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viernes, abril 25, 2025

Sandro Penna / El vegetal

 



He dejado a los animales con sus

mil formas cambiantes e inútiles.

Respiro a tu lado, ahora que oscurece,

flor púrpura desconocida: me hablas mucho

mejor que sus voces.

Duermes entre tus inmensas hojas verdes,

flor  púrpura desconocida, viva

como el chicol igero que dejé dormir, un día, abandonado en la hierba.


Las escaleras negras de mi taberna

Las escaleras negras de mi taberna

desciendes empapada de viento.

Tienes tu hermoso cabello caído

sobre tus ojos vivos en un firmamento lejano y mío.

En la famosa taberna

ahora están el puerto y el viento.

Viento libre que moldea los cuerpos

y agita el pasado de los  blancos marineros


Sandro Penna (Perugia, Italia, 1906 - Roma, 1977)talianPoetry

versión de Jorge Aulicino

Más poemas deSandro Penna en Otra Iglesia Es ImposiblePeriódico de Poesía,De Sibilas y PitiasMula Blanca - Taller Igitur - Turia  

il vegetale

Lasciato ho gli animali con le loro

mille mutevoli inutili forme.

Respiro accanto a te, ora che annotta,

purpureo fiore sconosciuto: assai

meglio mi parli che le loro voci.

Dormi fra le tue verdi immense foglie,

purpureo fiore sconosciuto, vivo

come il lieve fanciullo che ho lasciato

dormire, un giorno, abbandonato all’erbe.


Le nere scale della mia taverna

Le nere scale della mia taverna

tu discendi tutto intriso di vento.

I bei capelli caduti tu hai

sugli occhi vivi in un mio firmamento remoto.

Nella famosa taverna

ora è l’odore del porto e del vento.

Libero vento che modella i corpi

e muove il passato ai bianchi marinai.

Foto Wikimedia Commons



























lunes, marzo 24, 2025

Eugenio Montale /El arca



La tormenta de primavera ha revuelto
el paraguas del sauce
en el torbellino de abril
quedó enredado en el huerto el vellocino de oro.
que esconde mis muertos,
Mis perros de confianza, mis viejos
guardianes - ¿cuántos desde entonces?
(cuando el sauce era rubio y yo le arrancaba
rizos con la honda),bajaron vivos
en la trampa. La tormenta
sin duda los reunirá bajo ese techo.
de antes, pero lejos, más lejos que antes
de esta tierra atónita donde hierven
cal y sangre en la huella del
pie humano. El cucharón humea en la
cocina, una ronda de reflejos
se concentra en caras huesudas, hocicos aguzados y
la magnolia del fondo los protege si
un soplo allí la arroja. La tormenta
primaveral agita con ladridos
de fidelidad mi arca, oh perros perdidos.

Eugenio Montale (Génova, Italia, 1896 - Milán, Italia, 1981), "La bufera e altro", 1956, Tutte le poesie, Mondadori, Milán, 2004
Versión de Jorge Aulicino

L'arca 

La tempesta di primavera ha sconvolto 
l'ombrello del salice, 
al turbine d'aprile 
s'è impigliato nell'orto il vello d'oro
che nasconde i miei morti, 
i miei cani fidati, le mie vecchie 
serve - quanti da allora 
(quando il salce era biondo e io ne stroncavo 
le anella con la fionda) son calati, 
vivi, nel trabocchetto. La tempesta 
certo li riunirà sotto quel tetto 
di prima, ma lontano, più lontano di 
questa terra folgorata dove bollono 
calce e sangue nell'impronta del 
piede umano. Fuma il ramaiolo in 
cucina, un suo tondo di riflessi 
accentra i volti ossuti, i musi aguzzi e 
li protegge in fondo la magnolia se 
un soffio ve la getta. La tempesta 
primaverile scuote d'un latrato 
di fedeltà la mia arca, o perduti
---
Foto: El Debate

viernes, marzo 21, 2025

Cesare Pavese / Crepúsculo de areneros



Las barcazas remontan despacio, a pulso, pesadas;
casi inmóviles, espuman la viva corriente.
Es ya casi de noche. Aisladas, se detienen:
se debate y estremece la pala bajo el agua.
De hora en hora, otras barcas han llegado hasta aquí.
Muchos cuerpos de mujer han cruzado en el sol
sobre esta agua. Han bajado al agua o saltado a la orilla
a debatirse en pareja, alguna, sobre la hierba.
En el crepúsculo, el río está desierto. Dos o tres areneros
han bajado, con el agua hasta la cintura, y excavan el fondo.
El gran frío en las ingles agota y adormece las espaldas.

Aquellas mujeres no son más que un blanco recuerdo.
Las barcazas en la oscuridad descienden, pesadas de arena,
sin un corcovo, rasantes: hay un hombre sentado
en cada punta y un grano de fuego les arde en la boca.
Cada par de brazos trajina su remo,
una tibieza desciende sobre las piernas agotadas
y lejos se encienden las luces. Desaparecieron las mujeres
que a la mañana llevaban en las barcas, tendidas,
mientras que un joven, parado en la punta, remaba sudando.
Eran bellas esas mujeres: alguna descendía,
semidesnuda y desaparecía riendo con algún compañero.
Cuando cualquier atolondrado venía a buscar pelea,
los areneros levantaban la cabeza y la injuria moría
sobre la mujer acostada, como si estuviese ya desnuda.
Ahora vuelven los estremecimientos, entrevistos en la hierba,
a ocupar el silencio. Y cada cosa se concentra
en la punta de fuego, que vive. Ahora el ojo
se pierde en el humo invisible que sale de la boca
y las piernas recuperan el empujón de la sangre.

