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domingo, abril 13, 2025

Julio Trujillo / Dos poemas





Este limón


Este limón, lo sé,
cifra en su óvalo apretado
una respuesta.

¡Alforja de agua y vidrio,
mansión
del jeroglíficio!

De su millar de labios
manan
sólo esdrújulas.

No lo entiendo,
su lengua es atropello
y garfios.

Me observa.
No es fácil sostener
tal iris.

Me desespera,
pica, me instiga
y no se calla.

No conoce la calma
este panal de luces:
lo que sabe lo enciende.

¿Qué preguntarle al erudito
bizco
e iracundo?

Este limón me está gritando,
tira de mis patillas,
desenvaina un sable.

Su acero zigzaguea,
me hiere los meñiques:
ha mordido mi lengua.

¿Qué quieres, arrogante?
¿Por qué demueles a punzadas
esta calma?

Acerco el oído,
el codo,
lo escucho con las puntas.

Limón limón,
turbia
chispa del aire.

Limón,
tupida
insinuación.

Devuélvete girando
hacia la médula,
concéntrate.

Oh agrio
mi indescifrable amigo,
olvídame y olvídate


Tango del miope

Soy miope incluso cuando gasto gafas,
porque olvidé el perímetro,
porque me quedo con el centro de un volumen.

Los empellones de la gente
me transportan,
y tan incierto es mi destino como un rostro lejano.

De cerca veo mejor,
pero mis ojos quieren la escritura
de los pájaros.

Mis ojos quieren de los árboles más altos
la nervadura de una hoja
transparente.

No sé por qué –y eso me angustia–
acudo siempre al mango del cuchillo,
nunca al filo.

Si al sol quería de niño dibujar
lo hacía representando
la inmediatez de un orbe acalorado.

Incluso con anteojos no distingo
la urdimbre de los días
que se acercan.

No puedo o no sé leer los argumentos
de una historia.
Soy un lector de actos.

Todos los días me desengaño un poco
al acercar frente a los ojos
algo que era mejor cuando era vago.

Julio Trujillo (Ciudad de México,1969 -Sennen, Inglaterra, 2025), Una Antología, Material de Lectura n° 210, Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), 2016
Más poemas de Julio Trujillo en Otra iglesia Es Imposible, Liber, Asamblea de Palabras






miércoles, febrero 19, 2025

Saúl Ibargoyen / alguien



Siempre hay alguien
que habla por nosotros
en idioma cambiante
que apenas podemos oír:
así aparecen sílabas
grupos de sonidos sin forma
destellos de piedras golpeadas
crujidos de plumas
al pie del cazador:
así aparece un hálito oscuro
que llega del bosque y choca
con ciudades de opaca lejanía
con recámaras transitadas por nubes de desdicha
con balbuceos de un verbo corrompido
con torres de cristal desvaneciéndose
con astros trozados por la luz:
habrá siempre alguien que nos diga
trazo a trazo el cántico nacido
de una garganta casual y sin destino
de un grito aullante que el hambre desató:
¿Habrá alguien que perciba la lengua propia
que debemos aprender?
¿Por qué llamar silencio
a la simple miseria
de un tímpano reseco?
 
Saúl Ibargoyen. (Montevideo, 1930  –  Ciudad de México, 2019), Puro hueso, Dogma Editorial, México 2024; El Cautivo, lunes 11 de noviembre de 2024

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sábado, enero 04, 2025

Rosario Castellanos / Meditación en el umbral



No, no es la solución
tirarse bajo un tren como la Ana de Tolstói
ni apurar el arsénico de Madame Bovary
ni aguardar en los páramos de Ávila
la visita del ángel con el venablo
antes de liarse el manto a la cabeza
y comenzar a actuar.

