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jueves, marzo 13, 2025

Czeslaw Milosz / Canción sobre el fin del mundo



El día del fin del mundo
La abeja gira encima de la flor de capuchina
El pescador repara una red brillante.
En el mar los delfines saltan alegres,
Los gorriones jóvenes se agarran del canalón
Y la serpiente tiene piel dorada, como la debe tener.

El día del fin del mundo
Las mujeres cruzan el campo bajo las sombrillas,
Un borracho se duerme a la orilla del césped,
En la calle pregonan los verduleros
Y una lancha con vela amarilla llega a la isla,
El son del violín en el aire persiste
Y abre la noche estrellada.

Y quienes esperaban relámpagos y truenos
Están decepcionados.
Y quienes esperaban señales y trompetas de arcángeles
No creen que esté sucediendo ya.
Mientras el sol y la luna están arriba,
Mientras el abejorro visita a la rosa,
Mientras nacen los niños rosados,
Nadie cree que esté sucediendo ya.

Sólo un viejito cano, que hubiera sido profeta,
Pero no es profeta porque tiene otro quehacer,
Dice amarrando los tallos de tomates:
No habrá otro fin del mundo,
No habrá otro fin del mundo.

Czeslaw Milosz  ( Šeteniai, Lituania, 1911- Cracovia, Polonia, 2004), Material de Lectura n° 108, selección y traducción  de Jan Zych, Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), México, 2011

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Foto: Czeslaw Milosz, Milán, Italia, 1993 Leonardo Cendamo/ Getty Images

miércoles, febrero 26, 2025

Wislawa Szymborska / Dos poemas



Rehabilitación

Aprovecho el más antiguo derecho de la imaginación
y por primera vez en la vida convoco a los muertos,
observo sus rostros, escucho sus pasos,
aunque sé que el que ha muerto ha muerto de verdad.

Ya es hora de tomar nuestra propia cabeza entre las manos
y decirle: pobre Yorick, ¿dónde está tu ignorancia,
dónde tu confianza ciega, dónde tu ingenuidad,
tu ya-saldrá-de-alguna-forma, el equilibrio de tu alma
entre la verdad comprobada y la no comprobada?

Creí en su traición, creí en que no merecen nombre
ya que la mala hierba se burla de sus desconocidas tumbas
y los imitan los cuervos y las nevascas se mofan de ellos
—pero éstos fueron, Yorick, sólo falsos testigos.

La eternidad de los muertos dura
mientras se les paga con memoria,
moneda inestable. Y no hay día
en que alguien no pierda su eternidad.
Hoy de la eternidad sé aún más:
se puede dar y quitar.
Al que se ha llamado traidor
tiene que morir junto con su nombre.
Pero nuestro poder sobre los muertos
exige una balanza imperturbable:
para que el juicio no se haga de noche
y para que el juez no esté desnudo.

La tierra hierve y ellos, que ya son tierra,
se levantan, terrón tras terrón, puñado a puñado,
salen del silencio, vuelven a sus nombres,
a la memoria del pueblo, a los laureles y aplausos.

¿Dónde está mi poder sobre las palabras?
Las palabras cayeron al fondo de las lágrimas,
palabras, palabras incapaces de resucitar a la gente,
descripción muerta como una fotografía junto al resplandor del magnesio.
Y ni siquiera a un mínimo aliento los puedo despertar
yo, Sísifo asignado al infierno de la poesía.

Vienen hacia nosotros. Y filosos como diamantes
—en las vitrinas brillosas por enfrente,
en las ventanas de acogedores departamentos,
en los lentes rosados, en los vasos,
cerebros, corazones— calladamente van cortando.                                                                                    

Llamando al Yeti, 1957

                                                                                            [GB]

El odio

Miren qué buena condición sigue teniendo
qué bien se conserva
en nuestro siglo el odio.
Con qué ligereza vence los grandes obstáculos.
Qué fácil para él saltar, atrapar.

No es como otros sentimientos.
Es al mismo tiempo más viejo y más joven.
Él mismo crea las causas
que lo despiertan a la vida.
Si duerme, no es nunca un sueño eterno.
El insomnio no le quita la fuerza, se la da.

Con religión o sin ella,
lo importante es arrodillarse en la línea de salida.
Con patria o sin ella,
lo importante es arrancarse a correr.
Lo bueno y lo justo al principio.
Después ya agarra vuelo.
El odio. El odio.

Su rostro lo deforma un gesto
de éxtasis amoroso.