A la distancia, sobre el río, cintilan las luces
de Turín. Dos o tres areneros ha encendido,
sobre la proa, el fanal, pero el río está desierto.
La fatiga del día querría adormecerlos
y sus piernas están casi destruidas. Alguno no piensa
sino en atracar la barcaza y caer sobre la cama
y comer en el sueño, quizá soñando.
Pero alguno vuelve a ver aquellos cuerpos en el sol
y tendrá aún la fuerza de ir a la ciudad, bajo las luces,
a buscar, riendo, entre la muchedumbre que pasa.

Cesare Pavese (Santo Stefano Belbo, Italia, 1908 - Turín, Italia, 1950), "Trabajar cansa", Poesía completa, traducción de Jorge Aulicino, Barnacle, Buenos Aires, 2025

Más poemas de Cesare Pavese en Otra Iglesia Es Imposible
Una selección de poemas de Pavese en italiano en Avamposto
Una introducción a los poemas de Pavese en Op. Cit.


Crepuscolo di sabbiatori

I barconi risalgono adagio, sospinti e pesanti;
quasi immobili, fanno schiumare la viva corrente.
È già quasi la notte. Isolati, si fermano:
si dibatte e sussulta la vanga sott'acqua.
Di ora in ora, altre barche son state fin qui.
Tanti corpi di donna han varcato nel sole
su quest'acqua. Son scese nell'acqua o saltate alla riva
a dibbatersi in coppia, qualcuna, sull'erba.
Nel crepuscolo, il fiume è deserto. I due o tre sabbiatore
sono scesi con l'acqua alla cintola e scavano il fondo.
Il gran gelo dell'inguine fiacca e intontisce le schiene.

Quelle donne non sono che un bianco ricordo.
I barconi nel buio discendono grevi di sabbia,
senza dare una scossa, radenti: ogni uomo è seduto
a una punta e un granello di fuoco gli brucia alla bocca.
Ogni paio di braccia strascina il suo remo,
un tepore discende alle gambe fiaccate
e lontano s'accendono i lumi. Ogni donna è scomparsa,
che il matino le barche portavano stesa
e che un giovane, dritto alla punta, spingeva sudando.
Quelle donne eran belle: qualcuna scendeva
seminuda e spariva ridendo con qualche compagno.
Quando un qualche inesperto veniva a cozzare,
sabbiatori levavano il capo e l'ingiuria moriva
sulla donna distesa come fosse già nuda.

Ora tornano tutti i sussulti, intravisti nell'erba,
a occupare il silenzio e ogni cosa s'accentra
sulla punta di fuoco, che vive. Ora l'occhio
si smarrisce nel fumo invisibile ch'esce di bocca
e le membra ritrovano l'urto del sangue.

In distanza sul fiume, scintillano i lumi
di Torino. Due o tre sabbiatori hanno acceso
sulla prua il fanale, ma il fiume è deserto.
La fatica del giorno vorrebbe assopirli
e le gambe son quasi spezzate. Qualcuno non pensa
che a attracare il barcone e cadere sul letto
e mangiare nel sonno, magari sognando.
Ma qualcuno rivede quei corpi nel sole
e avrà ancora la forza di andare in città, sotto i lumi,
a cercare ridendo tra la folla che passa.
---

viernes, marzo 07, 2025

Bianca Tarozzi / A las ocho, una voz...



A las ocho una voz en el teléfono
me dice: “Se ha ido”. Y yo
sin decir una palabra, sin responder nada
excepto "sí", acompaño a la nena
a la guardería. En el momento de colgar 
en la baja hilera de perchas
la pequeña campera colorida
me detengo y le digo  a la portera
que no tiene nada que ver,
que está ahí por casualidad,:
“Hoy murió mi madre.”
Ella responde algo que no oigo.
pero el rostro permanece apagado, indiferente,
y vuelvo, sola, a mi silencio.
Ahora esa cara,
cuando la veo me recuerda el día.
que no recuerdo excepto por esa cara:
una cara apagada, distante y redonda –
extraña, como se había vuelto el mundo.

Prima e doppo, 2000

Bianca Tarozzi (Bolonia, Italia, 1941) Vía Biancamaria Frabotta /Facebook
Versión de Jorge Aulicino


Alle otto al telefono una voce
mi dice: “Non c’è più” E io
senza fiatare, senza replicare
altro che “sì”, accompagno la bambina 
all’asilo. Al momento di attaccare
alla fila dei bassi attaccapanni 
la minuscola giacca colorata 
mi fermo, e all’inserviente 
che non c’entra per niente,
che è lì per caso, dico:
“Oggi è morta mia madre”.
Lei risponde qualcosa che non sento 
ma il viso resta spento, indifferente, 
e io ritorno, sola, al mio silenzio. 
Ora quel viso,
quando lo vedo, mi ricorda il giorno 
che non ricordo salvo per quel viso: 
un viso spento, lontano, rotondo –
estraneo, come si era fatto il mondo. 
---
Foto: Dino Ignani

