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martes, abril 01, 2025

Tom Pow/Amor en el zoológico (Bronx)



Recorremos los senderos cubiertos de hielo
pasando los estanques helados, los recintos con nieve, 
donde los juncos como puercoespines amontonados 
son negros y todo lo que se ve.

En el tenue calor de un reptilario,
nos detenemos ante una pecera
con una tortuga color arena
de caparazón blando, grande
como mi mano abierta. De la larga cuchara
de su cabeza, sobresalen los agujeros de la nariz 
como minúsculos binoculares. Ojos,
dos manchas plateadas. Cuando se yergue
sobre la hierba verde y oscura, sus patas,
como semillas de sicomoro, rozan la ventana
por la que miramos. Tan cerca está
y tan doblada, que vemos 

el delgado círculo de su boca invertida;
casi imaginamos que va a hablar… 

De vuelta en el Bronx, no sabemos
en qué callejón sin salida dar la vuelta;
nos equivocamos siempre finalmente. Damos vueltas – 
–moscas atrapadas en una mortal belladona– tratando
de encontrar la entrada a la autopista 

más allá de los edificios quemados, basureros;
un brasero que les saca el frío
a unos borrachos.

Un Cadillac azul y maltrecho se sacude
hasta detenerse frente a nosotros. Los paneles oxidados
tiemblan; las luces traseras rojas brillan
en los alerones corroídos. Nos sentamos tensos
cuando las negras maldiciones del negro son humo
en el aire invernal. Nos volvemos hacia los otros: 
súbitos neófitos, que podrían –sin sueño, sin palabras,
en la oscura jaula de la noche– mantener sus cuerpos blandos
cerca; miedo
por la supervivencia del amor.

Tom Pow (Edimburgo, 1950)
Traducción de Jorge Fondebrider



LOVE AT THE (BRONX) ZOO

We walk the icy paths
past frozen ponds, snowed-in enclosures,
where reeds like drifting porcupines
are black huts are all that show.

In the dim warmth of an animal house,
we linger by a tank
with a sandy-coloured,
soft-shelled turtle, the size
of my spread hand. From the long spoon
of its head, nostrils stick out
like tiny binoculars. Eyes,
two silvery stains. When it rises
from the dark green weed, its fins,
like sycamore seeds, brush the window
we peer through. So close is it
and so angled, we see

the thin loop of its down-turned mouth;
almost fancy it would speak...

Back in the Bronx, we don't know
which blind-eyed alley to turn down;
eventually are wrong anyway. We ride around - 
a fly caught in deadly nightshade – trying
to reclaim the rim of the highway

past burned-out buildings, waste-ground;
a brazier licking the chill
off some winos.

A battered blue Cadillac jerks
to a stop in front of us. Rusted panels
shake; red tail lights glare
from corroded fins. We sit tight
as the black man's black curses plume
intro the winter air. We turn to each other: 
sudden neophytes, who might – sleepless, speechless,
in the dark cage of night – hold their soft bodies
close; fear
for love's survival.
---

domingo, octubre 29, 2023

Charles Hamilton Sorley / Grajos



Allí, donde yace el hierro herrumbroso,
                 Los grajos se pasan el día graznando.

Quizá ningún hombre, antes de morir,
                 Los entienda, entienda lo que dicen.

La tarde hace que el cielo parezca arcilla.
                 El viento suave espera la noche para arreciar.
El mundo está a medias contento. Pero ellos

Siguen alborotando a los árboles con gritos,
                 Que conocen, y no pueden ocultar,
El anhelo del alma que vuela
                 Del día a la noche, de la noche al día.

Charles Hamilton Sorley (Aberdeen, Escocia, Reino Unido, 1895 - Hulluch, Francia, batalla de Loos, 1915), Death and the Downs. The Poetry of Charles Hamilton Sorley, Brett Rutherford, ed., Yogh & Thorn Books, Pittsburgh, 2010
Versión de Jonio González


Foto: Charles Hamilton Sorley c.1915 (fotógrafo desconocido) Cambridge at University Press, 1919
                                                     
ROOKS

There where the rusty iron lies,
                 The rooks are cawing all the day.
Perhaps no man, until he dies,
                 Will understand them, what they say.

The evening makes the sky like clay.
                 The slow wind waits for night to rise.
The world is half content. But they

Still trouble all the trees with cries,
                 That know, and cannot put away,
The yearning to the soul that flies
                 From day to night, from night to day.

jueves, septiembre 22, 2022

Edwin Morgan / Cuando te vayas



cuando te vayas,
si te vas, 
y yo quiera morir, 
nada habrá que me salve
más que la vez
en que te me dormiste en brazos
con una confianza tan dulce
que dejé a la habitación ensombrecerse
y beber la tarde, hasta
que el descanso o la lluvia nueva
te despertaron mansamente.
te pregunté si habías oído llover en sueños
y, aún soñando a medias, solo dijiste te quiero.

Edwin Morgan (Glasgow, Escocia, 1920-2010), The Second Life, University Press, Edimburgo, 1968
Traducción de Andrés Ehrenhaus


Foto: Edwin Morgan en 2003 Murdo MacLeod/The Guardian

When you go

When you go,
if you go,
and I should want to die,
there’s nothing I’d be saved by
more than the time
you fell asleep in my arms
in a trust so gentle
I let the darkening room
drink up the evening, till
rest, or the new rain
lightly roused you awake.
I asked if you heard the rain in your dream
and half dreaming still you only said, I love you.

sábado, octubre 23, 2021

Tom Pow / Amar, escribir



Si tu amor es sincero
y lo pierdes, ¿qué perdiste?
No el acto de amar. Que es tuyo.

Si tus palabras son sinceras
y las pierdes, ¿qué perdiste?
No el acto de escribir. También es tuyo.

