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miércoles, julio 17, 2024

Susana Szwarc / Dos poemas


Romanzas
 
Leves en el país lejano
en vagones subterráneos
a metros bajo tierra
(sin tumbas sin tambores).
 
Un cuerpo cae (lo veo y no alcanza
la mirada a detener
tu mi / caída).
Los golpes resuenan sobre el mismo cuerpo.
Después
alguien hará un hilván
sobre la mano.
 
Se estiran los dedos el lápiz
avisan nuevo surco en las frentes
vías a la vista que cada uno
puede recorrer.

-Ayer la música no me dejaba dormir.
-Ni a mí.
Sin ton ni son
más bien el ruido mantenía despierta
la madrugada y la palma
guarda todavía
tu hilván.
 
Una pierna se rebeló y no ayuda
el pie se niega a seguir
se agarra al suelo
 
En la caminata
honda bajo la tierra

encuentro un botón
lo atesoro
y escuchamos, sordamente,
largamente
romanzas
(número 1 número 2
Beethoven).
 
Los hubiera querido abrazar más fuerte.
 
Leves en el país lejano.


Hacía calor

¿Viste cómo parpadeaba
el terrorista de la esquina?
Un guiño del ojo
del otro
cuando el pájaro justo
asaltó el cableado.

No andaba la luz.
La gente buscaba
a manotazos las tapas
clac clac clac.
Tan oscuro estaba
que no se sabía
cuál era el bueno.

No seas mala
le decía A a B
y B no salía
de su asombro.

No salís Cobarde.
Le gritó una
al terrorista.
No me digas terrorista
esa palabra me resulta
horrible. Me irrita.

Las erres hacían vibrar las paredes
torcidas.
Desarregladas diría el gracioso.

¿Qué?

Susana Szwarc (Quitilipi, Argentina, 1954), Sustento, inédito 

Más poemas de Susana Szwarc en Otra Iglesia Es Imposible
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Foto: Salta 21

sábado, febrero 24, 2024

Susana Szwarc / De "Ahora Bárbara dice:"




Ráfaga

Pero la sombra de la vela
mitiga el nombre. En su luz
se deletrea. Y como de un incendio
la red del alambrado se abre:

jardín de cuerpos
hasta mi ojo.


La gacela del emperador

Soy, a veces,
irreal, como  un fantasma que sale de sí mismo.
Bailo y río en sitios desconocidos
con esas mujeres –siempre-
más jóvenes que yo: incluso en mi infancia.

Ellas no son irreales 
porque están
donde están. Sin embargo hablamos,
reparto mis aspirinas y ellas 
mueven las cabezas
agradeciendo.

El dolor no las detiene
en su ir y venir entre perfumes
a algún sitio cercano
a desvestirse, a jadear,
a mostrar sus ojos,
las uñas rojas de los pies en cada extremo
de las habitaciones

¿No soy irreal para ellas?


Al borde

Un cliente cae 
al borde de la piedra, en  mi
escalera.
Yace completamente. (¡Tu cabeza,
 tu cabeza! ¡Mis vecinos!)
 
No está muerto –pienso,  
me alegro –porque se queja. 
No es grave, le digo: no se inundó
el rancho, no te torturan.

Sin embargo sale de su boca
un espanto tras otro
como si la piedra crujiera
de certezas. 

Y lo real que lastima
y el cuerpo en posición fetal.

Susana Szwarc (Quitilipi, Argentina, 1954)

Ahora Bárbara dice:, 
Polibea, 
Buenos Aires, 2023     









Poemas de Susana Szwarc en Otra Iglesia Es Imposible     

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Foto: El Litoral, Santa Fe, Argentina                                      

viernes, febrero 10, 2023

Susana Szwarc / de "Caracú"




Regalos
                                 Divertimento

Llueve, ¿y quién no sabe de aquellos
que andamos sobre las aguas?

En parte de una noche, las cosas
flotaron hacia mí. Me movía entre ellas,

¿Por qué a mí (por qué a mí )
esta fiesta de dones?

