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martes, julio 02, 2024

Virgilio / La edad de oro



Antes que Jove, nadie cultivaba los campos, 
no se ponían cotos ni linderos en ellos;
la tierra era común: lo daba todo con largueza 
y producía frutos por sí misma, abundante.
Fue él quien introdujo el venenos en las sierpes,
quien prescribió a los lobos el pillaje
y al mar el movimiento, quien despojó
a las hojas de su miel y retiró el fuego
y secó los ríos de vino que por doquier fluían.
Lo hizo a fin de que el ingenio de los hombres
forjase poco a poco las variadas artes,
y buscase en los surcos el trigo, y descubriere
el fuego oculto entre las venas del pedernal.
Fue entonces cuando, por primera vez,
sintieron los ríos el peso de los huecos
alisos; cuando el marinero dio nombre a las estrellas:
Pléyades, Híades y la Osa brillante de Licaón:
fue entonces cuando comenzó a cazar fieras
con trampas, engañándolas con lazos y con cebos,
y a rodear con perros los dilatados bosques.

                                               (Georgicon I)

Publio Vergilio Maro, Virgilio (Andes, cerca de Padua, Galia Cisalpina, 70 a.C. - Brindisi, 29 a.C.), Antología de la poesía latina, Alianza, Madrid, 1981
Traducción de Alberto de Cuenca y Antonio Alvar

(…)
Ante Iovem nulli subigebant arva coloni;
ne signare quidem aut partiri limite campum
fas erat: in medium quaerebant ipsaque tellus
omnia liberius nullo poscente ferebat.
Ille malum virus serpentibus addidit atris
praedarique lupos iussit pontumque moveri,
mellaque decussit foliis ignemque removit
et passim rivis currentia vina repressit,
ut varias usus meditando extunderet artis
paulatim et sulcis frumenti quaereret herbam.
[Ut silicis venis abstrusum excuderet ignem.]
Tunc alnos primum fluvii sensere cavatas;
navita tum stellis numeros et nomina fecit,
Pleiadas, Hyadas, claramque Lycaonis Arcton;
tum laqueis captare feras et fallere visco
inventum et magnos canibus circumdare saltus
(…)

Más de Virgilio en Otra Iglesia Es Imposible
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Imagen: Detalle del mosaico que representa a Virgilio y las musas Clío y Melpómene, siglo III, Susa, Túnez, conservado en el Museo del Bardo tunecino

sábado, junio 15, 2024

Lucrecio / De los sueños



Y así como cada uno está adherido a una pasión
o a esas cosas en que mucho nos hemos demorado
y en que la mente ha disfrutado más de cavilar,
eso mismo aparece con frecuencia en los sueños:
los abogados pleitean causas y componen leyes,
los generales combaten viéndose en batallas,
los marinos continúan sus disputas con el viento,
yo hago esto: busco la naturaleza de las cosas
siempre y hallada la expongo en páginas patrias.


También al parecer otras pasiones y oficios
engañan en sueños el ánimo de los hombres.
Y en quienes por días sucesivos se entregaron
a los juegos del circo, vemos con frecuencia
cómo al dejar de ser usurpados sus sentidos
pasos abiertos quedan sin embargo en su mente
por donde logran sobrevenirles simulacros
de modo tal que aún días después se le aparecen
ante los ojos, incluso en vigilia, y creen ver
a quienes bailan y mueven sus caderas flexibles,
el canto líquido de la cítara y cuerdas parlantes
alcanzan sus oídos y hasta perciben la multitud
mientras variada esplende la decoración escénica.

Tito Lucrecio Caro (Roma, c.99 a.C. - Roma, c.55 a.C.), "De los sueños / De las cosas venéreas", De la naturaleza de las cosas, IV; Lucrecio, N Direcciones, 2023 Op. Cit. junio 12, 2024
Versiones de Sergio Raimondi
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Imagen: Lucrecio en una ilustración firmada al pie M. Burghers, De natura rerum, versión al ingles, L. Lichfield, Oxford University, 1682. Letra Global

miércoles, junio 05, 2024

Horacio / Más rectamente vivirás, Licinio...




(Carminum II, 10)

A Licinio

Más rectamente vivirás, Licinio,
si no navegas siempre por alta mar,
ni, mientras cauto temes las tormentas,
costeas el abrupto litoral.
Todo el que ama una áurea medianía
carece, libre de temor, de la miseria
de un techo vulgar; carece también,
sobrio, de un palacio envidiable.
Con más violencia azota el viento
los pinos de mayor tamaño,
y las torres más altas caen
con mayor caída, y los rayos
hieren las cumbres de los montes.
Espera en la adversidad, y en la
felicidad otra suerte teme,
el pecho bien dispuesto.
Es Júpiter quien trae
los helados inviernos,
y es él quien los aleja.
No porque hoy vayan mal las cosas
sucederá así siempre:
Apolo a veces hace despertar
con su cítara a la callada Musa;
no está siempre tensando el arco.
Muéstrate fuerte y animoso
en los aprietos y estrecheces;
y, de igual modo, cuando un viento
demasiado propicio hincha tus velas,
recógelas prudentemente. 

Horacio (Quintus Horatius Flaccus, Venusia, hoy Venosa, 65 a.C. - Roma, 8 a.C.), Antología de la poesía latina, Alianza, Madrid, 1981
Versiones de Luis Alberto de Cuenca y Antonio Alvar

Más poemas de Horacio en Otra Iglesia Es Imposible

Carmen X

Rectius vives, Licini, neque altum
semper urgendo neque, dum procellas
cantus horrescis, nimium premendo
     litus iniquum.
auream quisquis mediocritatem
diligit tutus, caret obsoleti
sordibus tecti, caret invidenda
     sobrius aula.
saepius ventis agitatur ingens
pinus et celsae graviore casu
decidunt turres feriuntque summos
     fulgura montes.
sperat infestis, metuit secundis
alteram sortem bene praeparatum
pectus, informes hiemes reducit
     Iuppiter, idem.
summovet non, si male nunc, et olim
sic erit: quondam cithara tacentem
suscitat musam neque semper arcum
     tendit Apollo.
rebus angustis animosus atque
fortis appare; sapienter idem
contrahes vento nimium secundo
     turgida vela.

Q. Horatii Flacci, Carminum. Liber II. Toronto: The Copp Clark Co. Limited; London: Macmillan and Co. Limited, 1905
Ontario Council of University Libraries, Internet Archives, 2009

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domingo, julio 02, 2023

Tibulo / De la elegía IV




Jóvenes, amad a las Piérides y a los doctos poetas,
y no sobrepujen a las Piérides presentes de oro.
Por el canto es púrpura la cabellera de Niso: si no existieran cantos
no brillaría el marfil en el hombro de Pélope.
A quien canten las Musas, vivirá mientras la tierra, robles,
mientras el cielo, estrellas, mientras el torrente, aguas tenga.
Pero quien no oye a las Musas, quien vende el amor,
que ése siga el carro de Ope, la del Ida,
y que recorra en sus vagabundeos trescientas ciudades
y se corte los viles miembros entre tonadas frigias.
Venus misma desea que haya sitio para ternuras; ella favorece
a suplicantes quejas, a míseros llantos.

Tibulo, Aulio Albio (Gabios, hoy Castiglione, Italia, c. 55 a.C. - Roma, c. 17 a.C.), Elegías.Tibulo y los autores del Corpus Tibullionum, edición, traducción y notas de Hugo Francisco Bauzá, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Madrid, 1990
Poéticas, 25.2.2009


Imagen: Dos ninfas y el dios de un río. Detalle de un fresco de la Casa de las Vestales, Pompeya, siglo I; Louvre, París Universidad Complutense de Madrid


PIERIDAS, PUERI, DOCTOS ET AMATE POETAS…

Pieridas, pueri, doctos et amate poetas,
Aurea nec superent munera Pieridas.
Carmine purpurea est Nisi coma: carmina ni sint,
Ex umero Pelopis non nituisset ebur.
Quem referent Musae, uiuet, dum robora tellus,
Dum caelum stellas, dum uehet amnis aquas.
At qui non audit Musas, qui uendit amorem,
Idaeae currus ille sequatur Opis
Et tercentenas erroribus expleat urbes
Et secet ad Phrygios uilia membra modos.
Blanditiis uolt esse locum Venus ipsa: querellis
Supplicibus, miseris fletibus illa fauet.

