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miércoles, febrero 26, 2025

Wislawa Szymborska / Dos poemas



Rehabilitación

Aprovecho el más antiguo derecho de la imaginación
y por primera vez en la vida convoco a los muertos,
observo sus rostros, escucho sus pasos,
aunque sé que el que ha muerto ha muerto de verdad.

Ya es hora de tomar nuestra propia cabeza entre las manos
y decirle: pobre Yorick, ¿dónde está tu ignorancia,
dónde tu confianza ciega, dónde tu ingenuidad,
tu ya-saldrá-de-alguna-forma, el equilibrio de tu alma
entre la verdad comprobada y la no comprobada?

Creí en su traición, creí en que no merecen nombre
ya que la mala hierba se burla de sus desconocidas tumbas
y los imitan los cuervos y las nevascas se mofan de ellos
—pero éstos fueron, Yorick, sólo falsos testigos.

La eternidad de los muertos dura
mientras se les paga con memoria,
moneda inestable. Y no hay día
en que alguien no pierda su eternidad.
Hoy de la eternidad sé aún más:
se puede dar y quitar.
Al que se ha llamado traidor
tiene que morir junto con su nombre.
Pero nuestro poder sobre los muertos
exige una balanza imperturbable:
para que el juicio no se haga de noche
y para que el juez no esté desnudo.

La tierra hierve y ellos, que ya son tierra,
se levantan, terrón tras terrón, puñado a puñado,
salen del silencio, vuelven a sus nombres,
a la memoria del pueblo, a los laureles y aplausos.

¿Dónde está mi poder sobre las palabras?
Las palabras cayeron al fondo de las lágrimas,
palabras, palabras incapaces de resucitar a la gente,
descripción muerta como una fotografía junto al resplandor del magnesio.
Y ni siquiera a un mínimo aliento los puedo despertar
yo, Sísifo asignado al infierno de la poesía.

Vienen hacia nosotros. Y filosos como diamantes
—en las vitrinas brillosas por enfrente,
en las ventanas de acogedores departamentos,
en los lentes rosados, en los vasos,
cerebros, corazones— calladamente van cortando.                                                                                    

Llamando al Yeti, 1957

                                                                                            [GB]

El odio

Miren qué buena condición sigue teniendo
qué bien se conserva
en nuestro siglo el odio.
Con qué ligereza vence los grandes obstáculos.
Qué fácil para él saltar, atrapar.

No es como otros sentimientos.
Es al mismo tiempo más viejo y más joven.
Él mismo crea las causas
que lo despiertan a la vida.
Si duerme, no es nunca un sueño eterno.
El insomnio no le quita la fuerza, se la da.

Con religión o sin ella,
lo importante es arrodillarse en la línea de salida.
Con patria o sin ella,
lo importante es arrancarse a correr.
Lo bueno y lo justo al principio.
Después ya agarra vuelo.
El odio. El odio.

Su rostro lo deforma un gesto
de éxtasis amoroso.

Ay, esos otros sentimientos,
debiluchos y torpes.
¿Desde cuándo la hermandad
puede contar con multitudes?
¿Alguna vez la compasión
llegó primero a la meta?
¿Cuántos seguidores arrastra tras de sí la incertidumbre?
Arrastra solo el odio, que sabe lo suyo.

Talentoso, inteligente, muy trabajador.
¿Hace falta decir cuántas canciones ha compuesto?
¿Cuántas páginas de la historia ha numerado?
¿Cuántas alfombras de gente ha extendido,
en cuántas plazas, en cuántos estadios?

No nos engañemos,
sabe crear belleza:
espléndidos resplandores en la negrura de la noche.
Estupendas humaredas en el amanecer rosado.
Difícil negarle patetismo a las ruinas
y cierto humor vulgar
a las columnas vigorosamente erectas entre ellas.

Es un maestro del contraste
entre el estruendo y el silencio,
entre la sangre roja y la blancura de la nieve.
Y ante todo, jamás le aburre
el motivo del torturador impecable
y su víctima deshonrada.