Ni concluir las leyes geométricas,
contando las vigas de la celda de castigo
como hizo Sor Juana. No es la solución
escribir, mientras llegan las visitas,
en la sala de estar de la familia Austen
ni encerrarse en el ático,
de alguna residencia de la Nueva Inglaterra
y soñar, con la Biblia de los Dickinson,
debajo de una almohada de soltera.

Debe haber otro modo que no se llame Safo
ni Mesalina ni María Egipciaca
ni Magdalena ni Clemencia Isaura.

Otro modo de ser humano y libre.
Otro modo de ser.

Rosario Castellanos (Ciudad de México, 1925 - Tel Aviv, Israel, 1974), Meditación en el umbral. Antología poética, Fondo de Cultura Económica, Ciudad de México, 1985
Envío de Jonio González

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domingo, octubre 27, 2024

Alicia García Bergua / Dos poemas


El catalán

En mi infancia mis padres
lo fueron enterrando, 
sólo lo usaban para andar por casa.
Mi abuela, en cambio
vivía todo el día
apoyada en su lengua.
Su catalán también crecía allí,
en ese suelo árido
donde tuve dos nombres:
aquel con que mis padres me llamaron
y el de mi yo silvestre y marginal
en boca de mi abuela.
Ya no tengo ese idioma
ni ese nombre, 
sólo el recuerdo del clima agreste
en que mi abuela hablaba.
Había un ruido excesivo
que me impedía saber
lo que mis padres callaban
al perderlo.
Pero yo aún escucho 
su música huidiza
me da lo necesario para ir tanteando
entre la oscuridad.
No puedo conformarme
como lo hacía mi abuela
imaginando que las palabras surgen
sólo para dar forma al pensamiento.
Necesito que me hagan tropezar;
que me fije en que no puedo ver así de golpe
y me obliguen a estar, a detenerme.

Tramas, 2007


En esta mente nuestra parece haber un dios 
en busca de sentido:
que las piedras, los árboles, 
los pájaros, las flores
no sean sólo eso;
que los muertos permanezcan aquí,
nos acompañen
y nos den fuerza para sobrevivir.

A veces esa mente se abandona 
cuando estoy en el parque con mi perro;
estamos con nuestras manadas
y en esa condición nos igualamos:
sólo queremos estar en el presente    
sin que haya otro sentido que pasar
la tarde con los nuestros.

Salto y sueño, 2021

Alicia García Bergua (Ciudad de México, 1954), "Pareja a la intemperie y otros poemas", Revista Cardenal

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Foto: Maremotom

domingo, octubre 13, 2024

Mariana Pérez Villoro / Tres poemas


Exegi monumentum aere perennius

Me aferro a la resonancia
de las palabras grandilocuentes

y las búsquedas
de la poesía canónica:

a la tenacidad del verde
que reviste mi esfera semántica
con sus musgos.

Encuentro líquenes y algas
y al elegir esos vocablos
levanto construcciones en agonía

para hablar del duelo.


Expedición del acta

Más del setenta por ciento
de nuestra relación
fue oceánica
Nos ilusionaba
conocer a detalle
la flora, fauna y funga
de las exploraciones

y confiábamos
en los dispositivos
de rastreo sumergible
pero las inclemencias
del mar
deterioraron las tecnologías

y las altas presiones
mantuvieron inaccesibles
las zonas más hondas
Menos nueve por ciento
de esa vida submarina
pudo ser descubierta.


















Mariana Pérez Villoro (Ciudad de México, 1984), "Mi dolor es un conjunto de palabras", Periódico de Poesía, Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), 7 de octubre de 2024

Más poemas de Mariana Pérez Villoro en KaxaxCardenal, Voces Encendidas, Magis
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sábado, septiembre 14, 2024

Octavio Paz / De "Ladera este"


Golden Lotus

1

No brasa
        Ni chorro de jerez:
La descarga del gimnoto
O, más bien, el chasquido
De la seda
          Al rasgarse.

2

En su tocador,
Alveolo cristalino,
Duermen todos los objetos
Menos las tijeras.