Al amar, al escribir, ¿cómo puedes
conservar algo acabado? Ya sea que pierdas 
o lo pongas bajo vidrio,

debe ser el acto en sí lo que tú ames.
Porque lo que quedó cuando pasó el momento,
va a llevárselo el viento. A tu pesar.

Tom Pow (Edimburgo, 1950), Landscapes and Legacies, Iynx Publishing, Escocia, 2003
Traducción de Jorge Fondebrider

Foto: The Herald, Escocia


LOVING, WRITING

If your love was true
and you lose it, what have you lost?
Not the act of loving. That's yours.

If your words were true
and you lose them, what have you lost?
Not the act of writing. That's yours too.

In loving, in writing, how can you
hold onto a finished thing? Whether
you lose it or put it beneath glass,

it is the act itself you must cherish.
For what's left when the moment has passed,
the wind will carry. Despite you.

viernes, julio 31, 2020

Tom Pow / Sueños del Nuevo Mundo


   
                                         















 '...profunda oscuridad alrededor
 es el precio de la luz.'
                       Hugh MacDiarmid

I

Llegado sano y salvo. Pero ya demasiado tarde.  
Hurgo en insondables baúles de mapas, 
pongo derecho el sangrante crucifijo, dispongo
cuentos para que encajen en los tapices. Un cuarto frío
con una galería en arco que está siendo preparada.
El sol quema a través de la piedra meliflua; el aire inmóvil
nunca despeja el hedor caliente de carne quemada
y mujeres nativas. Sus ojos oscuros nos odian
o mueren. (Hay una novela en mí;
sus páginas me agobian como plomo de ataúd.)
Miró sobre la bahía y el centelleante mar.
Hago girar el globo. Encuentra Eldorado, digo.
¡Sigue! Encuentra el contrapeso para equilibrar 
todo este sufrimiento, aburrimiento y muerte. 

II

Fuera de la profunda oscuridad circundante, un globo
de exactitud borgiana. Resplandece,
a pesar de que partes de su superficie están oscurecidas, sucias
de polillas aplastadas. Lacrimae addicta.
A lo largo de las secas estaciones de la historia 
han buscado por selvas y sabanas 
de África, Asia, América...
Valiéndose de las criaturas más plácidas 
o de las más débiles, molestan el globo ocular
luego se atiborran los depósitos de sal de sus lágrimas.
Nadie se murió de hambre alimentándose de sufrimiento,
tristeza y dolor. Gira el globo. ¡Mira! Han hecho
arcoiris sobre cataratas gigantes. 
Mariposas de un azul brillante bailan allí.

Tom Pow (Edimburgo, 1950)
Traducción de Jorge Fondebrider


NEW WORLD DREAMS

   '...deep surroundin' darkness
    Is aye the price o' licht.'
                           Hugh MacDiarmid

                         I

Arrived safely. But already too late.
I rummage through bottomless chests of maps,
straighten the bleeding crucifix, make up
tales to fit the tapestries. A cool room
with an arched veranda's been prepared.
Sun burns through honeyed stone; the moveless air
never clears its hot reek of burning flesh
and native women. Their dark eyes hate us
or they die. (There is a novel in me;
its pages weigh me down like coffin lead.)
I stare over harbour and sparkling sea.
I spin the globe. Find Eldorado, I say.
Drive on! Find the counterweight to balance
all this suffering, boredom and death.

                         II

Out of deep surrounding darkness, a globe
of Borgesian exactitude. It glows,
though parts of its surface are dark-edged, furred
with jostling moths. Lacrimae addicta.
Throughout  the dry seasons of history
they have swept through the forests and savannahs
of Africa, Asia, America...
Fastening on the most placid creatures
or the most weak, they worry the eyeball
then gorge on the salt-licks of their tears.
No one's ever starved feeding on suffering,
sadness and pain. Spin the globe. See! Rainbows
arch over the giant cataracts
they have made. Bright blue butterflies dance there.
---
Foto: DGWGO

viernes, diciembre 06, 2019

Don Paterson / II:OO: Baldovan














Base. Llovizna. Izan dos niños
su estandarte en la terminal de bus:

yo y Ross Mudie vamos solos
a Hilltown por primera vez.

Pondero mi poder adquisitivo:
chelines, florines con reyes calvos,

frío blasón de media corona, tres peniques
como dientes que en mi bolsillo juntos mastican.

Pienso comprar comics,
dulces y trucos.

No obstante, como de costumbre, me afligen
los procedimientos, el protocolo del viaje,

y repito a Ross las mismas preguntas:
dónde sentarnos, cuándo tocar la campana,

o si tenemos suficiente dinero;
susurro, ¿estás seguro? ¿Estás seguro?

No soy consciente del escaso bien que esto me hará;
el bus nos abandonará en otras tierras

con calles erradas que de pronto olvidan
sus nombres en los cruces o alguna construcción

y donde nadie habrá oído de los dulces que buscamos
y en el mostrador el hombre hará caer nuestras monedas

y le dirá a su esposa que venga, que venga a verlas
y si volvemos a casa alguna vez, el bus

penetrará en sus calcinadas ruinas
y entraremos al mundo por donde nos fuimos

solo que nuestra voz suena extraña y las casas se han desvanecido
y la lluvia sabe a sorbete y olas negras se extienden

lentamente al pie de Macalpine Road
y nuestras madres y hermanas llevan cincuenta años muertas.

Don Paterson (Dundee, Escocia, Reino Unido, 1963), God’s Gift to Women, Faber, Londres 1997
Trad. de Carlos Llaza

Don Paterson - Scottish Poetry Library - Círculo de Poesía - Segunda Voz - Caína Bella
---
Foto: Alchetron

domingo, noviembre 10, 2019

Don Paterson / Una aguja elíptica














Mi tío estaba encantado: ‘La aguja elíptica –
toca hasta el mínimo detalle’.
Equilibrado a una fracción de onza,
el gran cartucho descendió cual pluma;
la música se expandió en tres dimensiones
cual si anduviéramos entre los músicos.

