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17 febrero 2010

BCNegra 2010: Fotos del sábado (2)





Andreu Martín atendiendo a los medios
Jokin Ibáñez hablando de A.G. Bala
Rául Argemí y Francisco González Ledesma

12 febrero 2010

Anne Zouroudi presentó a su héroe mitológico en BCNegra

Entrevista realizado por EL PERIÓDICO el día 6/2/10





Hermes Diaktoros, un justiciero enviado por los dioses, protagoniza la serie

La autora británica denuncia la corrupción inmobiliaria en ‘El pecado de Midas’

ANNA ABELLA/ FOTO: ITALO RONDINELLA

BARCELONA

Le llaman el Gordo, pero solo es, o parece, alto y corpulento. Le gusta la buena comida y el buen vino. Elegante y atractivo, viste siempre impecables trajes de gusto italiano pero calza invariablemente unas zapatillas deportivas blancas que mantiene obsesivamente inmaculadas. Y sobre todo, es misterioso. Se trata de Hermes Diaktoros, un nombre que deberían tener en cuenta los amantes de la novela negra porque es algo más que el protagonista de la serie de la británica Anne Zouroudi (Sheffield, 1959), una enamorada de Grecia que esta semana ha participado en BCNegra. Es, como sus lectores habrán intuido, y en palabras de su creadora, «un enviado de los dioses».

PECADOS CAPITALES / Siete pecados mortales: siete novelas ambientadas en siete minúsculas islas griegas. Un «número mágico» para una serie publicada en 15 países y en prestigiosas editoriales como Gallimard, Rizzoli y Bloomsbury. Zouroudi trabaja ya en la quinta entrega. La primera, El mensajero de Atenas, llegó a España antes del verano, envuelta en la lujuria. Ahora aterriza el segundo título, El pecado de Midas (ambos en Duomo), en el que reina la avaricia en manos de especuladores inmobiliarios y políticos corruptos y en el que Hermes venga la muerte de un viejo amigo.

Zouroudi, sorprendida de que los lectores le pregunten siempre quién es Hermes, explica que es «una figura de justicia mitológica hecha de carne y hueso, que acude allí donde hay una injusticia, la resuelve y vuelve a irse». Su objetivo ha sido «crear un personaje único e inventar un nuevo género de novela negra». Sus libros son «cuentos morales inspirados en la mitología griega».

«Cualquiera que vaya a Grecia de viaje puede sentir la presencia de los antiguos dioses», asegura, mientras se sirve una británica taza de té, esta mujer que llegó de vacaciones a Grecia hace dos décadas con su hermana. «Tenía 30 años y justo acababa de lograr un trabajo decente –recuerda–, pero me enamoré tanto del país como de un pescador y al cabo de un año ya estábamos casados».

Pero entonces se dio cuenta de que ella, una «mujer independiente», había acabado en una comunidad pequeñísima, dejándolo todo para ser la esposa de un pescador. «Es lo mejor y lo peor que he hecho en mi vida», confiesa, pues su matrimonio, ahora roto, le dio un hijo y un marco inmejorable para ambientar sus novelas pero la sumergió en una sociedad cerrada, en la que nada es lo que aparenta y regida por normas no escritas. «Me costó dos años entender qué había tras aquellas sonrisas, tras aquel ‘Hola qué tal?’. En El mensajero de Atenas hay un personaje, Sofía, basado en una mujer a la que conocí y que a los 24 años quedó viuda y con dos hijos. En la comunidad se daba por sentado que nunca se volvería a casar, que vestiría de negro toda su vida y que no podía bailar ni hacer nada de lo que hacen las chicas de su edad. Está sentenciada por la sociedad a tener la vida de una anciana».

PRÁCTICA CRIMINAL / El pecado de Midas denuncia la corrupción política. «La peor corrupción de Europa está en el Reino Unido. En el pasado las clases políticas británicas han mirado por encima del hombro a los gobiernos de Grecia o Italia por los casos de corrupción pero ya no pueden porque lo ocurrido allí los ha desacreditado», opina Zouroudi. Aunque ahora vive en su país natal, afirma que «en los tiempos que corren, nacer británica es el peor castigo de los dioses».

Acto seguido carga también las tintas contra la especulación urbanística. «Quemar bosques para transformar el terreno de agrícola en edificable y construir hoteles, especular y ganar dinero, es una práctica criminal». El ánimo de lucro y la codicia son el centro de esta novela. «El dinero es y será siempre el gran corruptor. Estamos obsesionados en ganar más dinero y dejamos de lado cosas que seguramente nos satisfarían más. Los bienes materiales no lo son todo», afirma. Y Grecia, para ella, es su «guía espiritual».



11 febrero 2010

BCNegra 2010: Discurso de Paco Camarasa en el Premio Pepe Carvalho 2010




Aquel invierno, el primero de la década, había sido oscuro y frío, poco habitual en esta Barcelona junto al mar. Nubes, lloviznas, cielos grises parecía más un invierno escocés o inglés que mediterráneo. Pero llegó la primavera , que en Cataluña significa Sant Jordi, alergia al polen de los plátanos de las Ramblas, Dia del Libro y avalancha de novedades en las librerías.

Entre ellas, aquella primavera del 2001, un título de un nuevo autor Black & Blue, de Ian Rankin. Además inauguraba una colección, Serie Negra con la que la editorial RBA, y su editora Anik Lapointe, fomentaba nuestra adicción a una forma de narrar.

Un nuevo protagonista, John Rebus, un policía díscolo pero tenaz, investigador infatigable por que no tiene otra vida que vivir, mal visto por los jefes, corruptos o no ;mal visto por aquellos compañeros que olvidaron ser policías para ser buenos burócratas, disciplinados y obedientes.

Aquel primer libro, con titulo de reminiscencias entre marca de whisky y canción de los Rollings o Los Bravos, nos llevaba a una geografía poco conocida por nosotros: la Escocia actual, la del petróleo del Mar del Norte, nos llevaba a ciudades como Aberdeen, o Glasgow y Edimburgo, ciudades separadas por sólo cincuenta minutos de autopista pero años de recelos y reproches.

