Porco Rosso

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sábado, 13 de mayo de 2017

ALIEN: COVENANT de Ridley Scott - 2017 - ("Alien: Covenant")


La nave Covenant se dirige hacia un lejano planeta con el objetivo de que sus tripulantes establezcan en el lugar una colonia humana. Durante la travesía, sin embargo, un fallo despierta a parte de la tripulación y detectan una transmisión que parece ser humana en una estrella cercana que tiene características que la hacen perfectamente habitable. Los tripulantes del Covenant deciden dirigirse a este lugar... Y allí van a encontrar algo terrible.


Ha tardado cinco largos años, pero ya se ha estrenado la secuela de "Prometheus", "Alien: Covenant", de nuevo dirigida por Ridley Scott, que sigue profundizando en su saga estrella junto a "Blade Runner" y expandiendo y explicando su universo. Y, desgraciadamente, otra vez vuelve a hacer una película muy irregular que deja montones de cabos sueltos de nuevo y que hace más preguntas de las que contesta, amén de tener miles de lagunas de guión. Es una pena, porque "Alien" es una de las series cinematográficas más míticas de la historia, y sus hasta ahora dos precuelas están a un nivel bastante bajo. "Alien: Covenant" tiene logros fantásticos como la ambientación, que pone los pelos de punta, y como la fotografía y algunas escenas de acción visualmente geniales marca de la casa (porque Ridley Scott siempre ha sido un gran maestro de la estética hasta en sus películas más infames). El resto es pura irregularidad. Tenemos una expedición que aterriza en un planeta lejano donde encuentran algo. Y tenemos un guión lleno de agujeros, y un buen montón de hechos algo absurdos y mal explicados, y unos personajes que salvo dos o tres no dicen nada (incluida una nueva protagonista interpretada por Katherine Waterson sin carisma ninguno) y unos aliens que no dan el miedo que solían dar. Hay buenos detalles, como unas conversaciones algo pedantes pero en general acertadas sobre el origen de la vida y sobre la creación de la vida y sus implicaciones morales, y alguna escena aislada verdaderamente angustiosa y sangrienta. Pero nada más. Ni siquiera produce terror un filme que tendría que haber cuidado bastante este aspecto: los sustos son en su gran mayoría, y salvo un par, bastante flojitos. Ridley Scott, que es la irregularidad hecha persona, que lo mismo rueda una obra maestra que un bodriazo inexplicable y repentino, no sabe una vez más realizar algo coherente con el universo que él mismo creó, y la decepción vuelve a chafarnos sin piedad.


Es pecado mortal de esta sexta entrega de "Alien", pienso sobre todo, el no resolver casi nada de lo que se dejó en el aire en "Prometheus" (y lo poco que se cierra se cierra de forma apresurada y cutre) y, encima, liarse a poner nuevos enigmas que también se quedan sin resolver para la presumible siguiente entrega de la saga. De hecho, se nota muchísimo que, ante el escaso éxito de esta primera parte de 2012 mencionada y ante la deserción de algunos de sus principales actores, se ha optado por cortar con ella de un tajo y relegar al olvido muchas de sus líneas principales. Claro, las incoherencias se multiplican sin cesar. Por otra parte, el desenlace, sorprendente o no (aunque yo lo veo algo predecible) no tiene ningún sentido y no es posible bajo ningún tipo de mínima coherencia (y en el espacio para el spoiler lo explico). Es una pena, pero "Alien: Covenant" nos vuelve a tirar por encima un jarro de agua fría. ¿A la tercera irá la vencida?