Albii Tibulli Liber Primus, IV, 61-72.

domingo, diciembre 26, 2021

Ovidio / De "Ibis"



Ibis, vv. 110-125

Que te niegue la tierra sus frutos, el agua sus corrientes,
que el viento y la brisa te nieguen sus soplos.
Ni que el sol resplandezca, ni que Febe brille para ti,
y que los claros astros engañen tus ojos.
Que ni siquiera Vulcano te provea aire,
ni encuentres camino ni en tierra ni en mar.
Que seas desterrado, erres pobre
y vagues por fronteras extranjeras,
y que tu boca temblorosa ruegue por comida.
Ni que tu cuerpo ni tu mente estén libres de dolor,
Y que el día y la noche sean
más severos que el anterior.
Que siempre seas miserable
y que a nadie le importe tu miseria.
Que hombres y mujeres gocen de tus desgracias.
Que el odio ingrese en tus lágrimas,
y seas considerado digno
de ser quien ha sufrido mucho, para sufrir más.
Y que, -cosa rara- si tus fallos compadecen,
la fortuna despierte la envidia en tu cara.
Y que no te falte el motivo,
pero que la muerte se olvide de ti:
y que la vida deseada
obligada huya asesinada,
y que tu espíritu, después de tanto luchar,
se tarde en abandonar
tus miembros torcidos.

Publio Ovidio Nasón (Sulmona, Italia, 43 a. C. – Tomis, actual Constanza, Rumania, 17 d.C.), Opere. Volume Secondo. Tristia, Ibis, Ex Ponto, Halieuticon Liber, UTET, Turín, 1986
Traducción de Mario Chávez Carmona, Buenos Aires Poetry, febrero 25, 2021

Nota del Ad.: No se pudo identificar el destinatario real de la extensa maldición (644 versos) que constituye el poema Ibis. Se supone que es producto de la rabia de Ovidio por su exilio en el territorio de la actual Rumania, que terminó con su muerte. Se descarta, sin embargo, que haya sido dirigida al emperador Augusto, a quien escribió pidiéndole clemencia. La obra siguió a Tristia, en la que el poeta latino refiere expresamente su estado de ánimo en los años de destierro. Los comentarios a lo largo del tiempo han enumerado prolijamente los tipos de injuria y catalogado las figuras y situaciones mitológicas que aparecen en el poema. Ovidio, autor de las Metamorfosis, era un erudito en mitología. Su libro fue la base de las menciones mitológicas que contiene la Divina comedia, de Dante Alighieri, quien puso a Ovidio entre los cinco grandes poetas antiguos que habitan el florido castillo del Limbo.


Foto: Ovidio, según el escultor Ettore Ferrari, Sulmona, fines del siglo XIX Abruzzo Live


Ibis, vv. 110-125

Terra tibi fruges, amnis tibi deneget undas,
Deneget afflatus ventus et aura suos.
Nec tibi sol calidus, nec sit tibi lucida Phoebe,
Destituant oculos sidera clara tuos.
Nec se Vulcanus nec se tibi praebeat aer,
Nec tibi det tellus nec tibi pontus iter.
Exul, inops erres, alienaque limina lustres,
Exiguumque petas ore tremente cibum.
Nec corpus querulo nec mens vacet aegra dolore,
Noxque die gravior sit tibi, nocte dies.
Sisque miser semper, nec sis miserabilis ulli:
Gaudeat adversis femina virque tuis.
Accedat lacrimis odium, dignusque putere,
Qui, mala cum tuleris plurima, plura feras.
Sitque, quod est rarum, solito defecta favore
Fortunae facies invidiosa tuae.
Causaque non desit, desit tibi copia mortis:
Optatam fugiat vita coacta necem:
Luctatusque diu cruciatos spiritus artus
Deserat, et longa torqueat ante mora.

lunes, diciembre 20, 2021

Estacio / Silva
























Silvas
Libro V
IV. El Sueño

¿Por qué crimen, joven plácido dios,
o por qué mísero error, Sueño, merezco
ser el único que carece de tus dones?
Callan todas las reses, los pájaros y las fieras,
y las cóncavas cumbres simulan exhaustos sueños;
no suena igual el ruido de los ríos,
cesa el estremecimiento de las aguas
y la mar se acuesta a reposar sobre la tierra.
Ya es el séptimo regreso de Febe
y de pie me mira los ojos enfermos,
otras veces las lámparas de Eta y de Pafo
vuelven a visitarme,
y otras más nuestra Titonia pasa
y ahuyenta los lamentos con su gélido látigo.
¿No he tenido suficiente? Nunca Argos,
quien tenía miles de ojos por todo el cuerpo,
vigiló mi refugio sagrado. ¡Y ahora esto!
Si, bajo la larga noche, alguno te expulsa
del abrazo de su amada, Sueño, ven de allí;
no te obligo a extender tus plumas sobre mis ojos,
como la gente ruega para ser feliz:
basta que con el extremo de tu báculo me toques
o bien tus ligeros pasos me suspendan.

Publio Papinio Estacio * (Nápoles, Italia, c. 45-Roma, 96)
Le selve, Oscar Mondadori, 2006  Buenos Aires Poetry, diciembre 22, 2020
Traducción de Mario Chávez Carmona

* Dante Alighieri homenajeó a Estacio en los cantos 21 y 22 de "Purgatorio": le hizo declarar su secreta conversión al cristianismo, supuso su gran admiración, casi idolatría, por Virgilio, y lo convirtió en su segundo acompañante hasta el final de ese libro. Virgilio le revela su afecto en los primeros tercetos del canto 22:

Y yo, más leve que por los otros pasos,
andaba, tanto que sin ningún cansancio
seguía arriba a los espíritus veloces;

cuando Virgilio comenzó a decir: "Amor,
encendido de virtud, siempre a otro enciende,
solo para que la llama muestre su fulgor;

"por eso en la hora en que descendiese
en el limbo del infierno Juvenal,
y que tu afección me hizo evidente,

"mi benevolencia hacia ti fue cual
no me unió jamás a no vista gente,
tanto que me hará corta esta escalera.

(N. del Ad.)


Imagen: Grabado del siglo XVI Wikimedia Commons

Silvae
Liber V
IV. SOMNVS

Crimine quo merui, iuvenis placidissime divum,
quove errore miser, donis ut solus egerem,
Somne, tuis? tacet omne pecus volucresque feraeque
et simulant fessos curvata cacumina somnos,
nec trucibus fluviis idem sonus; occidit horror
aequoris, et terris maria adclinata quiescunt.
septima iam rediens Phoebe mihi respicit aegras
stare genas; totidem Oetaeae Paphiaeque revisunt
lampades et totiens nostros Tithonia questus
praeterit et gelido spargit miserata flagello.
unde ego sufficiam? non si mihi lumina mille,
quae sacer alterna tantum statione tenebat
Argus et haud umquam vigilabat corpore toto.
at nunc heu! si aliquis longa sub nocte puellae
brachia nexa tenens ultro te, Somne, repellit,
inde veni; nec te totas infundere pennas
luminibus compello meis hoc turba precatur
laetior: extremo me tange cacumine virgae,
sufficit, aut leviter suspenso poplite transi. 

sábado, enero 03, 2015

Allen Ginsberg / Catulo / Malest Cornifici tuo Catullo












Soy feliz, Kerouac, tu alocado Allen
por fin lo ha hecho: ha descubierto a otro jovencito
y mi fantasía de un chico eterno
camina por las calles de San Francisco,
hermoso, y me encuentra en cafeterías
y me ama. Ah, no pienses que soy un asco.
Estás enojado conmigo. ¿Debido a todos mis amantes?
Es duro comer mierda sin tener visiones;
cuando ponen sus ojos en mí es como
el Paraíso.