Conocíamos poco de Escocia, todos los héroes escoceses tenían cara de Mel Gibson, y sabíamos que en ocasiones especiales se ponían falda a cuadros, calcetines hasta la rodilla y tocaban la gaita, literalmente; nos alegrábamos cuando al Barça le tocaba el Celtic o el Rangers porque eran equipos asequibles ; habíamos leído a Walter Scott en colecciones juveniles, a Stevenson en todo momento y lugar y a Sir Arthur Conan Doyle,elemental; no sabíamos distinguir aún entre novela policial inglesa y novela negra escocesa, aunque ya habíamos leído a William McIlvaney, El grande, pero no todavía a Val MCDermid o Denisa Mina. Seguramente usted, señor Rankin y su John Rebus, tiene algo de culpa en esas lecturas posteriores.

Black & Blue, supuso el inicio de una cita anual. A Black & Blue siguieron, siempre traducidos por Francisco Martín Arribas, El jardín de las sombras, En la oscuridad, Aguas turbulentas, Resurrección, Cuestión de sangre, Callejón Fleshmarket, Nombrar a los muertos y finalmente la temida La música del adiós. Una cita anual siempre protagonizada por John Rebus y su cómplice: la ciudad de Edimburgo.

Usted sabe que somos como millones de lectores y lectores en el mundo: Nos gusta John Rebus. Nos gusta su cinismo, que sea más que un sabueso, que sea un perro de lucha con mandíbulas de hierro. Por mucho que sangre, por mucho dolor que denoten sus ojos y su alma, si muerde no soltará la presa, aunque en ello le vaya la vida.

Es especial, escucha Viviendo del pasado de Jethro Tull, y piensa que es cierto, que él como policía vive en el pasado de la gente, se había convertido en historiador de crímenes, y esa condición había contaminado e invadido su vida privada, de fantasmas, pesadillas, ecos.

Siempre se implicará personalmente en los casos.Y antes de ser policía, entre los años 68 y 70, cuando el mes de mayo era francés, y Pepe Carvalho se hacía de la CIA, estaba en el Ejército, en Irlanda del Norte, en las Fuerzas Especiales. No hace falta explicar mucho más.

Vive sólo, un piso poco acogedor, con un sofá, una botella, un paquete de cigarrillos y una inmensa colección de música; un coche destartalado, que cualquiera puede abrir, naturalmente. Su mujer Rhona nunca entendió su trabajo ni sus orígenes, el condado minero de Fife, duro y algo atrasado, donde “ si echabas mano a la blusa de una chica enseguida tenías a su padre persiguiéndote con el cinturón”

Le sobran dedos en una mano para contar sus amigos. Y alguno como Jack Morton, muere demasiado pronto. De su hermano y su hija Samantha sabemos poco, él también. Pero siempre está metido en una buena historia y nos trasmite la vieja idea de que no es fácil, de que la lucha es necesaria.

Es un adicto al trabajo, como Harry Bosch, como Kurt Wallander, como Ricardo Méndez, y por el mismo motivo: para eludir su desastrosa vida personal. El trabajo, vivir y sufrir la historia del otro para no pensar en la propia historia. Y cómo ellos, es escéptico porque comprueba el vacío de humanidad contemporáneo.

Conoce profundamente su ciudad, la nueva y la vieja, pero no entiende “esas barriadas que son una especie de horrible experimento de ingeniería social, obras de científicos con bata blanca que situaban a la gente en diversos laberintos a ver qué pasaba”.

No le gustan los cambios a golpe de piqueta de una ciudad que conoce, que quiere; y odia la capacidad destructora de la avaricia y el dinero. Una ciudad que bajo un cielo encapotado, con múltiples edificios históricos, pero también callejones mugrientos, con innumerables fachadas victorianas que invitan a crímenes más o menos góticos. Una ciudad civilizada y educada en la superficie y depravada y abyecta bajo ella.

La ciudad de los pobres, olvidada por la ciudad de los ricos. Pero esos pobres consiguen instaurar una solidaridad de las pequeñas cosas cotidianas, que los mantienen a flote en este caos de las sociedades globalizadas.

“Se ha dicho de Edimburgo que es una ciudad huidiza que oculta sus verdaderos sentimientos e intenciones, con habitantes aparentemente respetables y calles que se hielan pronto. Se puede haber estado en ella y marcharse sin haber llegado realmente a conocer qué la anima. Es una ciudad oculta” dice usted en su novela En la oscuridad.

Nos gusta Sr Rankin que en sus novelas “la identidad del asesino sea tan accesoria como un reactor termonuclear en un jardín de infancia” citando a Antonio Lozano, uno de los mejores críticos de narrativa negrocriminal.

Comparte esta forma de narrar con Manuel Vázquez Montalbán, en la intención y la necesidad de ofrecer un retrato de la sociedad de hoy, cuestionando las instituciones que nos gobiernan. A través de las novelas protagonizadas por John Rebus y por Pepe Carvalho, ustedes nos hablan de economía, de drogas, de pobres, de desesperanza, de racismo, de especulación, de vencidos pero no derrotados, de corrupción. Uno en el marco de Edimburgo, otro en el marco de Barcelona. La novela negra como novela realista, como mejor exponente para diseccionar, para desmenuzar, para desmontar las sociedades postindustriales de este siglo XXI. Siempre en la mejor tradición de la novela crítica.


Nos gusta Sr Rankin que a lo largo de todas sus novelas se mantenga una frescura, una vivacidad en los diálogos, una atmosfera que hace que cada novela siga siendo una lectura fascinante. El sentido del humor, junto a una vorágine de escenas y personajes ficticios pero reales, voces, estados de ánimo. Si en algunos autores, cada novela es una fotocopia del anterior, en las suyas ni siquiera John Rebus es el mismo, va cambiando a medida que los días pasan.


Nos gusta mucho que John Rebus y usted, señor Rankin, reciban el Premio Pepe Carvalho. Para nosotros, y para los hombres y mujeres de buena voluntad, que no aceptan este mundo globalizado e injusto, tanto Pepe Carvalho como Manuel Vázquez Montalban son algo muy querido y forman parte de nuestros sueños y de nuestra memoria.


Pepe Carvalho y John Rebus, y podríamos añadir a Harry Bosch, Adam Dalglish, a Kurt Wallander y Ricardo Méndez, son unos auténticos analfabetos tecnológicos e informáticos. Ahora parece como si el ADN fuera el Sabedor supremo y es el forense omnipresente quien descubre todos los culpables, pero ellos seis tienen esa capacidad extraña y cada vez más escasa de saber mirar a los ojos, de escuchar a las personas, de ir más allá de lo que la rutina y los poderosos les dicen que es la realidad.