En todo momento, listo para nuevas tareas.
Si tiene que esperar, espera.
Dicen que es ciego. ¿Ciego?
Tiene el ojo certero del francotirador
Y solamente él mira hacia el futuro
con confianza    
                                                                     
Fin y principio, 1993
                                                                     [GB]

Wislawa Szymborska (Kórnik, Polonia, 1923-Cracovia, Polonia, 2012),Poesía no completa, edición y traducción de Gerardo Beltrán y Abel A. Murcia, Fondo de Cultura Económica, Ciudad de México, 2014

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domingo, febrero 09, 2025

Wislawa Szymborska / Museo


Hay platos, pero no hay apetito.
Hay alianzas, pero no amor correspondido
desde hace al menos trescientos años.

Hay un abanico, ¿dónde está el rubor?
Hay espadas, ¿dónde está la ira?
Y el laúd ni siquiera suena al alba.

A falta de eternidad, han reunido
diez mil cosas viejas.
El mohoso portero dormita apaciblemente,
sus bigotes cuelgan por encima del escaparate.

Los metales, la arcilla, una pequeña pluma de pájaro,
triunfan, callados, en el tiempo.
Sólo se ríe la aguja de la risueña de Egipto.

La corona sobrevivió a la cabeza.
La mano perdió contra el guante.
El zapato derecho venció al pie.

En cuanto a mí, créanme, vivo.
Mi carrera contra el vestido aún continúa.
Y ¡qué terquedad la suya!
Y ¡qué deseos de sobrevivir!

                                                           [AM]

Wislawa Szymborska (Kórnik, Polonia, 1923-Cracovia, Polonia, 2012),"Sal" [1962], Poesía no completa, edición y traducción de Gerardo Beltrán y Abel A. Murcia, Fondo de Cultura Económica, Ciudad de México, 2014

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Foto: Wislawa Szymborska, Cracovia, 2009 Janek Skarzynski/France-Presse/Getty Images

viernes, enero 26, 2024

Wislawa Szymborska / Reseña de un poema jamás escrito



En las palabras iniciales de la obra
la autora sostiene que la tierra es pequeña,
en cambio el cielo es grande hasta la exageración,
y en él hay, cito literalmente, "más estrellas de lo debido".

La descripción del cielo denota perplejidad,
la autora se pierde en espacios sobrecogedores,
la inercia de tanto planeta la impacta
y, acto seguido, en su mente (imprecisa, justo es decirlo)
comienza a formularse la pregunta:
¿estamos solos
bajo la capa del sol y de todos los soles del universo?

¡A pesar del cálculo de probabilidades!
¡Y de la convicción hoy universalmente compartida!
¡En contra de las irrefutables pruebas que de un momento a otro
caerán en poder del hombre! ¡Ay, la poesía!

Por de pronto nuestra vate vuelve a ser tierra,
planeta que puede "seguir su curso sin testigos"
la única "ciencia ficción que el cosmos puede permitirse".
La desesperación de Pascal (1623-1662, la nota es mía),
según la autora, no halla rival
en ninguna, digamos, Andrómeda ni Casiopea.
La exclusividad magnifica y obliga,
de ahí el problema acerca de cómo vivir, etcétera,
puesto que "el vacío no lo solucionará por nosotros".
"Dios mío", clama el hombre a Sí Mismo,
"ten piedad de mí, ilumíname"…

Atormenta a la autora la idea de una vida derrochada,
como si la vida contara con reservas sin fondo.
De las guerras, siempre -en su provocadora opinión-
derrotas de ambos bandos.
De la "brutestatalidad" (sic) de la gente para con la gente.
La obra exhala una intención moralista que
en pluma menos ingenua tal vez hubiera resultado luminosa.

Por desgracia, no es así. La tesis, tremendamente osada
(¿acaso estamos solos
bajo la capa del sol y de todos los soles del universo?),
está planteada con un estilo descuidado
(una mezcla de sublimidad y lenguaje cotidiano),
que abre un interrogante: ¿a quién convencerá?
A nadie, seguro. Con lo dicho basta.

