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lunes, 12 de mayo de 2008

Como agua para chocolate



Se ha celebrado la reunión de Como agua para chocolate. Como si de una pequeña venganza antimachista se tratara, por una suma de circunstancias ha sido la primera vez que, en buena parte de la reunión, solo había mujeres. (Nuestro club es relativamente excepcional por el hecho de que, a veces, cerca de la mitad de participantes son hombres.) El libro ha gustado y ha dado pie a comentar un sinfín de anécdotas sobre las relaciones personales y de hombres y mujeres. Hemos llegado al doble convencimiento de que la situación de la mujer ha mejorado, pero no tanto como debería.

Nuestra próxima lectura trata un tema más serio: el Holocausto. Empezaremos con un libro asequible y, aunque triste, no tan deprimente como 1984: se trata de El niño con el pijama de rayas, de John Boyne, que ha sido un éxito comercial desde su lanzamiento.

jueves, 10 de abril de 2008

Reunión a propósito de 1984, de George Orwell



Hemos celebrado la reunión sobre 1984. Pese a que en general hemos coincidido en que es un libro complejo, denso y poco agradable por su temática, su final e incluso la machacona concepción literaria de esta antiutopía, no éramos menos que de costumbre. Ha dado mucho que hablar, sobre todo de las opresiones totalitarias, tanto de las más crudas (nazismo, stalinismo) como de las más disfrazadas (caza de brujas, delaciones, política del miedo). Algunos lectores se han sorprendido de que, a pesar de toda la lucha, el libro terminara mal, dado que en general los libros suelen recompensar de un modo u otro el esfuerzo de los personajes; pero es justo uno de los rasgos propios de una antiutopía escrita en un momento muy difícil de la civilización occidental, al poco de concluir la segunda guerra mundial, con la división del mundo en dos bloques y la amenaza de una tercera, y un cúmulo de desilusiones por la triste realidad de muchos movimientos sociales que habían parecido idealistas y eran en el fondo otra lucha más por el poder. Un libro que sin duda no alegra el día, pero que importa leer para comprender mejor el mundo en el que vivimos.

Con el próximo libro lloraremos de un modo muy distinto: leemos Como agua para chocolate, de Laura Esquivel.

lunes, 24 de marzo de 2008

George Orwell, 1984

George Orwell (1903-1950) fue un escritor y periodista británico, especialmente conocido por sus novelas antitotalitarias: 1984 y Rebelión en la granja. Son novelas que marcaron el pensamiento del siglo XX en torno de las dictaduras, con imágenes todavía hoy muy conocidas y vigentes, como la del ojo que todo lo vigila (Big Brother is watching you, El Gran Hermano te vigila). Con el uso cada vez más extendido de cámaras de vigilancia, en los bancos, pero también en las calles de muchas ciudades, puede decirse que son novelas cuya inspiración se ha visto confirmada por la realidad.

Más en concreto, 1984 forma parte del género de las antiutopías o distopías: una utopía negativa. Utopía es una palabra de origen griego que se refiere a un lugar que no existe y suele describir un mundo ideal. La usaba en el Renacimiento Tomás Moro (Wikipedia), cuando se desarrolló asimismo la idea de la Arcadia pastoril; un libro tan conocido como Los viajes de Gulliver juega con varios mundos utópicos y falsamente utópicos, sobre todo en las secciones finales del libro, con los yahoos y los houyhnhnm (caballos racionales). El género cobra especial auge con el socialismo del siglo XIX, en el que hay toda una rama de escritores utópicos, que imaginaron diversos falansterios o icarias. En el siglo XX, otra distopía muy famosa es Un mundo feliz, de Aldous Huxley (Wikipedia). Hay que recordar que Orwell escribe justo después de la segunda guerra mundial; 1984 se sitúa, por lo tanto, en el futuro (no en el pasado, como puede parecer hoy).

Uno de los conceptos más fructíferos del libro es el de la neolengua (newspeak). Pero en general, hay un gran trabajo literario en la creación de nombres que transmiten el clima irrespirable de la novela: las Casas de la Victoria (y los Cigarrillos o la Ginebra de la Victoria), los Dos Minutos de Odio y la Semana del Odio, la Policía del Pensamiento...

Se decía que el Ministerio de la Verdad tenía tres mil habitaciones sobre el nivel del suelo y las correspondientes ramificaciones en el subsuelo. En Londres sólo había otros tres edificios del mismo aspecto y tamaño. Éstos aplastaban de tal manera la arquitectura de los alrededores que desde el techo de las Casas de la Victoria se podían distinguir, a la vez, los cuatro edificios. En ellos estaban instalados los cuatro Ministerios entre los cuales se dividía todo el sistema gubernamental. El Ministerio de la Verdad (Miniver, en neolengua), que se dedicaba a las noticias, a los espectáculos, la educación y las bellas artes. El Ministerio de la Paz (Minipax), para los asuntos de guerra. El Ministerio del Amor (Minimor), encargado de mantener la ley y el orden. Y el Ministerio de la Abundancia (Minindancia), al que correspondían los asuntos económicos.
(Destino, col. Áncora y Delfín, n.º 968, p. 12)

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