Nos gusta Sr Rankin que en sus novelas se palpe la influencia de la realidad, sobre la que usted aplica la transformación de la ficción. Hace más creíble, más próximas las historias. Pero tenemos que decirle que en La música del adiós nos ha dado un exceso de realidad. Ya sabemos que la jubilación es a los 60, pero nos hubiera gustado que apelara a su fantasía y utilizara la varita mágica que todo buen novelista posee y nos hubiera dejado a Rebus, castigado y sin jubilación. ¿Qué hará John Rebus, sin jefes a los que desobedecer y malos, malísimos a los que detener o castigar? ¿Qué haremos nosotros, los lectores y lectoras, sin nuestra cita anual con él?

Le proponemos Sr Rankin que, usted que lo conoce bien, más o menos, le proponga quedarse un tiempo por aquí por Barcelona. Le diremos a Pepe Carvalho que le acompañe.

También tenemos castillo como en Edimburgo, aunque en ningún cementerio se ha tenido que construir una torre de vigilancia. No tenemos petróleo, nuestro Parlamento no ha sido construido por el desaparecido Enric Miralles, y las copas las tendrá que tomar en el Boadas con Carvalho.

Nuestra cerveza no es como la del pub Oxford, pero quizá se pueda habituar al cava, o al vino, y lo podrá encontrar en cualquiera de los muchos bares donde podrá discutir sobre si el Hibernian o el Herts, o bien el Barça o el Español.

John Rebus podrá enseñarle un poco de música más moderna a Pepe Carvalho; explicarle quien son Los Rolling, los Kinks o Van Morrison. Carvalho se quedó en la época de Conchita Piquer y los boleros de lo que pudo haber sido y no fué. Dígale que no pida fish and chips, comida india o asaduras de cordero en avena y especias con Carvalho delante, que se olvide de la dieta escocesa de grasas saturadas, sal y azúcar y se deje llevar por la dieta mediterránea.

Carvalho le explicará, mientras paladean un buen whisky, como sustituir los cigarrillos por un Cohibas, un Partagás y las diferencias entre los puros habanos, canarios o dominicanos, mientras prepara la cena para los dos y elige cual es el libro que quemará esa noche. Quizá, si andan algo deprimidos, un libro de poemas de Leonard Cohen.

Podrán caminar por las callejas medievales, tropezar con alguna piedra romana, mientras tratan de explicarse sus fracasos sentimentales. Carvalho le hablará de Thailandia y su odiado aeropuerto, Buenos Aires, Madrid, la vuelta al mundo, al Rebus que no ha viajado mucho, quizá ahora jubilado pueda hacerlo, pero que no venga, por favor, con excursiones de tercera edad a Mallorca o a Benidorm.

Y sobre todo hablarán mal de usted y de Manuel Vázquez Montalbán, sus creadores con los que han mantenido un estira y afloja a lo largo de cada página.

Sr Rankin usted ha sido cuidador de cerdos, encuestador de alcoholemia juvenil, recaudador de impuestos, vendimiador en Francia, editor de una revista musical. Manuel Vázquez Montalbán también subsistió a base de múltiples oficios. Comenzando por cobrar las cuotas del seguro de entierro, hasta hacer artículos sobre muebles y diseño interior firmando como Jack el decorador. Tanto usted como Vázquez Montalbán han tenido siempre un comportamiento cívico. Queremos agradecerle especialmente su batalla, junto a Sean Connery para que la colección privada de la familia John Murray, con importantes documentos de Conan Doyle, vaya a la Biblioteca Nacional de Escocia.

John Rebus como Pepe Carvalho han visto mucho, comparten una desesperanzada visión del género humano, pero ello no les impide estar dispuestos a luchar contra las verdades establecidas y compartir la búsqueda y la rabia por conseguir algo que siempre suena ingenuo: Un mundo mejor.

Sr Rankin, sus muchos lectores y lectoras nos alegramos de que no supiera dibujar y su pasión por los comics no fuera a mas. Nos alegramos que sus inicios musicales con “Los cerdos danzantes” fueran un desastre. De esta forma nos llegó un gran narrador de historias, un buen mentiroso de mentiras de papel.

Gracias por darnos también a Mike,a Allan,a Odio, el profesor Gissing y Chib Calloway, pero, por favor, Señor Rankin no nos deje sin John Rebus.

Por favor, no nos deje sin John Rebus.

09 febrero 2010

BCNegra 2010: Fotos del sábado (1)






Ian Rankin concentrado.
Inger Wolf sorprendida.
"El Jefe" satisfecho.
La calle, una fiesta.




Fotos: Sofía

El detective más compasivo





El islandés Arnaldur Indridason y su policía Erlendur, en la BCNegra, que se clausura con un rotundo éxito


Las historias negras del escritor islandés Arnaldur Indridason (Reikiavik, 1961) son muy buenas, pero lo mejor es su policía Erlendur, un hombre solitario, deprimido, siempre compasivo. Cuando Erlendur tenía 10 años, su hermano, de ocho, desapareció en una tormenta de nieve. Nunca lo superó. "El tiempo se le paró, sigue siendo aquel niño que sobrevivió a la tragedia".

El detective también se siente culpable porque tras su divorcio no se ocupó de sus hijos. Sindri, el hijo, está alcoholizado. Eva Lind se ha metido de lleno en el mundo de las drogas. Es ella quien busca al padre. Cuando aborta y pierde a su hija, Erlendur se vuelca en ella. Eva se siente atormentada. "No te culpes por ser como eres", la consuela. "Erlendur no juzga a los demás, les observa. Tiene compasión y comprensión, y es compasivo con las víctimas".

Indridason es uno de los pesos pesados que han participado en la BCNegra 2010, que acabó el sábado con un éxito rotundo, con las salas de actos siempre a rebosar. El escritor se ganó el favor del público con su segunda novela publicada en España, La mujer de verde (RBA). La primera, Las marismas, en la misma editorial, pasó desapercibida, pero ahora ha vuelto a las librerías. La tercera, La voz, trata "del peligro de los padres que manipulan a sus hijos, no les dejan ser ellos ni tener infancia".

