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domingo, septiembre 15, 2024

Vladimiro Maiacovski / Adolescente



La juventud tiene mil ocupaciones.
Estudiamos gramática hasta atontarnos.
A mí,
me echaron del quinto año,
y fui a apolillar en las cárceles de Moscú.
En nuestro pequeño mundo doméstico,
para las camas aparecen poetas de pelo rizado.
¿Qué saben estos líricos anémicos?
A mí, pues,
me enseñaron a amar en la cárcel.
¿Qué vale comparado con esto,
la tristeza del bosque de Boulogne?
¿Qué valen comparado con esto,
los suspiros ante un paisaje de mar?
Yo, pues,
me enamoré de la ventanilla de la cámara 103, [1]
de la "oficina de pompas fúnebres".
Hay gente que mira al sol todos los días
y se enorgullece.
"No valen mucho sus rayos" -dicen.
Pero yo,
entonces,
por un rayito de sol amarillo,
reflejado sobre mi pared,
hubiera dado todo en el mundo.

[1] Número de la cámara de la cárcel donde estuvo Maiacovski durante un año (N. de la T.)

Vladimiro Maiacovski (Baghdati, Georgia, 1893 – Moscú, 1930), "Amo", 1922, Obras escogidas, tomo I, Editorial Platina, Buenos Aires, 1957
Traducción de Lila Guerrero

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Foto: Vladimiro Maiacovski por Alexander Rodchenko, Moscú, 1924 adoc-photos/ Corbis/ Getty

lunes, mayo 08, 2023

Vladimiro Maiacovski / Tres poemas




De niño

Yo fui agraciado en el amor, sin límites.
Pero de niño
la gente, preocupada, trabaja.
Y yo escapaba a las orillas del río Rión
y vagaba sin hacer nada.
Se enojaba mi madre:
"¡Chiquillo maldito!"
Mi padre me amenazaba con el cinturón.
Pero yo me ganaba tres rublos falsos
y jugaba con los soldados bajo las tapias.
Sin el peso de la camisa,
sin el peso de los botines,
daba vueltas
y me quemaba bajo el sol de Kutaís,
hasta que me daban puntadas en el corazón.
El sol se asombraba:
"Apenas se ve
y también tiene corazón,
se empeña el chiquillo."
¿Cómo es que cabe en este pedazo de un metro
el río,
yo,
y las kilométricas cumbres?

Imposible

Solo no podré llevar el piano,
y menos aún la caja de hierro.
Si no fuera la caja,
y el piano,
a mi corazón lo llevaría de vuelta.
Los banqueros saben:
"somos ricos sin límites,
nos faltan bolsillos -
guardamos en la caja de hierro".
Mi amor por ti
es un tesoro
y lo guardo en mi caja de hierro,
y como un Creso ando contento.
Y sólo cuando tengo muchas ganas,
saco una sonrisa,
o menos,
y emborrachándome con otros,
gasto a media noche
unos quince rublos de lirismo en moneda.

Amo*, 1922

Una ventana en la ROSTA**

¡No nos tomarán
               con las manos vacías!
Los días de Denikin
                   están contados.
El Ejército Rojo
                es un erizo rojo,
es nuestra defensa de más arrojo.
¡No nos tomarán
               con las manos vacías!
Las horas de Kólchak
                    están contadas!
El Ejército Rojo
                es un erizo rojo
y es nuestra defensa de más arrojo.
¡Con las manos vacías 
                     no nos tomarán!
¡Camaradas,
          a las armas todos!
El Ejército Rojo
                es un erizo rojo,
la fuerza de hierro
                   de más arrojo!

Vladimiro Maiacovski (Baghdati, Georgia, 1893 – Moscú, 1930), "Poemas (1917-1930)", Maiacovski, Antología poética, Editorial Losada, Buenos Aires, 1970
Traducción de Lila Guerrero 

* Dedicado a Lili Brick (N. de la T.)
** El poeta trabajó en la ROSTA, hoy agencias TASS, desde el año 1919 hasta 1922. Escribió la mayoría de los textos de 1500 carteles que él mismo pintaba (N. de la T.)

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Foto: Vladimiro Maiacovski, Moscú, 1930 Sovfoto/Universal Images Group/Getty Images

lunes, marzo 23, 2015

Vladimiro Maiacovski / De "El hombre"













La pasión de Maiacovski

¿Escuchan?
¿Oyen el relincho de los caballos?
¿Oyen?
¿Oyen las bocinas de los automóviles?
Son los ciudadanos que van de compras en el reinado de la abundancia.
Hay un desborde de gente,
y yo voy perdido entre la multitud,
afligido y sollozante,
trato de mantener los frenos.
Pero me prendo de faldas y polleras.

