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lunes, mayo 02, 2022

Margarita Laso / La amante impar




si acaso me quedara un solo ojo
y el otro simplemente te siguiera
y una sola otra no, se despidiera
pierna que tras de ti fuera a su antojo

si esta triste cíclope llorara
lágrima que una sola mano enjuga
si beso emerge rojo de su oruga
y alada la otra mano se alejará

tan solo una boca se quedará
detrás la otra de ti carnal se iría
boqueando en llamas boca que temblara

entonces amante impar yo fuera
y así tal vez amor te seguiría
aunque este temblor otro te esperara

La fiera consecuente, 2012



viernes, enero 21, 2022

Iván Carvajal / Tres poemas



Se desplazan procurando que la arena
cubra sus siluetas en puntillas
un susurro podría traicionarlos
en esa tierra de nadie borran

los trazos trenzados en la inmensidad
bajo el arbusto un sorbo de la vasija
mientras el padre da su ración de pienso
al asno cómplice de aquella huida

olfateando con la piel han aprendido
el arte de vislumbrar sobre el contorno
las dunas donde la palma
de una mano puede cavar albergue

adormecidos la madre y el hijo sobre el lomo
tal vez arriben a la costa tal vez alcancen
el último tren o se extravíen o seguirán
por los siglos de los siglos en tiniebla

hacia lo eterno.



Devuelve al padre los brocados los anillos
se descalza y viste el sayo la suerte
está echada resta el gesto de la mano
la espalda brilla tal vez por un instante

todavía el viejo lo distingue atraviesa
el trigal la lejanía no ha borrado aún
del todo ese destello pertinaz pegado
al párpado el adiós que asciende

tórtolas más arriba contempla
parsimonioso el halcón y su caída
el ojo ya nada alcanza a ver
ni el ave ni el hijo ni la presa.

Guaraguao, Revista de Cultura Latinoamericana, n° 68, CECAL, Barcelona, 2021


Ulises

Va a soñar entre los picos de las gaviotas
que vienen a sus pies por las migajas
nadie asome a perturbar su somnolencia
a solas rumia el chasquido de las madreperlas
enhiesto marino que enhebra sus leyendas
de corsario de puertos lejanos
viejo es su hábito de esconderse con los pájaros
en él nada queda de la ostentosa astucia
y el olvido jubila sus Calypsos sus Penélopes
ya sólo el sueño saquea sus andrajos.

Poemas de un mal tiempo para la lírica, Universidad Central de Ecuador, 1980

Iván Carvajal (San Gabriel, Ecuador, 1948)


sábado, marzo 13, 2021

Mario Campaña / De "Aires de Ellicott City"


















III, II

Con oído tísico en el camino las campanas 
Ominosos arreos desperdigados 
Agrandados por el viento
Un golpeteo hiriente, de alfiler oxidado
Que nadie veía pero inflamaba el ánimo; campanas 
Que en la noche parecían tañer solas; música 
Salvífica, en el comienzo del andar. 

En el camino
Un sol hundido entre flores espumosas
A veces alguien, quizá Dios, sacudía en lo alto 
El blanco plumaje de los pájaros del cielo 
Caía la nieve, su sombra débil
Su luz lenta.

Una noche verde y roja
El cielo de la muerte, verde y rojo 
Un iridiscente caracol
Anunciando alumbramientos milagrosos
Puertas destrozadas en el aire, traspasando el filo de las nubes 
Voces que atraviesan corredores de humo
Alto y frondoso el árbol
En cuya cúspide anida el guaraguao
Y el carrao engorda cantando glorias a las crías 
Víctimas devoradas en su suplicio.

Quizá sea el destino y sus chillidos lo que escucho 
Rostro arrugado de proféticos muñecos
Que cuelgan como antiguos prodigios.

Quizá la clamorosa marcha de espinos blancos 
Que rondan como sereno fiel de nuestra noche 
Cuando abre las hojas el zarzal; o
El resonar de un gran agujero
Por donde evacúa el día sus pócimas.

Huelo. Olor del ir. Lo vivo Brota y crece para quien huele
Un poderoso aroma un viento envenenado 
Va y viene:
-¿Qué haces aquí, viento
Aterrado en estos contubernios de negación y excusa?