ESPACIO CON SPOILERS: Me parece lamentable cómo se quita Scott de encima a los Ingenieros. Tanta importancia que tienen en "Prometheus", tanto por saco que dan, para eliminarnos de un plumazo en una escena cutre con un arma que encima supuestamente es suya. Es que además de salchichera, la explicación de todo esto encima es incoherente. El final también es un cromo: un robot más antiguo y débil NO puede ganar a uno más nuevo y fuerte. NO, Scott, NO. Que a ti te convenga para poner el final que tu quieres con calzador es otra cosa, pero te lo has montando fatal. Y luego tenemos los fallos de siempre: gente que llega a un planeta nuevo y sale de la nave al aire con gorras de baseball para que les de un chungo, así sin estudiar nada. Y finalmente tenemos una evolución de los aliens que ya es un delirante lío padre. Que si azules, que si blancos, que si negros, que si en "Prometheus" son unos y aquí son otros, que si arañas que salen de la nada, que si partículas chungas... Ni el propio Ridley Scott se entera ya de una mierda. Una auténtica lástima todo esto, en serio.


lunes, 6 de agosto de 2012

PROMETHEUS de Ridley Scott - 2012 - ("Prometheus")


Año 2093. Una expedición terrícola de investigadores viaja a un lejanísimo planeta en el que van a intentar buscar nada más y nada menos que las claves del origen de la humanidad: en el lugar, según creen, hay restos de una antigua raza alienígena que muchas viejas culturas de la Tierra identifican como la creadora de los hombres. Efectivamente, en el desértico planeta encuentran las ruinas de lo que puede ser un asentamiento de estos seres y, también, sus cadáveres... Pronto, sin embargo, una terrible verdad les va a ser revelada... Y sus vidas van a correr peligro.


Tal vez junto con la también recién estrenada tercera entrega de la saga de Batman de Christopher Nolan, "Prometheus" ha sido la película más esperada del verano y posiblemente de todo el año. Porque es de Ridley Scott (que a pesar de tener una carrera irregularísima en los últimos años se ha levantado un poco de la mediocridad con magníficas películas como "American Gangster" o "Red de mentiras"), porque es la precuela de su inolvidable "Alien. El octavo pasajero" (que si "nuevo concepto", que si "película aparte", que si "reinvención del mito"... y una leche, esto es la precuela de "Alien" y punto) y porque en definitiva los medios, o la gente en general, o los blogueros o los freakies o todos juntos han puesto grandes expectativas en ella, para bien o para mal. Y bueno, el resultado, por lo menos para mi, es más que irregular. La película, cargada de homenajes al mencionado primer "Alien" y también con guiños al segundo, al de James Cameron, narra la aventura de un grupo de científicos que, de expedición a un planeta lejano en busca de lo que creen que puede ser el origen del ser humano, descubre una terrible verdad y una raza alienígena casi extinta que les mete en los habituales problemas relacionados con la esperada lucha por la supervivencia. Existen dos partes claramente diferenciadas en "Prometheus": la primera y la segunda hora, a grandes rasgos. La primera, excelente; la segunda, atropellada y fallida.


El primer segmento de esta precuela del universo de "Alien" es como he señalado excelente, y está cargado de momentos de inmejorable cine de ciencia ficción donde Ridley Scott saca todo su poderío visual para dejar al espectador anonadado. El aura del extraño planeta, el interior de la estructura y la nave, los restos mortales de sus viejos moradores, las extrañas vasijas que sudan un líquido aún más extraño, la secuencia del aterrizaje, el periplo de los exploradores en las imponentes salas alienígenas... Todo esto, unido a las grandes cualidades interpretativas de Noomi Rapace, Logan Marshall-Green, Charlize Theron y sobre todo Michael Fassbender (que una vez más vuelve a comerse la pantalla sólo con su presencia) en el que es el personaje más interesante de la cinta (homenaje a los androides de las otras entregas de la saga Ash y Bishop en partes iguales) consiguen que la película prometa, y vaya que sí, durante toda esta primera hora (más o menos). El desastre, por desgracia, llega, y de golpe, nunca mejor dicho. Porque de súbito empiezan a agolparse hechos uno tras otro que precipitan la película en un camino atropellado que, finalmente, no llega a ninguna parte y que se queda abierto para una segunda entrega del filme que llegará según está anunciado en 2015 (e imagino que no en enero, sino en verano o Navidades). Pues vaya.