3

A mitad de la noche
Vierte,
      En el oído de sus amantes,
Tres gotas de luz fría.

4

Se deliza, amarilla y eléctrica,
Por la piscina del hall.
                        Después, quieta
Brilla,
      Estúpida como piedra preciosa.


Maduraí

En el bar de British Club
-Sin ingleses, soft drinks-
Nuestra ciudad es santa y cuenta
Me decía apurando su naranjada,
Con el templo más grande de la India
(Mainakshí, diosa canela)
Y el garaje T.S.V. (tus ojos son dos peces)
El más grande también en el subcontinente:
Sri K. J. Chidambaram,
Yo soy familiar de ambas instituciones.
Director de The Great Lingam Inc.,
Compañía de Autobuses de Turismo.


Paso de Tanghi-Garu

Tierra tasajeada:
La marcó el invierno con sus armas,
Vestiduras de espinas fue la primavera.

Montes de mica. Cabras negras.
Bajo las pezuñas sonámbulas
La pizarra relumbra, ceñuda.

Sol fijo, clavado
En la enorme cicatriz de piedra.
La muerte nos piensa.


Pueblo

Las piedras son tiempo
                      El viento
Siglos de viento
               los árboles son tiempo
Las gentes son piedra
                     El viento
Vuelve sobre sí mismo y se entierra
En el día de piedra

No hay agua pero brillan los ojos

Octavio Paz (Ciudad de México, 1914-1998), "Ladera este (1962-1968)", La centena (Poemas 1935-1968), Barral Editores, Barcelona, 1969

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sábado, mayo 11, 2024

Ana Franco / Diario de la peste




                         Lluvia sin fruto
                     César Rito Salinas

Desandar lo habitado,
descolgar su rumor de los muros.
Me redimo en la imagen de propensión al caos: una sartén, una bolsa de mano a la basura, los libros que no he de leer y en la cocina el agua para un té con el que combatimos a la peste.

Dormirán las cosas su historia de la mía,
y la casa se transforma, en acecho, como animal hacia otro remolino;
sale herida de sí, rumbo a otros muros
─la desarmo y hago en ella un carrusel.

Queda este nuevo escape en la pantalla:
citas de enfermedad en la esperanza,
de esperanza en la enfermedad.

A cambio improviso un jardín en la ventana,
tendederos con trapos coloridos,
escaramuza de sillones que lleven a otro cielo.

Y el desazón ensombrece los muros con márgenes de polvo
(acaso nuevas fotos ocupen el sitio de las descolgadas).

¿Sentiremos de pronto un golpe seco, en la nuca,
anuncio de esa muerte?

Vuelve en su absurdo el eco de algún film futurista:
detrás de los cristales los amigos con traje transparente y su miedo a los abrazos.

Ana Franco Ortuño (Ciudad de México, 1969), Alguien aquí que tiembla. Celebración poética de mujeres. Año I del confinamiento, Ediciones Sin Nombre, México, 2021; Op. Cit., "Hablas del mundo como si no existiera", diciembre 30, 2023 

Más poemas de Ana Franco en Otra Iglesia Es Imposible

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Foto: Ana Franco / Facebook

martes, mayo 07, 2024

David Huerta / Gigantomaquia




No hay ninguna sílaba perdida en el viento.

No se ha perdido ningún fonema o morfema,
palabras de difícil definición
utilizadas con precisión por los lingüistas.

Hay en cambio, en el soterrado vidrio
de los rechazos deseados, una forma de daga
que no alcanza las bocas.

Eso está adentro: entre las vísceras,
como un mecate mojado de lo que no debiera,

como una reptante profecía
nunca del todo desprendida de los labios demiurgos.

El interior es oscuro, la superficie es oscura:
lame la sombra el verbo y se desploma el tiempo.

