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lunes, diciembre 04, 2023

T. S. Eliot / Preludios




I
La noche de invierno se instala
En los pasillos con olor a filetes.
Las seis en punto.
Las colillas de los días quemados.
Ahora, desde los baldíos,  la lluvia borrascosa arremolina
Restos mugrientos
De hojas mustias
Y papeles de diario alrededor de tus pies;
El chubasco golpea
Las persianas rotas y los remates de las chimeneas,
En la esquina
Un solitario caballo de tiro resopla y patea.
Y entonces se encienden las lámparas.

II
La mañana toma conciencia
Del vago olor a cerveza rancia
Que sube desde el aserrín de la calle,
Amasado por innumerables pies embarrados que se apuran
Hacia los puestos de café.
El tiempo se reanuda
Con las otras mascaradas.
Uno piensa en todas las manos
Que levantan persianas sucias
En mil  habitaciones amuebladas.

III
Apartaste una manta de tu cama,
Esperaste tumbada de espaldas;
Adormecida contemplabas la noche que revelaba
Las mil imágenes sórdidas
De las que esta hecha tu alma;
Centelleaban en el techo.
Y cuando todo el mundo volvía
Y la claridad se colaba entre las persianas
Y oías a los gorriones en las canaletas,
Tuviste una de esas visiones de la calle
Que la calle difícilmente entiende;
Sentada en el borde de la cama,
Donde te rizabas el pelo,
O apretabas las plantas amarillentas de tus pies
Con las sucias palmas de tus manos.

IV
Su alma se extendía a través del cielo
Que se desvanecía una cuadra más adelante,
O era pisoteada por pies insistentes
A las cuatro,a las cinco, a las seis en punto;
Y dedos cortos y cuadrados rellenando pipas,
Y diarios vespertinos, y ojos
Tan seguros de ciertas certezas,
La conciencia de una calle ennegrecida
Ansiosa por asumir el mundo.

Estoy conmovido por fantasías que se enroscan
Y se adhieren a estas imágenes:
La noción de algo infinitamente amable,
Infinitamente enfermo.

Seca tu boca con la mano y sonríe;
Los mundos dan vueltas como ancianas
Que juntan leña en los baldíos.

[c.1910]

T. S. Eliot (Missouri, Estados Unidos, 1888 - Londres, 1965), Prufrock and Other Observations, 1917, Collected Poems, 1909-1962, Faber and Faber, 1963
Versión de Isaías Garde


Foto:T. S. Eliot, 1957 Express/Getty Images


Preludes

I
The winter evening settles down
With smell of steaks in passageways.
Six o’clock.
The burnt-out ends of smoky days.
And now a gusty shower wraps
The grimy scraps
Of withered leaves about your feet
And newspapers from vacant lots;
The showers beat
On broken blinds and chimney-pots,
And at the corner of the street
A lonely cab-horse steams and stamps.

And then the lighting of the lamps.

II
The morning comes to consciousness
Of faint stale smells of beer
From the sawdust-trampled street
With all its muddy feet that press
To early coffee-stands.

With the other masquerades
That time resumes,
One thinks of all the hands
That are raising dingy shades
In a thousand furnished rooms.

III
You tossed a blanket from the bed,
You lay upon your back, and waited;
You dozed, and watched the night revealing
The thousand sordid images
Of which your soul was constituted;
They flickered against the ceiling.
And when all the world came back
And the light crept up between the shutters
And you heard the sparrows in the gutters,
You had such a vision of the street
As the street hardly understands;
Sitting along the bed’s edge, where
You curled the papers from your hair,
Or clasped the yellow soles of feet
In the palms of both soiled hands.

IV
His soul stretched tight across the skies
That fade behind a city block,
Or trampled by insistent feet
At four and five and six o’clock;
And short square fingers stuffing pipes,
And evening newspapers, and eyes
Assured of certain certainties,
The conscience of a blackened street
Impatient to assume the world.

I am moved by fancies that are curled
Around these images, and cling:
The notion of some infinitely gentle
Infinitely suffering thing.

Wipe your hand across your mouth, and laugh;
The worlds revolve like ancient women
Gathering fuel in vacant lots.

viernes, septiembre 30, 2022

T. S. Eliot / Lo que dijo el trueno / "La tierra baldía"




V. Lo que dijo el trueno

Tras la roja luz de antorcha en sudorosos rostros
tras el helado silencio en los jardines
tras la agonía en las pétreas zonas
el griterío y el llanto
prisión y palacio y eco
del trueno primaveral sobre distantes montañas
aquel que estaba vivo ahora ha muerto
nosotros que estamos vivos ahora estamos muriendo
con un poco de paciencia

No agua aquí solo roca
roca y no agua y el camino arenoso
el camino que sube sinuoso entre las montañas
que son montañas de roca sin agua 
si hubiera agua nos detendríamos y beber
entre las rocas uno no puede detenerse ni pensar
el sudor es seco y los pies están en la arena
si tan solo hubiera agua entre las rocas
muerta boca de montaña de dientes cariados que no puede escupir
aquí nadie puede ni pararse ni recostarse ni sentarse
ni siquiera hay silencio en las montañas
sino seco trueno estéril sin lluvia
ni siquiera hay soledad en las montañas
sino rojos rostros taciturnos que se burlan y gruñen
desde las puertas de casas de barro agrietado
si hubiera agua
y no roca
si hubiera roca
  y también agua
y un manantial
un oasis entre la roca
si tan solo hubiera rumor de agua
no la cigarra
y el pasto seco cantara
sino rumor de agua en una roca
donde el zorzal ermitaño canta entre los pinos
plic ploc plic ploc ploc ploc ploc
pero no hay agua

¿Quién es el tercero que camina siempre a tu lado?
Cuando cuento, estamos solo tú y yo juntos
pero cuando miro adelante del blanco sendero
siempre hay otro que camina a tu lado
avanza envuelto en un manto marrón, encapuchado
no sé si es hombre o mujer
-pero ¿quién es ése al otro lado de ti?

Qué es ese ruido alto en el aire
murmullo de lamento maternal
quiénes son esas hordas encapuchadas moviéndose
en las infinitas planicies, tropezando en la tierra agrietada
rodeadas solo por un chato horizonte
cuál es esa ciudad en las montañas
que se agrieta y reforma y estalla en el aire violeta
torres que caen
Jerusalén Atenas Alejandría
Viena Londres
irreales

Una mujer estiró su larga cabellera negra
y tocó música suave con las cuerdas del violín
y murciélagos con caras de bebé chillaron
en la luz violeta, y batieron sus alas
y se arrastraron cabeza abajo hacia una pared ennegrecida
y patas arriba en el aire había torres
que doblaban campanas recordatorias, que daban la hora
y voces cantaban desde las cisternas vacías y los pozos agotados.

