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domingo, abril 06, 2025

W. H. Auden / El ciudadano desconocido



            
                                         (A JS/07/M/378 el Estado levanta este
                                           Monumento en mármol)
La Oficina de Estadísticas encontró que era
uno de aquellos contra los que no existe queja
oficial,
y todos los reportes sobre su conducta concuerdan
en que, en el sentido moderno de una palabra
anticuada, era un santo,
pues su actividad toda estaba al servicio de La
Mayor Comunidad.
Con la excepción de la guerra, hasta el día en que
se retiró
trabajó en una fábrica y nunca fue despedido,
antes bien complació a sus patrones, Motores“El
Embuste”, S.A.,
13
sin ser un esquirol ni hombre de ideas extrañas,
pues reporta su Sindicato que pagaba sus cuotas
(sindicato fuerte, según nuestros reportes)
y nuestros obreros de sicología social descubrieron
que era muy popular entre sus camaradas y a veces
tomaba una copa.
La Prensa está convencida de que cada día
compraba su periódico
y de que sus reacciones ante los anuncios eran
normales
en todos los aspectos.
Pólizas a su nombre prueban que estaba plenamente
asegurado
y su tarjeta de salud muestra que una vez estuvo en
un hospital pero que había sanado cuando lo
abandonó.
Tanto los Investigadores de Producción como los
de Vida de Alto Nivel
declaran que era totalmente sensible a los avances
en Planes de Crédito
y que poseía todo lo necesario para el hombre
moderno,
un fonógrafo, un radio, un coche y un refrigerador.
Nuestros sondeadores de Opinión Pública se alegran
de que haya sostenido las opiniones apropiadas a
cada época del año.
Cuando había paz, estaba por la paz; cuando había
guerra, iba a ella.
Contrajo matrimonio y sumó cinco hijos a la
población,
lo que, según nuestros expertos en perfeccionar la
raza,
era lo correcto para un padre de su generación,
y nuestros maestros advierten que jamás interfirió
en su educación.

¿Era feliz? ¿era libre? La pregunta es absurda.
De haber habido algo incorrecto, sin duda nos
hubiésemos ya enterado.
W. H. Auden (York, Inglaterra, 1907 - Viena, 1973),  Material de Lectura n° 10, selección, traducción y nota introductoria de Guillermo Sheridan, Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) , 2007

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Foto: W. H. Auden; Londres 1969, Neil Libbert/Getty Images

viernes, enero 31, 2025

W. H. Auden / Lenguaje de pájaros




Tratando de entender las palabras
Pronunciadas en todos lados por pájaros,
Reconozco en lo que escucho
Ruidos que significan miedo.

Pensé que algunos de ellos, estoy seguro, deben
Representar rabia, bravuconadas, lujuria,
Todas las otras notas que las aves emplean
Suenan como sinónimos de alegría. 

W. H. Auden (York, Inglaterra, 1907 - Viena, 1973), City Without Walls and Other Poems, Faber and Faber,  Londres. 1969.
Traducción: Ricardo Ruiz



Bird-Language

Trying to understand the words
Uttered on all sides by birds,
I recognize in what I hear
Noises that betoken fear.

Thought some of them, I'm certain, must
Stand for rage, bravado, lust,
All other notes that birds employ
Sound like synonyms for joy.

 Collected Poems by W.H. Auden, editado por Edward Mendelson, Vintage International, 2002
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Foto. W. H. Auden, Venecia, Italia, 1951 Ruth Orkin/Getty Images


lunes, octubre 07, 2024

W. H. Auden / Nota sobre los intelectuales



Para el hombre de la calle, que es, por cierto,
Un agudo observador de las cosas
"Intelectual" sugiere, de un modo directo
Un hombre que es infiel a su esposa.

W. H. Auden (York, Inglaterra, 1907 - Viena, 1973), "Dover y otros poemas", Diario de Poesía nº 9, Buenos Aires, invierno de 1988
Traducción de Mirta Rosenberg y Daniel Samoilovich


Note on intellectuals

To the man-in-the-street, who, I'm sorry to say
Is a keen observer of life,
The word Intellectual suggests straight away
A man who's untrue to his wife.

The Double Man, 1941
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Foto: W. H. Auden, c.1968 Underwood Archives/Getty Images

martes, febrero 13, 2024

W. H. Auden / El escudo de Aquiles



Ella miró por encima de su hombro *
Buscando vides y olivos,
Ciudades de mármol bien gobernadas
Y barcos en mares indómitos,
Pero allí en el metal brillante
En su lugar sus manos habían puesto
Un desierto artificial
Y un cielo de plomo.

Una llanura sin ninguna particularidad, desnuda y marrón,
Ni  brizna de hierba, ni rastro de vida,
Nada que comer y ningún lugar donde sentarse,
Sin embargo, agrupada en su vacío, permanecía
Una multitud ininteligible,
Un millón de ojos, un millón de botas en fila,
Inexpresivas, esperando una señal.

De la nada una voz sin rostro
Demostró con estadísticas que había una causa justa
Con tonos tan secos y chatos como el lugar:
No se alentó a nadie y nada se discutió;
Columna tras columna en una nube de polvo
Marcharon sosteniendo una creencia
Cuya lógica los llevó, en otro lugar, al sufrimiento.

Ella miró por encima de su hombro
Buscando devociones rituales,
Vaquillonas con guirnaldas de flores blancas,
Libación y sacrificio,
Pero allí en el metal brillante
Donde debía estar el altar,
Ella vio bajo la titilante luz de la fragua
Una escena muy distinta.

Alambre de púas cercando un lugar azaroso
Donde los funcionarios aburridos haraganeaban (uno hizo un chiste)
Y centinelas sudaban por el día caluroso:
Una multitud de gente común y decente
Miraba desde fuera y ni se movió ni habló
Mientras tres figuras pálidas fueron llevadas al frente y atadas
A tres postes clavados en el suelo.

La masa y majestad de este mundo, todo
Lo que tiene peso y siempre pesa lo mismo
Dejado en manos de otros; eran insignificantes
Y no podían esperar ayuda y ninguna ayuda llegó:
Lo que más les gustaba hacer a sus enemigos se hizo, su vergüenza
Fue todo lo peor que podían desear; perdieron su orgullo
Y murieron como hombres antes de que sus cuerpos murieran.

Ella miró por encima de su hombro
Buscando  atletas en sus juegos,
Hombres y mujeres en un baile
Moviendo sus dulces extremidades
Veloces, veloces, al ritmo de  la música,
Pero allí en el escudo brillante
Sus manos no dispusieron ninguna pista de baile
Sino un campo cubierto de hierba mala.  

