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jueves, agosto 17, 2023

Valery Larbaud / Tres poemas




La rue Soufflot
(París)
             Romanza para el abanico de Madame Marie Laurencin

Nuestra breve jornada pronto habrá terminado: los últimos
años se abren ante nosotros como estas calles;
y el colegio sigue estando allí, y esta plaza
en cuadrículas, y la vieja iglesia en la que hemos visto
entrar muerto a Verlaine. En el fondo, a pesar del mar
y de tantos caminos, jamás hemos salido
de aquí, y toda nuestra vida habrá sido
un pequeño viaje en círculos y zigzags por París.
E incluso después, aquí nos quedaremos,
invisibles, olvidados, pero siempre habitando
la ciudad de la infancia y del primer amor,
con el asombro de los doce años y del encuentro,
que aún nos hace murmurar entre el gentío:
Porque sabes que siempre te he querido.”
y un transeúnte, que me ha oído, se da vuelta.

Traducción de Fernando Ilucik y Emmanuelle Brière.


Scheveningue, muerta ya la estación

En el pequeño bar de muebles encerados,
bebimos largamente bebidas de Inglaterra;
era cálido, íntimo bajo los cortinados.
Fuera el viento de mar crujía reposeras. 

Ambiente de salón  fumador en un barco…
Yo, el corazón opreso, como cuando se viaja;
yo estaba enternecido, yo estaba ya lejano;
yo un niño en sus angustias, correcto y educado. 

¡Y lo que nos rodeaba, era todo tan calmo!
Una barra y la gente confidente se torna.
¡Oh, cómo se es pequeño las tardes junto a ustedes,
cómo uno se arrodilla! ¡Olas, inmensas olas!

Versión de F.I.


La antigua estación de Cahors

¡Viajera! ¡oh cosmopolita! hoy en día
Abandonada, dejada, retirada de los negocios.
Un poco al margen de la vía,
Vieja y rosa en medio de los milagros de la mañana,
Con tu marquesina inútil
Extiendes al sol de las colinas tu andén vacío
(Este andén que antaño barría
El vestido de aire en torbellino de los grandes expresos)
Tu andén silencioso al borde de una pradera
Con las puertas siempre cerradas de tus salas de espera,
Cuyo calor de verano agrieta los postigos…
Oh estación que has visto tantos adioses,
Tantas partidas y tantos regresos,
Estación, oh doble puerta abierta a la inmensidad encantadora
De la tierra, donde en alguna parte debe encontrarse la alegría de Dios
Como una cosa inesperada, relumbrante;
Ahora tú reposas y gustas las estaciones
Que regresan trayendo la brisa o el sol, y tus piedras
Conocen el relámpago frío de las lagartijas; y el cosquilleo
De los dedos ligeros del viento en la hierba donde están los rieles
Rojos y rugosos de óxido,
Es tu único visitante.
La sacudida de los trenes no te acaricia ya:
Pasan lejos de ti sin pararse sobre tu césped  
Y te dejan en tu paz bucólica, oh estación por fin tranquila
En el corazón fresco de Francia

Traducción de Marco Antonio Campos y Jean Portante

Valery Larbaud (Vichy, Francia, 1881-1957), Les Poésies de A. O. Barnabooth, Nouvelle Revue Française, Paris, 1913; Gallimard, 1966


Foto: Valery Larbaud c.1900 Gallimard/Wikimedia Commons


La rue Soufflot
(Paris)
               Romance pour l'éventail de Madame Marie Laurencin

Notre petite journée sera bientôt finie: les dernières
Années s'ouvrent devant nous comme ces rues;
Et le collège est toujours là, et cette place
Quadrillée, et la vieille église où nous avons vu
Entrer Verlaine mort. Au fond, malgré la mer
Et tant de courses, nous ne sommes jamais sorti
D'ici, et toute notre vie aura été
Un petit voyage en rond et en zigzag dans Paris.
Et même après, nous resterons encore ici,
Invisible, oublié, mais habitant toujours
La ville de l'enfance et du premier amour,
Avec l'étonnement des douze ans et de la rencontre,
Qui nous fait murmurer encore dans la foule:
Porque sabes que siempre te he querido.”
Et un passant, qui m'a entendu, se retourne.