De repente, tenemos a la protagonista auto-operándose de un feto de "alien-calamar" (no te explican qué es esta cosa) es una escena absolutamente genial (que a pesar de lo irregular del conjunto del filme quedará para los anales de la historia del cine fantástico) pero que resulta incoherente porque, por muy avanzada que sean la tecnología y la medicina en esos lejanos años, me resulta extremadamente poco creíble que la chica pueda, por mucha anestesia que tenga, correr, saltar, escapar a zancadas en limpio y hasta "enfrentarse" a los "alienígenas" de marras recién operada y con el estómago casi abierto, como quien dice. Lo siento, no me lo trago, y no sé a la hora de hacer el guión por qué no sé cayó en este hecho. A partir de más o menos éste excelente pero incoherente momento, todo se precipita en las carreras: el personaje de Marshall-Green es eliminado de una manera sosa y todo el interés que despertaba se lo cepillan de un plumazo, el de la Theron no se desarrolla casi nada (y su muerte es estúpida), hay un "Space Jokey" vivo porque sí y sin explicación coherente, nadie intenta acabar con la protagonista después de que haya descubierto el pastel de Weyland y después de que se haya salvado de morir, nadie va a la cámara de operaciones a ver qué ha sido del "alien-calamar" (y nadie parece haberse enterado de la que se ha liado allí) y, aparte, queda ahí lo del sacrificio épico de los pilotos, que a mi particularmente me dio vergüenza ajena. Y queda, por supuesto, el decepcionante final abierto. A mi qué quieren que les diga, después de 33 años desde el primer "Alien", me sienta como tres patadas en el estómago que todo se quede en el aire o que haya tantísimas incógnitas sin resolver. No se dice nada del "alien-calamar", ni de los gusanos, ni de las vasijas extrañas que exudan líquidos extraños, ni de la enfermedad de Holloway, ni de por qué murieron los "Space Jockeys" (supuestamente tienen el pecho abierto, pero no se dice nada más), ni de la araña chupadora gigante evolucionada o involucionada, ni del alienígena del final (para unos es una cría de Reina Alien, para otros un modelo primigénio de la bestia, para otros es un "Alien-Jockey"...). Entiendo que haya que dejar cosas para una segunda entrega (me parece una buena idea), pero lo que no entiendo es que no te resuelvan prácticamente nada en ésta. Tristemente, "Prometheus" me ha decepcionado: no la considero una mala película porque puede resultar esencialmente divertida y porque tiene una primera hora antológica, pero tampoco es buena porque está deslabazada y porque no lleva a ninguna parte salvo a hacernos esperar tres largos años para enterarnos de algo.


jueves, 7 de junio de 2012

ALIEN. RESURRECCIÓN de Jean-Pierre Jeunet – 1997 - (“Alien Resurrection”)



Más de doscientos años después de su muerte, Ripley despierta: ha sido resucitada empleando técnicas avanzadas de clonación y su ADN se ha mezclado con el de la Reina Alien, por lo que posee poderes superiores a los del resto de los humanos. La compañía que la traicionó ha desaparecido, pero otra nueva relacionada con el poder militar ha podido devolverla a la vida para hacerse con su bien más preciado: los aliens, a los que ahora están criando en secreto un laboratorio del espacio. Por supuesto, las letales e ingobernables bestias escapan y siembran el terror en el lugar. Ripley se une a unos piratas espaciales para acabar con ellos y para asestar el golpe de gloria a la maldita raza que le ha destrozado la vida.