El gran número, 1976

Wislawa Szymborska (Kórnik, Polonia, 1923-Cracovia, Polonia, 2012), Biblioteca Ignoria, 19 de enero de 2024
Traducción: Jerzy Slawomirski y Ana María Moix

Más poemas de Wislawa Szymborska en Otra Iglesia Es Imposible

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Foto: Wislawa Szymborska, Cracovia, 1997 Wojtek Laski/Getty Images

domingo, julio 17, 2022

Wislawa Szymborska / Dos poemas



De Poemas nuevos:

Las tres palabras más extrañas

Cuando pronuncio la palabra Futuro,
la primera sílaba pertenece ya al pasado.

Cuando pronuncio la palabra Silencio,
lo destruyo.

Cuando pronuncio la palabra Nada,
creo algo que no cabe en ninguna no-existencia.

                                                                      [AM]

*

De Si acaso, 1972:

Elogio de los sueños

En los sueños
pinto como Vermeer van Delft.

Hablo fluidamente en griego
y no solo con los vivos.

Manejo un automóvil
que me es obediente.

Tengo talento,
escribo grandes poemas.

Escucho voces,
tan bien como los grandes santos.

Se asombrarían ustedes
de mi virtuosismo al piano.

Vuelo como debe ser,
es decir, por mí misma.
Al caer del tejado,
sé caer suavemente en lo verde.

No me es difícil
respirar bajo el agua.
No me quejo:
he logrado descubrir la Atlántida.

Me alegra, antes de morir,
conseguir siempre despertarme.

Inmediatamente después del estallido de la guerra,
me giro sobre mi mejor costado.

Soy, pero no necesito
ser, hija de la época.

Hace unos años 
vi dos soles.

Y anteayer un pingüino.
Con la más absoluta claridad.

                                      [AM]

Wislawa Szymborska (Kórnik, Polonia, 1923-Cracovia, Polonia, 2012), Poesía no completa, edición y traducción de Gerardo Beltrán y Abel A. Murcia, Fondo de Cultura Económica, Ciudad de México, 2014

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jueves, noviembre 05, 2020

Wislawa Szymborska / Hijos de la época
















Somos hijos de la época,
la época es política.

Todos tus asuntos, los nuestros, los vuestros;
asuntos diurnos, asuntos nocturnos,
son asuntos políticos.

Quieras o no quieras,
tus genes tienen un pasado político;
la piel, un matiz político;
los ojos, un aspecto político.

Lo que dices, así suena, 
lo que callas, también suena,
de cualquier forma, político.

Caminando por el bosque, por la selva,
son políticos tus pasos
sobre un fundamento político.

Los poemas apolíticos son políticos también,
y arriba brilla la Luna,
un objeto no lunático.
Ser o no ser, ésa es la cuestión,
Qué pregunta, contéstame, cariño.
Una pregunta política.
No es necesario siquiera que seas humano
para cobrar importancia política. 
Es suficiente con que seas petróleo,
forraje o madera reciclada.

O una mesa de debates sobre cuya forma
se ha discutido varios meses:
¿dónde negociaremos sobre la vida y la muerte?
¿en una mesa redonda o en una cuadrada?

Mientras tanto, ha muerto gente,
han muerto animales,
han ardido casas,
y se han perdido campos de cultivo,
como en los tiempos antiguos
y menos políticos.