En este decadente agujero entre las montañas
bajo la débil luz de la luna, la hierba canta
sobre las tumbas desmoronadas, cerca de la capilla
allí está la capilla vacía, solo el refugio del viento.
No tiene ventana, y la puerta se balancea,
Huesos secos no dañan a nadie.
Solo un gallo erguido en la cumbrera
quiquiriquí quiquiriquí
en un fulgor de relámpago. Luego una ráfaga húmeda
trajo la lluvia

El Ganges se había hundido, y las hojas débiles
esperaban la lluvia, mientras las negra nubes
se amontonaban a lo lejos, sobre el Himavant.
La jungla agazapada, agachada en silencio.
Entonces habló el trueno
D A
Datta: ¿qué hemos dado?
amigo mío, sangre sacudiendo mi corazón
la terrible osadía de un momento de debilidad 
que una época de prudencia nunca podría retractarse
de este modo, y solo así, hemos existido
lo que no se hallará en nuestros obituarios
ni en recuerdos cubiertos por la benéfica araña
ni bajo sellos rotos por el insignificante abogado
en nuestros cuartos vacíos
D A
Dayadhvan: he oído la llave
girar en la puerta una vez y girar solo una vez
pensamos en la llave, cada uno en su prisión
al pensar en la llave, cada uno confirma su prisión
solo al anochecer, rumores etéreos
reviven por un instante un Coroliano roto
D A
Damyata: el bote respondió
alegremente, a la mano experta en velas y remos
el mar estaba en calma, tu corazón habría respondido
alegremente, cuando fue invitado, latiendo obediente
a manos controladoras

Me senté a la orilla
a pescar, con la árida llanura a mis espaldas
¿Pondré, al menos, mis tierras en orden?

El puente de Londres está cayendo cayendo cayendo

Luego él se escondió en el fuego que los mejora [1]
Cuándo seré como la golondrina [2] -Oh golondrina, golondrina
El príncipe de Aquitania en una torre en ruinas [3]
Con estos fragmentos he apuntalado mis ruinas
Entonces te daré lo que mereces. Hieronimo está otra vez loco.[4]
Datta, Dayadhvam. Damyata. [5]

Shantih shantih shantih [6]

T. S. Eliot (Missouri, Estados Unidos, 1888-Londres, 1965), La tierra baldía / The Waste Land [1922], Atelier 77, Andorra, MMXXII
Traducción de Silvia Camerotto

De la declaración de citas de Eliot (glosa del Administrador):

Poi s'ascose nel foco che li affina. Cita textualmente el canto XXVI de "Purgatorio" (Alighieri, Commedia). El poeta provenzal Arnaut Daniel se identifica como tal ante Dante en la cumbre en la que arde un fuego insoportable pero que no quema ni carboniza a los reos (tampoco a Dante). Arnaut le habla en provenzal, dice su nombre y le ruega que interceda en el Cielo para que su paso por la llamas se abrevie. Dante finaliza el canto y la narración en toscano. Literalmente: 'Luego se ocultó en el fuego que allí refina', palabra esta última que en algunos casos se ha preferido traducir como "purifica".

2 Quanto fia, uti ch chelidon. "Pervigilium Veneris", XXII, poema anónimo del siglo IV, que describe la fiesta nocturna de primavera; anotado en manuscritos hallados en Italia. Eliot cita parte de la queja de un poeta excluido.

3 Le Prince d'Aquitaine a la tour abolie. Cita el soneto "El desdichado", de Gerald de Nerval, siendo la Torre Abolida una carta del tarot, de no muy buen augurio.

4 De La tragedia española, de Thomas Kyd. Siglo XVI

5 Cita completa la frase que venía desgranando: 'Da, simpatiza, gobierna', de los Upanishad

6  Final repetido de un Upanishad: "La paz que va más allá del entendimiento es nuestro equivalente de esa palabra", escribe Eliot.





V. What the Thunder Said

  After the torchlight red on sweaty faces
After the frosty silence in the gardens
After the agony in stony places
The shouting and the crying
Prison and palace and reverberation
Of thunder of spring over distant mountains
He who was living is now dead
We who were living are now dying
With a little patience

Here is no water but only rock
Rock and no water and the sandy road
The road winding above among the mountains
Which are mountains of rock without water
If there were water we should stop and drink
Amongst the rock one cannot stop or think
Sweat is dry and feet are in the sand
If there were only water amongst the rock
Dead mountain mouth of carious teeth that cannot spit
Here one can neither stand nor lie nor sit
There is not even silence in the mountains
But dry sterile thunder without rain
There is not even solitude in the mountains
But red sullen faces sneer and snarl
From doors of mudcracked houses
                                      If there were water
   And no rock
   If there were rock
   And also water
   And water
   A spring
   A pool among the rock
   If there were the sound of water only
   Not the cicada
   And dry grass singing
   But sound of water over a rock
   Where the hermit-thrush sings in the pine trees
   Drip drop drip drop drop drop drop
   But there is no water

Who is the third who walks always beside you?
When I count, there are only you and I together
But when I look ahead up the white road
There is always another one walking beside you
Gliding wrapt in a brown mantle, hooded
I do not know whether a man or a woman
—But who is that on the other side of you?

What is that sound high in the air
Murmur of maternal lamentation
Who are those hooded hordes swarming
Over endless plains, stumbling in cracked earth
Ringed by the flat horizon only
What is the city over the mountains
Cracks and reforms and bursts in the violet air
Falling towers
Jerusalem Athens Alexandria
Vienna London
Unreal

A woman drew her long black hair out tight
And fiddled whisper music on those strings
And bats with baby faces in the violet light
Whistled, and beat their wings
And crawled head downward down a blackened wall
And upside down in air were towers
Tolling reminiscent bells, that kept the hours
And voices singing out of empty cisterns and exhausted wells.

In this decayed hole among the mountains
In the faint moonlight, the grass is singing
Over the tumbled graves, about the chapel
There is the empty chapel, only the wind’s home.
It has no windows, and the door swings,
Dry bones can harm no one.
Only a cock stood on the rooftree
Co co rico co co rico
In a flash of lightning. Then a damp gust
Bringing rain

Ganga was sunken, and the limp leaves
Waited for rain, while the black clouds
Gathered far distant, over Himavant.
The jungle crouched, humped in silence.
Then spoke the thunder
DA
Datta: what have we given?
My friend, blood shaking my heart
The awful daring of a moment’s surrender
Which an age of prudence can never retract
By this, and this only, we have existed
Which is not to be found in our obituaries
Or in memories draped by the beneficent spider
Or under seals broken by the lean solicitor
In our empty rooms
DA
Dayadhvam: I have heard the key
Turn in the door once and turn once only
We think of the key, each in his prison
Thinking of the key, each confirms a prison
Only at nightfall, aethereal rumours
Revive for a moment a broken Coriolanus
DA
Damyata: The boat responded
Gaily, to the hand expert with sail and oar
The sea was calm, your heart would have responded
Gaily, when invited, beating obedient
To controlling hands
 
                                    I sat upon the shore
Fishing, with the arid plain behind me
Shall I at least set my lands in order?

London Bridge is falling down falling down falling down
Poi s’ascose nel foco che gli affina
Quando fiam uti chelidon—O swallow swallow
Le Prince d’Aquitaine à la tour abolie
These fragments I have shored against my ruins
Why then Ile fit you. Hieronymo’s mad againe.

Datta. Dayadhvam. Damyata.