No hay sílabas extraviadas; hay formas bullentes
en el pausado interior de las fisiologías,

lentas siluetas de hervor, cadencias llamadas
pasiones, símbolos de arrasamiento, corolas

de inmensidad para la frente de los niños
de cien brazos. Hay una sospecha

de que la guerra de los gigantes va a comenzar
en la nueva edición, la ansiada

por los magnates y los sacerdotes en sus elevaciones
y en sus trajes magnéticos y en sus labios de papel.

David Huerta (Ciudad de México, 1949 - 2022), Revista de la Universidad de México, noviembre de 2015

Más poemas de David Huerta en Otra Iglesia Es Imposible

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miércoles, mayo 01, 2024

David Huerta / La dimensión desconocida




Capítulo I

Un anillo de Tlön cruzó la escena del crimen.
Un lápiz Ticonderoga apareció debajo de la niebla
conradiana. Un cenicero de platino iridiado
sucumbió bajo el peso de la ceniza política.
Una escama de Leviatán se fundió
con una gota florentina de poesía pura.
Una sospecha de aridez atacámica
recorrió la dulzura de los licores.
Un espejo desemejante duplicó
la sensación de identidad. Un centímetro
de agua egipcia deshizo cubos de plata
sobre las arenas del Nilo. Un destello de médium
envolvió y aterrorizó al virus de la computadora.
Un grito de saraguato irrumpió
en el silencio del tenor dormido…

Capítulo 2

Hay un cubo de cristal y adentro hay chispas. Hay
una cerámica de Oaxaca y un hombre llamado Malcolm
o Italo esperando. Hay un expediente cerrado y una rubia
que ve la esquina de un espejo entre los papeles que asoman.
Hay un ejército de caballos celestiales a veinte millas
de Nueva York. Hay olas diminutas en una botella de juguete.
Hay tratados que empiezan a parecer auténticos
en una novela de tema medieval.
Hay largas manos donde debería haber sólo pies detenidos.
Hay una daga extraviada entre los informes gubernamentales.
Hay una sospecha de formol en las copas de champaña
abandonadas en la mesa del banquete diplomático.
Hay un imán en la colección de objetos de mimbre
no clasificados todavía. Hay un reguero anónimo de aserrín
en la casa de un artista de circo…

Capítulo 3

Los cantantes declaran por fin de dónde son
y zanjan de una vez la cuestión del acento. (La noche en Cuba
se llena de sonidos misteriosos que vienen del mar y del cielo.)
Los científicos explican en sus laboratorios
que el misterio de la vida ha sido resuelto. (Los mares empiezan
a acallarse como en la calma que precede a las tempestades.)
Los sherpas cuentan con detalles asombrosos su larga relación
con las más grandes montañas. (Los Himalayas dejan
un rastro inquietante en los registros de los satélites.)
La muchacha le confiesa a su novio extrañas e inquietantes
relaciones con seres indescritpitibles. (El Logos y el Amor
chocan en el cuerpo del mundo desconcertado.)
El poderoso refiere sus andanzas en los callejones
de la ciudad y su naciente piedad. (Un monstruo llamado Leviatán
se irisa sobre el cielo sereno de los campos.)

David Huerta (Ciudad de México, 1949 2022), La calle blanca, Ediciones Era y CONACULTA, México, 2006

Más poemas de David Huerta en Otra Iglesia Es Imposible

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Foto: Magis

sábado, febrero 10, 2024

Tomás Segovia / Jacarandas



Las dulces jacarandas se quedan en lo suyo
Todos son verdes y ellas no
Nadie les quitará de la cabeza
Que hay mil maneras de ser árbol
Mil maneras de ser lo mismo
De otra manera
Que se puede ser verde siendo azul
Tener flores por hojas
Tener por copa un fresco resplandor
Ser dichosas aparte y a su modo
Bien seguras están de que hacen bien
Que nos da gusto que así sean
Que no por eso las queremos menos
Que siempre nos ha sido necesario
Que haya otra cosa.

