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lunes, abril 21, 2025

De la "Antología palatina"




33.- DE MELEAGRo (siglo I a.C)

Era bello Heráclito, cuando lo era en otro tiempo. Ahora,
[pasada la edad hermosa,
declara la guerra su piel a los que le dan por detrás.
Pero, Polixénides, aunque veas esto, no te alborotes
[orgulloso.
También de entre tus glúteos surge Némesis.

34.- DE AUTOMEDONTE(principios del siglo I ) 
Ayer cené en casa del paidotribo* Demetrio,
el más feliz de todos los hombres.
Uno de sus muchachos yace junto a su regazo, otro sobre
[su hombro,
otro le ofrecía de comer y otro de beber le daba.
El cuarteto era admirable. Y yo bromeando le dije: 
«Tú también de noche, querido, enseñas gimnasia».

*paidotribo:encargado de la instrucción y el entrenamiento de jóvenes, especialmente en gimnasia y deportes. (n del Ad)

35.- DE DIOCLES(siglo II o I a.)
Alguien, a quien no respondías cuando te saludaba, dijo:
[«El orgulloso
Damón, que ahora es muy bello, ya no me saluda.

Llegará el momento de la venganza cuando, cubierto de
[vello,
será el primero en saludar a los que no le respondan».

3NUMENIO DE TARSO (siglo II)


Ciro es mi dueño. ¿Qué me importa una letra de más?
No leo al bello muchacho, lo contemplo.

" "Poemas de amor efébico" Antología palatina, libro XII,Ediciones Akal Madrid,2011
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Imagen:Busto de mármol del efebo Antinoo proveniente de la Villa de Adriano en Tívoli. Italia, actualmente en el Louvre,París

viernes, enero 10, 2025

Safo / dos fragmentos



10

le tapaba 
los pies el colorido traje, una hermosa tela Lidia 


36

Te suplico, Gonguila, 
vuelve cubierta
de ese manto blanco como leche,
y que brote otra vez el deseo que te envuelve.
Bella, ese manto turba a los que te ven
y yo me alegro; porque la misma Cipria*
te desea, 
la diosa que yo llamo en mis plegarias.


*Se le da este nombre a Afrodita, especialmente cuando se la invoca en poesía, dado que el mito la hace nacer de la espuma del mar (producida por los mutilados órganos de Cronos), en la costa de la ciudad chipriota de Pafos. (N. del T.)

Safo (Mitilene, Grecia, VII a. C – probablemente Léucade, Grecia, VI a. C.), Lo que dispersó la aurora, Lom Ediciones, Santiago de Chile, 2024
Prólogo, notas y versiones de Pedro Ignacio Vicuña


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Imagen. Safo según  Soma Orlai Petrich  (1822–1880) Museo Nacional de Hungría /Wikimedia Commons

jueves, enero 02, 2025

Yannis Ritsos / Dos poemas

 

Búsqueda

Adelante, Caballeros -dijo él. No hay inconveniente.
Véanlo todo;
no tengo nada que ocultar. Aquí está la habitación, aquí el estudio,
aquí el comedor. ¿Aquí? -el ático para los vejestorios-;
todo se acaba. Caballeros; está lleno; todo se acaba, se acaba,
así de rápido también. Caballeros; ¿esto? -un dedal; -de mamá;
¿esta? una lámpara de aceite de mi madre, su
sombrilla -ella me amó enormemente-;
pero, ¿esta olvidada tarjeta de identificación? ¿estas alhajas,
de otra persona? ¿la toalla sucia?
¿este boleto de teatro? ¿la camisa con agujeros?
¿manchas de sangre?
¿y esta fotografía? de él, sí, con un sombrero de mujer cubierto
con flores,
dedicada a un extranjero -la letra es suya-
¿quién dejó esto aquí? ¿quién dejó esto aquí?
¿quién dejó esto aquí?


Aguardando su ejecución

Ahí, detenido contra el muro, al amanecer, sus ojos descubiertos,
mientras doce armas le apuntan, él con calma siente
que es joven y bien parecido, que desea estar bien afeitado,
que el horizonte distante, rosa pálido, se convierte en él
-y, sí, que sus genitales conservan su propio peso,
hay algo triste en la excitación de ellos -ahí donde los eunucos miran,
es ahí donde apuntan; -¿se ha convertido ya en la estatua de sí mismo?
Él, viéndose ahí, desnudo, en un día brillante
del verano griego, arriba en la plaza -mirando a lo que está arriba
él mismo tras los hombros de la multitud, detrás de
las apresuradas turistas de grandes glúteos,
detrás de las tres viejas falsas de sombreros negros.

