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jueves, 14 de marzo de 2013

¡Felices 80, Michael Caine!

Desde La Gran Pantalla hoy te felicito, Michael, por tu 80 aniversario. Y por tu enorme maestría como actor de drama, como actor de comedia, como actor principal, como actor secundario…


Te felicito por debutar en el mismo año de 1956 en la gran pantalla con “Sailor beware” y en la pequeña con la serie “The adventures of Sir Lancelot”. Y por seguir de manera constante en ambos medios…



… hasta darte ya a conocer a través de tus dos primeros personajes importantes: el teniente Gonville Bromhead en la correctísima “Zulú” (1964) y el agente Harry Palmer en “Ipcress” (1965), personaje este último que volverías a interpretar más adelante en “Funeral en Berlín” (1966) y en “Un cerebro de un billón de dólares” (1967).


Te felicito, lo más efusivamente que puedas imaginar, por tu impecable, extraordinaria, magistral composición en “Alfie” (1966). Qué maravilla de película, qué maravilla de guión, qué maravilla de personaje… Y qué lujo de interpretación la tuya.


Por tu excelente Charlie Croker de “Un trabajo en Italia” (1969)…



… tu líder de escuadrón Canfield en “La batalla de Inglaterra” (1969), tu oficial Hearne en “Comando en el mar de China” (1970)…



… por tu capitán en la preciosa “El último valle” (1971) y por tu Jack Carter de “Asesino implacable” (1971).


Te felicito por tu espectacular Milo Tindle en “La huella” (1972). Y por formar aquí una de las más inteligentes parejas de personajes cinematográficos con ese otro monstruo llamado Laurence Olivier.


Por tu maravilloso Peachy Carnehan en “El hombre que pudo reinar” (1975). Y por formar aquí una de las más fabulosas parejas cinematográficas con ese otro elemento llamado Sean Connery.



Por tu coronel Steiner en “Ha llegado el águila” (1976) y por tu teniente coronel Vandeleur en “Un puente lejano” (1977)…


… por tu Sidney Cochran en la divertida “California Suite” (1978), junto a una espléndida Maggie Smith…


…por tu capitán John Colby en la genuina “Evasión o victoria” (1981)…


… y por tu Dr. Frank Bryant en “Educando a Rita” (1983), según cuentan, tu interpretación favorita de toda tu carrera, de la que te sientes más orgulloso. Y no es para menos.


Te felicito por tu también excepcional interpretación en “Lío en Río” (1984). Divertidísima, y cómo no siendo de Stanley Donen.


Y por tu impecable Elliot de “Hannah y sus hermanas” (1986), papel que parecía realmente escrito para ti.


Por tu otro Elliot de “Dulce libertad” (1986), junto a una guapísima Michelle Pfeiffer…




… por tu Sam Bulbeck en “La calle de la Media Luna” (1986), tu John Preston en “El cuarto protocolo” (1987) y tu Frank Jones en “La sombra del delator” (1987).



Por tu Inspector Jefe Abberline en el telefilm “Jack el destripador” y tu Sherlock Holmes en el largometraje “Sin pistas”, ambas de 1988.


Te felicito también por tu extraordinario Lloyd Fellowes en “¡Qué ruina de función!” (1992). Otra película redonda, otro guión de lujo… y otra interpretación memorable por tu parte.


Y por tu maravilloso Ebenezer Scrooge en “Los Teleñecos en Cuento de Navidad” (1992).



Por tu Ray Say en “Little voice” (1998) y tu Dr. Wilbur Larch en “Las normas de la casa de la sidra” (1999)…



… por tu Billy “Shiner” Simpson en “Shiner” (2000) y por tu intervención, en ese mismo año, en “Get carter” (remake de tu “Asesino implacable”) donde dabas vida a Cliff Brumby.


También te felicito por tu sensacional Thomas Fowler de “El americano impasible” (2002)…


… y por tu más que entrañable Garth en “El secreto de los McCann” (2003). Y por formar aquí una maravillosa pareja de hermanos con Robert Duvall. Vaya dos.




Por tu Alfred en “Batman begins” (2005) y, más adelante, en “El caballero oscuro” (2008) y “El caballero oscuro: la leyenda renace” (2012), tres títulos firmados por Christopher Nolan.



Por tu Robert Spritzel en “El hombre del tiempo” (2005) y tu Cutter en “El truco final (El prestigio)” (2006). Dos memorables interpretaciones tuyas como actor de reparto.


