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martes, 23 de febrero de 2016

HARPER LEE




Gracias, Mary. Gracias, Gregory.
Y mil gracias, Harper Lee.

jueves, 13 de noviembre de 2014

Seis cinematográficas almas para un literario corazón


Esta preciosa imagen de “Matar a un ruiseñor” me ha dado la idea de la entrada que os disponéis a leer ahora. Justo es, pues, que inicie con ella la misma que, todo hay que decirlo, estoy escribiendo de manera absolutamente improvisada. Sí, mis queridos espectadores, os encontráis ante una cien por cien espontánea entrada Clementine.

“Los ruiseñores no hacen otra cosa que música para nuestro disfrute. No se comen las cosechas, no anidan en nuestros graneros, no hacen otra cosa que cantar con el corazón para nosotros. Por eso es un pecado matar a un ruiseñor”


En 1960, la escritora estadounidense Harper Lee brindaba a la historia de la literatura la publicación de una maravillosa novela llamada “To kill a mockingbird” (Matar a un ruiseñor). Novela que, convertida rápidamente en best seller (vendió en su lanzamiento 30 millones de copias), otorgó al año siguiente a su autora el Premio Pulitzer


Dos años después, esta novela era adaptada al cine bajo la impecable dirección del también estadounidense Robert Mulligan, quien ya llevaba tras las cámaras desde 1957. Mulligan le imprimía a la película la misma sensiblidad que se desprendía de la novela. Fue nominado al Oscar por su trabajo.

Harper Lee accedía a llevar su novela a la gran pantalla pero no así a adaptar el guión cinematográfico…


… del que se hacía cargo el dramaturgo y guionista estadounidense Horton Foote, quien a punto estuvo de no aceptar por miedo a no hacerle justicia a la novela. Foote nos regalaba uno de los más mágicos guiones de cine y era premiado con un Oscar.

“No había nadie capaz de explicar las cosas con tanta claridad como Atticus. Y aunque esa cualidad suya no nos sirviera para despertar la admiración de nuestros amigos, Jem y yo teníamos que admitir que en eso era un maestro”

Harper ponía como condición principal para esta adaptación cinematográfica que fuera el actor Gregory Peck, y no otro, el que diera vida a Atticus Finch. Así que a él le fue enviado el guión…

“Sobre todo sentí que era un personaje con el que me podía identificar, que sería capaz de ponerme en su lugar y de andar con sus zapatos”


El personaje de Atticus estaba basado en el padre de Harper, un abogado de Monroeville (Alabama). Gregory fue muy merecidamente galardonado con un Oscar por su maravillosa interpretación.

“Atticus, Jem dice que algún día este reloj le pertenecerá… Y a mí, ¿qué me vas a dar?”

Hollywood buscaba a una niña sureña que pudiera dar vida a Jean Louis “Scout” Finch, la protagonista de “Matar a un ruiseñor”. Y en Birmingham, Alabama, encontraban a Mary Badham, una niña de diez años sin ninguna experiencia anterior como actriz.

“Yo debía hacer una película con un hombre llamado Gregory Peck,
que sería mi padre durante un tiempo”


Mary fue nominada al Oscar a la mejor actriz secundaria y obtuvo el Golden Laurel a la mejor actriz en los Laurel Award por su extraordinaria composición de Scout.

Matar a un ruiseñor” significaba también el debut cinematográfico de Robert Duvall, hasta entonces tan sólo actor televisivo El guionista Horton Foote conocía a Duvall por su trabajo en la pequeña pantalla. Su elección no pudo ser más acertada.


Sin emitir una sola palabra, Robert conseguía transmitirnos toda la magia de Boo Radley, su maravilloso personaje. Un personaje y una actuación para la historia del cine.

La dirección, los diálogos y la interpretación venían acompañados por una de las más emotivas bandas sonoras de la gran pantalla…


… un conjunto de preciosas y envolventes notas musicales firmadas por el extraordinario compositor neoyorkino Elmer Bernstein, a toda pantalla desde 1951. Bernstein unía su sensibilidad a todas y cada una de las que participaban en la película.


Una de las mejores adaptaciones de un libro jamás hecha
(Harper Lee)

martes, 25 de diciembre de 2012

Matar a un ruiseñor

“Maycomb era todavía una vieja y aburrida población en 1932 cuando yo la conocí…”


En 1960 la escritora estadounidense Harper Lee publicaba “Matar a un ruiseñor”, un ya maravilloso clásico de la literatura moderna que le valió a su autora el Premio Pulitzer.