Un pícaro harapiento, sin rumbo y solitario,
Merodeaba alrededor del vacío, un pájaro
Voló buscando salvarse de su piedra certera:
Las muchachas son violadas, dos muchachos apuñalan a un tercero,
Eran axiomas para él, que nunca había oído
De ningún mundo donde las promesas se cumplieran,
O donde uno pudiera llorar porque otro llora.

El herrero de labios finos,
Hefesto, se alejó cojeando,
Tetis de los senos brillantes
Gritó en espanto
Ante lo que el dios había forjado
Para complacer a su hijo, el fuerte
Aquiles, hombre de corazón de hierro y asesino
Que no viviría mucho tiempo.

[1952]

W. H. Auden (York, Inglaterra, 1907- Viena, 1973), The Shield of Achilles, Random House, 1955 
Traducción de Silvia Camerotto en De Sibilas y Pitias

* Se refiere a la ninfa Tetis, madre de Aquiles, a cuyo pedido el dios herrero Hefesto labró un nuevo escudo para su hijo, luego de que Héctor venciera a Patroclo, quien llevaba las armas de Aquiles. Lo hizo de metales preciosos. Se narra en el canto XIII de la Ilíada (N. del Ad.)

Los poemas de W.H. Auden en Otra Iglesia Es Imposible


The Shield of Achilles

She looked over his shoulder
       For vines and olive trees,
    Marble well-governed cities
       And ships upon untamed seas,
    But there on the shining metal
       His hands had put instead
    An artificial wilderness
       And a sky like lead.

A plain without a feature, bare and brown,
   No blade of grass, no sign of neighborhood,
Nothing to eat and nowhere to sit down,
   Yet, congregated on its blankness, stood
   An unintelligible multitude,
A million eyes, a million boots in line,
Without expression, waiting for a sign.

Out of the air a voice without a face
   Proved by statistics that some cause was just
In tones as dry and level as the place:
   No one was cheered and nothing was discussed;
   Column by column in a cloud of dust
They marched away enduring a belief
Whose logic brought them, somewhere else, to grief.

    She looked over his shoulder
       For ritual pieties,
    White flower-garlanded heifers,
       Libation and sacrifice,
    But there on the shining metal
       Where the altar should have been,
    She saw by his flickering forge-light
       Quite another scene.

Barbed wire enclosed an arbitrary spot
   Where bored officials lounged (one cracked a joke)
And sentries sweated for the day was hot:
   A crowd of ordinary decent folk
   Watched from without and neither moved nor spoke
As three pale figures were led forth and bound
To three posts driven upright in the ground.

The mass and majesty of this world, all
   That carries weight and always weighs the same
Lay in the hands of others; they were small
   And could not hope for help and no help came:
   What their foes liked to do was done, their shame
Was all the worst could wish; they lost their pride
And died as men before their bodies died.

    She looked over his shoulder
       For athletes at their games,
    Men and women in a dance
       Moving their sweet limbs
    Quick, quick, to music,
       But there on the shining shield
    His hands had set no dancing-floor
       But a weed-choked field.

A ragged urchin, aimless and alone,
   Loitered about that vacancy; a bird
Flew up to safety from his well-aimed stone:
   That girls are raped, that two boys knife a third,
   Were axioms to him, who'd never heard
Of any world where promises were kept,
Or one could weep because another wept.

    The thin-lipped armorer,
       Hephaestos, hobbled away,
    Thetis of the shining breasts
       Cried out in dismay
    At what the god had wrought
       To please her son, the strong
    Iron-hearted man-slaying Achilles
       Who would not live long.

Auden Society, © Estate of W. H. Auden


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jueves, febrero 09, 2023

W.H. Auden / Lo primero es lo primero



Desvelado, yací en los brazos de mi propio calor y escuché
una tormenta que paladeaba su condición de tormenta en la oscuridad invernal
hasta que mi oído, como ocurre cuando estoy medio dormido o medio sobrio,
se afanó en desentrañar ese alboroto exclamativo,
trocando sus etéreas vocales y acuosas consonantes
en un discurso de amor indicativo de un Nombre Propio.

Difícilmente la lengua que hubiera escogido yo, y sin embargo, en la medida
en que lo permitían la estridencia y la torpeza, te elogiaba,
reconociéndote como una criatura divina de la Luna y el Viento del Oeste
con poder para domar monstruos reales e imaginarios,
comparando tu aplomo vital con un condado montañés,
verde a posta por aquí, por allá puro azul por si trajera suerte.

A pesar de lo estruendoso que era, a solas como sin duda me encontró,
reconstruyó un día de silencio peculiar
en que un estornudo podría haberse oído a una milla, y me permitió caminar
sobre un promontorio de lava a tu lado, la ocasión tan eterna
como la mirada de cualquier rosa, tu presencia exactamente
tan singular, tan valiosa, tan allí, tan ahora.

Todo ello, además, a una hora en la que más a menudo de lo que quisiera
un diablo sonriente me molesta en hermoso inglés,
prediciendo un mundo en el que todo lugar sagrado
es un yacimiento cubierto de arena al que acuden todos los tejanos cultos,
desinformados y desplumados por sus guías,
y todos los corazones mansos se han extinguido cual Obispos Hegelianos.

Agradecido, dormí hasta una mañana que no dijo
cuanto creía de lo que, según yo, había dicho la tormenta
sino que discretamente hizo que me fijara en lo que había hecho
-unos cuantos metros cúbicos más en mi cisterna
contra un verano leonino-, estableciendo prioridades:
miles han vivido sin amor, nadie sin agua.

W. H. Auden (York, Inglaterra, 1907-Viena, 1973), Zenda, 20 de enero de 2020
Traducción de Eduardo Iriarte



First Things First

by W. H. Auden

Woken, I lay in the arms of my own warmth and listened
To a storm enjoying its storminess in the winter dark
Till my ear, as it can when half-asleep or half-sober,
Set to work to unscramble that interjectory uproar,
Construing its airy vowels and watery consonants
Into a love-speech indicative of a Proper Name. 

Scarcely the tongue I should have chosen, yet, as well
As harshness and clumsiness would allow, it spoke in your praise,
Kenning you a god-child of the Moon and the West Wind
With power to tame both real and imaginary monsters,
Likening your poise of being to an upland county,
Here green on purpose, there pure blue for luck. 

Loud though it was, alone as it certainly found me,
It reconstructed a day of peculiar silence
When a sneeze could be heard a mile off, and had me walking
On a headland of lava beside you, the occasion as ageless
As the stare of any rose, your presence exactly
So once, so valuable, so very now. 