Tomás Segovia (Valencia, España, 1927- Ciudad de México, 2011), La Otra, año 3, nº 13, México, octubre-diciembre de 2011
Envío de Jonio González

Tomás Segovia en Otra Iglesia Es Imposible

Nota del Ad.: Las jacarandas de México y otros países centroamericanos son los jacarandás de la Argentina, el Uruguay y Paraguay

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viernes, diciembre 08, 2023

Rosario Castellanos / La nostalgia



Si te digo que fui feliz, no es cierto.

No creas lo que yo creo cuando me engaño.

El recuerdo embellece lo que toca:
te quita la jaqueca que tuviste,
el sopor de la siesta lo transfigura en éxtasis
y, en cuanto a ese zapato que apretaba
tanto que te impidió bailar el primer baile,
no hubo zapato. Mira: estás descalza, danzas
eternamente ingrávida en el círculo
cerrado de un abrazo.

Danzas sin esa doble barbilla de tu gula,
sin esa arruga artera
que está acechando alrededor de tu ojo.

Rosario Castellanos (Ciudad de México, 1925-Tel Aviv, 1974), Poesía no eres tú. Obra poética, Fondo de Cultura Económica, México, 1972
Envío de Jonio González

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viernes, octubre 27, 2023

Pedro Serrano / De "El miedo"




Devoción

Desde el vacío
el ruido de la noche
se hace espacio.
Pertinaz la cigarra
suelta su cascabel
de oscuridad
y el viento deja
un peso
en las paredes.
La noche es un secreto.
Nada aplaca
su sed de confusión.
En ella
la verdad y el pecado
se parecen.


Dibujo de las cosas

Las cuatro. Alguien pasa corriendo por la calle.
La música y la soledad de esta tarde 
que empieza a oscurecer.
La ventana.
Un árbol ya sin hojas en que inicia el invierno.
La calma y las chimeneas en la casa de enfrente.
El cielo, pesadamente gris, abandonando el día.
El cigarro que consume la música y la tarde y el poema.
Una manzana en el frutero.
La dama de Shalott en la pared.
Unos helechos secos de los fríos de Gales. Una muñeca.
El secreto y perdurable estar de las cosas,
en su reposo,
en su lento ir aconteciendo cada día,
en la mirada que ponen en mí,
en el callado poema que depositan.


Pintura de un grabado

                     a Mario Rangel

En la miseria de la amistad
quedan brotes, trabajos.

Tardes encabalgadas en cafés,
conversaciones y soledades compartidas, actos.

Por el secreto a voces del poema
van fijando sus modos, su costumbre.

Así las tardes, así el anochecer que nos reunía,
la medida de ron de oscuridad.

Ahora sólo esta imagen, esta página,
esta breve humareda del poema.

Pedro Serrano (Montreal, Canadá, 1957), "El miedo" (1986), Abertal. Poemas reunidos (1986-2019)


domingo, agosto 13, 2023

Fabio Morábito / Ese poeta tenía el orgullo...



                       Busco un país inocente
                            Giuseppe Ungaretti

Ese poeta tenía el orgullo
de no haber odiado a nadie.
Buscaba un país inocente.
Yo busco un país sin ruido.

¿En qué mundo vivías, Giuseppe?
¿Oíste alguna vez cómo retumba 
un bajo eléctrico, cómo atraviesa 
las capas de cemento y de ladrillo?

No hay países que valgan la pena,
Giuseppe, desde que existe
la rueda del volumen
que dispara el jolgorio.

Un leve giro a la derecha
condena a la angustia
a diez familias, ocho gatos, 
cuatro perros y tres pericos.

Te estremecían en la trinchera
los cañonazos de la artillería enemiga.
A mí, que vivo en otra época,
el tum tum tum de las bocinas.

