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martes, 3 de julio de 2012

El hombre de Alcatraz


Ésa es la isla de Alcatraz. Hoy la abandona un hombre después de 17 años de encarcelamiento. Se llama Robert Stroud. Ha pasado tras las rejas la mayor parte de su vida comprendidos 43 años incomunicado en una celda… Yo me llamo Tom Gaddis. He escrito un libro sobre ese hombre


El 3 de Julio de 1962, hace hoy ya 50 años, se estrenaba en Estados Unidos “El hombre de Alcatraz” (Birdman of Alcatraz), impecable producción de Stuart Millar y Guy Trosper para la United Artists que supuso un gran éxito de crítica y público.


Impecable producción que era magistralmente dirigida por John Frankenheimer, cineasta estadounidense procedente del mundo televisivo (en el que debutó en 1954 dirigiendo tanto series como telefilmes) que se dio a conocer en la gran pantalla en 1957 a través de “Un joven extraño”, al que siguieron otros títulos cinematográficos como “Los jóvenes salvajes” o “Su propio infierno”. Tras “El hombre de Alcatraz”, Frankenheimer volvía a dirigir a Burt Lancaster en “Siete días de Mayo” y “El tren”.


La historia de “El hombre de Alcatraz” estaba basada en “Birdman of Alcatraz; the story of Robert Stroud”, biografía escrita en 1955 por Thomas E. Gaddis que a su vez se basaba en la historia real de Robert Stroud.

Y el guión del film venía firmado por Guy Trosper, en el cine desde 1941,  que había dejado ya otros títulos en la gran pantalla como “The Stratton story”, “La novia salvaje”, “El rock de la cárcel” o “El rostro impenetrable”.


Las maravillosas imágenes en blanco y negro de “El hombre de Alcatraz” venían de la mano de Burney Guffey, en el cine desde 1929 y responsable también de la fotografía de clásicos como “El político”, “En un lugar solitario”, “De aquí a la eternidad”, “Deseos humanos”, “Más dura será la caída”, “Llegaron a Cordura”…


Y la excepcional banda sonora nos era ofrecida por Elmer Bernstein, incomparable compositor estadounidense que debutó como tal a toda pantalla en 1951 con “Saturday’s hero”, y ya nos había hecho vibrar con las partituras de “El hombre del brazo de oro”, “Los diez mandamientos”, “Los siete magníficos”, “Los comancheros”, Verano y humo“, “La gata negra”… Ese mismo año, Elmer nos regalaba otra maravilla en forma, también, de partitura que se llamó “Matar a un ruiseñor”.

Vivo en un pozo infecto y actúo en consecuencia


Burt Lancaster era Robert Stroud, el protagonista de esta historia. Lancaster había debutado en el cine en 1946 con “Forajidos” y llevaba ya tras de sí una larga lista de clásicos entre los que se encontraban “Voces de muerte”, “El halcón y la flecha”, “El temible burlón”, “De aquí a la eternidad”, “Su majestad en los mares del Sur”, “Veracruz”, “Trapecio”, “Duelo de titanes”, “Mesas separadas”, “Los que no perdonan”, “El fuego y la palabra” y “Vencedores o vencidos”. En “El hombre de Alcatraz” el actor conseguía, sin duda, su más precisa interpretación.


Karl Malden  llevaba en la gran pantalla desde 1936 y ya había demostrado su extraordinaria profesionalidad como actor en títulos como “El pistolero”, “Un tranvía llamado deseo”, “Yo confieso”, “La ley del silencio”, “Baby Doll”, “El árbol del ahorcado” o “El rostro impenetrable”. A través del alcaide Harvey Shoemaker, Malden nos volvía a ofrecer en “El hombre de Alcatraz” una recreación impecable de su personaje.


Tras actuar en los escenarios y asomarse también al mundo de la radio, Thelma Ritter debutaba en la gran pantalla en 1947 con “De ilusión también se vive”, al que siguieron otras míticas interpretaciones suyas en películas como “Carta a tres esposas”, “Eva al desnudo”, “Manos peligrosas”, “La ventana indiscreta”, “Papá, piernas largas”, “Millonario de ilusiones”, “Confidencias a medianoche” o “Vidas rebeldes”. La magnífica interpretación de Thelma como Elizabeth Stroud, la madre del protagonista, añadía un nuevo triunfo en la carrera de esta maravillosa actriz.