lunes, marzo 03, 2025

Eugenio Montale / Personae separatae



Como la escama de oro que destaca
contra el fondo oscuro y líquida gotea
en el corredor de algarrobos ya 
esqueléticos, ¿así nosotros,
personas separadas a los ojos
de los otros? Es poca cosa la palabra,
poca cosa el espacio en estas crudas.
lunas nuevas neblinosas: lo que falta,
y nos retuerce el corazón y me retiene aquí.
entre los árboles, esperándote, es un extraviado
sentido, o fuego, si prefieres, que estampe en el suelo,
figuras paralelas, sombras armoniosas
agujas de un mismo cuadrante los nuevos troncos
de los claros y colme también los cavados
tocones, con sus nidos de hormigas. Demasiado 
desgarrado está el bosque humano, demasiado sorda
es esa voz eterna, demasiado ansiosa
la rajadura que se abre hacia las nevadas
cumbres de Lunigiana. Tu forma pasó
por aquí, reposó sobre la orilla
entre las nasas sumergidas, luego se disipó como
un suspiro y no quedó allí
horror fluctuante, en ti la luz aún
encontraba luz. Hoy, no más al despuntar,
el día ya oscurece.

Eugenio Montale (Génova, Italia, 1896 - Milán, Italia, 1981), "La bufera e altro", 1956, Tutte le poesie, Mondadori, Milán, 2004
Versión de Jorge Aulicino


Personae separatae

Come la scaglia d'oro che si spicca 
dal fondo oscuro e liquefatta cola 
nel corridoio dei carrubi ormai 
ischeletriti, così pure noi 
persone separate per lo sguardo 
d'un altro? È poca cosa la parola, 
poca cosa lo spazio in questi crudi 
noviluni annebbiati: ciò che manca, 
e che ci torce il cuore e qui m'attarda 
tra gli alberi, ad attenderti, è un perduto 
senso, o il fuoco, se vuoi, che a terra stampi, 
figure parallele, ombre concordi, 
aste di un sol quadrante i nuovi tronchi 
delle radure e colmi anche le cave 
ceppaie, nido alle formiche. Troppo 
straziato è il bosco umano, troppo sorda 
quella voce perenne, troppo ansioso 
lo squarcio che si sbiocca sui nevati 
gioghi di Lunigiana. La tua forma passò 
di qui, si riposò sul riano 
tra le nasse atterrate, poi si sciolse come 
un sospiro, intorno - e ivi non era 
l'orror che fiotta, in te la luce ancora 
trovava luce, oggi non più che al giorno 
primo già annotta.
---

domingo, febrero 16, 2025

Cesare Pavese / The cats will know

 
Aún caerá la lluvia
sobre tus dulces empedrados,
una lluvia ligera
como un hálito o un paso.
Aún la brisa y el alba
florecerán ligeras
como bajo tu paso,
y tú regresarás.
Entre flores y alfeizares,
los gatos lo sabrán.

Llegarán otros días,
llegarán otras voces.
Sonreirás sola.
Los gatos lo sabrán.
Oirás viejas palabras,
vanas y cansadas
como vestidos usados
de las fiestas pasadas.

Tú también harás gestos.
Responderás palabras -
rostro de primavera,
tú también harás gestos.

Los gatos lo sabrán,
rostro de primavera,
y la lluvia ligera,
el alba de jacinto,
que el corazón lacera
de quien no te espera,
son la triste sonrisa
que tú sonríes sola,
Llegarán otros días,
voces y despertares.
Sufriremos al alba,
rostro de primavera.

10 de abril del '50

Cesare Pavese (Santo Stefano Belbo, Italia, 1908 - Turín, Italia, 1950) "Vendrá la muerte y tendrá tus ojos", Poesía completa, Barnacle, Buenos Aires, 2025

Más poemas de Cesare Pavese en Otra Iglesia Es Imposible
Una selección de poemas de Pavese en italiano en Avamposto
Una introducción a los poemas de Pavese en Op. Cit.


The cats will know

Ancora cadrà la pioggia
sui tuoi dolci selciati,
una pioggia leggera
come un alito o un passo.
Ancora la brezza e l'alba
fioriranno leggere
come sotto il tuo passo,
quando tu rientrerai.
Tra fiori e davanzali
i gatti lo sapranno.

Ci saranno altri giorni,
ci saranno altre voci.
Sorriderai da sola.
I gatti lo sapranno.
Udrai parole antiche,
parole stanche e vane
come i costumi smessi
delle feste di ieri.

Farai gesti anche tu.
Risponderai parole -
viso di primavera,
farai gesti anche tu.

I gatti lo sapranno,
viso di primavera;
e la pioggia leggera,
l'alba color giacinto,
che dilaniano il cuore
di chi più non ti spera,
sono il triste sorriso
che sorridi da sola.
Ci saranno altri giorni,
altre voci e risvegli.
Soffrieremo nell'alba,
viso di primavera.

