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jueves, mayo 02, 2019

R. F. Langley / A un ruiseñor













Nada en el camino. Sino
pétalos, quizás. Rosa detrás
y blanco por dentro. Nada sino
el tajamar de un puente. Sordinas 
en los ladrillos, duros como masilla,
después, al sol, como metal.
Musgos de Grimmia, peludos,
plateados, con sus frutos secos
desenrollados. Ácaros rojos ruedan
sobre el liquen achicharrado
y lo que parece casual
suelo, moscardas, Helinas,
Phaonias, ¿serán?
Este mes el limón, diré
color prímula, polillas, que desaparecen
en el seto y luego vuelven
para esconderse, son Conchas amarillas no
Chenopodiatas. Vacilación de líneas.
Camptogrammas. Calentamiento del
camino e insignificancia de los nombres.
Scotopteryxs. Disgonias el
aleteo. Duplica y borra el
margen. Fosco y blanco. Detenido
ante nada. Detenerse aquí ante
nada, como un pinzón que canta
sin parar, todo el día.
Un avetoro. El arrullo de dos
tórtolas. Voces, y algunas que
vibran con ternura. No
digo nada de esto por amor. Es
la adecuación de cualquiera. Es
el quelque chose de cualquiera.
No es asunto mío. Bichos que
deambulan. Orugas que se enroscan
como signos de pregunta. Entonces
una nota, cinco veces, cada vez más
fuerte, sigue, luego de una tensa
pausa, por el suave chillido de
guijarros mojados, que podría llamar
un sonido glotal. Estoy
vacío, parado ante nada, mientras
espero que esta canción comience.
El camino se eleva cuando
pasa por el manzano y
se acerca al puente.

Robert Francis Langley (Rugby, Inglaterra, 1938-Suffolk, Inglaterra, 2011) Complete Poems, Carcanet Press, Manchester, 2015
The Guardian, mayo 16, 2016
London Review of Books nov. 18, 2010

Versión de © Silvia Camerotto

Ref.:
The Carcanet Blog
Wild Court
The Poetry Archive
Jacket2

Foto: Carcanet Press

To a Nightingale

Nothing along the road. But
petals, maybe. Pink behind
and white inside. Nothing but
the coping of a bridge. Mutes
on the bricks, hard as putty,
then, in the sun, as metal.
Burls of Grimmia, hairy,
hoary, with their seed-capsules
uncurling. Red mites bowling
about on the baked lichen
and what look like casual
landings, striped flies, Helina,
Phaonia, could they be?
This month the lemon, I’ll say
primrose-coloured, moths, which flinch
along the hedge then turn in
to hide, are Yellow Shells not
Shaded Broad-bars. Lines waver.
Camptogramma. Heat off the
road and the nick-nack of names.
Scotopteryx. Darkwing. The
flutter. Doubles and blurs the
margin. Fuscous and white. Stop
at nothing. To stop here at
nothing, as a chaffinch sings
interminably, all day.
A chiff-chaff. Purring of two
turtle doves. Voices, and some
vibrate with tenderness. I
say none of this for love. It
is anyone’s giff-gaff. It
is anyone’s quelque chose.
No business of mine. Mites which
ramble. Caterpillars which
curl up as question marks. Then
one note, five times, louder each
time, followed, after a fraught
pause, by a soft cuckle of
wet pebbles, which I could call
a glottal rattle. I am
empty, stopped at nothing, as
I wait for this song to shoot.
The road is rising as it
passes the apple tree and
makes its approach to the bridge.

  -- London Review of Books/Carcanet Press

miércoles, abril 24, 2019

R. F. Langley / La pieza nocturna













Las jaulas están cerradas. Alguien
cacarea en la de los gansos
por el accionar de los monstruos.
En la cocina blanca pego un
salto y me friego las manos.
Ni una sola huella allí
afuera en la nieve iluminada por la luna.
Luego miro oblicuamente. Luego sé.
Miles de pequeños manifiestos
donde sea que vayan los ratones azules.

Limpio el piso y corto el pasto. Alguien se suena la
nariz frente a los gansos de guardia.
Cruzo el agua hasta la próxima entrega
tenebrosa, silbando
entre los dientes, buscando en la paja
y en la estrategia y en todo ese
interminable esto y aquello. Acto seguido
las réplicas corren enérgicamente
por las vigas. Apago
mi linterna y observo los ojos que brillan.

Debo hacer una entrada en caso de que haya
un mensaje. La hago dos veces.
La gansa espera, estricta
en su odio, en el establo. Alza
su pico y los ratones
muestran dos incisivos cada uno.
Ciertas verdades estorban el rincón
del alféizar, pero Júpiter
se refleja en el vidrio. O una
lámpara que vaga por el camino.

Prueba con el grifo de afuera, pero
no mantengas la respiración.
El aire grueso se volvió fino.
Escúchame. Poco
es seguro. Un ratón dispara
una trampera. Masajeo piel lisa mientras
salen los granos.
Cuanto más angosto el espacio
entre cortinas, más
vívida la punta del alfiler.

Cronos le cuelga hierro
al cuello del viejo olmo. El árbol más oscuro
se coloca estrellas alrededor de su cabeza.
La gansa es el único romano
que queda. Desfila de una punta a la otra
concentrada en la punta de su pico.
¿Por qué debe un guardia
estar tan desposeído? Si yo dijera
"¡Bo!" cada pulgada muerta del
patio chillaría.

Exactamente. El pestillo se cierra. Ahora
el viajero podría pasar, pero le
place apoyarse sobre su cetro.
El metal se abraza a la madera extenuada.
El oporto acarrea el sabor de la vasija.
La valija huele a queso. La gansa
se frena, congelada, al final de
su sombra. Ponte de pie y hazlo.
Los ratones entran en delirio mientras
luchan en el pasto ensordecedor.

Robert Francis Langley (Rugby, Inglaterra, 1938-Suffolk, Inglaterra, 2011). La isla tuerta. 49 poetas británicos (1946-2006), Lumen, Barcelona, 2009
Selección, traducción, prólogo y notas de Matías Serra Bradford

Ref.:
The Guardian
London Review of Books
Poetry Foundation

Foto: Tony Frazer/The Guardian