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miércoles, abril 16, 2025

Moya Cannon /Estorninos



Algunas cosas no pueden ser
  atrapadas en palabras,
los estorninos sobre un río de octubre, por ejemplo:
el modo en que se elevan desde el borde de un
  tejado en una nube
dirigida por un coreógrafo oculto;
el modo en que suben, se agrupan y descienden,
tirando de alguna arteria desconocida del
  corazón humano;
el modo en que la nube se rompe y fusiona
las partes inferiores de las alas recogiendo toda la luz
que quedaba en el cielo del crepúsculo;
el modo en que vuelan y confluyen hacia el
  tejado de un depósito,
un pájaro marrón tras otro.

Moya Cannon (Dunfanaghy, Condado de Donegal, Irlanda, 1956)Aves de invierno y otros poemas,
traducción de Jorge Fondebrider,, Pre-Textos, Valencia, 2015
Más poemas deMoya Cannon en 
Otra Iglesia Es Imposible Carlos Alcorta, Luvina,La Pecera, Tuerto ReyRadio Perfil
---
Foto: RTE




miércoles, abril 09, 2025

Moya Cannon /Estorninos



Algunas cosas no pueden ser
  atrapadas en palabras,
los estorninos sobre un río de octubre, por ejemplo:
el modo en que se elevan desde el borde de un
  tejado en una nube
dirigida por un coreógrafo oculto;
el modo en que suben, se agrupan y descienden,
tirando de alguna arteria desconocida del
  corazón humano;
el modo en que la nube se rompe y fusiona
las partes inferiores de las alas recogiendo toda la luz
que quedaba en el cielo del crepúsculo;
el modo en que vuelan y confluyen hacia el
  tejado de un depósito,
un pájaro marrón tras otro.

Moya Cannon (Dunfanaghy, Condado de Donegal, Irlanda, 1956)Aves de invierno y otros poemas,
traducción de Jorge Fondebrider,, Pre-Textos, Valencia, 2015
Más poemas deMoya Cannon en 

Otra Iglesia Es Imposible Carlos Alcorta, Luvina,La Pecera, Tuerto ReyRadio Perfil
Foto RTE


sábado, marzo 22, 2025

Freda Laughton / Ahora soy una torre de oscuridad




De niña supe
que más allá del círculo de la lámpara
yacía la sombra de la sombra
de esta oscuridad,

esperando con un beso glacial
en el hueco de la escalera,
lista para cubrir la cama con visiones
que ningún párpado puede vencer.

Ahora soy una torre de oscuridad
cuyas ventanas, abiertas hacia adentro, 
miran allá abajo la marea de pensamientos.
Y en esta campana sensitiva,

por el silencio de los ojos ahuecada,
la mente su badajo hace oscilar.
Y se resuelve la vida en relaciones
de cadencia y disonancia.

Freda Laughton (Bristol, Reino Unido, 1907-Irlanda, 1945), A Transitory House, Jonathan Cape, Londres, 1945
Versión de Jonio González

NOW I AM A TOWER OF DARKNESS

As a child I knew
How, beyond the lamp’s circuit,
Lay the shadow of the shadow
Of this darkness,

Waiting with an arctic kiss
In the well of the staircase,
Ready to drape the bed with visions
No eyelids can vanquish.

Now I am a tower of darkness,
Whose windows, opening inward,
Stare down upon tidal thoughts.
And in this responsive bell,

Hollowed by the silence of the eyes,
The mind swings its clapper.
And life resolves into relationships
Of cadence and dissonance.
---

jueves, marzo 06, 2025

Lola Ridge / El violinista



En un pequeño café húngaro
hombres y mujeres beben
vino amarillo en copas altas.
A través de la lechosa niebla del humo,
el violinista, esmirriado, rubio,
se inclina sobre su violín
como sobre el pecho de una mujer.
El rojo cabello se enciende hasta arder
en la manga de su chaqueta negra
donde su blanca y delgada mano
tiembla y se zambulle,
como una astilla de luz de luna
cuando el viento ha roto el agua.

The Ghetto and Other Poems,1918

Lola Ridge (Dublín, 1873-Nueva York, Estados Unidos 1941) To the Many: Collected Early Works, Little Island Press, Auckland, 2018
Versión de Jonio González



The fiddler

In a little Hungarian cafe
Men and women are drinking
Yellow wine in tall goblets.
Through the milky haze of the smoke,
The fiddler, under-sized, blond,
Leans to his violin
As to the breast of a woman.
Red hair kindles to fire
On the black of his coat-sleeve,
Where his white thin hand
Trembles and dives,
Like a sliver of moonlight,
When wind has broken the water.
---

sábado, marzo 01, 2025

Seán Lysaght/ Achill




En una pequeña cabaña después de sus labores troyanas.
Nadie sabe exactamente dónde. Las brisas marinas recorren
la tierra abierta y destruyen la memoria
de cómo se paró ante su glamoroso trirreme
con cresta de héroe.
          Luego, se puso zapatos de cuero crudo
mientras iba a ayudar a los hombres locales a descargar 

Su casco de oro fue puesto sobre la repisa de la chimenea
para juntar el polvo de diez años.
        Se convirtió en el cuento
de cómo un hombre local llamado Harry O'Deasy
regresó de Inglaterra sin previo aviso. Encontró
su granja en decadencia, su perro descuidado, su mejor
ganado vendido, y así sucesivamente. Por supuesto que saben el resto.
 