Cuando todos creían que la saga de Alien por fin había terminado con el sacrificio de Ripley para salvar al mundo, aparece un poco por sorpresa una cuarta parte que echa a temblar a más de uno. Si la tercera de Fincher no fue todo lo buena que pudo haber sido… ¿Qué podría ser ya una cuarta en la que la teniente aparecía absurdamente resucitada? La clave para salir de este atolladero estaba en algo que Hollywood demasiadas veces olvida o ignora: un guión aceptable y, tal vez, un director con una personalidad o, por lo menos, un buen artesano. Jean-Pierre Jeunet, después de debutar en Francia, su país natal, con dos geniales películas fantásticas (“Delicatessen” y “La ciudad de los niños perdidos”) que ahora ya son dos clásicos de su cine, se lanzaba al mercado estadounidense para hacerse cargo de esta cuarta entrega y, al menos en mi opinión (que sé que muchos no comparten en absoluto) sale medianamente bien parado. Perteneciente a la generación que surgió tras la estela de Luc Besson, Jean-Pierre Jeunet, que se separa ya para siempre de su compañero Marc Caro en esta película, hace una versión de Alien adaptada al tipo de cine que esta generación suele practicar: un cine siempre comercial pero que busca una personalidad marcada. Es lo que es, básicamente, “Alien. Resurrección”: una entrega que vuelve al modelo de la acción de Cameron (como Fincher volvió al del terror de Scott) buscando conectar con un público que busca diversión pero también tratando de conectar con otro que busca un producto de aceptable calidad.


Jeunet presenta un espectáculo pirotécnico de efectos especiales y efectismo excesivo, mucho más que el de Cameron, y muy frenético, que no deja parar un minuto al espectador. Los aliens vuelven a ser una mayoría, y sus víctimas vuelven a estar armadas hasta los dientes. La ambientación es recargada, barroca, también de luces y sombras, aunque ya es incapaz de aterrorizar lo más mínimo (también porque el mito del Alien está ya muy visto en una cuarta entrega). Claro que en ningún momento “Alien. Resurrección” intenta ser una película de terror. Es una película para divertir, y la verdad es que creo que Jeunet, básicamente, lo consigue, aunque no aporte nada nuevo. La considero algo superior a la también irregular entrega de David Fincher ya que esta apuntaba muy alto y caía bastante bajo. La gran mayoría de las sagas, al llegar a su cuarta entrega, ya se presentan completamente deterioriadas en todos los aspectos. La de Alien cae, como es normal, pero no llega a este grado.


No pienso que “Alien. Resurrección” sea un filme malo: es simplemente un filme de acción, un filme de acción que, como los de Luc Besson o los del propio Jeunet, suelen estar por encima de la media del cine de acción del Hollywood actual. La clonación de Ripley a manos de los militares, si bien en una primera instancia puede parecer de auténtica risa, está realmente bien tratada por Jeunet: no queda tan absurda ni tan delirante como se espera. Tampoco está su personaje mal desarrollado: tiene la suficiente dosis de desencanto para resultar coherente con su vida anterior, destrozada por los alienígenas y por los seres humanos y su maldad, que, peores que los propios aliens, esta vez han rizado el rizo en su búsqueda de la grandeza y el poder. El resto de sus compañeros resultan atractivos, tan extravagantes como los habituales de Jeunet e interpretados por algunos de sus actores fetiche: Dominique Pinon, Ron Perlman… junto a otros como Winona Rider, que no lo hace mal. El desenlace contra el alien-humano está bien resuelto y es coherente, y realmente presenta una aceptable historia que se puede seguir con interés. ¿Piensan que “Alien. Resurrección” está infravalorada como simple película de acción y diversión? Tras su aventura americana, Jean-Pierre Jeunet volvería a Francia para rodar su famosa y bonita “Amelie”.


miércoles, 6 de junio de 2012

ALIEN III de David Fincher – 1993 – (“Alien III”)


Cuando se despierta, la teniente Ellen Ripley descubre con horror que su hija adoptiva Newt y sus compañeros han muerto y que la nave en la que escaparon se ha estrellado en el planeta prisión Fiorina 161, en donde convive, sin armas de ningún tipo, una comunidad de viejos reclusos hostil y fanática. Ripley descubre además otra cosa: un alien sobrevivió y, por supuesto, la compañía que la traicionó desea hacerse con él, el último y preciadísimo ejemplar de su especie… Ripley toma una determinación: acabar con la bestia y destrozar los planes a la compañía que le destrozó a ella y a tantos otros la vida.