-No vuelvas más tu cuerpo hacia el camino 
Tampoco tu nombre será borrado de aquel muro. 
Huelo.
Y grito de lejos al hombre que corre conmigo 
Palabras de aliento para su lastimosa ensoñación.

Luego enmudezco. Mutismo del andar.
Aléjame de la verdad, patria de la mentira 
Si digo la mentira ésta emprende
El camino de la verdad o la profecía.

Si digo la verdad enseguida se transforma 
En una maldición
Una mentira.

¿He llegado? ¿Adónde?
¿Qué lugar es éste
Donde los cuerpos cuelgan del asta de los augurios 
Hay hombres con soles en la cabeza
Alas cortantes y ojos en las alas 
Guardan el corazón en las arquetas 
Llenan sus bolsas de azufre
Pesan sus almas con gestos tramposos 
En el fiel de balanzas trucadas?

Ante la mirada escrutadora de los ángeles 
Los pájaros pían ferozmente a ras de suelo
No en el aire sino ocultos en una hierba que no hay 
Con sorda furia fantasmal, lejana.

¿Quiénes son, quiénes 
Pobres seres sin rostro
Que hicieron de la mentira un ardid 
Y de la astucia una verdad 
Y se ahogan ahora sin pausa
La lengua hundida en la garganta embalsamada 
Por el polvo? ¿Quiénes esos seres austeros
Que contemplan cabizbajos la vida como estatuas 
Esperando la permanencia
Y no descansan de lo infinito lo olvidan 
Y se complacen de no estar muertos
E intercambian sus muertes
Mientras pierden su polen magnífico?

Sacrifican hombres y no ciervos
A un toque de silbato desnudas mujeres 
Corren delante de sus amos en los bosques 
En sucio juego beatífico.

¿Qué lugar es éste, cuál
Donde no hay, y los amores se amontonan 
Unos sobre otros acechándose
En un gran cementerio
Promiscua voracidad del pasado continuo 
En tortuosa vida póstuma?

Corre el gamo en un campo que no hay, y el ave 
Vuela en un aire que no hay. Y tiembla el pez 
En aguas que no hay. No hay
Vive el hombre una vida que no hay.

¿Qué lugar “calle de la amistad” 
“Plaza del señor de la alegría”, “calle 
De la unión de los hombres” 
Mientras la tumba del poeta 
Recibe comensales en Halloween?
 
¿Dónde queda aquella ciudad lluviosa
Ese lugar remoto que puja en mi memoria 
Donde  el  viento  se  revuelve  en círculos 
Mordiéndose como una bestia
Furiosa en su guarida?
Negras  sierras de infierno: he ahí mis  tierras 
Miro los lagos, donde limpia su cuerpo
Una mujer pelirroja de cabellos de sauce 
Se mueve con furor adolescente
Soñando una vida que acaricie como el agua 
Y  la de cabellos rasta llora
Ante la belleza desmedida del crepúsculo 
Despidiéndose de su vieja casa alumbrada por candiles 
Un campo convertido en recuerdo.

Tierra de seres que tiemblan 
Ante un  devenir  incesante 
Ambicionándolo todo
Ingenuidad que conduce a la gloria 
Ingenuidad que conduce al dolor.

Mi madre y yo jugamos a las cartas por separado 
O por turnos mezclados; ella baraja de otro modo 
O mejor: las  suyas vienen barajadas de otro modo 
Son idénticas, para perder o ganar.

La locura juega con las mismas cartas. 
Yo  juego  con  las  suyas. No hay más 
No hay otras
Para nadie.
 
Llegan brillos de otros mundos 
Estrellas difuntas
Que irradian luz que no les pertenece 
Vienen del pasado a destacar los arrecifes
De lejos admirables, de cerca promesas cortantes.

Hay gente señalada por el signo de la  victoria 
Ungida en humo fragante para la salvación 
He vivido entre ellos.

Un Dios en celo los gobierna 
Un Dios sin brillo los alumbra
Un Dios sin mundo les enseña el mundo.