Scheveningue, Morte-saison

Dans le clair petit bar aux meubles bien cirés,
nous avons longuement bu des boissons anglaises;
c’etait intime et chad sous les rideaux tirés.
Dehors le vent de mer faisait trembler les chaises.

On eût dit un fumoir de navire ou de train:
j’avais le coeur serré comme quand on voyage;
j’étais tout attendri, j’etais doux et lointain;
j’étais comme un enfant plein d’angoisse et très sage.

Cependant tout était si calme autour de nous!
Des gens, près du comptoir, faisaient des confidences.
Oh, comme on est petit, comme on est à genoux,
Certains soirs, vous sentant si près, ô flots immenses!


L'ancienne gare de Cahors

Voyageuse! ô cosmopolite! à présent
Désaffectée, rangée, retirée des affaires.
Un peu en retrait de la voie,
Vieille et rose au milieu des miracles du matin,
Avec ta marquise inutile
Tu étends au soleil des collines ton quai vide
(Ce quai qu'autrefois balayait
La robe d'air tourbillonnant des grands express)
Ton quai silencieux au bord d'une prairie,
Avec les portes toujours fermées de tes salles d'attente,
Dont la chaleur de l'été craquelé les volets...
O gare qui as vu tant d'adieux,
Tant de départs et tant de retours,
Gare, ô double porte ouverte sur l'immensité charmante
De la Terre, où quelque part doit se trouver la joie de Dieu
Comme une chose inattendue, éblouissante;
Désormais tu reposes et tu goûtes les saisons
Qui reviennent portant la brise ou le soleil, et tes pierres
Connaissent l'éclair froid des lézards; et le chatouillement
Des doigts légers du vent dans l'herbe où sont les rails
Rouges et rugueux de rouille, 
Est ton seul visiteur.
L'ébranlement des trains no te caresse plus:
Ils passent loin de toi sans s'arrêter sur ta pelouse,
Et te laissent à ta paix bucolique, ô gare enfin tranquille
Au coeur frais de la France.

jueves, agosto 09, 2012

Valery Larbaud / Imágenes





                                 
I
Un día, en Jarkov, en un barrio popular
(¡oh esa Rusia meridional, donde todas las mujeres,
con el chal blanco cubriéndoles la cabeza, tienen aires de madona!),
vi a una joven que volvía de la fuente,
llevando, según la moda que tienen allí, como en tiempos de Ovidio,
dos baldes suspendidos de los extremos de un madero
en equilibrio sobre el cuello y los hombros.
Y vi que un niño harapiento se acercó a ella y le habló.
Entonces, inclinando amablemente su cuerpo a la derecha,
ella hizo que el balde lleno de agua pura tocara el empedrado
a nivel de los labios del niño que se había puesto de rodillas para beber.


II
Una mañana, en Rotterdam, en el muelle de los Boompjes
(era el 18 de septiembre de 1900, hacia las ocho),
observaba yo a dos muchachas que iban a sus talleres
y, frente a uno de los grandes puentes de hierro, se dijeron hasta luego,
porque sus caminos eran diferentes.
Se besaron tiernamente; sus manos temblorosas
querían y no querían separarse; sus bocas
se alejaban dolorosamente para acercarse nuevamente
mientras que sus ojos fijos se contemplaban…
Así permanecieron un largo momento muy juntas,
de pie e inmóviles en medio de los atareados transeúntes,
mientras retumbaban los remolcadores en el río
y los trenes maniobraban silbando en los puentes de hierro.


III
Entre Córdoba y Sevilla
hay una pequeña estación en la cual, sin razón aparente,
El Expreso del Sud se detiene siempre.
En vano busca el viajero un pueblo con la mirada
más allá de esa pequeña estación dormida bajo los eucaliptos.
Sólo ve la campiña andaluza: verde y dorada.
Sin embargo, cruzando la vía, enfrente,
hay una choza hecha con ramajes ennegrecidos y tierra.
Y, al ruido del tren, sale de ella un chiquillerío harapiento.
Los precede la hermana mayor, quien avanza hasta el borde del andén
y, sin decir palabra, pero sonriendo, baila para que le den monedas.
Sus pies en el polvo parecen negros;
su rostro oscuro y sucio carece de belleza;
baila, y por los anchos agujeros de su pollera de color ceniciento
se ve cómo se agitan, desnudos, sus muslos flacos
y cómo rueda su pequeño vientre amarillo;
y cada vez, por eso, algunos señores se ríen burlándose,
en el olor de los cigarros, en el vagón restorán…


