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jueves, enero 18, 2024

Encuesta lírica II / Lecturas elegidas, 9

Silvia Camerotto
*

Lo que empecé a leer el 1º de enero:

Poems 1959-2009, Frederick Seidel (Farrar, Straus and Giroux, New York, 2009)
Seidel merece ser mejor difundido:



Hogar

Los sin techo florecen como rosas
en cada esquina de Broadway.
Estoy sucio.
Me baño en sus lágrimas.

Los sin techo surgen como granos.
Son la erección a la vista de un perrito, sobresaliendo roja.
Hace que los transeúntes cantemos.
Ja ja. Es primavera.

Los habitantes del Upper West añaden agua fresca
pero alimentan las flores con orín.
Señor, ¿tendría algo de cambio?
¿Podría tenerme en cuenta para un cambio?

Hamburguesa cruda
que brota cuando baja sus pantalones,
Es su canción.
Es carne viva chorreando de una picadora.

Parece una espantosa quemadura de Iraq.
Su herida se agranda
en una sartén caliente.
Estados Unidos no se ve así.

Se inclina a comer basura.
Me inclino con una bolsa a limpiar la caca del perro.
Saco la mierda de la bolsa
y la vuelvo a meter en el perro

y le coso el ano,
y pongo al perro en un horno a 250 grados para que grite por tres horas.
Los sin techo florecen como rosas.
Estoy desesperado.

Me baño en sus gritos.
Me visto para la noche.
Mi nombre es Fred Seidel,
y pagué por esta publicidad.

De Evening Man (2008)

Traducción © Silvia Camerotto


Home

The homeless are blooming like roses
on every corner on Broadway.
I am unclean.
I bathe in their tears.

The homeless are popping like pimples.
They’re a little dog’s little unsheathed erection sticking out red.
It makes us passersby sing.
Ho ho. It’s spring.

West Siders add fresh water
but feed the flowers with urine.
Sir, can you spare some change?
Can you look at me for a change?

Uncooked hamburger
erupts when he lowers his trousers.
It’s his son.
It’s raw oozing out of a grinder.

He looks like a horrible burn from Iraq.
His wound ripples
in a hot skillet.
America doesn’t look like that.

He bends down to eat garbage.
I bend down with a bag to clean up after the dog.
I take the sit out of the bag
and stuff it back inside the dog

and sew the anus closed,
and put the dog in a two-fifty oven to scream for three hours.
The homeless are blooming like roses.
I’m hopeless.

I bathe in their screams.
I dress for the evening.
My name is Fred Seidel,
and I paid for this ad.

Durante el año -la lista es larga- leí, exhaustivamente:

Dylan Thomas (seleccioné y traduje 39 poemas que serán publicados este año en Andorra y en Buenos Aires), Collected Poems (New Directions, New York, 1971); Francisco Urondo, (me debía analizar su técnica), Obra poética (Adriana Hidalgo, Buenos Aires, 2006); Jorge Aulicino, (siempre aprendo y además, disfruto), libros varios; William Wordsworth, Percy B. Shelley, John Keats, William Blake, Edgar Allan Poe, Friedrich Höelderlin, Novalis (estoy estudiando el romanticismo), libros varios; Judith Filc, Lo inesperado (Barnacle, Buenos Aires, 2023): está en su mejor momento. Presenté el libro.

Leí por placer, lo que implica, relecturas -en la mayoría de los casos- y no lecturas ‘completas’, otros autores. Por ejemplo: Emily Dickinson, Fernando Pessoa, Javier Adúriz, John Milton, Blanca Varela, Juan José Saer, Alfonsina Storni, Alberto Girri, Enrique Molina, Edgar Bayley, Mercedes Alvarez, Philip Larkin, Wallace Stevens. Leo los poemas que publican Jonio González en su FB y Jorge Aulicino en su blog.


* Silvia Camerotto (Temperley, provincia de Buenos Aires, 1959). Poeta. Traductora. Profesora del Laboratorio de Idiomas de la Universidad de Buenos Aires. Publicó los libros de poesía La Grosse Fuge y 420 minutos de abstinencia. Participó en Poetas que traducen poesía y en Argentarium, una antología bilingüe de los poemas breves de Ezra Pound. Publicó La rabdomante y El hombre cuya mano izquierda era un pollo, de la poeta galesa Tiffany Atkinson. Publicó, también, en versión completa, el Paterson, de William Carlos Williams, y La tierra baldía, de T.S. Eliot. Administra el blog De Sibilas y Pitias.

miércoles, diciembre 20, 2023

Encuesta lírica / Los libros de 2023, 26

Silvia Camerotto *


Las cosas que digo son ciertas. Poesía completa 1949-2000, Blanca Varela (Gog y Magog & Caleta Olivia)
Con su lenguaje ordenado cuenta la desprolijidad de la vida. Un libro indispensable para comprender cómo el lenguaje conduce a una forma cierta de libertad:


Fuente 

Junto al pozo llegué,
mi ojo pequeño y triste
se hizo hondo, interior.
Estuve junto a mí,
llena de mí, ascendente y profunda,
mi alma contra mí,
golpeando mi piel,
hundiéndola en el aire,
hasta el fin.
La oscura charca abierta por la luz.
Éramos una sola criatura,
perfecta, ilimitada,
sin extremos para que el amor pudiera asirse.
Sin nidos y sin tierra para el mando.