Yannis Ritsos (Monemvasía, Grecia, 1909 - Atenas, 1990), Altazor, 1 época, año 5, enero 2025
Traducción al español de Jaime Nualart

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jueves, diciembre 12, 2024

Yorgos Seferis / De "Mitología"


X

Nuestro país está cercado, rodeado por montañas
que noche y día sólo tienen cielo bajo por techumbre.
Carecemos de ríos, carecemos de pozos, 
carecemos de manantiales.
Sólo tenemos algunas cisternas vacías
que resuenan y que veneramos.
Ruido muerto y vacante, semejante a nuestra soledad,
semejante a nuestro amor, semejante a nuestros cuerpos.
Nos parece extraño que alguna vez hayamos construido
nuestras casas, nuestras chozas y nuestros apriscos.
Y nuestras nupcias, con sus coronas frescas y sus alianzas
se nos vuelven enigma insoluble para nuestra alma.
¿Cómo pudieron haber nacido nuestros hijos?
¿Cómo pudimos haber crecido?

Nuestro país está cercado, los sombríos Simblegadios*
lo ciñen. En los puertos
los domingos, cuando bajamos allí para tomar aire,
vemos de pronto centellar, a la caída del sol,
derrelictos trizados de viajes que no han podido jamás cumplir su derrotero
y cuerpos que no saben ya cómo hacerse el amor.


* Mit. Los Simblegadios eran dos enormes peñones situados frente a frente a la entrada de un puerto, dos especies de vigías alertas o torreones de guardia que, al advertir, de un modo mágico, el paso entre ellos de un barco enemigo, se juntaban de pronto, obrando también mágica e intempestivamente, como una prensa (...) En cierto modo, los Simblegadios constituyen, según Mircea Eliade (Naissances Mystiques), los "guardianes del umbral", homologables a los monstruos y a los grifos que custodian un tesoro en el fondo del mar. Así, es tan difícil penetrar en el Jardín de las Hespérides como pasar entre estas dos rocas que se entrechocan. Y cada una de estas proezas constituye una prueba iniciática por excelencia. Por cuanto no son dificultades de orden físico las que distinguen a los Simblagadios, sino "dificultades" inherentes a toda iniciación. (N. del T.)


XIII

Hydra

Delfines, estandartes y cañonazos.
El mar, tan amargo antaño para tu alma,
levantaba a veces los navíos multicolores y resplandecientes,
en encrespada onda, bajo un todo azul con alas blancas;
el mar, tan amargo antaño para tu alma
y tan colmado ahora de colores bajo el sol.

Cándidas velas, luz y los húmedos remos
batiendo el sereno oleaje como un parche.

¡Qué bellos serían tus ojos si volviesen a mirar;
tus manos luminosas, si pudieran tenderse;
tus labios, como otrora, vivos,
sabrían a milagro,
Tú lo buscabas.
          ¿Y qué buscabas frente a la ceniza
o en la lluvia o el viento o la bruma,
a la hora en que las luces se extinguían,
y la ciudad se derrumbaba, cuando sobre los pavimentos
el Nazareno te mostraba su corazón?
¿Qué buscabas? ¿Por qué no vienes?
¿Qué buscabas?


XVIII

Lamento haber dejado pasar un vasto río entre mis dedos
sin beber una gota de él.
Ahora me hundo en la piedra.
Un tierno pino sobre la tierra roja
es mi único compañero.
Todo cuanto he amado desapareció
con las casas que eran nuevas el verano anterior y se desmoronaron
bajo el viento del otoño.


XXI

Nosotros, los que hemos partido en aquella peregrinación,
contemplamos las estatuas derruidas.
Y olvidándonos de nosotros mismos, nos hemos dicho
que la vida no se pierde tan facilmente,
que la muerte tiene caminos inexplorados
y también su justicia;
que cuando morimos, erguidos,
confundidos en la fraternidad con la piedra,
unidos con la dureza y la debilidad,
los muertos antiguos ya han franqueado el círculo,
han reencontrado la existencia
y sonríen en una calma extraña.

Jorge (Yorgos) Seferis (Esmirna, Turquía, 1900 - Atenas, 1971), "Mitología" [1935] *, 'El zorzal´y otros poemas, Editorial Losada, Buenos Aires, 1966
Selección, traducción y prólogo de Lysandro Z.D. Galtier, "revisados y aprobados por el autor"

*  El traductor aclara que el título original de este libro, Mitisthórimas, se emplea comúnmente en el sentido de "novela". Seferis dice: "Ha sido elegido en razón de sus dos componentes: Mito, por cuanto en cierta manera me he inspirado en una mitología precisa, e Historia, por cuanto traté de expresar, de una manera correlativa, una situación tan independiente de mí como lo son los personajes de una novela".