S.F, 1955

Allen Ginsberg (Newark, 1926-Nueva York, 1997), Reality Sandwiches, City Lights, San Francisco, 1961.
Versión de Jonio González

MALEST CORNIFICI TUO CATULLO

I'm happy, Kerouac, your madman Allen's
finally made it: discovered a new young cat,
and my imagination of an eternal boy
walks on the streets of San Francisco,
handsome, and meets me in cafeterias
and loves me. Ah don't think I'm sickening.
You're angry at me. For all of my lovers?
It's hard to eat shit, without having visions;
when they have eyes for me it's like
Heaven.

SF 1955












XXXVIII

Mal le va, Cornificio, a tu Catulo;
le va mal, ¡por Hércules!, y a trancas y barrancas,
y más y más de día en día y de hora en hora.
Y tú (¡con lo poquito y lo fácil que es!),
¿con qué palabras lo estás consolando?
Estoy enfadado contigo. ¿Así tratas mi cariño?
Poco te cuesta cualquier palabra,
más triste que las lágrimas de Simónides.

Cayo Valerio Catulo (Verona, 84 a.C-Roma, 54 a.C), Catulli Carmina, Babab.com, vol. 7, Madrid, marzo de 2002, edición revisada. Texto, traducción y notas de Rosario González Galicia.
Envío de Jonio González

XXXVIII

Malest, Cornifici, tuo Catullo,
malest, me Hercule, et laboriose,
et magis magis in dies et horas.
Quem tu – quod minimum facillimumque est
qua solatus es allocutione?
Irascor tibi. Sic meos amores?
Paulum quid lubet allocutionis,
maestius lacrimis Simonideis. 


Foto: Busto de Catulo en Sirmione, Brescia

jueves, abril 03, 2014

Virgilio / De la Eneida
















Libro IX, 424-437

entonces verdaderamente aterrado, fuera de sí
grita Niso sin ocultarse en la noche, no pudiendo
soportar tanto dolor: “hacia mí, hacia mí, oh Rútulos
yo fui quien lo hizo, a mí dirijan las espadas: fue mío
todo el error, este nada pudo, ni su atrevimiento;
por testigos pongo estas estrellas: tan grande era
el cariño por su desgraciado amigo”: estas cosas dijo
sin embargo la cercana espada del enemigo atraviesa
las costillas y rompe el delicado pecho: Euríalo cae
herido de muerte, sangre corre por el cuerpo blanco
y el cuello cansado cae sobre los hombros, tal cual
cuando una flor purpúrea cortada por el arado
languidece muriendo, tal cual la adormidera, a fuerza
de lluvia, cansado su cuello, deja caer el capullo

Publio Virgilio Marón (Mantua, 70 a.C.-Brindisi, 19 a.C.), Eneida, 19 a.C.
Versión de Ignacio Uranga


................  tum vero exterritus, amens,

conclamat Nisus nec se celare tenebris
amplius aut tantum potuit perferre dolorem:
«me, me, adsum qui feci, in me convertite ferrum,
o Rutuli! mea fraus omnis, nihil iste nec ausus 
nec potuit; caelum hoc et conscia sidera testor;

tantum infelicem nimium dilexit amicum.»
talia dicta dabat, sed viribus ensis adactus
transadigit costas et candida pectora rumpit.
volvitur Euryalus leto, pulchrosque per artus
it cruor inque umeros cervix conlapsa recumbit:

purpureus veluti cum flos succisus aratro
languescit moriens, lassove papavera collo
demisere caput pluvia cum forte gravantur.

lunes, marzo 31, 2014

Tibulo / Elegía X




Tibulo, liber I, elegeia X


¿Quién fue el primero que dio a conocer las horrorosas armas?
tan cruel fue y verdaderamente insensible aquel: entonces:
nacida la matanza del género humano, entonces las guerras:
un más breve camino fue abierto hacia la muerte funesta:
aquel mísero, sin embargo, nada mereció: para nuestro propio mal
empleamos lo que aquel nos dio en defensa de las fieras salvajes:
este vicio existe por el oro ambicioso: ni guerras había cuando una copa
de madera había junto al plato de comida ni fortalezas ni trincheras había
y el pastor buscaba seguro los sueños entre el rebaño de sus muchas ovejas
fuera mi vida de aquel tiempo y no hubiera conocido las tristes armas ni hubiera
oído con el corazón exaltado la trompeta: ahora a la guerra me arrastran, y ya
algún enemigo acaso lleva los dardos que habrán de detenerse en mi costado:
Lares de mi padre, protéjanme: ustedes mismos me alimentaron y sostuvieron
cuando, tierno, de niño gateaba ante sus pies: no los avergüence haber sido hechos
de un antiguo tronco, así habitaron la antigua casa de mis abuelos: entonces
guardaban mejor la fe, cuando un dios de madera humilde culto recibía en un
templo pequeño: este era complacido si alguien ofrecía un racimo de uva
o si ofrecía ramillete de espigas a su santa cabellera y alguno que ha obtenido
lo deseado llevaba él mismo detrás de la compañía de su hija un puro panal:
aparten de nosotros, Lares, el tejido de acero, y un cerdo en rústica ofenda
de mi campo repleto sacrificaré, y lo seguiré con vestido puro y una canasta
adornada con mirto llevaré y yo mismo con mirto en mi cabeza: quiera esto les
agrade: otros sean fuertes en las armas: sea Marte favorable y venza a los
guerreros adversos, para que a mí pueda el soldado decirme sus hechos, y
bebiendo en la mesa pueda yo dibujar, mojado un dedo con vino, al ejército:
qué es este furor de llamar a la negra muerte con guerras?: inminente la guerra
con sigiloso paso viene oculta: no hay campos a cosechar allá abajo, no hay, no
cultos viñedos, sino Cerbero el audaz y el terrible barquero de Estigia: en este lugar
consumidos el pelo y mejillas, la pálida turba yerra hacia lagos oscuros: cuánto
más alabado aquel a quien, criados sus hijos, la tarda vejez encuentra en su pequeña casa:
él mismo cuida sus a ovejas, el hijo los corderos y la esposa prepara agua tibia
para el cansado: sea yo así, pueda mi cabeza brillar de canas y en mi vejez
contar historias de viejos tiempos: entre tanto, la paz proteja los campos: la bella paz
primero condujo a bueyes hacia el arado bajo curvos yugos: viñedos la paz alimentó
y vertió jugos de uva hasta que el vino llenara para el hijo la vasija paterna: con la paz
brillan la azada, el arado y el óxido invade a las tristes armas en la oscuridad del duro soldado:
el rústico mismo, sobrio del bosque en el carro vuelve a la casa con su hijo, su mujer: hay
pues solamente la guerra del amor, entonces: con sueltos cabellos la mujer, forzadas
las puertas: llora lastimadas las tiernas mejillas: el mismo vencedor llora si extasiadas
sus manos hubieren sido lastimantes: el malicioso amor de la disputa provee palabras
malas y entre ellos se sienta irritado: es insensible cualquiera que a una piedra preciosa
a su muchacha maltrate: este arrancaría seguramente del cielo a los dioses: baste quitar
el tenue vestido de los miembros baste el ornato de su cabellera desemprolijar para
moverlo a las lágrimas: feliz cuatro veces feliz aquel que puede enardecido lograr
lágrimas en su muchacha: pero el que sea con las manos agresivo y lleve escudo
y sudor manténgase lejos de la tierna Venus: seas con nosotros, alma paz:
derrame frutos sujetando una espiga tu ardoroso seno