Gulli, portero de uno de los mejores hoteles de Reikiavik, aparece muerto, vestido de Papá Noel. Erlendur averigua que había sido un niño prodigio, con una voz portentosa, que se le rompió justo durante un importante concierto. Su padre no se lo perdonó. Paralelamente, Elínborg, colega de Erlendur, investiga un posible caso de maltrato de un padre a su hijo.

"Los crímenes ocultos en el seno de la familia son difíciles de sacar a la luz. El maltrato es lo peor que existe y lo importante es conseguir que salga a la luz. En los últimos 20 años Islandia ha cambiado en este aspecto, antes se consideraba una cosa vergonzosa, un estigma que había que ocultar. Mis libros, de alguna manera, tratan siempre de la familia. Me parece muy importante".

En Islandia, cuenta Indridason, no suelen cometerse crímenes. "Hay años en los que no se produce ni un solo asesinato, lo que sí ha aumentado es el consumo de drogas. En mi país no hay tradición de género negro, por eso en lugar de grandes persecuciones y pistolas, me centro en la psicología y los personajes. Los lectores me exigen versosimilitud y realismo. Mis historias tienen que ser creíbles".

Texto: Rosa Mora




08 febrero 2010

BCNegra 2010: Fotos del viernes





Terenci Moix y sus novelas policiacas
Charla con Ian Rankin acompañado por Jokin Ibáñez
Los otros nórdicos

Los otros: apuestas al efecto Larsson



LIMA


Los escritores escandinavos reconocen la deuda que tienen con el fallecido autor sueco Stieg Larsson, a quien deben el reconocimiento internacional y el surgimiento de un 'boom' de la novela negra nórdica en los últimos años.
Bajo el título de Los otros, el autor noruego Kjell Ola Dahl, la danesa Inger Wolf y el estadounidense afincado en Finlandia James Thompson fueron a confirmar en la Semana de Novela Negra de Barcelona (noreste de España) que en la novela policíaca nórdica "hay vida más allá de Suecia, más allá de (Henning) Mankell y de Larsson".

Dahl, que presentó su novela Un paso en falso, señaló que "el boom nórdico de novela negra comenzó antes de Larsson -autor de la trilogía Milenium-, pero explotó con él gracias a su carácter de best-seller", pero matizó que "en Noruega, los libros de Larsson no eran considerados como el gran ejemplo, sino como un buen ejemplo más".

Wolf, que llegó a Barcelona con su libro Un oscuro fin de verano, opinó que "la literatura nórdica siempre ha sido reconocida por su visión crítica de la sociedad".

Thompson coincidió en que un distintivo de la literatura negra nórdica es esa orientación social, pero "cuando no es buena, la novela puede ser entonces muy mala".


Barcelona/EFE
 
 

05 febrero 2010

BCNegra 2010: Fotos del jueves





Ian Rankin con el Pepe Carvalho 2010.
La mesa anarquista negra en plena revolución.
La corrupción, en un día difícil en Barcelona.
El jurado y el escritor, en espera.

Ian Rankin jubila a John Rebus pero le dará nueva vida




Tras su jubilación, el inspector colaborará como civil con la policía

El premio es un gran honor, porque soy un gran fan de Vázquez Montalbán

José Oliva (Efe)

Barcelona
 
El escritor escocés Ian Rankin, que ha recibido en Barcelona el V Premio Pepe Carvalho, ha dejado abierta la posibilidad de continuar la serie negra protagonizada por el inspector John Rebus, más allá de la jubilación del personaje.

Rankin ha justificado la jubilación de Rebus, porque "como mis libros tienen reputación de ser realistas he tenido que ser fiel a la legislación escocesa, según la cual los policías se jubilan a los 60 años".
El autor escocés ha encontrado una puerta trasera a la continuación de Rebus a través de su colaboración, "como civil", con la policía, y ha añadido para despejar dudas: "Nunca he tenido un plan sobre Rebus, pero se acaba de escribir un libro sobre un personaje cuando aburre o cuando no se tiene nada que decir sobre este personaje".

Para Rankin, ha sido una gran satisfacción haber hecho el seguimiento de Rebus mientras envejecía porque "eso me ha permitido seguir la evolución de Edimburgo en ese tiempo" y "la ciudad ha cambiado mucho, porque Escocia ha cambiado mucho en 20 años: Tenemos un parlamento, teníamos uno de los bancos más grandes antes de la crisis y la independencia está más cerca que nunca".

Preguntado sobre esta eventualidad, Rankin matiza: "No estoy seguro de que pueda llegar la independencia, porque los nacionalistas han tomado mucho poder en Escocia y parece que a la gente le gusta como llevan el país, pero luego las estadísticas demuestran que no hay más ganas de independencia que hace cinco años".

En su opinión, los libros de Rebus han mostrado que "Edimburgo no es sólo Disneyland, sino que debajo del Castillo hay una ciudad viva y fuerte, y además hoy los turistas pueden seguir el 'tour Rebus'".
Ha expresado que ganar el Premio Carvalho es "un gran honor, porque soy un gran fan de Vázquez Montalbán" y además "Edimburgo y Barcelona son dos ciudades orgullosas, con sociedades muy complejas, de las que Pepe y John son los guías perfectos para conocerlas".

"Pepe tiene un abanico más grande en su alimentación que Rebus, pero si un día se conocieran, Pepe podría enseñarle la cocina, y John a Pepe el buen whisky escocés", bromea el autor de 'Black & Blue'.

A pesar de que el pasado año anunció que se tomaría en 2010 un año sabático, Rankin recuerda que acaba de volver de dos semanas de promoción por la India y Sri Lanka y tras volver a casa ayer hoy está en Barcelona. "Si esto es ser perezoso, creo que volveré a escribir porque me relajo más".

Cuando estaba en la India le vinieron a la cabeza "algunas buenas ideas y es difícil volver a casa y no ponerse a escribir", confiesa.

La jubilación de Rebus propició que el propio Rankin ganara en libertad creativa: "En este tiempo he escrito un libreto de ópera, canciones para una banda de rock, una novela gráfica, unos relatos para el New York Times y el guión para una película".