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lunes, octubre 28, 2024

Homero / Ilíada, dos fragmentos



[1]

(Canto I)

Mientras tales ideas en su corazón y su mente
revolvía y sacaba la espada, llegó a él Atenea.
Hera, la de los brazos nevados, la había enviado, 
porque amaba a los dos e igualmente a los dos protegía.
Y, detrás del Pelida, a él tiró de los rubios cabellos,
solamente mostrándose a él, sin ser vista por nadie.
Sorprendido, volvióse y Aquiles vio a Palas Atenea
y un terrible fulgor alumbraba las claras pupilas. 



[2]

(Canto XXIV)

Así dijo, y la gente del pueblo unció mulas y bueyes
a los carros, y fuera de la gran ciudad se reunieron.
Nueve días sin tregua acarrearon montones de leña
y en el décimo, cuando la Aurora da luz a los hombres, 
el cadáver del ínclito Héctor sacaron llorando,
en la pira dejáronlo y luego encendieron el fuego.
Al mostrarse en el día la Aurora de dedos de rosa,
se reunió todo el pueblo rodeando la pira de Héctor.
Y una vez encontráronse todos reunidos en torno, 
con el vino sombrío apagaron del todo la hoguera
en el sitio en que el fuego reinó, y acabado ya esto,
recogieron los pálidos huesos hermanas y amigos,
que gemían surcados los rostros de innúmeras lágrimas.
Los reunieron después en un cofre de oro y, cerrado,
lo envolvieron con un fino velo de púrpura. Luego
colocaron el cofre en el hoyo, pusiéronle encima,
hacinadas, muchísimas piedras de grandes tamaños.
Y erigieron el túmulo. En torno pusieron vigías,
por si los de las grebas hermosas los acometían, 
y partieron, alzado ya el túmulo. Luego, reunidos,
el glorioso festín funeral celebraron sentados
en la casa de Príamo, el rey de realeza divina.
A Héctor, el domador de caballos, se honró de este modo. 

Homero (Grecia, c.siglo VIII a.C.), Ilíada, Gredos, Madrid, 1991
Traducción de Fernando Gutiérrez
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Foto: Busto de Homero, Italia, siglo II, imitación de un modelo griego del siglo II a.C. Museo Británico, Londres

sábado, septiembre 21, 2024

Nikos Kavadias / Mal du départ



Seré siempre un amante idealista e indigno
de los largos viajes y los mares azules,
y moriré una tarde, como todas las tardes,
sin hendir la línea turbia de los horizontes.

Hacia Madrás, Singapur, Argelia y Fez
partirán los barcos, orgullosos como siempre,
y yo, encorvado en un despacho ante mapas marítimos,
haré sumas en gruesos libros de contabilidad.

Dejaré ya de hablar de viajes lejanos;
mis amigos pensarán que los olvidé
y mi madre, contenta, dirá a quien le pregunte:
"Fue una curiosidad juvenil, pero ya pasó...".

Mi yo se alzará una tarde ante mí
y, como un juez sombrío, me pedirá una razón
y esta indigna mano mía temblorosa se armará,
señalará y golpeará sin miedo al culpable.

Y yo, que tanto deseé ser enterrado un día
en un mar profundo de las lejanas Indias,
tendré una muerte común y tristísima
y un entierro como los entierros de muchos hombres.

Nikos Kavadias (Cerca de Harbin, Manchuria, China, 1910 - Atenas, 1974), Antología de la poesía griega, Ediciones Clásicas, Madrid, 1997
Edición y traducción de José A. Moreno Jurado
Envío de Jonio González



