Mostrando las entradas con la etiqueta Tom Pow. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Tom Pow. Mostrar todas las entradas

martes, abril 01, 2025

Tom Pow/Amor en el zoológico (Bronx)



Recorremos los senderos cubiertos de hielo
pasando los estanques helados, los recintos con nieve, 
donde los juncos como puercoespines amontonados 
son negros y todo lo que se ve.

En el tenue calor de un reptilario,
nos detenemos ante una pecera
con una tortuga color arena
de caparazón blando, grande
como mi mano abierta. De la larga cuchara
de su cabeza, sobresalen los agujeros de la nariz 
como minúsculos binoculares. Ojos,
dos manchas plateadas. Cuando se yergue
sobre la hierba verde y oscura, sus patas,
como semillas de sicomoro, rozan la ventana
por la que miramos. Tan cerca está
y tan doblada, que vemos 

el delgado círculo de su boca invertida;
casi imaginamos que va a hablar… 

De vuelta en el Bronx, no sabemos
en qué callejón sin salida dar la vuelta;
nos equivocamos siempre finalmente. Damos vueltas – 
–moscas atrapadas en una mortal belladona– tratando
de encontrar la entrada a la autopista 

más allá de los edificios quemados, basureros;
un brasero que les saca el frío
a unos borrachos.

Un Cadillac azul y maltrecho se sacude
hasta detenerse frente a nosotros. Los paneles oxidados
tiemblan; las luces traseras rojas brillan
en los alerones corroídos. Nos sentamos tensos
cuando las negras maldiciones del negro son humo
en el aire invernal. Nos volvemos hacia los otros: 
súbitos neófitos, que podrían –sin sueño, sin palabras,
en la oscura jaula de la noche– mantener sus cuerpos blandos
cerca; miedo
por la supervivencia del amor.

Tom Pow (Edimburgo, 1950)
Traducción de Jorge Fondebrider



LOVE AT THE (BRONX) ZOO

We walk the icy paths
past frozen ponds, snowed-in enclosures,
where reeds like drifting porcupines
are black huts are all that show.

In the dim warmth of an animal house,
we linger by a tank
with a sandy-coloured,
soft-shelled turtle, the size
of my spread hand. From the long spoon
of its head, nostrils stick out
like tiny binoculars. Eyes,
two silvery stains. When it rises
from the dark green weed, its fins,
like sycamore seeds, brush the window
we peer through. So close is it
and so angled, we see

the thin loop of its down-turned mouth;
almost fancy it would speak...

Back in the Bronx, we don't know
which blind-eyed alley to turn down;
eventually are wrong anyway. We ride around - 
a fly caught in deadly nightshade – trying
to reclaim the rim of the highway

past burned-out buildings, waste-ground;
a brazier licking the chill
off some winos.

A battered blue Cadillac jerks
to a stop in front of us. Rusted panels
shake; red tail lights glare
from corroded fins. We sit tight
as the black man's black curses plume
intro the winter air. We turn to each other: 
sudden neophytes, who might – sleepless, speechless,
in the dark cage of night – hold their soft bodies
close; fear
for love's survival.
---

sábado, octubre 23, 2021

Tom Pow / Amar, escribir



Si tu amor es sincero
y lo pierdes, ¿qué perdiste?
No el acto de amar. Que es tuyo.

Si tus palabras son sinceras
y las pierdes, ¿qué perdiste?
No el acto de escribir. También es tuyo.

Al amar, al escribir, ¿cómo puedes
conservar algo acabado? Ya sea que pierdas 
o lo pongas bajo vidrio,

debe ser el acto en sí lo que tú ames.
Porque lo que quedó cuando pasó el momento,
va a llevárselo el viento. A tu pesar.

Tom Pow (Edimburgo, 1950), Landscapes and Legacies, Iynx Publishing, Escocia, 2003
Traducción de Jorge Fondebrider

Foto: The Herald, Escocia


LOVING, WRITING

If your love was true
and you lose it, what have you lost?
Not the act of loving. That's yours.

If your words were true
and you lose them, what have you lost?
Not the act of writing. That's yours too.