Mi madre juega y juega. Sus jardines 
No son los de una reina
Entre oxidados barrotes cuelgan 
Junto a sábanas remendadas
En ruinosos edificios que rematan tendederos.

(Oh madre, lanza ya tu poderoso juego. Muestra tus ases 
Consume las probabilidades de tus años
Tira las sobras al suelo 
Deja entrar a las gallinas.)

He aquí un cruce de caminos
Soles de agua en flor verdes soles de ayer
Que irisan el ojo ante el prisma deslumbrante.

Donde ahora pastan lobos había un portón 
Un humilde placer de tierra húmeda
Un jardín fragante, fluyente como río
 
Agua florecida
Unos niños y una mujer de moño limpio 
Un honesto hombre de blanco que celaba.

Sueño: mundo que cambia cada noche
Algo repica en mí con una obscenidad descarnada.

Llevo un atado ligero: una muda de aire 
Tres mazorcas secas y una manta de oro.

Vengo lobo marino, cabeza partida entre mitades 
Con cintas manchadas de rojo y blanco.

No puedo saber si voy a permanecer 
Más tiempo que un instante.

Ahora goza grave animal de la molicie 
Del aroma y la nostalgia
Estas aguas que no hay 
Que corren todavía
Por este cauce que no hay.

Hay ángeles astutos, contratistas de la posteridad 
Ciegos y solos con sus flores impolutas.

El único argumento es la paciencia 
La única sabiduría la paciencia 
Con su hervor irreversible
La única fidelidad la paciencia
La esperanza la paciencia, su sosegada 
Sed que lame y sedimenta.
 
Nada más perenne que el bronce 
No es tiempo de inscripciones
No es venerable el tiempo ni los muros venerables.

Este es mi  saldo: un  templo de  papel, acopio 
De la fe. Mi fortuna.

Un emigrante eterno, voy con viada 
Aquí con mis bultos, faltas y culpas 
No dichas
Pez raspabalsa que avanza
Río abajo abrazado a una palmera.

Se viaja y de costado se ve 
Pero si uno parpadea la visión 
Desaparece. Un oasis perdido 
Un animal que salta y se esconde.

El alma
Cuerpo ajeno instalado en nosotros 
Conserva lo más radicalmente humano 
Fuera. Fuera del mundo
Esa es otra parte del pasado: 
No se hace visión del infinito.

Y morir así es solo
El andrajoso reverso de la gloria.

Mario Campaña (Guayaquil, Ecuador, 1959), 

"
Aires de Ellicott City", 2006, 
Poesía reunida 1988-2018
Festina Lente, Quito, 2020











Foto: Paralaje

viernes, diciembre 04, 2020

Jorge Enrique Adoum / Las ocupaciones nocturnas


















Y ahora en dónde sobre qué vínculo en qué
botín he de apoyar el alma
en qué piedra por favor en qué
ayer. Nadie me dijo que comenzarían
hoy los siglos de la noche. Lunes
de una ciudad sobre la desolación.

Aquí hubo una población ya desplumada
su cacique en pedazos. ¿Y el plano
de las destrucciones? ¿Y los solares
que trazó el destrozo?

Me voy a inventar una ciudad. Es preciso
fundar un nombre, apenas vísperas
de una capital, como una predicción.
(Yo podría llamarla Imaginada, Abandonada,
Nada.) Solamente un sonido que nadie oye
útil para establecer la propiedad
sobre la duración de los resucitados.

Ah no nacida. Nombrada solo. Solo
viento sin ladrido que ahuyentara
el exceso de muerte. Heme aquí
clavando el estandarte de un ruido solitario
jugando con campanarios dibujando
calles inmemoriales enviando especialistas
en provocar el eco para no sentirme
solamente solo sino muchísimo más solo.
Completando la envoltura oral de una ciudad
que fue y que después ha de habitar
el hijo de quién de quién
sepultado vivo en su armadura
que será estatua viva
de una estatua colérica y velluda.
Volcada. Porque no tuvo tiempo todavía
para las acomodaciones nuevas del amor.