David Fincher siempre tuvo, sobre todo en su primera etapa, vocación por lo oscuro. Lo demostrarían obras como “Seven” o “El club de la lucha”, y también su irregular debut, “Alien III”, que bajaba el listón que tan alto habían dejado Ridley Scott y James Cameron con las dos primeras e imprescindibles entregas de la saga. Fincher da al desenlace de la trilogía (trilogía en su momento, pues hubo una inesperada cuarta parte y ahora está por llegar a las salas una suerte de precuela del propio Scott, "Prometheus") un tono que, si bien falla en sus expectativas, es personalísimo y muy propio de su obra: intenta regalar un capítulo que nada tiene que ver con los anteriores ni con el posterior del francés Jean-Pierre Jeunet; intenta recrear un drama psicológico de terror. Para ello, desarrolla una historia de absoluta desesperanza y la ambienta en un mundo desolador, corrupto y oscuro. Ripley es, una vez más, la única que sobrevive de la segunda entrega a ésta. Sus amigos han muerto y también su hija adoptiva, por la que tanto luchó, mientras que el androide Bishop es un armatoste destrozado y viejo que no puede hacer nada salvo pedir la eutanasia. Estos incidentes hacen de Ripley, aquí rapada, un ser desencantado y amargado con una vida destrozada a las espaldas por sus dos enemigos implacables: una amenaza alienígena y, lo que es más grave, los propios humanos, los directores de la compañía que en las entregas anteriores la traicionaron sacrificando vidas inocentes para incubar aliens, la forma de vida perfecta que tanto ansían atrapar. La sensación de soledad y malestar de Ripley en el planeta prisión en el que está confinada como la única mujer en una colonia de perturbados y fanáticos está muy conseguida, y es ciertamente deprimente comprobar de qué manera han muerto los supervivientes de “Aliens. El regreso” con los que tanto nos habíamos encariñado (este hecho disgustó a muchos fans de la saga y según he leído también al propio James Cameron).


“Alien III” transmite pesimismo existencial y fatalidad por los cuatro costados, lo mismo que transmite “Seven” y, en menor grado, “El club de la lucha”. Por ello, es una obra tan personal como la de Scott o la de Cameron. Sin embargo, el conjunto básico de la película se viene abajo por diversos factores, y la sensación que queda tras su visionado es la de una insatisfacción básica que, la verdad, fastidia, sobre todo tras las expectativas creadas y tras la genialidad de sus antecesoras. David Fincher intenta volver a recuperar el espítu del primer “Alien”: vuelve a colocar a una sola bestia asesina frente a un grupo de hombres desarmados e indefensos. El ambiente es ahora de luces y sombras, de pasillos oscuros y de tonalidades sepia, lúgubre y extraño de nuevo. Sin embargo, el terror no funciona: el mito es ya conocido y no sorprende, y Fincher no sabe explotar la sugerencia como lo hizo Scott. Tal vez sin proponérselo, Fincher acaba realizando una película de acción, por lo menos en su mitad segunda, la referida a la lucha contra el alien. Y el caso es que como película de acción "Alien III" también se plantea insuficiente, sin pulso, llegando por momentos, ante la falta de originalidad, al puro efectismo frenético vacío que ya empezaba a cuajar entre los autores de cine comercial.