In loving, in writing, how can you
hold onto a finished thing? Whether
you lose it or put it beneath glass,

it is the act itself you must cherish.
For what's left when the moment has passed,
the wind will carry. Despite you.

viernes, julio 31, 2020

Tom Pow / Sueños del Nuevo Mundo


   
                                         















 '...profunda oscuridad alrededor
 es el precio de la luz.'
                       Hugh MacDiarmid

I

Llegado sano y salvo. Pero ya demasiado tarde.  
Hurgo en insondables baúles de mapas, 
pongo derecho el sangrante crucifijo, dispongo
cuentos para que encajen en los tapices. Un cuarto frío
con una galería en arco que está siendo preparada.
El sol quema a través de la piedra meliflua; el aire inmóvil
nunca despeja el hedor caliente de carne quemada
y mujeres nativas. Sus ojos oscuros nos odian
o mueren. (Hay una novela en mí;
sus páginas me agobian como plomo de ataúd.)
Miró sobre la bahía y el centelleante mar.
Hago girar el globo. Encuentra Eldorado, digo.
¡Sigue! Encuentra el contrapeso para equilibrar 
todo este sufrimiento, aburrimiento y muerte. 

II

Fuera de la profunda oscuridad circundante, un globo
de exactitud borgiana. Resplandece,
a pesar de que partes de su superficie están oscurecidas, sucias
de polillas aplastadas. Lacrimae addicta.
A lo largo de las secas estaciones de la historia 
han buscado por selvas y sabanas 
de África, Asia, América...
Valiéndose de las criaturas más plácidas 
o de las más débiles, molestan el globo ocular
luego se atiborran los depósitos de sal de sus lágrimas.
Nadie se murió de hambre alimentándose de sufrimiento,
tristeza y dolor. Gira el globo. ¡Mira! Han hecho
arcoiris sobre cataratas gigantes. 
Mariposas de un azul brillante bailan allí.

Tom Pow (Edimburgo, 1950)
Traducción de Jorge Fondebrider


NEW WORLD DREAMS

   '...deep surroundin' darkness
    Is aye the price o' licht.'
                           Hugh MacDiarmid

                         I

Arrived safely. But already too late.
I rummage through bottomless chests of maps,
straighten the bleeding crucifix, make up
tales to fit the tapestries. A cool room
with an arched veranda's been prepared.
Sun burns through honeyed stone; the moveless air
never clears its hot reek of burning flesh
and native women. Their dark eyes hate us
or they die. (There is a novel in me;
its pages weigh me down like coffin lead.)
I stare over harbour and sparkling sea.
I spin the globe. Find Eldorado, I say.
Drive on! Find the counterweight to balance
all this suffering, boredom and death.

                         II

Out of deep surrounding darkness, a globe
of Borgesian exactitude. It glows,
though parts of its surface are dark-edged, furred
with jostling moths. Lacrimae addicta.
Throughout  the dry seasons of history
they have swept through the forests and savannahs
of Africa, Asia, America...
Fastening on the most placid creatures
or the most weak, they worry the eyeball
then gorge on the salt-licks of their tears.
No one's ever starved feeding on suffering,
sadness and pain. Spin the globe. See! Rainbows
arch over the giant cataracts
they have made. Bright blue butterflies dance there.
---
Foto: DGWGO

domingo, julio 19, 2015

Tom Pow / La Anunciación













La Anunciacion (c.1963-64) de Antonia Eiriz (1929-1995)
Museo Nacional de Bellas Artes, La Habana

Hay algo de Charles Laughton
a propósito de la Virgen lumpen –una simple costurera–
mientras retrocede en su silla, fijada
por una luz pálida. Jadea para respirar,
en tanto pasan a través de ella ondas de choque neurálgicas.
¿Y quién va a culparla? – con apenas
una máquina de coser entre ella
y el ángel que se le presenta
–en una diagonal desde el extremo derecho–
como algo liberado de una trampa,
así de desesperado ha estado por su tarea...

Un crítico se ha referido a
“el salvajismo feroz” de la obra de Eiriz
y en verdad, ninguno de los Cuatro Jinetes de Durero
es tan terrorífico como este demonio esquelético.
Le vemos la caja de las costillas, el hueso pélvico,
redondo como una rueda. No hay nada
detrás de sus insondables ojos cuadrados;
sin embargo el jubiloso horror
de su boca rectangular y oscura
recuerda la jaula de la que saltó.
                                                       Su brazo izquierdo
 –una conjunción de huesos prácticos–
aparece fijado a un costado de su cabeza. De esa prolongación
huesuda es de la que la costurera inútilmente se aparta.