Jorge Enrique Adoum (Ambato, Ecuador, 1926-Quito, 2009), Los cuadernos de la Tierra IV, Casa de la Cultura Ecuatoriana, 1952-1962, Zenda, España, 9 de octubre de 2019


miércoles, septiembre 30, 2020

Efraín Jara Idrovo / Dos poemas
















Amarga condición

El mar está ahí.
El agua de por sí es evidente:
elástica y compacta,
se deja estar, indiferente, en su volumen.
El caballo está ahí.
¡Indeleble presencia!
Tiembla el bosque en sus ojos,
cuando huele a la yegua… 

¿Qué sucede contigo?
Sólo menguas en vez de acrecentarte,
como un río,
cuyo caudal exiguo,
lo hará languidecer en las arenas. 

Crees fijar la espléndida
diadema de los astros
y ya es otro quien se obstina en la imagen:
el que, si es, no es el mismo,
el que al brillar se extingue
para recomenzarse.

[1965]

Poesía Panhispánica n° 12, Círculo de Poesía, febrero de 2019


Tres designios en intensidades agudas

su pasión
su posición
(¿suposición?) 

       mi posesión

su pasión
su presión
su precisión

       mi supresión

su pasión
su misión
sin remisión

       mi sumisión

[1977]

Poemas de Efraín Jara Idrovo, 12 de noviembre de 2014

Efraín Jara Idrovo (Cuenca, Ecuador, 1926-2018)


Foto: Efraín Jara Idrovo en el Festival de la Lira, Cuenca, Ecuador, 2007 El Comercio

domingo, septiembre 22, 2019

Carlos Eduardo Jaramillo / Los amantes se despiden




















Los amantes se dejan
y no es el fin del mundo
descuidan aun la formalidad
   de la tristeza
   de las lágrimas
cada quien tiene prisa por volver a su vida
como si fuera asunto de reloj.
Es cierto amantes
todas las despedidas son así
se olvidan pronto o no se olvidan nunca
/ojalá no seas un zahir
ojalá no te me hagas inolvidable/
y el momento preciso ya no duele
como si un reflejo de la divinidad
nos tocara en sus cóncavos espejos
como un relámpago
   /Nadie soportaría la mirada
        del tiempo simultáneo
    de su propia existencia
    en los espejos de la eternidad/
Id en la gracia, amantes, id
en la ignorancia, id
en el olvido
Pero no pretendáis ya
   con arrogancia
ser felices.

Carlos Eduardo Jaramillo (Loja, Ecuador, 1932), Antología de la poesía ecuatoriana, selección y prólogo de Edwin Madrid, Ediciones Lom, Santiago de Chile, 2015

La Poeteca - Culturaylojanidad - Casa de la Cultura Ecuatoriana - Revista Ómnibus - Festival Internacional de Poesía de Medellín - La Tierra de mis Juglares -Biblioteca Virtual - Pontificia Universidad Católica del Ecuador
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Foto: Revista Ómnibus

lunes, septiembre 16, 2019

Jorge Enrique Adoum / Sunday bloody sunday













Vallejo sabe que también es bocón el sepulcro del domingo
lagartamente tragón de lo que entonces es nosotros
el resto de monigote zarandeado entre semana
el sueño con que nos postergamos o nos disminuimos
esta desactividad de postvivo acostumbrado
a los quién sabe los cómo los qué pena

el mundo es desde hace años un domingo de tarde
la estación de donde cada vez regresas a lo que eres
los aeropuertos donde se me-nos acaban los que quedan
donde dios está en todas partes puro eco
de ese bisílabo que me duele adentrísimo

(domingamente bocabajo bajo qué boca
te le estarás muriendo a alguien despacito)

menos mal que desde el lunes se piensa en otra cosa

Jorge Enrique Adoum (Ambato, Ecuador, 1926-Quito, 2009), "Prepoemas en postespañol" [1979], Breve antología, selección y prólogo de Vladimiro Rivas Iturralde, Material de Lectura n° 60, Universidad Autónoma de México (UNAM), 2009

Fundación Jorge Enrique Adoum - Letralia - Círculo de Poesía - A Media Voz
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domingo, julio 28, 2019

Juan Fernando Bermeo / De "Metrópolis. Cementerio de espadas"