¿Qué es eso?
¿Eres tú?
Mientes fingiéndote una santulona.
Siento mi ojo enrojecido,
como un farol rosado de una casa pública.
-¿Para qué te hago falta?
¡Espera!
Yo conozco alegrías más dulces.
Bajas con orgullo el bosque de tus pestañas.
¡Espera!
Te fuiste...
Allá, por encima de las cabezas, está Él.
Le brilla el cráneo.
Tiene la calvicie lustrosa.
Brilla con resplandor.
En el dedo meñique
lleva, en la última falange,
un brillante sobre el dedo velludo.
Son tres pelos.
Ella se acercó,
se inclinó sobre su mano,
besándola con los labios,
murmurando:
A un pelito lo llamaron "La flautita",
a otro le decían "La nubecita",
y al tercero con resplandor increíble,
le bautizaron con otro nombre,
recién inventado por mí.

Vladimiro Maiacovski (Baghdati, Georgia, 1893 – Moscú, 1930) "El hombre", 1916-1917, Obras escogidas, selección, traducción, prólogo y notas de Lila Guerrero, Editorial Platina, Buenos Aires, 1957
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Foto: Vladimiro Maiacovski, 1914. Sin datos sobre el fotógrafo

martes, febrero 15, 2011

Vladimiro Maiacovski / Mi verso mejor

El auditorio
arroja sus preguntas hirientes,
insiste en un desafío de papeletas.
"Camarada Maiacovski,
lea su verso mejor".
Mientras pienso
tomado de la mesa,
quizá leerles éste,
o tal vez aquél.
Mientras reviso
mi viejo arsenal poético,
y muda, en silencio,
la sala espera,
el secretario del Obrero del Norte,
murmurándome
al oído
me dijo...
Y yo grité, saliéndome del tono poético,
más fuerte que las trompetas de Jericó:
"¡Camaradas"
¡Los obreros
y las tropas de Cantón
tomaron Shangai!"
Como si al aplauso
lo amasaran con las palmas de las manos,
crecía la ovación,
crecía su fuerza.
Cinco,
diez,
quince minutos
aplaudía el salón.
Parecía que la tormenta
cubría leguas y leguas,
en respuesta a todas las notas Chamberlánicas,
y rodaba hasta llegar a la China,
alejando los torpederos de Shangai.
No comparo la mejor jalea poética,
cualquiera de las más grandes glorias poéticas,
con la sencilla noticia del diario
si a esta noticia
la aplaude así nuestro auditorio.
¿Acaso hay ligadura de fuerza mayor
que la solidaridad
de la colmena obrera?
¡Aplaude
obrero textil
a los desconocidos
y queridos
coolíes de la China!

1925

Vladimiro Maiacovski (Baghdati, Georgia, 1893 – Moscú, 1930) Antología poética, traducción de Lila Guerrero, Editorial Losada, Buenos Aires, 1970
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Foto: Maiacovski, 1924, por Alexander Rodchenko

sábado, mayo 12, 2007

Sergio Esenin, Vladimiro Maiacovski / Duelo




Fotos: Esenin- Maiacovski








En pleno proceso revolucionario en Rusia, el poeta Sergio Esenin apareció colgado en el hotel Inglaterra, en Leningrado, las venas cortadas. Esénin, poeta del lar, de la aldea, había virado hacia la poesía revolucionaria y su muerte causó un enorme impacto. Vladimiro Maiacovski, líder del futurismo y en términos teológicos, oficialista, se sintió obligado a contrarrestar el efecto dramático y político de este suicidio. Su artículo "Cómo se hacen los versos" es, al estilo de "Método de composición", de Poe, una explicación de cómo fue concebido su poema "A Sergio Esénin", y, sobre todo, de por qué. Maiscovsky relata: "Su fin afligió sencillamente, humanamente. Pero de pronto su muerte me pareció algo completamente natural y lógico. Me enteré de la noticia de noche. Mi aflicción posiblemente hubiese continuado hasta ir calmándose, pero a la mañana siguiente los diarios publicaron las estrofas de su poema póstumo, que finaliza así: En esta vida, vivir no es cosa nueva / Pero vivir tampoco es novedoso. Después de estas estrofas, la muerte de Esenin -sigue Maiacovski- se transformó en un hecho literario. Era evidente que este poema fuerte precisamente haría vacilar a muchos y los podría conducir al suicidio". Y enseguida: "De esta manera y por esta razón los poetas de la URSS recibieron el encargo social de escribir sobre Esénin. El encargo era excepcional, importantísimo y urgente, pues las estrofas de Esénin comenzaban a obrar rápido y con puntería" (Maiacovski, Obras escogidas, traducción de Lila Guerrero, Editorial Platina, Buenos Aires, 1957).
Maiacovski, quien a su vez se suicidó en 1929, asumió el encargo y produjo una larga réplica al autoepitafio de Esenin. El poema de Maiacovski concluye con una paráfrasis de los versos finales de la despedida de Esenin.