                  Shantih     shantih     shantih

viernes, julio 08, 2022

T. S. Eliot / Una partida de ajedrez / "La tierra baldía"




II. Una partida de ajedrez

La Silla en la que estaba sentada, como un trono bruñido
brillaba sobre el mármol, donde el espejo,
sostenido por estantes labrados con parras y racimos,
desde el que un Cupido dorado espiaba
(otro escondía sus ojos detrás del ala),
duplicaba las llamas de los candelabros de siete brazos
que reflejaban su luz sobre la mesa mientras
el brillo de sus joyas, desde estuches de satén 
desparramados en rica profusión, subía a su encuentro;
en perfumeros de marfil y cristal de colores,
abiertos, rondaban sus extraños perfumes sintéticos,
ungüentos, polvos, o líquido -turbados, confundidos
y ahogados los sentidos en aromas; agitados por el aire
renovado que entraba por la ventana, ascendían
agrandando las largas llamas de las velas,
arrojaban su humo hacia el laqueado,
alterando el diseño del artesonado techo.
Grandes maderas marinas cubiertas de cobre
ardían en verde y naranja, enmarcadas por la piedra colorida,
en cuya triste luz nadaba un delfín.
Sobre la antigua repisa de la chimenea se desplegaba, 
como si la ventana se abriera a una escena silvana,
la metamorfosis de Filomela, por el bárbaro rey
tan brutalmente abusada; sin embargo el ruiseñor
llenó todo el desierto con inviolable voz,
y ella aún gritaba, y el mundo aún sigue,
‘Pío pío’ a oídos sucios.
Y otros apagados pasos del tiempo 
narrados en las paredes; formas fisgonas
se asomaban, inclinadas, acallando el cuarto cerrado.
Pasos arrastrándose por la escalera.
Bajo la luz del fuego, bajo el cepillo, su cabello
extendiéndose en puntas ardientes
brilló en palabras, para aquietarse luego en feroz calma.

“Estoy mal de los nervios esta noche. Sí, mal. Quédate conmigo
Háblame. ¿Por qué nunca hablas? Habla.
¿En que piensas? ¿Qué piensas? ¿Qué?
Nunca sé en qué piensas. Piensa”.

Pienso que estamos en un callejón de ratas
donde los hombres muertos perdieron sus huesos.

“¿Qué ruido es ese?”
       El viento bajo la puerta.
“¿Qué es ese ruido ahora? ¿Qué hace el viento?”
       Nada, otra vez nada.

          “¿No
sabes nada? ¿No ves nada? ¿No
recuerdas nada?”

       Recuerdo
Que esas eran las perlas de sus ojos.
“¿Estás vivo o no? ¿No tienes nada en la cabeza?”
                     Pero
Oh oh oh oh ese rag shakespeariano-
Es tan elegante
tan inteligente
“¿Qué haré ahora? ¿Qué haré?
Saldré corriendo como estoy, y caminaré por la calle
con mi pelo suelto, así. ¿Qué haremos mañana?
¿Qué haremos alguna vez?”
 El agua caliente a las diez.
Y si llueve, un coche cerrado a las cuatro.
Y jugaremos un juego de ajedrez,
apretando ojos sin párpados y esperando que llamen a la puerta.

Cuando el marido de Lil fue dado de baja, dije-
sin medir mis palabras, yo misma le dije a ella,
APÚRENSE POR FAVOR YA ES HORA
hoy que Albert regresa, avívate un poco.
Querrá saber qué hiciste con ese dinero que te dio

para que te arreglaras los dientes. Lo hizo, yo estaba ahí. 
Sácatelos todos, Lil, y hazte una linda dentadura,
dijo, lo juro, no soporto verte.
Ni tampoco yo, dije, y piensa en el pobre Albert,
ha estado en el ejército cuatro años, quiere divertirse,
y si tu no lo haces, hay otras que lo harán, dije.
Oh, hay otras, dijo ella. Algo de eso, dije.
Entonces sabré a quien agradecerle, dijo ella, y me miró a los ojos.
APÚRENSE POR FAVOR YA ES HORA
si no te gusta arréglatelas, dije,
otras pueden elegir y decide si tú no puedes.
Pero si Albert se va, no será porque no te lo previne.
Debería darte vergüenza, dije, ser tan anticuada.
(Y solo tiene treinta y uno.)
No puedo evitarlo, dijo ella, poniendo cara larga,
son esas píldoras que tomé, para abortarlo, dijo ella.
(Ya tiene cinco, y casi muere cuando nació el pequeño George)
El farmacéutico dijo que todo saldría bien, pero no he vuelto a ser 
     [la misma.
Eres una verdadera tonta, dije.
Bueno, si Albert no te deja tranquila, ahí tienes, dije
¿Para qué casarte si no quieres hijos?
APÚRENSE POR FAVOR YA ES HORA
Bien, Albert llegó a casa ese domingo, tenían jamón cocido,
y me invitaron a cenar, para que disfrutara de ese jamón caliente-
APÚRENSE POR FAVOR YA ES HORA
APÚRENSE POR FAVOR YA ES HORA
Buenas noches Bill. Buenas noches Lou. Buenas noches May. 
[Buenas noches.
Chau chau. Buenas noches. Buenas noches.
Buenas noches, señoras, buenas noches, dulces señoras, buenas 
[noches, buenas noches. *

T. S. Eliot (Missouri, USA, 1888-Londres, 1965), La tierra baldía / The Waste Land [1922], Atelier 77, Andorra, MMXXII
Traducción de Silvia Camerotto

* El largo poema The Waste Land, de T.S. Eliot va seguido de una serie de notas del autor que dan fe de las citas contenidas en muchos versos. No refiere al último de esta parte (Good night, ladies, good night, sweet ladies, good night, good night), de la quinta escena del cuarto acto de Hamlet, de William Shakespeare, particularmente conmovedora pues las palabras las repite Ofelia mientras reparte flores, loca tras la muerte de su padre a manos del príncipe Hamlet. Poco después aparece ahogada. Eliot debió considerar que la escena era suficientemente conocida en Inglaterra como para declarar la cita (N. del Ad.)


Foto: T. S. Eliot, por Irving Penn, 1950 National Portrait Gallery, Londres


II. A Game of Chess

The Chair she sat in, like a burnished throne,
Glowed on the marble, where the glass
Held up by standards wrought with fruited vines
From which a golden Cupidon peeped out
(Another hid his eyes behind his wing)
Doubled the flames of sevenbranched candelabra
Reflecting light upon the table as
The glitter of her jewels rose to meet it,
From satin cases poured in rich profusion.
In vials of ivory and coloured glass
Unstoppered, lurked her strange synthetic perfumes,
Unguent, powdered, or liquid—troubled, confused
And drowned the sense in odours; stirred by the air
That freshened from the window, these ascended
In fattening the prolonged candle-flames,
Flung their smoke into the laquearia,
Stirring the pattern on the coffered ceiling.
Huge sea-wood fed with copper
Burned green and orange, framed by the coloured stone,
In which sad light a carvèd dolphin swam.
Above the antique mantel was displayed
As though a window gave upon the sylvan scene
The change of Philomel, by the barbarous king
So rudely forced; yet there the nightingale
Filled all the desert with inviolable voice
And still she cried, and still the world pursues,
“Jug Jug” to dirty ears.
And other withered stumps of time
Were told upon the walls; staring forms
Leaned out, leaning, hushing the room enclosed.
Footsteps shuffled on the stair.
Under the firelight, under the brush, her hair
Spread out in fiery points
Glowed into words, then would be savagely still.

“My nerves are bad to-night. Yes, bad. Stay with me.
“Speak to me. Why do you never speak. Speak.
“What are you thinking of? What thinking? What?
“I never know what you are thinking. Think.”

I think we are in rats’ alley
Where the dead men lost their bones.

“What is that noise?”
      The wind under the door.
“What is that noise now? What is the wind doing?”
      Nothing again nothing.
               “Do
“You know nothing? Do you see nothing? Do you remember
“Nothing?”

   I remember
Those are pearls that were his eyes.
“Are you alive, or not? Is there nothing in your head?”
                   But
O O O O that Shakespeherian Rag—
It’s so elegant
So intelligent
“What shall I do now? What shall I do?”
I shall rush out as I am, and walk the street
“With my hair down, so. What shall we do tomorrow?
“What shall we ever do?”
            The hot water at ten.
And if it rains, a closed car at four.
And we shall play a game of chess,
Pressing lidless eyes and waiting for a knock upon the door.