Ay, esos otros sentimientos,
debiluchos y torpes.
¿Desde cuándo la hermandad
puede contar con multitudes?
¿Alguna vez la compasión
llegó primero a la meta?
¿Cuántos seguidores arrastra tras de sí la incertidumbre?
Arrastra solo el odio, que sabe lo suyo.

Talentoso, inteligente, muy trabajador.
¿Hace falta decir cuántas canciones ha compuesto?
¿Cuántas páginas de la historia ha numerado?
¿Cuántas alfombras de gente ha extendido,
en cuántas plazas, en cuántos estadios?

No nos engañemos,
sabe crear belleza:
espléndidos resplandores en la negrura de la noche.
Estupendas humaredas en el amanecer rosado.
Difícil negarle patetismo a las ruinas
y cierto humor vulgar
a las columnas vigorosamente erectas entre ellas.

Es un maestro del contraste
entre el estruendo y el silencio,
entre la sangre roja y la blancura de la nieve.
Y ante todo, jamás le aburre
el motivo del torturador impecable
y su víctima deshonrada.

En todo momento, listo para nuevas tareas.
Si tiene que esperar, espera.
Dicen que es ciego. ¿Ciego?
Tiene el ojo certero del francotirador
Y solamente él mira hacia el futuro
con confianza    
                                                                     
Fin y principio, 1993
                                                                     [GB]

Wislawa Szymborska (Kórnik, Polonia, 1923-Cracovia, Polonia, 2012),Poesía no completa, edición y traducción de Gerardo Beltrán y Abel A. Murcia, Fondo de Cultura Económica, Ciudad de México, 2014

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domingo, febrero 09, 2025

Wislawa Szymborska / Museo


Hay platos, pero no hay apetito.
Hay alianzas, pero no amor correspondido
desde hace al menos trescientos años.

Hay un abanico, ¿dónde está el rubor?
Hay espadas, ¿dónde está la ira?
Y el laúd ni siquiera suena al alba.

A falta de eternidad, han reunido
diez mil cosas viejas.
El mohoso portero dormita apaciblemente,
sus bigotes cuelgan por encima del escaparate.

Los metales, la arcilla, una pequeña pluma de pájaro,
triunfan, callados, en el tiempo.
Sólo se ríe la aguja de la risueña de Egipto.

La corona sobrevivió a la cabeza.
La mano perdió contra el guante.
El zapato derecho venció al pie.

En cuanto a mí, créanme, vivo.
Mi carrera contra el vestido aún continúa.
Y ¡qué terquedad la suya!
Y ¡qué deseos de sobrevivir!

                                                           [AM]

Wislawa Szymborska (Kórnik, Polonia, 1923-Cracovia, Polonia, 2012),"Sal" [1962], Poesía no completa, edición y traducción de Gerardo Beltrán y Abel A. Murcia, Fondo de Cultura Económica, Ciudad de México, 2014

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Foto: Wislawa Szymborska, Cracovia, 2009 Janek Skarzynski/France-Presse/Getty Images

viernes, julio 12, 2024

Czeslaw Milosz / Dos poemas




Un pobre cristiano observa el ghetto

Las abejas construyen alrededor del hígado rojo,
Las hormigas construyen alrededor del hueso negro,
Comienza el despedazamiento, el pisoteo de las sedas,
Comienza la ruptura del vidrio, de la madera, del cobre, del
 níquel, de la plata, de las espumas
Del yeso, de la hojalata, de las cuerdas, de las trompetas,
 de las hojas, de las bolas, de los cristales —
¡Tric! El fuego fosforescente de las paredes amarillas
Traga el pelo humano y animal.

Las abejas construyen alrededor del panal de los pulmones,
Las hormigas construyen alrededor del hueso blanco, 
Se despedaza el papel, el caucho, el lienzo, el cuero, el lino,
Las fibras, las materias, la celulosa, el cabello, la piel de
 serpiente, los alambres,
En las llamas se derrumban el techo y la pared, el ardor
 abraza los cimientos. 
Ya sólo queda la tierra arenosa, pisoteada, con un árbol
Sin hojas.
Lentamente, perforando un túnel, avanza el topo guardián
Con una pequeña lámpara enganchada en su frente. 
Toca los cuerpos enterrados, los cuenta, sigue avanzando,
Distingue la ceniza humana por su vapor irisado, 
La ceniza de cada hombre por su color distinto en el arco
 iris.