HASTA LA VISTA...

Hasta la vista, amigo mío, hasta la vista.
Querido mío, estás en mi pecho.
La predestinada separación
promete una cita en el porvenir.

Hasta la vista, amigo mío, sin dar la mano, sin palabras.
No te afijas; no pongas tan triste el ceño.
En esta vida el morir no es cosa nueva;
pero el vivir —seguro— es menos novedad.

(Escrito con sangre en la noche del 27 de diciembre de 1925, en Leningrado)

Sergio Esenin, Ediciones M. Segura, Buenos Aires, Argentina, 1958
Traducción de Vera Vinogradova. Arreglo de Octavio Corvalán. 
Vía Nostalgias Imperiales

*

A SERGIO ESENIN

Usted se fue,
como se dice,
al otro mundo.
¡Qué vacío!
Vuela usted
hasta incrustarse en las estrellas.
No lo ayuda ya
ni el dinero
ni el bodegón.
¡Sobriedad pura!

No, Esénin, no me burlo.
En la garganta
el dolor ajusta un nudo
y no es la risa...

Yo veo
sus brazos colgando
y su mano cortada,
balanceando la propia bolsa de sus huesos.
¡Qué hace!
¡Deje!
¿Está usted en su juicio?
Dejar que las mejillas
se cubran de tiza mortal.
Si usted sabía cantar
como nadie en este mundo.
¿Por qué?
¿Para qué?
Se encogen asombrados
los críticos rezongan -Es el vino,
es aquello
o lo de más allá.
Y como resultado, mucho vino y cerveza.
Cambiando
la bohemia por la "clase",
la clase tendría influencia sobre usted
y no habría por qué pelear.
¿Y la "clase" acaso
calma la sed con limonada?
La clase no es idiota,
sabe beber.
Es decir
si contase con el apoyo
de algunos de los del Puesto (1)
tendría otra orientación
y usted escribiría cada día
cien estrofas fatigantes y largas
como las de Doronin.
A mi juicio, realizándose semejante pesadilla
usted igual se colgaría.
Es mejor morir de vodka
que de aburrimiento.
No revelarían
la causa de esta pérdida
ni la cuerda
ni el puñal suicida.
Tal vez si hubiese tinta en el hotel Inglaterra
no tendría razones
para cortarse las venas.
Los imitadores se alegraron -¡Bis!
Contra él
casi un pelotón entero
pareciera haber realizado el atentado.
¿Para qué aumentar el número de suicidas?
Mejor aumentar la cantidad de tinta.

Ahora se cerraron los labios para siempre.
Inoportuno
y penoso
es hablar de estos misterios.

Al pueblo,
al creador del idioma,
se le ha muerto
un sonoro
cantaor
vicemaestro.

Y llevan los versos viejos al velorio,
sacados de otro entierro,
casi sin rehacer,
sin afilar las rimas.
¿Acaso
así se debe rendir homenaje a este poeta?
A usted
aún
no le han erigido monumento.
¿Dónde está el bronce sonoro
o las aristas de granito?
Al pie del monumento ya han dejado
homenajes y dedicatorias.
Su nombre
ya lo bordan con mocos en todos los pañuelitos.
Sus versos los entona cantando Sóbinov
saliendo detrás de un abedul de decorado.
"Oh amigo mío
ni palabras ni suspiros".
¡Eh!
Hablaría yo de otra manera
con ese Leónidas Lohengrinóide!
Me levantaría
aquí
estridentemente escandaloso -¡No permito
babear ni ajar el verso!
Los dejaría sordos con un silbido de tres pisos
y los mandaría a casa de su madre, de Dios y de su abuela.
Hasta destrozar esa mediocridad insoportable.
Hasta hacer trizas al bigotudo Kógan
clavado con lanzas más agudas que sus bigotes retorcidos.

Lo malo
por desgracia
es lo que más abunda.
Asuntos hay muchos
sólo hace falta tiempo.
Hay que transformar
primero la vida;
transformada,
la podremos cantar.

Nuestro tiempo
es difícil para la pluma.
Pero decídme vosotros,
mutilados y lisiados,
dónde,
cuándo
y cuál de los grandes
eligió el camino más gastado y más fácil.
Verbo,
comandante en jefe de la fuerza humana,
¡march!
Para que el tiempo quede atrás hecho girones
y únicamente el viento
despeine los mechones de pelo alborotado.
¡Para la alegría nuestro planeta
está poco preparado!
Debemos arrancar la alegría
a los días venideros.
En esta vida
morir es cosa fácil.
Hacer vida
es mucho más difícil.

Vladimiro Maiacovski,  Obras escogidas, traducción de Lila Guerrero, Editorial Platina, Buenos Aires, 1957

(1) "Puesto": Órgano de la Asociación de Escritores Proletarios.