trabaja como free-lance para el departamento de policía de Nueva York y Watson es su ‘sober companion’, una mujer que contrata su padre para que no recaiga en la adicción. No es un remake de Sherlock de la BBC (por lo que se la ha criticado injustamente) sino que intenta ser otra cosa. Esto es una serie de asesinatos que recuerda más a El Mentalista que al clásico de la literatura inglesa y cuyo protagonista es francamente insufrible. El Sherlock de Johnny Lee Miller es más histriónico que ingenioso y resulta más estúpido que asocial, mientras que Lucy Liu (con la que me reconcilié tras verla en Southland) intenta sobrevivir al lado de tanta sobreactuación. Y encima el caso es muy forzado, la presentación de personajes es cansina (porque no atraen) y, para colmo, el piloto es aburrido. Y en la CBS no tiene perdón.



De Revolution, en cambio, qué se puede decir que no se pudiera intuir. Se supone que es el enésimo “drama-evento”, esa serie que nos venden que no podemos perdernos si queremos formar parte de la sociedad. En este caso, sobre un mundo en el que dejan de funcionar las máquinas y debe reinventarse, organizándose en pequeñas comunidades, reconciliándose con la naturaleza y con una primitiva lucha por el poder. El problema es que, como hemos visto The Event, Falling Skies, FlashForward, Terra Nova y Person of Interest, hay algunos elementos que ya no se pueden colar al público y que se identifican a primera vista.

El sello de J.J. Abrams, por ejemplo, hace ya varios años que no significa nada. Los misterios a largo plazo que siembran y a los que acaban dando demasiado protagonismo demuestran que, como siempre, se da más importancia a la trama que a los personajes. De aquí que en el piloto no haya un solo perfil interesante. E intenta acercar el salvajismo de The Walking Dead a todos los públicos, lo que sólo hace de Revolution una propuesta muy light y más cercana a Terra Nova, con la que también tiene en común la figura del adolescente insoportable. Que la protagonista, Charlie, se olvide de la muerte de su padre cuando ve un tío bueno, es uno de los highlights del episodio.

¿Y se puede saber, entonces, por qué esperaba algo de ella? Pues porque su responsable era Eric Kripke, creador y responsable de las primeras cinco temporadas de Supernatural. Una serie que, por cierto, tardó en arrancar, razón por la cual seguiré de cerca Revolution. Para ver si Kripke se adueña de ella y porque el piloto tiene una ambientación muy atractiva que quiero volver a ver. Luce.