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miércoles, noviembre 23, 2022

Víctor Redondo / Flor caída




El hombre que yo era
empeñado en demostrar
la imbecilidad de vivir
la piel desnuda
flor seca
ambulaba por el mundo.

Tomaba un ritmo del aire,
una flor del éxtasis
en el placer caía
en el humo.
La flor de la hez
de la palabra.

El hombre que yo era
–hilo de espuma
vuelto de la aniquilación de sí
como un viento en el humo
se observaba en el espejo
de la soledad del hambre.

Observaba la flor pálida de un rostro caído
observarse, triste y aburrido,
en el espejo del vacío.
Encorvaba la pluma del aire
como una garza bailando en el resplandor.
Era la patética figura del no va más.

El hombre que yo era
empeñado en demostrar
su no existencia
cerraba la puerta y se perdía
en la desmesura del sol.

Víctor Redondo (Buenos Aires, 1953), Palabras de Poeta, año 7, n° 13, Córdoba, Argentina, junio de 2022


jueves, febrero 20, 2020

Víctor Redondo / Dos poemas de "Circe"














Inferno

El retiro abierto, las hojas entornadas señalaban una antigua ausencia.
Dar unos pasos por la habitación para convencerme de la existencia del
     / viejo olor aún sobre los muebles.
Aguardar la caída de la tarde para volver a recordar las vulgares,
     / estúpidas ciudades del mediodía.
Y por sobre toda la ansiedad, el manto, el manto del olvido para
     / borrar las horas.
La estúpida ventana de las ciudades del mundo, la estúpida ansiedad.
El calor, la sed,
El amor como una ventana,
abriéndose, cerrándose, abriendo, cerrando, callando.
La alegría del amor desierto.
El sol, a veces, como un gran sexo en éxtasis.
Las paredes blancas como la piel de un niño, dos árboles -uno
     / viejo, el otro joven-
y la gran línea del horizonte encerrándonos en el mundo.
No había frutos en esos árboles, despedían por la tarde un
    / triste perfume de Dios,
y bebían gotas de nube de plata.
¡Cólera, cólera contra esos tiempos!

El arder de la vida
por el gran pantano de luz de aquellas islas.


Un sueño de Paracelso

Mago de espina seca
astrada medialuna
bajo el carmen perfecto vio
dos mañanas de fuegos azules
ardiendo entre cristales sabios
el amor lejos siempre de la sabiduría
más calor, más agua verde,
amenazando qué estirpe religiosa
tras la cortina
el pasillo laberinto
el silencio y la letra
creció el humo y nació la piedra
la virtud.

Víctor Redondo (Buenos Aires, 1953), "Circe, cuaderno de trabajo 1979-1984", 70 Poemas, selección de Jorge Zunino, Hilos Editora, Buenos Aires, 2014

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Foto: Víctor Redondo, 2012 Víctor Redondo/Facebook

viernes, agosto 08, 2014

Víctor Redondo / Los jóvenes maestros



Uno

Una vez más frente a frente.
Pero ahora el miedo
ha quitado de las palabras el ropaje de las palabras
y ahora las palabras, pero no las palabras,
son palabras finalmente, y no aquéllas.

Hay mucha exageración en todo esto
y una pequeña parte de verdad, “tengo
ciertos miedos que pertenecen al futuro”.
No se halla nunca el comienzo
y es tan difícil terminar. Un poema
quisiera extenderse como un pecado nuevo,
siempre insuficiente. ¿Para quién se escribe?
La ficción comienza antes del primer acto,
antes de entrar en la sala de los enigmas, antes
de sentarnos frente a la hoja, enjoyados por el hastío,
y antes de ser los animales jóvenes en busca del deseo.
No me mires así, sobre esto debo hablar.
Deja que destierre en paz estas almas que recuerdo
en cenizas, en trampas, en las noches donde vierto
la triste espuma de un vino inacabable.