Albio Tibulo (Gabios, Lazio, c.55 a.C.-Roma, c.17 a.C.)
Versión de Ignacio Uranga


X

Quis fuit, horrendos primus qui protulit enses?
Quam ferus et vere ferreus ille fuit!
Tum caedes hominum generi, tum proelia nata,
Tum brevior dirae mortis aperta via est.
5
An nihil ille miser meruit, nos ad mala nostra
Vertimus, in saevas quod dedit ille feras?
Divitis hoc vitium est auri, nec bella fuerunt,
Faginus adstabat cum scyphus ante dapes.
Non arces, non vallus erat, somnumque petebat
10
Securus sparsas dux gregis inter oves.
Tunc mihi vita foret, volgi nec tristia nossem
Arma nec audissem corde micante tubam;
Nunc ad bella trahor, et iam quis forsitan hostis
Haesura in nostro tela gerit latere.
15
Sed patrii servate Lares: aluistis et idem,
Cursarem vestros cum tener ante pedes.
Neu pudeat prisco vos esse e stipite factos:
Sic veteris sedes incoluistis avi.
Tum melius tenuere fidem, cum paupere cultu
20
Stabat in exigua ligneus aede deus.
Hic placatus erat, seu quis libaverat uva,
Seu dederat sanctae spicea serta comae,
Atque aliquis voti compos liba ipse ferebat
Postque comes purum filia parva favum.
25
At nobis aerata, Lares, depellite tela,
...................................................................
...................................................................
Hostiaque e plena rustica porcus hara.
Hanc pura cum veste sequar myrtoque canistra
Vincta geram, myrto vinctus et ipse caput.
Sic placeam vobis: alius sit fortis in armis
30
Sternat et adversos Marte favente duces,
Ut mihi potanti possit sua dicere facta
Miles et in mensa pingere castra mero.
Quis furor est atram bellis accersere mortem?
Inminet et tacito clam venit illa pede.
35
Non seges est infra, non vinea culta, sed audax
Cerberus et Stygiae navita turpis aquae;
Illic percussisque genis ustoque capillo
Errat ad obscuros pallida turba lacus.
Quam potius laudandus hic est, quem prole parata
40
Occupat in parva pigra senecta casa.
Ipse suas sectatur oves, at filius agnos,
Et calidam fesso conparat uxor aquam.
Sic ego sim, liceatque caput candescere canis,
Temporis et prisci facta referre senem.
45
Interea pax arva colat. pax candida primum
Duxit araturos sub iuga curva boves,
Pax aluit vites et sucos condidit uvae,
Funderet ut nato testa paterna merum,
Pace bidens vomerque nitent - at tristia duri
50
Militis in tenebris occupat arma situs -
Rusticus e lucoque vehit, male sobrius ipse,
Uxorem plaustro progeniemque domum.
Sed Veneris tum bella calent, scissosque capillos
Femina perfractas conqueriturque fores.
55
Flet teneras subtusa genas, sed victor et ipse
Flet sibi dementes tam valuisse manus.
At lascivus Amor rixae mala verba ministrat,
Inter et iratum lentus utrumque sedet.
A, lapis est ferrumque, suam quicumque puellam
60
Verberat: e caelo deripit ille deos.
Sit satis e membris tenuem rescindere vestem,
Sit satis ornatus dissoluisse comae,
Sit lacrimas movisse satis: quater ille beatus,
Quo tenera irato flere puella potest.
65
Sed manibus qui saevus erit, scutumque sudemque
Is gerat et miti sit procul a Venere.
At nobis, Pax alma, veni spicamque teneto,
Perfluat et pomis candidus ante sinus.

---
Imagen: Tibulo imaginado por Lawrence Alma-Tadema: Tibullus at Delia's, 1866

jueves, marzo 27, 2014

Horacio / Me evitas, Cloe...




















[Carmen 1:23]

Me evitas, Cloe, tal cual si un cervatillo fueras
que busca por inaccesibles montes a la madre
-espantada-, no sin vano temor de selvas y brisas:

el volver de la primavera: entonces tiembla, pues
si en movimiento las hojas, si verdes reptiles agitan
una zarza: el corazón, las piernas tiémblanle:

no te persigo como áspero tigre ni león de Getulia
para acaso destrozarte: deja a tu madre
y marcha entonces adulta con este hombre.

Horacio (Quintus Horatius Flaccus, Venusia, hoy Venosa, 65 a.C.-Roma, 8 a.C.)
Versión de Ignacio Uranga


carm. 1.23 (Metrum: Asclepiadeum tertium)

Vitas inuleo me similis, Chloe,
quaerenti pavidam montibus aviis
    matrem non sine vano
        aurarum et siluae metu.

  nam seu mobilibus veris inhorruit
adventus foliis seu virides rubum
    dimovere lacertae,
        et corde et genibus tremit. 

      atqui non ego te tigris ut aspera
 Gaetulusve leo frangere persequor:
       tandem desine matrem
          tempestiva sequi viro.

jueves, junio 27, 2013

Poemas elegidos, 51


Ignacio Uranga
(Bahía Blanca, 1982)

31, de Safo; LI, de Catulo
Dos poemas a los que siempre vuelvo y en los que siempre encuentro alguna novedad. Ahora se me ocurre, por ejemplo, que el fragmento de Safo sea, quizá, el primer testimonio de algo que en la actualidad prolifera, llámese “panic attak”, crisis de ansiedad, o como sea. Entre otras cosas, es una posible respuesta a por qué estos poemas son un clásico: textos que no envejecen. En lo estrictamente formal, la lengua griega y el latín me hicieron pensar qué cosa es la “dispositio”, eso llamado “ritmo” en el formalismo. Rubén Darío decía que si la lengua española se oyera bien, se vería que aún siguen existiendo, además de los de intensidad, los acentos de altura. Luego, y en relación también a esto, leer las coplas de Manrique da cuenta de que esa estrofa, aun sin respetar la métrica grecolatina, tiene su origen en estos poemas, de modo que ahí tenía otra cosa para pensar, y es el hecho de que no ya los motivos o temas, sino la forma misma hablara y creara un palimpsesto, eso que hizo Catulo al reescribir el fragmento de Safo. Digo “reescribir” porque la operación catuliana pone en evidencia -y quizá sea otro primer testimonio- que traducir posiblemente no sea otra cosa que reescribir. Más allá de todo lo dicho sobre la traducción, esa “aemulatio”, de un poeta tan original como Catulo, no deja de ser, y sigo leyendo el plano formal, la exposición de proyecto poético; es decir, un poeta novedoso en su época, que no deja de atender a eso que venía de atrás, la tradición. Pareciera estar diciendo que la novedad no surge desde la nada, y que quien crea que sí, puede quedar entrampado en la transgresión por la transgresión misma. Suficientes motivos como para volver -si tal cosa se pudiera- una y otra vez a estos dos poemas y a los sinnúmeros de poemas que generan en cada traducción, es decir, en cada reescritura.


[Fragmento 31]

Aquel me parece igual a los dioses
el hombre que está justo enfrente tuyo
y de cerca te escucha y mira susu-
rrar amigable

y ríes levemente, lo que hace
que en mi pecho el corazón eche a volar
pero te miro y se agolpa y las pala-
bras no me salen

la voz se me quiebra, mientras un fuego
sutil se agita debajo de mi piel
los ojos se niegan a ver, me retum-
ban los oídos

un sudor frío se expande sobre mí
un temblor me invade toda, blanca estoy
como el nácar, débil cercana a morir
parece que estoy

pero todo se soporta aun pobre...

Safo (Lesbos, Grecia, VII a.C.- VI a.C.)