POST DATA

Oh, Dios mío, ¿me será posible alguna vez
conocer a esa dulce mujer de Rusia Menor
y a esas dos amigas de Rotterdam
y a la pequeña mendiga de Andalucía
y unirme a ellas
con una indisoluble amistad?
(Ah, ellas no leerán estos poemas,
no sabrán ni mi nombre ni la ternura de mi corazón;
y sin embargo ellas existen, viven ahora )
¿Será posible que alguna vez me sea dada la gran dicha
de conocerlas?
Porque no sé por qué, Dios mío, me parece que con ellas cuatro
¡podría conquistar un mundo!

Valery Larbaud (Vichy, Francia, 1881-1957), Les Poésies de A.O. Barnabooth [1913]. Gallimard, París, 1966
Traducción de Rubén Reches


Images

I
(O cette Russie méridionale, oü toutes les femmes
Avec leur chale blanc sur la tête, ont des airs de Madone!)
Je vis une jeune femme revenir de la fontaine
Portant, a la mode de la-bas, comme du temps d'Ovide,
Deux seaux suspendus aux extrémités d'un bois 
   en équilibre sur le cou et les épaules.
Et je vis un enfant en haillons s'approcher d'elle et lui parler.
Alors, inclinant aimablement son corps a droite,
Elle fit en sorte que le seau plein d'eau pure touchatle pavé
Au niveau des lèvres de l'enfant qui s'étais mis a genoux pour boire.

II
Un matin, a Rotterdam, sur le quai des Boompjes,
(C'était le 18 septembre 1900, vers huit heures),
J'observais deux jeunes filles qui se rendaient a leurs ateliers;
Et en face d'un des grands ponts de fer, elles se dirent au revoir,
Leurs routes n'étant pas les mêmes.
Elles s'embrassèrent tendrement; leurs mains tremblantes
Voulaient et ne voulaient pas se séparer; leurs bouches
S'éloignaient douloureusement pour se rapprocher aussitót
Tandis que leurs yeux fixes se contemplaient...
Ainsi elles se tinrent un long moment tout prés l'une de l'autre,
Debout et immobiles au milieu des passants affaires,
Tandis que les remorqueurs grondaient sur le fleuve,
Et que des trains manceuvraient en sifflant sur les ponts de fer.

III
Entre Cordoue et Seville
Est une petite station, oü, sans raisons apparentes,
Le Sud-Express s'arrête tou jours.
En vain le voyageur cherche des yeux un village
Au-dela de cette petite gare endormie sous les eucalyptus:
II ne voit que la campagne andalouse: verte et dorée.
Pourtant, de l'autre cóté de la voie, en face,
II y a une hutte faite de branchages noircis et de terre.
Et au bruit du train une marmaille loqueteuse en sort.
La soeur ainée les precede, et s'avance tout prés sur le quai
Et, sans dire un mot, mais en souriant,
Elle danse pour avoir des sous.
Ses pieds dans la poussière paraissent noirs;
Son visage obscur et sale est sans beauté;
Elle danse, et par les larges trous de sa jupe cou leur de cendre,
On voit, nues, s'agiter ses cuisses maigres,
Et rouler son petit ventre jaune;
Et chaque fois, pour cela, quelques messieurs ricanent,
Dans l'odeur des cigares, au wagon-restaurant... 


Post-Scriptum

O mon Dieu, ne sera-t-il jamais possible
Que je connaisse cette douce femme, la-bas, en Petite-Russie,
Et ces deux amies de Rotterdam,
Et la jeune mendiante d'Andalousie
Et que je me lie avec elles
D'une indissoluble amitié?
(Hélas, elles ne liront pas ces poëmes,
Elles ne sauront ni mon nom, ni la tendresse de mon coeur;
Et pourtant elles existent, elles vivent maitttenant.)
Ne sera-t-il jamais possible que cette grande joie me soit donnée,
De les connaitre?
Car, je ne sais pourquoi, mon Dieu, il me semble
   qu'avec elles quatre,
Je pourrais conquérir un monde!

