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miércoles, marzo 16, 2022

Robert Hayden / Belsen, día de la liberación

                     
                         
                                             para Rosey

Sus padres y sus muñecas exterminados,
su infancia extinguida,
miraba a los soldados extranjeros desde
la ventana iluminada por el sol cuyos negros barrotes

eran cruces torcidas que entintaban
su pálido rostro. "Liebchen,
Liebchen, deberías estar acostada."
Pero ya no se sentía enferma.

Y porque aquel día era un día de fiesta
en el que hasta los muertos, al parecer,
debían levantarse, se le permitía quedarse
y ver a los dorados extranjeros que

eran Padre, Hermano y su propio sueño
de Dios. Después
dijo, "Eran tan maravillosos,
y no tenían miedo".

Robert Hayden (Detroit, Estados Unidos, 1913-Ann Arbor, Estados Unidos, 1980), "A Ballad of Remembrance" (1962), Collected Poems, Frederick Glaysher ed., Liveright, Nueva York, 1996
Versión de Jonio González.



Nota del Ad.: En las proximidades de la ciudad de Belsen, en el norte de Alemania, se instaló el campo de concentración de Bergen-Belsen durante la Segunda Guerra Mundial del siglo XX. Bergen-Belsen alojó prisioneros de guerra -entre ellos 20.0000 soviéticos- y deportados judíos. El campo fue liberado el 15 de abril de 1945 por tropas de la XI División del Reino Unido. Los ingleses encontraron 60.000 prisioneros desnutridos y enfermos de tifus, disentería, neumonía y tuberculosis. En los primeros meses de ese año, un brote de tifus había matado a más de 34.000 personas en el campo, pero otros miles llegaron en marzo y abril. Ana Frank, cuyo diario de más de dos años registró el ocultamiento con su familia en un edificio de Ámsterdam, murió en Bergen-Belsen entre enero y marzo de 1945


Belsen, day of liberation 

for Rosey

Her parents and her dolls destroyed,
her childhood foreclosed,
she watched the foreign soldiers from
the sunlit window whose black bars

Were crooked crosses inked upon
her pallid face. “Liebchen,
Liebchen, you should be in bed.”
But she felt ill no longer.

And because that day was a holy day
when even the dead, it seemed,
must rise, she was allowed to stay
and see the golden strangers who

Were Father, Brother, and her dream
of God. Afterwards
she said, “They were so beautiful,
and they were not afraid.”

viernes, septiembre 14, 2012

Robert Hayden / Aquellos domingos de invierno



Aquellos domingos de invierno

También los domingos mi padre se levantaba temprano
y se vestía en medio del frío negro azulado,
después, con manos agrietadas, doloridas
de trabajar a la intemperie, hacía
arder los rescoldos. Nadie nunca se lo agradeció.

Yo despertaba y oía el frío astillarse, quebrarse.
Cuando las habitaciones estaban caldeadas, me llamaba,
y lentamente me levantaba y vestía,
temiendo la ira crónica de aquella casa,

le hablaba con indiferencia, a él,
que había expulsado el frío
y lustrado tan bien mis mejores zapatos.
¿Qué sabía yo, qué sabía yo
del amor austero y los oficios solitarios?


Robert Hayden (Detroit, 1913–Ann Arbor, 1980), Collected Poems, Frederick Glaysher ed., Liveright, Nueva York, 1996
Versión de Jonio González                                  

Those Winter Sundays

Sundays too my father got up early 
and put his clothes on in the blueblack cold, 
then with cracked hands that ached 
from labor in the weekday weather made 
banked fires blaze. No one ever thanked him. 

I'd wake and hear the cold splintering, breaking. 
When the rooms were warm, he'd call, 
and slowly I would rise and dress, 
fearing the chronic angers of that house,

speaking indifferently to him, 
who had driven out the cold 
and polished my good shoes as well. 
What did I know, what did I know 
of love's austere and lonely offices?

Foto: Robert Hayden por Jill Krementz Michigan Today. Universidad de Michigan