This, moreover, at an hour when only to often
A smirking devil annoys me in beautiful English,
Predicting a world where every sacred location
Is a sand-buried site all cultured Texans do,
Misinformed and thoroughly fleeced by their guides,
And gentle hearts are extinct like Hegelian Bishops. 

Grateful, I slept till a morning that would not say
How much it believed of what I said the storm had said
But quetly drew my attention to what had been done
—So many cubic metres the more in my cistern
Against a leonine summer—, putting first things first:
Thousands have lived without love, not one without water.
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martes, julio 27, 2021

W. H. Auden / Salta antes de pensar



No ha de caer la noción de peligro en el olvido:
No importa cuan suave te hubiera parecido
El camino es ciertamente corto y vertical;
Si lo prefieres piensa, igual ha de saltar.

Los eficaces se vuelven cursis al soñar
Y olvidan lo que un tonto sabría recordar;
Es el miedo más que el buen sentido
Lo que tan velozmente cae en olvido.

Las ocupaciones que agitan al gentío,
La imprecisión, la cerveza, el polvo, el ruido,
Cada año inspiran bromas de sutileza impar:
Ríete si quieres, igual has de saltar.

La ropa cuyo uso se aconseja
No será barata ni tendrá el menor sentido
En tanto consintamos ser ovejas
Que nunca mencionan al desaparecido.

Por las buenas maneras puedes tomar partido
Pero alegrarse cuando todos han partido
Es incluso más difícil que llorar:
Nadie está mirando, e igual has de saltar.

Mide cien brazas la profunda soledad
Que sostiene nuestra cama, querido:
Yo te amo pero debes saltar,
Y la seguridad que soñamos debe pasar al olvido.
 
W. H. Auden (York, Inglaterra, 1907-Viena, 1973), "Dover y otros poemas", Diario de Poesía nº 9, Buenos Aires, invierno de 1988
Traducción de Mirta Rosenberg y Daniel Samoilovich

N. de los T.: "Leap before you look" es una inversión de la frase hecha "Look before you leap" que significa literalmente "Piensa antes de saltar" y podría equivaler al castellano "Piensa antes de actuar"


The sense of danger must not disappear:
The way is certainly both short and steep,
However gradual it looks from here;
Look if you like, but you will have to leap.

Tough-minded men get mushy in their sleep
And break the bylaws any fool can keep;
It is not the convention but the fear
That has a tendency to disappear.

The worried efforts of the busy heap,
The dirt, the imprecision, and the beer
Produce a few smart wisecracks every year;
Laugh if you can, but you will have to leap.

The clothes that are considered right to wear
Will not be either sensible or cheap,
So long as we consent to live like sheep
And never mention those who disappear.

Much can be said for social savoir-faire,
But to rejoice when no one else is there
Is even harder than it is to weep;
No one is watching, but you have to leap.

A solitude ten thousand fathoms deep
Sustains the bed on which we lie, my dear:
Although I love you, you will have to leap;
Our dream of safety has to disappear.

 December 1940

Collected Poems, 1976, 1991, Alfred A. Knopf
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Foto: W. H. Auden por Howard Coster, 1937 National Portrait Gallery, Londres

lunes, enero 04, 2021

W. H. Auden / En memoria de W. B. Yeats















I.

Él desapareció en pleno invierno:
Los arroyos estaban helados, los aeropuertos casi desiertos,
Y la nieve desfiguró las estatuas públicas;
El mercurio se hundió en la boca del agonizante día.
Los instrumentos con que contamos coinciden, 
El día de su muerte fue un día oscuro y frío.

Lejos de su enfermedad
Los lobos corrieron por los bosques siempre verdes,
El río pueblerino no se dejaba tentar por los muelles de moda;
Por el luto de las lenguas
Sus poemas se mantuvieron a salvo de la muerte del poeta.

Pero para él fue su última tarde como sí mismo,
Una tarde de enfermeras y rumores;
Las provincias de su cuerpo se revelaron,
Los cuadrados de su mente quedaron vacíos,
En silencio invadió los suburbios,
La corriente de su sentimiento falló: se convirtió en sus admiradores.

Ahora está esparcido entre cien ciudades
Y entregado por completo a los afectos desconocidos;
Para encontrar su felicidad en otra clase de madera
Y ser castigado bajo un código de conciencia extranjero.
Las palabras de un muerto
Se modifican en las entrañas de los vivos.

Pero en la importancia y en el estruendo del mañana
Cuando los corredores rujan como bestias en el piso de la Bolsa,
Y los pobres tengan los mismos sufrimientos a los que están acostumbrados,
Y cada uno en su celda esté casi convencido de su libertad,
Algunos miles pensarán en este día
Como uno piensa en un día en el que hizo algo inusual.

Los instrumentos con que contamos coinciden, 
El día de su muerte fue un día oscuro y frío.

II.

Eras tonto como nosotros; tu don sobrevivió a todo:
La parroquia de mujeres ricas, decadencia física,
A ti mismo. La loca Irlanda te arrastró a la poesía.
Ahora todavía Irlanda tiene su locura y su clima,
Porque la poesía hace que nada ocurra: sobrevive
En el valle de su creación donde los ejecutivos
Nunca querrían estar; fluye hacia el sur
Desde los ranchos de aislamiento y los pesares atareados,
Ciudades salvajes en las que creemos y morimos; sobrevive,
Una forma de acontecimiento, una desembocadura.

III.

La tierra recibe a un invitado de honor:
William Yeats es sepultado.
Deja que el buque irlandés descanse
Vaciado de su poesía.

En la pesadilla de la oscuridad
Todos los perros de Europa ladran,
Y las naciones vivientes esperan,
Cada una secuestrada en su odio;

La deshonra intelectual
Mira desde cada rostro humano,
Y los mares de la piedad yacen
Bloqueados y congelados en cada ojo.

Sigue, poeta, sigue derecho
Hasta el fondo de la noche,
Con tu voz inquebrantable
Todavía nos persuades a alegrarnos;

Con el cultivo de un verso
Haz una viña de la maldición,
Canta sobre el fracaso humano
En un arrebato de angustia;

En los desiertos del corazón
Que comience la fuente curativa,
En la prisión de sus días
Enséñale al hombre libre a alabar.

W. H. Auden (York, Inglaterra, 1907-Viena, 1973), Another Time, Random House, 1940; Academy of American Poets, Nueva York. Buenos Aires Poetry, diciembre 18, 2020 
Traducción de Juan Arabia


martes, junio 30, 2020

W. H. Auden / La Ley como el amor

























La Ley, dicen los jardineros, es el sol,
y la Ley es aquel
a quien los jardineros obedecen
mañana, hoy y ayer.