10 aprile 1950

---
Foto: La actriz estadounidense Constance Dowling, con Cesare Pavese en Breuil-Cervinia, Valle de Aosta, 1950. Mondadori/Getty Images

Pavese estuvo con Constance Dowling en Cervinia a comienzos de 1950. Las iniciales en el título del primer poema (escrito en inglés), de Vendrá la muerte... ("To C. from C. " ) indicarían que el conjunto de esos poemas, fechados en abril y marzo de 1950, aluden a Dowling. Pavese se suicidó a fines de agosto de ese año. Casi es imposible, hoy, separar esas circunstancias del libro mismo, escrito casi se diría ex profeso como testamento: homenaje y despedida. [N. del Ad.]

jueves, febrero 06, 2025

Cesare Pavese / Un recuerdo




No hay hombre que llegue a dejar una marca
sobre ella. Cuanto ha sido, se disipa en un sueño,
como la calle en una mañana, y sólo queda ella.
Si no fuese rozada la frente por un instante,
parecería perpleja. Sonríen las mejillas,
cada vez.

Ni siquiera se acumulan los días
sobre su mirada para cambiar la sonrisa ligera
que irradia hacia las cosas. Con dura firmeza
hace cada cosa, pero parece siempre la primera vez;
sin embargo vive hasta el último instante. Se entreabre
su sólido cuerpo, su mirada ensimismada,
a una voz acallada y un poco ronca: una voz
de hombre cansado. Y ningún cansancio la toca.

Al mirarle la boca, entorna la mirada
esperando: ninguno osaría un arrebato.
Muchos hombres saben de su ambigua sonrisa
o de la arruga imprevista. Si hubo ese hombre
que la supo gimiente, humillada de amor,
paga día tras día, ignorando por quién
ella vive este presente.

Sonríe a solas
la sonrisa más ambigua caminando por la calle.

[octubre de 1935]  

Cesare Pavese (Santo Stefano Belbo,  Italia, 1908-Turín, Italia, 1950), 


"Trabajar cansa"
Poesía completa
Traducción de Jorge Aulicino
Barnacle
Buenos Aires, 2025








Más poemas de Cesare Pavese en Otra Iglesia Es Imposible
Una selección de poemas de Pavese en italiano en Avamposto
Una introducción a los poemas de Pavese en Op. Cit.


Un ricordo

Non c'è uomo che giunga a lasciare una traccia
su costei. Quant'è stato dilegua in un sogno
come via in un mattino, e non resta che lei.
Se non fosse la fronte sfiorata da un attimo,
sembrerebbe stupita. Sorridono le guance
ogni volta.


Nemmeno s'ammassano  i giorni
sul suo viso, a mutare il sorriso leggero
che si irradia alle cose. Con dura fermezza
fa ogni cosa, ma sembra ogni volta la prima:
pure vive fin l'ultimo istante. Si schiude
il suo solido corpo, il suo sguardo raccolto
a una voce sommessa e un po' rauca: una voce
d'uomo stanco. E nessuna stanchezza la tocca.


A fissarle la bocca, socchiude lo sguardo
in atessa: nessuno può osare uno scatto.
Molti uomini sanno il suo ambiguo sorriso
o la ruga improvvisa. Se quell'uomo c'è stato
che la sa mugolante, umiliata d'amore,
paga giorno per giorno, ignorando di lei
per chi viva quest'oggi.

Sorride da sola
il sorriso più ambiguo camminando per strada.

[ottobre 1935]
---
Foto: Cesare Pavese. playas de Varigotti, región de la Liguria, década del '40 Mondadori /Getty Images

lunes, febrero 03, 2025

Eugenio Montale / Ventana fiesolana


Aquí donde el grillo insidioso taladra
los vestidos de seda vegetal
y el olor a alcanfor no pone en fuga
las polillas que muelen  los libros,
el pajarito sube en espiral
sobre el olmo y el sol entre las ramas
oscuro le pone trampas. Otra luz que no colma,
otras llamaradas, oh mis hiedras escarlatas.

Eugenio Montale (Génova, Italia, 1896 - Milán, Italia, 1981), "La bufera e altro", 1956, Tutte le poesie, Mondadori, Milán, 2004
Versión de Jorge Aulicino

El título del poema refiere a Fiesole, antigua ciudad de origen etrusco, a 8 kilómetros de Florencia, sobre la montaña. [N. del T.]


Finestra fiesolana

Qui dove il grillo insidioso buca 
i vestiti di seta vegetale 
e l'odor della canfora non fuga 
le tarme che sfarinano nei libri, 
l'uccellino s'arrampica a spirale 
su per l'olmo ed il sole tra le frappe 
cupo invischia. Altra luce che non colma, 
altre vampe, o mie edere scarlatte. 
---
Foto: Eugenio Montale, Milán, 1966 Giorgio Lotti/ Mondadori/ Getty                                                                    

martes, enero 28, 2025

Eugenio Montale / El mechón de pelo...


El mechón de pelo que te vela
la frente infantil, distraerlo
con la mano no debes. También habla
de ti, sobre mi camino es todo el cielo,
la única luz junto con los jades con que has
rodeado la muñeca, en el tumulto del 
sueño la cortina que tus indultos
extienden, el ala que te lleva,
transmigrante Artemisa e ilesa,
entre las guerras de los nacidos muertos;  si
de aéreos plumones se enflora
ese fondo eres tú la que de un salto
bajaste a agitarlo
e intranquila tu frente
se confunde con el alba, la esconde.