A todo esto se le añade una galería de personajes medianamente interesantes en los inicios pero que acaban resultando anodinos, sin mucho carisma y completamente olvidables (los más olvidables de todas las entregas). Es especialmente triste lo desperdiciado que está en este sentido, primeramente, Bishop, convertido en un trasto moribundo y posteriormente en un villano sin demasiado gancho; y en un segundo término, el médico que interpreta Charles Dance, que muere casi antes de la mitad de la película sin haber aportado todo lo que prometía (una relación con Ripley, nada menos) y que da la completa sensación de ser un personaje interrumpido por alguna oscura trama de productores que no hemos podido conocer. Tampoco ayuda el hecho de que la protagonista albergue un oscuro secreto que no voy a revelar pero que se predice con rapidez y que poco aporta. De “Alien III” se salva su desenlace, completamente inesperado, en el que Ripley por fin se venga de la compañía y les destruye para siempre su sueño de grandeza. El resto, por desgracia, resulta insuficiente por las razones antes comentadas. Eso sí, al parecer a Fincher los productores le destrozaron su proyecto, eliminando escenas sin piedad y cambiando el concepto original de la historia para hacerlo más comercial. ¿Qué ocurrió exactamente? El caso es que, por desgracia, la película es la más floja de la saga (yo incluso la situaría por debajo de la también irregular pero divertidísima aportación de Jeunet). ¿Qué opinan?


martes, 5 de junio de 2012

ALIENS. EL REGRESO de James Cameron – 1986 – (“Aliens”)


La teniente Ripley, la única superviviente de la nave Nostromo, es rescatada después de vagar dormida cincuenta años por el espacio. En la base en la que la instalan descubre que el planeta de donde venía la criatura que les atacó ha sido colonizado, y misteriosamente se ha perdido la comunicación con la colonia. Ripley, cuya familia ya no la recuerda de tantísimo tiempo desaparecida, se une a un grupo de marines para asaltar el planeta y acabar con la amenaza que se oculta en su interior. Pero Ripley también tiene otro objetivo: sabe que la compañía que les traicionó en Nostromo posiblemente ande detrás de lo que ocurre en la colonia.


Director, guionista, escritor y productor, James Cameron es, por méritos propios y a pesar de estar injustamente infravalorado, uno de los más grandes directores norteamericanos comerciales de acción y de ciencia ficción. Canadiense de nacimiento, su gran carrera se ha desarrollado en los USA. Maquinista, camionero, conductor de autobús escolar y pintor en sus inicios, ha desarrollado una filmografía ciertamente muy corta y espaciada pero formada casi en su totalidad por grandes éxitos y personalísimas películas de entretenimiento, caracterizadas por estéticas ultratecnológicas bebedoras del ciberpunk y ambientes oscuros y opresivos poblados por monstruos góticos o por frías máquinas. Su cine siempre es comercial (es más: siempre está fieramente orientado a triunfar en taquilla), pero no por ello deja Cameron que sus producciones carezcan de geniales historias, de personajes trabajados y de imaginación y calidad audiovisual. Su estilo es el de la acción frenética, el de la violencia vistosa, y suele mezclar la ciencia ficción con otros géneros como la acción, el terror, las aventuras o el fantástico puro. Debutó en los estudios de Roger Corman con su peor película: la bazofia “Piraña II: Vampiros del mar”, que es mejor olvidar. Sin embargo, pronto se recuperó del batacazo con la magistral “Terminator”, que sentó un mito de los años ochenta y noventa y sedujo a generaciones enteras. Tras ella, no pararon de llegar éxitos: “Aliens. El regreso”, genial secuela del otro mito de Ridley Scott, “Abyss”, maravillosa película de terror submarino y “Terminator II: El Juicio Final”, una de las mejores cintas de acción de todos los tiempos. Después rodó la irregular parodia de filme de héroes de acción “Mentiras Arriesgadas” y la tanto sobrevalorada como infravalorada “Titanic”, película romántica de aires clásicos, su obra más “extraña”. Se retiró parcialmente, en 1999, del mundo del cine para dedicarse a sus otras pasiones: el submarinismo y la aeronáutica. En 2009 estrenó "Avatar", que ha sido tan amada como odiada y que a  mi me parece una excelente película de acción y aventuras. Como cineasta comercial, James Cameron ha de ser revalorizado con rapidez. Existen muchos prejuicios tontos en torno al cine de puro entretenimiento, y su cine ha sido siempre de este tipo, y siempre del mejor.