Sin embargo, pese al rotundo éxito de la novela, los estudios de Hollywood no parecieron mostrar demasiado interés en llevarla a la gran pantalla… Hasta el feliz día en el que Isabel Halliburton, una joven agente del mundo del cine, decidió mostrarle el libro a Alan J. Pakula, por aquel entonces productor de un único título cinematográfico llamado “El precio del éxito” (1957), película ésta que suponía también el primer trabajo cinematográfico como director de Robert Mulligan. Tanto éste como Pakula se mostraron al momento entusiasmados con la novela de Harper Lee y decidieron convertirla en su siguiente proyecto conjunto.


La escritora accedió a llevar al cine su novela pero no así a hacerse cargo de la adaptación del guión. Así que Pakula y Mulligan se lo ofrecieron a Horton Foote, dramaturgo y guionista estadounidense que había dado sus primeros pasos en el mundo televisivo. En 1962, Horton nos regalaba el mágico guión de “Matar a un ruiseñor”, trabajo que a punto estuvo de no aceptar por miedo a no hacerle justicia a la novela. Tras ese título, Foote vería adaptada al cine una de sus más exitosas obras, “La jauría humana”, y escribiría él mismo el guión de otros títulos cinematográficos como “La noche deseada”, “Gracias y favores”, “Regreso a Bountiful” o “De ratones y hombres”.

Rock Hudson fue, curiosamente, la primera opción para dar vida en la pantalla a Atticus Finch, el maravilloso padre de esta novela. También le fue ofrecido este papel a James Stewart.

Muy, muy, muy afortunadamente para la historia del cine, Pakula y Mulligan le enviaban también el guión de este proyecto a Gregory Peck, quien lo aceptaba de inmediato.

Yo no los conocía, pero empecé a leer el guión que me enviaron y no pude dejarlo en toda la noche. Supuse que querían que interpretara a Atticus y les llamé a las ocho de la mañana para preguntarles que cuándo empezábamos. La novela me pareció espectacular. De hecho ganó el Premio Pulitzer y aún se estudia en las universidades en las clases de literatura. Pero sobre todo sentí que era un personaje con el que me podía identificar, que sería capaz de ponerme en su lugar y de andar con sus zapatos. Y también conocía bien a esos dos niños porque mi infancia fue muy parecida, corriendo descalzo en verano y pasando la mitad del tiempo subido a los árboles


“Las llaves del reino”, “Recuerda”, “Duelo al sol”, “La barrera invisible”, “El proceso Paradine”, “El pistolero”, “El hidalgo de los mares”, “El mundo en sus manos”, “Las nieves del Kilimanjaro”…


... “Vacaciones en Roma”, “El hombre del traje gris”, “Moby Dick”, “Mi desconfiada esposa”, “Horizontes de grandeza”, “Los cañones de Navarone”, “El cabo del terror”, “La conquista del Oeste”…

“No había nadie capaz de explicar las cosas con tanta claridad como Atticus. Y aunque esa cualidad suya no nos sirviera para despertar la admiración de nuestros amigos, Jem y yo teníamos que admitir que en eso era un maestro”




Gregory Peck era ya toda una estrella cinematográfica cuando dio vida, maravillosamente, a Atticus Finch en esta película, título que se convertiría en el favorito de toda su carrera.

Honestamente puedo decir que en los años que llevo haciendo películas nunca un papel ha estado tan cerca de mí como el de Atticus Finch. Puse todo lo que tenía en él. Todos mis sentimientos y todo lo aprendido en 46 años de vida. Y mis sentimientos acerca de la justicia racial y la desigualdad"

Boaty Boatwright, por aquel entonces un joven ayudante de dirección, fue enviado al sur de Estados Unidos para buscar a los pequeños actores que interpretarían a los hijos de Atticus Finch. Tras una larga lista de candidatos, fueron elegido finalmente Mary Badham y Phillip Alford.

“Atticus, Jem dice que algún día este reloj le pertenecerá… Y a mí, ¿qué me vas a dar?”

Hermana pequeña del director John Badham (quien nos dejó títulos como “Fiebre del sábado noche”, “El trueno azul”, “Juegos de guerra” o “Cortocircuito”), Mary Badham debutaba como actriz en “Matar a un ruiseñor” como Jean Louis “Scout” Finch, la adorable hija de Atticus. Mary tan sólo aparecería después en “Propiedad condenada”, en otros dos títulos cinematográficos más y en otras dos series televisivas.




Por su magistral interpretación en “Matar a un ruiseñor”, Mary se convertía, a sus diez años de edad, en la actriz más joven en ser nominada en los Premios Oscar. El galardón, sin embargo, se lo llevaba esa noche otra jovencita de 16 años llamada Patty Duke Astin que nos dejaba también maravillados con su extraordinaria composición de Helen Keller en “El milagro de Ana Sullivan”.