                                                            [AM]

Wislawa Szymborska (Kórnik, Polonia, 1923-Cracovia, Polonia, 2012), "Gente en el puente" [1986], Poesía no completa, edición y traducción de Gerardo Beltrán y Abel A. Murcia, Fondo de Cultura Económica, Ciudad de México, 2014

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domingo, marzo 24, 2019

Wislawa Szymborska / A orillas de la Estigia















Esto es la Estigia, pequeña alma individual,
la Estigia, pequeña alma sorprendida.
Oirás la baja voz de Caronte en la megafonía,
te empujará hasta el embarcadero la invisible mano
de una ninfa huida del bosque terrenal
(aquí todos trabajan desde antaño).
En los pestañeantes reflectores verás cualquier detalle
del revestimiento de hormigón armado en la orilla
y cientos de motores en vez de aquella barca
desde hace tantos siglos de madera podrida.
La humanidad se ha multiplicado varias veces y ya ves lo que pasa,
mi pequeña y nostálgica alma.
Con gran daño del paisaje
los edificios se han acumulado junto al lago.
El transporte fluido de las almas
(millones de pasajeros año tras año)
es ya inimaginable
sin almacenes, diques y salas.
Hermes, mi pequeña alma pintoresca,
debe prever con antelación para otros días
qué guerras y dónde, y qué tiranías,
para después contar las barcas de reserva.
Gratis pasarás a la otra orilla
y sólo por nostalgia hacia otros tiempos
hay unas huchas en las que leemos:
Se ruega no depositar la calderilla.
Subirás al sector siete gamma
a la barca tau once.
Cabrás, cabrás apretujada entre muchas otras almas,
así lo quieren la necesidad y las computadoras.
En el Tártaro te espera también una estrechez terrible
porque no es, como debería ser, flexible.
Movimientos reprimidos, arrugadas ropas,
en la cápsula de Leteo apenas una gota.
Mi pequeña alma, sólo si dudas de la otra vida
tienes una más amplia perspectiva.

                                                                                         [AM]

Wislawa Szymborska (Kórnik, Polonia, 1923-Cracovia, Polonia, 2012), "El gran número" [1976], Poesía no completa, edición y traducción de Gerardo Beltrán y Abel A. Murcia, Fondo de Cultura Económica, Ciudad de México, 2014
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Foto: Wislawa Szymborska ABC

sábado, abril 28, 2018

Wislawa Szymborska / Bajo una pequeña estrella















Que me disculpe la coincidencia por llamarla necesidad.
Que me disculpe la necesidad, si a pesar de ello me equivoco.
Que no se enoje la felicidad por considerarla mía.
Que me olviden los muertos que apenas si brillan en la memoria.
Que me disculpe el tiempo por el mucho mundo pasado por alto
          a cada segundo.
Que me disculpe mi viejo amor por considerar al nuevo el primero.
Perdonadme, guerras lejanas, por traer flores a casa.
Perdonadme, heridas abiertas, por pincharme en el dedo.
Que me disculpen los que claman desde el abismo el disco de un minué.
Que me disculpe la gente en las estaciones por el sueño a las cinco
          de la mañana.
Perdóname, esperanza acosada, por reírme a veces.
Perdonadme, desiertos, por no correr con una cuchara de agua.
Y tú, gavilán, hace años el mismo, en esta misma jaula,
inmóvil mirando fijamente el mismo punto siempre,
absuélveme, aunque fueras un ave disecada.
Que me disculpe el árbol talado por las cuatro patas de la mesa.
Que me disculpen las grandes preguntas por las pequeñas respuestas.
Verdad, no me prestes demasiada atención.
Solemnidad, sé magnánima conmigo.
Soporta, misterio de la existencia, que arranque hilos de tu cola.
No me acuses, alma, de poseerte pocas veces.
Que me perdone todo por no poder estar en todas partes.
Que me perdonen todos por no saber ser cada uno de ellos, cada
          una de ellas.
Sé que mientras viva nada me justifica
porque yo misma me lo impido.
Habla, no me tomes a mal que tome prestadas palabras patéticas
y que me esfuerce después para que parezcan ligeras.

                                                                                                             [AM]

Wislawa Szymborska (Kórnik, Polonia, 1923-Cracovia, Polonia, 2012), "Si acaso" [1972], Poesía no completa, edición y traducción de Gerardo Beltrán y Abel A. Murcia, Fondo de Cultura Económica, Ciudad de México, 2014
Envío de Jonio González
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jueves, abril 27, 2017

Wislawa Szymborska / Película, los años sesenta

















Este varón adulto. Este hombre sobre la tierra.
Diez mil millones de células nerviosas.
Cinco litros de sangre y trescientos gramos de corazón.
Este objeto se ha formado durante tres mil millones de años.