When Lil’s husband got demobbed, I said—
I didn’t mince my words, I said to her myself,
HURRY UP PLEASE IT’S TIME
Now Albert’s coming back, make yourself a bit smart.
He’ll want to know what you done with that money he gave you
To get yourself some teeth. He did, I was there.
You have them all out, Lil, and get a nice set,
He said, I swear, I can’t bear to look at you.
And no more can’t I, I said, and think of poor Albert,
He’s been in the army four years, he wants a good time,
And if you don’t give it him, there’s others will, I said.
Oh is there, she said. Something o’ that, I said.
Then I’ll know who to thank, she said, and give me a straight look.
HURRY UP PLEASE IT’S TIME
If you don’t like it you can get on with it, I said.
Others can pick and choose if you can’t.
But if Albert makes off, it won’t be for lack of telling.
You ought to be ashamed, I said, to look so antique.
(And her only thirty-one.)
I can’t help it, she said, pulling a long face,
It’s them pills I took, to bring it off, she said.
(She’s had five already, and nearly died of young George.)
The chemist said it would be all right, but I’ve never been the same.
You are a proper fool, I said.
Well, if Albert won’t leave you alone, there it is, I said,
What you get married for if you don’t want children?
HURRY UP PLEASE IT’S TIME
Well, that Sunday Albert was home, they had a hot gammon,
And they asked me in to dinner, to get the beauty of it hot—
HURRY UP PLEASE IT’S TIME
HURRY UP PLEASE IT’S TIME
Goonight Bill. Goonight Lou. Goonight May. Goonight.
Ta ta. Goonight. Goonight.
Good night, ladies, good night, sweet ladies, good night, good night.

viernes, junio 04, 2021

T. S. Eliot / Burnt Norton


















[Primero de los Cuatro cuartetos, 1935-1942]


Agradezco a mis amigos sus criticas y a John Hayward
en especial los consejos que me permitieron mejorar
algunas frases y la construcción del poema (T.S.E., 1943)


I. Burnt Norton

I

El tiempo presente y el tiempo pasado
Acaso estén presentes en el tiempo futuro
Y tal vez al futuro lo contenga el pasado.
Si todo tiempo es un presente eterno
Todo tiempo es irredimible.
Lo que pudo haber sido es una abstracción
Que sigue siendo perpetua posibilidad
Sólo en un mundo de especulaciones.
Lo que pudo haber sido y lo que ha sido
Tienden a un solo fin, presente siempre.
Eco de pisadas en la memoria,
Van por el corredor que no seguimos
Hacia la puerta que no llegamos nunca a abrir
Y da al jardín de rosas. Así en tu mente
Resuenan mis palabras.
Pero no sé
Con cuál objeto perturbamos el polvo
Que vela el cuenco en donde están los pétalos
De rosa.
Y otros ecos
Habitan el jardín. ¿Vamos tras ellos?
De prisa, dijo el pájaro: encuéntralos, encuéntralos,
Al dar vuelta a la esquina, tras la primera puerta,
En nuestro primer mundo. ¿Vamos en pos
Del engaño del tordo? En nuestro primer mundo.
Allí estaban, solemnes, invisibles;
Se movían sin premura sobre las hojas muertas,
Bajo el calor de otoño, en el aire vibrante.
Y el pájaro silbó en contestación
A la inaudible música oculta entre las plantas
Y el destello de una mirada no vista cruzó el espacio.
Porque las rosas tenían aspecto de flores contempladas.
Eran como nuestros huéspedes, aceptados y aceptantes.
Así pues, avanzamos, y ellos, en procesión formal,
Caminaron también por el desierto sendero
Hasta llegar a la rotonda con el seto de arbustos.
Y miraron entonces el estanque drenado.
Seco el estanque, seco el concreto, pardos los bordes.
Y se llenó el estanque de agua solar,
En silencio, en silencio se alzaron lotos,
La superficie brilló desde el corazón de la luz
Y ellos quedaron tras nosotros reflejándose en el estanque.
Luego pasó una nube y se vació el estanque.
Váyanse, dijo el pájaro, porque las frondas estaban llenas de niños
Que alegremente se ocultaban y contenían la risa.
Váyanse, váyanse, dijo el pájaro: el género humano
No puede soportar tanta realidad.
El tiempo pasado y el tiempo futuro,
Lo que pudo haber sido y lo que ha sido
Tienden a un solo fin, presente siempre.


II

Ajo y zafiros en la greda
Traban el eje de la rueda.
Canta la sangre en su alambrada
Bajo la cicatriz inveterada,
Calma la guerra que ya está olvidada.
Así la danza de la arteria
Y la circulación de la materia
Vagan en la deriva de la estrella.
Sube el verano hasta dejar su huella
En ese árbol que la luz aloja
En la móvil silueta de la hoja.
Y se escucha en la tierra humedecida
Al jabalí y al perro, proseguida
También su eterna lucha; mas sus rastros
Se concilian arriba entre los astros.
En el punto inmóvil del mundo que gira.
Ni carne ni ausencia de carne; ni desde ni hacia;
En el punto inmóvil: allí está la danza,
Y no la detención ni el movimiento.
Y no llamen fijeza
Al sitio donde se unen pasado y futuro.
Ni ida ni vuelta, ni ascenso ni descenso.
De no ser por el punto, el punto inmóvil,
No habría danza, y sólo existe danza.
Sólo puedo decir: allí estuvimos,
No puedo decir dónde; tampoco cuánto tiempo,
Porque sería situarlo en el tiempo.
Librarse interiormente del deseo material,
Descargarse de la acción y el sufrimiento,
De la compulsión externa e interna, rodeada sin embargo
Por una gracia de sentido,
Una luz blanca inmóvil que se mueve,
Erhebung* sin movimiento, concentración sin eliminación,
Un nuevo mundo y el viejo que se hacen explícitos, se aclaran
En la consumación de su éxtasis parcial,
La resolución de su parcial horror.
Pero el encadenamiento de pasado y futuro,
Tejidos en la debilidad del cuerpo cambiante,
Ampara al género humano del cielo y la condenación
Que la carne no puede soportar.
El tiempo pasado y el tiempo futuro
Sólo permiten mínima conciencia.
Ser consciente significa no estar en el tiempo,
Pero sólo en el tiempo puede el momento en el jardín de rosas,
El momento en la pérgola bajo el azote de la lluvia,
El momento en que desciende el humo sobre la iglesia atravesada por corrientes de aire,
Ser recordados, envueltos en el pasado y el futuro.

Sólo con tiempo se conquista el tiempo.

* Erhtbung: elevación, éxtasis.


III

Este es el sitio de los desafectos.
Tiempo antes y tiempo después
Bajo una luz dudosa: ni luz de día
Que inviste las formas con lúcida quietud
Y convierte la sombra en belleza fugaz
Con lenta rotación que sugiere permanencia,
Ni tinieblas para purificar el alma,
Tinieblas que vacían lo sensual mediante la privación
Y limpian del afecto por cosas temporales.
Ni plenitud ni vacío. Sólo un destello
Sobre las tensas caras hendidas por el tiempo,
Perturbadas en su perturbación por la perturbación,
Llenas de caprichos y vacías de sentido.
Tumefacta apatía sin concentración.
Hombres y trozos de papel giran llevados por el viento frío
Que sopla antes y después del tiempo.
Viento que entra y sale de pulmones enfermos,
Tiempo antes y tiempo después.
Eructo de almas insalubres
En el aire marchito, aletargadas
Por el viento que azota las lúgubres colinas londinenses:
Hampstead y Clerkenwell, Campden y Putney,
Highgate, Primrose y Ludgate.
No aquí, no aquí en tinieblas, en este mundo de vana agitación.
Descenso más abajo, descenso únicamente
Al mundo de perpetua soledad,
Mundo sin mundo que no es mundo,
Tinieblas interiores, privación
Y despojo de toda propiedad.
Desecación del mundo del sentido,
Evacuación del mundo del capricho,
Incompetencia del mundo del espíritu:
Este es el único camino, y el otro
Es el mismo, no en movimiento
Sino en abstención del movimiento;
Mientras el mundo se mueve,
En apetencia, por los metálicos caminos
Del tiempo pasado y el tiempo futuro.