MAL DU DÉPART  

Θα µείνω πάντα ιδανικός κι ανάξιος εραστής
των µακρυσµένων ταξιδιών και των γαλάζιων πόντων, 
και θα πεθάνω µια βραδιά, σαν όλες τις βραδιές, 
χωρίς να σχίσω τη θολή γραµµή των οριζόντων. 
Για το Μαδράς, τη Σιγγαπούρ, τ’ Αλγέρι και το Σφαξ
θ‘ αναχωρούν σαν πάντοτε περήφανα τα πλοία, 
κι εγώ, σκυφτός σ’ ένα γραφείο µε χάρτες ναυτικούς, 
θα κάνω αθροίσεις σε χοντρά λογιστικά βιβλία. 
Θα πάψω πια για µακρινά ταξίδια να µιλώ
οι φίλοι θα νοµίζουνε πωςτ α ‘χω πια ξεχάσει, 
κι η µάνα µου χαρούµενη, θα λέει σ’ όποιον ρωτά: 
«Ήταν µια λόξα νεανική, µα τώρα έχει περάσει…» 
Μα ο εαυτός µου µιαν βραδιά εµπρός µου θα υψωθεί
και λόγο, ως ένας δικαστής στυγνός, θα µου ζητήσει, 
κι αυτό το ανάξιο χέρι µου που τρέµει θα οπλιστεί, 
θα σηµαδέψει, κι άφοβα το φταίστη θα χτυπήσει. 
Κι εγώ, που τόσο επόθησα µια µέρα να ταφώ
σε κάποια θάλασσα βαθιά στις µακρινές Ινδίες, 
θα ‘χω ένα θάνατο κοινό και θλιβερό πολύ
και µια κηδεία σαν των πολλών ανθρώπων τις κηδείες.
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Foto: Niko Kavadias, 1934 Lifo

domingo, septiembre 01, 2024

Dioscórides / Epigramas



7

Sobre mi cama he tensado a Dóride de rosáceas nalgas
y entre sus frescas flores me he convertido en inmortal.
Me cabalgaba con sus esbeltas piernas
y culminó sin descanso la carrera de Cipris,*
mirando con lánguidos ojos, como hojas al viento
temblaban balancéandose chispeantes a uno y otro lado,**
hasta que fluyó el blanco vigor de ambos
y Dóride se derrumbó con relajados miembros.


8

Nunca acuestes frente a ti sobre la cama a tu mujer
embarazada, cuando goces de un placer procreador,
pues en medio habrá una gran ola y no poca brega
mientras ella rema y tú balanceas.
Mejor haz que role y goza sus rosadas nalgas,
considerando un placer masculino el de tu esposa.


28

Deménete, que envió a sus ocho hijos contra las tropas de los enemigos
  a todos los enterró bajo una única lápida. Pero no estalló
en lágrimas por el duelo, sino que sólo dijo
  esto: "¡Ay, Esparta! Para ti di a luz estos hijos."


31

El establo y las posesiones de Aristágoras con tu inmensa crecida,
  Nilo, arrasaste en tu curso sin rumbo.
El mismo anciano sobrenadó sobre su propio terruño,
  náufrago, perdida toda esperanza,
hasta la cabaña medio demolida de un vecino. "¡Oh -gritó-
  penalidades numerosas y trabajos inútiles de mi mano canosa!
Todo es agua: aquello que es dulce para los campesinos
  ha resultado ser contra Aristágoras la ola más amarga."

Dioscórides (probablemente Alejandría; siglo III a.C.), Epigramas, Universidad de Huelva, 2001 (esta edición en papel, a la que siguió la versión electrónica en 2008, incluye los textos originales en griego, que forman parte de la tradicional Antología griega o Antología palatina, recopilada en los siglos IX y X))
Traducción y estudio de Guillermo Galán Vioque

* Afrodita, nacida en Chipre, de acuerdo con la antigua mitología, o bien porque fue Chipre una de las primeras tierras que pisó la diosa que venía "de la espuma del mar" (N. del Ad.) 

** Puede entenderse que refiere a las piernas de Dóride, en el original, aunque el traductor parece referir a los ojos (N. del Ad.)
---
Imagen: Afrodita bañándose, o Afrodita agachada, copia romana en mármol de una escultura griega. Siglo II. Museo Británico. Foto: Wikimedia Commons

miércoles, agosto 21, 2024

Safo / Como esa dulce manzana...



Como esa dulce manzana se ruboriza en la punta de la rama,
En la punta más remota, y la pasan por alto los recolectores…
No la desdeñaron, no: es que no pudieron alcanzarla.

Safo (Mitilene, Grecia, VII a. C – probablemente Léucade, Grecia, VI a. C.), Lobel-Pag. 105a, Oxford, 1955
Traducción de Jan De Jager

N. del T.: Se conjetura que estos versos provienen de un epitalamio, una canción de bodas compuesta por Safo con motivo del casamiento de una mujer hermosa pero, según los criterios de aquella época, ya no tan joven para casarse



Οἶον τὸ γλυκύμαλον ἐρεύθεται ἄκρῳ ἐπ᾽ ὔσδῳ
ἄκρον ἐπ᾽ ἀκροτάτῳ λελάθοντο δὲ μαλοδρόπνες,
οὐ μὰν ἐκλελάθοντ᾽, ἀλλ᾽ οὐκ ἐδύναντ᾽ ἐπίκεσθαι.
---
Imagen: Jules-Élie Delaunay, Sapho embrassant sa lyre, siglo XIX

sábado, febrero 17, 2024

Safo / Versiones de Pedro Ignacio Vicuña




Libro 1º [1]