Durante el rodaje, Mary y Gregory desarrollaron una estrecha amistad que perduró hasta el fallecimiento en 2003 del actor, al que ella siempre llamó Atticus.

“Atticus, Jem está subido al árbol. Dice que no bajará hasta que tú le digas que jugarás al rugby con los metodistas…”




Philip Alford interpretaba magníficamente a  Jem, hijo de Atticus y hermano de Scout. Philip debutaba también aquí como actor, apareciendo después tan sólo en otro título cinematográfico más, “El valle de la violencia”, y en algún que otro programa televisivo, retirándose de la actuación en 1972 y convirtiéndose en un exitoso hombre de negocios.

“Oye, Jem, te apuesto dos cromos de Gulliver contra uno de Tom Sawyer a que no te atreves a entrar en el jardín de Boo Radley…”



Y John Megna era para nosotros Dill Harris, o Tití, compañero de juego de los dos hermanos en los veranos de Maycomb. John nos regalaba también una maravillosa recreación de su personaje, que estaba basado en los recuerdos que tenía Harper Lee de Truman Capote, vecino suyo en la infancia y desde entonces amigo íntimo de la escritora.


Tras “Matar a un ruiseñor”, John seguiría apareciendo en diversas series televisivas y en títulos cinematográficos como “Canción de cuna para un cadáver”, “El padrino. Parte II” o “Los locos de Cannonball”.

Mary Badham y Robert Mulligan


Durante el rodaje, Robert Mulligan dejaba a los niños comportarse como tales, dejándoles jugar en ocasiones y colocando la cámara y el resto del equipo a distancia, y procurando interrumpirles lo menos posible…




El resultado fue una interpretación espectacularmente natural de los tres pequeños.


Robert Mulligan habia debutado como director en la pequeña pantalla a principios de los años 50. Tras “Matar a un ruiseñor”, nos dejaría otros clasicos del cine como “Amores con un extraño”, “La rebelde”, “Verano del 42”, “El otro” o “El próximo año, a la misma hora”. Muy tristemente, Mulligan se nos iba en 2008 pero su magia y su tremenda sensibilidad se quedaban para siempre con nosotros.


El californiano Russell Harlan firmaba la maravillosa fotografía de esta película. Harlan ya nos había dejado su buen hacer en títulos como “Río Rojo”, “El enigma… de otro mundo”, “Semilla de maldad”, “Tierra de faraones”, “El loco de pelo rojo”, “Testigo de cargo”, “Río Bravo”, “Operación Pacífico”, “¡Hatari!”... Otro genio.


La parte técnica de la película era redondeada con el acertado montaje de Aaron Stell, la extraordinaria dirección artística de Henry Burnstead y Alexander Golitzen


… y la magistral banda sonora de Elmer Berstein, excepcional compositor neoyorkino que debutaba a toda pantalla en 1951 y ya nos había dejado auténticas joyas musicales en títulos cinematográficos como “El hombre del brazo de oro”, “Los diez mandamientos”, “Los siete magníficos”, “Los comancheros”, “La gata negra” o “El hombre de Alcatraz”.


Tras “Matar a un ruiseñor”, una de las bandas sonoras con mayor sensibilidad de toda la historia del cine, Bernstein nos regalaría otras maravillas musicales en “La gran evasión”, “La batalla de las colinas del whisky”, “Los cuatro hijos de Katie Elder”, “Tarón y el caldero mágico”, “Aterriza como puedas”, “Mi pie izquierdo”, “El prado” o “La edad de la inocencia”. Muy grande Elmer Bernstein, muy grande.



Los inolvidables títulos de crédito iniciales de “Matar a un ruiseñor” fueron creados por Steve Frankfurt, excelente diseñador creativo contratado por Alan J. Pakula. Más adelante, Frankfurt diseñaría también los créditos de “La semilla del diablo”, “Network, un mundo implacable” o la serie de television “Medicos de Los Ángeles”.

Robert Mulligan esperaba poder rodar en el mismo lugar donde transcurría la acción en la novela, pero Monroeville (Alabama) era para entonces una ciudad demasiado moderna. Así que la ciudad fue reconstruída en los Universal Studios. Asimismo, la sala del tribunal era también una recreación del interior del Monroe County Courthouse de Monroeville.





Harper Lee asistió al rodaje de esta película y llegó a asegurar que la recreación de la ciudad en estudio era perfecta y que la historia recogía los personajes y sentimientos básicos de la novela.


El personaje de Tom Robinson, el hombre negro acusado de abusar de una chica blanca al que Atticus defendía, era maravillosamente interpretado por Brock Peters, quien tras debutar a toda pantalla en 1954 con “Carmen Jones”, añadiría a su filmografía otros títulos como “Porgy and Bess” o “La habitación en forma de L”.


