“Nadie jamás ha sabido que estábamos entre vosotros… hasta ahora”
El 7 de Marzo de 1986, hace hoy ya 25 años, se estrenaba en Estados Unidos “Los inmortales” (Highlander), una historia fantástica de Gregory Widen que fue llevada a la pantalla por Russell Mulcahy.
“Los inmortales” fue presentada en Enero de ese mismo año en el Avoriaz Fantastic Film Festival, uno de los festivales de cine fantástico más importantes de Europa, creado en 1973 y clausurado en 1993, donde el propio Mulcahy había sido nominado el año anterior por su segundo título para la gran pantalla, “Razorback”. Entre las películas galardonadas en este festival se encontraban títulos hoy tan conocidos como “El diablo sobre ruedas”, “El hombre elefante”, “Cristal Oscuro”, “Terminator” o “Inseparables”.
Para interpretar al personaje protagonista de esta historia, Connor Mac Leod o Russell Nash (cambia su nombre según transcurre la historia en el pasado o en el presente), fue elegido Christopher Lambert, actor nacido en Nueva York pero criado desde los dos años en Ginebra (Suiza), lugar donde se mudó con su familia al ser destinado ahí su padre, diplomático estadounidense.
Lambert trabajó en varias producciones francesas antes de su primer proyecto americano, “Greystoke, la leyenda de Tarzán, el rey de los monos” (1984).
Dos años después, era elegido para el papel protagonista de “Los inmortales”. Durante el rodaje, Lambert pasó un tiempo con un entrenador de diálogo con el fin de desarrollar un acento que no sonara específicamente extranjero. Y es que en su única película anterior de habla inglesa, “Greystoke”, el actor tenía muy pocas frases de guión.
Mac Leod conoce su condición de inmortal gracias a Juan Sánchez Villa-Lobos Ramírez, otro inmortal de mayor edad que asume la tarea de adiestrarle en el arte de la espada, explicándole además el origen de los inmortales y el conjunto de sus reglas.
Sean Connery, ya entonces conocido mundialmente por su papel de James Bond y por haber participado en varios clásicos cinematográficos, se metía en la piel de Ramírez, aunque todas sus escenas tuvieron que ser filmadas en tan sólo una semana debido a su apretada agenda, circunstancia que dio lugar a una apuesta entre el actor, que sostenía que no daría tiempo a rodar lo previsto, y el propio director. Afortunadamente, ganó Mulcahy.
Connery le dio su gran presencia a este personaje y la fuerza y grandeza requerida. Y qué bien le sienta la inmortalidad a este actor, qué barbaridad…
Clancy Brown, actor americano que comenzó su carrera cinematográfica en 1983, compartiendo dos años después cartel con Sting y Jennifer Beals en “La prometida”, fue elegido para dar vida al crucial tercer personaje que cierra el círculo, el malvado Kurgan / Victor Kruger, papel que realmente borda este actor.
Durante el rodaje, Brown entabló una amistad que aún hoy perdura con Bob Anderson, veterano especialista y maestro en el arte de la espada en "Los inmortales" que entrenó a lo largo de su carrera desde al mismísimo Errol Flynn hasta los distintos personajes de las trilogías de "Star Wars" y "El señor de los anillos".
La otra baza importante de la película corría a cargo de su banda sonora, que conjugaba perfectamente dos estilos muy diferentes. La partitura venía de la mano de Michael Kamen, compositor americano también artífice musical de otros títulos como “Robin Hood, príncipe de los ladrones”, “Los tres mosqueteros” o “Don Juan DeMarco”.
Y las canciones eran aportadas, y perfectamente integradas en la historia, por el grupo británico Queen, ya entonces de sobra conocido y hoy sin ninguna duda inmortal.
En un principio, los componentes de Queen tenía previsto grabar una sola canción para la película, pero tras verla se decidieron a completar la banda sonora. Brian May escribió “Who wants to live forever?” durante el viaje en taxi a su casa tras el visionado del film y Roger Taylor utilizó la frase de la película “Es un tipo de magia” como base del título de su canción “A kind of magic”.
Por su parte, el tema “One year of love”, escrito por John Deacon, nunca fue lanzado como single en Europa o en los Estados Unidos, aunque sí fue un gran éxito en Japón. Junto a otros temas como “Princess of the Universe” o “Gimme the price”, aparecieron todos ellos ese mismo año de 1986 en el album del grupo titulado “A kind of magic”.
La buena relación establecida entre Connor y Ramírez a lo largo de la historia traspasó también la gran pantalla. Lambert y Connery se llevaban tan bien durante el rodaje que se llamaban entre sí por los nombres de sus personajes, incluso cuando no estaban filmando.
Y fue por insistencia de Lambert el que Connery fuera seleccionado también para “Los Inmortales II: el desafío” (1991).
“Del amanecer de los tiempos venimos. Nos hemos movido silenciosamente a través de los siglos, viviendo muchas vidas secretas hasta completar el número de los elegidos esperando la hora del combate final. La hora ha llegado: sólo puede quedar uno…”