Fuera de lo general, Jorge Aulicino (Ediciones en Danza)
Una vez más, reflexión sin pausa, cada vez más ajustada, más precisa. Un derrotero que no pierde el rumbo:

Un relojero

Ah, vos, Aristóteles, sentado frente a tu tienda de ramas,
qué lejos nos llevaste:
franjas incidentales del crepúsculo sobre Macedonia
te fueron quizá indiferentes. Golpes
repetidos de la lluvia
y de las mareas: era ése el corazón del mundo.
Una tabla de mareas la existencia, un mecanismo, diría, si 
no tuviera el temor de ofenderte.

En este suburbio, tras una maceta de ligustrina,
bajo un toldo de hojas de plátano, la regularidad,
el pulso para desarmar relojes, cambiar piezas
en su interior, propenden a alcanzar mi esquema lógico,
la idea de que todos los sistemas tienen el mismo fundamento,
un dispositivo que une idea y materia,
como si logos los moviese y ordenase, espíritu impersonal
rigiese este mundo pequeño mío en las afueras de una ciudad,
y asimismo el gran ensamblado de sistemas en la galaxia…

Nuestro sistema entero son ruedas que mueven otras ruedas,
a su vez movidas por otras, y todas dotadas de invisibles dientes,
como mis engranajes… De modo que al final
Dios es este teorema que puedo escribir
hoy y mañana y pasado y siempre.
-Ensambla- me dice una voz-,
ensambla y no dejes de ensamblar,
todo debe funcionar 
como Dios manda,
aun el envejecimiento de tu propia dentadura,
paralelo al ciclo de las hojas.
No te detengas para escuchar al jilguero, ni para levantar siquiera
la cuchara que acaba de caerse… Son incidentes por fuera 
de los libros, de los huracanes metódicos.

La abstracción del suburbio, de los plátanos, de la ligustrina
debe ser tu meta, y debes
alcanzarla antes de morir
o tu sangre llegará al río.
Y sabe Dios que eso es pasar y perderse en los rápidos:
hacerse polvo de agua, y luego nada,
y frío.


* Silvia Camerotto (Temperley, provincia de Buenos Aires, 1959). Poeta. Traductora. Profesora del Laboratorio de Idiomas de la Universidad de Buenos Aires. Publicó los libros de poesía La Grosse Fuge y 420 minutos de abstinencia. Participó en Poetas que traducen poesía y en Argentarium, una antología bilingüe de los poemas breves de Ezra Pound. Publicó La rabdomante y El hombre cuya mano izquierda era un pollo, de la poeta galesa Tiffany Atkinson. Publicó, también, en versión completa, el Paterson, de William Carlos Williams, y La tierra baldía, de T.S. Eliot. Administra el blog De Sibilas y Pitias.

viernes, noviembre 20, 2020

Silvia Camerotto / No ideas but in things
















I.

La imaginación es el medio perfecto
para todas las cosas.
Hablan por sí mismas.

II.
En tiempos de pandemia
las cosas no son lo que parecen.
Un tipo llega al edificio de enfrente
en un auto. Se baja.
Abre la puerta. Después la cierra.
Hace que entra, pero no. El auto espera.
El tipo camina hasta la esquina.
El auto arranca.
El tipo sigue en la esquina.

III.
Pasaron a mi madre
a cuidados intensivos.
El médico dijo que no estaba respondiendo.
Por primera vez la vi mirar
como el que pide perdón.
Por miedo.
Por amor, tal vez.

IIII.
Your tried to be in control of the words
or their rhythm or how they really sound.
The imitation of our worldly life.
You achieved it, somehow.
We cannot.
Not throughout this lockdown.
Not all along.
We speak what is not meant to be.
What will never be.

Intentaste controlar las palabras
o su ritmo o el sonido verdadero.
La imitación de nuestra vida.
Lo hiciste, de algún modo.
No podemos.
No en este confinamiento.
No todo el tiempo.
Hablamos de aquello que no.
Nunca será.

IV.
Un triángulo tiene tres lados:
Realidad, ficción, deseo.
La vida tiene 4.
El cuarto es la única y verdadera realidad.