Las abejas construyen alrededor de la huella roja, 
Las hormigas construyen alrededor del sitio que quedó de
 mi cuerpo.
Tengo miedo, tengo tanto miedo del topo guardián. 
Sus párpados están hinchados como los de un patriarca 
Que se sentaba a menudo a la luz de las velas 
Leyendo el gran libro de la especie. 
A él ¿qué le diré yo, judío del Nuevo Testamento, 
Que desde hace dos mil años estoy esperando el regreso 
...de Jesús?
Mi cuerpo roto me entregará a su mirada
Y él me contará entre los ayudantes de la muerte:
Los incircuncisos


No más

Debo decir algún día cómo cambié
De opinión sobre la poesía y cómo sucedió
Que hoy día me considero uno de los innumerables
Mercaderes y artesanos del Imperio del Japón
Que componen poemas sobre el florecer de los guindos,
Sobre los crisantemos y la luna llena.

Si yo pudiera describir cómo las cortesanas de Venecia 
En el patio con un mimbre excitan a un pavo real,
Y sacar de la tela de seda, de la faja de perlas 
Sus senos pesados y la huella rojiza
Que la abrochadura del vestido marcó sobre su vientre, 
Así por lo menos como lo ha visto el capitán de los 
    galeones
Que llegaron aquella mañana con una carga de oro;
Y si a la vez pudiera yo sus pobres huesos
En el cementerio, donde el mar grasiento lame al portón,
Encerrar en una palabra más duradera que su último peine
Que en el humus bajo la losa, solo, espera la luz,

Entonces no perdería la esperanza. De la materia resistente
¿Qué es lo que se puede recoger? Nada, a lo sumo la 
    hermosura.
Y tiene que bastarnos entonces con las flores de los guindos
Y con los crisantemos y con la luna llena.

1957, Montgeron

Czesław Milosz (Szetejnie, Lituania, 1911-Cracovia, Polonia, 2004), Czeslaw Milosz, selección, traducción y nota introductoria de Jan Zych, Material de Lectura n° 108, Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), 2011

Más poemas de Czeslaw Milosz en Otra Iglesia Es Imposible
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domingo, mayo 26, 2024

Jadwiga Malina / Guerras y señales



Nunca llegaron de repente. A algunas
las precedieron cometas, 
a otras terneros con dos cabezas.
Esas señales agriaron la leche,
hicieron que dolieran dientes y oídos.
Tantas manzanas en los huertos como semillas de amapolas,
como hongos en los bosques,
como golondrinas volando, gatos en los tejados.
Y sólo nacen niños. Por millares.
Con ojos y frentes brillantes. De uniforme.
Y luego llega el silencio. El gran silencio.
Por el sendero caminan ancianas. La nieve cae sobre ellas.

Jadwiga Malina (Cracovia, Polonia, 1974), Solstice Literary Magazine, primavera de 2023
Traducción del polaco al inglés, Joanna Banach
Versión del inglés al castellano, Jonio González


WARS AND SIGNS

They never came suddenly. Some
Were preceded by comets, 
others by two-headed calves.
Those signs made milk go sour,
Made teeth and ears hurt.
Apples in orchards as many as poppy seeds,
As mushrooms in forests,
As swallows in flight, cats on rooftops.
And only boys are born. By thousands.
With bright eyes and foreheads. In uniforms.
And then silence comes. The great silencing.
Old women walk the road. Snow falls on them.

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Foto: Pisarze, Polonia

viernes, enero 26, 2024

Wislawa Szymborska / Reseña de un poema jamás escrito



En las palabras iniciales de la obra
la autora sostiene que la tierra es pequeña,
en cambio el cielo es grande hasta la exageración,
y en él hay, cito literalmente, "más estrellas de lo debido".

La descripción del cielo denota perplejidad,
la autora se pierde en espacios sobrecogedores,
la inercia de tanto planeta la impacta
y, acto seguido, en su mente (imprecisa, justo es decirlo)
comienza a formularse la pregunta:
¿estamos solos
bajo la capa del sol y de todos los soles del universo?

¡A pesar del cálculo de probabilidades!
¡Y de la convicción hoy universalmente compartida!
¡En contra de las irrefutables pruebas que de un momento a otro
caerán en poder del hombre! ¡Ay, la poesía!

Por de pronto nuestra vate vuelve a ser tierra,
planeta que puede "seguir su curso sin testigos"
la única "ciencia ficción que el cosmos puede permitirse".
La desesperación de Pascal (1623-1662, la nota es mía),
según la autora, no halla rival
en ninguna, digamos, Andrómeda ni Casiopea.
La exclusividad magnifica y obliga,
de ahí el problema acerca de cómo vivir, etcétera,
puesto que "el vacío no lo solucionará por nosotros".
"Dios mío", clama el hombre a Sí Mismo,
"ten piedad de mí, ilumíname"…

Atormenta a la autora la idea de una vida derrochada,
como si la vida contara con reservas sin fondo.
De las guerras, siempre -en su provocadora opinión-
derrotas de ambos bandos.
De la "brutestatalidad" (sic) de la gente para con la gente.
La obra exhala una intención moralista que
en pluma menos ingenua tal vez hubiera resultado luminosa.