Se me enredaban en las manos, en los pies:
Un señalador de encaje veneciano.
Un collar de semillas, igualito 
al de las mujeres del desierto.

Y una derrota en su hacerse derrotero, tránsito.
La ausencia para bisbisear utopías o el amor
(en su absoluto), como decir un refugio
en un campo de refugiados.
La física transfigurada en palabras.

¿Sortilegios?  La pluma que vuela de Montale,
el rayo que juega al escondite entre las olas.

Y todavía un cuaderno, arañado, 
de tapa celeste, de hombre, decía Zulema
en lo sonoro de su risa y aclaraba: la mitad 
de tu mesa es de libros y el desparramo de hojas,
un riesgo. ¿Ocupar toda la mesa, que no haya
siquiera otra mitad para comer, dormir, leer el trance
de las risas?

La hombre en mí se mueve sobre las aguas, 
tantea los dados que no quiere. ¿Un barajar 
de reglas, ¿de juego? ¿Un cambiar de forma? 

Llueve.

 (Quitilipi, Argentina, 1954)

Caracú
,
Pixel Editora,
La Plata, 2021










Foto: Eurasia

martes, octubre 13, 2020

Susana Szwarc / Esperando a Stefan



















Miraba: dos tilos
(altísimos aquí
donde la gente
empequeñece cada día
un poco 
más).

Hace frío afuera.
En cambio
adentro,
en el café Sperl de 1880,
nos quitamos los abrigos,
los pulóveres y quedamos
como si fuera verano.
(Por fin entiendo el como si).

(Habíamos leído al costado
del Durero: en 1552 se talaron
los tilos y el tiro, libre.
Talar/tilos/tiro/ aliteraban sin saber
de, sin saber de un, de una, del
Sprachgitter  
del, de la, de una, de un
holocausto, por ejemplo, bonita con su diptongo.)

(Donde imponen actos, no entienden chistes
 ni al que los hace: llamar inconsciente 
a lo que bulle.)

Sin los anteojos, recuerdo
el silbido de su partida desde dentro de mi cabeza…
así, perpleja hoy, como quien pensó y halló y olvidó
Bostecé del esfuerzo.  Me tapé 
la boca que se abría
más grande que una jaula.
(Señor, señora, sheine frau,
fra fre fri fro.) Soñé  
niñas enjauladas
vestidas a cuadro vestidas a rejas y los
vestidos fru fru mientras afuera fru fru
adulan: barrio del bocado, del barro, del maten,
como si (como si)
decir muchas veces 
sin palabra, escurriera 
lo sentido. 

Eso le dije: no tiene sentido que no 
supieras
ni entonces.
Nadie (nadie) 
escuchó ni vio
en Viena, decía Augusto 
y yo le creí.
Le creí que había olvidado del mismo modo
que vos, que yo
y seguí caminando
-con Augusto-
hasta la casa de Freud.

Sus hermanas barrerían el festejo
de los años, las veredas de Viena. Mirá
qué limpias tus suelas, tus zapatos.
¿De ellas te acordás?
 
(Boca sucia, manos sucias, se agregó 
solo el lugar común. Se soltó la risa 
entre arañas iluminadas.)
(Parpadeo entre las manos sucias.)

 Cierran, abren. Cierran, abren
 ojos. Tanteo. 

Stefan me dice: ahora vas a ver.
Y deja los anteojos 
y deja los tilos
sobre el mármol tibio. Latente.

[Inédito]

Susana Szwarc (Quitilipi, Argentina, 1954)


miércoles, junio 19, 2013

Poemas elegidos, 36


Susana Szwarc
(Quitilipi, Chaco, 1954)

La mujer de Lot, de Wislawa Szymborska
Elegí un poema por el gusto de compartirlo. En el 97 “conocí” a la Wislawa Szymborska, gracias a que me regalaron la antología que había sacado Hiperión.
Me tocó especialmente, a tal punto que hoy la elijo a ella sobre aquellos que me marcaron, acompañaron, formaron. En  mil nueve sesenta y algo (en  la secundaria) llegó en el tren  que pasaba por el pueblo, un libro de tapa dura, la antología poética de Saint-John Perse de Fabril Editora (que sigue a mi lado). Y encuentro renglones marcados en "Anábasis", que copiaría (y copiaría). Y Pessoa, traducido por un joven Rodolfo Alonso, también de Fabril editora (tapa blanda).
Pero la Symborska, con esa forma de reírse en la tragedia misma, de mostrarnos las relaciones (de poder), así como el desconsuelo del cada uno, me hizo quererla.