Uróboros

Las cruces que caen del cielo presagian el burdo extinguirse del alba
el poema se convierte en el beso de las flores al caer en el suelo
un niño se transforma en una metáfora de sí mismo
los álbumes de fotos son evidencias del crimen que todos cometen:

la apuesta por perdurar en un universo donde la entropía viene desde dentro

Un vacío que se complementa con el silencio
un vestido que no vive sin una oferta en la tienda
un camino de piedra que resalta cuando causa un accidente
una carestía provocada por la usura y la caridad

Así, poco a poco, en un círculo interminable
nos comemos a nosotros mismos
condenados a sentirnos inadaptados en nuestra propia casa
condenados irremediablemente
a girar en cualquier dirección mordiéndonos la cola

como el Uróboros
o el logotipo del reciclaje


Metrópolis es un abismo

Nosotros no nos realizamos nunca.
Somos un abismo que va hacia otro abismo -un pozo que mira al Cielo.
Letanía; Fernando Pessoa

A pesar de lo que te han contado
el encierro nunca depende de lugares
una prisión se construye con fechas
las cárceles se miden en segundos
yo puedo sentirme atrapado entre flores
y tú puedes decirte libre mientras aún puedas masturbarte a oscuras

no pienso que la vida sea un rompecabezas
pero mientras más fragmentos y cortes veo entre los juegos
me doy cuenta de que no se puede vivir sin uno aceptarse cojudo

el mundo nos hace cojudos mientras pensamos que no lo somos
y el primer paso para ver la realidad propiamente
es creer con firmeza en que uno es libre en encierros
y es prisionero también de una libertad que se nos muestra
tal como la vimos en la TV

Mientras aprovechemos el cine para los besos, los terrenos baldíos para un rápido episodio sexual
mientras sonriamos solo para las fotos y bailemos solo cuando ponen esa canción deseada
mientras nos enamoremos por internet y nos suicidemos por un mensaje de texto

seguiremos siendo unos pendejos taciturnos y miopes
seguros de nosotros mismos por tener un control remoto
u orgullosos por llevar una camiseta hecha de material reciclado

pero si en vez de eso, aceptamos la pendejada como un credo irrevocable
nos será más fácil digerir el mal trago
de esta realidad repetitiva e irresoluta

Pero estoy volando muy alto, de antemano sabemos que no lo aceptaremos
porque el orgullo del hombre es lo que nos motiva como especie
ese orgullo que nos hace usar la palabra ‘superiores’ como onomástico
ese orgullo que nos hace ser buenos samaritanos para contarlo al que no lo vio
ese orgullo que nos atrapa en el libre albedrío y nos libera en un claustro mental
ese orgullo que nos hace creer que escribimos poesía

Juan Fernando Bermeo (Cuenca, Ecuador, 1989), Metrópolis. Cementerio de espadas, La Caída, Cuenca, Ecuador, 2018, Cráneo de Pangea, julio 2, 2019

Liberoamérica - Eternidad - Cráneo de Pangea
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Foto: Cráneo de Pangea

viernes, agosto 18, 2017

Yaso Saijo, Ozaki Hoya, Ichiro Ando / Tres poemas




Alguien

Alguien pasa por mi ventana
diciendo: "está oscuro, está oscuro".

Extraño: la luz sigue afuera
y hay luces en todas las casas.

Mas, alguien cruzó mi ventana
diciendo: "está oscuro, está oscuro".

Yaso Saijo [1892-1970]


*
Y, cuando toso,
resulta, nuevamente,
que sigo solo.

Ozaki Hoya [1885-1923]



Una rosa

Hay un horizonte que tiembla
en una rosa.

Hay una curva de fuego artificial
en una rosa.

Hay el zumbido de propulsión a chorro
en una rosa.

Hay un mapa horroroso de sueño
en una rosa.

Hay el brazo caído de un traje
en una rosa.

Y no hay ninguna rosa
en una rosa.