IV

Han sepultado al día el tiempo y la campana.
Oscura, ahuyenta el sol una nube lejana.
¿Se volverá hacia nosotros
El girasol? Errante
¿Se doblará la clemátide?
¿Se aferrarán el ramo y el zarcillo colgante?
Y del ciprés los dedos enroscados
¿Acaso de nosotros han de pender helados?
Después que el ala
Del martín pescador ha respondido
Con la luz a la luz y el silencio ha venido
La luz no se estremece ni respira
En el inmóvil punto de este mundo que gira.


V

Las palabras se mueven, la música se mueve
Nada más en el tiempo; pero lo que sólo está vivo
Sólo puede morir. Termina el habla
Y vuelven al silencio las palabras.
Sólo mediante forma y estructura
Pueden llegar a la quietud la música o las palabras
Como un inmóvil jarrón chino
Se mueve perpetuamente en su quietud.
No la inmovilidad del violín mientras la nota dura,
No sólo eso sino la coexistencia,
O digamos que el fin precede al comienzo
Y que el fin y el comienzo estuvieron presentes
Antes del comienzo y después del fin.
Y todo es siempre ahora. Las palabras se esfuerzan,
Se resquebrajan, a veces se rompen bajo la carga y la tensión,
Resbalan, se deslizan, perecen,
La imprecisión las deteriora, pierden su sitio, pierden su fijeza. Voces agudas
Que regañan, se burlan o sólo parlotean
Las asaltan continuamente. La Palabra en el desierto
Es atacada sobre todo por voces de tentación,
La sombra que solloza en la danza fúnebre,
El sonoro lamento de la quimera desolada.
El detalle del diseño es movimiento,
Como en la imagen de los diez peldaños.
El deseo también es movimiento,
En sí mismo indeseable;
El amor es inconmovible,
Sólo es causa y es fin del movimiento,
Sin tiempo y sin deseo,
Excepto bajo el aspecto del tiempo,
Captado en forma de limitación
Entre no ser y ser.
De pronto en un rayo de luz solar,
Exactamente mientras el polvo se mueve,
Se levanta la risa oculta
De los niños entre el follaje.
De prisa, aquí, ahora, siempre-
Ridículo el estéril tiempo triste
Que se extiende antes y después.

[1935]

T.S. Eliot (Missouri, USA, 1888-Londres, 1965), Cuatro cuartetos, aproximación, edición y notas de José Emilio Pacheco, Ediciones Era y El Colegio Nacional, México, 2017
Traducción de José Emilio Pacheco

Nota de la edición on-line de David Gorman: 
Burnt Norton es una mansión en Gloucestershire visitada por Eliot en 1934. Su jardín de rosas le sugirió las imágenes de la sección de apertura.


Para el texto completo online de Four Quartets, seguido de comentarios, ver David Gorman

Foto: T.S. Eliot por Cecil Beaton, 1956 National Portrait Gallery

domingo, octubre 04, 2020

T. S. Eliot / Little Gidding

























[Cuarto de los Cuatro cuartetos, 1935-1942]

I

La primavera a mitad del invierno es una estación en sí,
infinita aunque empapada hacia el ocaso,
suspendida en el tiempo, entre el polo y el trópico.
Cuando el día corto es el más brillante, con escarcha y fuego,
el breve sol inflama el hielo, en un lago y un cráter,
en un frío sin viento que es el calor del corazón;
y refleja en un espejo acuoso
un brillo que es ceguera en la tarde joven.
Y un fulgor más intenso que una rama ardiendo, o que un brasero,
agita el espíritu mudo: no hay viento, tan sólo fuego de Pentecostés
en la edad oscura del año. A punto de derretirse o de helarse,
la savia del alma tiembla. No hay olor de tierra
ni olor de cosas vivas. Ésta es la época de la primavera,
mas no en la alianza del tiempo. Ahora la valla de arbustos
empalidece por una hora con florecer fugaz
de nieve, una flor más repentina
que la del verano, sin crecer ni menguar,
ausente del proyecto creador.

¿Dónde está el verano, el inimaginable
verano cero?

     Si vinieras por este sendero,
tomando la ruta que quizá tomarías
desde el lugar del que quizá vendrías,
si vinieras por este camino cuando florece el espino blanco, encontrarías los
    \setos
albos de nuevo, en mayo, con una dulzura voluptuosa.
Pasaría lo mismo al final del viaje,
si vinieras de noche como un rey derrocado,
si vinieras de día sin saber a qué viniste,
sería siempre lo mismo, cuando dejaras el camino adusto
y voltearas tras la pocilga de los cerdos a la descolorida fachada
y a la lápida. Y aquello por lo que creías haber venido
es solamente una concha, una cáscara de significado
donde el propósito se devela sólo cuando ha sido conquistado,
si se conquista. Aun si no tuvieras una meta
o aun si la meta fuera más allá de donde te imaginas
y hubiera sido ya alcanzada. Hay otros lugares
que son también el fin del mundo, algunos en las fauces oceánicas,
o sobre un estanque oscuro, en un desierto o una ciudad—
pero éste es el más cercano, en tiempo y lugar,
ahora y en Inglaterra.

     Si vinieras por este camino,
tomando cualquier ruta, empezando por cualquier lugar,
en cualquier tiempo, o en cualquier estación,
siempre sería lo mismo: tendrías que apartar
el sentido y la noción. No estás aquí para comprobar,
instruirte, o saciar tu curiosidad
o trasmitir un reporte. Estás aquí para arrodillarte
donde el rezo ha sido permitido. Y el rezo es más
que un orden de palabras, que la consciente ocupación
de la mente rezando, o que el sonido de la voz rezando.
Y lo que fue inefable para los muertos, mientras vivían,
te lo pueden decir ya muertos: la voz
de los difuntos tiene una lengua dada por el fuego, más allá del idioma de los vivos.
Aquí, la intersección de un momento atemporal
es Inglaterra y no es ningún lugar. Nunca y siempre.


II

En la manga de un viejo, ceniza
que es toda la ceniza de las rosas quemadas aprisa.
Polvo en el aire suspendido
marca el lugar donde una historia se ha extinguido.
Polvo sin respirar era una casa—
las paredes, el friso y el ratón que pasa,
la muerte de la esperanza, y el desaliento,
     ésta es la muerte del viento.

Hay inundación y sequía
en los ojos y la boca fría,
agua muerta y arena con mortaja
contendiendo por llevar ventaja.
El suelo seco destripado
se asombra con la vanidad del trabajo,
risas sin risa.
     Es el final de la tierra misma.

Fuego y agua han triunfado
sobre el pasto y la yerba del poblado.
Agua y fuego se han burlado,
del sacrificio despreciado,
fuego y agua destruirán
los cimientos que quisimos olvidar,
del santuario y del coro luego.
     Es el óbito del agua y del fuego.