La mujer de Lot

Miré atrás dicen que por curiosidad.
Pero, curiosidad aparte, pude haber tenido otras razones.
Miré atrás de pena por la fuente de plata.
Por descuido, mientras ataba la correa de mi sandalia.
Para no mirar más el cogote justo
de mi esposo, Lot.
Por la súbita certeza de que, si muriera,
ni siquiera se habría detenido.
Por la desobediencia de los sumisos.
A la escucha de la persecución.
Tocada por es silencio, esperando que Dios cambiara de parecer.
Nuestras dos hijas ya desaparecían detrás de la cima de la colina.

Sentí la vejez en mí. La lejanía.
La vanidad de la andadura. El sueño.
Miré atrás al poner el hatillo sobre el suelo.
Miré atrás por temor a dónde dar el paso.
En mi sendero aparecieron serpientes,
arañas, ratones, polluelos de buitres.
Ya ni lo bueno ni lo malo –simplemente, todo lo vivo,
reptaba y saltaba en pánico colectivo.
Miré atrás por mi soledad.
Por vergüenza de estar huyendo a hurtadillas.
Por ganas de gritar, de volver.
O quizás sólo cuando arreció el viento,
soltó mi cabello y me levantó el vestido.

Sentí que me miraban desde las murallas de Sodoma
y rompían en carcajadas sonoras, una y otra vez.
Miré atrás por rabia.
Para saciarme de su gran perdición.
Miré atrás por todas las razones arriba expuestas.
Miré atrás de forma involuntaria.
Fue sólo una piedra la que giró rugiendo bajo mi cuerpo.
Fue una grieta la que, de súbito, me cortó el camino.
En el borde un hámster se agitaba sobre sus dos patas.
Y fue entonces cuando ambos miramos atrás.
No, no. Yo seguí corriendo,
arrastrándome y levantando el vuelo,
hasta que la oscuridad cayó del cielo,
y con ella la gravilla ardiente y las aves muertas.
Por falta de aliento giré repetidas veces.
Quien lo viese habría pensado que bailaba.
No descarto que tuviera los ojos abiertos.
Es posible que me desplomara con el rostro vuelto hacia la ciudad.

Wislawa Szymborska (Kórnik, 1923-Cracovia, 2012)
Versión de Elzbieta Bortkiewicz

Foto: Susana Szwarc en Susana Szwarc

miércoles, abril 03, 2013

Susana Szwarc / Encuadre




Encuadre

-No queda ni una gota en el mundo- le digo
y él se desnuda completamente,
abre las ventanas y no es que quiera exhibirse,
es que la ropa le pesa
más que el cuerpo. O el infinito se le parte.

Lo veo haciendo un gesto,
llamar a otro, hablarle al cónsul (y
el cónsul, bajo el volcán, contento).
Ven pájaros dobles, fabulosos. Equivocan
sus nombres pero no matarían a los pájaros.
Ven el pubis de la mujer del cuadro,
los tienta, por eso se visten.
(¿Cómo recordaron la propia desnudez?)
(¿Cómo supieron bajar las escaleras, llegar
al lugar justo?).

La mujer del cabaret -tan distinta
a la del cuadro- se abraza a la barra
como a la resina de un árbol.

Los animales fabulosos engullen palabras
de carne. Y más bocados de tormenta.

Susana Szwarc (Quitilipi, Chaco, 1954), Bárbara dice: (Barbara dit:), edición bilingüe castellano-francés, Abra Pampa, París, 2013

Foto: Susana Szwarc por Daniel Grad en Latin.Log