Mi padre, consciente de la diferencia,
viajó a Largs en pos de una aguja elíptica
para nuestro arcaico tornamesa Philips.
El tipo rompió a reír: ‘No se puede…
eh… va a necesitar otro equipo’.
Aún sonriente, nos despidió de la tienda
con una caja de agujas como tachuelas,
las únicas para nuestro tocadiscos.

(Si yo hubiera sido su hijo: espiemos
‘Fidelidades’, el poema que ahora escribo:
El día de su muerte, mi padre me enseñó 
cómo alistar la consola y su desempeño:
es la lección que recuerdo, cómo afinaba el 
peso del brazo, para equilibrar la aguja 
entre la elipsis y la precisión,
como yo, despacio, desciendo la punta
para que capte la vibración
y cual cardiógrafo, surque la página…)

Volvimos lento, como con la llanta baja;
mi padre sin parpadear, y la risa del hombre
clavada en mi cabeza, donde el cuento permanece,
junto al intento por cauterizar la fábula
con axiomas sobre la naturaleza
de la elocuencia y otras herencias,
dado que él puede excusarse a sí mismo,
y tú sacar tus propias conclusiones.
Pero si insistes en la resonancia –
le clavaría un buen puño, como a cualquier
hijo de puta que minimice a mi padre,
lo cual tal vez te incluya. Te soy sincero.

Don Paterson (Dundee, Escocia, Reino Unido, 1963), Nil Nil, Faber, Londres, 1993
Traducción de Carlos Llaza

Don Paterson Web Site - Scottish Poetry Library - The Telegraph - The Library of Congress - Café Verlaine - Fractal - Círculo de Poesía
---

viernes, febrero 15, 2019

Robert Louis Stevenson / Desde hace años para siempre...

















Desde hace años para siempre
Mi barco de cedro llevé hasta la costa
Y al camino y el lecho del río
Y a los verdes juncos que asienten dije
Mi ignorante y último adiós:
Ahora satisfecho habito mi hogar
Y ahora divido mi perezosa existencia
Entre mis versos y mi esposa:
En vano; porque cuando la lámpara está encendida
Y junto al riente fuego me siento,
Todavía, con el destrozado atlas extendido,
Interminables caminos recorro.

Robert Louis Stevenson (Edimburgo, Escocia, Reino Unido, 1850-Vallima, Samoa, 1894), New Poems and Variant Reader, Chatto & Windus, Londres, 1918. Proyecto Gutenberg
Versión de Jonio González


SINCE YEARS AGO FOR EVERMORE

Since years ago for evermore
My cedar ship I drew to shore;
And to the road and riverbed
And the green, nodding reeds, I said
Mine ignorant and last farewell:
Now with content at home I dwell,
And now divide my sluggish life
Betwixt my verses and my wife:
In vain; for when the lamp is lit
And by the laughing fire I sit,
Still with the tattered atlas spread
Interminable roads I tread.
---
Foto: Stevenson c.1893 Rischgitz/Getty Images

domingo, noviembre 04, 2018

Alastair Reid / Galilea

















Pálido, descolorido, deslumbrado
por la brillantez en caída,
la cima de la colina me sostiene.
Abajo, la costa pela los dientes.

Sin aliento, quemado hasta la médula,
entre el pétreo verde del olivo
y el gris gesto de la piedra,
aturdido, bajo la vista.

¿Cómo pretender descansar
en este seco, aserrado paisaje
donde la tierra, el aire, el fuego y el agua
bruscamente exigen reverencia?

Acaso para fijar un lugar
en un mundo cambiante donde el tiempo
habla y donde demasiados seres
se entrecruzan y exigen
aprobación una y otra vez,

algún sitio decente donde morir,
algún sitio que se volviera
paisaje y vocabulario,
equilibrio, hogar.

Alastair Reid (Whithorn, Escocia, Reino Unido, 1926-Nueva York, Estados Unidos, 2014), "De adentro hacia afuera", Antología resonante. Selección de obra poética y ensayística, editorial Bonobos, Toluca, México, 2016
Traducción de Pura López Colomé

Ricardo Blanco's Blog - The Telegraph - The New Yorker - Poetry Foundation
Weathering. Poems & Translantios - Google Libros


Galilea

Bleached white, bedazzled
by the bright light falling,
the hilltop holds me up.
Bellow, the coastline bares its teeth.

Winded, burned to the bone, berween
the stony green of the olive,
the gray grimace of stone,
I look dazedly down.

How to come to rest
in this raw, whitled landscape
where earth, air, fire, and water
bluntly demand obisance?

Perhaps to fix one place
in a shifting world where time
talks and where too many selves
criss-cross and demand
enactment and re-enactment,

somewhere decent to die in,
somewhere which could become
landscape and vocabulary,
equilibrium, home.
---

sábado, agosto 12, 2017

Robin Robertson / Sobre el tiempo














En el tiempo que me llevó contener la respiración
y deslizarme bajo el agua de la bañera
-para escuchar el ruido sordo de la sangre en las venas
y después salir a la superficie-,
mis padres habían muerto,
la casa había sido vendida y ahora
estaban demoliéndola en torno a mí,
pared por pared, con una bola y una cadena.
Nado un largo bajo el agua
y salgo por el extremo opuesto, boqueando,
para descubrir que mi matrimonio se acabó,
mis hijas crecieron y sentaron cabeza,
la piel de mis brazos y mis piernas
se afloja
y este corazón late
como si no existiese el mañana.

