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lunes, 11 de marzo de 2013

Jezabel

El 19 de diciembre de 1933 se estrenaba en Broadway “Jezebel”, obra teatral del dramaturgo americano Owen Davis protagonizada en sus principales papeles por Miriam Hopkins y Joseph Cotten que no tuvo, sin embargo, demasiado éxito llegando tan sólo a las 32 representaciones.

El director alsaciano William Wyler había asistido a una de estas representaciones y le había gustado la obra. Así que no tardó en escribirle al productor Carl Laemmle lo siguiente: “A pesar de las críticas negativas, pienso que tiene excelentes fundamentos para ser una buena película. Habría que desarrollar visualmente algunos hechos o ideas que solamente están en el diálogo y poner algo de acción. Creo que tanto el clímax, como la época o el vestuario añadirían belleza al film”.


William Wyler había debutado tras las cámaras en 1926 y ya nos había dejado títulos como “Fascinación”, “Esos tres”, “Desengaño”, “Rivales” (codirigida con Howard Hawks) o “Calle sin salida”. Y tras “Jezabel”, aún habría de maravillarnos con otros grandes clásicos del cine como “Cumbres borrascosas”, “El forastero”, “La carta”, “La loba”, “Los mejores años de nuestra vida”, “Vacaciones en Roma”, “Horizontes de grandeza”, “Ben-Hur”… Sí, sobran las palabras.

El magnífico guión de “Jezabel”, basado en la ya citada obra homónima de Owen Davis, corría a cargo de Clements Ripley, Abem Finkel y John Huston.


La correctísima fotografía era firmada por el californiano Ernest Haller, a toda pantalla desde 1920 y ya con títulos en su filmografía como “La escuadrilla del amanecer” o “El capitán Blood”. Tras “Jezabel”, Haller nos regalaría también las imágenes de “Lo que el viento se llevó”, “El halcón y la flecha”, “Rebelde sin causa”, “¿Qué fue de Baby Jane?” o “Los lirios del valle”.


Y la preciosa banda sonora nos llegaba a través del maravilloso compositor vienés Max Steiner, en el cine desde 1916 y ya con títulos a sus espaldas como “Ave del paraíso”, “Doble sacrificio”, “King Kong”, “Las cuatro hermanitas”, “La patrulla perdida”, “El delator”, “El pequeño Lord”, “La carga de la brigada ligera”, “La vida de Emile Zola” o “Las aventuras de Tom Sawyer”.

Un clásico del melodrama. Wyler trata el tema con un estilo clásico y contenido que realza el apasionamiento de Davis
(Francisco Marinero, Diario El Mundo)


Bette Davis había debutado como actriz en la película de 1931 “Mala hermana” y ya nos había ofrecido sus más que convincentes interpretaciones en títulos como “Veinte mil años en Sing Sing”, “El bosque petrificado”, “La mujer marcada” o “Kid Galahad”.

Willie me corrigió mis malos hábitos… Cuando me abochornaba, yo sabía que tenía razón. Además, había tratado ya a un montón de directores a quienes la interpretación les importaba un comino, preocupados sólo de cumplir el calendario


Jezabel” suponía su primer trabajo a las órdenes de William Wyler. Como cabía suponer, Bette nos brindaba una perfecta interpretación de Julie, su caprichoso personaje en esta historia. Sencillamente magistral.


En el cine desde 1935, Henry Fonda llevaba ya once títulos a sus espaldas, entre ellos “Canción de amor”, “El camino del pino solitario” o “Sólo se vive una vez”, y ya había dado buena muestra de su enorme profesionalidad como actor.


Con su, en todos los sentidos, correctísimo Preston Dillard, Fonda sumaba otra impecable intepretación a su ya entonces prometedora carrera.


George Brent daba vida a Buck Cantrell. Brent ya había sido visto por el público americano en títulos como “Miss Pinkerton”, “Stamboul Quest”, “El velo pintado” o “Agente especial”.