Con la jubilación, al menos momentánea, de Rebus, un nuevo personaje ha empezado a ganar espacio en su creación literaria, Malcolm Fox, un agente de los servicios internos de la policía escocesa, que se ha estrenado con "The complaints" (Las quejas), que RBA editará en noviembre en España.


Por las palabras de Rankin queda claro que los seguidores del escocés se encuentran ante una nueva serie. De hecho ya ha vendido los derechos como serie a la televisión.


Rankin comenta que "la razón por la que sigo escribiendo novelas negras es que me permiten mostrar diferentes capas de la sociedad de Edimburgo" y en "The complaints" aflora la crisis bancaria desatada cuando el banquero más importante de Edimburgo fue expulsado de la ciudad.

En comparación con la actitud más libre de Rebus, Fox no es tan solitario, sino que "trabaja con un grupo de personas y es más joven, y además, por su trabajo, en la segunda entrega saldrá de Edimburgo a investigar a policías de otros lugares. Fox es capaz asimismo de ver el lado bonito y cultural de la ciudad, pues para Rebus era simplemente el escenario del crimen".

La sorpresa podría llegar en la tercera entrega en la que al estilo de los 'crossover' -la mezcla de la trama de dos series de televisión en un capítulo-, Malcolm Fox, ha explicado Rankin, "podría investigar a Rebus por algo escondido de su pasado".

http://www.elmundo.es/

Se editan dos historias policiacas que Terenci Moix escribió con seudónimo




ELENA HEVIA

BARCELONA

La máscara más rara de las muchas que se colocó Terenci Moix es la de autor de novela negra. Y si es prácticamente desconocida en su biografía es porque, cuando se dedicó a esa tarea, al género lo llamaban de guardias y serenos. Terenci escribió dos, Besaré tu cadáver y Han matado a una rubia, novelitas de a duro, con papel ínfimo y pocas pretensiones, que se vendían a patadas en los quioscos, ayudaban a pasar la imaginaria en la mili y se intercambiaban los domingos en el Mercat de Sant Antoni. Durante años, Terenci, que en realidad se llamaba Ramón, no quiso acordarse de que él también fue Ray Sorel –el seudónimo extranjero era obligado para esta literatura modesta–. Cuando algún amigo recuperaba los libritos, «olvidados que no malditos», en un librero de lance, recordándole su vergonzante existencia, echaba balones fuera. «Sois beau et tais- toi» (sé guapo y calla) fue la dedicatoria que puso a su amigo el dramaturgo Pedro Villora cuando se presentó con una de ellas.

Ahora, lo que son las cosas, aquellas novelas baratas se presentan en un solo volumen de tapa dura cortesía de Planeta, edición de su hermana Ana María Moix , prólogo de lujo de Pere Gimferrer y banquete. La celebración, al más puro estilo del autor, reunió a (casi) todos sus amigos alrededor de una mesa en Casa Leopoldo. Estaban Ana María Moix , Enric Majó –su pareja sentimental durante 14 años–, Sergi Schaaff, Romà Gubern, Ana María Matute, Rosa Regàs, Elisenda Nadal, Pedro Villora y Boris Izaguirre. Aunque ninguno de ellos podía levantar el acta notarial del Terenci (entonces Ramón e ilustre desconocido) que en 1963 y 1964 escribió estas novelas «animado por las ganas de empezar a ser publicado», según Villora. La única capaz de recordar aquellos tiempos, Maruja Torres (a la sazón, María Dolores), causó baja.

«Fue otro Ray, Rai Ferrer, quien dos años después de la muerte de Terenci me trajo una de las dos novelas que yo entonces no tenía y pensé que no era un buen momento para valorarlas porque no podría ser objetiva. Cinco años más tarde sigo sin serlo, pero por fin me he decidido a publicarlas», explica la hermana.

Gimferrer, sin embargo, ha sabido encontrar flores en el fango: «Las mejores cualidades del narrador, las que en adelante harían de él un escritor irrepetible, están aquí», escribe. Eso ya lo intuía el propio Terenci que inventó en Besaré tu cadáver una Roma imaginaria estilo dolce vita y en sus poco precisas memorias recordó cómo las novelas rosas que intentó escribir –¿quizá estas?– le parecían al editor de turno como un «totxo de Thomas Mann».


Ian Rankin promete recuperar a su añorado inspector Rebus



El novelista abre la puerta a dos obras con su personaje, al que jubiló en el 2007

El escritor escocés recibe el premio Pepe Carvalho en el marco de BCNegra

ERNEST ALÓS    FOTO: FRANCESC CASALS

BARCELONA

Cuando el jurado decidió conceder el quinto premio Pepe Carvalho de novela negra al escocés Ian Rankin (Cardenden, 1960) tenía una justificación explícita: reconocerlo como cronista de la Edimburgo real, a través de su inspector John Rebus, al igual que Manuel Vázquez Montalbán lo fue de Barcelona de la mano de Carvalho. Pero había otra latente: unirse al coro de los que le piden que dé marcha atrás y recupere a Rebus, al que jubiló el año 2007 en La música del adiós (RBA). Pues bien, ayer Rankin recibió del teniente de alcalde Carles Martí el galardón en el salón del Consell de Cent y dio una alegría. Anunció que su personaje emblemático podría volver a las páginas de una nueva novela. No solo eso: más tarde confesó que ya tiene dos ideas para otras tantas obras en las que reaparecería el (como mandan los cánones) melómano, bebedor, solitario y gruñón inspector.

PLANES DE FUTURO / «Mis libros tienen una reputación de realismo y como los policías de Edimburgo se jubilan en la realidad a los 60 años, Rebus tenía que hacerlo», explicó ayer. Tras tomar esta drástica decisión, Rankin escribió un serial para The New York Times (publicado en España como Puertas abiertas) y la primera novela de una nueva serie protagonizada por Malcolm Fox, un policía de asuntos internos más joven y convencional (Las quejas, enmarcada en la crisis de la b anca escocesa y que RBA publicará en noviembre), para tomarse después un año sabático del que empieza a cansarse.