La Ley es la sabiduría de los ancianos,
abuelos impotentes que riñen sin aliento;
sacan su lengua bífida los nietos:
la Ley son los sentidos de los jóvenes.

La Ley, afirma el clérigo con ojos clericales,
echando su sermón a los seglares,
la Ley son las palabras en el libro sagrado
y la Ley es mi altar y mi espadaña;
la Ley, afirma el juez ajustando sus lentes,
hablando clara y muy severamente,
la Ley es como ya les dije,
la Ley es como saben que supongo,
la Ley es pero déjenme explicarlo,
pues la Ley es La Ley.

Pero escriben doctores legalistas:
la Ley no es lo correcto ni lo erróneo,
la Ley son solo crímenes
castigados en ciertos momentos y lugares,
la Ley son los ropajes que viste el ser humano
aquí y ahora,
la Ley es Buenos días y Hasta luego.

Otros dicen, la Ley es el Destino;
otros dicen, la Ley es el Estado;
otros dicen y dicen
que la Ley ya no existe,
que la Ley se ha esfumado.

Y siempre la ruidosa y airada multitud,
muy airada y muy ruidosa:
la Ley somos Nosotros,
y siempre el necio Yo que insiste débilmente.

Si nosotros, querido, no sabemos
más que ellos de la Ley y lo sabemos,
si tú, al igual que yo,
no sabes bien qué hacer o qué no,
salvo aceptar con todos
alegre o tristemente
que la Ley es y existe
y que todos lo saben,
si absurdo me parece, por lo tanto,
equiparar la Ley a otra palabra,
a diferencia de otros hombres
no sabría decir la Ley es Esto,
igual que no podemos cancelar
el deseo global de adivinar
o escurrirnos de nuestra posición
hacia una condición despreocupada.

Aunque al menos haré
que nuestra vanidad
declare con tibieza
un tibio parecido
del que luego jactarnos:
como el amor, sentencio.

Como el amor no sabemos ni dónde ni por qué,
como el amor no podemos forzarla ni ignorarla,
como el amor lloramos a menudo,
como el amor rara vez la guardamos.

[1939]

W. H. Auden (York Inglaterra, 1907-Viena, 1973), Perros en la Playa, 25 de junio de 2020

Cuarenta poemas.
Traducción y prólogo de Jordi Doce,
Galaxia Gutenberg,
Barcelona, 2020









Otra Iglesia Es Imposible - Auden Society - UNAM - A Media Voz - De Sibilas y Pitias - Buenos Aires PoetryEl País - Hablar de Poesía - Eterna Cadencia - La Nación - Página 12

Foto: W. H. Auden, Estocolmo, c.1969 Central Press/Getty Images


Law Like Love

Law, say the gardeners, is the sun,
Law is the one
All gardeners obey
Tomorrow, yesterday, today.

Law is the wisdom of the old,
The impotent grandfathers feebly scold;
The grandchildren put out a treble tongue,
Law is the senses of the young.

Law, says the priest with a priestly look,
Expounding to an unpriestly people,
Law is the words in my priestly book
Law is my pulpit and my steeple.
Law, says the judge as he looks down his nose,
Speaking clearly and most severly,
Law is as I've told you before,
Law is but let me explain it once more,
Law is The Law.

Yet law-abiding scholars write:
Law is neither wrong nor right,
Law is only crimes
Punished by places and by times,
Law is the clothes men wear
Anytime, anwhere.
Law is Good-morning and Good-night.

Others say, Law is our Fate;
Others say, Law is our State;
Others say, others say
Law is no more.
Law has gone away.

And always the loud angry crowd,
Very angry and very loud,
Law is We,
And always the soft idiot softly Me.

If we, dear, know we know no more
Than they about the Law,
If I no more than you
Know what we should and should not do
Except that all agree
Gladly or miserably
That the Law is
And that all know this,
If therefore thinking it absurd
To identify Law with some other word,
Unlike so many men
I cannot saw Law is again
No more than they can we suppress
The universal wish to guess
Or slip out of our own position
Into an unconcerned condition.

Although I can at least confine
Your vanity and mine
To stating timidly
A timid similarity,
We shall boast anyway:
Like Love I say.

Like love we don't know where or why,
Like love we can't compel or fly,
Like love we often weep.
Like love we seldom keep.

-- W. H. Auden

sábado, diciembre 21, 2019

W. H. Auden / Rimbaud
















Las noches, los puentes ferroviarios, el cielo tormentoso.
Sus horribles compañeros no lo sabían;
Pero en aquel niño la mentira del retórico
Reventó como una tubería: el frío había hecho un poeta.

Tragos que le pagaba su débil y lírico amigo
Sus sentidos sistemáticamente trastornados,
A todo habitual disparate pusieron fin;
Hasta que lo alejaron de la lira y la fragilidad.

El verso era una enfermedad propia del oído;
La honestidad no bastaba; aquello parecía
El infierno de la infancia; debía intentarlo de nuevo.

Ahora, galopando a través de África, soñaba
con un nuevo yo, un hijo, un ingeniero,
cuya verdad resultara aceptable para los mentirosos.

W. H. Auden (York, Inglaterra, 1907-Viena, 1973), Selected Poems by the Author, Penguin Books, Harmondsworth, Middlesex, 1964
Versión de Jonio González

Poetry Foundation - Otra Iglesia Es Imposible - UNAM - Hablar de Poesía - Ignoria -- Eterna Cadencia


RIMBAUD

The nights, the railway-arches, the bad sky,
His horrible companions did not know it;
But in that child the rhetorician’s lie
Burst like a pipe: the cold had made a poet.

Drinks bought him by his weak and lyric friend
His five wits systematically deranged,
To all accustomed nonsense put an end;
Till he from lyre and weakness was estranged.

Verse was a special illness of the ear;
Integrity was not enough; that seemed
The hell of childhood: he must try again.

Now, galloping through Africa, he dreamed
Of a new self, a son, an engineer,
His truth acceptable to lying men.
---

lunes, septiembre 09, 2019

W. H. Auden / Blues de la Muralla Romana















Sobre el brezo sopla el viento húmedo,
tengo piojos en la túnica y un catarro de nariz.

La lluvia cae del cielo tamborileando,
soy un soldado de la Muralla, no sé por qué.

La niebla se arrastra sobre la dura y gris piedra,
mi chica está en Tungria; duermo solo.

Aulus anda merodeando su casa,
no me gusta su conducta, no me gusta su cara.