Seán Lysaght (Cork, Irlanda, 1957)  Erris, Gallery Press, Irlanda, 2002 
Traducción de Jorge Fondebrider



ACHILL 

Tradition has it that Achilles rested here
in a smal cotage after his Trojan labours.
No one knows exactly where. The sea-breezes scour
the open land and eradicate the memory
with his hero's crest.
The, he put on pampooties
as he went to help the local men unloading 

His gold helmt was put above the mantelpiece
to gather ten year's dust.
          It became the story
of how a local man called Harry O'Deasy
came back from England unannounced. He found
his farm run down, his dog neglected, his best
cattle sold – and so on. Of course you know the rest.
---

domingo, febrero 23, 2025

Paula Meehan / Cenizas



La marea entra; la marea vuelve a salir
lavando la playa de lo que la tormenta
ha dejado. Donde había rocas, hoy hay arena;
donde ayer arena, ahora rocas descubiertas. 

Entonces pienso en dónde sus restos mortales
podrían recalar en sus formas transmutadas,
pasado ahora un año desde que los arrojó mi mano
—queriendo detener el inexorable reloj. 

La que murió por su propia mano no puede saber
el simple amor que tengo por lo que ella dejó
detrás. No pude salvarla. No pude siquiera
intentarlo. Observo cómo sopla el viento
vida en la vela floja: el estrés de la urdimbre contra la trama
alza la nave detenida, la empuja hacia afuera.

Paula Meehan (Dublín, 1955), Painting Rain, Carcanet Press, Reino Unido,  2009
Traducción de Jorge Fondebrider

Más poemas de Paula Meehan en Otra Iglesia Es Imposible,  Círculo de PoesíaTuerto Rey, Aullido


ASHES 

The tide comes in; the tide goes out again
washing the beach clear of what the storm
dumped. Where there were rocks, today there is sand;
where sand yesterday, now uncovered rocks.

So I think on where her mortal remains
might reach landfall in their transmuted forms,
a year now since I cast them from my hand
—wanting to stop the inexorable clock.

She who died by her own hand cannot know
the simple love I have for what she left
behind. I could not save her. I could not
even try. I watch the way the wind blows
life into slack sail: the stress of warp against weft
lifts the stalling craft, pushes it on out.
---

jueves, septiembre 05, 2024

Seamus Heaney / Dos poemas



Adopción

                       A Michael McLaverty

"¡La descripción es revelación!" Royal
Avenue, Balfast, 1962,
Una tarde de sábado, encantado de verme
A mí, recién llegado al lengaje, me tomó
Del codo. "Escucha. Ve por tu camino.
Haz lo tuyo. Recuerda a 
Katherine Mansfield -Contaré
Cómo crujía el canasto de la ropa... es nota de exilio.
Pero nada de exageración:
"Que tus venas no sobresalgan en la birome".
Y después: "¡Pobre Hopkins!" Tengo los Diarios
Que me dio, subrayados, su yo encorvado
Obediente a su dolor. Discernía en todas partes
Las líneas de la paciencia
Y me adoptó y me soltó al mundo, con palabras
Impuestas en mi lengua como óbolos.

[North, 1975]


Exposición

Es diciembre en Wicklow:
Alisos que gotean, abetos
Que heredan la última luz,
El fresno frío de mirar.

Un cometa perdido
Debería ser visible al atardecer.
Esos millones de toneladas de luz
Como un centelleo de bayas y botones de rosa.

Y a veces veo una estrella fugaz.
¡Si pudiera llegar en un meteorito!
En cambio camino entre hojas húmedas,
Cáscaras, las gastadas ocasiones del otoño,

Imaginando un héroe
De algún sucio compuesto,
Su don como una honda
Que defiende a los desesperados.

¿Cómo terminé así?
A menudo pienso en mis amigos,
En sus bellos prismáticos consejos
Y en los férreos cerebros de lo que me odian

Y me siento a sopesar y sopesar
Mi responsable tristia.
¿Para qué? ¿Para el oído? ¿Para la gente?
¿Para lo que se dice tras la espalda?

La lluvia atraviesa los alisos,
Sus graves voces conducentes
Mascullan caídas y erosiones
Y cada gota recuerda, sin embargo,

Absolutos de diamante.
No soy un internado ni tampoco informador;
No soy un emigrado interior, que se ha dejado el pelo largo
Y se ha tornado reflexivo; un ruido en la madera

Que ha escapado a la masacre,
Tomando coloración protectora
Del tronco y la corteza, sintiendo
Todo viento que sopla,

Y que, azuzando estas chispas,
En procura de su magro calor, ha perdido
El portento único en la vida,
La pulsante rosa del cometa.

[North, 1975]

Seamus Heaney (Bellaghy, cerca de Castledawson, Irlanda del Norte, 1939-Dublin, 2013), Diario de Poesía n° 7, Buenos Aires, verano de 1987 y 1988 
Traducción de Mirta Rosenberg

Más poemas de Seamus Heaney en Otra Iglesia Es ImposibleUNAM, A Media Voz, Altazor, Ogham
---
Foto: Seamus Heany, Dublín, 2007 Eamonn McCabe/The Guardian

sábado, abril 06, 2024

Michael O’Loughlin / Cuchulainn



Si tuviera mil años en este lugar
nunca podría interpretarte, Cuchulainn*.
Tu nombre es un fósil, un árbol petrificado
Tu nombre significa menos que nada.
Menos que Librium, o Bizcochos Burton
o Sistemas Audio-Visuales Phoenix -
Nunca lo oí susurrado
por el viento en los cables de teléfono
ni lo vi garabateado en el muro
en la parte de atrás del parque donde juegan los niños.
Tu nombre significa menos que nada
para el ama de casa a la deriva en el Shopping
a las once y cuarto de la mañana de un martes
con el viento que sopla fragmentos de concreto
en ojos ya rotos y golpeados
por cuatro paredes estrechas
en un departamento de un monoblock
que lleva el nombre de un patriota irlandés
que murió con tu nombre en los labios.
Pero mirando TV la otra noche
empecé a interpretarte, Cuchulainn;
llegaste como un espectro cursi
en una serie americana de ciencia ficción
en blanco y negro hecha para TV
un obvio marciano disfrazado de humano
irrumpiste con grandes botas
con un rostro infinitamente confundido y tenso
y tu profunda voz bramando en letras mayúsculas:
Qué Es Esta Cosa De La Que Hablan Terrícolas