[LI]

aquel me parece semejante a un dios:
aquel, si es lícito, supera a los dioses
el que sentado en frente tuyo te
mira y escucha

reís dulcemente, lo que, mísero
me arrebata los sentidos: al punto
Lesbia, en que te veo y nada queda
en mi boca de voz

la lengua se entorpece y sutil
bajo la piel un fuego me recorre:
tintinean mis oídos y una doble
noche oculta mis ojos

el ocio, Catulo, te es molesto:
en el ocio te exaltás en demasía:
el ocio, en otros tiempos, perdió
reyes y ciudades felices

Catulo (Verona, c. 87 a.C.-Roma, c. 54 a.C.)

Versiones de Ignacio Uranga

Foto: Ignacio Uranga en Urbe Salvaje

jueves, noviembre 10, 2011

Propercio / Tres elegías



Tres elegías de Sexto Propercio
Versiones y notas de Ángel Faretta

II, 28 B
Desertan los rombos (*) mágicos tras el nulo encanto,
Yace exangüe el laurel una vez agotado el fuego;
Y hasta la luna se niega a descender desde el cielo
El ave muy negra nos trae una profecía tan funesta.
El hado en su nave llevará nuestros amores,
Muy azul y con velas, hasta los lagos infernales.
No de uno sino de dos, por favor, ten piedad,
Que yo viva si ella vive, y si no que muera.
Por sus votos te prometo que en mis carmina
Yo cantaré: ‘El gran Jove salvó a mi niña’
Sentada a tus pies, ella, luego del sacrificio,
Habrá de narrarte el peligro ahora pasado.

Deficiunt magi torti sub carmine rhombi
et iacet exstincto laurus adusta foco;
et iam Luna negat totiens descendere caelo,
nigraque funestum concinit omnen auis.
una ratis fati nostros portabit amores
caerula ad infernos uelificata lacus.
si non unius, quaeso, miserere duorum!
uiuam, si uiuet; si cadet illa, cadam.
pro quibus optatis sacro me carmine damno:
scriban ego ‘Per magnum est salua puella Iouem’;
ante tuosque pedes illa ipsa operata sedebit,
narrabitque sedens longa pericla sua.

* esos rombos (“rhombi”) eran una suerte de husos que se empleaban en la magia adivinatoria. Al parecer estaban cubiertos de hilos de diversos  colores que eran devanados según ciertas fechas para la predicción.
Lo que sigue: el laurel quemado, el ave negra, etc., es de fácil comprensión. Que la nave sea azul (“caerulea”, de “caelo”, cielo) baste decir aquí que este color-emblema tendrá una larguísima descendencia lírica. Aunque en castellano “azul” nos viene del árabe “lazurd” y éste a su vez del persa “lazawurd”.
Puede agregarse que Propercio era uno de los poetas pertenecientes al círculo de Mecenas junto a Virgilio, Horacio, et al. Y que concreta líricamente aquí, en este carmen, algo central de la política imperial augustea recientemente inaugurada: la de volver a la estricta práctica de la religión tradicional romana con su Júpiter-Juno en lo más alto y eliminar todo ejercicio mágico y mántico.
Si es cierta una de las versiones que se dan al respecto, Ovidio fue desterrado a Tomis -hoy Constanza- junto al Ponto Euxino (Mar Negro) en la actual Rumania, por haberse inmiscuido en uno de esos ejercicios mágicos.

III, 25 
Yo era motivo de risas entre los comensales
Y todos podían hacerme pasto de sus chismes,
Aunque he podido servirte por cinco años
Mordiéndote las uñas llorarás mi ser fiel.
No me afecta tu llanto que supo atraparme,
Siempre lo fabricas, Cintia, para hacerme tuyo.
Yo sí iré llorando, pero tu incuria supera el llanto
Pues eres tú la que impide que un yugo nos una.
Más no pasen del umbral de queja mis palabras
Ni quiebren a golpes tu puerta mis manos.
Que el célere tiempo se agazape en los años
Y que se apresure veloz la siniestra arruga.
Allí querrás arrancarte tu blanca cabellera
Cuando el espejo te increpe, ay, las arrugas.
Excluida, habrás de soportar tantas arrogancias
Quejándote de lo que hiciste y te hacen ahora.
He aquí lo que cruel, ésta, mi página te augura:
¡Date cuenta que tu belleza es fugaz y tiembla!

Risum eram positis inter conuiuia mensis,
et de me poterat quilibet esse loquax,
quinqui tibe potui seruire fideliter annos:
unge meam morso saepe querere fidem.
nil moueor lacrimis: ista sum captus ab arte (*);
semper ad insidiis, Cynthia, flere soles.
flebo ego discedens, sed fletum iniuria uincit:
tu bene conueniens non sinis ire iugum.
limina iam nostris ualeant lacrimantia uerbis,
nec tamen irata ianua fracta manu.
at te celatis aetas grauis urgeat annis,
et ueniat formae ruga sinistra tuae!
uellere tum cupias albos a stirpe capillos,
a! Speculo rugas increpitante tibi,
exclusa inque uicem fastus patiare superbos,
et quae fecisti facta queraris anus!
has tibi fatalis cecinit mea pagina diras:
euentum formae disce timere tuae!

* No sé si hará faltar hacerlo a esta altura, pero me permito señalar aquí que en esta variante del topos del tempus fugit puede verse buena parte de la progenie lírica del tango argentino.

* “arte”, aquí es simulación, cosa hecha en forma ficticia. De allí nuestro “fabricar”.

II,  29 B
Era de mañana y busqué saber si dormía sola,
Así hice y vi que Cintia en su lecho sola estaba.
Sorprendido porque jamás me pareció tan bella
Ni aún cuando de purpúrea (*) túnica sale vestida
Para narrarle todos sus sueños a la casta Diva (*)
Y saber no fueran funestos para mí ni para ella.
Tal me pareció al verla salir del sueño reciente.
Ay, cuanto vale toda su cándida forma inerte.
“¿Qué, dijo despertando, haces de vigía de tu amante?
Piensas que mis hábitos son iguales a los que gastas?
No soy tan fácil. Con ser tan solo de uno me basta.
Puede que seas tú, puede que otro, si éste fiel me sea.
No aparecen vestigios del peso de otro en mi litera
Ni hay huellas de cuerpos que han retozado a dúo,
Ve y comprueba como en todo mi cuerpo no aflora
Siquiera un soplo (*) que diga que aquí adulterio hubo”
Eso me dijo y tras apartar con su diestra mi beso
Calzó los pies en muelles sandalias dejando el lecho.
Así es como perdí su sabio amor de tanto velarlo
Y desde ese día infeliz soy por no abrazarlo.


Mane erat, e uolui, si sola quiesceret illa,
uisere: at in lecto Cynthia sola fuit.
obstipui: non illa mihi formosior umquam
uisa, neque ostrina cum fuit in tunica,
ibat et hinc castae narratum somnia Vestae,
neu sibi neue mihi quae nocitura forent:
talis uisa mihi somno dimissa recenti.
heu quamtum per se candida forma ualet!
Quid tu matutinus, ‘ait, speculator amicae?
me similen uestris moribus esse putas?
non ego tam facilis: sat erit mihi cognitus unus,
uel tu uel si quis uerior esse potest,
apparent non ulla toro uestigia presso,
signa uolutantis nec iacuisse duos.
aspice ut in toto nullus mihi corpore surgat
spiritus admisso notus adulterio.’
dixit, et opposita propellens sauia dextra
prosilit in laxa nixa pedem solea.
sic ego tam sancti custos deudor amoris:
ex illo felix nox mihi nulla fuit.

*: ostrina. Es “púrpura”. En cambio “purpureus” refería al violeta pero también a un tono entre rojizo y castaño.