En 1986 la obra maestra de Ridley Scott estrenaba segunda parte: “Aliens. El regreso”, una de las mejores películas de acción de la historia, obra del maestro de la acción James Cameron, que ya había arrasado dos años antes con la maravillosa “Terminator” y que años después volvería a hacerlo con “Terminator II: El juicio final”. Aún contando con efectivos toques de terror y de tensión (los tiene y casi nadie se acuerda de ellos), “Aliens. El regreso” se olvida un poco del miedo y de la sugerencia y apuesta por la acción pura y dura en un momento en el que en Hollywood todavía se podían encontrar películas de este género bien realizadas. Repite el ambiente oscuro y retorcido, sumergido en sombras, humo y brumas, y repite una genial banda sonora. Repite, por supuesto, la mítica bestia de Giger, aunque esta vez no hay una: hay miles, y están por todas partes, un aspecto que hace que el terror desaparezca parcialmente, como se ha indicado, para centrarse en la lucha brutal contra una amenaza que ya es perfectamente conocida y cuya mitología se desarrolla un poco más (se conoce su estructura social tipo colmena, aparece la reina de esta colmena, el ambiente en el que se mueven…). También aparece designada la compañía que en “Alien” traiciona a la tripulación y sus objetivos de preservar a la especie asesina para su propio uso.


Por otra parte, los personajes, como los de su antecesora, están desarrollados a la perfección dentro de los límites de un filme de acción. El de Ripley aparece un poco más desencantado, algo más alejado del de la mujer más incauta de “Alien”, estableciendo con la niña de la colonia una inolvidable y coherente relación madre-hija que logra emocionar. El androide Bishop (Lance Henriksen) es otro personaje importante e imprescindible de la historia y uno de los más carismáticos de la saga, como también lo es el capitán Hicks encarnado por el olvidadísimo Michael Biehn (el igualmente olvidado Kyle Reese del primer “Terminator” y en aquellos tiempos prometedor actor habitual de Cameron). El resto del cuerpo de marines también cumple bien su función. “Aliens. El regreso” cuenta, de la mano maestra de James Cameron, con algunas de las escenas antológicas del cine de acción de todos los tiempos: las primeras apariciones masivas de aliens, la primera aparición de la reina, el primer enfrentamiento anímico entre Ripley y Bishop, la huída por los conductos, el ataque de la araña, el rescate de la niña descendiendo al nido, la lucha final contra la reina... Esta secuela desmiente el mito una vez más de que las segundas partes nunca fueron buenas. Queda, eso sí, el hecho de que no se trata exactamente de un filme de terror, que era lo que muchos esperaban y preferían. ¿Piensan acertada la elección de Cameron de hacer un filme de acción? ¿Cuál de las dos primeras partes de la saga prefieren?

lunes, 4 de junio de 2012

ALIEN. EL OCTAVO PASAJERO de Ridley Scott – 1979 – (“Alien”)


De regreso a La Tierra, la nave de carga Nostromo interrumpe su viaje y despierta a sus siete tripulantes. El ordenador central ha detectado una transmisión misteriosa, una forma de vida que late en un planerta cercano y que podría necesitar ayuda. Los miembros de Nostromo viajan a este planeta para investigar qué ocurre. Cuando vuelven sin haber encontrado nada reseñable salvo restos de una “civilización” o “culto” macabro y desconocido, un nuevo pasajero se les introduce en la nave… Un nuevo pasajero que empieza a asesinarlos de uno en uno.