IV
Marcia complains.
Her complaints are sensible.
But there is always a gray zone.
She misses this zone
that is true to things in life.

Marcia se queja.
Sus quejas son razonables.
Pero siempre queda una zona gris.
No ve la zona
que es fiel a las cosas de la vida.

[inédito]

Silvia Camerotto (Lomas de Zamora, Buenos Aires, 1959)


Foto: Facebook

domingo, noviembre 27, 2016

La lira argentina, ¿cómo suena?, 24


Silvia Camerotto

¿Cómo suena la lírica hoy? Diferente. La poesía no se entiende  como se entendía. Pese a la distribución en versos, el terreno es frágil, casi prosaico.  Y suena,  sí. Suena a corrimiento de la tradición, a marcado individualismo, a inmediatez. Se lee la fijación de un momento, dicho en un lenguaje carente  de precisión y con un ritmo cortado con los dientes. No por coloquial. Tampoco por realista. Falta el eje ficcional. El poema es hoy una anécdota. Todo esto sostenido a su vez por los likes de un Facebook que opera como nuevo aparato crítico. La lírica se oye como gesto performático, más que nada irreflexivo, nada afín a lo universal, a lo perdurable.  Un tilín tilín. Con excepciones, claro. Contadas con los dedos de una mano.



Silvia Camerotto (Lomas de Zamora, provincia de Buenos Aires, 1959). Poeta, docente y traductora. LEP Tutor en British Council. Su último libro de poesía publicado es La Grosse Fuge (Ediciones del Dock, Buenos Aires, 2012). Administra el blog de poesía en castellano y traducida De Sibilas y Pitias.

sábado, junio 15, 2013

Poemas elegidos, 28


Silvia Camerotto
(Lomas de Zamora, 1959)

Little Gidding, de T.S. Eliot
El primer libro que leí de Eliot fue Four Quartets. Antes había pasado por Milton y por Donne y por Browning. Era chica todavía y no alcanzaba a comprender la dimensión de las palabras, pero había ahí algo mucho más cercano en tiempo y forma que me hacía ruido. Desde entonces nunca dejé de leerlo y releerlo, y por él llegué a otros poetas igual de significativos. No es el libro que más me gusta, pero le debo un largo camino de lecturas.





Little Gidding

V

Lo que llamamos el comienzo es a menudo el final
y llegar al final es llegar al comienzo.
El final es ahí donde empezamos. Y cada frase
y oración correcta (donde cada palabra es familiar,
y ocupa su lugar para respaldar a las demás,
la palabra no es reticente ni ostentosa,
una transacción sencilla entre lo viejo y lo nuevo,
la palabra común, exacta, sin vulgaridad,
la palabra formal precisa, pero sin pedantería,
compañeras perfectas bailando al compás)
cada frase y cada oración son un final y un comienzo,
cada poema un epitafio. Y toda acción
un paso al cadalso, al fuego, hacia la garganta del mar
o hacia una piedra indescifrable: y allí es donde empezamos.
Morimos con los moribundos:
miren, ellos se marchan y vamos con ellos.
Nacemos con los muertos:
miren, ellos regresan y volvemos con ellos.
El momento de la rosa y el momento del tejo
duran lo mismo. Un pueblo sin historia
no es redimido por el tiempo, porque la historia es una muestra
de momentos atemporales. Entonces, mientras la luz se apaga
en una tarde de invierno, en una capilla apartada
la historia es ahora e Inglaterra.

Con la atracción de este Amor y la voz de este Llamado.

No dejaremos de explorar
y el fin de todas nuestras búsquedas
será llegar a donde comenzamos
y reconocer el lugar por primera vez.
A través de la puerta desconocida y recordada
cuando lo último que quede por descubrir de la tierra
sea eso que fue el comienzo;
en el nacimiento del río más largo
la voz de la cascada oculta
y los niños en el manzano.
No conocida, porque no la buscamos
pero oída apenas en la quietud
entre dos olas de mar.
De prisa, aquí, ahora, siempre—
una condición de absoluta sencillez
(que cuesta nada menos que todo)
Y todo estará bien y
todas las cosas saldrán bien
cuando las lenguas de la llama se unan
al centro de fuego coronado
y el fuego y la rosa sean uno.