Sin embargo, él entregará su mensaje, con elocuencia
aquí parafraseado: “¿Las buenas noticias?
no hay presente de Dios ni Dios es
un presente. Ni el misticismo ni vida
respiran en esta pintura, sólo
la terrible angustia que precede el final.”
De hecho es una imagen de fuerza sin alegría
– aunque no carente de su majestad. Las alas del ángel
–color agua de zanja–
vuelan detrás de él como una capa;
y encima de sus cejas feroces, casi líquidas,
unas pocas pinceladas marcan una corona.

La información sobre Eiriz
no es tan fácilmente disponible como su obra merece.
Pero entiendo, por hablar con
quienes la conocieron, que cayo en desgracia
en algún momento de los años sesenta, su obra
fue atacada con tal “salvajismo feroz”
que abandonó la pintura del todo –
sin embargo quienquiera que ubique a la Muerte en el centro
del deporte nacional (La Muerte en Pelota, 1966)
no está buscando ganarse el favor de nadie. Según los testigos,
se fue volviendo cada vez más huraña y pasó sus últimos
años infelices en Miami.

Como otros expresionistas más famosos
–Bacon y Ensor, por ejemplo–
su obra es tanto una expresión
de las capacidades de la pintura y del gesto
como de la oscuridad de su visión.
De cerca, puede verse, no hay un pedazo
de tela que carezca de energía e interés.
Sin embargo, ¿que régimen no le temería a alguien,
que, sin una pizca de locura, sólo con un
dolor activa, puede mirar al rostro del mundo
sin ilusión, esperanza o compromiso
–y luego tener el valor
de mantener esa imagen
durante el tiempo que toma
ejercitar su virtuosismo–
hundiendo el pincel
una y otra vez
en la oscuridad?

(inédito)

Tom Pow (Edimburgo, 1950)
Traducción de Jorge Fondebrider


THE ANNUNCIATION

La Anunciacion (c.1963-64) by Antonia Eiriz (1929-1995)
Museo Nacional de Bellas Artes,  Havana

There’s something of Charles Laughton
about the lumpen Virgin – a simple seamstress – 
as she recoils in her chair, pinned 
by a whey-faced light. She gasps for breath,
as neuralgic shock waves pass through her.
And who can blame her? - with only
a sewing machine between her
and the angel which comes at her –
in a diagonal from top right – 
like something released from a trap,
so desperate has he been for this task.

One critic has commented on
“the ferocious savagery” of Eiriz’s work
and truly, none of Durer’s Four Horsemen
is as terrifying as this skeletal ghoul.
We see the rack of his ribcage, his pelvic bone, 
round as a wheel. There’s nothing 
behind his depthless square eyes; 
though the gleeful horror
of his dark rectangular mouth 
recalls the cage from which he’s been sprung. 
                                                       His left arm –
a conjunction of serviceable bones –
appears fixed to the side of his head. It is from this
bony extension that the seamstress helplessly turns.

Yet he will deliver his message, eloquently
paraphrased here: “The good news?
there is no present from God, nor is God
a present. No mysticism nor life
breathes in this painting, only
the terrifying anguish which precedes the end.”
It is indeed an image of joyless force –
yet not without its majesty. The angel’s wings – 
the colour of ditch water –
sweep out behind him like a cloak;
and above his fiery, almost molten brows,
a few brushstrokes mark a crown.

Information about Eiriz 
is not as readily available as her work deserves.
But I understand, from speaking to those
who knew her, she fell from favour
sometime in the sixties, her work 
attacked with such “ferocious savagery” 
that she abandoned painting altogether – 
though anyone who places Death at the centre
of the national sport (La Muerte en Pelota, 1966)
is not intent on currying favour. By all accounts,
she became more and more reclusive and her last
unhappy years were spent in Miami.