Primero apareció en forma de niño.
El niño puso la cabeza en las rodillas de su tía.
¿Dónde está ese niño? ¿Dónde están las rodillas?
El niño se hizo grande. Ah, ya no es lo mismo.
Estos espejos son crueles y lisos como la calzada.
Ayer atropelló a un gato. Sí, fue una idea.
El gato fue liberado del infierno de esta época.
Una muchacha en un coche miró por debajo de sus pestañas.
No, no tenía las rodillas que él buscaba.
A decir verdad, él jadearía ahí acostado en la arena.
Él y el mundo no tienen nada en común.
Él se siente como el asa rota de un jarro.
Aunque el jarro no se da cuenta y sigue acarreando agua.
Es asombroso. Alguien sigue esforzándose.
Esa casa es construida. Ese picaporte, tallado.
Ese árbol injertado. Ese circo actuará.
Ese todo quiere seguir unido aunque está hecho de fragmentos.
Como pegamento pesadas y densas sunt lacrimae rerum.
Pero todo esto de fondo y sólo al lado.
Hay una oscuridad espantosa dentro de él, y en la oscuridad, el niño.

Oh Dios del humor, haz algo con él, es necesario.
Oh Dios del humor, haz algo con él, finalmente.

                                                                                                  [AM]


Wislawa Szymborska (Kórnik, Polonia, 1923-Cracovia, Polonia, 2012), "Mis alegrías -Un encanto-" [1967], Poesía no completa, edición y traducción de Gerardo Beltrán y Abel A. Murcia, Fondo de Cultura Económica, Ciudad de México, 2014
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domingo, noviembre 22, 2015

Wislawa Szymborska / Asombro














Por qué tan en una sola persona.
En ésta y no en otra. Y qué hago aquí.
En un día que es martes. En una casa y no en un nido.
En una piel y no en una vaina. Con un rostro y no una hoja.
Por qué sólo una vez en persona.
Precisamente en la tierra. Junto a una pequeña estrella.
Tras tantas eras de ausencia.
Por todos los tiempos y todas las algas.
Por celentéreos y firmamentos.
Exactamente ahora. Hasta la carne y el hueso.
Sola en mí y conmigo. ¿Por qué
no a un lado o a cien millas,
no ayer o hace cien años,
me siento y miro hacia un rincón oscuro,
así como de pronto levanta la cabeza y mira
un gruñente que llamamos perro?

                                                            [GB]

Wislawa Szymborska (Kórnik, Polonia, 1923-Cracovia, Polonia, 2012), "Si acaso" [1972], Poesía no completa, edición y traducción de Gerardo Beltrán y Abel A. Murcia, Fondo de Cultura Económica, Ciudad de México, 2014
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Foto: Picture Alliance /DPA

jueves, noviembre 19, 2015

Wislawa Szymborska / El número pi















Digno de admiración el número pi
tres punto uno cuatro uno.
Todas sus demás cifras también son iniciales,
cinco nueve dos porque nunca se termina.
No se deja abarcar seis cinco tres cinco con la mirada,
ocho nueve con un cálculo,
siete nueve con la imaginación
o incluso tres dos tres ocho con una broma es decir una comparación
cuatro seis con nada
dos seis cuatro tres en el mundo.
La serpiente más larga de la tierra se interrumpe después de algunos metros.
Lo mismo pasa, aunque un poco después, con las serpientes de los cuentos.
El cortejo de cifras de que se forma pi
no se detiene en el borde de la página,
es capaz de continuar por la mesa, por el aire,
la pared, una hoja, un nido, las nubes, y así hasta el cielo,
y por toda esa expansión e insondabilidad celestiales.
¡Ay qué corta, ratonescamente corta es la trenza del cometa!
¡Qué débil el rayo de la estrella, que en cualquier espacio se curva!
Y aquí dos tres quince trescientos diecinueve
mi número de teléfono tu talla de camisa
año mil novecientos setenta y tres sexto piso
el número de habitantes sesenta y cinco centavos
centímetros de cadera dos dedos código charada,
en la que a dónde irá veloz y fatigada
y se ruega mantener la calma
y también la tierra pasará, pasará el cielo,
pero no el número pi, eso ni hablar,
seguirá con un buen cinco,
con un ocho de primera,
con un siete no final,
apurando, ay, apurando a la holgazana eternidad
para que continúe.
                                                                                     [GB]