Te felicito además por atreverte a participar en “La huella” (2007), remake del genial clásico  homónimo pero en esta ocasión haciendo el papel de Andrew Wyke y con Jude Law como Milo Tindle. Curiosamente, Jude había protagonizado en 2004 un remake de “Alfie”.


Por tu Miles en “Origen” (2010), de nuevo a las órdenes de Christopher Nolan…



… y por prestarles en 2011 tu voz a Lord Redbrick en “Gnomeo y Julieta” y a Finn McMissile en “Cars 2”.


Muchas felicidades por esos dos Oscar de la Academia como mejor actor secundario que bien mereciste por tus magníficas interpretaciones en “Hannah y sus hermanas” y “Las normas de la casa de la sidra”. Y por esas otras cuatro nominaciones como actor principal por “Alfie”, “La huella”, “Educando a Rita” y “El americano impasible”.

¿Por qué te dan el Oscar cuando apareces como actor secundario y no cuándo apareces como actor principal? Y voy más allá… ¿Cómo es que no te lo han dado por “La huella”? ¿Y por “Alfie”?


Muchísimas felicidades por ser así de grande y por llamarte en la vida real Maurice Joseph Micklewhite, sí, Micklewhite, como la ilustre tienda que aparece en “Los Teleñecos en Cuento de Navidad”. 

Y, Michael, muy felices 80.

lunes, 10 de diciembre de 2012

La huella

En noviembre de 1970, el autor teatral y guionista cinematográfico Anthony Shaffer estrenaba en los escenarios de Broadway su obra “Sleuth”.


Interpretada en sus principales papeles por Anthony Quayle y Keith Baxter, la obra llegaba a las 1.222 representaciones y obtenía el Premio Tony  a la mejor obra teatral.

Apenas un par de años más tarde, el propio Anthony Shaffer se encargaba de escribir el guión de esta obra para una adaptación cinematográfica…


… que se iba a convertir en el último (y magistral) título a toda pantalla dirigido por el estadounidense Joseph Leo Mankiewicz.


“La diferencia entre la vida real y las películas es que un guión tiene que tener sentido. La vida, no”


Mankiewicz había debutado tras las cámaras con “Backfire” y “El castillo de Dragonwyck”, y nos había dejado también ya “El fantasma y la señora Muir”, “Carta a tres esposas”, “Eva al desnudo”, “Julio César”, “La condesa descalza”, “De repente, el último verano”, “Cleopatra”, “El día de los tramposos”… Muy grande Joseph Leo.


La huella” contaba con la magistral fotografía de Oswald Morris, quien ya nos había regalado las imágenes de títulos como “Moulin Rouge”, “La burla del diablo”, “Moby Dick”, “Adiós a las armas”, “Mirando hacia atrás con ira” o “Nuestro hombre en La Habana”.  Y con un acertadísimo montaje a cargo de Richard Marden, una impecable dirección artística de Peter Lamont...


Y la sugerente y brillante música de John Addison, compositor inglés educado en la Royal Academy of Music de Londres que ya nos había dejado en la gran pantalla las bandas sonoras de títulos como “El animador”, “La soledad del corredor sin fondo”, “Tom Jones”, “Cortina rasgada” o “Mujeres en Venecia”.

En “La huella” también disfrutábamos de Cole Porter a través de temas musicales suyos tan maravillosos como “Just one of those things”, “You do something to me” y “Anything goes”.

Extraña velada para dos pesos pesados de la interpretación
(Javier Ocaña, Cinemanía)

“¿De veras llegó a pensar que le entregaría mi mujer y las joyas a usted? ¿Tan imbécil me cree como para hacer una cosa así?”


“Fuego sobre Inglaterra”, “Cumbres Borrascosas”, “Rebeca”, “Más fuerte que el orgullo”, “Lady Hamilton”, “Los invasores”, “Enrique V”, “Hamlet”…


… “Carrie”, “Ricardo III”, “El príncipe y la corista”, “El animador”, “Espartaco”,  “Escándalo en las aulas”, “Otelo”, “Las sandalias del pescador”, “La batalla de Inglaterra”, “Nicolás y Alejandra”…


En el cine desde 1930, Laurence Olivier era ya toda una institución en el mundo de la actuación, tanto teatral como cinematográfica. A través de Andrew Wyke, su personaje en “La huella”, el elegantísimo y magistral actor inglés confeccionaba otra extraordinaria interpretación que añadir a su ya brillantísima carrera.



En la película, Andrew Wyke lucía en su casa un retrato de Marguerite, su esposa. La pintura tomaba como modelo a la actriz Joanne Woodward.