Telly Savalas había debutado en 1959 como actor en la pequeña pantalla en “Sunday Showcase” y ya era un rostro televisivo conocido por su intervención en múltiples series. En la gran pantalla había debutado en 1961 con “Mad dog Coll” y ya había sido dirigido este mismo año por John Frankenheimer y compartido cartel con Burt Lancaster en “Los jóvenes salvajes”. En "El hombre de Alcatraz" Savalas nos regalaba un extraordinario personaje  a través de su peculiar Feto Gomez.


Y Edmond O’Brien encarnaba en esta historia a Tom Gaddis, autor del libro sobre Robert Stroud y narrador de esta película. O’Brien había debutado en el cine en 1939 con “Esmeralda  la zíngara”, llevaba ya tras de sí otros títulos clásicos como “Mi encantadora esposa”, “Forajidos”, “Doble vida”, “El mayor espectáculo del mundo”, “Julio César”, “La condesa descalza”, “Traidor a su patria”… y nos acababa de ofrecer una excelente interpretación en “El hombre que mató a Liberty Valance”.


Entre otros premios y candidaturas, “El hombre de Alcatraz” recibió 4 nominaciones al Premio Oscar: mejor actor (Burt Lancaster), mejor actor secundario (Telly Savalas), mejor actriz secundaria (Thelma Ritter) y mejor fotografía.


Obtuvo un británico Premio Bafta al mejor actor extranjero (Burt Lancaster), siendo además éste y Savalas nominados en los Globos de Oro como mejor actor y mejor actor secundario, respectivamente. Asimismo, Lancaster obtuvo la Copa Volpi al mejor actor en el Festival de Venecia.


El auténtico Robert Stroud fue realmente conocido como “the birdman of Alcatraz”, a pesar de ser tan sólo en la penitenciaría de Leavenworth donde él desarrollara la cría de sus pájaros ya que en Alcatraz, donde fue posteriormente trasladado, no se le permitió continuar con ellos.


Escribió dos libros sobre pájaros: “Diseased of canaries” y “Stroud's Digest on the diseases of birds” e hizo además importantes contribuciones al estudio de las enfermedades de estas aves.

Robert Stroud murió el 21 de Noviembre de 1963 a la edad de 73 años, tras 54 de encarcelamiento, de los cuales 43 fueron en situación de aislamiento.


El impulsor de este proyecto cinematográfico fue el propio Burt Lancaster. A pesar de las diferencias durante el rodaje entre el actor y John Frankenheimer, el director supo darle a la película su impecable sello personal.

La vida es un don demasiado precioso para tirarla.
El primer deber en la vida es  vivir
(Robert Stroud en “El hombre de Alcatraz”)

domingo, 18 de septiembre de 2011

Un tranvía llamado deseo

Todos nosotros somos gente civilizada, lo cual significa que somos salvajes de corazón pero que somos capaces de observar unas pocas normas de conducta civilizadas
(Tennessee Williams)

Blanche Dubois llega a Nueva York y, tras coger un tranvía llamado Deseo y cambiar a otro de nombre Cementerio, se instala en el apartamento de su hermana Stella y su cuñado Stanley Kowalski…


Tras ser presentada en el Festival de Venecia, "Un tranvía llamado deseo(A streetcar named desire) se estrenaba el 18 de Septiembre de 1951.

Magistralmente dirigida por Elia Kazan, esta producción de Charles K. Feldman para la Warner Brothers contaba además con un exquisito guión firmado por Tennessee Williams y Oscar Saul que estaba basado en la obra homónima del primero.


Harry Stradling, Sr., ya reconocido director de fotografía de títulos como “Pygmalion” o “La posada de Jamaica”, dejaba también su impecable huella en “Un tranvía llamado deseo”.


Y la calidad de la película se redondeaba con la lograda banda sonora de Alex North, por aquel entonces nuevo en Hollywood pero ya con un buen número de partituras para el teatro y el film documental a sus espaldas.


Pero la película venía precedida por la representación teatral que se hizo de la obra de Tennessee Williams y que, también dirigida por Elia Kazan, fue estrenada el 3 de Diciembre de 1947 en el Ethel Barrymore Theatre con un total de 855 representaciones. Williams obtuvo por ella el Premio Pulitzer, el Premio Donaldson y el Premio de los Críticos de Teatro de Nueva York.