2
Ese me parece igual a un dios,
ese hombre sentado frente a ti
que de cerca, mientras hablas con dulzura,
escucha

y también mientras ríes deseosa; eso 
hizo saltar mi corazón dentro del pecho;
porque si te miro a ti un instante, 
no me es posible hablar

mi lengua se hace trizas en silencio, un fuego
sutil me corre por debajo de la piel,
con los ojos nada veo, me zumban
los oídos,

me recorre un sudor frío y un temblor
me atrapa entera, y estoy más verde que la hierba
y me parece ya
que necesito morir.
Mas todo es soportable [así pobre como soy]*

---
*Este verso no necesariamente corresponde al poema, aunque muchos autores lo incorporan y agregan la frase que está entre corchetes [N. del T.]


3
Alrededor de la hermosa luna los astros 
tienen que esconder su brillo 
cuando ella, plena, cubre
la tierra de plata 


4
el agua cantarina
rueda fría entre las ramas del manzano,
crepitan las hojas
y el sueño fluye


27
Unos dicen que un ejército a caballo; otros, que de infantería
y otros que de naves es lo más bello que hay sobre la negra tierra; 
yo, en cambio, 
digo que lo más bello es aquello que uno ama.

Y qué fácil es que todos 
lo comprendan, porque la más bella
entre todos los humanos, Helena,
abandonó a su hombre, el más sobresaliente,

y partió a Troya en una nave,
sin siquiera acordarse de sus padres
ni de su hija, arrebatada por 
la Cipria Afrodita…

ooo

El corazón cede tan fácilmente 
y anhela con urgencia lo que piensa. 
Eso me hace recordar a mi Anactoria 
ausente.

Quisiera ver su paso amable,
el luminoso brillo de su rostro
en vez de ver los carros lidios
y los soldados en batalla.

Pero no es posible a los hombres
la felicidad plena, quizás sólo un poco
en lo inesperado.*

---
*Panagis Lekatsás incluye este fragmento como parte del poema; sin embargo, muchos autores, entre ellos el poeta Odysseas Elytis, lo consideran como un fragmento independiente. Dado que seguimos, en principio, la reconstrucción establecida por Panayís Lekatsás, incorporamos este fragmento al poema, aunque podría ser perfectamente un texto autónomo [N. del T.]


[1] En el ordenamiento de los fragmentos, sigo, en principio, el orden de Lekatsás [Lekatsás, Panayís (Λεκατσάς, Παναγής) Safo [obra] Completa. (Σαπφούς Άπαντα), Sociedad Científica de las letras griegas.] N. del T.



Del prólogo:

La Suda, una enciclopedia escrita en griego por eruditos de la época bizantina del siglo X, refiere que "Safo, hija de Simón -o, según otros, de Eunonimos o de Eurigio o de Ekrytos, o de Semos o de Kamon o de Etarchos o de Escamandrónimo- era hija de Cleide; era nativa de Ereso en la isla de Lesbos. Poeta lírica que floreció hacia la 42ª olimpiada (612 - 609 a. C.), tiempo en el que vivieron Alceo, Estesícoro y Pítaco. Tuvo tres hermanos: Láricos, Kharaxos y Eurigio. Casó con Kerkylas, un hombre muy rico de la isla de Andros, y tuvo una hija llamada Cleide. Tuvo tres compañeras o amigas: Atthis, Telesippa y Megara, la calumnia condenó sus relaciones. Sus alumnas fueron Anactoria de Mileto, Gongila de Colofón, Eunica de Salamina. Escribió 9 libros de cantos líricos y fue la inventora del plectro*"

*El plectro es el arco o herramienta para hacer sonar los instrumentos de cuerdas [N. del T.]