Wislawa Szymborska (Kórnik, Polonia, 1923-Cracovia, Polonia, 2012), "El gran número" [1976], Poesía no completa, edición y traducción de Gerardo Beltrán y Abel A. Murcia, Fondo de Cultura Económica, Ciudad de México, 2014
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Foto: s/d

domingo, febrero 01, 2015

Wislawa Szymborska / Alabanza a mi hermana














Mi hermana no escribe poemas
y es improbable que de pronto comience a escribir poemas.
Le viene de su madre, que no escribía poemas,
y de su padre, que tampoco escribía poemas.
Bajo el techo de mi hermana me siento a salvo:
nada impulsaría al marido de mi hermana a escribir poemas.
Y aunque suene como un poema de Adam Macedonski,
ninguno de mis parientes se ocupa de escribir poemas.
En el escritorio de mi hermana no hay poemas viejos
ni nuevos en su bolso.
Y cuando mi hermana me invita a cenar,
sé que no tiene intenciones de leerme poemas.
Hace magníficas sopas sin esfuerzo,
y el café no se derrama sobre sus manuscritos.
En muchas familias nadie escribe poemas,
pero cuando lo hacen, rara vez es sólo una persona.
Algunas veces la poesía fluye en cascadas de generaciones
que ocasionan temibles corrientes en las relaciones familiares.
Mi hermana cultiva una prosa hablada decente,
pero toda su producción literaria está en tarjetas postales veraniegas
que prometen la misma cosa cada año:
que cuando vuelva me contará todo,
todo,
todo.

Wislawa Szymborska (Kórnik, 1923-Cracovia, 2012), Poesía no completa, Fondo de Cultura Económica de España, 2011
Traducción de Gerardo Beltrán y Abel A. Murcia
Envío de Marcelo Leites
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miércoles, junio 19, 2013

Poemas elegidos, 36


Susana Szwarc
(Quitilipi, Chaco, 1954)

La mujer de Lot, de Wislawa Szymborska
Elegí un poema por el gusto de compartirlo. En el 97 “conocí” a la Wislawa Szymborska, gracias a que me regalaron la antología que había sacado Hiperión.
Me tocó especialmente, a tal punto que hoy la elijo a ella sobre aquellos que me marcaron, acompañaron, formaron. En  mil nueve sesenta y algo (en  la secundaria) llegó en el tren  que pasaba por el pueblo, un libro de tapa dura, la antología poética de Saint-John Perse de Fabril Editora (que sigue a mi lado). Y encuentro renglones marcados en "Anábasis", que copiaría (y copiaría). Y Pessoa, traducido por un joven Rodolfo Alonso, también de Fabril editora (tapa blanda).
Pero la Symborska, con esa forma de reírse en la tragedia misma, de mostrarnos las relaciones (de poder), así como el desconsuelo del cada uno, me hizo quererla.



La mujer de Lot

Miré atrás dicen que por curiosidad.
Pero, curiosidad aparte, pude haber tenido otras razones.
Miré atrás de pena por la fuente de plata.
Por descuido, mientras ataba la correa de mi sandalia.
Para no mirar más el cogote justo
de mi esposo, Lot.
Por la súbita certeza de que, si muriera,
ni siquiera se habría detenido.
Por la desobediencia de los sumisos.
A la escucha de la persecución.
Tocada por es silencio, esperando que Dios cambiara de parecer.
Nuestras dos hijas ya desaparecían detrás de la cima de la colina.