Cuando la Warner Brothers decidió llevar a la gran pantalla “Un tranvía llamado deseo” pensó, lógicamente, en Elia Kazan como director de la misma.


Sin embargo, Kazan ya había tenido bastante con la obra y no quería responsabilizarse  de su versión cinematográfica. Tan sólo la tenaz persuasión de Tennessee Williams logró convencerle de que era el director idóneo para llevar esta obra a la gran pantalla.

Para el reparto de la película, Elia Kazan decidió contratar a la mayoría de los actores que había dirigido en los escenarios de Broadway. Contó así con tres de los actores principales (Marlon Brando, Kim Hunter y Karl Malden) y con cuatro de los actores secundarios.


La actriz Jessica Tandy había representado el papel de Blanche Dubois en la obra teatral dirigida por Elia Kazan. Sin embargo, la Warner Brothers no la quería para la película porque querían que la actriz principal fuera ya una estrella bien reconocida.


Y, tras desechar a Olivia de Havilland por el elevado salario que pedía, Vivien Leigh se convirtió en la actriz más apropiada con el hecho añadido de haber dado vida a este mismo personaje en las representaciones que se hicieron de esta misma obra en Londres.

Vivien llegaba al rodaje de la película con su papel bien aprendido, pero tal y como la había dirigido en la obra teatral su entonces marido Laurence Olivier. Y esa Blanche Dubois no era exactamente la que quería Elia Kazan.

Cineasta y estrella llegaron, sin embargo, a un mutuo acuerdo cuyo fruto fue una de las mejores interpretaciones en la carrera de Vivien Leigh.


Vivien se habría revolcado sobre trozos de vidrio si hubiera podido servir para mejorar su interpretación. Me gustaba mucho… y francamente me sentí muy feliz cuando consiguió el Oscar, ya que yo estaba convencido de que se lo merecía
(Elia Kazan)


Marlon Brando era la elección lógica para el personaje de Stanley Kowalski debido al gran éxito que había conseguido con su magnífica representación en Broadway.

Kowalski siempre tenía razón y nunca tenía miedo. Nunca vacilaba ni dudaba de sí mismo. Su ego desbordaba seguridad. Y tenía esa agresividad brutal que yo odio. Me da miedo. Detesto al personaje
(Marlon Brando)


Brando, por su parte, intentaba borrar de la mente del público la identificación que de él habían hecho con su personaje teatral.

Muy afortunadamente para la historia del cine, John Garfield rechazó la oferta de interpretar a Kowalski en la gran pantalla porque no quería ser eclipsado por la protagonista femenina.

Y así fue como el papel volvió a Brando, quien finalmente accedió a interpretarlo en lo que sería su segundo título para la gran pantalla tras debutar a las órdenes de Fred Zinnemann en “Hombres”.


Es exactamente el personaje que me hubiera gustado crear. Tómenselo como una presunción mía o bien como un homenaje, pero es cierto que cada uno de sus gestos, todo lo que hace, responde a las coordenadas del personaje que tengo en mi cabeza. Brando se convirtió en el mejor Stanley Kowalski que yo podía esperar
(Tennessee Williams)

Y yo totalmente de acuerdo con Tennessee Williams. El Stanley Kowalski de Marlon Brando es, por derecho propio, una de las mejores interpretaciones cinematográficas de la historia. Sencillamente magistral.


Kim Hunter daba vida maravillosamente en la gran pantalla, al igual que en la obra teatral, a Stella, la hermana de Blanche. Rostro conocido desde su debut en el cine en 1943, la actriz llevaría luego a cabo una extensa carrera en la gran y pequeña pantalla.

Curiosamente, el otro papel por el que será siempre recordada Hunter no es otro que el de la doctora Zira de la saga de “El planeta de los simios”.


Y un extraordinario Karl Malden en el papel de Mitch completaba el cuarteto de protagonistas de esta historia. Malden había debutado en la gran pantalla en 1936 y llevaba ya a sus espaldas títulos como “13 Rue Madeleine”, “El beso de la muerte”, “El pistolero” o “Situación desesperada”.