En la incierta hora que precede a la mañana,
     cerca del final de la noche inacabable,
     en el recurrente final de lo infinito,
después de que la oscura paloma de lengua llameante
     hubo pasado bajo el horizonte de su morada,
     mientras las hojas muertas aún sonaban como hojalata,
sobre el asfalto donde no había otro sonido,
     entre los tres distritos de donde el humo surgió,
     me encontré con alguien que andaba perturbado,
casi empujado hacia mí como las hojas metálicas
     que no resisten el viento de la aurora.
     Y mientras escrutaba ese rostro cabizbajo
con la mirada aguda con que retamos
     al primer extraño en el crepúsculo,
     mi mirada encontró un maestro muerto
que yo ya había conocido y olvidado, renombrado a medias,
     era uno y muchos; en sus rasgos como salidos de un horno,
     los ojos de un conocido fantasma complejo,
íntimo e irreconocible a un tiempo.
     Así que asumí un doble papel, y grité
     y oí el grito de otra voz: “¡Qué!, ¿estás tú aquí?”
A pesar de que no lo estábamos. Yo era aún el mismo,
     conociéndome, siendo con todo otro,
     y él una cara todavía formándose; aunque las palabras bastaban
para forzar el reconocimiento que precedieron.
     Y así, compatibles con el viento común,
     demasiado extraños para malentendernos.
Acordes en ese momento de intersección,
     de no conocernos en ningún lugar; ni antes ni después,
     recorrimos el pavimento en un rondín de muertos.
Yo dije: “Cuán maravillado me siento es simple,
     aun la simpleza maravilla. Por eso habla:
     aunque no comprenda, aunque no recuerde”
Y él: “No quiero repasar
     mis pensamientos y teorías que has olvidado.
     Estas cosas han cumplido su fin: déjalas en paz.
Y haz así contigo, y reza porque sean perdonadas
     por otros, justo como yo te rezo para que perdones
     lo bueno y lo malo. La fruta de la estación pasada se ha comido
y la bestia saciada pateará el cubo vacío.
     Porque las palabras del año pasado pertenecen a la lengua del año pasado
     y las palabras del año nuevo esperan otra voz.
Pero ahora el pasaje no presenta obstáculos
     para el espíritu agitado y peregrino
     entre dos mundos que se han vuelto muy parecidos entre sí,
por eso encuentro palabras que nunca pensé decir
     en calles que nunca pensé volvería a visitar,
     cuando dejé mi cuerpo en una orilla distante.
Porque nuestra preocupación fue la palabra, y la palabra nos indujo
     a purificar el dialecto de la tribu
     y a apremiar la mente a prever y revisar,
déjame develar los obsequios escondidos hace tiempo
     para coronar el esfuerzo de tu vida.
     Primero, la fricción helada del sentido caduco;
sin encantamiento, sin prometer nada
     salvo la amarga insipidez de un fruto umbrío,
     mientras el cuerpo y el alma comienzan a caer pedazo a pedazo.
Después, la consciente impotencia de rabia
     por la locura humana, y la laceración
     de la risa, ante lo cual deja de divertirnos.
Y al último, la pena desgarradora de recrear
     todo lo que has hecho, y sido; la vergüenza
     de motivos revelados muy tarde, y la conciencia
de haber hecho cosas malas para dañar a los otros,
     y que una vez tomaste como ejercicio virtuoso.
     Así la aprobación de los tontos molesta, y el honor se mancha.
De error en error el exasperado espíritu
     procede, a menos que sea restaurado por ese fuego purificador
     donde debes moverte con mesura, como un danzante.”
El día estaba naciendo. En la calle desfigurada
     me abandonó, con una suerte de despedida,
     desvaneciéndose en medio del bramido de un corno.


III

Hay tres condiciones que siempre se parecen;
aun cuando difieren completamente, florecen en el mismo seto:
apego por uno mismo y por las cosas y las personas, desapego
por uno mismo y por las cosas y las personas; y, creciendo entre ellas, indiferencia
que se parece a los otros como la muerte se parece a la vida,
estando entre dos vidas — sin florecer, en medio
de la ortiga viva y la muerta. Para esto se usa la memoria:
liberación — no menos que amor sino la expansión
del amor más allá del deseo, y así liberación
del futuro como del pasado. Por eso, el amor de un país
comienza como apego a nuestro propio campo de batalla
y encuentra batallas de poca importancia
aunque nunca indiferentes. La historia puede ser esclavitud,
la historia puede ser libertad. Mira, ahora se desvanecen
las caras y lugares, con el ser que, mientras pudo, los amó,
para volverse nuevo, transfigurado en un nuevo orden.

El pecado es necesario, pero
todo será bueno, y
todo el curso de las cosas será bueno.
Si pienso, de nuevo, en este lugar,
y en la gente, no completamente admirable,
sin consanguinidad ni amabilidad,
pero de un peculiar genio,
todos tocados por un mismo genio,
unidos en los conflictos que los dividieron;

si pienso en un rey al caer la noche,
en tres hombres, y más, en el cadalso,
y unos pocos que murieron olvidados
en otros lugares, aquí y en tierras lejanas,
y en uno que murió ciego y callado,
¿por qué debemos celebrar
a estos muertos más que a los moribundos?
No se trata de tañer una campana al revés,
ni de proferir un encantamiento
para convocar el espectro de una Rosa.
No podemos revivir viejas facciones,
no podemos restaurar viejas políticas
o seguir un antiguo tambor.
Estos hombres, y aquellos que los confrontaron,
y esos a los que ellos mismos se opusieron,
aceptan todos la constitución del silencio
y se pliegan en un mismo frente.
Lo que nos legaron los afortunados
lo hemos tomado de los desventurados;
lo que nos dejaron fue un símbolo:
un símbolo perfeccionado en la muerte.
Y todo será bueno y
todas las cosas serán buenas
por la purificación del motivo
en el suelo de nuestra súplica.


IV

Rompe el aire la paloma y baja
con una flama de incandescente terror
y lenguas que proclaman
el único remedio del pecado y el error.
La única desesperación, o aun esperanza
     reposa en elegir entre pira y pira—
     para que el fuego del fuego nos redima.

¿Quién entonces sino Amor planeó la tormenta?
Amor es el nombre ciego
detrás de las manos que tejieron con ardor
la intolerable túnica de fuego
que no puede arrancar ningún humano valor.
      Sólo suspiramos, sólo vivimos
      por fuego o fuego consumidos.


V

Lo que llamamos principio es siempre el final
y forjar un final es forjar un principio.
El final es nuestro punto de partida. Y cada frase
y oración que es correcta (donde cada palabra se adecua a su lugar,
tomando su lugar para apoyar a las otras,
la palabra que no es humilde ni ostentosa,
un fácil trueque de lo viejo y lo nuevo,
la palabra común y exacta sin vulgaridad,
la palabra formal, precisa mas no pedante,
el consorcio entero bailando a un mismo tiempo)
cada frase y cada oración es un final y un comienzo,
cada poema, un epitafio. Y cualquier acción
es un paso inútil, hacia el fuego, sumergido en la garganta del océano
o condenado a una piedra ilegible: y es allí donde comenzamos.
Morimos con los moribundos:
mira cómo se van y partimos con ellos.
Nacemos con los muertos:
mira cómo vuelven, y nos arrastran tras sí.
La edad de la rosa y la del tejo
duran lo mismo. Un pueblo sin historia
no se redime del tiempo, pues la historia es un patrón
de momentos atemporales. Por eso, mientras la luz falla
en una tarde de invierno, en una capilla ermitaña,
la historia vive, es ahora y es Inglaterra.