Por desgracia, no es así. La tesis, tremendamente osada
(¿acaso estamos solos
bajo la capa del sol y de todos los soles del universo?),
está planteada con un estilo descuidado
(una mezcla de sublimidad y lenguaje cotidiano),
que abre un interrogante: ¿a quién convencerá?
A nadie, seguro. Con lo dicho basta.

El gran número, 1976

Wislawa Szymborska (Kórnik, Polonia, 1923-Cracovia, Polonia, 2012), Biblioteca Ignoria, 19 de enero de 2024
Traducción: Jerzy Slawomirski y Ana María Moix

Más poemas de Wislawa Szymborska en Otra Iglesia Es Imposible

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Foto: Wislawa Szymborska, Cracovia, 1997 Wojtek Laski/Getty Images

viernes, noviembre 03, 2023

Aleksander Wat / Ser un ratón



Ser un ratón. Preferiblemente un ratón de campo. 
O un ratón de jardín, nunca de esos que viven en las casas.
¡Los hombres despiden un olor abominable!
Todos lo sabemos: los pájaros, las ladillas, las ratas.
Producen asco y miedo.
Estremecimiento.
Alimentarse de flores de glicinas, de corteza de palmera,
desenterrar raíces del suelo frío y húmedo
y bailar después de una noche fresca. Mirar la luna llena,
reflejar en los propios ojos la brillante luz
de la agonía lunar.
Hacer una madriguera provisoria cuando el cruel
viento del norte
me busque con sus fríos y flacos dedos
para estrujar mi pequeño corazón
bajo el filo de sus zarpas,
un cobarde corazón de ratón:
un cristal palpitante.

Aleksander Wat (Varsovia, 1900 - Antony, Francia, 1967), Postwar Polish Poetry, University of California Press, Los Ángeles, 1983
Traducción del polaco al inglés, Czeslaw Milosz
Versión del inglés al castellano, Jonio González


Foto: Aleksander Wat, Berkeley, 1964 Wojciech Karpinski
 

TO BE A MOUSE 

To be a mouse. Preferably a field mouse. Or a garden mouse –
but not the kind that live in houses.
Man exhales an abominable smell!
We all know it – birds, crabs, rats.
He provokes disgust and fear.
Trembling.
To feed on wisteria flowers, on the bark of palm trees,
to dig up roots in cold, humid soil
And to dance after a fresh night. To look at the full moon,
to reflect in one's eyes the sleek light of lunar
Agony.
To burrow in a mouse hole for the time when wicked Boreas
will search for me with his cold, bony fingers
in order to squeeze my little heart under the blade of his claw
a cowardly mouse heart –
A palpitating crystal.

martes, febrero 21, 2023

Konstanty Puzyna / De las ciencias ocultas del maestro B.B.




Un poema son hierbas prensadas.
Hay vida en ellas para extraer su espeso jugo
primero hay que masticarlas cuando aún están frescas.
Debes exprimirlas entre los dedos carcomerlas a tu modo
hasta que queden como una bolita de pan
lo cual también te está permitido hacer incluso
en un campo de concentración.

Envuelve la bolita en las palabras comunes de un periódico
protectoras del hábil objeto fácil de transportar
en un frasco de aspirinas en un paquete de cigarrillos.
Lo esconderás baja el forro tras una tabla del barracón
y cuando con el látigo te descosan las huellas de los bolsillos
podrás guardarlo en la punta de la lengua
para después entregárselo repentinamente a alguien
para que lo esconda.

Donde no se tiene en cuenta ni los crímenes ni los ascensos
donde los logros mañana serán objeto de puja
donde murió la filosofía donde se apagó el infierno
y las películas y las novelas son cosa de la industria
donde la crítica es una puta la pintura se ha vuelto ciega
quizá un poema sea lo único
que tenga alguna posibilidad.

Konstanty Puzyna (Varsovia, 1929-Augustow, Polonia, 1989), Guijarros, Huerga & Fierro, Madrid, 1997
Traducción de Fernando Presa González
Envío de Jonio González


Foto: Konstanty Puzyna, 1972 Andrzej Pisarski/FOTONOVA/Wyborcza

domingo, noviembre 20, 2022

Czesław Miłosz / Cafetería




De aquella mesita en la cafetería
Donde en los mediodías de invierno brillaba un jardín de
 escarcha,
He quedado yo solo.
Podría entrar allí, si lo quisiera,
Y golpeando con los dedos en un vacío helado
Evocar las sombras.