Donald Crisp era un, cómo no, maravilloso Dr. Livingstone. En la gran pantalla desde1908, Crisp había intervenido ya en infinidad de cortometrajes, en títulos tan fundamentales de la época muda del cine como “El nacimiento de una nación”, “Intolerancia”o “La culpa ajena” y en otros tantos de la ya sonora como “Tierra de pasión”, “Sangre gitana”, “La tragedia de la Bounty”, “María Estuardo”, “La carga de la brigada ligera” o “La vida de Emile Zola”. Todo un clásico de la historia del cine Donald Crisp.

“Pienso en una mujer llamada Jezabel
que hizo el mal a los ojos de Dios”


La paciente y comprensiva tía Belle nos llegaba a través de una exquisita Fay Bainter, extraordinaria actriz teatral que llevaba tan sólo desde 1934 en el cine.


Y Spring Byington interpretaba a Mrs. Kendrick. Byington se dio a conocer en la gran pantalla en 1933 como la madre de “Las cuatro hermanitas”, clásico título cinematográfico al que siguieron otros como “La tragedia de la Bounty”, “Desengaño”, “La carga de la brigada ligera”, “Corsarios de Florida” o “Las aventuras de Tom Sawyer”. Tras “Jezabel”, nos acabaría de conquistar a través de su más reconocido personaje, la entrañable Penny Sycamore, encantadora madre de la maravillosa familia de “Vive como quieras”.


Completaban el excepcional reparto Margaret Lindsay (Amy), Richard Cromwell (Ted), Henry O’Neill (General Bogardus) o Irving Pichel (Huger).


Producida por William Wyler para la Warner Bros. Pictures, “Jezabel” (Jezebel) era estrenada en el Radio Music Hall de Nueva York, hace ya 75 años, el 10 de marzo de 1938La película fue un rotundo éxito de público y agradó a la mayor parte de la crítica cinematográfica.


Bette Davis y Fay Bainter fueron merecidamente galardonadas con sendos Oscar como mejor actriz y mejor actriz secundaria, respectivamente. “Jezabel” fue asimismo nominada en los Premios de la Academia como mejor película , fotografía y banda sonora.

El primer día de rodaje y por indicación de William Wyler, Bette Davis tuvo que repetir unas 47 veces (se dice pronto) una misma escena, bastante corta y aparentemente fácil. Davis cumplió como buena profesional que era pero luego exigió ver proyectadas estas tomas y que Wyler le explicara qué no había hecho bien. Tras verlas, comprobó por sí misma que, no sólo había diferencias entre ellas en cuanto a su interpretación sino que, además, era precisamente en la última donde se mostraba más natural.


 


El ya clásico baile de “Jezabel” no tenía apenas importancia en la obra teatral de origen y, en un principio, tan sólo ocupaba unas pocas líneas del guión cinematográfico. William Wyler, sin embargo, se dio cuenta de la importancia de dicha escena en el desarrollo de la historia y le dedicó nada menos que cinco días de rodaje, resultando finalmente una de las más extraordinarias escenas de la historia del cine.

’Jezabel’ queda lejos de la usual historia romántica sureña. Es un penetrante estudio de caracteres en un ambiente cuya belleza superficial no anula su autenticidad y solidez esenciales
(James Shelley Hamilton en la revista National Board of Review)

lunes, 26 de noviembre de 2012

Casablanca

Llena de estrellas de talento, de imágenes realmente atractivas
y dirigida con considerable oficio por Michael Curtiz
("Sunday Times")


En 1941 llegaba a las manos del legendario productor norteamericano Hal B. Wallis, ya entonces conocido por títulos como “Hampa dorada”, “Los crímenes del museo” o “El sargento York”…


… una obra de teatro escrita por Murray Burnett y Joan Alison que llevaba por título “Everybody comes to Rick’s”. Hal B. Wallis decidía entonces llevar esta obra a la gran pantalla, para cuyo guión contó en un principio con Aeneas MacKenzie y Wally Kline, quienes, sin embargo, tan sólo permanecieron unas semanas en el proyecto inicial.