Con el encanto de este Amor y la voz de esta Llamada

no cesaremos de explorar,
y el fin de toda nuestra exploración
será llegar adonde empezamos
y conocer ese lugar por primera vez.

A través de la reja desconocida, olvidada,
donde el último atisbo de tierra sin descubrir
es aquel que fue el principio;
en el comienzo del río más largo,
la voz de la cascada escondida
y de los niños en el manzano
ignoto por no haber sido buscado,
pero escuchado, a medias, en la quietud
que vive entre dos olas del mar.
Rápido ahora, aquí, ahora, siempre—
una condición de completa simplicidad
(costando no menos que todo)
y todo será bueno y
todas las cosas serán buenas
cuando las lenguas ígneas se entrelacen
en el nudo coronado por la lumbre,
y el fuego y la rosa sean uno.

[1942] 

T. S. Eliot (St. Louis, Estados Unidos, 1888-Londres, 1965), Punto de Partida n° 151, septiembre-octubre de 2008, Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM)
Versión de Rodrigo Círigo Jiménez, 

N. del T.:
Little Gidding: Villa inglesa del antiguo condado de Huntingdonshire, donde se estableció en 1626 una comunidad religiosa, y que fue visitada por T. S. Eliot en 1936.

Para el texto completo online de Four Quartets, ver David Gorman


Foto: T. S. Eliot por lady Ottoline Morrell, 1923 Wikimedia Commons

lunes, abril 06, 2020

T. S. Eliot / De "Burnt Norton"

















I

El tiempo presente y el tiempo pasado
quizá estén ambos presentes en el tiempo futuro.
Y el tiempo futuro contenido en el tiempo pasado.
Si todo tiempo es eternamente presente,
todo tiempo es irredimible.
Lo que pudo haber sido es una abstracción,
una posibilidad perpetua
en un mundo especulativo.
Lo que pudo haber sido y lo que ha sido
apuntan a un fin que siempre es presente.
Las pisadas resuenan en la memoria,
por el pasillo que no tomamos,
hacia la puerta que nunca abrimos
en el jardín de las rosas. Mis palabras resuenan
de ese modo en tu mente.
                              Pero con qué propósito
perturbar el polvo en un tazón de hojas de rosa.
No lo sé.
                        Otros ecos
habitan el jardín. ¿Vamos a seguir?
Rápido, dijo el pájaro, ve por ellos, ve por ellos,
a la vuelta de la esquina. A través de la primera puerta
en nuestro primer mundo, ¿seguiremos
el juego del tordo? En nuestro primer mundo.
Y ahí estaban, dignos, invisibles,
moviéndose ligeros sobre las hojas muertas
en el otoño caldeado, en el aire vibrante.
Y el pájaro llamó, respondiendo
a la música inaudita oculta en los arbustos,
y el rayo invisible de la mirada recorrió las rosas
que tenían el aspecto de flores veneradas.
Allí estaban como nuestros invitados, aceptados y aceptando.
Entonces caminamos, nosotros y ellos, formalmente,
a lo largo del paseo desierto, hacia la rotonda,
para echar una ojeada al estanque vacío.
Seco el estanque, hormigón seco, bordes marrones,
se llenó del agua de la luz del sol,
y los lotos subieron, despacio, despacio,
la superficie relucía con el corazón de luz,
y ellos estaban detrás de nosotros, reflejados en el agua.
Luego pasó una nube y el estanque quedó vacío.
Atrás, dijo el pájaro, porque las hojas estaban llenas de chicos
excitados que contenían la risa.
Atrás, atrás, atrás, dijo el pájaro: la especie humana
no resiste mucha realidad.
El tiempo pasado y el tiempo futuro,
lo que pudo haber sido y lo que ha sido,
apuntan a un fin que siempre es presente.

[1935]

T. S. Eliot (St. Louis, Estados Unidos, 1888-Londres, 1965), "Four Quartets", Collected Poems 1909-1962,  Faber & Faber, Londres, 1963
Versión de Jorge Aulicino

Otra Iglesia Es Imposible - Poeticus - De Sibilas y Pitias - El Placard - A Media Voz - Vallejo & Co. - La Caína

Foto: T. S. Eliot, 1958 Express/Getty Image/ThoughtCo


I

Time present and time past
Are both perhaps present in time future,
And time future contained in time past.
If all time is eternally present
All time is unredeemable.
What might have been is an abstraction
Remaining a perpetual possibility
Only in a world of speculation.
What might have been and what has been
Point to one end, which is always present.
Footfalls echo in the memory
Down the passage which we did not take
Towards the door we never opened
Into the rose-garden. My words echo
Thus, in your mind.
                              But to what purpose
Disturbing the dust on a bowl of rose-leaves
I do not know.
                        Other echoes
Inhabit the garden. Shall we follow?
Quick, said the bird, find them, find them,
Round the corner. Through the first gate,
Into our first world, shall we follow
The deception of the thrush? Into our first world.
There they were, dignified, invisible,
Moving without pressure, over the dead leaves,
In the autumn heat, through the vibrant air,
And the bird called, in response to
The unheard music hidden in the shrubbery,
And the unseen eyebeam crossed, for the roses
Had the look of flowers that are looked at.
There they were as our guests, accepted and accepting.
So we moved, and they, in a formal pattern,
Along the empty alley, into the box circle,
To look down into the drained pool.
Dry the pool, dry concrete, brown edged,
And the pool was filled with water out of sunlight,
And the lotos rose, quietly, quietly,
The surface glittered out of heart of light,
And they were behind us, reflected in the pool.
Then a cloud passed, and the pool was empty.
Go, said the bird, for the leaves were full of children,
Hidden excitedly, containing laughter.
Go, go, go, said the bird: human kind
Cannot bear very much reality.
Time past and time future
What might have been and what has been
Point to one end, which is always present.

domingo, febrero 18, 2018

T. S. Eliot / Preludios

















I

La tarde de invierno se asienta
Con olor a carne asada en los pasillos.
Las seis.
Las colillas consumidas
De humosos días.
Y un ventoso chaparrón envuelve ahora
Los sucios fragmentos
De hojas marchitas
Y diarios de los baldíos en torno a tus pies;
Los aguaceros golpean
En rotas persianas y el casco de chimeneas,
Y en la esquina de la calle
El solitario caballo de un coche de alquiler, resopla y patea.
Y entonces las lámparas se encienden.


II

La mañana recobra la conciencia
De olores algo rancios de cerveza
Que vienen de la calle con aserrín pisoteado
Por pies embarrados
Que se apuran a tempranos puestos de café.
Con las otras mascaradas
Que el tiempo recomienza,
Uno piensa en las manos que levantan
Sucios visillos en un millar
De amueblados cuartos de alquiler.


III

Arrojaste una manta de la cama,
Te echaste de espaldas, y esperaste;
Dormitaste, y observaste la noche
Revelar las mil sórdidas imágenes
Que componían tu alma;
Vacilaban contra el cielo raso.
Y cuando el mundo entero volvió
Y la luz trepó entré los postigos
Y oíste a los gorriones en los desagües,
Tuviste una visión tal de la calle
Que la calle no llega a comprender;
Sentada en el borde de la cama,
Donde rizabas tu pelo con papel
O apretabas en la palma de las manos
sucias, la amarilla planta de tus pies.