Safo (Mitilene, Grecia, VII a. C – probablemente Léucade, Grecia, VI a. C.), Lo que dispersó la aurora, Lom Ediciones, Santiago de Chile, 2024
Prólogo, notas y versiones de Pedro Ignacio Vicuña

Los poemas de Safo en Otra Iglesia Es Imposible


2
φαίνεταί μοι κῆνος ἴσος θέοισιν
ἔμμεν᾽ὤνηρ, ὄττις ἐνάντιός τοι
ἰσδάνει καὶ πλάσιον ἄδυ φωνεί
σας ὐπακούει

καὶ γελαίσας ἰμέροεν, τὸ μ᾽ἧ μὰν
καρδίαν ἐν στήθεσι ἐπτόαισεν·
ὠς γὰρ ἐς σ᾽ἴδω βρόχε᾽ὤς με φώναι
σ᾽οὐδ᾽ἔν ἔτ᾽εἴκει,

ἀλλά κὰμ μὲν γλῶσσα ϝέαγε, λέπτον
δ᾽αὔτικα χρῶι πῦρ ὐπαδεδρόμακεν
ὀππάτεσι δ᾽οὐδ᾽ἔν ὄρρημμ᾽,ἐπιρρόμ
βεισι δ᾽ἄκουαι,

ἀ δε μ᾽ἴδρως κακχέεται, τρόμος δὲ
παίσαν ἄγρει, χλωροτέρα δε ποίας
ἔμμι, τεθνάκην δ᾽ ὀλίγω ᾽πίδευην
φαίνομ᾽ 
--
ἀλλά πὰν τόλματον ∪ ἐπεί καὶ πένητα ∪


3
ἄστερες μὲν ἀμφὶ κάλαν σελάνναν
ἄψ ἀπυκρύπτοισι φάεννον εἶδος,
ὄπποτα πλήθοισα μάλιστα λάμπης᾽ἀργυρία γᾶν


4
[]ἀμφὶ δ᾽ὔδωρ
[]ψῦχρον κελάδει δι᾽ὔσδων
μαλίνων, αἰθυσσομένων δε φύλλον
κῶμα κατάρρε


27
[Ο]ἰ μὲν ἰππίων στρότον οἰ δὲ πέσδον
οἰ δὲ νάων φαῖσ᾽ἐπ[ί] γᾶν μέλαιναν
[ἐ]μμεναι κάλλιστον, ἔγω δὲ κῆν ὄ
ττω τις ἔραται

[πά]γχυ δ᾽εὔμαρες σύνετον πόησαι
[π]άντι τ[ο]ῦτ᾽·ἄ γὰρ πόλυ περσκόπει[σ]α
[κάλ]λος [ἀνθ]ρώπων ᾽Ελενα [τὸ]ν ἄνδρα
[κρίννεν ἄρ]ιστον

[ὄσ τὸ πᾶν] σέβας Τροΐα[ς ὄς]λεσς]εν
[οὐδὲ π]αῖδος οὐδὲ φ[ί]λων το[κ]ήων
[οὖδεν] ἐμνἀσθ᾽, ἀ[λλὰ] παρά[γα]γ᾽αὔταν
[Κύπρις ἔραι]σαν.

[ἦ μάλ᾽εὔκ]αμπτον γὰρ [ἔφη βρότων κῆρ]
[καὶ μάτει] κούφως τ[όδ᾽, ὄ κε ν]οήσηι.
[ἀλ]λὰ νῦν ᾽Ανακτορί[ας γε] μ[έ]μναι·
[μ᾽οὐ] παρεοίσας,

[τᾶ]ς βολλοίομαν ἔρατόν τε βᾶμα
κἀμάρυ <γ>μα λάμπρον ἴδην προσώπω,
ἤ τὰ Λύδων ἄρματα κἂν ὄπλοισι
[πεσδομ]αχέντας.

[εὒ μὲν ἴδ]μεν οὐ δύνατον γένεσθαι
[λῳστ᾽] ὀν ἀνθρώπ[οις, π]εδέχην δ᾽ἄρασθαι
• • • • • •
β. τ᾽ἐξ ἀδοκή[το]

---
Imagen: Recorte de la Safo imaginada por Charles Mengin, 1877. También ilustra la tapa de esta edición de Lom

lunes, enero 08, 2024

Thanasis Kostavaras / El circo




No he dicho nada todavía.
No he dicho nada aunque fluya siempre nuestro dolor
entre banderas, altavoces y fuegos artificiales. 
Pero nuestro dolor más grande no se dice, no se escribe.
No lo escuchan los demás.
Sólo da vueltas dentro de nosotros. Como el león, gruñendo,
comiendo de nuestra carne. 
Nuestro dolor más grande no se transforma en gloria.
No se vuelve circo ni mercado. 