Robin Robertson (Perthshire, Escocia, Reino Unido, 1955), Sailing the Forest. Selected Poems, Farrar, Straus & Giroux, Nueva York, 2014
Versión de Jonio González


ABOUT TIME

In the time it took to hold my breath
and slip under the bathwater
– to hear the blood-thud in the veins,
for me to rise to the surface –
my parents had died,
the house had been sold and now
was being demolished around me,
wall by wall, with a ball and chain.
I swim one length underwater,
pulling myself up on the other side, gasping,
to find my marriage over,
my daughters grown and settled down,
the skin loosening
from my legs and arms
and this heart going
like there’s no tomorrow.

jueves, junio 29, 2017

Don Paterson / Poesía















De la misma manera en que el necio diamante
contiene una chispa del fuego ancestral del planeta
atrapada para siempre en su red de hielo,
no es el último fuego del amor el que la poesía guarda,
sino el átomo del amor que la hizo abandonar el silencio:
de modo que si el carbón brillante de su amor
empieza a humear, el poeta escucha su voz
súbitamente forzada, como la de un cantante de reparto,
enamorado de su propio estilo o tapado por los violines.

Pero si logra una luz más estable, si alcanza el verso puro,
cuando finalmente llegue, sonará como un manantial
igualmente puro, anónimo y sereno.

Bajo el ajeno y lejano cielo, el agua no canta nada,
ni de tu nombre, ni del mío.

Don Paterson (Dundee, Escocia, 1963), Poesía insular: seis poetas británicos de los '90, versiones y notas de Santiago Espel, prólogo de Fernando Kofman, La Carta de Oliver, Vicente López, Argentina, 2016

domingo, abril 02, 2017

Alastair Reid / Fe de gato















Tal como un gato, atrapado por una puerta que se abre,
sobre el peligroso estante superior, maxilar rojo y garra zarzamora,
se deja caer al suelo sin ver,
seguro por instinto de gato que topará con el suelo,
ahí en la mera inocencia; y cae
de todos modos, bola de pelaje, tan rápido que al ojo
se le escapa la voltereta y la confianza
que brotan del haber caído antes,
y sólo distingue un felino desliz sedoso,
crimen inconcebible en un paso tan manso:
así nosotros nos dejamos caer rumbo a la mañana
deslizándonos por estantes del sueño. Cuando, libertinos de noche,
nos dejamos penetrar por las visiones, y la oscura ventana
grotesca nos empuja dentro, nuestro mundo pierde el equilibrio.
Los monstruos multifacéticos hijos de nuestra invención
forcejean al borde del sueño, conforme la habitación
pierde sus bordes y se llena de bruma y presentimientos
por las palabras murmuradas o por las penas recordadas,
hasta que, disueltos al dormir, caemos, el mundo conocido nos abandona,
y habitación y sueño y ser y seguridad se derriten
en un desquiciamiento final, donde cualquier paisaje
fácilmente podría cuajarse, y los muertos llaman a gritos...
Pero al fin y al cabo todo termina menguando. Las voces se retiran.
La pálida cuadratura de la ventana resplandece y permanece.
Poco a poco la habitación llega y madruga, y nosotros llegamos
a nuestros seres. Anoche, la semana pasada, el pasado
van volviendo a cuentagotas, despiertan. Conforme la luz adquiere solidez,
el sueño pierde claridad. Afuera, el lavado susurro del jardín
espera paciente y, recién llegados de la muerte,
¡cuán agradecidos nos sentimos de absorber su aliento!
Y con todo, para soportar lo desconocido noche a noche,
¿acaso no debemos cerciorarnos, con penetración de gato,
de poder hacer frente a sus terrores, y de que la integridad del día
nos hallará sentados al escritorio, sanos y salvos, sin miedo,
con las mejillas afeitadas, las cartas escritas, las cuentas pagadas?

Alastair Reid (Whithorn, Escocia, Reino Unido, 1926-Nueva York, Estados Unidos, 2014), "De adentro hacia afuera", Antología resonante. Selección de obra poética y ensayística, editorial Bonobos, Toluca, México, 2016
Traducción de Pura López Colomé


Cat-Faith

As a cat, caught by the door opening,
on the perilous top shelf, red-jawed and raspberry clawed,
lets itself fall floorward without looking,
sure by cat-instinct it will find the ground,
where innocence is; and falls
anyhow, in a furball, so fast that the eye
misses the twist and trust
that come only from having fallen before,
and only notices cat silking away,
crime inconceivable in so meek a walk:

so do we let ourselves fall morningward
through shelves of dream.  When, libertine at dark,
we let the visions in, and the black window
grotesques us back, our world unbalances.
Many-faced monsters of our own devising
jostle on the verge of sleep, as the room
loses its edges and grows hazed and haunted
by words murmured or by woes remembered,
till, sleep-dissolved, we fall, the known world leaves us,
and room and dream and self and safety melt
into a final madness, where any landscape
may easily curdle, and the dead cry out...

but ultimately, it ebbs.  Voices recede.
The pale square of the window glows and stays.
Slowly the room arrives and dawns, and we
arrive in our selves.  Last night, last week, the past
leak back, awake.  As light solidifies,
dream dims.  Outside, the washed hush of the garden
waits patiently and, newcomers from death,
how gratefully we draw its breath!
Yet to endure that unknown night by night,
must we not be sure, with cat-insight,
we can afford its terrors, and that full day
will find us at the desk, sane, unafraid --
cheeks shaven, letters written, bills paid?
---

lunes, marzo 27, 2017

Alastair Reid / Escocia















Era un día especial en esta parte del planeta,
las alondras se alzaban cantando en largas hileras
y el aire cambiaba al ritmo del brillo de los ángeles.
El verdor penetraba el cuerpo. Los pastizales
temblaban rebosando presencias, y la luz del sol
permanecía como aureola en el pelo entre brezos y cerros.
Camino al pueblo vi, envuelta en una reluciente gabardina,
a la mujer de la pescadería. "¡Qué día tan bello!",
exclamé, como un demente insolado.
Y ella, ¿qué podría responder? Frunció el ceño,
sombríamente. Sus ancestros, furiosos en las tumbas,
conforme ella prorrumpía, a tono con una miseria de siglos:
"¡Pagaremos por ello, vaya que sí, pagaremos por ello!"