¡El momento en que al fin
sobreviene la calma 
y me quedo en suspenso, temiendo
que empiece todo otra vez

y me digo cobarde 
por no haber ido a partirle la madre
al amo y señor de mis paredes,
que son las paredes de ambos!

Siempre dejo, iluso de mí,
un resquicio de arreglo, 
creo que siempre es posible
encontrar al final

a un hermano, a un sujeto 
que puedo mirar a los ojos, 
porque el asunto en el fondo 
no es tanto el ruido 

sino el alma del otro, en saber 
si la tiene o si está desprovisto;             
no son los decibeles, 
sino el ser imbécil o no serlo.

Está el estupro entre las piernas
y está el estupro de los muros,
el bajo eléctrico que incide 
en el diafragma del estómago,

igual que se traspasa un himen.
Una mujer que violan, 
cuando al final del día se acuesta,
descubre una vez más

que la violaron en los párpados,
no en medio de las piernas,
y la dejaron como las estatuas,
sin poder cerrarlos,

y así se queda en vela preguntándose
si algo le queda de virginidad,
al menos en la piel y en la mirada,
en cómo se mueve y en cómo habla.

Perdemos la virginidad
todos los días, pero el estupro 
es otra cosa: se corta el hilo
que te unía a tu risa, 

tu risa se enrolla y se guarda
como alfombra en un sótano,
hundida en su misterio
como los párpados de las estatuas,

y para que sepas Giuseppe
por donde andamos,
te suelto esta: ya no hay trincheras,
esas donde nació tu poesía,

porque no hay donde guarecerse
ya, donde esconderse
y sólo queda correr y correr 
como un rebaño de cebras.

[inédito]

Fabio Morábito (Alejandría, Egipto, 1955)

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domingo, julio 30, 2023

Octavio Paz / De "Salamandra", 2



Aquí

Mis pasos en esta calle 
Resuenan
               En otra calle
Donde
          Oigo mis pasos 
Pasar en esta calle 
Donde

Sólo es real la niebla

Octavio Paz (Ciudad de México, 1914-1998), "Salamandra" (1958-1961), La centena, Barral Editores, Barcelona, 1969

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sábado, julio 29, 2023

Antonio Deltoro / El gato



El gato

Maestro en el sueño y en el salto,
el gato es una fiera bajo techo:
una chimenea.
Su piel y su dormir
son las llamas y el humo.
En el interior de las horas,
en la profundidad de los minutos,
en el último rincón,
no hay partículas de tiempo:
hay sólo un gato dormido.
Como los ojos por el fuego
paso mis dedos por su piel.

Antonio Deltoro (Ciudad de México, 1947 - 2023), El circo poético. Antología de poesía mexicana del siglo XX, selección de Rodolfo Fonseca, David Huerta y Gerardo Rod, S.M., México, 2003

Gatos, selección de Jorge Aulicino, Ediciones en Danza, 2021


Foto: Milenio

sábado, junio 10, 2023

Antonio Deltoro / Dos poemas




Zopilote

Descubrí que eran el mismo
el doctor de los signos silenciosos,
sereno, resistente, infatigable,
sosegado maestro de los giros,

y el retórico, histérico, rijoso,
pequeño saltarín endemoniado,
danzante en la carroña
con sus patas y pico:

los dos zopiloteando;
pendientes de las vísceras,
de lo muerto o lo herido.

Pero en lo alto del calor,
en Cuernavaca,
encima de la barranca y la alberca,
planeaba, para mí, sólo el artista.


Lección de astronomía

En el ocaso el sol al sesgo
deja que los ojos lo miren,

a su caída,
los ojos llevan a los oídos,
a lo obscuro.

A la luz del día
el sol despliega ante los ojos
multitudes,
pero los quema
si intentan sostenerle la mirada.

Al sol hay muchos detalles,
en la noche, los detalles son fieras.

De noche el silencio es felino...

Después, a pleno día,
la música de las esferas:
el ronroneo del gato
como un metrónomo
de mosquitos y abejas.