Eugenio Montale (Génova, Italia, 1896 - Milán, Italia, 1981), "La bufera e altro", 1956, Tutte le poesie, Mondadori, Milán, 2004
Versión de Jorge Aulicino


LA FRANGIA dei capelli che ti vela
la fronte puerile, tu distrarla
con la mano non devi. Anch'essa parla
di te, sulla mia strada è tutto il cielo,
la sola luce con le giade ch'ài
accerchiate sul polso, ne tumulto
del sonno la cortina che gl'indulti
tuoi distendono, l'ala onte tu vai,
trasmigratrice Artemide ed illesa,
 tra le guerre dei nati-morti; e s'ora
d’aeree lanugini s'infiora
quel fondo, a marezzarlo sei tu, scesa
d'un balzo, e irrequieta la tua fronte
si confonde con l'alba, la nasconde.
---
Foto: Eugenio Montale, Milán, años 60 Giorgio Lotti/Mondadori/Getty Images

viernes, enero 24, 2025

Biancamaria Frabotta / De "Il rumore bianco"


Escribo para no fumar pero si no fumo no escribo
Escribo para no esperar el maldito timbre del teléfono.
pero si no llamas no escribo
escribo para no escapar de la abundancia de tu vena.
pero si no escapo no escribo
Escribo para no volver a la mala senda
pero si no vuelvo no escribo
escribo para no darles la victoria, mosqueteros del viento y del engaño
pero si no vivo más y escribo, ¡ay!
victoria siempre tendrán sobre mí.

Biancamaria Frabotta (Roma, 1946-2022), Il rumore bianco, Feltrinelli, 1982; Facebook, 23 de enero de 2025
Versión de Jorge Aulicino


Scrivo per non fumare ma se non fumo non scrivo 
scrivo per non aspettare il sanguinoso squillo del telefono 
ma se non telefoni non scrivo
scrivo per non scappare dalla abbondanza della tua vena 
ma se non scappo non scrivo
scrivo per non tornare sulla cattiva strada
ma se non torno non scrivo
scrivo per non darvela vinta moschettieri del vento e del falso 
ma se più non vivo e scrivo ahimè
vinta voi sempre l’avrete su di me.
---

miércoles, enero 22, 2025

Cesare Pavese / Encuentro




Estas duras colinas que han hecho mi cuerpo
y lo sacuden con tantos recuerdos, me han abierto el prodigio
de ella, que no sabe que la vivo y no llego a comprenderla.

La encontré una noche: una mancha muy clara
bajo las estrellas ambiguas, en la neblina de verano.
Había alrededor el olor de estas colinas
más profundo que la sombra, y de repente sonó,
como salida de estas colinas, una voz más limpia,
y áspera a la vez, una voz de tiempos perdidos.

Alguna vez la veo, vívida delante,
definida, inmutable, como un recuerdo.
Nunca pude aferrarla: su realidad
cada vez se me escapa y me lleva lejos.
Si es bella no lo sé. Entre las mujeres es joven:
me sorprende al pensarla un recuerdo remoto
de la infancia vivida entre aquellas colinas,
tan joven es. Es como la mañana. Me trae en los ojos
todos los cielos lejanos de aquellas mañanas remotas.
Y tiene en los ojos un propósito firme: la luz más limpia
que haya tenido jamás el alba sobre estas colinas.

La he creado desde el fondo de todas las cosas
que me son más queridas y no llego a comprenderla.

[8 - 15 de agosto de 1932]

Cesare Pavese (Santo Stefano Belbo, Italia, 1908-Turín, Italia, 1950)

"Trabajar cansa",
Poesía completa,
Traducción de Jorge Aulicino
Buenos aires 2025







Más poemas de Cesare Pavese en Otra Iglesia Es Imposible
Una selección de poemas de Pavese en italiano en Avamposto
Una introducción a los poemas de Pavese en Op. Cit.


Incontro

Queste dure colline che han fatto il mio corpo
e lo scuotono a tanti ricordi, mi han schiuso il prodigio
di costei, che non sa che la vivo e non riesco a comprenderla.

L’ho incontrata, una sera: una macchia più chiara
sotto le stelle ambigue, nella foschìa d’estate.
Era intorno il sentore di queste colline
più profondo dell’ombra, e d’un tratto suonò
come uscisse da queste colline, una voce più netta
e aspra insieme, una voce di tempi perduti.

Qualche volta la vedo, e mi vive dinanzi
definita, immutabile, come un ricordo.
Io non ho mai potuto afferrarla: la sua realtà
ogni volta mi sfugge e mi porta lontano.
Se sia bella, non so. Tra le donne è ben giovane:
mi sorprende, a pensarla, un ricordo remoto
dell’infanzia vissuta tra queste colline,
tanto è giovane. È come il mattino. Mi accenna negli occhi
tutti i cieli lontani di quei mattini remoti.
E ha negli occhi un proposito fermo: la luce più netta
che abbia avuto mai l’alba su queste colline.

L’ho creata dal fondo di tutte le cose
che mi sono più care, e non riesco a comprenderla.
---
Imagen superior: De la tapa de Poesía completa, retrato de perfil de Cesare Pavese, por Merlina H. Cisnero, basado en las fotos de prontuario del autor durante su confinamiento en un pueblo de Calabria en la década de los 30 del siglo pasado.

martes, enero 21, 2025

Eugenio Montale / Serenata india


Y aún es nuestro el deshacerse de las tardes
Y para nosotros la estría que del mar
sube hasta el parque y hiere los aloe.

Puedes llevarme de la mano si finges
creerte conmigo, si tengo la locura

de seguirte lejos y si aquello que tomas,
aquello que dices me parece tu poder.