Piso es un cristiano, venera a un pez;
si de su voluntad dependiese, no existirían los besos.

Ella me dio un anillo pero lo perdí a los dados;
quiero a mi chica y quiero mi paga.

Cuando sea un veterano con un solo ojo
no haré otra cosa que mirar el cielo.

W. H. Auden (York, Inglaterra, 1907-Viena, 1973), Collected Short Poems, Faber & Faber, Nueva York, 1966
Versión de Jonio González

Nota del Traductor
En 1937 Auden recibió en encargo de la BBC (a través de su amigo John Pudney, productor de la emisora), de escribir un texto para un programa en torno a la Muralla Romana. Entre septiembre y octubre de ese año, Auden trabajó en la sinopsis y Benjamin Britten en la música (contra la opinión de muchos ejecutivos de la emisora, que consideraban a Britten demasiado joven e inexperto). El programa fue emitido el 25 de noviembre de 1937 en un espacio de la BBC para la región noreste de Inglaterra. Auden nunca publicó el texto completo, pero reescribió la canción "Over the heather the wet wind blows" ("Sobre el brezo sopla el viento húmedo") con el título "Roman Wall Blues" y publicó la versión en su libro Another Time (Random House, Nueva York, 1940). Tras su muerte, entre sus papeles se descubrieron tres estrofas de una canción titulada "Song of the Legions". Para más información al respecto, véase Plays and Other Dramatic Writings by W. H. Auden, Edward Mendelson, ed., Princeton University Press, Nueva Jersey, 2019. (J. G.)

Poets Org
Interesting Literature
UNAM
El Cultural
A Media Voz
El País
Letras Libres
Ñ
Otra Iglesia Es Imposible

Foto: W. H. Auden, 1967, © Cecil Beaton Studio Archive, Sotheby's London/National Portrait Gallery UK

lunes, mayo 27, 2019

W. H. Auden / De "Horae Canonicae"















Immolatus Vicerit

1. Prima

Simultánea, tan silenciosa,
espontánea, tan repentinamente
como en la vanagloria del alba los benignos
portales del cuerpo se abren de par en par
a su mundo del más allá, los portales de la mente,
el portal del cuerno y el portal del marfil,
se abren y se cierran, instantáneamente
controlan el desordenado trastorno nocturno
de su rebelde fronda, repulsiva,
malévola y de menor cuantía,
carente de derechos, viuda y huérfana
por causa de un error histórico:
convocado desde las sombras para convertirme en un ser sensible,
desde la ausencia para exhibirme,
sin nombre ni historia me despierto
entre mi cuerpo y el día.

Sagrado este momento, con pleno derecho,
mientras, con completa obediencia
al lacónico clamor de la luz, próximo
como una sábana, cercano como una pared,
exterior como el aporte pétreo de una montaña,
el mundo está presente, en derredor,
y sé que soy, que estoy aquí, no solo
sino con un mundo y me alborozo
sin frustraciones, pues la voluntad aún debe reclamar
este brazo adyacente como el mío,
la memoria aún nombrarme, reanudar
su rutina de elogio y culpa,
y sonriéndome está este instante, mientras
el día todavía sigue intacto, y yo
soy el Adán sin pecar de los comienzos,
el Adán aún previo a todo acto.

Respiro, y eso, por supuesto, es desear,
sin importar qué, es ser sensato,
es ser diferente, morir, y el precio,
sin importar cómo, es el Paraíso,
perdido, por supuesto, y yo que debo una muerte:
el voraz arrecife, el mar calmo,
los planos techos de la aldea pesquera
aún dormida en su barranco,
aunque frescos y soleados ya, no son amigos
sino cosas al alcance de la mano, y esta carne dispuesta
no es igual y honesta, sino mi cómplice ahora,
mi futura asesina, y mi nombre
representa mi parte histórica de responsabilidad
por una mentirosa ciudad que se hizo sola,
temeroso de nuestra tarea en la vida, de la muerte
que el día que llega habrá de reclamar.

                                                                        1949

W. H. Auden (York, Inglaterra, 1907-Viena, 1973), Los Estados Unidos, y después. Poesía selecta 1939-1973, selección y traducción de Rolando Costa Picazo, Ediciones Activo Puente, Buenos Aires, 2009

Nota del Administrador
El plan de este poema de Auden es claro: sigue el orden de las horas canónicas de oración, fundado a su vez en el horario romano: Prima, seis de la mañana; Tercia, 9 de la mañana; Sexta, mediodía; Nonas las tres de la tarde; Vísperas, las seis; Completas las 9 de la noche y Laudes las tres de la mañana. Si, como se interpreta habitualmente, las siete horas aluden al desarrollo de la Creación, en la primera parte la voz del texto es la de Adán. La interpretación canónica del poema, por así decirlo, incluye también, y básicamente, la idea de las horas previas a la muerte de Cristo. Este motivo está ya presente en el comienzo, no solo porque el pecado originario fue lavado con el Sacrificio, sino porque la voz que suponemos de Adán lo alude. Pero nada impide imaginar que el despertar del personaje del primer poema es el de cualquier ser humano y, por lo tanto, que es Auden el que habla de su despertar al mundo, cada mañana.

Vladivostok
The New York Review of Books
Arbor
Letras Libres
El País
A Media Voz
Otra Iglesia Es Imposible

Foto: National Post/Cecil Beaton/Condé Nast via Getty Images


PRIME

Simultaneously, as soundlessly,
Spontaneously, suddenly
As, at the vaunt of the dawn, the kind
Gates of the body fly open
To its world beyond, the gates of the mind,
The horn gate and the ivory gate
Swing to, swing shut, instantaneously
Quell the nocturnal rummage
Of its rebellious fronde, ill-favored,
Ill-natured and second-rate,
Disenfranchised, widowed and orphaned
By an historical mistake:
Recalled from the shades to be a seeing being,
From absence to be on display,
Without a name or history I wake
Between my body and the day.


Holy this moment, wholly in the right,
As, in complete obedience
To the light's laconic outcry, next
As a sheet, near as a wall,
Out there as a mountain's poise of stone,
The world is present, about,
And I know that I am, here, not alone
But with a world and rejoice
Unvexed, for the will has still to claim
This adjacent arm as my own,
The memory to name me, resume
Its routine of praise and blame
And smiling to me is this instant while
Still the day is intact, and I
The Adam sinless in our beginning,
Adam still previous to any act.