Alastair Reid (Whithorn, Escocia, Reino Unido, 1926-Nueva York, Estados Unidos, 2014), "De adentro hacia afuera", Antología resonante. Selección de obra poética y ensayística, editorial Bonobos, Toluca, México, 2016
Traducción de Pura López Colomé


Scotland

It was a day peculiar to this piece of the planet,
when larks rose on long thin strings of singing
and the air shifted with the shimmer of actual angels.
Greenness entered the body. The grasses
shivered with presences, and sunlight
stayed like a halo on hair and heather and hills.
Walking into town, I saw, in a radiant raincoat,
the woman from the fish-shop. 'What a day it is!'
cried I, like a sunstruck madman.
And what did she have to say for it?
Her brow grew bleak, her ancestors raged in their graves
as she spoke with their ancient misery:
'We'll pay for it, we'll pay for it, we'll pay for it!'
---

sábado, agosto 22, 2015

John Burnside / Señal de stop, cerca de Horsley













Humo en el bosque
igual que un personaje de película muda
que caminara junto a los raíles.

Una forma que reconozco; no es humo, o no es sólo el humo,
y tampoco es la nieve sobre los avellanos
o las huellas de un zorro entre el andén y los árboles,

sino el invierno, ni amigo
ni extraño, como la niña que a veces vislumbro

al alba, cerca de la barrera, con un vestido
de bayas y aguanieve, viendo pasar el tren.

John Burnside (Dunfermline, Escocia, 1955), Conjeturas y esperanza. Antología 1988-2008, Pre-Textos, Valencia, 2011
Traducción de Jordi Doce
Envío de Jonio González

domingo, julio 19, 2015

Tom Pow / La Anunciación













La Anunciacion (c.1963-64) de Antonia Eiriz (1929-1995)
Museo Nacional de Bellas Artes, La Habana

Hay algo de Charles Laughton
a propósito de la Virgen lumpen –una simple costurera–
mientras retrocede en su silla, fijada
por una luz pálida. Jadea para respirar,
en tanto pasan a través de ella ondas de choque neurálgicas.
¿Y quién va a culparla? – con apenas
una máquina de coser entre ella
y el ángel que se le presenta
–en una diagonal desde el extremo derecho–
como algo liberado de una trampa,
así de desesperado ha estado por su tarea...

Un crítico se ha referido a
“el salvajismo feroz” de la obra de Eiriz
y en verdad, ninguno de los Cuatro Jinetes de Durero
es tan terrorífico como este demonio esquelético.
Le vemos la caja de las costillas, el hueso pélvico,
redondo como una rueda. No hay nada
detrás de sus insondables ojos cuadrados;
sin embargo el jubiloso horror
de su boca rectangular y oscura
recuerda la jaula de la que saltó.
                                                       Su brazo izquierdo
 –una conjunción de huesos prácticos–
aparece fijado a un costado de su cabeza. De esa prolongación
huesuda es de la que la costurera inútilmente se aparta.

Sin embargo, él entregará su mensaje, con elocuencia
aquí parafraseado: “¿Las buenas noticias?
no hay presente de Dios ni Dios es
un presente. Ni el misticismo ni vida
respiran en esta pintura, sólo
la terrible angustia que precede el final.”
De hecho es una imagen de fuerza sin alegría
– aunque no carente de su majestad. Las alas del ángel
–color agua de zanja–
vuelan detrás de él como una capa;
y encima de sus cejas feroces, casi líquidas,
unas pocas pinceladas marcan una corona.

La información sobre Eiriz
no es tan fácilmente disponible como su obra merece.
Pero entiendo, por hablar con
quienes la conocieron, que cayo en desgracia
en algún momento de los años sesenta, su obra
fue atacada con tal “salvajismo feroz”
que abandonó la pintura del todo –
sin embargo quienquiera que ubique a la Muerte en el centro
del deporte nacional (La Muerte en Pelota, 1966)
no está buscando ganarse el favor de nadie. Según los testigos,
se fue volviendo cada vez más huraña y pasó sus últimos
años infelices en Miami.

Como otros expresionistas más famosos
–Bacon y Ensor, por ejemplo–
su obra es tanto una expresión
de las capacidades de la pintura y del gesto
como de la oscuridad de su visión.
De cerca, puede verse, no hay un pedazo
de tela que carezca de energía e interés.
Sin embargo, ¿que régimen no le temería a alguien,
que, sin una pizca de locura, sólo con un
dolor activa, puede mirar al rostro del mundo
sin ilusión, esperanza o compromiso
–y luego tener el valor
de mantener esa imagen
durante el tiempo que toma
ejercitar su virtuosismo–
hundiendo el pincel
una y otra vez
en la oscuridad?

(inédito)

Tom Pow (Edimburgo, 1950)
Traducción de Jorge Fondebrider


THE ANNUNCIATION

La Anunciacion (c.1963-64) by Antonia Eiriz (1929-1995)
Museo Nacional de Bellas Artes,  Havana

There’s something of Charles Laughton
about the lumpen Virgin – a simple seamstress – 
as she recoils in her chair, pinned 
by a whey-faced light. She gasps for breath,
as neuralgic shock waves pass through her.
And who can blame her? - with only
a sewing machine between her
and the angel which comes at her –
in a diagonal from top right – 
like something released from a trap,
so desperate has he been for this task.