T. S. Eliot (St. Louis, Missouri, 1888–Londres, 1965)
Versión de Silvia Camerotto

viernes, noviembre 02, 2012

Silvia Camerotto / De "La Grosse Fuge"




Incommunicado

   The language is missing them
   they die also
   incommunicado.
   William Carlos Williams

Ni cuando las miserias
Ni cuando las cuerdas fuertemente atadas cedan
y el cielo esté claro y lo esté el suelo
Ni cuando convengamos que las culpas
nunca fueron dignas
y los sables y las explosiones alternen
la obstinación de mirarse a sí mismo
Ni los panini en la vereda
ni la manteca en el alféizar
Porque ya no recordás los nombres
Porque ya no recuerdo los nombres
Tampoco el mirador
el Sacre Coeur las fotos artísticas
la  plaza del Once
Solo vínculos como la calle que se pisa
la vereda que se pisa
la lástima que se pisa
La propia lástima. La ira
El ágora de una casa imaginada
sobra la costa. Los muebles. Las rocas
El mal agüero
La desnudez de una cama en la pantalla del televisor
Sobre todo las rocas
y las culpas.

Silvia Camerotto (Buenos Aires, 1959), La Grosse Fuge, Ediciones del Dock, Buenos Aires, 2012

Ilustración: Herbst (Schule), 1907, Marianne von Werefkin

sábado, agosto 07, 2010

Silvia Camerotto / Tocaste...




Tocaste un subdominante en fuga...


Why should calamity be full of words?
Shakespeare, Richard III


Tocaste un subdominante en fuga
Mi pelo de mujer descansa sobre tu almohada:
el punto de reposo de la duración de las figuras
en tu espalda
en los artefactos del baño
en la pintura blanca del techo
Después de más de treinta años
la connivencia se convierte en gesto de triunfo
Vinimos de lo que somos
no del pollo que almorzamos esta tarde
no de las flores que enviaste
no de la utopía formal con que me sacás la ropa
sino de la alegoría de la rosa
de la aburrida música de Mozart
de la calamidad de los cuerpos.


Silvia Camerotto (Buenos Aires, 1959), inédito

Ilustración: Mujer entrando en la bañera, 1973, Darío Morales Arte y artistas

sábado, febrero 13, 2010

Silvia Camerotto / Dos poemas inéditos





Nigromante

Hace unos meses vas y venís por el mismo camino
de sur a sur
del desvelo a la jerigonza de los diccionarios
que se ocultan en el ordenador.
El mundo declina cada noche al escurrirte de la cama
de la casa chica.
¿A quién harás venir en el silencio?
La soledad no se junta
y el menudeo no es igual a oportunidad.
Mirás por la ventana.
Un coche se detiene en el conventillo de enfrente
y quisieras que te salve o te condene
o que te lleve a otro destino
lejos de las habitaciones que esconden hechos fortuitos.


Pobre es la hora

Caer sobre el mismo escenario:
algunos libros, un par de discos,
otras iniciales en el juego de gemelos.
Costumbres de derecho y uso.

Afuera, gente que camina hasta el mercado chino.
Nada más, gente que camina.

Después actuar debajo de las sábanas,
quitarse la ropa hasta la irrupción
de la Romania fragmentada.
Único conocimiento de la suprema realidad.


Silvia Camerotto (Buenos Aires, 1959), inéditos


Ilustración: Blues Skies 1, 2002, Benjamin Cottam


De Camerotto en este blog:
Tren a Lübeck

domingo, junio 28, 2009

Silvia Camerotto / Tren


Tren a Lübeck

Más de 1000 kilómetros buscando el invierno.
El ciclo del frío en un mundo de miniaturas.
Camiones que levantan la nieve de las calles.
Los hombres bebiendo hasta el amanecer
y mujeres caminando al trabajo en zapatillas,
cada cual con su bolsa de papel.
Quién sabe lo que guardan,
la simetría de las casas,
ornamentos,
el ensayo del hotel en que te amé.

Año tras año vuelvo a Lübeck con o sin cuerpo.
Ahora he descubierto que en las bolsas hay pañuelos,
un diario arrugado con las noticias de ayer
y anotaciones al margen
de una pregunta hecha en el momento
en que no teníamos la palabra justa y necesaria.

Entonces tomo el tren
para ver cómo los patos que olvidaron emigrar
se bañan en la fuente del municipio
e inician la ceremonia del invierno
que todo lo congela.

Silvia Camerotto (Buenos Aires, 1959)

Ilustración: La estación de Saint-Lazare, Claude Monet, 1877, Museo d'Orsay, París

jueves, junio 26, 2008

Silvia Camerotto / La vereda, la mesa
















cerró por duelo el hospital de cerebros
y vos llorás sentado en la vereda

no me emociona verte así
sos un decálogo
de siete mandamientos sin cumplir.

***

intentaste un movimiento
que te salvara del horror que se construye
cuando no hay diferencia
entre el miedo y el miedo

en medio de la destrucción
eso que aún no tiene nombre
te deja sentada a esta misma mesa
diciendo las palabras que no querés oír.

Silvia Camerotto (Lomas de Zamora, 1959), 420 minutos de abstinencia, inédito