Like other, more famous Expressionists –
Bacon and Ensor for example –
her work is as much an expression
of the capabilities of paint and of gesture
as it is about the darkness of her vision.
Up close, you will find, there’s not a patch
of canvas that’s without energy and interest.
Nevertheless, what regime would not fear one,
who, without a hint of madness, only with a
dolor activa, can look at the face of the world
with no illusion, hope or compromise –
and then have the courage
to hold that image
for the time it takes
to exercise her virtuosity –
dipping her brush
again and again
into the darkness?

sábado, julio 11, 2015

Tom Pow / Afeitada española













Cuando la luz mengua, llevo la afeitadora afuera
para recortarme la barba de las vacaciones. Las canas
se apilan sobre los pastos grises; los pequeños filos
chillan como insectos mientras mis manos ciegas repasan

la barba incipiente. Ahí es cuando aparece mi esposa
y ve de inmediato algo más que podemos compartir.
Se convierte en mi propio espejo, mientras se olvida
de todo, salvo del trabajo que tiene por delante. Ruge un auto

entre los viñedos; ladra un perro. Las hojas
se agitan en la casi brisa, mientras me inclino
hacia adelante como un viejo que se rinde.
Había barba detrás de su amoratado maxilar

que mi padre siempre se olvidada. Sus últimos besos
la exponían cuando, confiando en la respuesta de ella,
bajaba el rostro en dirección a mi madre. Su máscara
se cierne brevemente en el cálido aire de la noche.

Entre mi cara y ella, el suave aliento de mi esposa
recorre la ciega trayectoria del amor.

Tom Pow (Edimburgo, 1950), Sparks!,* Mariscat, Edimburgo, 2005
Traducción de Jorge Fondebrider

Nota del Adminstrador: Sparks! es un libro escrito entre Diana Hendry y Tom Pow, basado en "problemas poéticos" que los autores se plantearon en el transcurso de dos años.


SPANISH SHAVING

As light dims, I take my shaver outside
to trim my holiday beard. The grey drifts
down to tinder-dry grasses; the small blades
chirr like insects as my blind hand sifts

through the stubble. That’s when my wife appears
and sees at once something else we can share.
She becomes my own mirror, as she blanks
out all but the job at hand. A car roars

through the vineyards; a dog barks. The leaves
rattle in the almost breeze, while I lean
forward like an old man in surrender.
There was stubble behind his blue jaw-line

my father always missed. His late kisses
exposed it when, trusting in her answer,
he tipped his face towards my mother. His mask
briefly hovers in the warm evening air.

Between my face and it, my wife’s sweet breath
travels the blind trajectory of love.
---
Foto: Tom Pow en Ricardo Blanco's Blog

domingo, junio 14, 2015

Tom Pow / Caravaggio en Dumfries

 








El primer día de primavera, Caravaggio
pasea sobre el viejo puente de piedra hacia el mercado. 

Allí, pide tres libras de manzanas reinetas,
dos manzanas deliciosas, una de bananas

y una de peras. El ojo le dice cuál está madura,
cuál es dulce, fresca o ácida. Por fin, señala 

un gran racimo de uvas azuladas. Per favore.
“Lindas, ¿eh?”, observa la vendedora –

una señora diminuta con un gorro negro Bulls y un
diente de oro centelleante. Nota lo

interesado que está su cliente en las uvas. 
Caravaggio piensa que más tarde las pintará, 

las incluirá en su conocido Joven Baco
ese retrato de sí de piel cetrina.

Tiene veintitantos –recién llegado del campo–
y lo que siente esa mañana cálida 

ante esos montones de frutas apiladas 
no es inocencia sino cándido apetito –

una apertura a toda fecundidad. La historia
lo llamará petrel de las tormentas, tempestuoso,

libidinoso; el mal genio así como la fiebre 
con el tiempo van a matarlo. Pero esa mañana

todo eso parece improbable; imposible incluso,
cuando se dirige a la casa, meciendo sus cinco bolsas de fruta.

En la cabecera del puente, un cisne de un par 
gira alrededor de sus crías, se eleva desde el río

y alza sus alas. Una porción de luz blanca
impacta en Caravaggio con una sacudida de placer

como el muslo abierto de una amante, una magnificencia
que se pliega en sí misma, como de hecho se pliega la luz 

en la oscuridad. Una lección que su ojo asimila
antes de volver cruzando las aguas espumosas. 