Wallis contrataba entonces para el mismo fin a los hermanos Julius J. y Phillip G. Epstein, cuya mayor contribución en esta historia fue el personaje de Claude Rains. Los Epstein llevaban en el cine desde 1934 y contaban ya con títulos a sus espaldas como “Cuatro esposas”, “La pelirroja” o “El hombre que vino a cenar”.


También fue contratado, más adelante, Howard Koch para pulir el guión,  prestando especial atención al personaje de Rick Blaine. Koch había debutado como guionista en 1940 y ya nos había escrito los guiones de “La carta”, “El sargento York” o “Como ella sola”.

Casey Robinson, Michael Curtiz y Hal B. Wallis

Y Casey Robinson, a quien se le encomendaron las escenas románticas entre los personajes de Humphrey Bogart e Ingrid Bergman.


Casablanca” era dirigida con maestría por el norteamericano de origen húngaro Michael Curtiz, quien llevaba tras las cámaras desde 1912 (eso sí, figurando en un principio en los títulos de crédito como Kertész Mihály)  y ya nos había dejado grandes clásicos como “El capitán Blood”, “La carga de la brigada ligera”, “Robin de los bosques”, “Ángeles con caras sucias”, “La vida privada de Elisabeth y Essex”, “Camino de Santa Fe” o la maravillosa “Yanqui Dandy”.


La ya mítica banda sonora de “Casablanca” venía firmada por un genio llamado Max Steiner, grandioso compositor a toda pantalla desde 1916 que ya nos había regalado auténticas maravillas musicales en títulos como “King Kong”, “Las cuatro hermanitas”, “La patrulla perdida”, “El delator”, “El pequeño Lord”, “Las aventuras de Tom Sawyer”, “Jezabel”, “Amarga victoria”, “La solterona”, “Intermezzo”, “Lo que el viento se llevó”, “La carta”, “Camino de Santa Fe”, “El sargento York”, “Murieron con las botas puestas” o “La extraña pasajera”… Un auténtico clásico musical de la historia del cine.



La excelente fotografía de “Casablanca” venía firmada por el neoyorkino Arthur Edeson, en el cine desde 1914 y ya con títulos a sus espaldas tan clásicos como “Sin novedad en el frente”, “El puente de Waterloo”, “El doctor Frankenstein”, “La tragedia de la Bounty”, “La pasión ciega” o “El halcón maltés”.


Edeson se permitía incluso un guiño hacia su propio trabajo como director de fotografía incluyendo en “Casablanca” un plano del reflejo en el suelo del cartel de “La Belle Aurore” muy similar al de “Spade and Archer” que un año antes había mostrado en “El halcón maltés”.


La muy correcta dirección artística de Carl Jules Weyl y el acertado montaje de Owen Marks redondeaban el conjunto técnico de la película, del que también formaba parte Don Siegel, sí, el mismo que, años más tarde, se convertiría en el afamado director de “Código del hampa”, “Brigada homicida”, “La jungla humana”, “Dos mulas y una mujer”, “Harry, el sucio” o “Fuga de Alcatraz”.

Llena de talento interpretativo y de momentos humanos y dramáticos
(“The Guardian”)

La primera opción de Jack Warner para el personaje de Rick Blaine era George Raft, pero el actor rechazó el ofrecimiento. Hal B. Wallis, por el contrario, siempre vio en Humphrey Bogart al actor perfecto para el papel.

“De todos los cafés y locales del mundo,
aparece en el mío”


Humphrey Bogart había debutado a toda pantalla en 1930 y el público americano le había visto ya en títulos como “El bosque petrificado”, “Calle sin salida”, “Ángeles con caras sucias”, “La pasión ciega”, “El último refugio” o “El halcón maltés”.

El señor Bogart es el tipo imperturbable, cínico, eficaz e inteligente de siempre, cuyo planteamiento a la hora de manejar sus asuntos es estrictamente práctico, pero que, con todo, posee un fondo sentimental e idealista. El papel que tiene que desempeñar es en realidad el del conflicto, labor que realiza de modo loable
(Bosley Crowther, “The New York Times”)


Pues eso, como bien creía Hal B. Wallis, imposible imaginarse un Rick Blaine que no sea Humphrey Bogart.