I draw breath; this is of course to wish
No matter what, to be wise,
To be different, to die and the cost,
No matter how, is Paradise
Lost of course and myself owing a death:
The eager ridge, the steady sea,
The flat roofs of the fishing village
Still asleep in its bunny,
Though as fresh and sunny still are not friends
But things to hand, this ready flesh
No honest equal, but my accomplice now
My assassin to be, and my name
Stands for my historical share of care
For a lying self-made city,
Afraid of our living task, the dying
Which the coming day will ask.

                                                        1949

lunes, marzo 05, 2018

W. H. Auden / Ya el secreto salió a la luz














Ya el secreto salió a la luz
como es forzoso que suceda,
maduro el chisme que divierte
al amigo que tienes cerca;
sobre manteles y en la plaza
las lenguas se van de la lengua;
que las apariencias engañan
y nunca hay humo sin hoguera.

Detrás del cuerpo en el estanque,
detrás del fantasma en los hoyos,
detrás de la dama que baila
y el hombre que bebe a lo loco,
bajo la mueca de cansancio,
la migraña y los ojos rojos
hay historias que no se cuentan,
no todo lo que brilla es oro.

Para la clara voz que canta
desde la tapia del convento,
el perfume de los arbustos,
los cuadros con escenas de recreo,
el croquet en verano,
el saludo, la tos, el beso,
hay siempre una clave privada,
hay siempre un secreto perverso.

[1936]

W. H. Auden (York, Inglaterra, 1907-Viena, 1973), por Jordi Doce, Perros en la Playa, 29 de septiembre de 2016

Nota del Traductor
Hace unos años el responsable de una revista cultural madrileña me llamó para solicitarme la traducción de un célebre poema de Auden. El poema, en realidad una canción, se titula "At last the secret is out" y forma parte, junto con "Funeral Blues" y otras piezas, de las "Twelve Songs" (Doce canciones) que Auden compuso en 1936. Entre nosotros el poema es muy conocido porque Jaime Gil de Biedma lo tradujo al español para la edición definitiva de Las personas del verbo. Eso fue justamente lo que razoné al atender la llamada: ya existe la versión de Gil de Biedma, ¿por qué no recurrís a ella? Mi interlocutor hizo como que no me había oído. Quizá pensó en problemas de derechos, en agentes y herederos espinosos. El caso es que el encargo se mantuvo.

Cuando alguien te muestra su confianza hasta ese punto lo mejor es no hacerse de rogar y proceder con rapidez. Pero antes releí la traducción de Gil de Biedma y la comparé con el original. Me llevé una sorpresa. Bien es verdad que el autor de Moralidades dice que la suya es una versión "en romance": tres estrofas de ocho octosílabos cada una, con rima asonante en los versos pares. Pero es más que eso, pues lo que hace Gil de Biedma es traducir culturalmente la escena del poema de Auden, ese mundo británico del club de golf y salones de té y setos de boj, a la España de su tiempo, con su café de plaza y su juego de naipes y hasta un monasterio con la correspondiente tapia. Alguna decisión es más difícil de entender: por ejemplo, traducir still waters run deep, que es algo así como "la procesión va por dentro", por el refrán "que la cabra tira al monte", que tampoco –diría– se justifica en el contexto del poema.

En mi caso he preferido optar por el eneasílabo, aunque manteniendo la rima del original en forma de asonancia en los versos pares: ea en la primera estrofa, oo en la segunda, y eo en la tercera.

Enfocarte
Revista Ñ
El Cultural
National Post

At Last The Secret Is Out 

At last the secret is out,
as it always must come in the end,
the delicius story is ripe to tell
to tell to the intimate friend;
over the tea-cups and into the square
the tongues has its desire;
still waters run deep, my dear,
there's never smoke without fire.

Behind the corpse in the reservoir,
behind the ghost on the links,
behind the lady who dances
and the man who madly drinks,
under the look of fatigue
the attack of migraine and the sigh
there is always another story,
there is more than meets the eye.

For the clear voice suddently singing,
high up in the convent wall,
the scent of the elder bushes,
the sporting prints in the hall,
the croquet matches in summer,
the handshake, the cough, the kiss,
there is always a wicked secret,
a private reason for this. 

-Poem Hunter
https://www.poemhunter.com/poem/at-last-the-secret-is-out-2/

miércoles, julio 12, 2017

W. H. Auden / Si pudiera contarte
















El Tiempo no dirá nada pero yo te lo dije
El Tiempo solo sabe el precio que tenemos que pagar;
Si pudiera contarte te lo diría.

Si debemos llorar cuando los payasos hacen su show,
Si debemos tropezar cuando los músicos tocan,
El Tiempo no dirá nada pero yo te lo dije.

No hay presagios para ser dichos, aunque,
Porque te amo más de lo que puedo decir,
Si pudiera contarte te lo diría.

Los vientos deben venir de alguna parte cuando soplan,
Debe haber una razón, un porqué las hojas decaen;
El Tiempo no dirá nada pero yo te lo dije.

Tal vez las rosas de verdad quieren crecer,
La visión tiene la intención seria de quedarse;
Si pudiera contarte te lo diría.

Supongamos que los leones se levantan y se van,
Y los arroyos y los soldados huyen;
¿No dirá nada el Tiempo pero yo igual te lo dije?
Si pudiera contarte te lo diría.

W. H. Auden (York, Inglaterra, 1907-Viena, 1973), Collected poems, Random House, Nueva York, 1945
Versión de Noelia Torres

Información y poemas de W. H. Auden en Auden Society


If I Could Tell You

Time will say nothing but I told you so 
Time only knows the price we have to pay; 
If I could tell you I would let you know. 

If we should weep when clowns put on their show, 
If we should stumble when musicians play, 
Time will say nothing but I told you so. 

There are no fortunes to be told, although, 
Because I love you more than I can say, 
If I could tell you I would let you know. 

The winds must come from somewhere when they blow, 
There must be reason why the leaves decay; 
Time will say nothing but I told you so. 

Perhaps the roses really want to grow, 
The vision seriously intends to stay; 
If I could tell you I would let you know. 

Suppose the lions all get up and go, 
And the brooks and soldiers run away; 
Will Time say nothing but I told you so? 
If I could tell you I would let you know.

https://www.poemhunter.com/best-poems/wh-auden/if-i-could-tell-you-2/

jueves, marzo 30, 2017

W.H. Auden / Colegiales















Aquí se encuentran todos los cautiverios;
celdas que son como las de verdad,
pero diferentes de los prisioneros tal cual los conocemos,
que se sienten ultrajados o languidecen o se resignan sutilmente
o sólo anhelan irse.

Pues disienten tan poco, casi contentos
de representar la pantomima del perro: una lamida y una carrera;
los barrotes del amor son tan fuertes, sus conspiraciones
frágiles como juramentos de borrachos.