Ayer, Rankin aseguró que no tiene planificada la vuelta a la actividad de Rebus. Bueno, de aquella manera. «Tengo que hacer una serie porque he vendido los derechos para televisión y de momento solo tengo un libro. En el segundo quiero que Fox actúe en una ciudad distinta de Edimburgo, porque esta serie me permitirá viajar por toda Escocia y mirarla con otros ojos. Y en el tercero quizá investigará a Rebus por algo que este hizo en su pasado», explicó ayer. Algo que no extrañará a quien estuviese atento a las pistas que dejó Rankin en el epílogo de La música del adiós. Pero eso no basta para algunos. Hasta una diputada del Parlamento escocés, fan del escritor, planteó, a partir de la jubilación del personaje de ficción, prorrogar la actividad de los policías. De los reales. «La propuesta no fue muy popular, a la gente no le hace ilusión trabajar cinco años más», dijo ayer el escritor (que, acabado de aterrizar de la India, no está al tanto de las últimas propuestas del Gobierno español).

«Por favor, señor Rankin, devuélvanos a John Rebus», le solicitó en el Saló de Cent el comisario de BCNegra, Paco Camarasa. «Espero que vuelva –le respondió Rankin–.

Sé perfectamente que está jubilado pero trabajando como civil para la policía de Edimburgo. Así que pensaré en ello cuando vuelva a casa». Pero es que Rankin ya tiene algo en mente. «Mientras yo esté vivo, mis personajes están vivos», explicaba anoche, de pie en una Rambla lluviosa a la escocesa.

PUERTAS ABIERTAS / ¿Así que hay una puerta abierta a que Rebus no solo vuelva en forma de cameo en la nueva serie de Fox? «Sí, Rebus no ha muerto», precisa Rankin. Y tiene una idea clara de cuál podría ser la actividad a la que se podría dedicar su jubilado policía.

«En la realidad, la policía de Edimburgo tiene una unidad dedicada a investigar viejos casos sin resolver de los años 60, 70 y 80 que ahora pueden ser solucionados con las nuevas tecnologías como el ADN, y de sus cuatro miembros uno es un policía en activo y los otros tres policías retirados», explica el escritor, que ayer fantaseó con qué sucedería si Carvalho y Rebus se conociesen («seguro que se caerían bien; Carvalho podría enseñarle bastantes cosas de gastronomía a Rebus y este descubrirle whiskies a Carvalho»), pero no parece estar proyectando un futuro de jubilado con visitas turísticas a Barcelona para la criatura que le ha valido un éxito internacional.

www.elperiodico.com/

04 febrero 2010

BCNegra 2010: Fotos del miércoles




Las mesas de ayer:

Collita catalana
John Connolly
Arnaldur Indridason

Hoy, entrega del Premio Pepe Carvalho al escritor IAN RANKIN





Arnaldur Indridason: «No es divertido escribir de la felicidad»




ERNEST ALÓS   FOTO: GUILLERMO MOLINER
BARCELONA

–En sus libros aparece la Islandia de hace 10 años. ¿Cómo está tras el crash?

–En una crisis muy profunda, víctima de la avaricia. Mi personaje, Erlendur, es el contrapunto de esa Islandia de los negocios. Forma parte de una Islandia más sencilla y austera, preocupada por la supervivencia de su lengua, que aún no entiende lo que ha pasado. Su ayudante, Sigurdur Oli, representa esa otra Islandia a la que no le preocuparía que el inglés sustituyese al islandés.


–Su Erlendur está obsesionado por el pasado y las desapariciones. ¿Y usted?

–Como parte del éxodo del campo a la ciudad trajimos con nosotros las historias sobre personas que morían perdidas en medio de la nieve o en las grietas de glaciares. Hay todo un género literario sobre estas desapariciones, que leía de joven.


–Sus novelas parecen la versión urbana de ese folclore.

–Es exactamente esto. Vivimos en un país inhóspito, con un clima duro y cambiante. Un señor puede salir de su granja un buen día y no aparecer nunca más. Pero me interesa más la gente que se queda con el sentimiento de pérdida que el desaparecido.


–¿Son tan frías y tristes las relaciones familiares en su país como en sus libros?

–En mis libros sí lo son. Siempre tratan de alguna manera de las relaciones familiares. Pero le aseguro que en Islandia la mayoría de familias son felices. Lo que pasa es que la felicidad no es divertida. No es divertido escribir de ella.Y quizá es cierto que en países con bienestar, los problemas los buscamos en el interior de la vida familiar.


–¿Y tan ingenuos los policías como su Erlendur, que no distingue el olor del hachís?

–He querido hacer a Erlendur así. Y no he querido investigar demasiado cómo trabajan los policías islandeses para no quedar constreñido a la hora de escribir.


–¿Es difícil escribir de crímenes en una sociedad tan pequeña sin que nadie se sienta aludido?

–Nunca me ha sucedido. Lo que sí me reprochan es que en la imagen que doy de Islandia cargo las tintas.


–¿Cómo evolucionan sus personajes en las novelas no traducidas aún en España?

–Prefiero no hablar para no matar la intriga. Pero la gente está preocupada por la vida que lleva Erlendur. Me envían consejos para mejorársela pero no hago caso.

 
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John Connolly: «En todos nosotros hay una parte oscura»




ELENA HEVIA        FOTO: GUILLERMO MOLINER

BARCELONA

Dos visitantes muy negros. El irlandés John Connolly y el islandés Arnaldur Indridason, el gótico Maine del primero y la gélida Reikiavik del segundo, fueron ayer las estrellas de la tercera jornada del festival BCNegra. Hoy, el escocés Ian Rankin recibirá (19 h.) el quinto premio Pepe Carvalho en el Saló de Cent del Ayuntamiento de Barcelona. El escritor, que ha jubilado a su inspector John Rebus, tendrá un encuentro con los lectores mañana, en La Capella de la calle del Hospital (17.30 h.)

–¿Qué hace un autor irlandés escribiendo novela negra norteamericana?

–Somos lo que leemos y yo me pasé la adolescencia con los libros de Ross MacDonald. Además, la novela negra irlandesa apenas existe y no me apetecía meterme en ese jardín.


–Porque...

–Porque si lo haces te ves obligado a hablar del terrorismo y sus víctimas. Algo que afecta a todos los aspectos de la vida en Irlanda, incluyendo la delincuencia. Si alguien allí decide atracar un banco necesariamente tendrá que comprar armas al IRA. Es una realidad demasiado incendiaria y cambiante.


–Pero sí hay un aspecto inequívocamente irlandés en su obra, y es la inclusión de lo sobrenatural.