Wyke también lucía en esa misma casa un Edgar Allan Poe, premio éste que le había sido otorgado en la vida real al propio Anthony Shaffer por su obra “Sleuth”. Curiosamente, Mankiewicz también había obtenido uno por su película “Operación Cicerón”.

“¿Aquí? ¿Que alguien me vio entrar aquí? ¡Si yo no encontraría este lugar ni con la ayuda de un plano!”


“Zulú”, “Ipcress”, “Alfie”, “La caja de las sorpresas”, “Funeral en Berlín”, “Un cerebro de un billón de dólares”…


… “Un trabajo en Italia”, “La batalla de Inglaterra”, “Comando en el mar de China”, “El último valle”, “Asesino implacable”…


En la gran pantalla desde 1956, Michael Caine tenía ya su nombre hecho en el mundo del cine a base de una enorme profesionalidad. Con su espléndida composición de Milo Tindle, su personaje en “La huella”, Michael reforzaba aún más el prestigio que ya ostentaba como actor.

Cada elemento se integra en un sistema, cada componente remite a otro, toda relación es la metáfora de otra relación. El espectador no puede interrumpir el encadenamiento de significaciones, como ni Wyke ni Tindle pueden interrumpir el juego. El movimiento íntimo del film repercute en el espectador, La ilusión deviene realidad
(Alain Garsault, crítico francés)

En el extraordinario guión elaborado por Anthony Shaffer se recogían muchas aportaciones sugeridas por Mankiewicz pues entre ellos, durante el rodaje, hubo un absoluto entendimiento.


Entre las ideas aportadas por Mankiewicz se encontraba el ya mítico laberinto y la inclusión de los diversos autómatas que van tomando protagonismo en la historia.




“Las marionetas tampoco estaban en el guión y empezaron casi a dirigirme. Para cada película me gusta pasar por lo menos un día completo solo junto al decorado enteramente montado. De este modo pasé toda una tarde en disponer las marionetas en diversos sitios. Y mientras el film avanzaba tenía el sentimiento de que cada uno de estos muñecos poseía una personalidad distinta… Pensé más en estos muñecos que en los personajes reales”




Curiosamente, la risa que emitía el autómata marinero Jolly Jack Tar era del mismísimo Laurence Olivier.

Milo: “Estos días vamos a llamarnos por nuestros nombres, Andrew”
Andrew: “Claro que lo haremos, usted y yo necesitamos ser amigos, ¿no cree?”


“Me iba aproximando gradualmente a la mayor prueba de mi carrera: actuar frente a Laurence Olivier en ‘La huella’. De algún modo inconsciente, me había preparado psicológicamente para el gran combate contra aquel campeón mundial
que por entonces era Olivier…


… Por fin llegó el gran día, cuando empezaron los ensayos que iban a tenernos ocupados las dos primeras semanas del programa”


“En los ensayos, vi que Michael Caine era un compañero estupendo, siempre divertido y muy buen actor”

“Desde que me incluyeron en el reparto de ‘La huella’ había tropezado con un problema típicamente inglés. Laurence Olivier tenía título nobiliario y sería de mala educación dirigirme a él de otro modo que no fuera ‘My Lord’…


… Fue Olivier, sin embargo, quien resolvió el problema, con su peculiar premeditación. Dos semanas antes de rodar me había enviado una carta que empezaba diciendo: ‘Se me ocurre que quizá te preguntes cómo dirigirte a mí cuando nos encontremos. Creo que sería una gran idea que me llamaras Larry’”




Tan sólo nominada al Oscar al mejor director, actor principal (Laurence Olivier y Michael Caine) y mejor banda sonora…




… y en los Globos de Oro a la mejor película y actor principal (tanto Olivier como Caine)...


La huella” sí obtuvo un Premio Edgar como mejor película en los Edgar Allan Poe Awards entregados anualmente por Mistery Writers of America. Y Laurence Olivier recibió por su magnífica interpretación en esta película un NYFCC Award en los Premios del Círculo de Críticos de Cine de Nueva York y el italiano David di Donatello como mejor actor extranjero compartido, eso sí, con Yves Montand por “Ella, yo y el otro”.


Extraordinaria producción de Morton Gottlieb para Palomar Pictures International, “La huella” (Sleuth) era estrenada el 10 de diciembre de 1972.


Así es como vivimos, intentamos ajustar la vida a nuestros fantasmas. Lo que me fascina es la idea del juego, el juego en el interior del juego, y el hecho de que jugamos tanto tiempo que, al final, es el juego el que juega con nosotros
(Joseph Leo Mankiewicz)