Michael O’Loughlin (Dublín, 1958), Jorge Fondebrider, Gerardo Gambolini, Poesía irlandesa contemporánea, Libros de Tierra Firme, Buenos Aires, 1999
Traducción de Jorge Fondebrider

* El héroe Cuchulainn, el hijo del gran dios Lug -deidad céltica del rayo, el relámpago y el cielo brillante-, es el principal protagonista del llamado Ciclo de Ulster -así llamado por el lugar preponderante de los ulates, habitantes del actual Ulster-, cuyo centro es la Tain, epopeya irlandesa que reúne historias correspondientes a tiempos muy diversos (siglos VI y VIII). A Cuchulainn se lo ha comparado con Aquiles y se ha advertido la influencia clásica sobre los poemas del ciclo, aunque, según Jean Marx (cf. Las literaturas célticas, Eudeba, Bs. As. 1964), "los rasgos del héroe, la naturaleza de sus hazañas, el carácter mágico y fabuloso de los tabúes a los que se somete y las proezas sobrehumanas que cumple, son evidentemente célticos". (Nota del traductor)


Cuchulainn

If I lived in this place for a thousand years
I could never construe you, Cuchulainn.
Your name is a fossil, a petrified tree
Your name means less than nothing.
Less than Librium, or Burton’s Biscuits
Or Phoenix Audio-Visual Systems –
I have never heard it whispered
By the wind in the telegraph wires
Or seen it scrawled on the wall
At the back of the children’s playground.

Your name means less than nothing
To the housewife adrift in the Shopping Centre
At eleven-fifteen on a Tuesday morning
With the wind blowing fragments of concrete
Into eyes already battered and bruised
By four tightening walls
In a flat in a tower-block
Named after an Irish Patriot
Who died with your name on his lips.

But watching TV the other night
I began to construe you, Cuchulainn;
You came on like some corny revenant
In a black-and-white made-for-TV
American Sci-Fi serial.
An obvious Martian in human disguise
You stomped about in big boots
With a face perpetually puzzled and strained
And your deep voice booms full of capital letters:
What Is This You Earthlings Speak Of

© 1980, Michael O’Loughlin; Another Nation: New and Selected Poems; New Island Books, Dublín
---
Foto: Michael O’Loughlin/Facebook

jueves, febrero 29, 2024

W. B. Yeats / Cuando Helena vivía



Hemos gritado desesperados
que los hombres abandonan,
por algún asunto trivial
o una ruidosa e insolente diversión,
la belleza que hemos obtenido
de las horas amargas;
y aún así, si hubiésemos andado
entre aquellas torres desmochadas
por las que Helena caminó con su chico,
habríamos recibido como el resto
de los hombres y mujeres de Troya
una palabra y una burla.

William Butler Yeats (Dublín, 1865 - Roquebrune-Cap-Martin, Francia, 1939), "Responsabilidades" [1914], Poesía reunida, Pre-Textos, Valencia, 2010
Traducción de Antonio Rivero Taravillo

Más poemas de W. B. Yeats en Otra Iglesia Es Imposible


When Helen Lived

We have cried in our despair
That men desert,
For some trivial affair
Or noisy, insolent sport,
Beauty that we have won
From bitterest hours;
Yet we, had we walked within
Those topless towers
Where Helen waked with her boy,
Had given but as the rest
Of the men and women of Troy,
A word and a jest.

---

martes, febrero 20, 2024

W. B. Yeats / Sin otra Troya




¿Por qué la culparía de que colmara
Mis días de aflicción,
De que enseñara a hombres ignorantes
Caminos de violencia,
De que lanzara al débil contra el grande
Si aquél tenía valor equiparable a su ansia?
¿Qué podría haber traído paz a su cabeza
Que la nobleza hiciera elemental, como un fuego,
Y su belleza como un arco tenso 
-Algo no natural en estos tiempos-
Fuera severa, altiva, y solitaria?
Mas siendo lo que es, ¿qué podría haber hecho?
¿Había acaso otra Troya para que ella la incendiara?

William Butler Yeats (Dublín, 1865 - Roquebrune-Cap-Martin, Francia, 1939), "El yelmo verde y otros poemas" [1910], Antología poética, Selecciones Austral, Espasa Calpe, Madrid, 1984
Versiones de E. Caracciolo Trejo 

Nota del Ad.
Biógrafos y críticos señalaron que este poema alude a Maud Gonne McBride, feminista y nacionalista irlandesa, con quien Yeats tuvo una relación sentimental entre 1889 y 1916. Aquí la compara con la Helena griega, a quien atribuye la responsabilidad por la guerra de Troya y la caída de la ciudad, quizá unos 800 años antes de Cristo. Como la naturaleza de los conflictos con Maud Gonne McBride era política -ella esperaba mayor participación de Yeats en la lucha por la independencia de Irlanda y su conversión al catolicismo- no es extraño que la inspiradora del poema haya sido la militante irlandesa. Y que, en términos más amplios, Yeats se pregunte sobre una revolución radical. 


No Second Troy

Why should I blame her that she filled my days   
With misery, or that she would of late   
Have taught to ignorant men most violent ways,   
Or hurled the little streets upon the great,   
Had they but courage equal to desire?
What could have made her peaceful with a mind   
That nobleness made simple as a fire,   
With beauty like a tightened bow, a kind   
That is not natural in an age like this,   
Being high and solitary and most stern?
Why, what could she have done, being what she is?   
Was there another Troy for her to burn? 