Antonio Deltoro (Ciudad de México, 1947-2023), Los árboles que poblarán el Ártico, Ediciones Era-Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Ciudad de México, 2012


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lunes, abril 24, 2023

Claudina Domingo / De "Material hospitalario"




ÉSTA ES LA LUZ BLANCA de los pasillos. no tiene el resplandor del cielo ni la tersura de pelajes o flores. pero su lenguaje conoce los términos exactos para entrar en toma y daca con la carne. sabe que no debe parpadear a ninguna hora del día porque la muerte es un tejido que asedia todos los minutos. “no debes moverte o te deja secuelas la raquea”, te dicen los ojos como aguamarinas que te miran con firmeza. piensas que tras el vidrio la luz blanca ha fijado también los ojos en ti y ahora es una luna que orbita en torno al calor rojo de tu cuerpo. “flojita y cooperando”, te dices y te entregas a la retina de luz fría.
  
 
ALGO COMO AGUDEZA. algo parecido a los oídos del lebrel. a los ojos de los gatos. sólo un instante. aquél en que observé ¿oí? a la cirujana que hablaba recargada en una pared. mi amiga estaba de espaldas. y la cirujana, morena, cabello negro, ojos tímidos y maquillados, me miraba. hizo ese gesto tan mexicano del albañil que no sabe si terminará la barda hoy, del abarrotero que “ahora te la debe”. la vida es un acantilado del que cuelgan unas raíces. de ahí te sostienes con eso que es la mente, te dices. si puedo pensar todavía, te repites, es que no soy una barda tan frágil.

Material hospitalario, 2022

Claudina Domingo (Ciudad de México, 1982), "Los términos exactos", Periódico de Poesía, Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), 7 de abril de 2023


lunes, abril 10, 2023

Fabio Morábito / De "A cada cual su cielo"




Poder decir
los pies hermosos de las turcas.

Decirlo con el tono
de un viajero de otros siglos.

En una cena,
en la sobremesa,
sin que venga al caso,
como una verdad por todos sabida.

Pero ¿puede decirse algo así,
en medio del mantel más blanco?
¿Puede decirse algo que no viene al caso?

Todo viene el caso si estás vivo.
Todo.

¡Cómo quisieran regresar los muertos
de su estancia,
atravesar sus siglos bajo tierra
y, respirando,
asegurarnos que las turcas tienen pies hermosos!

*

Sobre una piedra, para romperla,
dejo caer una piedra más grande
y es la grande la que se parte a la mitad,
no la pequeña. Misterio de las piedras.
Busco una piedra todavía más grande
y la pequeña otra vez se resiste
y despedaza a la mayor.
Misterio de los choques.
Busco piedras cada vez más grandes
y todas se quiebran
contra la primera piedra.
Agotado por el esfuerzo de levantar tanta piedra
me siento en una silla
con la cabeza entre las manos.
Misterio de las cabezas.

Fabio Morábito (Alejandría, Egipto, 1955),  A cada cual su cielo, Ediciones Era, México, 2022. "La vida es escarbar y a cada cual su cielo", Periódico de Poesía, UNAM, 27 de marzo de 2023

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Foto: Periódico de Poesía

domingo, marzo 19, 2023

Salvador Novo / El mar




Post natal total inmersión
para la ahijada de Colón
con un tobillo en Patagonia
y un masajista en Nueva York.
(Su apendicitis
abrió el canal de Panamá.)

Caballeriza para el mar continentófago
doncellez del agua playera
frente a la Luna llena.

Cangrejos y tortugas
para los ejemplares moralistas;
langostas para los gastrónomos.
Santa Elena de Poseidón
y garage de las sirenas.

¡Hígado de bacalao
calamares de su tinta!
Ejemplo de Biología
en que los peces grandes
no tienen más que bostezar
y dejar que los chicos vengan a sí.
(Al muy prepotente Guillermo el segundo
en la vieja guerra torpedo alemán.)