–No quería hacer un clon de la novela americana, por eso le añadí una vena fantástica. Los grandes novelistas góticos, Charles Maturin, Sheridan Le Fanu y Bram Stoker, eran angloirlandeses. Así que supongo que esta conexión con lo mítico es muy irlandesa.


–A los puristas del género les molesta que su detective se codee con fantasmas.

–En general, los lectores de novela negra son muy conservadores. Detestan las novelas de terror porque las raíces de la novela negra están en el racionalismo y lo sobrenatural es su antítesis. Sin embargo, yo estoy convencido de que lo más interesante de cualquier arte siempre sucede en los márgenes.


–Pero también hay una interpretación racional para su protagonista: está loco.

–Más bien es un hombre que se ha roto por dentro a causa de una desgracia. Pero en Los amantes, esta nueva novela, otro personaje tiene las mismas visiones de Parker.


–¿Por qué maltrata tanto a su héroe? Le hace vivir situaciones dantescas.

–No soy un sádico. El género negro te lleva a las tinieblas sin peligro. Nos atrae porque en todos nosotros hay una parte oscura. Como autor tengo una gran responsabilidad, no se puede hacer una elaboración fácil de la violencia; sino es pura pornografía.


–En Los amantes Parker investiga sobre la muerte de su padre. El suyo también murió cuando usted era joven.

–Yo no me llevaba bien con mi padre y él falleció en el momento en el que dejamos de discutir. Su figura se ha filtrado en todos mis libros.

 
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03 febrero 2010

BCNegra 2010: Fotos del martes






Las tres mesas de ayer.

Acorralado por la gallina asesina

Uno de los nuevos alicientes de esta edición de BCNegra 2010 es la novela que se va realizando día a día en Twitter. Ayer, al darnos la vuelta topamos con ella. Parecía estupefacta, pero cercaba las mesas de La Capella......


ENTREVISTA: JOHN CONNOLLY Autor de la serie negra de Charlie Parker





"La culpa es como la salsa picante"


El escritor irlandés John Connolly se ríe a carcajadas cuando se le comenta que muchos lectores eligen sus novelas negras porque les parecen góticas. "Me parece fantástico... si se interpreta lo gótico como lo considero yo: la muerte nos acecha desde el pasado y pasa al presente, los pecados de una generación recaen en la siguiente. En ese sentido, mis novelas son negras y góticas".
Connolly (Dublín, 1968) participa en BCNegra, donde presenta su octava novela, Los amantes (Tusquets), un nuevo e importante paso en su serie protagonizada por el investigador privado, ahora sin licencia, Charlie Parker. Quienes le siguen desde la primera, Todo lo que muere, saben del salvaje asesinato de su mujer y su hija, de cómo el pasado le persigue y atormenta, y de cómo le cambió la vida, de cómo se convirtió en un cazador (de hombres), de cómo la madre y la hija se convierten para él en fantasmas que le acompañan.


Ahora los fantasmas son visibles. "He querido que alguien más viera lo que ve Parker. Quizá divida a los lectores, que abandone la ambigüedad de anteriores novelas y sea más explícito".


El escritor se declara fascinado por lo sobrenatural. "Sé que eso molesta a muchos críticos. Debo mantener un equilibrio. Sería peligroso que los culpables fueran unos fantasmas. Describo edificios, calles, ciudades, para que la intrusión de lo sobrenatural sea algo sorprendente porque sucede en un mundo cotidiano y muy creíble".


Las novelas pueden leerse por separado, pero lo mejor es seguir el orden cronológico porque se disfruta más de la evolución de Parker y de sus letales amigos, Louis y Angel. Da la sensación de que es una larga historia y de que cada novela es un nuevo capítulo. El argumento de fondo es la lucha entre el mal y el bien. "Hay muchos grados de maldad. El mal más humano es el que viene de la lujuria, de la avaricia, y hay otro mal más amplio, que en mi caso procede de mi catolicismo. Los protestantes no tienen ninguna concepción de pecado". A Connolly no le molesta esa sensación de pecado. "La culpa, el sentimiento de culpa, es como la salsa picante. Sabes que has disfrutado de las cosas y luego te sientes culpable. Ya está".


En Los amantes, Parker investiga qué paso con su padre. Era policía. Una noche mató a una pareja de adolescentes con su arma particular, sin motivo aparente. No iba de uniforme. Luego se suicidó de un tiro en el garaje de su casa. Sus antiguos compañeros esconden secretos.


Un extraño personaje, de esos que gustan tanto a Connolly, El Coleccionista, una especie de vengador justiciero, le cuenta que también sus padres tenían secretos. El más gordo: Parker no es genéticamente hijo de su madre. Ya tenemos otra vez al detective al borde del abismo. "Parker se siente atraído por el mal. Hay algo de mal en él. En cada historia sacrifica un poco de humanidad. Aquí se plantea la gran pregunta de la novela: ¿Está bien cometer un pequeño pecado para evitar un mal mayor?". Lean y comprueben.


Connolly es uno de los autores más renovadores de la novela negra y para quienes entran en su juego es inquietante y adictivo. "Tengo miedo a quedarme quieto, a escribir el mismo libro dos veces. Quizá por eso me gusta experimentar".


Texto: Rosa Mora
Foto: Susanna Sáez

Don Winslow: «Incluso los más malvados aspiran a ser comprendidos»



ELENA HEVIA/FOTO: DANNY CAMINAL


BARCELONA

Una exhibición de atrocidades. Una novela que haría palidecer a Sam Peckinpah. La versión narco-tex de El padrino. El corazón de las tinieblas a un lado y otro de Río Grande. Cualquier aproximación a la definición del horror (el centro neurálgico de esta novela) cuadra a una obra que suma ediciones. Don Winslow, un, aparentemente, apacible padre de familia, es su creador.



–La suya es una novela sobre la frontera y no sobre cualquiera. La que separa México de Estados Unidos es un símbolo inagotable.

–El libro, por supuesto, trata de esa frontera física. Yo vivo muy cerca, en San Diego, y cuando vas a Tijuana el paso del primer mundo al tercero es tan rápido como impactante. Pero la novela también explora otras fronteras.



–¿De qué tipo?