Sentí la vejez en mí. La lejanía.
La vanidad de la andadura. El sueño.
Miré atrás al poner el hatillo sobre el suelo.
Miré atrás por temor a dónde dar el paso.
En mi sendero aparecieron serpientes,
arañas, ratones, polluelos de buitres.
Ya ni lo bueno ni lo malo –simplemente, todo lo vivo,
reptaba y saltaba en pánico colectivo.
Miré atrás por mi soledad.
Por vergüenza de estar huyendo a hurtadillas.
Por ganas de gritar, de volver.
O quizás sólo cuando arreció el viento,
soltó mi cabello y me levantó el vestido.

Sentí que me miraban desde las murallas de Sodoma
y rompían en carcajadas sonoras, una y otra vez.
Miré atrás por rabia.
Para saciarme de su gran perdición.
Miré atrás por todas las razones arriba expuestas.
Miré atrás de forma involuntaria.
Fue sólo una piedra la que giró rugiendo bajo mi cuerpo.
Fue una grieta la que, de súbito, me cortó el camino.
En el borde un hámster se agitaba sobre sus dos patas.
Y fue entonces cuando ambos miramos atrás.
No, no. Yo seguí corriendo,
arrastrándome y levantando el vuelo,
hasta que la oscuridad cayó del cielo,
y con ella la gravilla ardiente y las aves muertas.
Por falta de aliento giré repetidas veces.
Quien lo viese habría pensado que bailaba.
No descarto que tuviera los ojos abiertos.
Es posible que me desplomara con el rostro vuelto hacia la ciudad.

Wislawa Szymborska (Kórnik, 1923-Cracovia, 2012)
Versión de Elzbieta Bortkiewicz

Foto: Susana Szwarc en Susana Szwarc

sábado, octubre 04, 2008

Wislawa Szymborska / Dos poemas




















Miedo escénico

Poetas y escritores.
Porque así es como se dice.
Los poetas entonces no son escritores, sino qué.

Al poeta la poesía, al escritor la prosa.

En la prosa puede haber de todo, hasta poesía,
en la poesía tiene que haber sólo poesía.

Según el cartel que la anuncia
con una enorme P de trazos modernistas,
inscrita en las cuerdas de una lira alada,
tendría yo que volar y no entrar caminando.

¿Y no sería mejor descalza
que con esos zapatos en oferta,
sustituyendo torpemente a un ángel
entre taconeo y rechinado?

Si al menos fuera más larga mi falda, con más vuelo,
y si no sacara yo los poemas del bolso sino de la manga,
fiesta, desfile, gran ocasión,
pim pam pum,
ab ab ba.

Allá en el escenario acecha una mesita
un tanto espiritista y de patas doradas,
y sobre la mesita humea un candelabro.

De eso se desprende
que tendré que leer a la luz de las velas
lo que escribí a la luz de una simple bombilla
tac tac tac a máquina.

Sin preocuparme de antemano
si esto es poesía
y qué poesía.

si de esa en la que la prosa está mal vista,
si de esa que es bien vista en prosa.

Pero cuál es la diferencia,
si sólo se aprecia en la penumbra
sobre un fondo de cortinas rojas
con flecos morados.


A algunos les gusta la poesía

A algunos,
es decir, no a todos.
Ni siquiera a los más, sino a los menos.
Sin contar las escuelas, donde es obligatoria,
y a los mismos poetas,
serán dos de cada mil personas.

Les gusta,
como también les gusta la sopa de fideos,
como les gustan los cumplidos y el color azul,
como les gusta la vieja bufanda,
como les gusta salirse con la suya,
como les gusta acariciar al perro.

La poesía,
pero qué poesía.
Más de una insegura respuesta
se ha dado a esta pregunta.
Y yo no sé, y sigo sin saber, y a esto me aferro
como a un oportuno pasamanos.

Wislawa Szymborska (Kórnik, Polonia, 1923 - Cracovia, Polonia, 2012))
Versión de Maria Filipowicz-Rudek y Juan Carlos Vidal
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