***

Si fuese tu vida la que me sostiene sobre
los umbrales, podría prestarte un rostro,
delirar tu figura. Pero no es,


no es así. El pulpo que insinúa tentáculos
de tinta entre las rocas
puede servirse de ti. Le perteneces 
y no lo sabes. Eres él, te crees tú. 

Eugenio Montale (Génova, Italia, 1896 - Milán, Italia, 1981), "La bufera e altro", 1956, Tutte le poesie, Mondadori, Milán, 2004
Versión de Jorge Aulicino



Serenata indiana 
 
È pur nostro il disfarsi delle sere. 
E per noi è la stria che dal mare 
sale al parco e ferisce gli aloè. 

Puoi condurmi per mano, se tu fingi 
di crederti con me, se ho la follia 

di seguirti lontano e ciò che stringi, 

ciò che dici, m'appare in tuo potere. 

***
Fosse tua vita quella che mi tiene sulle 
soglie - e potrei prestarti un volto, 
vaneggiarti figura. Ma non è, 

non è cosi. Il polipo che insinua tentacoli 
d'inchiostro tra gli scogli 
può servirsi di te. Tu gli appartieni 
e non lo sai. Sei lui, ti credi te. 

---
Foto: Eugenio Montale, Milán 1962  Mario De Biasi / Mondadori / Getty Images

viernes, enero 17, 2025

Eugenio Montale / En el sueño

   
El canto de las lechuzas cuando un iris
con intermitentes latidos se estrecha
y gemidos y suspiros
de juventud, el error que rodea
las sienes y el vago horror de los cedros sacudidos
por el golpe de las noche - todo eso
puede volver a mí, desbordar las zanjas,
romper conductos, despertarme
con tu voz. Hiere el sonido
de una giga cruel, el adversario baja 
la celada sobe el rostro. Entra la luna
de amaranto en lo ojos cerrados, es una nube
que se hincha: y cuando el sueño la lleva
hacia el fondo, es todavía sangre más allá de la muerte.

Eugenio Montale (Génova, Italia, 1896 - Milán, Italia, 1981), "La bufera e altro", 1956, Tutte le poesie, Mondadori, Milán, 2004
Versión de Jorge Aulicino



Nel sonno 

Il canto delle strigi, quando un'iride 
con intermessi palpiti si stinge, 
i gemiti e i sospiri 
di gioventu, l'errore che recinge 
le tempie e il vago orror dei cedri smossi 
dall'urto della notte - tutto questo 
può ritornarmi, traboccar dai fossi, 
rompere dai rondotti, farmi desto 
alla tua voce. Punge il suono d'una 
giga crudele, l'avversario chiude 
la celata sul viso. Entra la luna 
d'amaranto nei chiusi occhi, è una nube 
che gonfia: e quando il sonno la trasporta 
piu in fondo, è ancora sangue oltre la morte. 
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Foto: Eugenio Montale, Milán, 1973 Giorgio Lotti/ Mondadori/ Getty Images

lunes, enero 13, 2025

Eugenio Montale / La tormenta

   

 
  Le princes n'ont point d'yeux pour voir cet grand's merveilles.
Leur mains ne servent plus qu'a nous persécuter...
                         (Agrippa D'Aubigné: A Dieu)

La tormenta que gotea sobre las duras hojas
de la magnolia. Los prolongados truenos de marzo 
y el granizo,
(los sonidos de cristal en tu nido
nocturno te sorprenden, del oro ya apagado
sobre la caoba, sobre el canto de los libros
encuadernados, todavía arde
un grano de azúcar en la piel de
tus párpados)

el relámpago que blanquea
árboles y paredes y los sorprende en esa
eternidad de un instante -mármol maná 
y destrucción -que dentro esculpida llevas
para tu condenación y te ata más que
el amor a mí, extraña hermana-, 

-y luego  el rudo estruendo, los sistros, la vibración
de los panderos
sobre el foso 
el zapateo del fandango, y algún gesto
confuso...
                             Como cuando
te diste vuelta y con tu mano, limpia la
frente de la nube de tu pelo,
me saludase antes de entrar en la oscuridad.

Eugenio Montale (Génova, Italia, 1896 - Milán, Italia, 1981), "La bufera e altro", 1956, Tutte le poesie, Mondadori, Milán, 2004
Versión de Jorge Aulicino



La bufera 

     Le princes n'ont point d'yeux pour voir cet grand's merveilles.
Leur mains ne servent plus qu'a nous persécuter...
                       (Agrippa D'Aubigné: A Dieu)

La bufera che sgronda sulle foglie dure 
della magnolia i lunghi tuoni marzolini 
e la grandine, 
(i suoni di cristallo nel tuo nido 
notturno ti sorprendono, dell'oro che s'è 
spento sui mogani, sul taglio dei libri 
rilegati, brucia ancora 
una grana di zucchero nel guscio delle 
tue palpebre) 
il lampo che candisce 
alberi e muri e li sorprende in quella 
eternità d'istante - marmo manna 
e distruzione - eh' entro te scolpita porti 
per tua condanna e che ti lega piu che 
l'amore a me, strana sorella, -e poi lo 
schianto rude, i sistri, il fremere dei 
tamburelli sulla fossa fuia, 
lo scalpicciare del fandango, e sopra 
qualche gesto che annaspa ... 
Come quando ti 
rivolgesti e con la mano, sgombra la 
fronte dalla nube dei capelli, 
mi salutasti - per entrar nel buio.
---

martes, diciembre 31, 2024

Cristina Campo / Dos poemas


Un año… Retenía su estrella
el cielo del Adviento. Sobre la boca
sin fiebre ni miedo mi mano
te dibujaba, oscura, una palabra.
Y la esfera del alma y del año.
vibraba en lo alto de un chorro de oro
alta y sutil la sangre.
Temblábamos
sonriendo a las miradas-al acercarse
oscuridad de ese guardián incorruptible
que en los jardines cierra las fuentes.