*: en el original “casta Vesta”. Se me ocurre “casta diva”, “diosa pura” o “casta” porque favorece la eufonía de esta versión y por la célebre aria -en rigor una cavatina- de la “Norma” de Vincenzo Bellini con libreto de Felice Romani. Aquí es la sacerdotisa druida Norma la que se dirige en plegaria a la Luna, y en donde pide la derrota de los romanos, lo que luego, como todos sabemos, tendrá un giro de ironía trágica.
 Las funciones de la diosa Vesta eran las de protectora del primer espacio del hogar romano, situado entre el interior y la calle -de allí “vestíbulo”-, donde ardía una llama a toda hora, como también ser la depositaria de los sueños de las mujeres y señalarles si pertenecían a lo fasto o nefasto.
De allí la simbólica de los sueños como ese primer espacio, esa “antesala” del hogar nocturno regido por los hijos de Oneiros -vuelto Somnio por los romanos. El primero de esos hijos es Morfeo por “morfé”, puesto que toma la forma de diversas apariencias, todas humanas, eso sí. Sigue Fóbetor que fabrica formas animales, y luego Fántasos, que lo hace con rocas, ríos y demás, “quaeque vacant anima”: “cuanto vacío está de ánima”, como dice el verso 643 de las “Metamorfosis” de Ovidio, una obra que junto a la  inconclusa “Fastos” es un filón para señalizaciones de este tipo.

* “spiritus”. Algunos traducen “olor”.  Me parece poco romano. Que es un idioma -y un temperamento- seco, viril, limpio hasta cuando insulta. Cierto que puede ser “huella” o “señal”, pero “soplo” -además en castellano- me parece lo mejor.

Sexto Propercio (Umbria, 47 a.C.-Roma, 15 a.C.)

Ilustración: Propercio y Cintia en Tivoli, c.1827, Auguste Jean Baptiste Vinchon

lunes, abril 18, 2011

Safo/Catulo



Safo
Fragmento 31

Aquel me parece igual a los dioses
el hombre que está justo enfrente tuyo
y de cerca te escucha y mira susu-
rrar amigable

y ríes levemente, lo que hace
que en mi pecho el corazón eche a volar
pero te miro y se agolpa y las pala-
bras no me salen

la voz se me quiebra, mientras un fuego
sutil se agita debajo de mi piel
los ojos se niegan a ver, me retum-
ban los oídos

un sudor frío se expande sobre mí
un temblor me invade toda, blanca estoy
como el nácar, débil cercana a morir
parece que estoy

pero todo se soporta cuando pobres...

Safo (Isla de Lesbos, Grecia, VII a.C.- VI a.C.)


Catulo
Carmines

aquel me parece semejante a un dios:
aquel, si es lícito, supera a los dioses
el que sentado en frente tuyo te
mira y escucha

reís dulcemente, lo que, mísero
me arrebata los sentidos: al punto
Lesbia, en que te veo nada queda
en mi boca de voz

la lengua se entorpece y sutil
bajo la piel un fuego me recorre:
tintinean mis oídos y una doble
noche oculta mis ojos

el ocio, Catulo, te es molesto:
en el ocio te exaltás en demasía:
el ocio, en otros tiempos, perdió
reyes y ciudades felices

Caius Valerius Catullus (Verona, 87 aC. - Roma, 54 aC)
Versiones de Ignacio Uranga


φαίνεταί μοι κῆνος ἴσος θέοισιν
ἔμμεν' ὤνηρ, ὄττις ἐνάντιός τοι
ἰσδάνει καὶ πλάσιον ἆδυ φωνεί-
σας ὐπακούει

καὶ γελαίσας ἰμέροεν, τό μ' ἦ μὰν
καρδίαν ἐν στήθεσιν ἐπτόαισεν,
ὠς γὰρ ἔς σ' ἴδω βρόχε' ὤς με φώναισ'
οὐδ' ἒν ἔτ' εἴκει,

ἀλλ' ἄκαν μὲν γλῶσσα ἔαγε λέπτον
δ' αὔτικα χρῶι πῦρ ὐπαδεδρόμηκεν,
ὀππάτεσσι δ' οὐδ' ἒν ὄρημμ', ἐπιρρόμ-
βεισι δ' ἄκουαι,

έκαδε μ' ἴδρως ψῦχρος κακχέεται τρόμος δὲ
παῖσαν ἄγρει, χλωροτέρα δὲ ποίας
ἔμμι, τεθνάκην δ' ὀλίγω 'πιδεύης
φαίνομ' ἔμ' αὔται·

ἀλλὰ πὰν τόλματον ἐπεὶ καὶ πένητα

*

Ille mi par esse deo videtur
ille si fas est superare divos
qui sedens adversus identidem te
spectat et audit
dulce ridentem misero quod omnis
eripit sensus mihi nam simul te
Lesbia aspexi nihil est super mi
vocis in ore
lingua sed torpet tenuis sub artus
flamma demanat sonitu suopte
tintinant aures gemina teguntur
lumina nocte.
Otium Catulle tibi molestum est
otio exsultas nimiumque gestis
otium et reges prius et beatas
perdidit urbes

---
Ilustración: Safo y Alceo, 1881, Lawrence Alma-Tadema

martes, diciembre 14, 2010

Horacio / Tres odas, por Angel Faretta




XI

Tú no preguntes, saber es impío
Lo que a ti o a mí Leucónoe
Han fijado los dioses.
No tientes los números babilonios (*)
Mejor es aceptar lo que venga
Ya si Júpiter te ha destinado
Muchos inviernos o tan solo éste
Que abate al mar Tirreno contra las rocas.
Sé sabia. Filtra el vino
Y no prolongues la esperanza,
Que duramos poco.
Hablamos y huye el tiempo envidioso.
Atrapa el día y cree apenas en mañana. (*)

*: refiere a los horóscopos.
* “carpe diem” es una de las expresiones más célebres de la poesía de Horacio y de la latina en general. Al parecer deviene de una vieja raíz “carpere”, cosechar, como también podría traducirse. Ya que el latín tiene la mayor parte de sus -precisamente- raíces de imágenes agrarias.


XIX

La madre terrible del deseo (*)
el hijo de Sémele la tebana (*)
Y la lasciva Licencia (*)
Buscan que a un viejo amor
Rinda mi ánimo.
Glícera más espléndida
Que el mármol de Paros
Su grata faz proterva
En peligro pone a quien lo mire.
Venus ha desertado de Chipre (*)
Y caído sobre mí y no me deja
Hablar de Escitas o de jinetes partos
Que montan al revés, pues no le importan. (*)
Traigan aquí, muchachos, verbena
Traigan los ramos consagrados
El vino añejo y lo demás
Para la ofrenda a la diosa
A ver si le somos gratos.

*: Venus
*: Dionisio o Baco para los romanos. Posiblemente aquí más en el sentido romano de dios del vino. Es decir que Venus, más el vino y más la Licencia...
*: una de las tantísimas figuraciones sacras de las virtudes y los defectos.
* Chipre uno de los lugares de nacimiento (el otro es Citerea) de la diosa Venus.
*: entre las tantas habilidades de estos jinetes originarios de Partia estaba la de arrojar flechas mientras montaban su caballo puestos de espadas para asegurar así la retirada rápida.


XXV

Tus cerradas ventanas ahora con piedras
Los mozos alzados ya no golpean más
Ni te despiertan y de tu puerta abierta
No pasan del umbral

Que antes tan presurosa se abría
Y ya no oyes gemir cosas como
“Mientras muero por ti en las noches
¿Duermes Lidia?”

Serás ahora tan solo una vieja
Que llora frente al arrogante rufián
En la calle solitaria mientras enloquece
El viento tracio.

Bajo un cielo sin luna arderás
Del deseo de las yeguas furiosas
Te quemará el hígado llagado
Por amor y gemirás

Porque la púber edad la verde hiedra
Prefiere, así como al mirto oscuro,
Y a Euro, compañero de invierno, arroja (*)
Las hojas secas.