Thanasis Kostavaras (Anakasia, Grecia, 1927 - Atenas, 2007), La Jornada Semanal, nº 764, México, 25 de noviembre de 2009
Traducción de Francisco Torres Córdova
Envío de Jonio González

Poemas de Thanasis Kostavaras en La Jornada Semanal, México - Poetas Siglo XXI, España


Το τσίρκο

Δεν είπα τίποτα ακόμα.
Δεν είπα τίποτα κι ας κυλιέται πάντα ο πόνος μας
ανάμεσα σε σημαίες, μεγάφωνα και βεγγαλικά.
Μα ο πιο μεγάλος μας πόνος δε μιλιέται‧ δε γράφεται.
Δε γρικιέται απ’ τους άλλους.
Γυρίζει μέσα μας μόνο. Σαν το λιοντάρι‧ μουγκρίζοντας‧
τρώγοντας απ’ τις σάρκες μας.
Ο πιο μεγάλος μας πόνος δεν αλλάζει σε δόξα.
Δε γίνεται τσίρκο και αγορά.

---

viernes, abril 21, 2023

Constantino Cavafis / La prórroga de Nerón




Nerón no se inmutó al escuchar 
el vaticinio del Oráculo Délfico:
"Cuídate de la edad de setenta y tres".
Hay mucho tiempo para divertirse: 
apenas tiene treinta. La prórroga
que el dios le he concedido
es más que suficiente 
para enfrentarse a los futuros peligros. 

Ahora, un poco fatigado, volverá a Roma 
maravillosamente fatigado 
tras un viaje 
que consagró al placer: 
fiestas en el jardín, teatros, estadios...
Noches en las ciudades de Acaya...
Sobre todo el deleite de los cuerpos desnudos...

Así piensa Nerón. Pero, en la Hispania, Galba 
en secreto reúne y ejercita sus tropas. 
El viejo Galba,
que ya hace tres cumplió
los setenta años.

Constantino Cavafis (Alejandría, Egipto, 1863-1933), Una noche. Aproximación de José Emilio Pacheco, prólogo de Minerva Margarita Villarreal, El Oro de los Tigres III, Universidad Autónoma de Nuevo León, México, 2011


Foto: Constantino Cavafis, Alejandría Fettel & Bernard/Onassis Cavafi Archive

sábado, marzo 04, 2023

Ólga Vótsi / De las fuentes




Todos quieren beber de las fuentes.
Uno empuja al otro al abismo
y el ansia secreta brilla como un cuchillo en la noche.
Todos han arrojado
a los pozos a alguien vivo
y han tapado con las manos el horror.
Deseos intactos que no salen a la luz.
Sólo el sueño libera la boca
y escuchamos los ladridos del bosque,
nos detenemos en sus lindes
y temblamos.

Ólga Vótsi (El Pireo, Grecia, 1922 - Atenas, 1998), Poesía griega moderna, Vinciguerra, Buenos Aires, 1997
Traducción de Horacio Castillo
Envío de Jonio González


jueves, febrero 02, 2023

Constantino Cavafis / El dios abandona a Antonio



Si de pronto a medianoche escuchas
la comparsa invisible pasar
con músicas soberbias, con voces –
tu suerte que ya cede, tus obras
fracasadas, los planes de tu vida que
salieron todo engaño, no lamentes en vano.
Como preparado de hace tiempo, como un valiente
despídete de Alejandría que se va.
Sobre todo no te engañes, no digas que fue
un sueño, que una ilusión ha sido de tu oído.
No abrigues esas vanas esperanzas.
Como preparado de hace tiempo, como un valiente
a quien corresponde el honor de tener esa ciudad,
acércate a pie firme a la ventana
y escucha emocionado, pero sin
los ruegos ni las quejas propias de cobardes,
como último placer los sones,
los soberbios instrumentos de la invisible comparsa
y despídete de la Alejandría que pierdes.

Constantino Cavafis (Alejandría, Egipto, 1863-1933), Letras de Grecia, 29 de mayo de 2015 
Traducción de Pedro Ignacio Vicuña


lunes, enero 30, 2023

Constantino Cavafis / Una noche




Era un cuarto corriente y miserable,
oculto en el desván de una taberna.
Su única vista daba a un callejón
sucio, asfixiante. Del local subían
las voces de los clientes que jugaban.

Pero en ese lugar abyecto y ruin
conocí el cuerpo del amor; sus labios
rojos, ebrios, intensos, voluptuosos;
a tal punto que ahora cuando escribo
después de tantos años y estoy solo
hasta mi casa vienen a embriagarme.

Constantino Cavafis (Alejandría, Egipto, 1863-1933), Una noche. Aproximación de José Emilio Pacheco, prólogo de Minerva Margarita Villarreal, El Oro de los Tigres III, Universidad Autónoma de Nuevo León, México, 2011


sábado, agosto 20, 2022

Calímaco / Dos epigramas



Amor rerum difficilium 

               Mi amor es como el cazador … 

Epícides, acecha el cazador en el monte a la liebre 
y rastrea las huellas del corzo 
en medio de la nieve y de la escarcha. Y si alguien 
le dice "¡aquí, una fiera abatida!", no la toma. 
    Tal es mi amor: persigue lo que huye; 
    lo que yace a su alcance, sobrevuela. 