Poetry Ireland Review Issue 116, Poetry Ireland

---
Foto: W. B. Yeats, c.1910 Hulton Archive/Getty Images

sábado, julio 22, 2023

Paul Muldoon / Una ruina



Pudo haber sido un molino, un granero derruido o una granja
junto a la que pasé en auto hace unos sesenta años
y, con mi pequeño ojo, divisé
a través de un marco los helechos desgreñados
y los pelirrojos matojos
de muchachos de mi edad a quienes mandaron a jugar en la nieve,
sus bolas de nieve
tan específicas en el descampado.
Ahora sin ventanas, sin techo, encajado

bajo la primera colina protectora de una cordillera
que se extendía hasta México -
un país hasta el que aun confiábamos en llegar
a toda marcha, al cual aún esperábamos trasladarnos
después del atraco  -esta ruina presagia
no sólo las segadoras en cámara lenta
transformando la pradera en supermercado
sino la suerte que le espera
a los muchos que han sido etiquetados una y otra vez

en esos sesenta años. El paisaje está tan marcado por el cambio,
el estropeado proceso de paz, los falsos bungalows,
las granjas eólicas arrastrándonos en su paso acelerado,
tan marcado por todas las vueltas
que las cosas dieron
para esos niños a quienes ahora llaman de regreso de sus juegos
en la nieve, las ortigas casi tan altas
como el muro divisorio,
una ruina parece la única cosa intacta.

[Traducción de Omar Pérez]

Paul Muldoon (Portadown, condado de Armagh, Irlanda del Norte, 1951), Indecisiones. Antología (1968-1998), Visor, Madrid, 2004. Vía Ñ, Buenos Aires, 22.7.2023



A Ruin

It might have been a gristmill, a dilapidated granary, or grange
I first drove by some sixty years ago
and, with my little eye, espied
through a doorframe the tousled ferns
and red-haired dockens
of kids my own age sent out to play in the snow,
their snowballs
so specific in the sprawl.
Windowless now, roofless, tucked

under the first, sheltering hill of a range
that ran all the way to Mexico—
a country into which we still hoped to ride
hell-for-leather, still hoped to adjourn
after the stickup—this ruin betokens
not only the slo-mo-
mowing of a meadow for a shopping mall
but the fate that would befall
the many tagged and retagged

over those sixty years. The landscape is so marked by change,
the bungled peace process, the shoddy bungalows,
the wind farms taking us in their stride,
so marked by all the turns
things have indeed taken
for kids now summoned back from playing in the snow,
the nettles almost as tall
as its dividing wall,
a ruin seems the only thing intact.

Howdie-Skelp, Farrar, Straus and Giroux, 2021

lunes, junio 19, 2023

Ciaran Carson / La desactivación de la bomba




¿Es como forzar una cerradura
con la lenta deliberación de un funeral,
vacilando a través de una nave oscura
hasta que encuentres la respuesta?
 
¿Escuchando la garrapata malévola
de su corazón, puedes leer
el mensaje de las venas enlazadas
como grabado, la historia médica de su cuerpo?
 
La ciudad es un mapa de la ciudad,
sus áreas prohibidas cambian diariamente.
Me encuentro en un taxi lleno de gente
desviándonos respecto de la ruta conocida, 

terminando en un callejón sin salida
donde todos estallan de repente
en susurros, observando las ventanas tapiadas,
las persianas cerradas.

[1976]

Ciaran Carson (Belfast, Irlanda del Norte, Reino Unido, 1948 - 2019), Collected Poems, Gallery Press, República de Irlanda, 2008
Traducción de Jorge Fondebrider




The Bomb Disposal 

Is it just like picking a lock
With the slow deliberation of a funeral,
Hesitating through a darkened nave
Until you find the answer? 

Listening to the malevolent tick
Of its heart, can you read
The message of the threaded veins
Like print, its body’s chart? 

The city is a map of the city,
Its forbidden areas changing daily.
I find myself in a crowded taxi
Making deviations from the known route, 

Ending in a cul-de-sac
Where everyone breaks out suddenly
In whispers, noting the boarded windows,
The drawn blinds.

miércoles, junio 14, 2023

Seamus Heaney / El encargo



“¡Vamos! Hijo, rápido, corre
y dile a tu madre que trate
de encontrarme una burbuja para el nivel
y un nudo nuevo para esta corbata.” 

Pero sé que le dio alegría que me plantara,
delante de él con una sonrisa
que superaba la suya y su encargo tonto
esperando el siguiente paso en el juego.

Seamus Heaney (Bellaghy, cerca de Castledawson, Irlanda del Norte, 1939 - Dublín 2013), Spirit Level, Faber & Faber, Reino Unido, 1996
Traducción de Jorge Fondebrider


Foto: BBC

The Errand 

'On you go now! Run, son, like the devil
And tell your mother to try
To find me a bubble for the spirit level
And a new knot for this tie.’ 

But still he was glad, I know, when I stood my ground,
Putting it up to him
With a smile that trumped his smile and his fool’s errand,
Waiting for the next move in the game.

lunes, junio 05, 2023

Richard Murphy / Focas en High Island



La calamidad de las focas comienza con mandíbulas.
Nacidas en cavernas que reverberan
con la malicia sin fin de la lengua del mar
golpeando los guijarros, aprenden a responder ladrando
con  miedo y tristeza y celebración.
La boca del océano se abre cuarenta pies de ancho
y se cierra con un bocado sobre su roca. 

Mecidos por el empuje y la caída negra de la marea,
un macho gris manchado y una hembra atigrada
copulan en el agua verde de la cala.
Observo desde lo alto de un acantilado, tratando de no moverme.
A veces se sumergen y se unen en negros bajíos;
luego asoman por aire, el hocico de él en el cuello de ella,
sus aletas entrelazadas como una cola de pez. 

Ella abre su boca feroz como una flor escarlata
llena de semillas blancas; la mantiene abierta un buen rato
al estallido del sol en la música de su amor;
y llora un poco. Pero debo recordar
qué lejos están sus sentimientos de los míos abandonados.
Si hay lágrimas en esta santa ceremonia
los de ellos son causadas por salmuera y las mías por la brisa. 