 Año Nuevo '53-'54

Quadernetto


*

Quedó allá, cálida, la vida,
el aire color de mis ojos, el tiempo
en que ardían en el fondo de cada viento
manos vivas, buscándome...

Quedó la caricia que no encuentro.
sino entre dos sueños, mi infinita
sabiduría hecha pedazos. Y tú, palabra
que transmutabas la sangre en lágrimas.

Ni siquiera llevo una cara
conmigo, ya convertida en otra cara
como esfera en el vino y consumida
en los enendidos silencios...

Vuelvo sola
entre dos sueños, allá veo el olivo
rosado sobre las tinajas llenas de agua y luna
del largo invierno. Vuelvo a ti que te hielas

en mi leve túnica de fuego

Passo d'addio

Cristina Campo, seudónimo de Vittoria Guerrini (Bolonia, Italia, 1923 - Roma, 1977), La Tigre Assenza, Adelphi, Milán, 1991
Versiones de Jorge Aulicino

Más poemas de Cristina Campo en Otra Iglesia Es Imposible, Las Nueve Musas, Fronterad


Un anno…Tratteneva la sua stella
il cielo dell’Avvento. Sulla bocca
senza febbre o paura la mia mano
ti disegnava, oscura, una parola.
E la sfera dell’anima e dell’anno
vibrava in cima uno zampillo d’oro
alto e sottile il sangue.
Ne tremavamo
sorridenti agli sguardi-all’accostarsi
buio di quel guardiano incorruttibile
che nei giardini chiude le fontane.

Capodanno ’53-’54


*

È rimasta laggiù, calda, la vita,
l’aria colore dei miei occhi, il tempo
che bruciavano in fondo ad ogni vento
mani vive, cercandomi…

Rimasta è la carezza che non trovo
più se non tra due sonni, l’infinita
mia sapienza in frantumi. E tu, parola
che tramutavi il sangue in lacrime.

Nemmeno porto un viso
con me, già trapassato in altro viso
come spera nel vino e consumato
negli accesi silenzi…

Torno sola
tra due sonni laggiù, vedo l’ulivo
roseo sugli orci colmi d’acqua e luna
del lungo inverno. Torno a te che geli

nella mia lieve tunica di fuoco
---

jueves, diciembre 26, 2024

Eugenio Montale / De una navidad metropolitana


Londres

Un poco de muérdago, desde la infancia suspendido racimo
de fe y escarcha sobre tu lavamanos
y sobre el espejo ovalado que ahora sombrean
tus rizos pastoriles entre estampitas y retratos
de muchachos, calzados a las apuradas 
en el marco, un botellón vacío,
vasitos de cenizas y de cáscaras,
las luces de Mayfair, luego en una encrucijada
las almas, las botellas que no supieron abrirse,
no más guerra ni paz, el tardío aleteo
de una paloma incapaz de seguirte
por los escalones automáticos que te deslizan hacia abajo…

Eugenio Montale (Génova, Italia, 1896 - Milán, Italia, 1981), "La bufera e altro", 1956, Tutte le poesie, Mondadori, Milán, 2004
Versión de Jorge Aulicino



Di un natale metropolitano
 
Londres

Un vischio, fin dall’infanzia sospeso grappolo
di fede e di pruina sul tuo lavandino
e sullo specchio ovale ch’ora adombrano
i tuoi ricci bergère fra santini e ritratti
di ragazzi infilati un po’ alla svelta
nella cornice, una caraffa vuota,
bicchierini di cenere e di bucce,
le luci di Mayfair, poi a un crocicchio
le anime, le bottiglie che non seppero aprirsi,
non più guerra né pace, il tardo frullo
di un piccione incapace di seguirti
sui gradini automatici che ti slittano in giù…
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Foto: Eugenio Montale en su casa, Milán, 1966 RAI

miércoles, noviembre 27, 2024

Luciano Erba / Del Dr. K


(con tres glosas y una variante)

Suéltate, acuéstate, relájate
y asocia las imágenes del sueño
el clergyman de los curas
la panza de los atunes
las ciruelas
las ciruelas blancas de Bohemia -1
¡asocia! Es difícil
ce blanc ci tendre de pl'tre
sous un ciel de vent d'ouest
sali par les cheminèes d'hiver -2
¡asocia! después del viaducto empezamos a subir
entre dos setos de zarzamoras -3
¡asocia! subía escaleras recién pintadas
de casas recomenzadas
arrancaba grumos de nimio de las barandas
¡asocia, asocia! ¡pero regresa el atún!
asocia suelta relaja
subía escaleras sobre el mar
K. sentado como Napoleón
Decide
Subir escaleras es como (Adler) amar. -4

1 habíamos partido de Mariahilfe hacia las flores de porotos entre las amapolas de alta montaña

2 Variante ce blanc des cuisses des filles quand elles quittent leurs bas noirs dans un meublè

3 fue un verano de flores arrancadas de trenes frescos, de postigos entreabiertos

4 ¿fue cuando sobre una silla de mimbre tatuaba el mono de Rimini?