Ilustración: Llegada de un tren suburbano a París, 1915, Gino Severini

martes, septiembre 02, 2008

Valery Larbaud / Oda
















Préstame tu gran ruido, tu gran andar tan dulce,
Tu deslizamiento nocturno a través de la Europa iluminada
¡Oh tren de lujo! y la angustiosa música
Que se enreda a lo largo de tus pasillos de cuero dorado,
Mientras que tras las puertas laqueadas, de picaportes de cobre pesado,
Duermen los millonarios.

Recorro canturreando tus pasillos
Y sigo tu carrera hacia Viena y Budapesth,
Mezclando mi voz a tus cien mil voces,
¡Oh Tren-Acordeón!

He sentido por vez primera toda la dulzura de vivir,
En un camarote del Nord-Express, entre Wirballen y Pskow.
Resbalábase a través de las praderas donde pastores,
Al pie de grupos de grandes árboles semejantes a colinas,
Estaban vestidos de pieles de corderos crudas y sucias…
(Ocho de la mañana de otoño, la bella cantatriz
De ojos violetas cantaba en la cabina de al lado).

¡Y vosotros, grandes vidrios a través de los cuales he visto pasar la Siberia y los montes del Sammiun,
La Castilla áspera y sin flores, y la mar de Mármara bajo una lluvia tibia!

Prestadme, oh Orient-Express, Sud-Brenner-Bahn, prestadme
Vuestros milagrosos ruidos sordos y
Vuestras vibrantes voces de reclamo;
Prestadme la respiración ligera y fácil
De las locomotoras altas y delgadas, de movimientos
Tan cómodos, las locomotoras de los rápidos,
Precediendo sin esfuerzo cuatro vagones amarillos con letras de oro
En las soledades montañesas de la Serbia,
Y, más lejos, a través de la Bulgaria llena de rosas…

¡Ah! es necesario que esos ruidos y que ese movimiento
Entren en mis poemas y digan
Por mí una vida indecible, mi vida
De niño que nada quiere saber, sino
Esperar eternamente cosas vagas.

Valery Larbaud (Vichy, Francia, 1881-1957), Les Poésies de A.O. Barnabooth, Gallimard, 1913
Traducción de Evar Méndez y Francisco Luis Bernárdez 

Martín Fierro, 2ª época, N° 16, Buenos Aires, mayo 5 de 1925, vía La traducción literaria. Antología del poema traducido, por Lyzandro Z. D. Galtier. Tomo II; Ediciones Culturales Argentinas, Ministerio de Educación y Justicia, Subsecretaría de Cultura, 1965

Foto: París Match/Getty Images 

Ode
Prête-moi ton grand bruit, ta grande allure si douce, / Ton glissement nocturne à travers l'Europe illuminée, /Ô train de luxe ! et l'angoissante musique /Qui bruit le long de tes couloirs de cuir doré, / Tandis que derrière les portes laquées, aux loquets de cuivre lourd, / Dorment les millionnaires.//Je parcours en chantonnant tes couloirs/ Et je suis ta course vers Vienne et Budapesth, / Mêlant ma voix à tes cent mille voix, / Ô Harmonika-Zug! //J'ai senti pour la première fois toute la douceur de vivre,/ Dans une cabine du Nord-Express, entre Wirballen et Pskow. / On glissait à travers des prairies où des bergers,/Au pied de groupes de grands arbres pareils à des collines, / Etaient vêtus de peaux de moutons crues et sales. / (huit heures du matin en automne, et la belle cantatrice /Aux yeux violets chantait dans la cabine à côté.) //Et vous, grandes places à travers lesquelles j'ai vu passer la Sibérie et les monts du Samnium, / La Castille âpre et sans fleurs, et la mer de Marmara sous une pluie tiède! //Prêtez-moi, ô Orient-Express, Sud-Brenner-Bahn , prêtez-moi /Vos miraculeux bruits sourds et/Vos vibrantes voix de chanterelle; /Prêtez-moi la respiration légère et facile /Des locomotives hautes et minces, aux mouvements/ Si aisés, les locomotives des rapides, /Précédant sans effort quatre wagons jaunes à lettres d'or /Dans les solitudes montagnardes de la Serbie, / Et, plus loin, à travers la Bulgarie pleine de roses.// Ah! il faut que ces bruits et que ce mouvement /Entrent dans mes poèmes et disent/ Pour moi ma vie indicible, ma vie /D'enfant qui ne veut rien savoir, sinon /Espérer éternellement des choses vagues.