Cuando el gran macho retira su vara, ésta brilla
como una vela de cornalina engastada en jade.
La hembra llega a la orilla para alimentar a su cría;
mientras que un viejo rival, mirando el hecho con odio,
nada para atacar al exhausto dios triunfante.
Asoman la cabeza por encima del hirviente oleaje,
sus terribles fauces se abren, chorreando sangre. 

Al anochecer arrastran y lloran a los ahogados,
tocando tristemente al mar su último cuarteto,
un réquiem improvisado que embelesa
la razón, mientras rasga la escala como una red:
Dan lástima temblando por la columna vertebral rocosa
de promontorios, hasta que la amarga lengua del océano
se hincha en su cala y ahoga su dulce canto.

Richard Murphy (County Mayo, Irlanda, 1927 - Sri Lanka, 2018), High Island, Faber, Londres, 1974
Traducción de Jorge Fondebrider




Seals at High Island 

 The calamity of seals begins with jaws.
Born in caverns that reverberate
With endless malice of the sea's tongue
Clacking on shingle, they learn to bark back
In fear and sadness and celebration.
The ocean's mouth opens forty feet wide
And closes on a morsel of their rock. 

Swayed by the thrust and blackfall of the tide,
A dapped grey bull and a brindled cow
Copulate in the green water of cove.
I watch from a cliff-top, trying not to move.
Sometimes they sink and merge into black shoals;
Then rise for air, his muzzle on her neck,
Their winged feed intertwined as a fishtail. 

She opens her fierce mouth like a scarlet flower
Full of white seeds; she holds it open long
At the sunburst in the music of their loving;
And cries a little. But I must remember
How far their feelings are from mine marooned.
If there are tears at this holy ceremony
Theirs are caused by brine and mine by breeze. 

When the great bull withdraws his rod, it glows
Like a carnelian candle set in jade.
The cow ripples ashore to feed her calf;
While an old rival, eyeing the deed with hate,
Swims to attack the tired triumphant god.
They rear their heads above the boiling surf,
Their terrible jaws open, jetting blood. 

At nightfall they haul out, and mourn the drowned,
Playing to the sea sadly their last quartet,
An improvised requiem that ravishes
Reason, while ripping scale up like a net:
Brings pity trembling down the rocky spine
Of headlands, till the bitter ocean's tongue
Swells in their cove, and smothers their sweet song.

viernes, junio 02, 2023

Michael Harnett / Pequeña esperanza



Sucede, a veces, después de todas las guerras
que nos encontramos con alguien como nosotros –todo cicatrices–
y en nuestra mente murmura esa palabra esperanzadora
“amor”. ¿Podría pasar? No existe tal cosa.
No soy un tordo que se despierta en las tormentas para cantar,
sólo un poeta pequeño enredado en el absurdo,
contando los besos perdidos y la porcelana rota
arrepintiéndome toda la vida de los “tú” y los “ti”,
mi pueblo abandonado y las barras
que a mis codos les encanta frotar y las jarras
que mi hígado ha absorbido – mis antes y ahoras
yacen rotos y lamentándose en el estante.
A veces te encuentro y olvido todos los votos,
doy vuelta tu vida y me anexo.

Michael Harnett (Croom, Irlanda, 1941- Dublin, 1999), Collected Poems, Gallery Press, 2001
Traducción de Jorge Fondebrider


Foto: Michael Harnett, 1995. En la foto entera -ver abajo- Harnett sostiene el papel en que escribió un poema dedicado al escritor irlandés John B. Keane Laura Jean Zito/My Creative Edge
  
Small Hope 

It happens, sometimes, after all the wars
That we meet someone like ourselves – all scars –
And muble in our minds that hopeful word
‘love’. Could it happen? There is no such thing.
I am no thrush that wakes in storms to sing,
Just a small poet enmeshed in the absurd,
Counting the lost kisses and the broken delft,
Regretting all my life the ‘thees’ and ‘thous’,
My forsaken people and the bars
My elbows love to rub and the jars
My liver has absorbed – my thens and nows
Lie broken and lamenting on the shelf.
Sometimes I meet you and forget all vows,
Turn your life around and annex myself.



miércoles, mayo 31, 2023

Derek Mahon / Dos poemas



Heráclito sobre los ríos 

Nadie se baña dos veces en el mismo río.
El mismo río nunca es el mismo
porque ésa es la naturaleza del agua.
Del mismo modo, tu metabolismo cambiante
significa que ya no eres tú.
Las células mueren, y la precisa
configuración de los cuerpos celestes
cuando ella te dijo que te amaba
no se repetirá en esta vida. 

Me dirás que has ejecutado
un monumento más duradero que el bronce;
pero incluso el bronce es perecedero.
Tu mejor poema, sabes a lo que me refiero,
el mismo lenguaje en el que el poema
fue escrito, y la idea del lenguaje,
todas estas cosas pasarán con el tiempo.


El bar de la terminal 

(para Philip Haas) 

El televisor colgado
en su jaula de alambre metálico,
protegido de las botellas
arrojadas por la rabia casual,
es fetiche e icono
proporcionándonos todo lo que queremos
de magia y redención,
rutina y sentimiento.
Las guirnaldas de hace años cuelgan
donde tiembla un caso perdido
abandonado; los cadáveres de las moscas están pegados
al mugriento papel matamoscas.
Una nube de nieve de Manhattan
sobre aguas estrelladas,
estelas de vapor cálido
de ventiladores de metro...
Bienvenido al planeta,
a sus cervezas fluorescentes
que alteran el silencio
desolado de las esferas.
Golpea la puerta y sacude
la nieve de tu zapato,
admite que la vasta oscuridad
por fin te derrotó.
Nadie encontró el Grial
o conquistó el espacio exterior;
únete a la clientela
que se ve aumentar a sí misma.