Luciano Erba (Milán, Italia, 1922 - 2010),  Il male minore, Mondadori, 1960
Versión de Jorge Aulicino

Más poemas de Luciano Erba en Otra Iglesia Es Imposible, Periódico de Poesía


Dal dottor K.
(con tre glosse e una variante)
 
Si sciolga si stenda si rilassi
e associ le immagini del sogno
il sottogola dei preti
la pancia dei tonni
le prugne
le prugne bianche di Boemia 1
associ! Ë difficile
ce blanc ci tendre de pl‚tre
sous un ciel de vent d'ouest
sali par les cheminèes d'hiver 2
associ! dopo il viadotto cominciammo a salire
tra due siepi di rovi 3
associ! salivo scale verniciate di fresco
di case ricominciate
strappavo grumi di minio dalle ringhiere
associ, associ! ma ritorna il tonno!
associ si sciolga si rilassi
salivo scale sopra il mare
K. seduto come Napoleone
Decide
Salire scale è come (Adler) amare. 4
 
1 eravamo partiti da Mariahilfe fino ai fiori dei fagiolitra i papaveri d'alta montagna
 
2 Variante: ce blanc des cuisses des filles quand elles quittent leurs bas noirs dans un meublè
 
3 fu uníestate di fiori divelti di treni freschi, díimposte socchiuse
 
4 fu quando su una sedia di vimini tatuavo la scema di Rimini?
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domingo, noviembre 17, 2024

Cesare Pavese / Paisaje IV



                                                                 (A Tina)

Los dos hombres fuman en la orilla. La mujer que nada,
sin romper el agua, no ve más que el verde
de su breve horizonte. Entre el cielo y las plantas
se extiende esta agua, que la mujer recorre,
sin cuerpo. En el cielo se posan nubes,
como inmóviles. El humo se detiene a medio aire.

Bajo el hielo del agua está la hierba. La mujer
la recorre suspendida, pero nosotros la aplastamos,
a la hierba verde, con el cuerpo. No hay a lo largo del agua
otro peso. Nosotros solos sentimos la tierra.
Quizá el cuerpo alargado de ella, sumergido,
siente el ávido hielo absorberle el sopor
de los miembros soleados y derretirla viva
en el verde inmóvil. Su cabeza no se mueve.

Ella estaba tendida también, allí la hierba está doblada.
Su rostro entornado posaba sobre el brazo
y miraba la hierba. Ninguno decía una palabra.
Se estanca aún en el aire aquel primer chapoteo
que la recibió en el agua. Sobre nosotros se estanca el humo.
Ahora, ha llegado a la otra orilla y nos habla, goteante
su cuerpo atezado que surge entre los troncos.
Su voz es el único sonido que se oye sobre el agua
-ronca y fresca, es la misma voz de antes.

     Pensamos, tendidos
sobre la orilla, en ese verde más hondo y más fresco
que sumergió su cuerpo. Después, uno de nosotros
se tira al agua y cruza, descubriendo los hombros
en brazadas espumosas, el verde inmóvil.

[1934]

Cesare Pavese (Santo Stefano Belbo, Italia, 1908 - Turín, Italia, 1950), "Trabajar cansa", Poesía completa, Barnacle, Buenos Aires, 2024
Versión de Jorge Aulicino

Más poemas de Cesare Pavese en Otra Iglesia Es Imposible
Una selección de poemas de Pavese en italiano en Avamposto
Una introducción a los poemas de Pavese en Op. Cit.


Paesaggio IV

I due uomini fumano a riva. La donna che nuota
senza rompere l'acqua, non vede che il verde
del suo breve orizzonte. Tra il cielo e le piante
se distende quest'acqua e la donna vi scorre
senza corpo. Nel cielo si posano nuvole
come immobili. Il fumo si ferma a mezz'aria.

Sotto il gelo dell'acqua c'è l'erba. La donna
vi trascorre sospesa; ma noi la schiacciamo,
l'erba verde, col corpo. Non c'è lungo le acque
altro peso. Noi soli sentiamo la terra. 
Forse il corpo allungato de lei, che è sommerso,
sente l'avido gelo assorbirle il torpore
delle membra assolate e discioglierla viva
nell'immobile verde. Il suo capo non muove.

Era stesa anche lei, dove l'erba è piegata.
Il suo volto socchiuso posava sul braccio
e guardava nell'erba. Nessuno fiatava.
Stagna ancora nell'aria quel primo sciacquío
che l'ha accolta nell'acqua. Su noi stagna il fiumo.
Ora è giunta alla riva e ci parla, stillante
nel suo corpo annerito que sorge fra i tronchi.
La sua voce è ben l'unico suono che si ode sull'acqua
-rauca e fresca, è la voce di prima.

     Pensiamo, distesi
sulla riva, a quel verde più cupo e più fresco
che ha sommerso il suo corpo. Poi, uno di noi
piomba in acqua e traversa, scoprendo le spalle
in bracciate schiumose, l'immobile verde.
---
Ilustración: Cesare Pavese por Tullio Pericoli, 1990