Por cierto que su esquivez es difícil de vigilar:
los condenados ven sólo los falaces ángeles de una visión;
tan poco esfuerzo se esconde detrás de sus sonrisas,
y la bestia de la vocación tiene miedo.

Pero observadlos, oh, contraponed a nuestra estatura y edad
la casi neutra, la levemente desmañada perfección;
porque el sexo está allí, el cordón roto del zapato está roto,
el sueño del profesor no es verdadero.

Sin embargo, la tiranía es bien fácil.
¿Es la indecorosa palabra
garabateada en la fuente toda la rebelión?
¿Son las tormentas de lágrimas derramadas en un rincón
las semillas de la nueva vida?

W. H. Auden (York, Inglaterra, 1907-Viena, 1973), Alberto Girri, Versiones, Corregidor, Buenos Aires, 1974

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miércoles, julio 24, 2013

Poemas elegidos, 78


Alejandro Jorge
(Lobos, 1981)

Balada para un funeral, de W. H. Auden
Conocí este poema de Auden en el 2005, en el taller de Cecilia Pavón, y no puedo separarlo de esa experiencia. No sólo este poema sino varios de los textos que ahí leímos y las personas que nos encontramos hicieron que mi escritura y mi vida sean distintas para siempre, mejores.
Lo que me cautivó de este poema fue la forma elegida para expresar esa que es la mayor desazón que puede sentir una persona: el alejamiento del ser amado. Me atraían la osadía, la libertad y lo sagrado. La osadía, de rechazar al mundo y las cosas más bellas que puede ofrecernos, a causa del vacío que nos provoca la desaparición de ese sentido que el amor le da a nuestras vidas; la postulación de ese amor como fin último de las cosas, sin el cual nada merece vivirse ya que lo colmaba todo. La libertad que el poeta se otorga para poder desmantelar el mundo, como una escenografía que está a su alcance y puede manipular a su antojo, tal como si todo se tratara de lo que es, simples construcciones. Y lo sagrado, expresado en un funeral, uno de los pocos rituales que aún conservamos, y que permiten darle a la vida marcas que puedan conformarla, aunque siempre así, en consonancia con aquello que se nos escapa.


Balada para un funeral *

Detengan todos los relojes, desconectá el teléfono.
Dale un buen hueso al perro para que no ladre.
Silencien los pianos y al sonido sordo de ese tamborileo
Saquen el féretro, dejen entrar a los deudos.

Que los aviones den vueltas arriba y se lamenten
Garabateando en el cielo el mensaje Él ha Muerto,
Pongan cintas negras en los cuellos blancos de las palomas,
Dejen que el policía de tránsito use guantes de lana negros.

Él era mi Norte, mi Sur, mi Este y Oeste,
Mi semana de trabajo y mi domingo para descansar
Mi tarde, mi medianoche, mi charla, mi canción,
Yo creí que el amor duraba para siempre, me equivoqué.

Ya no deseo las estrellas; apáguenlas todas,
Empaquen la luna y desmantelen el sol.
Vacíen los océanos y acaben con los bosques;
Porque desde ahora nada puede llegar a buen puerto.


* Versión libérrima: Valeria Meiller

W. H. Auden (York, 1907-Viena, 1973)
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Foto: Alejandro Jorge en FB

lunes, marzo 04, 2013

W. H. Auden / En memoria de Sigmund Freud



En memoria de Sigmund Freud
(muerto en sept. de 1939)

Cuando haya demasiados que lamentar,
cuando el dolor se haya hecho público y se haya expuesto
a la crítica de toda una época
la fragilidad de nuestra conciencia y de nuestra angustia,

¿de quiénes hablaremos? Pues todos los días mueren
entre nosotros los que nos hacían bien,
los que sabían que nunca era bastante, pero
tenían la esperanza de mejorar algo las cosas con sólo vivir.

Así era este médico: aún a los ochenta quería
pensar en nuestra vida, a cuya turbulencia
tantos jóvenes y plausibles futuros
con la amenaza o la adulación exigen obediencia,

pero no pudo ser: cerró los ojos
ante esta última imagen, común a todos,
de problemas como parientes reunidos,
intrigados y celosos por nuestra agonía.

Pues a su alrededor, hasta el mismo fin, perduraban
aquéllos que él había estudiado, la fauna de la noche
y las sombras que todavía aguardaban para entrar
en el brillante círculo de su reconocimiento

acudieron a alguna otra parte con su desencanto cuando él,
un judío importante muerto en el exilio,
fue arrancado del interés de su vida
para volver a la tierra en Londres.

Sólo el Odio fue feliz, pues esperaba aumentar
ahora sus pacientes y su sórdida clientela,
que cree poder curarse matando
y cubriendo de cenizas el jardín.

Ellos siguen vivos, pero en un mundo que él cambió
sólo con mirar hacia atrás sin falsos pesares;
todo lo que hacía era recordar
con memoria de viejo y honestidad de niño.

No fue para nada ingenioso: simplemente le dijo
al infeliz Presente que recitara el Pasado
como una lección de poesía, hasta que tarde
o temprano titubeara en un verso en donde

hacía mucho comenzaron las acusaciones,
y de repente sabría quién lo había juzgado,
conocería la riqueza o necedad de su vida,
y perdonaría y sería más humilde,

capaz de enfrentar el Futuro como amigo,
sin un vestuario de excusas, sin
una máscara fija de rectitud ni un
molesto gesto, familiar en exceso.

No es de extrañarse que las antiguas culturas de la vanidad
previeran en su técnica de agitación
la caída de príncipes, el derrumbe de
sus lucrativos patrones de frustración:

si él tenía éxito, pues, la Vida Generalizada
se tornaría imposible, el monolito
del Estado se quebraría, y se impediría
la cooperación de los vengadores.

Por supuesto que invocaron a Dios, pero él siguió su camino
hacia abajo entre los condenados, como Dante, hacia abajo
hasta la hedionda fosa donde los lastimados
llevan la fea vida de los rechazados,

y nos mostró que el mal no es, como pensábamos,
los hechos que hay que castigar, sino nuestra falta de fe,
nuestro modo deshonesto de negar
y la concupiscencia del opresor.