Con incredulidad toco el mármol frío,
Con incredulidad toco mi propia mano:
Esto - es y yo soy en la historia que acontece,
Y ellos ya están cerrados por los siglos de los siglos
En su última palabra, en su última mirada.
Y lejanos como el emperador Valentiniano,
Como los jefes de los masagetas de quienes nada se sabe
Aunque apenas un año, dos o tres años pasaron.

Puedo ser todavía leñador en los bosques del norte lejano,
Puedo pronunciar un discurso desde la tribuna o rodar una
 película
Con métodos que ellos desconocían.
Puedo experimentar el sabor de frutas de las islas del
 océano
Y tener mi fotografía en el traje de la segunda mitad del
 siglo.
Y ellos ya para siempre como los bustos en chorreras y
 fraques
Del monstruoso Larousse.

Pero a veces, cuando el resplandor crepuscular colorea los
 techos de la calle pobre
Y fijo mi mirada en el cielo, veo allí, entre las nubes,
La mesita bamboleándose. El mesero da vueltas con la
 bandeja
Y ellos me miran soltando carcajadas.
Porque yo no sé todavía cómo se muere por la mano cruel
 del hombre.
Ellos saben, ellos bien lo saben.

Czesław Miłosz (Szetejnie, Lituania, 1911-Cracovia, Polonia, 2004), Czeslaw Milosz, selección, traducción y nota introductoria de Jan Zych, Material de Lectura n° 108, Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), 2011

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sábado, septiembre 03, 2022

Adam Zagajewski / Vaporetto



En el bolsillo de la cazadora encuentras
un pasaje azul para el vaporetto
(il biglietto, non cedibile). 

El billete azul, poco mayor
que un sello de la República de Togo,
te promete un cambio, un viaje. 

Se derrite la laca en el recuerdo,
se deshiela la almendra de la nieve alpina.
Ahora puede empezar la expedición. 

Estás en Texas, en la tierra llana,
entre los robles eternamente verdes,
que no recuerdan nada. 

Por canales estrechos navegarás
con zalemas, a contracorriente;
y hallarás glaciares y grisura. 

El billete reza: corsa semplice,
pero no menciona el desierto,
la monotonía del gravoso mar, 

el deseo, el aduanero malicioso,
que no te espera sólo a ti,
islas de indiferencia y de cenizas. 

Navegarás largamente. Quizás llegues
allí donde descansa el erizo de Venecia,
agua, encajes y oro. 

Quizás llegues allí donde se alzan
las rojas torres de Venecia, torres fieles,
agujas de un compás perdido en el océano.

Adam Zagajewski (Lvov, actual Ucrania, 1945-Cracovia, Polonia, 2021), Poemas escogidos, Pre-Textos, Valencia, 2005
Versión de Elzbieta Bortkiewicz

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viernes, agosto 05, 2022

Joanna Wajs / Dilo en tu lengua



dilo en tu lengua, quiero oír
cómo se dobla la hierba sin segar bajo los pies
de ese hombre
y cómo esa mujer corta el ajo, el limón,
parte por la mitad las mazorcas de maíz
los sonidos — ¿tendrán estos su aspereza,
su jugosidad?
nombra eso, quiero saber si conoces cien palabras
para describir la pupila dilatada
y el grano de avena entre los dientes
de un niño que se ríe
y que una chica en las escaleras de la catedral
sin que apenas se note se arregle
la falda torcida

para acabar enséñame lo que a nosotros nos importa
más
nuestros errantes dedos
agarrando con inseguridad en el aire
algo que podría ser el mango de un cuchillo
o una castaña asada
y que de repente
sin saber por qué
ha perdido
su forma y su peso

Joanna Wajs (Varsovia, 1979), Poesía a contragolpe. Antología de poesía polaca contemporánea (autores nacidos entre 1960 y 1980), Prensas Universitarias de Zaragoza, 2012
Selección y traducción de Abel Murcia, Gerardo Beltrán y Xavier Farré
Envío de Jonio González


Foto: Archivo personal de la autora Jonio González/Facebook

domingo, julio 17, 2022

Wislawa Szymborska / Dos poemas



De Poemas nuevos:

Las tres palabras más extrañas

Cuando pronuncio la palabra Futuro,
la primera sílaba pertenece ya al pasado.

Cuando pronuncio la palabra Silencio,
lo destruyo.