Para el personaje protagonista femenino, sin embargo, Wallis había considerado a Hedy Lamarr, pero ésta, aparte de estar bajo contrato de la MGM, no quería trabajar en un guión tan poco preciso. Dos años más tarde, Hedy interpretaría a Ilsa en un programa de radio basado en guiones cinematográficos.

“El mundo se derrumba
y nosotros nos enamoramos…”


Ingrid Bergman debutó como extra en 1932 y tras ella llevaba ya dos versiones de “Intermezzo” y otros títulos como “Un rostro de mujer” (un maravilloso rostro, añado yo), “Los cuatro hijos de Adán” o “El extraño caso del doctor Jekyll”.

Ingrid Bergman encarna a la heroína con todo el atractivo de su autoridad y belleza… Su presencia ilumina todas las secuencias en las que aparece
(Howard Barnes, “New York Herald Tribune”)


Ingrid se encontraba bajo contrato con David O’Selznick cuando se pensó en ella como la Ilsa Lund de “Casablanca”. Hal B. Wallis envió entonces a los hermanos Epstein al estudio de O’Selznick para que intentaran persuadirle de ceder a Bergman. No sin gran esfuerzo lo consiguieron, sí, muy afortunadamente para la historia del cine.

“¿He de permanecer escondido en un hotel o continuar luchando por mis ideas?”


Paul Henreid llevaba en el cine desde 1933 y ya había aparecido en títulos como “Alta escuela”, “Adiós, Mr. Chips” o “La extraña pasajera”. Henreid también fue cedido a la Warner  por Selznick International Pictures, pero en este caso en contra de la voluntad del actor, a quien le preocupaba que un personaje secundario pudiera arruinar su buena fama como protagonista romántico. En mi modesta y humilde opinión, esta interpretación de Paul Henreid como Víctor Laszlo es la mejor de toda su carrera.

“Es hora de adular un poco al señor Strasser… Hasta luego, Rick”


El Capitán Louis Renault era encarnado magníficamente por Claude Rains, quien había debutado a toda pantalla en 1920 y llevaba ya tras de sí títulos como “El hombre invisible”, “Robin de los bosques”, “Juárez”, “Caballero sin espada”, “El difunto protesta”, “El hombre lobo” o “La extraña pasajera”.

“Como cabeza de negocios ilegales en Casablanca, soy un hombre influyente y respetado”


Sydney Greenstreet nos ofrecía una excepcional recreación de Ferrari, su personaje en esta historia. Greenstreet había debutado magistralmente en la gran pantalla el año anterior en “El halcón maltés”, título al que siguió “Murieron con  las botas puestas”. Ya en 1942, pero antes de “Casablanca”, Sydney había aparecido también en “Como ella sola” y “A través del Pacífico”.


Greenstreet  sugirió llevar puesto algo más étnico en su papel de Ferrari para mostrar que su personaje había asimilado el estilo de vida marroquí. Wallis insistió, sin embargo, en que llevara un traje blanco. Hoy, este traje es icónico de su personaje.

“Piensa en esos pobres refugiados, si no fuera por mí se morirían esperando. Al fin y al cabo, yo les proporciono los visados que tanto desean…”


Peter Lorre nos regalaba una magistral composición de Ugarte, su personaje en "Casablanca". Lorre, en el cine desde 1929, llevaba ya tras de sí títulos como “M, el vampiro de Düsseldorf”, “Crimen y castigo”, “El agente secreto”, “El halcón maltés” o las dos versiones de “El hombre que sabía demasiado”.

“Usted enfatiza lo de Tercer Reich.
¿Acaso espera otro?”


Conrad Veidt era un extraordinario Mayor Strasser. En el cine desde 1916, Veidt ya había sido visto a toda pantalla en “El gabinete del Dr. Caligari”, “El hombre que ríe”, “El ladrón de Bagdad”, “Un rostro de mujer” o “A través de la noche”.