Tras su participación en la obra teatral de “Un tranvía llamado deseo” redondeó su éxito personal con una interpretación antológica en la película. No en vano se convertiría con el tiempo en uno de los mejores actores americanos de todos los tiempos.

En el verano de 1950 se iniciaba el rodaje de la versión cinematográfica de la obra de Tennessee Williams. Rodaje que comenzó con un enfrentamiento entre Marlon Brando y Karl Malden, quien acusaba al primero de hacer todo lo posible por robarle los pocos momentos de protagonismo que tenía.


Y aunque en un principio Vivien y Marlon no se aceptaron mutuamente en sus respectivos papeles, pronto se hicieron amigos trabajando sin problemas junto al resto del elenco.

De hecho, Brando llegó a cenar una noche con ella y con Laurence Olivier, que se encontraba también entonces en Hollywood rodando “Carrie” a las órdenes de William Wyler.


En la primera colaboración cinematográfica de Elia Kazan con Tennessee Williams (en 1956 volverían a trabajar juntos en “Baby Doll”), los censores del Código de Producción exigieron 68 cambios en el guión cinematográfico con respecto a la obra teatral. Otros tantos recortes pidió la Legión Católica de la Decencia.

En sus memorias, Tennessee Williams escribía que le gustaba la película, pero que había sido empañada por ese “final de Hollywood”.


"Un tranvía llamado deseo” fue galardonada con 4 Premios Oscar: mejor actriz (Vivien Leigh), mejor actriz secundaria (Kim Hunter), mejor actor secundario (Karl Malden) y mejor dirección artística (Richard Day y George James Hopkins).

Y fue también nominada en otras 8 categorías: película, director, actor (Marlon Brando, el galardón se lo llevó Humphrey Bogart por “La reina de África”), guión, fotografía, diseño de vestuario, sonido y banda sonora.


Los Globos de Oro premiaron también a Kim Hunter como mejor actriz secundaria y nominaron a Vivien Leigh como mejor actriz principal.

Y los británicos Premios Bafta otorgaron a Vivien Leigh el premio a la mejor actriz y nominaron también a la película.


En el Festival de Venecia, Elia Kazan recibió el Premio Especial del Jurado por su magistral dirección y Vivien Leigh recibió el Volpi Cup a la mejor actriz. Kazan fue también nominado al León de Oro en este certamen.

Un tranvía llamado deseo” es una auténtica obra maestra del cine con todos los ingredientes necesarios para ello. Una impecable dirección, una magistral fotografía, una banda sonora inolvidable, un excepcional guión con un más que exquisito texto…


Y cuatro actores de lujo que forman, sin ninguna duda, uno de los mejores repartos cinematográficos de toda la historia del cine.

La verdad es que al menos para mí, Blanche y su creador eran intercambiables: compartían la misma sensibilidad, la misma inseguridad, la misma melancólica lujuria
(Truman Capote)

jueves, 2 de julio de 2009

Karl Malden, el rostro inconfundible

Las calles de San Francisco se han quedado desiertas. El actor Karl Malden nos dejaba ayer a los 97 años de edad. Una larga vida y una fructífera carrera en el teatro, el cine y la televisión.

En 1972, Malden se hizo tremendamente popular en la pequeña pantalla como Mike Stone, el experimentado detective de "Las calles de San Francisco". En un principio concebida como una película para la televisión, pronto la ABC la convirtió en una serie. En ella, Karl interpretaba a un veterano policía al que se le asigna como compañero a un joven oficial recién graduado, papel interpretado por un joven y desconocido Michael Douglas. Malden obtuvo por este papel cuatro nominaciones a los Premios Emmy y una a los Globos de Oro.


En su primera temporada, "Las calles de San Francisco" fue todo un éxito, y supuso la respuesta de la ABC a otras rentables series de los años 70, como "Hawaii 5-0", "Ironside", "Kojak", "McMillan y esposa" o "La mujer policía".

Este rotundo éxito de televisión venía avalado por los muchos años de experiencia como actor de Karl Malden. Mladen George Sekulovich nació el 22 de Marzo de 1912 en Chicago, Illinois. De madre checa y padre serbio, a la edad de cinco años se trasladó con su familia a Indiana, donde su padre trabajó como obrero siderúrgico y como lechero. En el colegio, Malden ya actuaba en algunas obras de teatro y destacaba en el equipo de baloncesto. Practicando dicho deporte y el fútbol americano, Karl se rompió la nariz en dos ocasiones. Curiosamente, esa deformada nariz le caracterizaría toda su vida. Consciente de ello y lejos de suponer un complejo para él, solía bromear diciendo que era "el único actor de Hollywood cuya nariz lo calificaba para usar el estacionamiento para discapacitados".