Ichiro Ando [1907-1972]

"Un siglo de poesía japonesa", Xul. Signo Nuevo y viejo. Revista de Poesía, N° 1, 1 de octubre de 1980
Introducción de Guillermo Boido
Versiones de Alfonso Barrera

Fuente: Alfonso Barrera (Ambato, Ecuador, 1929-Quito, 2013), La occidentalización de la poesía japonesa, Casa de la Cultura Ecuatoriana, Quito, 1970
---
Ilustración: Dibujo de Rafael Bueno, Xul, N° 1 p. 20

Xul (online) - El Telégrafo

martes, enero 10, 2017

Mario Campaña / De "Pájaro de nunca volver"



mala y vieja la fama del alma
        una locura itinerante
                     una pobre habitación de aseo
un pájaro que canta
en casa de la víbora
          solo para cambiar de cielo

es su extrañeza
lo que aterra
su mansa ajenidad.

con infinita complacencia
mira
al forajido que de un lado a otro
entre dos orillas la esquiva
intentando seducirla                      
 pero no la escucha

para que todo sea imposible.


                 el vagabundo que conocí hace poco
                 ahora que todo empieza a oscurecer
        por fin pregunta:

¿la llama de hoy abrigará el ayer?
aquel reloj de otros veranos, 
¿no dará más la hora? 

viejo: las flores de mañana acaso
nos rediman; no serán las de hoy
ni las de ayer que viajan marchitas
al vacío en eterna caída libre.

luchador: cambiaste tus deseos
por el fragor de las batallas
deja al menos de tararear
aquella música benigna
el soliloquio de la felicidad.

oscura es la habitación donde dormimos.

Mario Campaña (Guayaquil, Ecuador, 1959), Pájaro de nunca volver, Editorial Candaya, Barcelona, 2017
---
Foto: Candaya

viernes, septiembre 19, 2014

Xavier Oquendo Troncoso / De cómo el dolor tarda pero llega











Que se vaya el sabor a dolor.
                                     Que se aleje.
Que no se venga contra mi muro,
contra la sombra de mi pared.
Que se largue el sol de mi ocaso.
Que no me ilumine ni me saque brillo.

Que otro día venga a enseñarme sus dardos.
Que otro momento se haga
obligatoriamente en la dialéctica.
Que ahora no.
Que no se esfuerce en brillar
junto a mi luna empírica de luz.
Que no se riegue su líquido solar.
Que no se vaya por el surco
del amor salobre que viene,
que va. Que se enfurece.
Que no se ilusione el sopor del dolor.

Que se vaya este yo de mi dolor
en la sangre madura que el vino esfuma.

Que se enlode la sombrilla del dolor
en la lluvia que se engorda de granizo.

Mi dolor casi siempre
se deja enrumbar por el correntoso
y saludable gusto
                                 de enseñarse en público.

Xavier Oquendo Troncoso (Ambato, Ecuador, 1972), Lo que aire es, Caza de Libros, Bogotá, 2014
Envío de Jorge Fondebrider

domingo, mayo 15, 2011

Mario Campaña / De "En el próximo mundo"

1

I

Sin estrépito el mundo empieza, mudo.
Un hueco calcinado.
Cochambroso mundo ajeno
Interrogando por un deseado renacer abierto,
El amplio acorde disonando
De la casa que crepita.

Y sólo un acezante animal acecha
En la calle, la casa, el corazón.
Sólo lo extraño y su telambre
Hila siempre fibras nuevas,
Con su tímida avidez despoja
Y recios lugares palpa, de áspera corteza.

Tras la espuria intimidad, una grávida materia.
Translúcido metal en las noches nace sin rutina
Que secreta carne cuece en su vaivén.
Y va creciendo en ese seno extraño el más pronto
[despertar,

El ansia de un alma vagabunda deslumbrada
Por aquellos ignorados pasos,
Ignotos pasajes entreabiertos.

Secreta carne allí desaparece y aparece
Entre castas mareas y recónditas auroras.
Fuego que arroja desde el centro un aliento embravecido.

Y así, en el frío invernal de una redoma,
Es sedosa hoy la compañía,
Sedoso el instante sedoso el mar,
Sedosa libertad: lejos
La pértiga, el bastón, la vara
Que nos conducían amablemente
En nuestro torpe deambular vacío.