Derek Mahon (Belfast, Irlanda del Norte, 1941 - Kinsale, República de Irlanda, 2020), Collected Poems, Gallery Press, 2009
Traducción de Jorge Fondebrider


Foto: Derek Mahon, Kinsale, 2010 John Minihan/The Irish Times


Heraclitus on Rivers 

Nobody steps into the same river twice.
The same river is never the same
Because that is the nature of water.
Similarly your changing metabolism
Means that you are no longer you.
The cells die, and the precise
Configuration of the heavenly bodies
When she told you she loved you
Will not come again in this lifetime. 

You will tell me that you have executed
A monument more lasting than bronze;
But even bronze is perishable.
Your best poem, you know the one I mean,
The very language in which the poem
Was written, and the idea of language,
All these things will pass away in time.


The Terminal Bar 

(for Philip Haas) 

The television set hung
in its wire-net cage,
protected from the flung
bottles of casual rage,
is fetish and icon
providing all we want
of magic and redemption,
routine and sentiment.
The year-old tinsels hang
where an unclaimed no-hoper
trembles; fly-corpses cling
to the grimy flypaper.
Manhattan snows swarm
on star-boxed waters,
steam trails from warm
subway ventilators . . .
Welcome to the planet,
its fluorescent beers
buzzing in the desolate
silence of the spheres.
Slam the door and knock
the snow from your shoe,
admit that the vast dark
at last defeated you.
Nobody found the Grail
or conquered outer space;
join the clientele
watching itself increase.

jueves, mayo 25, 2023

Eavan Boland / Dos poemas




Fuera de la historia
 
Son forasteras, siempre. Estas estrellas -
estos indicios de hierro de un enero irlandés,
cuya luz ocurrió
miles de años antes
de nuestro dolor; están, siempre han estado
fuera de la historia.
Mantienen su distancia. Debajo de ellas queda
un lugar donde descubriste
que eras humano, y
un paisaje en el que sabes que eres mortal.
Y un tiempo para elegir entre ellas.
He elegido:
Fuera del mito en la historia me muevo para ser
parte de ese calvario
que es la oscuridad
que sólo ahora me alcanza desde esos campos,
esos ríos, esos caminos cuajados como
firmamentos con los muertos.
Que lento mueren
mientras nos arrodillamos a su lado, susurrándoles al oído.
Y llegamos demasiado tarde. Siempre llegamos demasiado tarde.


La tierra perdida 

Tengo dos hijas.
Son todo lo que siempre quise de la tierra.
O casi todo.
También quería una parcela de terreno.
Una ciudad atrapada entre colinas. Un río urbano.
Una isla en su elemento.
A la que pudiera llamar mía. Mía propia.
Y lo digo en serio.
Ahora son grandes y están lejos.
y la memoria misma
se ha vuelto una emigrante,
vagando en un lugar
donde el amor se disfraza de paisaje.
Donde las colinas
son los colores de los ojos de un niño,
donde mis hijas son distancias, horizontes.
A la noche,
al borde del sueño,
puedo ver la orilla de la bahía de Dublín,
su extensión rocosa y su muelle de granito.
¿Es esto, digo
lo que debieron haber visto,
al retirarse en el barco del correo en el crepúsculo,
sombras cayendo
sobre todo lo que tuvieron que dejar?
¿Y que amarán para siempre?
Y luego
me imagino a mí misma
en la barandilla de ese barco
buscando la última imagen de una mano.

Eavan Boland (Dublin, 1944 - 2020), New Collected Poems, W. W. Norton & Company, Nueva York, 2009
Traducción de Jorge Fondebrider




Outside history 

These are outsiders, always. These stars -
these iron inklings of an Irish January,
whose light happened
thousands of years before
our pain did; they are, they have always been
outside history.
They keep their distance. Under them remains
a place where you found
you were human, and
a landscape in which you know you are mortal.
And a time to choose between them.
I have chosen:
out of myth in history I move to be
part of that ordeal
who darkness is
only now reaching me from those fields,
those rivers, those roads clotted as
firmaments with the dead.
How slowly they die
as we kneel beside them, whisper in their ear.
And we are too late. We are always too late.


The Lost Land 

I have two daughters.
They are all I ever wanted from the earth.
Or almost all.
I also wanted one piece of ground.
One city trapped by hills. One urban river.
An island in its element.
So I could say mine. My own.
And mean it.
Now they are grown up and far away
and memory itself
has become an emigrant,
wandering in a place
where love dissembles itself as landscape.
Where the hills
are the colours of a child’s eyes,
where my children are distances, horizons.
At night,
on the edge of sleep,
I can see the shore of Dublin Bay,
its rocky sweep and its granite pier.
Is this, I say
how they must have seen it,
backing out on the mailboat at twilight,
shadows falling
on everything they had to leave?
And would love forever?
And then
I imagine myself
at the landward rail of that boat
searching for the last sight of a hand.

jueves, febrero 23, 2023

Seamus Heaney / Vida de estante




1. Chispa de granito

Piedra veteada. Aberdeen de la mente.

Diciendo Brindemos por la unión
me he hecho daño en la mano al apretar
esta hoja de corte de la Torre de Martello
de Joyce, este brillante manchado insoluble

que conservo, pese a tener poco en común con él,
una especie de cuchillo circuncidor de la edad de
      piedra,
un filo calvinista en este mi nido complaciente.
El granito es irregular, como la sal, castiga

y exige. Vengan a mí, dice,
todos aquellos que padecen trabajo y fatiga; no
los refrescaré. Y añade: Aprovechen el día.
Y: Tómenme o déjenme. Allá ustedes.


2. Vieja plancha

Con frecuencia la observé levantarla
desde donde su cuña compacta montaba
la parte trasera de la estufa
como un remolque anclado.