Tras graduarse en el Emerson School for Visual and Performing Arts, en Indiana, trabajó en la industria del acero durante tres años. Más adelante ("porque no estaba yendo a ninguna parte en las fábricas"), decidió dejar el trabajo en la industria ("cuando se lo dije a mi padre, me respondió: "¿Estás loco? ¿Quieres dejar un buen trabajo en mitad de la Gran Depresión?" Gracias a Dios por mi madre. Ella me dijo que lo intentara"). Desde aquí, yo también le doy las gracias a su madre. Malden prosiguió sus estudios en el Goodman Theater y en el Chicago Art Institute. Tres años más tarde, se trasladó a Nueva York. Rápidamente, se involucró con el Group Theater, una organización de actores y directores que pretendían mejorar la cara del teatro.

Debutó en Broadway a fines de los años 30 en la obra "Golden boy", de Clifford Odets. Allí atrajo la atención de Elia Kazan, bajo cuya dirección protagonizaría más adelante las obras "All my sons", de Arthur Miller, y "Un tranvía llamado deseo", de Tennessee Williams. Su trabajo como actor se vio interrumpido por la Segunda Guerra Mundial. Tras la guerra, retomó su carrera, participando en la obra de teatro "Truckline Café" junto a un joven y desconocido Marlon Brando. El éxito que obtuvo Malden con esta obra le permitió el salto definitivo al cine.


En 1940 debutó en la gran pantalla con "Sabían lo que querían". Con su intervención en 1950 en "El pistolero", su carrera cinematográfica empezaba ya a despuntar. Al año siguiente obtuvo el Oscar al mejor actor secundario por su memorable interpretación de Mitch, el eterno pretendiente de Blanche Dubois en la adaptación cinematográfica de "Un tranvía llamado deseo". Tras este papel, Malden nos mostró su gran variedad de registros en títulos hoy ya clásicos como "La ley del silencio", "Baby Doll", "Yo confieso", "El hombre de Alcatraz", "El árbol del ahorcado", "El rostro impenetrable", "La conquista del Oeste", "El rey del juego" o "Patton".

Personaje muy querido y respetado en Hollywood, en 1989 fue elegido Presidente de la Academia de las Artes y las Ciencias, cargo en el que estuvo hasta 1992. Y en 2004 recibió el Premio del Screen Actors Guild a toda una trayectoria artística, ocasión en la que afirmó que la estatuilla significaba la "cima" para él.

Cima que Malden encumbró con su profesionalidad y saber hacer. El actor estudiaba sus guiones cuidadosamente. En una entrevista a Associated Press decía: "No sólo descubro mi propia interpretación del papel, sino que trato de adivinar otras aproximaciones que al director le gustarían. También las preparo... de esta forma puedo cambiar en la mitad de una escena sin sudar. No hay tal cosa como un trabajo fácil, no si lo haces bien".

A lo largo de su extensa carrera, Karl Malden trabajó con actores de la talla de Montgomery Clift, Marlon Brando, Eli Wallach, Vivien Leigh, George C. Scott, Steve McQueen... Con reconocidas estrellas del cine como Gregory Peck, Richard Widmark, Carroll Baker, Gary Cooper, Burt Lancaster... Y a las órdenes de directores como Norman Jewison, John Ford, Elia Kazan, Alfred Hitchcock o Henry Hathaway. Karl Malden pertenece, al igual que Walter Brennan, Harry Carey, Edward Arnold o Ethel Barrymore (por citar algunos) a esa clase de actores llamados "secundarios" (para mí, son esenciales en sus películas) que hacen siempre un papel impecable y que, plano a plano y título a título, van construyendo una filmografía digna de la mejor estrella cinematográfica.


Sí, las calles de San Francisco se han quedado desiertas. Pero, además, en blanco y negro. Porque se nos ha ido un grande del cine clásico.
Hasta siempre, Karl. Y gracias.