¡Oh mar, cuando no había
este lamentable progreso
y eran entre tus dedos los asirios
viruta de carpintería
y la cólera griega
te hacía fustigar con alfileres!
En tu piel la llaga romana
termocauterizó Cartago.
¡Cirugía de Arquímedes!
Baños, baños
por la Física y a los romanos.

Europa, raptada de toros,
buscaba caminos.
Tierra insuficiente
problemas para Galileo,
Newton, los Fisiócratas
y los agraristas.

¿No te estremeces al recuerdo
de las tres carabelas magas
que patinaron mudamente
la arena azul de tu desierto?

Nao de China
cofre de sándalo
hoy tus perfumes
son de Guerlain o de Coty
y el té es Lipton's.
Mar, viejecito, ya no juegas
a los naufragios con Eolo
desde que hay aire líquido
Agua y Aire Gratis.

Las velas
hoy son banderas de colores
y los transatlánticos
planchan tu superficie
y separan a fuerza tus cabellos.

Los buzos
te ponen inyecciones intravenosas
y los submarinos
hurtan el privilegio de Jonás.

Hasta el sol
se ha vuelto capataz de tu trabajo
y todo el día derrite
tu vergüenza y tu agotamiento.
Las gaviotas contrabandistas
son espías o son aeroplanos
y si el buque se hunde
-sin que tú intervengas-
todo el mundo se salva en andaderas...

¡Oh mar, ya que no puedes
hacer un sindicato de océanos
ni usar la huelga general,
arma los batallones de tus peces espadas,
vierte veneno en el salmón
y que tus peces sierras
incomuniquen los cables
y regálale a Nueva York
un tiburón de Troya
lleno de tus incógnitas venganzas!

Haz un diluvio Universal
que sepulte al monte Ararat,
y que tus sardinas futuras
coman cerebros fósiles
y corazones paleontológicos.

Salvador Novo (Ciudad de México, 1904-1974), "XX poemas", 1925, Poesía. XX Poemas, Espejo, Nuevo amor y Poesías no coleccionadas, Fondo de Cultura Económica, México, 1961


Foto: MX City

sábado, marzo 11, 2023

Blanca Luz Pulido / Dos poemas




Concierto

Bordaba en el aire un pájaro
una fuga de pétalos sonoros.

Tres trinos, tres notas,
repitiendo siempre
          la primera frase
de su canto,
en un lenguaje claro y transparente
        – y yo sin comprenderlo,
mas atenta.

Después de las tres notas
        (iguales al principio
          pero que después fueron variando 
          de manera sutil y nueva), improvisaba
un arpegio final que en cada
frase era distinto.

¿Tal vez
su disertación sonora
tenía, además de mí,
oyente no prevista,
otro destinatario alado
para mí invisible,
fuente de su algarabía?

Aunque pequeña 
(era un ave de ciudad,
desplegando sus artes de cortejo
en algún lugar de un árbol
de la cuadra),
su extensa elocuencia tenía una meta precisa,
o tal vez no.

Soñolientos todos a esa hora temprana,
nadie se haría la pregunta
sino yo.

Canto obsesivo y circular, 
celebración del aire 
o argumento nómada, como las notas,
      compases y acordes
que nos regala el día,
      cada día que nunca
          nunca
              nunca 
      –aunque a veces parezca el mismo–
se repite exacto.


Olvidos

Pierdo el minuto,
las llaves,
el segundo y el día,
las semanas y los meses.

Hay noches
en que olvido años
en la gaveta
de las intenciones.

Todo vuelve a su desnudez elemental,
colores y formas buscan
una corriente subterránea
más allá
de los olvidos
y las pérdidas.

[inéditos]

Blanca Luz Pulido (Teoloyucan, México, 1956)


Foto: Blanca Luz Pulido por Barry Domínguez