Cuando pronuncio la palabra Nada,
creo algo que no cabe en ninguna no-existencia.

                                                                      [AM]

*

De Si acaso, 1972:

Elogio de los sueños

En los sueños
pinto como Vermeer van Delft.

Hablo fluidamente en griego
y no solo con los vivos.

Manejo un automóvil
que me es obediente.

Tengo talento,
escribo grandes poemas.

Escucho voces,
tan bien como los grandes santos.

Se asombrarían ustedes
de mi virtuosismo al piano.

Vuelo como debe ser,
es decir, por mí misma.
Al caer del tejado,
sé caer suavemente en lo verde.

No me es difícil
respirar bajo el agua.
No me quejo:
he logrado descubrir la Atlántida.

Me alegra, antes de morir,
conseguir siempre despertarme.

Inmediatamente después del estallido de la guerra,
me giro sobre mi mejor costado.

Soy, pero no necesito
ser, hija de la época.

Hace unos años 
vi dos soles.

Y anteayer un pingüino.
Con la más absoluta claridad.

                                      [AM]

Wislawa Szymborska (Kórnik, Polonia, 1923-Cracovia, Polonia, 2012), Poesía no completa, edición y traducción de Gerardo Beltrán y Abel A. Murcia, Fondo de Cultura Económica, Ciudad de México, 2014

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lunes, julio 04, 2022

Jan Kasprowicz / Al caer la tarde



Inclinado sobre mi libro,
no veo ni una sílaba;
pero aguzo mi oído cansado
para saber si todo está bien.

Ningún mensaje llega hasta mí
de ríos, riscos y cumbres-
sólo el estruendo del tráfico
habla pertinaz.

Ningún mensaje llega hasta mí
mientras se alejan las llamas del atardecer-
sólo la oscuridad inunda
el desierto de mi corazón.

Ah, pero mi mente se libera
y echa a volar ansiando
encontrar en cimas arreboladas por el sol
la gracia de Dios antes de que llegue la noche.

Jan Kasprowics (Inowroclaw, Polonia, 1860-Zakopanen, Polonia, 1926), Introduction to Modern Polish Literature, Adam Gillon, Ludwik Krzyzanowski y Krystyna Olszer, Hippocrene Books, Nueva York, 1982 Traducción del polaco al inglés: Watson Kirkconnell
Versión del inglés al castellano: Jonio González.



THE CLOSE OF DAY

Bending above my book,
I see no syllable;
But strain my weary ears
To hear if all be well.

To me no message comes
From rivers, crags, and peaks-
Only the traffic's roar
Importunately speaks.

To me no message comes
As sunset's flames depart-
Only the darkness floods
The desert of my heart.

Ah, but my mind breaks free,
And soars in eager flight
To find on sun-flush'd peaks
God's grace, before the night.

sábado, abril 30, 2022

Dariusz Tomasz Lebioda / La tumba de los soldados alemanes descubierta en la ciudad de Bromberg




aquí llegaron al final de su tiempo
aquí se apagaban en sus pensamientos
los abetos de schwarzwald
los labios de lillia marlene y la voz de hitler
aquí en la arena seca del río vístula
cincuenta años en silenciosa
sepultura
sin nombres ni medallas de identificación
sin ojos y sin pulso de la sangre
sólo sus huesos
huesos al lado de huesos
cráneos al lado de agujereados
cascos militares
sin ataúd y sin palabras piadosas de
de un pastor
y sin música
de wagner
cada guerra es un
matadero de la belleza
cada muerte de esta
guerra una
derrota

La Bailarina de la Reina Hatshepsut. Poemas selectos 1980-2005, Guatemala-Madrid, 2008

Dariusz Tomasz Lebioda (Bydgoszcz, Polonia, 1958), Feria Internacional del Libro de Buenos Aires/ Festival de Poesía
Traducido del polaco por Danuta Mucha y Renato Vásquez-Velásquez


martes, junio 29, 2021

Anna Świrszczyńska / Me golpeaba la cabeza contra la pared
















De niña
metí un dedo en el fuego
para convertirme
en santa.
De adolescente
todos los días me golpeaba la cabeza contra la pared.
De joven
salí al tejado
por la ventana del altillo
con la intención de saltar.
Ya mujer
tuve el cuerpo cubierto de piojos.
Crujían cuando planchaba el suéter.
Esperé seis minutos
a que me ejecutaran.
Pasé hambre durante seis años.
Entonces di a luz un niño,
me apuñalaron
sin haberme puesto a dormir.
Entonces una bomba me mató
tres veces y tres veces tuve que volver de la muerte
sin que nadie me ayudara.
Ahora estoy descansando
después de tres resurrecciones.