En 1979 irrumpía en las salas Ridley Scott, después de la genial “Los duelistas”, con una de las más grandes obras maestras del terror y de la ciencia ficción de todos los tiempos: “Alien. El octavo pasajero”. Adaptación completamente libre de un escrito de Joseph Conrad (“La línea de la sombra”), “Alien”, cuento de horror gótico ambientado en el espacio profundo, cambió, gracias a la confluencia de los diversos artistas que en ella intervinieron, la concepción del cine de terror que se tenía hasta entonces o, por lo menos, la renovó, insuflando aire fresco al género del horror alienígena. Para comprender este soplo de frescura, hay que mencionar primero el “tipo de terror” que Scott optó por utilizar en su película: el terror basado en el poder la sugerencia, el terror de películas como “La semilla del Diablo”, “Tiburón” o la posterior “Al final de la escalera”. De hecho, “Alien” comparte con “Tiburón” el mecanismo para producir el miedo y la extrañeza en el espectador: no mostrar a la supuesta bestia asesina hasta el final del filme. El alienígena de “Alien”, como el gigantesco escualo de Spielberg en las aguas, permanece sumido en las sombras la mayor parte del metraje, escondido en esquinas impensables, al fondo de pasillos oscuros, en conductos de respiración. No es hasta el duelo final contra la mítica agente Ripley cuando se le muestra en toda su horrorosa totalidad. El espectador no sabe a qué se está enfrentando: de hecho Scott sólo da pequeñas pistas para ir presentando la amenaza oculta. Muestra a veces una garra, a veces la cola, a veces sólo la cara, a veces su segunda boca… Se explota el miedo a lo desconocido de una manera soberbia, como pocas veces se ha hecho en el cine.


Este alien, además, está diseñado por el célebre artista suizo H.R. Giger, que creó una bestia de líneas insinuantes y hasta sexuales que ya forma parte de los mitos clásicos del cine norteamericano. A esto le añadimos la nave gótica barroca en la que el alien y sus víctimas se mueven, una nave retorcida y lúgubre que es otro protagonista más del filme, casi otro asesino más, y un planeta macabro con insinuaciones de civilización ancestral delirante que hoy sigue poniendo los pelos de punta (por cierto que sigue siendo un parcial misterio la verdadera naturaleza de la momia extraterrestre gigante que se encuentra en este planeta, a pesar de que en algunos de los comics que esta saga ha generado se ha profundizado en esta misteriosa raza que al parecer es conocida como la raza de los Space Jockeys... ¿Solucionará este enigma el esperado filme de Scott "Prometheus", que dicen que desvelará el origen del universo de "Alien"? En breve lo veremos...). Los trajes de los tripulantes y algunos diseños corren por otra parte de la mano del gran autor de comics Moebius, tristemente fallecido el pasado 10 de marzo. La trama, además, no se limita a la lucha contra el “octavo pasajero”, sino que propone una intriga extra con uno de los trabajadores de la nave, de extraño comportamiento y misteriosas intenciones.


Otro punto más a favor de esta obra imprescindible es su inolvidable banda sonora, que crea un ambiente de extrañeza y opresión inigualable, junto, además, a un maravilloso reparto en el que encontramos a grandes como John Hurt, Ian Holm o Harry Dean Stanton junto a secundarios de lujo como Tom Skerritt, Yaphet Kotto o Veronica Cartwright (la niña de “Los pájaros” de Hitchcock). Sigourney Weaver es la sorpresa, la protagonista de la saga que entonces no era una actriz demasiado conocida pero que fue lanzada al estrellato de forma fulminante. Ridley Scott rodaría después de esta obra maestra otra más: “Blade Runner”, tras la cual proseguiría su carrera de manera ya siempre irregular (una lástima). La saga de los aliens tendría tres entregas más (hasta la fecha): “Aliens. El regreso”, maravillosa película de acción dirigida por James Cameron; “Alien III”, de David Fincher y “Alien. Resurrección”, de Jean-Pierre Jeunet, que resultaron más flojas pero que contenían momentos interesantes. En dos meses y poco más llega a las salas "Prometheus", de nuevo dirigida por Scott, y que parece estar relacionada con esta cuatrilogía. Veremos qué tal está.