“You must remember this, a kiss is still a kiss,
a sigh is just a sight…”


Y el entrañable Sam nos llegaba maravillosamente a través de Dooley Wilson quien, habiendo debutado a toda pantalla en 1939, llevaba tan sólo cinco títulos antes de “Casablanca”, interpretación con la que consiguió una gran popularidad. Su personaje, hoy mítico, es también ya parte importante de la historia del cine. 


Dooley era actor y cantante, y también fue batería profesional pero, curiosamente, no sabía tocar el piano. El piano que aparecía en pantalla no sonaba en realidad, estaba vacío.


Sí sonaba el que había detrás de las cámaras, el tocado por el pianista y compositor Elliot Carpenter, estratégicamente colocado en el plató donde Dooley pudiera verle e imitar sus movimientos ante el piano. Tras este rodaje, Carpenter y Wilson se hicieron buenos amigos.


Completaban el reparto S.Z. Sakall, John Qualen, Max Linder, Dan Seymour, George Dee, Marcel Dalio, Curt Bois, Leonid Kinskey…  

“And wait… and wait… and wait”

Y Lou Marcelle como narrador. Actor de carácter en diversos shows radiofónicos durante las décadas de 1930 y 1940, Marcelle debutó en la gran pantalla como narrador en “Casablanca”, repitiendo esta misma función en títulos posteriores como “Persecución en el Norte”, “Destino Tokio” o “La última patrulla”, así como haciendo voces provenientes de la radio o de la televisión en otras escenas de otros títulos cinematográficos.

Personaje también fundamental de “Casablanca” es el hoy ya legendario tema musical “As time goes by”, escrito por el compositor estadounidense Herman Hupfeld para el musical de Broadway de 1931 “Everybody’s welcome”.


Maravillosa canción que perdurará, y perdurará, y perdurará… por mucho tiempo que pase.




Y otro personaje crucial de la película, el Rick’s Cafe Americain, para cuya decoración se tomó como modelo el Hotel El Minzah de Tánger.


Producida por Hal B. Wallis para la Warner Bros. Pictures, "Casablanca" era estrenada en Nueva York el 26 de Noviembre de 1942.


Tanto Claude Rains como Humphrey Bogart fueron nominados al Oscar por sus respectivos trabajos, así como la fotografía, el montaje y la banda sonora. El film sí recibió dicho galardón en las categorías de película, director y guión.

Porque sí, “Casablanca” tenía guión aunque sólo como referencia, ya que continuamente llegaban al plató nuevas hojas con nuevos diálogos.

Casablanca se creó en el plató. Yo tenía tres guionistas en plató que escribían mientras nosotros rodábamos
(Michael Curtiz)


Sistema éste bastante duro, como es de suponer, para los actores. Y sobre todo para Ingrid Bergman, quien no dejaba de preguntar de cuál de los dos hombres debía aparentar estar enamorada.

Yo no me atrevía a mirar amorosamente a Humphrey Bogart porque eso me hubiese obligado a mirar a Paul Henreid de otra forma

Humphrey Bogart, Ingrid Bergman y Paul Henreid representarían un año después sus respectivos papeles en un show benéfico de un programa de radio de la CBS.


Y otras curiosidades. Hal B. Wallis no quiso mostrar demasiado a Bogart con sombrero para que el público no le asociara en esta película con los gángsters que había representado ya el actor en la gran pantalla...

La música que se escucha en los títulos de crédito iniciales había sido ya escrita y utilizada por Max Steiner en “La patrulla perdida” (1934). Eso sí, para “Casablanca” Steiner alteró ligeramente el tempo y la instrumentación de esa melodía.

El Café de Rick  fue uno de los pocos set construidos para la película. El resto fueron todos reciclados de otras producciones Warner debido a las restricciones de materiales para la construcción en tiempo de guerra.




Todo lo que ocurre resulta creíble porque tiene su raíz en las relaciones de unos personajes perfectamente humanos, como humanos son también las manías, la cobardía y el sacrificio
(“Daily Film Renter”)