Tras “Matar a un ruiseñor”, seguimos viendo a Peters en películas como “Mayor Dundee”, “Cuando el destino nos alcance”, “Pánico en el estadio”,  “Las aventuras de Huckleberry Finn” o “Fantasmas del pasado” y en series de televisión como “La ley del revólver”, “Baretta”, “Raíces: las siguientes generaciones” o “Star Trek: Espacio profundo 9”. Y el 16 de Junio de 2003, Brock leía el elogio fúnebre a Gregory Peck.


Paul Fix daba vida al Juez Taylor. Fix llevaba en la gran pantalla desde 1925 y el público americano ya le había visto en otros títulos cinematográficos como “Scarface, el terror del hampa”, “Almas en el mar”, “La patrulla del coronel Jackson”, “Río Rojo”, “La legión invencible”, “Johnny Guitar” o “Gigante”.


James Anderson nos hacía una magnífica composición de Bob Ewell, su personaje. James había debutado como actor en la gran pantalla en “El sargento York” (1941), película a la que siguieron otras muchas como “Piratas del Mar Caribe”, “Camino de la horca”, “Hoguera de odios” o “La gran prueba” e infinidad de intervenciones en diferentes series de la pequeña pantalla antes de su intervención en “Matar a un ruiseñor”, tras la que Anderson también aparecería en otros tres míticos títulos cinematográficos: “Toma el dinero y corre”, “La balada de Cable Hogue” y “Pequeño gran hombre”.


Mayella, la hija de Ewell, era magistralmente interpretada por Collin Wilcox Paxton, quien tan sólo había aparecido en el mundo televisivo cuando fue elegida para este papel. Después, Collin siguió interviniendo en diversas series televisivas y en títulos cinematográficos como “Trampa 22”, “Fluke” o “Medianoche en el jardín del bien y del mal”.




Completaban el magnífico reparto nombres como Estelle Evans (Calpurnia), Rosemary Murphy (Maudie Atkinson), Frank Overton (Sheriff Heck Tate), Ruth White (Mrs. Dubose), Alice Ghostley (Stephanie Crawford), William Windom (Mr. Gilmer), Crahan Denton (Walter Cunningham) o Kim Stanley (como la voz narradora de Scout adulta).


Y un debutante y extraordinario Robert Duvall como el mágico Boo Radley. El guionista Horton Foote conocía a Duvall por su anterior trabajo televisivo en diversas series. La elección de este actor no pudo ser más afortunada.


Para una mejor composición de su papel, Robert permaneció seis semanas alejado del sol y se tiñó el pelo de rubio. Y, sin emitir una sola palabra, consiguió transmitirnos la fascinante sensibilidad de su personaje. Grande, grande, grande Robert Duvall. Enorme.


Producida por Alan J. Pakula para Universal Pictures, “Matar a un ruiseñor” (To kill a mockingbird) era estrenada en Los Ángeles, California, el 25 de diciembre de 1962, hace hoy ya 50 años.

Al año siguiente era premiada con el Oscar al mejor actor (Gregory Peck), guión adaptado y dirección artística, siendo además nominada en las categorías de película, director, actriz secundaria (Mary Badham), fotografía y banda sonora.


También recibía el Globo de Oro al mejor actor (Gregory Peck) y a la mejor banda sonora. En el Festival de Cannes, Robert Mulligan obtenía el Gary Cooper Award por su maravilloso trabajo y Gregory Peck el italiano David di Donatello como mejor actor extranjero.

ATTICUS: “La verdad es que se ha hablado mucho en esta población respecto al hecho de que no debería defender a ese hombre…”
SCOUT: “Si no deberías defenderle, entonces ¿por qué lo haces?”
ATTICUS: “Entre varias razones, porque si no lo hiciera no podría ir con la cabeza bien alta y ni siquiera podría deciros a ti y a Jem qué es lo que debéis hacer”


El personaje de Atticus Finch tenía como modelo a Amasa Lee, el padre de Harper. Amasa era abogado y Finch el apellido de soltera de la madre de Harper Lee. Gregory Peck quiso conocer a Amasa, creciendo pronto una buena amistad entre ellos. Amasa Lee murió durante el rodaje y Harper le regaló posteriormente a Peck su reloj y su cadena. Cuando Peck recogió su Oscar al año siguiente llevaba ese mismo reloj.

Para mí, el de “Matar a un ruiseñor” ha sido su mejor papel porque él tiene mucho de ese personaje…
Él fue entonces, y lo seguirá siendo, mi Atticus
(Mary Badham)