–Especialmente, las fronteras morales. La gran pregunta que se plantea la novela es que si has atravesado una de esas barreras éticas es imposible dar marcha atrás. Los personajes se adentran en territorios que jamás sospecharon que pudieran cruzar y ven que hacerlo es factible.



–¿Ha cambiado el imaginario del mexicano en Estados Unidos? ¿Siguen creyendo que más allá de Río Grande solo hay un agujero negro?

–Hay miedo y fascinación a partes iguales. Junto al temor a la inmigración y a la infiltración de la cultura latina convive una profunda atracción. Incluso como anglófono estás viviendo esa ambivalencia. Mi hijo juega al fútbol con chavales que hablan castellano entre ellos y en casa comemos más tortitas que pan.



–El tipo de documentación que maneja El poder del perro no se encuentra en los libros.

–No crea. Gran parte de la información la encontré en documentos gubernamentales.



–¿Pero imagino que habló con narcotraficantes? ¿En qué términos se realizaron las entrevistas?

–Hubo un entendimiento no explícito entre ambas partes. Yo fui honesto desde el principio. Les expliqué que no era periodista sino escritor de ficción y que quería captar bien su punto de vista.



–¿Y se sinceraban? ¿Tenían ganas de contar sus, digamos, hazañas?

–Incluso los más malvados aspiran a ser comprendidos.



–Usted se vio obligado a impregnarse de la violencia que rezuma la obra. ¿Fue muy doloroso?

–Yo no soy una persona muy profunda, lo confieso. Soy un tipo feliz a quien le gusta ir a la playa y practicar el surf, pero de repente me encontré buscando información sobre algunas de las acciones más terribles del ser humano. Y eso repercutió en mi vida familiar: naturalmente no me apetecía hablar de masacres de niños a la hora de la cena. Cuando le di a leer la novela a mi mujer, me miró asustaba, por lo que había escrito y, especialmente, por mí.



–Un católico sentimiento de culpa planea sobre la obra.

–La gente suele decir que este es un libro que habla de la droga. Yo creo que habla por igual de la religión. Soy de origen irlandés y he crecido en un entorno católico, en una religión que habla de la redención por la sangre, con esas iconografías tan crueles. La culpa es algo que persigue a todos los católicos aunque, como es mi caso, hayamos dejado de ir a misa hace muchos años.



–¿Cree que la guerra contra el narcotráfico está perdida?

–La guerra –y es una verdadera guerra que en los últimos años se ha cobrado 15.000 muertes– es un modelo erróneo para acabar con el tráfico de drogas. Siempre hay alguien dispuesto a sustituir al capo que acaba de ser eliminado y aumenta la violencia porque la gente lucha entre sí para cubrir ese puesto. Creo que en los próximos años las cosas no van van a hacer más que empeorar.



–¿Y no hay un resquicio para la esperanza?

–Deberíamos plantearnos una pregunta más profunda. ¿Por qué se consume? ¿Qué pasa con la sociedad moderna que hace que sea deseable escapar de la realidad?



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Arnaldur Indridason consigue que unos deprimentes personajes inviten a una lectura feliz


MATÍAS NIÉSPOLO

En Reikiavik los policías no portan armas. La capital de Islandia es una apacible comunidad de 200.000 almas donde apenas se comenten delitos. Dos asesinatos al año en la isla, según las estadísticas. Que este escenario figure en el mapa de la mejor novela negra no ya nórdica, sino europea, parece ironía, pero no lo es. Hay una razón de peso, se llama Arnaldur Indridason (Reikiavik, 1961).

Con una veintena de traducciones y más de cinco millones de ejemplares vendidos en todo el mundo, Indridason es una de las pocas celebridades de su país. Pocas, para no decir dos: él y Björk. En España se lo conoce por Las marismas y La mujer de verde. Ahora llega La voz , la quinta entrega de la serie, protagonizada por el inspector Erlendur Sveisson.

Quien encuentre deprimente el estilo de vida del Wallander de Mankell ahora conocerá lo que es bueno. Frío, fracaso y soledad definen a este sabueso. Erlendur tiene una exesposa con la que ya no se habla y dos hijos a los que no vio crecer. Un alcohólico y una yonqui que lucha por salir del infierno tras un aborto. Sus relaciones, por lo demás gélidas, se reducen a sus colaboradores Sigurdur Óli y la agente Elínborg. Y las cuatro horas de sol invernal no logran entibiarlo porque el frío que lo corroe por dentro viene de lejos. De cuando era niño y sobrevivió enterrado en la nieve a una tormenta que se llevó a su hermano.

NARRAR SIN TRAMPAS / Con todo eso Indridason no nos condena al Prozac, sino a la felicidad de lectura. Felicidad que no enturbian las manidas convenciones de género que el islandés respeta con inusual ortodoxia. La investigación arranca con un cuerpo y sigue su curso sin trampas ni pistas falsas, hasta que el sabueso la resuelve, más por persistencia que por astucia innata. En vísperas de Navidad, el portero de un céntrico hotel de Reykjavík aparece apuñalado en el sótano. Se trata de un tipo raro y solitario que el personal apenas conoce, a pesar de que lleva 20 años viviendo en el subsuelo. Para no regresar a su solitario apartamento, Erlendur se instala en el hotel. Mientras intenta infructuosamente ligar con una agente de la científica y recibe las conflictivas visitas de su hija, el inspector descubre en el gris portero a un niño prodigio caído en el olvido, un malbaratado solista de coro infantil.

Si La mujer de verde giraba en torno de la violencia doméstica, aquí el eje es la infancia arrebatada en una trama sencilla que Indridason sabe trenzar con maestría a tres bandas. La historia del niño prodigio se combina con el viejo trauma que sepulta al inspector bajo la nieve y con un caso de maltrato infantil.

La suya es una clara apuesta por el realismo social, en la línea de Maj Sjöwall y Per Wahlöö, a quienes reconoce sus maestros. Pero Indridason va más allá de la mera denuncia porque enfoca el problema desde múltiples ángulos, sin concesiones a la corrección política, a través de un frío y contenido lirismo, que quizá herede de las viejas sagas islandesas. Si por momentos peca por lineal o didáctico, la popularidad de su prosa es su merecido premio.



LA VOZ / LA VEU
Arnaldur Indridason.
Trad. Enrique Bernárdez / Maria Llopis.
RBA / La Magrana. 336 / 320 p. 17 €

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