One critic has commented on
“the ferocious savagery” of Eiriz’s work
and truly, none of Durer’s Four Horsemen
is as terrifying as this skeletal ghoul.
We see the rack of his ribcage, his pelvic bone, 
round as a wheel. There’s nothing 
behind his depthless square eyes; 
though the gleeful horror
of his dark rectangular mouth 
recalls the cage from which he’s been sprung. 
                                                       His left arm –
a conjunction of serviceable bones –
appears fixed to the side of his head. It is from this
bony extension that the seamstress helplessly turns.

Yet he will deliver his message, eloquently
paraphrased here: “The good news?
there is no present from God, nor is God
a present. No mysticism nor life
breathes in this painting, only
the terrifying anguish which precedes the end.”
It is indeed an image of joyless force –
yet not without its majesty. The angel’s wings – 
the colour of ditch water –
sweep out behind him like a cloak;
and above his fiery, almost molten brows,
a few brushstrokes mark a crown.

Information about Eiriz 
is not as readily available as her work deserves.
But I understand, from speaking to those
who knew her, she fell from favour
sometime in the sixties, her work 
attacked with such “ferocious savagery” 
that she abandoned painting altogether – 
though anyone who places Death at the centre
of the national sport (La Muerte en Pelota, 1966)
is not intent on currying favour. By all accounts,
she became more and more reclusive and her last
unhappy years were spent in Miami.

Like other, more famous Expressionists –
Bacon and Ensor for example –
her work is as much an expression
of the capabilities of paint and of gesture
as it is about the darkness of her vision.
Up close, you will find, there’s not a patch
of canvas that’s without energy and interest.
Nevertheless, what regime would not fear one,
who, without a hint of madness, only with a
dolor activa, can look at the face of the world
with no illusion, hope or compromise –
and then have the courage
to hold that image
for the time it takes
to exercise her virtuosity –
dipping her brush
again and again
into the darkness?

sábado, julio 11, 2015

Tom Pow / Afeitada española













Cuando la luz mengua, llevo la afeitadora afuera
para recortarme la barba de las vacaciones. Las canas
se apilan sobre los pastos grises; los pequeños filos
chillan como insectos mientras mis manos ciegas repasan

la barba incipiente. Ahí es cuando aparece mi esposa
y ve de inmediato algo más que podemos compartir.
Se convierte en mi propio espejo, mientras se olvida
de todo, salvo del trabajo que tiene por delante. Ruge un auto

entre los viñedos; ladra un perro. Las hojas
se agitan en la casi brisa, mientras me inclino
hacia adelante como un viejo que se rinde.
Había barba detrás de su amoratado maxilar

que mi padre siempre se olvidada. Sus últimos besos
la exponían cuando, confiando en la respuesta de ella,
bajaba el rostro en dirección a mi madre. Su máscara
se cierne brevemente en el cálido aire de la noche.

Entre mi cara y ella, el suave aliento de mi esposa
recorre la ciega trayectoria del amor.

Tom Pow (Edimburgo, 1950), Sparks!,* Mariscat, Edimburgo, 2005
Traducción de Jorge Fondebrider

Nota del Adminstrador: Sparks! es un libro escrito entre Diana Hendry y Tom Pow, basado en "problemas poéticos" que los autores se plantearon en el transcurso de dos años.


SPANISH SHAVING

As light dims, I take my shaver outside
to trim my holiday beard. The grey drifts
down to tinder-dry grasses; the small blades
chirr like insects as my blind hand sifts

through the stubble. That’s when my wife appears
and sees at once something else we can share.
She becomes my own mirror, as she blanks
out all but the job at hand. A car roars

through the vineyards; a dog barks. The leaves
rattle in the almost breeze, while I lean
forward like an old man in surrender.
There was stubble behind his blue jaw-line

my father always missed. His late kisses
exposed it when, trusting in her answer,
he tipped his face towards my mother. His mask
briefly hovers in the warm evening air.

Between my face and it, my wife’s sweet breath
travels the blind trajectory of love.
---
Foto: Tom Pow en Ricardo Blanco's Blog

domingo, junio 14, 2015

Tom Pow / Caravaggio en Dumfries

 








El primer día de primavera, Caravaggio
pasea sobre el viejo puente de piedra hacia el mercado. 

Allí, pide tres libras de manzanas reinetas,
dos manzanas deliciosas, una de bananas

y una de peras. El ojo le dice cuál está madura,
cuál es dulce, fresca o ácida. Por fin, señala 

un gran racimo de uvas azuladas. Per favore.
“Lindas, ¿eh?”, observa la vendedora –

una señora diminuta con un gorro negro Bulls y un
diente de oro centelleante. Nota lo

interesado que está su cliente en las uvas. 
Caravaggio piensa que más tarde las pintará, 

las incluirá en su conocido Joven Baco
ese retrato de sí de piel cetrina.

Tiene veintitantos –recién llegado del campo–
y lo que siente esa mañana cálida 

ante esos montones de frutas apiladas 
no es inocencia sino cándido apetito –

una apertura a toda fecundidad. La historia
lo llamará petrel de las tormentas, tempestuoso,

libidinoso; el mal genio así como la fiebre 
con el tiempo van a matarlo. Pero esa mañana

todo eso parece improbable; imposible incluso,
cuando se dirige a la casa, meciendo sus cinco bolsas de fruta.

En la cabecera del puente, un cisne de un par 
gira alrededor de sus crías, se eleva desde el río

y alza sus alas. Una porción de luz blanca
impacta en Caravaggio con una sacudida de placer

como el muslo abierto de una amante, una magnificencia
que se pliega en sí misma, como de hecho se pliega la luz 

en la oscuridad. Una lección que su ojo asimila
antes de volver cruzando las aguas espumosas. 