Tom Pow (Edimburgo, 1950), Landscapes and Legacies, Iynx Publishing, Escocia, 2003
Traducción de Jorge Fondebrider

Nota de edición: Dumfries, ciudad del sudoeste de Escocia, sobre el río Nith poco antes de su desembocadura en el Solway Firth, brazo de mar que forma parte de la frontera con Inglaterra


CARAVAGGIO IN DUMFRIES
  
On the first ever day of spring, Caravaggio
strolls over the old stone bridge to market.

There, he orders three pounds of pippins,
two of red delicious, one each of bananas

and of pears. His eye tells him what’s ripe,
what’s sweet, crisp or tart. Lastly, he points

to a large bunch of inky-blue grapes. Per favore.
“Nice ones these,” remarks the vendor -

a tiny lady in a black Bulls cap with one
winking gold tooth. She’s noticed how

taken her customer is with the grapes.
Caravaggio thinks he’ll paint them later,

include them in his knowing Little Bacchus -
that sallow-skinned portrait of his self.

He is twenty or so - fresh from the country -
and what he feels this warming morning

standing before these piled fruit stalls
is not innocence but wide-eyed appetite -

an openness to all fecundity. History
will call him stormy petrel, tempestuous,

libidinous; temper as much as fever
will eventually kill him. But this morning

all that feels so unlikely; impossible even,
as he heads for home, cradling his five bags of fruit.

At the bridge head, one of a pair of swans,
circling its young, raises itself from the river

and lifts up its wings. A slab of white light
hits Caravaggio with a shock of pleasure

like a lover’s open thigh, a magnificence
that folds in on itself, as indeed light folds

into darkness. A lesson his eye takes in
before he returns across the sparkling waters.

jueves, junio 11, 2015

Tom Pow / Cangrejos: Tiree













Atamos un gusano de grasa de panceta
a una roca chata con tanza
y la lanzamos desde la orilla
al agua clara
de la bahía. Cayó suavemente

sobre la arena y las algas.
Un tirón nos dijo que había picado
o vimos al cangrejo mismo
aferrado a la grasa en jirones tirando de ella
de manera constante: ese era el truco.

Demasiado pronto, demasiado fuerte
y se dejaba caer desde la sombra
de su piedra, evadiendo torpemente
su destino. Pero suavemente
jalando de la áspera línea

de un puño al otro
y ellos venían a nosotros
como bultos de lava, el agua
escurriéndose por sus lomos.
Silenciosamente tercos

colgaban
de un a pinza improbable
antes de la sorda rajadura cuando golpeaban
contra la pared del muelle o el costado
de los baldes en que los conservábamos.

En hilera
cuatro o cinco de nosotros, chicos de vacaciones
competíamos diariamente hasta que cada
balde era una masa de agua salobre
de temible loza

burbujeante debajo
de su piel del agua salada.
¿Qué fue de todos ellos? –
nuestra fila de baldes, el gran hedor
de nuestro deporte veraniego.

Fue un chico rubio
de Glasgow quien finalmente me hizo caer
patas arriba desde donde
me agaché sobre el muro del muelle.
Cuando me enderecé

estaba hundido hasta la cintura en aguas
infestadas de cangrejos. Nadie
podía sacarme. “Tienes que caminar
hasta la orilla”, gritó mi hermana
mientras mantenía las manos

bien alto por encima de mi cabeza
pensando que al menos podría
salvarlas. Pero, ¡qué hermoso
era todo a mi alrededor! La salpicadura
de verdes parcelas

y lagunas de intenso azul,
los conejos, las flores amarillas
sobre la costa pelada. El cielo
era insondable; todo estaba en silencio.
Y yo estaba ahí

moviéndome lentamente a través
de esa perfecta cuña azul
cargando el terror en una mano, culpa
en la otra, dejando la estela breve
para marcar mi vergüenza.

Tom Pow (Edimburgo, 1950), Landscapes and Legacies, Iynx Publishing, Escocia, 2003
Traducción de Jorge Fondebrider

Nota de edición: Tiree, isla de Escocia, la más occidental de las Hébridas
---
Foto: Tom Pow en tompow.co.uk