Si algunos rastros de la aristocrática pose,
el rigor paternal, del que desconfiaba, aún
persistían en su expresión y en sus rasgos,
se trataba de una coloración protectora

para quien viviera tanto tiempo entre enemigos:
si muchas veces se equivocó, e inclusive fue un tanto absurdo,
para nosotros ya no es más una persona,
sino todo un clima de opinión

bajo el cual conducimos nuestras vidas diferentes:
como el tiempo, sólo puede ser un obstáculo o una ayuda;
los orgullosos pueden seguir siendo orgullosos, pero lo encontrarán
un poco más difícil; el tirano intenta

llevarse bien con él, pero no lo quiere demasiado:
tranquilo, él circunda todos nuestros hábitos de crecimiento
y se extiende, hasta que los cansados, inclusive
en el ducado más remoto y miserable,

han sentido el cambio en los huesos, y se han alegrado,
hasta que el niño, infeliz en su pequeño Estado,
un fogón donde la libertad se excluye,
una colmena cuya miel es el miedo y la preocupación,

se siente más tranquilo ahora, de alguna manera confiado en escapar,
mientras que, esparcidos por el pasto de nuestra indiferencia,
tantos objetos, largo tiempo olvidados,
revelados por su brillo, que no se desanima nunca,

nos son devueltos y otra vez son preciosos;
juegos que creíamos que había que abandonar al crecer,
ruiditos de los cuales no nos atrevíamos a reírnos,
o las caras que hacíamos cuando nadie miraba.

Pero él quiere mucho más para nosotros. Ser libre
muchas veces es sentirse solo. Él quería unir
las desiguales mitades fracturadas
por nuestro bien intencionado sentido de justicia,

restituir al más grande la voluntad y el ingenio
que posee el más chico, pero que sólo puede usar
para áridas disputas; quería devolverle al
hijo la riqueza del sentimiento materno;

pero sobre todo quería que recordáramos
sentir entusiasmo por la noche,
no sólo por el sentido de asombro
que tiene que ofrecernos, sino también

porque necesita de nuestro cariño. Con grandes ojos tristes,
sus entrañables criaturas miran hacia arriba y
en silencio nos ruegan que les pidamos que nos sigan:
son exiliadas que anhelan el futuro

que está en nuestro poder; ellas también se alegrarían
si se les permitiera servir al esclarecimiento, igual que él,
inclusive soportar nuestro grito de "Judas",
como lo hizo él, como deben soportarlo todos los que le sirven.

Nuestra voz racional calla. Sobre su tumba,
la casa del Impulso llora por el bienamado;
triste está Eros, constructor de ciudades,
y desolada la anárquica Afrodita.

                                        Noviembre de 1939


W. H. Auden (York, 1907- Viena, 1973), Los Estados Unidos, y después. Poesía selecta 1939-1973, selección y traducción de Rolando Costa Picazo, Ediciones Activo Puente, Buenos Aires, 2009


In Memory of Sigmund Freud
(d. sept. 1939)
 
When there are so many we shall have to mourn,
when grief has been made so public, and exposed
     to the critique of a whole epoch
   the frailty of our conscience and anguish,

of whom shall we speak? For every day they die
among us, those who were doing us some good,
     who knew it was never enough but
   hoped to improve a little by living.

Such was this doctor: still at eighty he wished
to think of our life from whose unruliness
     so many plausible young futures
   with threats or flattery ask obedience,

but his wish was denied him: he closed his eyes
upon that last picture, common to us all,
     of problems like relatives gathered
   puzzled and jealous about our dying. 

For about him till the very end were still
those he had studied, the fauna of the night,
     and shades that still waited to enter
   the bright circle of his recognition

turned elsewhere with their disappointment as he
was taken away from his life interest
     to go back to the earth in London,
   an important Jew who died in exile.

Only Hate was happy, hoping to augment
his practice now, and his dingy clientele
     who think they can be cured by killing
   and covering the garden with ashes.

They are still alive, but in a world he changed
simply by looking back with no false regrets;
     all he did was to remember
   like the old and be honest like children.

He wasn't clever at all: he merely told
the unhappy Present to recite the Past
     like a poetry lesson till sooner
   or later it faltered at the line where

long ago the accusations had begun,
and suddenly knew by whom it had been judged,
     how rich life had been and how silly,
   and was life-forgiven and more humble,

able to approach the Future as a friend
without a wardrobe of excuses, without
     a set mask of rectitude or an 
   embarrassing over-familiar gesture.

No wonder the ancient cultures of conceit
in his technique of unsettlement foresaw
     the fall of princes, the collapse of
   their lucrative patterns of frustration:

if he succeeded, why, the Generalised Life
would become impossible, the monolith
     of State be broken and prevented
   the co-operation of avengers.

Of course they called on God, but he went his way
down among the lost people like Dante, down
     to the stinking fosse where the injured
   lead the ugly life of the rejected,

and showed us what evil is, not, as we thought,
deeds that must be punished, but our lack of faith,
     our dishonest mood of denial,
   the concupiscence of the oppressor.

If some traces of the autocratic pose,
the paternal strictness he distrusted, still
     clung to his utterance and features,
   it was a protective coloration

for one who'd lived among enemies so long:
if often he was wrong and, at times, absurd,
     to us he is no more a person
   now but a whole climate of opinion

under whom we conduct our different lives:
Like weather he can only hinder or help,
     the proud can still be proud but find it
   a little harder, the tyrant tries to

make do with him but doesn't care for him much:
he quietly surrounds all our habits of growth
     and extends, till the tired in even
   the remotest miserable duchy

have felt the change in their bones and are cheered
till the child, unlucky in his little State,
     some hearth where freedom is excluded,
   a hive whose honey is fear and worry,

feels calmer now and somehow assured of escape,
while, as they lie in the grass of our neglect, 
     so many long-forgotten objects
   revealed by his undiscouraged shining

are returned to us and made precious again;
games we had thought we must drop as we grew up,
     little noises we dared not laugh at,
   faces we made when no one was looking.

But he wishes us more than this. To be free
is often to be lonely. He would unite
     the unequal moieties fractured
   by our own well-meaning sense of justice,

would restore to the larger the wit and will 
the smaller possesses but can only use
     for arid disputes, would give back to
   the son the mother's richness of feeling:

but he would have us remember most of all 
to be enthusiastic over the night,
     not only for the sense of wonder
   it alone has to offer, but also

because it needs our love. With large sad eyes
its delectable creatures look up and beg
     us dumbly to ask them to follow:
   they are exiles who long for the future

that lives in our power, they too would rejoice
if allowed to serve enlightenment like him,
     even to bear our cry of 'Judas', 
   as he did and all must bear who serve it.

One rational voice is dumb. Over his grave
the household of Impulse mourns one dearly loved:
     sad is Eros, builder of cities,
   and weeping anarchic Aphrodite.
                                             
                                                  November 1939

---
Ilustración: Composition in Black, 1946, Alexander Calder