Anna Świrszczyńska (Varsovia, 1909-Cracovia, Polonia, 1984), Talking to my Body, Copper Canyon Press, Washington, 1996
Traducción del polaco al inglés: Czeław Miłosz y Leonard Nathan
Versión del inglés: Jonio González




I KNOCKED MY HEAD AGAINST THE WALL

As a child
I put my finger in the fire
to become
a saint.
As a teenager
every day I would knock my head against the wall.
As a young girl
I went out through a window of a garret
to the roof
in order to jump.
As a woman
I had lice all over my body.
They cracked when I was ironing my sweater.
I waited sixty minutes
to be executed.
I was hungry for six years.
Then I bore a child,
they were carving me
without putting me to sleep.
Then a thunderbolt killed me
three times and I had to rise from the dead three times
without anyone’s help.
Now I am resting
after three resurrections.

miércoles, abril 21, 2021

Adam Zagajewski / Dos poemas

















Mirlo

Se sentó un mirlo en la antena de tv,
cantaba una dulce canción de jazz.
¿A quién dices adiós? ¿Qué lloras?
A los que ya no están, contestó el mirlo, 
me despido del día (de sus ojos y párpados),
lloro a una chica que ha vivido en Tracia,
no la pudiste conocer.
Me apena el mimbre que mata la escarcha,
lloro porque todo perece y cambia
y regresa, pero nunca es igual,
En mi pequeña garganta apenas caben
tristeza y desconsuelo, alegría y orgullo,
por esta radical metamorfosis.
Veo avanzar la comitiva fúnebre,
allí, igual cada día, al filo del horizonte.
Van todos, los observo y me despido.
Veo sables, sombreros, pañuelos, pies descalzos, 
cañones, sangre y tinta. Avanzan lentos,
desaparecen en la niebla de la orilla, por la derecha.
De ellos, de ti y de la luz me despido,
y saludo a la noche, porque a la noche sirvo,
a las negras sedas, a las negras fuerzas.


Robespierre ante el espejo

Tengo los labios finos, la nariz afilada.
Mi cara encierra algo de asceta.
Mi mirada puede ser dura
e inflexible.
Sin duda me describirán así
los que historien la gran revolución:
"Despiadado, inflexible, ambicioso."
Ni siquiera yo mismo puedo saber quién soy,
pero ahora, al amanecer, en junio,
en el pueblo, ante el espejo rosado
por la salida del sol,
advierto una sonrisa en mi cara
y una benevolencia
que suele acompañar a la ternura
y a la debilidad.
En la mejilla izquierda llevo una nube negra.

Adam Zagajewski (Lvov, actual Ucrania, 1945-Cracovia, Polonia, 2021), Tierra del fuego, Acantilado, Madrid, 2017 
Traducción de Xavier Farrè

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domingo, abril 18, 2021

Adam Zagajewski / Dos poemas
















Oda a la suavidad

Los amaneceres son ciegos como gatitos.
Las uñas crecen confiadamente, aún
saben qué tocarán. Suaves
son los sueños y la ternura como niebla
suspendida sobre nosotros, igual que la campana de Segismundo
antes que el frío la abrazase.

Poemas escogidos, Pre-Textos, Valencia, 2005
Traducción de Elzbieta Bortkiewicz


Tierra del Fuego

Tú, que ves nuestras casas por la noche
y las finas paredes de nuestras conciencias,
tú, que oyes el zumbido de las máquinas
de coser de nuestras conversaciones,
sálvame, arráncame de este sueño,
de esta amnesia.

¿Por qué es la infancia, ¡oh, tesoros de aluminio,
oh, susurro de plomo, amenazante y bello,
la única fuente, la única añoranza!?
La vejez, posterior a la edad madura, ¿por qué
es un camino inacabable,
amarillo como si fuera el Sáhara?

Sabes muy bien que algunos días
incluso el deseo se vuelve seco,
y los labios al rezar se endurecen.

A veces la moneda del sol se vuelve mate
y la vida empequeñece hasta tal punto
que podría caber
en los guantes azules de una gitana 
que predice el pasado
de hasta siete generaciones.
 
Y es entonces cuando en un pueblo
del sur un charlatán
decide destruirte, a ti,
y a mí y a sí mismo.

Tú, que ves el blanco de nuestros ojos,
tú, que te escondes igual que un pinzón
en los serbales,
y en las cálidas medias de las nubes
como un halcón,
abre las repletas cajas de cantos,
abre la sangre que late en las aortas
de animales y piedras,
enciende las farolas en los negros jardines.
 