Hemos nacido para el éxtasis seco,
para la furia de no comprender,
para tener cadenas por necesidad de cadenas y gozar
la lujuria de la rebelión. Deja que hable.
Pero no me dices que no hable: no me escuchas.
Hablo a la fría lucidez de los muertos
que no creen necesario contestar.
Ser o no ser son dos espejos ausentes.
Sobre esto es inútil hablar.
Tengo las palabras cubiertas de polvo.
Necesito que me respondas, ese silencio enloquece.
Necesito enfrentar palabras para oponer palabras.
Necesito creer en el mal para vencer lo irremediable.
El veneno de la serpiente
nos defiende de la serpiente. Y estamos hablando
de las involuntarias víctimas de un antiguo mal. Eso creo.
Quizás estamos hablando de otra cosa
y yo esté demasiado solo esta noche.

Víctor Redondo (Buenos Aires, 1953), 70 poemas, Hilos Editora, Buenos Aires, 2014

viernes, mayo 16, 2014

Víctor Redondo / Interferencias












No camines por la
noche como si no te perteneciera, como si no estuviera
                   / todo el tiempo en tu cuerpo, horadando.
No camines a través del silencio como si justamente tú
                                                     / pudieras quebrarlo.
Está la noche extendida con sus medallas. No puedes blasfemar.
Está la joya caliente bebiendo de tu sed.

Bello traidor, perteneces a la noche.

No puedes soltar amarras y huir como siempre. Hablas
                                               / de un cuerpo, repítelo.
Recuerda qué fuiste tú en ese paraíso, recuerda cómo
                                               / hablabas, de qué reías.

No eres nadie,
aniquilado como la salvación.

EL FIN YA SUCEDIÓ.

Vampiro estelar, tridente, todos tus rostros hablan al
                                                       / mismo tiempo,

(Circe, maga encantada, desaparece!)

deja decir: Chicago, 1925, White Horse sucio, engrasado
                                                                     / y brillante,
Robert Mitchum con barba de tres días y maloliente
acorralado entre edificios
aguardando que llegue la respuesta a su señal.

(Ah, es muy bondadoso el lenguaje,
nos deja crear lo que deseamos.)

          Ambrosia. Castillo de los Halfonzehn,
          sino a su bella hija Ambrosia, dueña del castillo
          y propietaria del sueño.

Todo es así, tal vez,
¿cayendo continuamente entre la realidad y el sueño?

–humor pésimo–
                       o Venecia, Piazza San Marco,
caminando con Helena,
                                   con una sombrilla en las
                                   manos
viendo caer el día entre la sangre y el viento.

(Un reloj antiguo de bolsillo, con un aguja y el vidrio deshecho
que habla de Austria, narra amor y batallas
Ah, si pudiéramos renegar de tanta bazofia, un cartel: odi et amo.)

Valentino y Visconti son la pareja perfecta. Hollywood,
                                     / 1940, 1950, Taylor Chandler.
No había asaltos porque hasta los ladrones eran ricos.

Depara el cuadro de soledad hambrienta que separa al
      / perseguidor de sí mismo. ¿Habrá aquí una duda,
                                               una pregunta dispuesta?


Víctor Redondo (Buenos Aires, 1953), 70 poemas, Hilos Editora, Buenos Aires, 2014

miércoles, diciembre 10, 2008

Como operación delicada que es, los poetas...



La destrucción de la realidad

Como operación delicada que es, los poetas
comienzan a roer la realidad con tal delicadeza e inocencia
que nadie, juraría, creería que eso es lo que sucede.
Se desmontan los mecanismos del pensamiento.
La orfebrería mental
se desvanece.
La realidad se aleja del corazón. Desaparece el placer.

(Otra manera de verlo:
el mundo se aleja de los hombres
porque el mundo los sobrepasa en inteligencia,
veut dire: la Tierra piensa.)

Se destruye la tapa de lo razonable: el cerebro
estalla.
Entonces la vuelta de tuerca,
el golpe de efecto,
retroceso para la ironía:
se ha ido,
se ha ido,
repite la voz: se ha ido
un hombre viejo que al enfrentar su vejez
decidió arrancar de la muerte
un argumento: la revelación de un misterio:
ver
lo que no existe.

Víctor Redondo (Buenos Aires, 1953), Circe, Editorial Ultimo Reino, 1985. En la Revista del Festival de Poesía de Medellín

Foto: s/d