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domingo, diciembre 20, 2020

René Ménard / La bien amada

























La tarde no ha cerrado sus párpados de arcilla.
Aunque lejana, aunque desarmada, tú velas
Todo este cielo extraño se sostiene en tu rostro
Tú pronuncias en mí las palabras más simples
Los hombres, los caminos, las casas y los campos,
Y retienes en ti lo que importa a mis ojos
Con el único paso que hace amar a la tierra
Trazas este poema de pasos donde el río
Se inscribe, y el potrillo, el manzano devueltos,
El azar, mas que el suave plumón justificado
Cuando fielmente para nuestra vida lo tejes
Aun en el horizonte la presencia de un árbol
Muestra válidamente el cielo y sus raíces
Beben negrura... Pero de sus hojas diría
Que ellas son los cabellos perfumados que llevas
Por debajo del cielo y encima de la tierra.

                                         Architecte de la Solitude, 1970

René Ménard (París, 1908-Fontainebleau, Francia, 1980), Poetas franceses contemporáneos, selección, versiones y notas de Raúl Gustavo Aguirre, Ediciones Librerías Fausto, Buenos Aires, 1974


Imgen: Portada del cuaderno de poesía que confeccionaban prisioneros del Campo de Soest, Alemania, en 1942, entre ellos Ménard. Con el sello de la censura interna Wikimedia Commons

Nota: no se encontraron fotos ni retratos de René Ménard en la Web.

domingo, junio 02, 2013

Poemas elegidos, 2


Rodolfo Alonso
(Buenos Aires, 1934)

El español en el cabaret, de René Ménard
Ni lo pensé. A este poema, a la versión de Aguirre de este poema de René Ménard (1908-1980), los llevo muy adentro en mi memoria desde que lo descubrí, en un número de Poesía Buenos Aires. Después de René Char, Ménard era el poeta francés contemporáneo más afín a Raúl. Y fue en su casa que lo conocí, llegando a ser amigos. Por eso recibí la mayoría de sus libros. Y sin embargo, aunque lo busqué y rebusqué sin cesar, allí y por otros medios, nunca logré toparme con el ansiado original francés. Y sin embargo, estas palabras sin duda relacionadas con el cante jondo que desde antes de saberlo me tentó, y cuyo texto primigenio no logré hasta ahora conseguir, se me vuelve una y otra vez evidencia viva de lo que intuyo es la poesía: palabra encarnada. Palabras secas, cortantes, precisas, conmovedoras, entrañables, bellísimas, de un duende tan flagrante e inefable como el que llega a rozar el cante alto, el cantaor hecho pura voz, sin otra música. Eso a lo que un título de Duke Ellington supo aludir, tan cabalmente, de una vez y para siempre: “Nada tiene sentido si le falta swing.”
                                                                                                                 Olivos, mayo 27 de 2013


El español en el cabaret

Hombre
Al exceso de ser hombre
A la autoridad de ser hombre
Tú dedicas tu canto

Rostro de filigrana de ruinas
La herramienta ruda de tu voz
Separa de los guijarros
Rostros que te contemplan

Y ronca un planeta negro
En la lumbre en el vino
Cuando tu guitarra
Vuelve a tu puño.

René Ménard (París, 1908-Fontainebleau, 1980)
Versión de Raúl Gustavo Aguirre

domingo, febrero 19, 2012

René Ménard / He aquí que tus cabellos...




He aquí que tus cabellos...

He aquí que tus cabellos han venido a significar
La demente claridad humana bajo mi lámpara,
¡Y de que todos estos libros huelan al cielo o al aceite
Tú te burlas, oh mi bien amada!
Perfumada, animada por tus movimientos más íntimos
¡y es esta compañia toda la luz del sol!

Aun en la noche
Tú tienes la insolencia y los gritos del alba,
La desnudez del rocío,
Una infancia de hierbas en tu piel...
¿Qué pueden sobre ti las cenizas de los muertos?

Tú que rechazas las palabras
Con los zafiros de tus ojos,
La sonrisa de tus rizos
Aquí despierta el eco de una extraña tristeza,
Y las pálidas construcciones del alma
Me tiemblan en la sangre.

de Architecte de la solitude, 1970

René Ménard (1908-1980), Raúl Gustavo Aguirre, Poetas franceses contemporáneos, Ediciones Librerías Fausto, Buenos Aires, 1974

Voice que tus cheveux..

Voice que tes cheveux son venus signifier
La folle lumière humaine sous ma lampe,
Et que touts ces livres sentent le ciel o l'huile
Tu t'en moques ô ma bien-aimée!
Odorante, tout animée pour tes mouvements intimes,
Et cette compaigne tout le jour du soleil!

Même dans la nuit,
Tu as l'insolence et les cris de l'aurore,
La nudité de la rosée,
Une enfance de feuillage sur tu peau..
Que peuvent sur toi les cendres de ces morts?

Toi que refuses mes paroles 
Par tous les saphirs de tes yeux.
La rire de tes boucles
Éveille ici l'échec d'une étrange tristesse,
Et les pâles constructions de l'âme
Me tremblent dans la sang.


Ilustración: Hilos de telégrafo, 1921, Alexander Kanoldt