Tom Pow (Edimburgo, 1950), Landscapes and Legacies, Iynx Publishing, Escocia, 2003
Traducción de Jorge Fondebrider

Nota de edición: Dumfries, ciudad del sudoeste de Escocia, sobre el río Nith poco antes de su desembocadura en el Solway Firth, brazo de mar que forma parte de la frontera con Inglaterra


CARAVAGGIO IN DUMFRIES
  
On the first ever day of spring, Caravaggio
strolls over the old stone bridge to market.

There, he orders three pounds of pippins,
two of red delicious, one each of bananas

and of pears. His eye tells him what’s ripe,
what’s sweet, crisp or tart. Lastly, he points

to a large bunch of inky-blue grapes. Per favore.
“Nice ones these,” remarks the vendor -

a tiny lady in a black Bulls cap with one
winking gold tooth. She’s noticed how

taken her customer is with the grapes.
Caravaggio thinks he’ll paint them later,

include them in his knowing Little Bacchus -
that sallow-skinned portrait of his self.

He is twenty or so - fresh from the country -
and what he feels this warming morning

standing before these piled fruit stalls
is not innocence but wide-eyed appetite -

an openness to all fecundity. History
will call him stormy petrel, tempestuous,

libidinous; temper as much as fever
will eventually kill him. But this morning

all that feels so unlikely; impossible even,
as he heads for home, cradling his five bags of fruit.

At the bridge head, one of a pair of swans,
circling its young, raises itself from the river

and lifts up its wings. A slab of white light
hits Caravaggio with a shock of pleasure

like a lover’s open thigh, a magnificence
that folds in on itself, as indeed light folds

into darkness. A lesson his eye takes in
before he returns across the sparkling waters.

jueves, junio 11, 2015

Tom Pow / Cangrejos: Tiree













Atamos un gusano de grasa de panceta
a una roca chata con tanza
y la lanzamos desde la orilla
al agua clara
de la bahía. Cayó suavemente

sobre la arena y las algas.
Un tirón nos dijo que había picado
o vimos al cangrejo mismo
aferrado a la grasa en jirones tirando de ella
de manera constante: ese era el truco.

Demasiado pronto, demasiado fuerte
y se dejaba caer desde la sombra
de su piedra, evadiendo torpemente
su destino. Pero suavemente
jalando de la áspera línea

de un puño al otro
y ellos venían a nosotros
como bultos de lava, el agua
escurriéndose por sus lomos.
Silenciosamente tercos

colgaban
de un a pinza improbable
antes de la sorda rajadura cuando golpeaban
contra la pared del muelle o el costado
de los baldes en que los conservábamos.

En hilera
cuatro o cinco de nosotros, chicos de vacaciones
competíamos diariamente hasta que cada
balde era una masa de agua salobre
de temible loza

burbujeante debajo
de su piel del agua salada.
¿Qué fue de todos ellos? –
nuestra fila de baldes, el gran hedor
de nuestro deporte veraniego.

Fue un chico rubio
de Glasgow quien finalmente me hizo caer
patas arriba desde donde
me agaché sobre el muro del muelle.
Cuando me enderecé

estaba hundido hasta la cintura en aguas
infestadas de cangrejos. Nadie
podía sacarme. “Tienes que caminar
hasta la orilla”, gritó mi hermana
mientras mantenía las manos

bien alto por encima de mi cabeza
pensando que al menos podría
salvarlas. Pero, ¡qué hermoso
era todo a mi alrededor! La salpicadura
de verdes parcelas

y lagunas de intenso azul,
los conejos, las flores amarillas
sobre la costa pelada. El cielo
era insondable; todo estaba en silencio.
Y yo estaba ahí

moviéndome lentamente a través
de esa perfecta cuña azul
cargando el terror en una mano, culpa
en la otra, dejando la estela breve
para marcar mi vergüenza.

Tom Pow (Edimburgo, 1950), Landscapes and Legacies, Iynx Publishing, Escocia, 2003
Traducción de Jorge Fondebrider

Nota de edición: Tiree, isla de Escocia, la más occidental de las Hébridas
---
Foto: Tom Pow en tompow.co.uk

sábado, agosto 23, 2014

W. N. Herbert / Monte Ávila, "el techo de la ballena"













Hora de internarse en el más allá
como lo cataloga la bárbara ciudad, alejándonos
del teleférico que sube de Caracas
al matrimonio de hojas y de vaho:
un gran barco de gotas grisáceas
se halla anclado en la cima del Ávila
y Argelia y yo hemos de llegar allí antes
de que la tripulación de lluvia desembarque
y el canto de los pájaros se estrague en sus gargantas.

Pero antes la niña de la gorra cubana
ha de gritar “no amo caer” y su madre
ha de reírse, nos caigamos o no,
y bajo el mecerse de nuestros pies los árboles
han de llenar sus campanarios de niebla
con un tambaleante carillón de hojas mustias
que sueñan con volverse libros de segunda mano
depositados en la acera del Parque Central:
Poesía Global para Mudos, La Prisión de la Imaginación.

Brincamos de la cuna a la bruma, pasando
entre vendedores de arepas y melocotones
por una vereda que se estira como tendedero pandeado
entre las sudorosas palmas frías de la niebla
más allá de los perros que cuidan estas cumbres
de las estrellas piratas, las ladronas galaxias.
Dejamos atrás los ciegos telescopios arrumbados
y nos acercamos a la colosal columna del Hotel Humboldt,
rota por la bruma, medio a oscuras.