Heme pues, aquí,
Llegado una vez más a este sitio extraño
Donde despierta agitado el pecho
Y en su impaciente monstruosidad, la mano:
Azoca, amigo, lo extraño nos despierta,
Hosco nos salva, justo
En el instante del torpe transigir.

Mario Campaña (Guayaquil, 1959), En el próximo mundo, Editorial Candaya, Barcelona, 2011
---
Foto: Niebla en Buenos Aires, 12.5.2011 Juan José Traverso/Clarín

lunes, septiembre 01, 2008

Si fuéramos como una catedral

Uno de "Deux poemes pour Charleville"

Ah, si fuéramos como una catedral.
Si tuviéramos nervios firmemente trenzados
Unos a otros sosteniéndose, limpios,
Y lisas, robustas columnas que no tiemblan
Y unos ojos de fuga que convoquen la luz
La conduzcan flotando y la eternicen;

Si hubiera en nosotros un reclinatorio
Para el íntimo descanso, y un confesionario
Con un viejo sacerdote que escuchara:
A nosotros, que hablaríamos siempre resonando,
Agitados, y a quienes nos buscan
Para aliviar su constricción;

¡Si hubiera un oratorio para elevar los ruegos!

Si tuviéramos un altar para postrarnos,
para la consagración
de nuestros bienes más caros;

Si en nuestras paredes hubiera vitrales
Y en ellos, proféticas, grabadas
Junto a las columnas pudiéramos leer
Escenas de nuestra caída y de nuestra salvación

Y desde lo alto nos contemplaran
Cuatro rosas luminosas y toda la genealogía
De nuestros mayores, señalándonos un camino
Trabajos de los meses, nuestros trabajos
Para la memoria y el perdón;

Si conociéramos la clave del laberinto
Si alguien la hubiera cifrado en algún lugar
Y solo debiéramos encontrar el manuscrito
Extraviado entre las ruinas de la cripta
Pero accesible con esfuerzo;

Si hubiera campanas en nosotros
Que desde la altura de unas torres resonaran
Por todo el horizonte, alegrándonos, alegrando...

Es cierto que, si así fuéramos,
Se habrían borrado los perfiles de los santos
Y habría naves desiertas y fríos confesionarios
Abandonados, y ángeles y arcángeles decapitados
Perdida su cabeza en gestas deleznables.

Pero a cambio todo en nosotros
Se dirigiría hacia lo alto, y tendríamos, quizá,
Una esperanza, una promesa
En forma de misterio propio
Que bien o mal duraría al menos el tiempo
De nuestra vida,
Y haría acaso, alguna vez,
Pensar a otros en su propia
Salvación.

Mario Campaña (Guayaquil, 1959), inédito

Nota: Los "Deux Poemes" de Campaña serán leídos en un homenaje a Arthur Rimbaud en Charleville, el pueblo natal del poeta francés, en octubre próximo.

Más poemas de Campaña: las afinidades electivas / las elecciones afectivas del Ecuador

miércoles, agosto 27, 2008

Jorge Enrique Adoum / Pequeño drama Noh

Hablaban en el puente, antepecho fálico
de donde partió mucha historia de guerreros,
tal vez de viajes, de qué otra cosa
se habla en los puentes. (Los lugares
-Sanaa, Tirana, Bamako, Simla-
parecen nombres de mujeres
y yo sé poco de eso y de geografía).

Ella vino, envoltorio de fatiga
y duelo, como empujada por un vicio
de andar, cuando ya no se pregunta.
Miró en todos lados del mundo
y junto a ellos, palabrería
y pelo, la amarilla suciedad del agua.

Pasó, casi sauria, se fue, no importa,
ahora ya no existe, esto es toda su historia.
Nadie le dijo que un niño cayó al río,
hablaban de su cadera, de qué otra cosa
se habla en los puentes sino de viajes.

Jorge Enrique Adoum (Ambato, Ecuador, 1926-Quito, 2009). Antología de poesía hispanoamericana (1915-1980), Selecciones Austral Espasa-Calpe, Madrid, 1984.

Sitio oficial de Jorge Enrique Adoum

Revisado en 2019