Para saber, de oído, qué tan caliente estaba,
palmoteaba la superficie de acero
o se la acercaba a la mejilla,
adivinando así el peligro en potencia.

Suaves golpecitos sobre el burro de planchar.
Su anguloso codo con hoyuelos
y su inclinación intencional
conforme conducía la plancha

como un cepillo de carpintero entre las sábanas,
el resentimiento de todas las mujeres.
Trabajar, según aquella embestida sorda,
es poner una cierta masa en movimiento

a lo largo de una cierta distancia,
es impulsar el propio peso y sentirse
exacto e igual a él.
Sentirse arrastrado. Y alegre.


3. Viejo cacharro

No pertenece a la edad de plata, sino a un cierto
analfabetismo que habita bajo estas vigas:
un plato abollado, sobado, ahumado,
lleno de tormentas, manchado y corriente.

Me fascina el peltre tal cual, mi suave opción
cuando de metales se trata —después de la soldadura
que llora en contacto con la plancha caliente—;
triste y plácido como un aliso de corteza brillante

reflejado en la orilla nebulosa de un estanque,
donde creyeron que me había ahogado un día de
 invierno,
como lanzar una piedra desde casa, cuando todo el
 campo
era bruma y yo me escondía a propósito.

De destellos se compone el alma.
Retos nebulosos, resplandores lejanos de conciencia
y solapadas verdades a medias de verdadero amor.
Y toda una inundación tardía por el deshielo ancestral.


4. Gancho de acero

Tan parecido a un diente de trilladora,
escucho el rozar de un jaez y el golpeteo
de las piedras en un campo recién arado.
Pero se trataba de la era del vapor

en Eagle Pond, New Hampshire,
cuando este herrumbroso gancho que ahí encontré
fue dirigido y conducido
para arreglar un diente de trilladora.

¿Qué garantiza la permanencia de las cosas
si un sistema de rieles puede levantarse
como una larga zarza desde las hierbas cenagosas?
Sentí que había vuelto en mí

por el sendero de césped silencioso
donde saqué este pedazo de acero como una espina
o una palabra que había creído mía
de la boca de un extraño.

Y aquello que lo hundió
con un último golpe sordo,
muy dentro del durmiente
alquitranado, ¿dónde está?

¿Y el mango curtido de sudor?
Pregúntales a los del vagón de cola,
sordos y en su lugar;
las sombras los han dejado atrás.


5. Piedra de Delphi

Que me lleven a la capilla de madrugada
cuando el mar esparza rumbo al sur sus lejanas
cosechas de sol,
y yo realice la ofrenda matutina una vez más:
que me salve del miasma de la sangre derramada,
que controle la lengua, tema a hybris, tema al dios
hasta que se exprese sin trabas por mi boca.


6. Bota de nieve

La presilla de una bota de nieve cuelga de la pared
sobre mi cabeza, en un cuarto quieto y a la deriva:
es como una cifra escrita a todo lo largo,
un jeroglífico para todos los ámbitos del susurro.

Con tal de seguirle el rastro a una palabra,
abandoné la habitación tras una tormenta de amor
y trepé por las escaleras del tapanco como un
 sonámbulo,
abrigado y con la sangre caliente, restregando la costra
 de nieve.

Luego me senté ahí a escribir, imaginando en silencio
sonidos como los del amor después de larga
 abstinencia.
animado y absorto y dispuesto
bajo el signo de una bota de nieve en la pared.

La presilla de la bota, como papalote de otra época,
se alza al viento y se pierde de vista.
Ahora, sentado, en blanco veo la gradual brillantez
 de la mañana,
su expresión distante, inviolada.

Seamus Heaney (Bellaghy, cerca de Castledawson, Irlanda del Norte, 1939-Dublin, 2013), "Station Island" [1984], Seamus Heaney, Selección, traducción y nota introductoria de Pura López Colomé, Material de Lectura n° 191, Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), 2013


viernes, octubre 07, 2022

Paula Meehan / La estatua de la Vírgen de Granard habla


Puede ser amargo aquí en tiempos como estos, 
el viento de noviembre soplando desde la frontera.
Sus semillas de hielo te hacen doler el alma.
El pueblo entero arropado seguro y soñando,
hasta las cosas salvajes se han escondido en la tierra, y yo
atascada aquí en esta gruta, sin ni siquiera
una estrella o planeta que alivie mi vigilia.

El aullido no parará. Los árboles
se retuercen en agonía como si fueran a liberarse
y despegar- viajeros fantasmas
en el viento que lleva indicios
de pueblos acuartelados, ciudades amuralladas, calles de guetos
donde los hombres se cazan unos a otros e invocan
los varios nombres de Dios como bendiciendo
sus estrategias muertas, sus maniobras nocturnas.
Más cerca de casa el viento pasa por
sobre lagos muertos. Escucho a los peces ahogarse.
Siento el gusto del agua estancada mezclada
con el humo de la turba de las granjas alrededor.

Me llaman Mary- Bendecida, Santa, Virgen.
Me unen al mito de un hombre crucificado:
el flagelo y la caída, y la caída otra vez,
la corona de espinas, el golpe del martillo en el hierro
en la muñeca y cadera, el sagrado corazón sangrante.
Me llaman Madre de todo este dolor
a pesar de no aparearme con un hombre mortal.
Se arrodillan ante mí y sus plegarias
se elevan como chispas de una fogata
que arde un momento, luego se apaga.

Puede ser hermoso aquí a veces. La primavera,
verano temprano. Niñas en vestidos de comunión
rivales pálidas del desorden en los setos vivos
del perejil de las vacas y espinos en flor, el perfume
de cada acre de juncos que queda para el heno
cuando la luz oscila más, con el sol retirándose al norte.