* viento del S E que ocasionaba tempestades.


Horacio (Quintus Horatius Flaccus, Venusia, hoy Venosa, 65 a.C.-Roma, 8 a.C.), Odas, Libro I
Versión y notas de Angel Faretta


XI
Tu ne quaesieris scire nefas, quem mihi, quem tibi
finem di diderint, Leuconoe, nec Babylonios
temptaris numeros, ut melius, quidquid erit, pati!
seu pluris hiemes seu tribuit Iuppiter ultimam,
quae nunc oppositis debilitat pumicibus mare
Tyrrhenum, sapias, vina liques, et spatio brevi
spem longa reseces, dum loquimur, fugerit invida
aetas: carpe diem, quam minumum credula postero .

XIX
Mater saeva Cupidum
Thebanaeque iubet me Semelae puer
et lasciva Licentia
finitis animum reddere amoribus.
urit me Glycerae nitor
splendentis Pario marmore purius.
urit grata protervitas
et vultus nimium lubricus aspici.
in me tota ruens Venus
Cyprium deseruit, nec patitur Scythas (*)
et versis animosum equis
Parthum dicere nec quae nihil attinent.
hic vivum mihi caespitem, hic
verbenas, pueri, ponite turaque
bimi cum patere meri.
mactata veniet lenior hostia.

XXV
Parcius iunctas quatiunt menestras
iactibus crebris iuvenes protervi,
nec tibi somnos adimunt, amatque
ianua limen,

quae prius multum facilis movebat
cardines; audis minus et minus iam
‘me tuo longas pereunte noctes,
Lydia, dormis?’

invicem moechos anus arrogantes
flebis in solo levis angiportu,
Thracio bacchante magis sub inter-
lunia vento.

cum tibi flagrans amor et libido
quae solet matres furiare equorum,
saeviet circa iecur ulcerosum,
non sine questu

laeta quod pubes hedera virenti
gaudeat pulla magis atque myrto
aridas frondis hiemis sodali
dedicet Hebro.



Ilustración: Flooded London 2090 Estudio squint/opera Revista Epóxica

sábado, septiembre 05, 2009

Claudiano / Sobre una mesa de piedra...



10

Sobre una mesa de piedra
Adornada con una flor
Se ha posado un águila.

La imagen del ave
Sobre la superficie pétrea
Sugiere una extraña figura:

La mesa en lo alto
Tomando vuelo, pesada y sin alas.

Claudio Claudiano (Alejandría, c. 370-Roma, c. 404), Los V latinos, versiones textos y notas de Javier Cófreces y Matías Mercuri, Ediciones en Danza, Buenos Aires, 2005

X
Mensa coloratis aquilae in alis, / quam floris dinstinguit honos, similisque figura,/ texitur: implumem mentitur gemma volatum.

Ilustración: Apoteósis de Claudio (detalle), Museo del Prado

viernes, septiembre 04, 2009

Ausonio / Eunomo le diagnosticó...


















4

Eunomo le diagnosticó al pálido y desfalleciente Gayo:
"Tu vida está en manos de los dioses".

Pasado el tiempo, el médico se cruzó con su paciente
Quien lucía el mismo rostro cadavérico de antaño.

"¿Eres tú?, preguntó Eunomo.
"Sí, soy Gayo", respondió el otro.
"¿Has sobrevivido?"
A lo que Gayo negó moviendo su cabeza.
"¿Qué haces aquí entonces?"
"Me enviaron los dioses a merodear entre los vivos
Para llevarme a los médicos al más allá."

Al oír esto, Eunomo comenzó a temblar.
Gayo continuó:
"No tienes por qué preocuparte,
Nadie que te conozca sospecharía que eres médico".

Magno Décimo Ausonio (Burdigala, actual Burdeos, c. 310-c.395), Los V latinos, versiones textos y notas de Javier Cófreces y Matías Mercuri, Ediciones en Danza, Buenos Aires, 2005

IV
Languentem Gaium moriturum dixerat olim / Eunomus: evasit fati ope, non medici./ Paulo post ipsum videt aut vidissi putavit/ pallentem et mula mortis in effigie./ "Quis tu"? "Gaius", ait. "Vivisne"? Hic abnuit. "Et quid/ nunc agis hic"? "Missu Ditis", ait, "venio/ ut, quit notitiam rerumque hominumque tenerem,/ accirem medicos". Eunomus obriguit./ Tum Gaius: "Metuas nihil, Eunome: dixi ego et omnes/ nullum qui saperet dicere te medicum".

Ilustración: Probablemente Ausonio, en un grabado medieval Aquitaine Online

miércoles, abril 01, 2009

Catulo-Ezra Pound / N.Y. - Carmina, VIII



N.Y.

Ciudad blanca, amada,delicadamente
en la música de esta flauta, atiende.

Sé, ahora, que estoy loco
porque aquí hay un millón de almas
ásperas por el tráfico
y no sabría tocar una flauta si la tuviera.

Ciudad blanca, amada,
eres una chica sin pechos
esbelta como una flauta.
Escúchame, atiende,
te infundiré un alma.
Y tú, Catulo, resiste.

Ezra Pound (Hailey, 1885- Venecia, 1972), "Ripostes (1912)", Poems & Translations,The Library of America, New York, 2003
Catulo (Caius Valerius Catullus, Verona, 87 aC.-Roma, 54 aC.), Carmina, Biblioteca Babab

Versiones y montaje: J.A.

N.Y.

My City, my beloved, my white! Ah, slender,/ Listen! Listen to me, and I will breathe into thee a soul./ Delicately upon the reed, attend me!// Now do I know that I am mad,/ For here are a million people surly with traffic; / This is no maid. /Neither could I play upon any reed if I had one.// My City, my beloved,/ Thou art a maid with no breasts, / Thou art slender as a silver reed./ Listen to me, attend me! /And I will breathe into thee a soul,/ And thou shalt live for ever. E.Pound


Carmina, VIII

at tu, Catulle, destinatus obdura. 

Catulo

---
Ilustración: Jol, Xul Solar, 1926. MALBA, Buenos Aires

jueves, marzo 19, 2009

Catulo / Versiones



[XXII]

Ese Sufeno, Varo (tú lo conoces),
tan elegante, ingenioso y refinado,
también hace versos. Más versos que nadie.
Miles de versos, y no como nosotros
en papiros baratos: en papel "Carta Imperial",
rollos nuevos, con estuches nuevos, cintas
de seda, y empastadura de pergamino fino,
rayados con plomo y pulidos con piedra pómez.
Pero lo lees, y el exquisito, el lindo
Sufeno, el dandy de los banquetes,
se transforma en un cuidador de cabras,
en un peón escribiendo poesía.
¡Y nada le halaga tanto como escribir poesía!
Pero, Varo, todos somos Sufeno en una cosa
o en otra, y no nos damos cuenta.
Todos llevamos un Sufeno dentro.


[XXVI]

Furio, no está mal mi pequeña villita azotada
ni por el Austro, ni por el Céfiro,
ni por el fiero Cierzo invernal,
sino por una hipoteca de quince mil doscientos sestercios.
¡Qué diferente condición atmosférica!

(Versiones de Ernesto Cardenal en Catulo y Marcial, Editorial Laia, Barcelona, 1978)

*

[VIII]

Abandona el ridículo, desdichado Catulo;
y lo que ves que ha muerto
considera perdido.
Un tiempo, albos,
ardientes rayos de un sol,
al fulgurar, tú poseías,
cuando pertinaz,
en la muchacha,
succionado, recaías:
la que amamos cual ninguna
debe ser amada.
Allí,
en donde los copiosos
goces resurgían:
los que tu deseabas
y a la muchacha no desencantaban.
Ciertamente, poseías el fulgurar
de un sol, rayos
albos, ardientes.