Y es sólo al estar bajo los árboles sin copa
meando entre sus apanicadas piernas, a la espera
de que abra el piano bar, cuando me doy cuenta
de que un caballo invisible me sigue
desde hace un rato  — notas translúcidas
cuelgan de sus pestañas traicionando
su presencia, tan truculenta y tímida como siempre,
atraída por helados y balas envueltas
en servilletas, por entre las piernas de los mangos.

Y es sólo cuando la bruma aclara y no aclara
como un mar que entrega sus honduras, sus muertos,
sus pacientes habitantes atónitos,
y el caballo y Argelia y yo bebemos cerveza
en el English Bar, a pesar del frío que hace
y de que el bar ni siquiera llega a falso tudor,
cuando entiendo que el mundo está al revés, erróneamente,
que estas cumbres irrumpen en el Leteo
y que somos presa de una manta raya diabólica.

Y esto me lo confirma una hueste de endemoniados turpiales
que relampagueando sus desconocidas colas amarillas en V
y desplegando el azul nervio de sus pechugas
comienzan a conversar en una lengua trabada
sólo divisable por marineros de tal dimensión,
capaces de comprender a estos seres ansiosos
por cruzar las estrellas sin una pregunta.
Y claro, ya se ha hecho oscuro como un caballo pardo
y miramos abajo a la ciudad dando a luz a las horas.

W. N. Herbert (Dundee, Escocia, 1961), inédito
Traducción de Pedro Serrano


Monte Ávila, “the whale’s roof”

Time to be climbing out of time
as the wild city rates it, receding from
the cable car rising from Caracas
into the marriage of leaf and mist:
a great ship composed of greying droplets
is docking at the summit of Avila
and Argelia and I must get there before
its rain-crew disembark and birdsong
resiles into its respective throats.

But first the child in a Cuban forage cap
must cry ‘no amo caer’ and her mother
must laugh, whether we fall or not,
and each tree beneath our swaying feet
must fill a bell-tower built from fog
with its shaking carillon of hangdog leaves
which dream of becoming second-hand books
laid on the pavement in the Parque Central:
World Poetry for Dummies, La Prisión de la Imaginación.

We leap from the cradle and into the haze,
pass among the sellers of arepas and melocotón
along the path stretched like a sagging clothesline
between the sweating cold palms of the fog
past the dogs that guard these heights
from the piratical stars, the thieving galaxies.
We pass by the blind dejected telescopes
and approach the colossal, mostly-obscured,
mist-broken column of the Humboldt Hotel.

It’s only as we stand beneath the topless trees
pissing down their panicking legs, waiting for
the piano bar to open, that I realise
an invisible horse has been following me
for some time – translucent notes
hanging from its eyelashes betray
its presence, truculent and shy as always,
summoned by helados and bullets wrapped
in handkerchieves, by the thighs of mangoes.

And it’s only as the mist clears and unclears
like a sea rendering up its depths, its dead,
its patient staring inhabitants,
and the horse and Argelia and I drink beer
in the English Bar, even though we’re so cold
and the bar is not even sub-mock-tudor,
that I understand the world is the wrong way up,
that mountaintops protrude into Lethe
and that we are in the grip of a devilfish.

As if to confirm this conclusion a host of devilbirds
flash their unknown yellow tails in Vs
and display the nerve-coloured blue of their breasts
and begin to converse in a cluttering language
only sailors of these dimensions could have devised
to be understood by those beings eager
to pass among the stars without questions.
Of course it is already dark as a horse
and we look down upon the city giving birth to hours.

sábado, marzo 22, 2014

W. N. Herbert / Hechos sobre cosas













Las cosas se cansan.
A las cosas les gusta tumbarse.
Las cosas se ponen contentas cuando,
sin razón, colapsan.

La botella de plástico francesa, todavía media llena,
ese libro de tapa blanda, ahí apoyado en
otro libro, soñoliento:
pronto querrán salir,

pronto los encontrarás en el pasto
con los envases vacíos de lavandina y ese pedazo
de cartel de inmobiliaria
que está cubierto de mugre fina como máscara.

La bolsa de plástico que doblaste
se siente constreñida por ti y quiere
colgar de los arbustos, pareciéndose a un espíritu
despatarrado y haciendo dedo.

Las cosas son holgazanas, vagabundas, transitorias;
prefieren cuando llueve.
A las lamparitas les gusta estar tiradas en ese mismo
pasto crecido, no cortado, fortuito

y observar el efecto de embudo: el modo
de mirar hacia la lluvia, todo parece
inclinarse hacia ti,
el modo en que pareces gustarle a la lluvia.

A las cosas que no decaen
les gusta más en los arbustos, les gusta
estar parcialmente enterradas.
Les gusta la frescura del pasto.

A la mayoría de ellas, les gusta
cuando llueve.

W. N. Herbert (Dundee, Escocia, 1961), Omnesia: remix, Bloodaxe Books, Newcastle, 2013
Traducción de Jorge Fondebrider


Facts about Things

Things are tired.
Things like to lie down.
Things are happiest when,
for no reason, they collapse.

That French plastic bottle, still half-full,
that soft-back book, just leaning on
another book, drowsily:
soon they will want to go outside,

soon you will find them in the grass
with the empty bleaching cans and that part
of an estate agent’s sign
that’s covered in a fine grime like mascara.

That plastic bag you’ve folded up
feels constrained by you and wants
to hang from bushes, looking like a spirit,
sprawled and thumbing a lift.

Things are bums, tramps, transitories:
they prefer it when it’s raining.
Lightbulbs like to lie in that same
long, uncut, casual grass

and watch the funnel effect: the way
on looking up the rain, all seems
to bend towards you,
the way the rain seems to like you.

Things which do not decay
like it best in shrubbery, they like
to be partly buried.
They like the coolness of the grass.

Most of all, they like it
when it rains.