Innombrable, invisible, silencioso,
libérame de la anestesia,
llévame a la Tierra del Fuego,
llévame allí, donde los ríos
fluyen verticalmente, verticalmente fluyen
ríos horizontales.

Tierra del fuego, Acantilado, Madrid, 2017 
Traducción de Xavier Farrè

Adam Zagajewski (Lvov, actual Ucrania, 1945-Cracovia, Polonia, 2021)


Foto: Adam Zagajewski delante de su casa en Cracovia, 2017 Lisbeth Salas/El País

jueves, noviembre 05, 2020

Wislawa Szymborska / Hijos de la época
















Somos hijos de la época,
la época es política.

Todos tus asuntos, los nuestros, los vuestros;
asuntos diurnos, asuntos nocturnos,
son asuntos políticos.

Quieras o no quieras,
tus genes tienen un pasado político;
la piel, un matiz político;
los ojos, un aspecto político.

Lo que dices, así suena, 
lo que callas, también suena,
de cualquier forma, político.

Caminando por el bosque, por la selva,
son políticos tus pasos
sobre un fundamento político.

Los poemas apolíticos son políticos también,
y arriba brilla la Luna,
un objeto no lunático.
Ser o no ser, ésa es la cuestión,
Qué pregunta, contéstame, cariño.
Una pregunta política.
No es necesario siquiera que seas humano
para cobrar importancia política. 
Es suficiente con que seas petróleo,
forraje o madera reciclada.

O una mesa de debates sobre cuya forma
se ha discutido varios meses:
¿dónde negociaremos sobre la vida y la muerte?
¿en una mesa redonda o en una cuadrada?

Mientras tanto, ha muerto gente,
han muerto animales,
han ardido casas,
y se han perdido campos de cultivo,
como en los tiempos antiguos
y menos políticos.

                                                            [AM]

Wislawa Szymborska (Kórnik, Polonia, 1923-Cracovia, Polonia, 2012), "Gente en el puente" [1986], Poesía no completa, edición y traducción de Gerardo Beltrán y Abel A. Murcia, Fondo de Cultura Económica, Ciudad de México, 2014

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martes, abril 14, 2020

Marcin Świetlicki / Esta vez no habrá víctimas















Habrá una fiesta, repentina y solemne, llena
de sol y de zapatos limpios. Esta
vez los micrófonos no fallarán, los muchachos
escupirán alegremente desde los balcones y la carne,
la carne desfilará por las calles, encenderemos cigarrillos
con las lámparas de mano. Y habrá tantas palabras, claras como el cobre,
como
la puerta de una iglesia. Habrá una fiesta, comeremos
pasteles.

Marcin Świetlicki (Lublin, Polonia, 1961), Eslavística Complutense, vol. 2, Madrid, 2002
Traducción de Justyna Ziarkowska
Envío de Jonio González

Culture Pl - Turia - Poetas Siglo XXI - Libro-génica - Pájaros Lanzallamas - Ada Lírica - La Orilla de los Pájaros - El Cultural

Foto: IMDB

viernes, diciembre 27, 2019

Adam Zagajewski / Bertolt Brecht en la eternidad















Tu tumba se encuentra en el centro de Berlín
en ese cementerio esnob, filosófico
donde no se entierra a cualquiera,

donde descansan Hegel y Fichte como anclas herrumbrosas
(sus veleros se hunden en los abismos de los manuales).

Tus equivocaciones extravagantes, tu adoración a la doctrina
están de lado como un hacha y una lanza en las tumbas del neolítico,
igual de útiles, igual de necesarias.

Elegiste la Alemania Oriental pero por si acaso
conservaste también el pasaporte austríaco.

Fuiste un revolucionario precavido - ¿puede un oxímoron
salvar el mundo?

Escribiste el poema "A los por nacer" - también querías que el futuro
cediera a tu persuasión. Pero el futuro ya había pasado.

Esos por nacer ahora dan vueltas indiferentes entre las tumbas,
como en un museo los turistas
que miran principalmente las leyendas
debajo de los cuadros.

Es abril, un día soleado, frío, las negras sombras se agarran
a las tumbas como si los agentes secretos resultaran ser inmortales.

Adam Zagajewski (Lvov, actual Ucrania, 1945-Cracovia, Polonia, 20121), Asimetría, Acantilado, Barcelona, 2017
Traducción de Xavier Farré
Envío de Jonio González

Otra Iglesia Es Imposible - A Media Voz - Círculo de Poesía
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Foto: El Cultural
act. 2021