Ahora, ya ella no lo quiere;
tú, entonces, impedido, tampoco.
No aceches a quien huye, ni agobiado vivas,
sino con ánimo obstinado, paciente,
resiste.
Adiós muchacha. Ya resiste Catulo,
no te persigue -violentándote- ni ruega.
Mas, no hallándote rogada,
dolorida estarás.
Ay de ti, pérfida! Qué vida te reservas?
Quién ahora se te ofrenda?
Por quién bella eres vista?
A quién hoy amarás? De quién
se dirá que perteneces?
A quién has de besar? Qué labios morderás?
Pero, tenaz, tú, Catulo,
resiste.

(Versión de Aldo Oliva en Leaving Salonica)

*

[LI]
Aquel me parece ser un dios, aquél, si no es una impiedad, me parece superar a lo dioses, el que, sentado frente a vos, constantemente te observa y escucha tu dulce reír. Miserable, esto desgarra todos mis sentidos, pues tan pronto como te veo, Lesbia, nada resta de mí... La lengua se entorpece, una tenue llama fluye por debajo de los miembros, los oídos tintinean con su propio sonido, las lámparas gemelas de mi rostro se cubren con noche.
El ocio, Catulo, te molesta, con el ocio te regocijás y te alegrás demasiado: El ocio, otrora, perdió a reyes y prósperas ciudades.

(Leonor Silvestri, Versiones rioplatenses y libres de poemas de Catulo, Diario de una Poeta Mala)

*

[XVI]

Se la meteré y me la chuparán,
Aurelio, comilón, Furio, culastro,
que me consideran basto
porque son mis versos ligeros.
Es adecuado que el poeta
sea personalmente puro,
no que sus versos lo sean.


[LXXXV]

Odio y amo. Me preguntarás cómo lo hago.
No lo sé. Pero sé qué es, y me crucifica.


[LXXXVII / LXXV]

Ninguna mujer puede decir que fue amada
como yo a ti, Lesbia, te amé.
Ningún pacto de amor fue mantenido
con la fidelidad con que mantuve el mío.
Tanto, Lesbia, mi alma has reducido
que no podría quererte aunque fueras buena,
ni dejar de desearte hagas lo que hagas.

(Versiones de Jorge Aulicino)

Caius Valerius Catullus, Verona, 87 aC.-Roma, 54 aC., Carmina 
---
Ilustración: El dios Príapo, hijo de Dionisio y Afrodita, con su largo pene. Fresco procedente de Pompeya, siglo I. Gabinete Secreto del Museo Archeologico Nazionale, Nápoles

lunes, marzo 16, 2009

Horacio / Oda

A Torcuato

Huyó la nieve, vuelve la hierba a los campos
y las hojas regresan a los árboles.
Murmuran los ríos, la tierra se renueva.
La Gracia con sus ninfas, desnuda, baila.
No esperes que nada dure, dice el año.
Los fríos mueren por los vientos suaves,
a la primavera le seguirá el verano
que a su vez morirá cuando el otoño,
cargado de frutos, los derrame.
Y volverá el devastador invierno, 
pero el  veloz paso de las lunas 
arreglará los daños del cielo.
Polvo y sombra, nosotros bajaremos
a donde bajaron el padre Eneas y el rico Tulio y Anco.
¿Agregarán los dioses, mañana, un tiempo
al que hoy hemos gastado? No sabemos.
En tanto, no dejes nada al ávido heredero.
Cuando Minos haya dicho su límpida sentencia,
a este mundo no volverás, Torcuato.
Ni piedad en vida, ni linaje ni elocuencia
hablarán por ti en el Averno.
Diana no ha podido arrancar de la sombra
al virtuoso Hipólito, ni Teseo
pudo, para Piritoo, romper los cerrojos del Leteo.

Horacio (Quintus Horatius Flaccus, Venusia, hoy Venosa, 65 a.C.-Roma, 8 a.C.), Odas, Libro cuarto, VII

Versión de J. Aulicino consultando las versiones de Alfonso Cuatrecasas (Bruguera, Barcelona, 1984), Vicente Cristóbal López (Alianza, Madrid 2005) y Luis Martín (Cervantes Virtual)


VII.
Diffugere nives, redeunt iam gramina campis
arboribusque comae;
mutat terra vices et decrescentia ripas
flumina praetereunt;

Gratia cum Nymphis geminisque sororibus audet
ducere nuda choros:
inmortalia ne speres, monet annus et almum
quae rapit hora diem.

frigora mitescunt Zephyris, ver proterit aestas
interitura, simul
pomifer autumnus fruges effuderit, et mox
bruma recurrit iners.

damna tamen celeres reparant caelestia lunae:
nos ubi decidimus
quo pius Aeneas, quo Tullus dives et Ancus,
pulvis et umbra sumus.

quis scit an adiciant hodiernae crastina summae
tempora di superi?
cuncta manus avidas fugient heredis amico
quae dederis animo.

cum semel occideris et de te, splendide, Minos
fecerit arbitria,
non, Torquate, genus, non te facundia, non te
restituet pietas;

infernis neque enim tenebris Diana pudicum
liberat Hippolytum
nec Lethaea valet Theseus abrumpere caro
vincula Perithoo.

The Society for Ancient Languages

Ilustración: Estatua de Horacio en Venosa Wikipedia

De Horacio en este blog: Epodos

viernes, marzo 13, 2009

Epigramas



Libro I

V
Te ofrezco, dijo el César,
un espectáculo naval,
tú me ofreces unos epigramas.
Creo, Marco, que quieres,
con tus libros, flotar.

XXIII
Cota, he visto que invitas a cenar
a todos los que se bañaron contigo.
¿No te gusté desnudo?

XXVIII
Se equivoca quien piensa
que Acerra apesta a vino de anoche.
Acerra bebe hasta el alba.

LXII
Levina era casta y no cedía a la tentación.
Pero en la playa se le encendió el fuego
y por un chico abandonó a su casto marido.
Era Penélope y se hizo Helena.

LXVIII
Para Rufo, sólo existe Nevia.
Se alegra, llora, calla o habla,
por Nevia.
Come, bebe, pide más,
afirma, niega, hace señas,
por ella.
Ayer escribió una carta a su padre
y le encabezó: "Querida Nevia".
Ella la leyó, y como reía,
casi le arranca la cabeza.

Libro III

XVIII
Antes de empezar a hablar,
adviertes que te duele la garganta-
y hablas. Si te excusaste,
¿para qué hablas?

LXXXIV
¿Qué dice la puta?
No hablo de tu mujer, Gongilion,
hablo de tu lengua.

XCVIII
¿Cómo es de flaco tu culo,
preguntas, Sabelo?
Puedes darle a alguien por el culo
con tu culo, sábelo

Libro IV

XXXIII
¿Por qué no publicas nada, Sosibiano?
-"Mis hijos publicarán mis obras cuando muera".
Muere, Sosibiano, queremos leer tus poemas.

Libro V

LXXXI
Caridemo, en la piscina pública lavas tus huevos.
Y después, también te lavas la cabeza.
Prefiero que te laves los huevos, Caridemo.

XC
Discreta, Gelia tiene un solo amante.
Esposos, tiene dos.

Libro VII

LXXXIX
Rosa, rodea con suaves guirnaldas
la cabeza de mi amigo Apolinar.
Pero no te olvides de adornar
sus cabellos cuando sean blancos;
si es posible, muy tarde.

Marcial (Marcus Valerius Martialis; Bilbilis, Hispania—40-104), Epigramas
Versión de J. Aulicino sobre la traducción en prosa de José Guillén, Diputación de Zaragoza, Zaragoza, 2004

Ilustración: "Damas romanas", Juan Luna (1857-1899) artnet

En este blog: Marcial, por Quevedo