IV

Su alma extendida tensamente por los cielos
Qué se diluyen detrás de una manzana en la ciudad,
O pisoteada por obstinados pies
A las cuatro, las cinco y las seis;
Y cuadrados dedos cortos llenando pipas,
Y diarios de la tarde, y ojos
Seguros de ciertas certidumbres,
La conciencia de una calle ennegrecida
Impaciente por asumir el mundo.

Me conmueven fantasías que se enroscan
Y se aferran en torno a estas imágenes:
La noción de algo infinitamente afable
Infinitamente sufrido.

Friega tu boca con la mano y ríe:
Los mundos giran como ancianas
Recogiendo qué quemar en los solares vacíos.

[1917]

T. S. Eliot (St. Louis, Estados Unidos, 1888-Londres, 1965), Miércoles de ceniza y otros poemas, serie Los Grandes Poetas, nº 13, Centro Editor de América Latina, Buenos Aires, 1987
Traducción de Gerardo Gambolini
Envío de Jonio González


Imagen: © English Heritage/Ullstein Bild/Getty Images


Preludes

I
The winter evening settles down
With smell of steaks in passageways.
Six o’clock.
The burnt-out ends of smoky days.
And now a gusty shower wraps
The grimy scraps
Of withered leaves about your feet
And newspapers from vacant lots;
The showers beat
On broken blinds and chimney-pots,
And at the corner of the street
A lonely cab-horse steams and stamps.

And then the lighting of the lamps.

II
The morning comes to consciousness
Of faint stale smells of beer
From the sawdust-trampled street
With all its muddy feet that press
To early coffee-stands.
With the other masquerades
That time resumes,
One thinks of all the hands
That are raising dingy shades
In a thousand furnished rooms.

III
You tossed a blanket from the bed,
You lay upon your back, and waited;
You dozed, and watched the night revealing
The thousand sordid images
Of which your soul was constituted;
They flickered against the ceiling.
And when all the world came back
And the light crept up between the shutters
And you heard the sparrows in the gutters,
You had such a vision of the street
As the street hardly understands;
Sitting along the bed’s edge, where
You curled the papers from your hair,
Or clasped the yellow soles of feet
In the palms of both soiled hands.

IV
His soul stretched tight across the skies
That fade behind a city block,
Or trampled by insistent feet
At four and five and six o’clock;
And short square fingers stuffing pipes,
And evening newspapers, and eyes
Assured of certain certainties,
The conscience of a blackened street
Impatient to assume the world.

I am moved by fancies that are curled
Around these images, and cling:
The notion of some infinitely gentle
Infinitely suffering thing.

Wipe your hand across your mouth, and laugh;
The worlds revolve like ancient women
Gathering fuel in vacant lots.

-Poetry Foundation

lunes, enero 01, 2018

T. S. Eliot / Viaje de los Reyes Magos

















"Aquella sí que fue una travesía fría,
justo la peor época del año
para un viaje, y un viaje tan largo:
los caminos socavados y un tiempo riguroso,
lo más helado del invierno."
Y los camellos magullados, las patas lastimadas, díscolos,
echándose en la nieve que se derretía.
Hubo ocasiones en que extrañamos
los palacios de verano en las laderas, las terrazas,
y las sedosas muchachas trayéndonos sorbetes.
Además, los camelleros que maldecían, rezongaban
y desertaban, ansiosos de aguardiente y de mujeres,
y los fuegos nocturnos que se apagaban, la falta de refugios,
y las ciudades hostiles, los poblados inamistosos,
y los sucios caseríos donde cobraban precios muy altos:
aquellas sí que fueron circunstancias muy duras.
Al final optamos por viajar la noche entera,
con voces que resonaban en nuestros oídos, diciéndonos
que todo era una locura.
Después, un amanecer, llegamos a un valle templado,
húmedo, bajo la línea de las nieves, fragante de vegetación;
con un arroyo, un molino que batía en la oscuridad,
y tres árboles contra el cielo bajo,
y un viejo caballo blanco alejándose al galope por el prado.
Después arribamos a una taberna con hojas de parra en el dintel,
seis manos ante una puerta abierta jugando a los dados por monedas de plata,
y pies que pateaban odres vacíos.
Pero allí no nos dieron noticias, y entonces continuamos
y a la noche, justo a tiempo, dimos
con el sitio; la cosa fue (podría decirse) satisfactoria.

Todo eso ocurrió hace mucho, lo recuerdo,
y lo haría de nuevo, pero repara
en esto, repara
en esto:¿se nos hizo viajar hacia
un Nacimiento o una Muerte? Hubo un Nacimiento, por cierto,
tuvimos la prueba y no dudamos. Yo había visto nacimientos y muertes,
pensando que eran cosas distintas; este Nacimiento fue
para nosotros dura y amarga angustia, como la Muerte, nuestra muerte.
Retornamos a nuestros lugares, estos Reinos,
aunque ya no más en paz, en el viejo orden establecido,
con un pueblo extraño aferrado a sus dioses.
Me sentiría gozoso con otra muerte.

[Ariel Poems, 1927]

T. S. Eliot (St. Louis, Estados Unidos, 1888-Londres, 1965), Retrato de una dama y otros poemas. Versión y notas de Alberto Girri y Enrique Pezzoni, Ediciones Corregidor, Buenos Aires, 1983

De las notas de los traductores:
La fuente del poema (1927) está en el Evangelio de San Mateo (2, 1-12), y la variante que Eiot introduce es que el relator -uno de los Magos- refiere los hechos como sucedidos hace mucho tiempo, pesando y analizando sus implicaciones. Habla de las angustias padecidas hasta localizar al Niño, pero también profetiza las cosas que sucederían en la vida de Cristo: la crucifixión es sugerida por tres árboles contra el cielo bajo, y el viejo caballo blanco del verso siguiente es un símbolo para sugerir el caballo blanco del Apocalipsis (19, 11).

Foto: "Sunday Afternoon", T.S. Eliot (der.) con David Cecil, 1923, por lady Ottoline Morrell © National Portrait Gallery, London


Journey of the Magi

A cold coming we had of it,
Just the worst time of the year
For a journey, and such a long journey:
The ways deep and the weather sharp,
The very dead of winter.'
And the camels galled, sorefooted, refractory,
Lying down in the melting snow.
There were times we regretted
The summer palaces on slopes, the terraces,
And the silken girls bringing sherbet.
Then the camel men cursing and grumbling
and running away, and wanting their liquor and women,
And the night-fires going out, and the lack of shelters,
And the cities hostile and the towns unfriendly
And the villages dirty and charging high prices:
A hard time we had of it.
At the end we preferred to travel all night,
Sleeping in snatches,
With the voices singing in our ears, saying
That this was all folly.

Then at dawn we came down to a temperate valley,
Wet, below the snow line, smelling of vegetation;
With a running stream and a water-mill beating the darkness,
And three trees on the low sky,
And an old white horse galloped away in the meadow.
Then we came to a tavern with vine-leaves over the lintel,
Six hands at an open door dicing for pieces of silver,
And feet kicking the empty wine-skins.
But there was no information, and so we continued
And arriving at evening, not a moment too soon
Finding the place; it was (you might say) satisfactory.

All this was a long time ago, I remember,
And I would do it again, but set down
This set down
This: were we led all that way for
Birth or Death? There was a Birth, certainly
We had evidence and no doubt. I had seen birth and death,
But had thought they were different; this Birth was
Hard and bitter agony for us, like Death, our death.
We returned to our places, these Kingdoms,
But no longer at ease here, in the old dispensation,
With an alien people clutching their gods.
I should be glad of another death.