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martes, noviembre 12, 2019

Yves Di Manno / De "El Meridiano"













Todo está mudo en las rocas
la harina reposa
un viejo se pasea en el borde del muelle.

A lo lejos se lanzan redes sobre el agua
el herido grita sin ruido
las mujeres alarmadas levantaron la cabeza
nadie se ha acercado.

Los pájaros en el cielo pasan sin prisa.

Sobre la barca inmóvil ya no hay nadie.

Yves Di Manno (Rhône, Francia, 1954), "El Meridiano", 1987, Kambuja y otros poemas, traducción de Jorge Fondebrider, Milena París, Buenos Aires, 2019

Ref.:
Milena París
Babelio
Club de Traductores Literarios de Buenos Aires
Las Egerias
La Nación
La Dépêche 
Le Monde
Poems and Poetics
Otra Iglesia Es Imposible

Foto: Babelio


Tout est muet dans les rochers 
la farine repose 
un vieillard se promène au bord de la jetée.

Au loin on lance les filets sur l’eau 
le blessé crie sans bruit 
les femmes alarmées ont relevé la tête 
nul ne s’est approché.

Les oiseaux dans le ciel passent sans se presser.

Sur la barque immobile il n’y a plus personne.

martes, octubre 29, 2019

Yves Di Manno / Nota de cabecera














Al dejar en la última primavera la morada de mis
ancestros noté en un campo las primeras ramas de
los ciruelos en flor. Ese espectáculo me recordó el
jardín donde mis hermanas y yo misma jugábamos
en nuestra infancia. Hice detener el palanquín y
rogué a una sirvienta que me recogiera un ramo, que
conservé conmigo por el resto del viaje. Buscando
entre mis cosas un pincel de seda dura, hoy lo vuelvo
a encontrar, apretado en un pañuelo blanco. De mis
hermanas no tengo noticias y al esposo que me llevó,
apenas lo entreveo. Es demasiado larga la distancia
que nos separa de los que amamos – demasiado corto
el descuido de nuestros años jóvenes. Trazando estas
palabras sobre el papel, mi mano tiembla ligeramente.
Tenemos razón en decir:


Mucho después
De que las flores del huerto
Hayan cubierto el suelo
La tristeza todavía oprime
El corazón del exiliado.

Yves Di Manno (Rhône, Francia, 1954)

"Campos del día". 1987,
Kambuja y otros poemas,
traducción de Jorge Fondebrider,
Milena París,
Buenos Aires, 2019








Ref.:
Milena París
Poezibao
Paris Lit Up
Le Monde
Festival de Poesía de Medellín
Las Egerias
La Nación
Ámbito
Otra Iglesia Es Imposible

Foto: Getty/Babelio

jueves, mayo 14, 2009

No supe más, ni menos


Bajorrelieve del rey leproso

No supe más, ni menos. En el año
que siguió al principio de mi reinado, combatí al este
          combatí al norte
a la cabeza de los ejércitos y sobre lomo de elefante
estableciendo más seguramente el trazado de nuestras tierras.
          Hice construir un templo
para el alma de nuestros dioses, que aseguraron a nuestros padres
          riqueza y protección.
Escuché sin molestarme las quejas de mi gente
          asistí a las procesiones
que llevaron a su última morada a los demasiado numerosos
          niños que perdí.
Siempre se nos evitó la hambruna, incluso el año
en que las hordas del sur devastaron nuestros arrozales
          los silos estaban llenos.
Cuidé que cada uno pudiera vivir de su esfuerzo.
Me preocupé por los más humildes, desprecié a los adulones
          y si hice construir
          en los 4 rincones de las tierras
la imagen inquieta de su rey, fue para afirmar
que en su ciudad sagrada él no olvidaba ni sus deberes
          ni a sus súbditos.
Cuando vino el tiempo en que la muerte me llamó
con mis miembros agotados negándose a moverse
apuré la construcción de los diques
          de ese último palacio.
          Los rostos en los confines
multiplicando mi reino no calman mi pena.
Lo que tuve que sufrir en mis tareas humanas
          ninguno de los que me conocieron
          cercano o próximo lo sabrá
          porque es el dolor de su pueblo
          lo que atormenta al rey.

Yves Di Manno (Rhône, 1954), de Champs II (1987)
Traducción de Jorge Fondebrider

Bas-relief du roi lepreux
Je n'ai pas appris plus, ni moins. Dans l'année/ Qui suivit le début de mon règne, je combattis à l'est/ je comattis au nord/ En tête des armées et à dos d'éléphant/ Etablissant plus sûrement le tracé de nos terres./ Je fis construire un temple/ A l'âme de nos dieux, qui assurèrent à nos parents/ richesse et protection./ J'écoutai sans ennui les plaintes de mes gens/ assistai aux processions/ Qui menèrent à leur dernière demeure les enfants/ trop nombreux que je perdis./ La famine nous fut toujours épargnée, même l'année/ Où les hordes du surd ravagèrent nos rizières/ les silos étaient pleins/ Je veillai que chacun pût vivre de sa peine./ J'eus souci des plus humbles, méprisai les flatteurs/ et si je fis dresser/ aux 4 coins des terres/ L'image inquiète de leur roi, ce fut pour affirmer/ Qu'en sa ville sacrée il n'oubliait ni ses devoirs/ ni ses sujets./ Lorsque le temps vint où la mort m'appela/ Mes membres épuisés refusant de bouger/ Je fis hâter la construction des digues/ de ce dernier palais./ Les visages aux confins/ Multipliant mon règne n'apaisent pas ma peine./ Ce dont j'ai pu souffrir dans mes tâches humaines/ aucun de ceux qui me connurent/ proche ou lointain ne le saura/ car c'est la douleur de son peuple/ qui fait le tourment du roi.

Foto: Di Manno Atelier de l'Augneau