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jueves, junio 20, 2024

Robert Duncan / Este sitio del que se rumorea que fue Sodoma




Este sitio, del que se rumorea que fue Sodoma, pudo haberlo sido.
Cierto, estas cenizas pudieron haber sido placeres.
Los peregrinos en camino hacia los Santos Lugares notan
este sitio. Tan claro como que ahí está la nariz en tu cara,
estos montículos son palacios. Esto fue antaño una ciudad
entre los hombres, una reunión de espíritu.
El Señor la midió y comprobó su mengua.

El Señor la midió y comprobó su mengua,
destruida fue por los ángeles que moran en el ansia.
Seguro que esta es la Gran Sodoma donde gritos como
si los hombres fueran pájaros que se remontan desde la ciénaga
resuenan en nuestros oídos, donde miedos de los que una vez
     fueron deseos
vagan, casi espectaculares,
acechando por los círculos desolados, rojos los ojos.

Este sitio, del que se rumorea que fue una Ciudad, fue sin duda
separada de nosotros por la mano del Señor.
Los devotos han trazado jardines en el desierto,
trayendo agua de manantiales donde la luz fue nublada.
Con cuánta ternura deben asistir a estas amistades
o todo está perdido. Todo está perdido.
Sólo los fieles mantienen verde este sitio.

Sólo los fieles mantienen verde este sitio,
donde la corona de espinas ardientes desciende.
Hombres que antaño se entregaron a la lujuria, ahora 
     son indiferentes. Un espíritu
envuelto en una nube, cenizas más que cenizas,
fuego más que fuego, asciende.
Sólo estos nuevos amigos se congregan jubilosos aquí,
donde el mundo como la Gran Sodoma yace bajo el miedo.

El mundo como la Gran Sodoma yace bajo el amor
y no conoce la mano del Señor que mueve.
Esto enseñan los amigos donde gritos
como si los hombres fueran pájaros se remontan de las muchedumbres
reunidas y aullantes al calor del sol.
En el Señor a Quien los amigos han llamado por fin Amor
las imágenes y el Amor de los amigos no muere jamás.

Este sitio del que se rumorea que fue Sodoma, es bendito
a ojos del Señor.

[1960]

Robert Duncan (Oakland, Estados Unidos, 1919 - San Francisco, Estados Unidos, 1988), Poetas norteamericanos contemporáneos, Ediciones Librerías Fausto, 1976
Traducción de de E.L. Revol

Más poemas de Robert Duncan en Otra Iglesia Es Imposible


This place rumord to have been Sodom 

might have been.
Certainly these ashes might have been pleasures.
Pilgrims on their way to the Holy Places remark
this place. Isn’t it plain to all
that these mounds were palaces? This was once
a city among men, a gathering together of spirit.
It was measured by the Lord and found wanting.
 
It was measured by the Lord and found wanting,
destroyd by the angels that inhabit longing.
Surely this is Great Sodom where such cries
as if men were birds flying up from the swamp
ring in our ears, where such fears that were once
desires walk, almost spectacular,
stalking the desolate circles, red eyed.
 
This place rumord to have been a City surely was,
separated from us by the hand of the Lord.
The devout have laid out gardens in the desert,
drawn water from springs where the light was blighted.
How tenderly they must attend these friendships
or all is lost. All is lost.
Only the faithful hold this place green.
 
Only the faithful hold this place green
where the crown of fiery thorns descends.
Men that once lusted grow listless. A spirit
wrappd in a cloud, ashes more than ashes,
fire more than fire, ascends.
Only these new friends gather joyous here,
where the world like Great Sodom lies under fear.
 
The world like Great Sodom lies under Love
and knows not the hand of the Lord that moves.
This the friends teach where such cries
as if men were birds fly up from the crowds
gatherd and howling in the heat of the sun.
In the Lord Whom the friends have named at last Love
the images and loves of the friends never die.
This place rumord to have been Sodom is blessd
in the Lord’s eyes.

Selected Poems. Copyright © 1993 Robert Duncan. New Directions Publishing Corporation

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martes, enero 29, 2019

Robert Duncan / "El séptimo sello" de Ingmar Bergman

















He aquí cómo es. Vemos
tres edades en una: el niño Jesús
inocente de Jerusalén y Roma
-mágicamente a su gusto en la alegría-;
este es el año del cual
nuestra sustancia interior extrae su fuerza.

La segunda, que Bergman nos muestra,
lleva imágenes tras imágenes
de angustia, del Cristo crucificado
y emana de las llagas abiertas de la peste
(mostradas como heridas en su cadáver)
de laceraciones en la ruta del amor
(la corona de cuyo reino desgarra la carne)

¡... Hay tanto sufrimiento!
¿Qué puede protegernos
del vacío, el llanto desamparado,
la total dependencia, el vértigo?
¿Por qué llegan tantos a los márgenes del amor
sólo para quedar varados allí?

El segundo rostro de Cristo, su
mal, su Otro extenuado, dolor y pecado.
¡Cristo, qué contagio!
¡Qué hedor difunde en torno

de nuestra edad! ¡Es nuestra edad!
Y la furia de la tormenta está afuera.
La perversa estupidez de los hombres de estado reina.
Los viejos caballeros corren a través de los bosques
     gritando: ¡el viento! ¡el viento!
Ahora el negro horror vuelve nuevamente.

Y yo me arrojaré por tierra
como el payaso del Séptimo Sello de Bergman,
encogido como si durmiera con la mujer y el hijo,
oculto en el carro bajo la tempestad.

Deja pasar al Angel de la Cólera.
Deja que llegue el fin.
Guerra, estupidez y miedo son poderosos.
Somos solamente niños. ¡A la cama! ¡A la cama!
     ¡A jugar al reparo!

A arrojarnos por tierra
indefensos, en la felicidad,
         en una edad nuestra, en
         nuestros propios días.

Allí donde la Peste ruge,
donde van los vacíos caballeros del horror.

Robert Duncan (Oakland, Estados Unidos, 1919-San Francisco, Estados Unidos, 1988), Alberto Girri, 15 poetas norteamericanos. Segunda serie, Editorial Bibliográfica Omeba, Buenos Aires, 1969

Poetry Foundation - Poets Org - Los Angeles Times Review of Books - Alpialdelapalabra - Ginebra Magnolia
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Foto: Robert Duncan © Allen Ginsberg vía CORBIS/Poetry Foundation

viernes, agosto 15, 2014

Robert Duncan / Sol de agosto











Dios del calor ocioso, en este deslumbrante camino
                todo lo dominas.
Y sobre los verdes campos marchitados
                por tu alma, estas
sedientas, indóciles plantas desarrollan una doméstica jungla
                para proteger sus frutos.
Canto a todas las cosas ocultas, esperando
                la gracia de la noche.

Robert Duncan (Oakland, Estados Unidos, 1919 - San Francisco, Estados Unidos, 1988),  Alberto Girri, 15 poetas norteamericanos. Segunda serie, Editorial Bibliográfica Omeba, Buenos Aires, 1969