O la gracia de un casamiento de mitad de verano
cuando la tierra misma llama a aparearse
y me liberaría de estas vestiduras tiesas,
totalmente azules, totalmente blancas, como si le hubiesen
robado sus colores al cielo de un niño. Mi ser
grita para ser reencarnado, reencarnado
manchada y despeinada en una cama suave.

Hasta un entierro de otoño puede tener su pompa.
Los setos cargados con el peso de la fruta
silvestre, endrina, baya, escaramujo; las nubes se desplazan
rápidamente hacia el este con el aroma de las peras, frutas caídas en
secreto en los largos pastizales de las huertas, y algún alma vieja
desciende a su piel. La muerte es justo otra cosecha
planeada para el juego de la estación.

Pero es en la noche de todos los Difuntos que no
hay respiro de la agudeza del viento.
No me asombraría si cada cuerpo viniera volando
desde el cementerio para unirse con exaltación al vendaval
una cacofonía de huesos implorándole el Juicio Final al cielo
y liberación de ser la consciencia del pueblo.

En una noche así recuerdo a la chica
que vino sólo con quince veranos,
y se echó en completa soledad a mis pies
sin partera o doctor o amiga que sostuviera su mano
y empujó su secreto hacia la noche,
lejos del pueblo arropado en pequeños escándalos,
afectado por regateos, palabras rotas, rezos, promesas,
y a pesar de que ella lloró agonizando
no me moví,
no levanté un dedo para ayudarla,
no intercedí ante el cielo
tampoco susurré la palabra sagrada en el oído de Dios.

En una noche como ésta cuento los días que faltan para el solsticio
y  para la vuelta de la luz.
Oh sol,
centro de nuestra estúpida danza,
ardiente corazón de piedra,
derretida madre de todos nosotros,
escúchame y ten piedad.

Paula Meehan (Dublín, 1955), Mysteries of the Home, Dedalus Press, Dublín , 2013
Versión de Maria Kohon

Nota del Ad.: Granard refiere al pueblo del condado de Longford, en Irlanda




The Statue of the Virgin at Granard Speaks

It can be bitter here at times like this,
November wind sweeping across the border.
Its seeds of ice would cut you to the quick.
The whole town tucked up safe and dreaming,
even wild things gone to earth, and I
stuck up here in this grotto, without as much as
star or planet to ease my vigil.

The howling won’t let up. Trees
cavort in agony as if they would be free
and take off — ghost voyagers
on the wind that carries intimations
of garrison towns, walled cities, ghetto lanes
where men hunt each other and invoke
the various names of God as blessing
on their death tactics, their night manoeuvres.
Closer to home the wind sails over
dying lakes. I hear fish drowning.
I taste the stagnant water mingled
with turf smoke from outlying farms.

They call me Mary — Blessed, Holy, Virgin.
They fit me to a myth of a man crucified:
the scourging and the falling, and the falling again,
the thorny crown, the hammer blow of iron
into wrist and ankle, the sacred bleeding heart.
They name me Mother of all this grief
though mated to no mortal man.
They kneel before me and their prayers  
fly up like sparks from a bonfire
that blaze a moment, then wink out.

It can be lovely here at times. Springtime,
early summer. Girls in Communion frocks
pale rivals to the riot in the hedgerows
of cow parsley and haw blossom, the perfume
from every rushy acre that’s left for hay
when the light swings longer with the sun’s push north.

Or the grace of a midsummer wedding
when the earth herself calls out for coupling
and I would break loose of my stony robes,
pure blue, pure white, as if they had robbed
a child’s sky for their colour. My being
cries out to be incarnate, incarnate,
maculate and tousled in a honeyed bed.

Even an autumn burial can work its own pageantry.
The hedges heavy with the burden of fruiting
crab, sloe, berry, hip; clouds scud east
pear scented, windfalls secret in long
orchard grasses, and some old soul is lowered
to his kin. Death is just another harvest
scripted to the season’s play.

But on this All Souls’ Night there is
no respite from the keening of the wind.
I would not be amazed if every corpse came risen
from the graveyard to join in exaltation with the gale,
a cacophony of bone imploring sky for judgement
and release from being the conscience of the town.
On a night like this I remember the child
who came with fifteen summers to her name,
and she lay down alone at my feet
without midwife or doctor or friend to hold her hand
and she pushed her secret out into the night,
far from the town tucked up in little scandals,
bargains struck, words broken, prayers, promises,
and though she cried out to me in extremis
I did not move,
I didn’t lift a finger to help her,
I didn’t intercede with heaven,
nor whisper the charmed word in God’s ear.

On a night like this I number the days to the solstice
and the turn back to the light.
O sun,
centre of our foolish dance,
burning heart of stone,
molten mother of us all,
hear me and have pity.
---
Foto: Paula Meehan por Dave Meeghan The Irish Times

viernes, septiembre 16, 2022

Macdara Woods / Kavanagh en Umbria




Lo he visto aquí en noviembre
cruzando la oscuridad para volver a casa
en el tractor
un pedazo de arpillera
sobre los hombros
contra la niebla invernal
encorvado
entre los olivos que no puede ver
y las estacas sin hojas de las vides
maravillosamente traducido
pero en absoluto trasplantado
de donde proviene:
campos pedregosos terneros que mueren
el agotamiento de noviembre
y la bruma donde comienza el Génesis

                                      Agosto de 2004

Macdara Woods (Dublín, 1942-2018), Collected Poems, Dedalus Press, Dublín, 2012
Traducción de Jorge Fondebrider


Foto: Macdara Woods en el Cuisle Limerick City International Poetry Festival, 2014. Robin Parmer/Numéro Cinq

Kavanagh In Umbria 

I have seen him here in November
going home through the dark
on the tractor
a piece of sacking
thrown across his shoulders
against the winter fog
hunched up
between the unseeing olives
and the leafless sticks of vines
marvellously translated
but not translated at all
from where he is:
broken fields perishing calves
November haggard
and the mist where Genesis begins

                                   August 2004