El epigrama fue traducido por Horacio, Sat. 1 2, 105-108. [N. del T.]


Autorretrato 

Odio el poema cíclico 1, aborrezco el camino 
que arrastra aquí y allá a la muchedumbre; 
abomino del joven que se entrega sin discriminación, 
y de la fuente pública 
no bebo: me repugna todo lo popular. 
      Lisanias, tú eres bello, sí, muy bello. Pero antes de 
         que pueda 
      terminar de decirlo, repite el eco "es ya de 
      otrooo.. ."

Cf. Horacio, C. 111 1, 1: Odi profanum uulgus et arceo … El poema es, en general, un catálogo de los je déteste calimaqueos. [N. del T.]

1 La poesía cíclica de los sucesores de Homero (cf. LV). La alusión a Apolonio de Rodas es evidente. Cf. AP VI1 409 (Antípatro) y XI 130 (Poliano), y la "respuesta" de Apolonio (AP XI 275). [N. del T.]

Calímaco de Cirene (Colonia griega de Cirene, actual Libia, c.300 a.C.-Alejandría, Egipto, c.240 a.C.), Epigramas, Suplementos de 'Estudios Clásicos', n° 6, Madrid, 1974
Traducción de Luis Alberto de Cuenca


Imagen: Papiro con fragmento de las Aitia, de Calímaco, The Egypt Exploration Society, 1915 Wikimedia Commons

jueves, julio 07, 2022

Calímaco / Dos epigramas



285 (V 6)

Prometió a Jónide Calignoto: que ella jamás, ni amante más grande ni amada tendría.
Prometió. Pero dicen, es verdad, que a los juramentos en eros no bogan oídos inmortales
Y ahora él en fuego masculino se consume, pero de la penosa ninfa cono de los megareos no hay palabra ni recuento. [3]

318 b [4]

Concha tiempo atrás, Cefiritis, sin embargo
me tienes ahora, Cipris, como ofrenda más noble de Selenea,
Nautilo fui y surcaba el piélago
si empujaba la brisa,
tendiendo velas de cordones innatos,
y si venía Galanea, la diosa fértil, era todo remar
de piernas, esto me confirió el nombre,
hasta caer a la playa de Yúlide, para ser admirado
en cada ángulo era como un juguete luminoso para ti, Arsínoe,
y no habitación para huevos que ponga el húmedo alción,
y no he de respirar.
Da a la hija de Clinias dicha. Pues sabe obrar con bien
y también proviene de esmirnia de eólide.

Calímaco de Cirene (Colonia griega de Cirene, actual Libia,c. 300 a.C.-Alejandría, Egipto, c.240 a.C.), Universidad de Carabobo,  Poesía n° 55, traducción de César Torres

De las notas del traductor:

[3] De la Antología palatina "una alusión a la conocida anécdota según la cual los de Mégara (cf. el 189 de Arato) preguntaron al oráculo de Delfos qué pueblo era el mejor, a lo que respondió citando varias ciudades y terminando: Vosotros ¡oh Megareos! no sois ni los terceros ni los cuartos ni los duodécimos ni (entráis) en cuenta ni en consideración" (p.166).

[4] Poema motivado por un voto humilde: una concha de nautilos encontrada en la playa de Yúlide es ofrendada en el Cefirión. Esta especie marina sin embargo se encuentra bañada de ideas mitológicas que aparecen en el poema. *

* El nautilo es también conocido como argonauta, en alusión a los navegantes mitológicos de la nave Argos, conducida por Jasón. En tal "fósil viviente" se inspiró Julio Verne para la descripción de la nave submarina que habita el capitán Nemo en Veinte mil leguas de viaje submarino, publicada en dos partes en 1869 y 1870 (N. del Ad.)

De la introducción del traductor: 

En esta selección se muestran sus epigramas, donde colabora por momentos con la dialéctica de una lengua volátil, desacralizada y popular. (…) Su obra perdida es, sin embargo, un proyecto fracasado de una época en que cada sintagma, carácter, gramma, letra, símbolo... buscaba afincarse en una realidad aun inhóspita, inmanejable para un lenguaje ya no casto y puro, sino oriental y griego, un total desborde de la experiencia antigua. [César Torres]


Ilustración: Los argonautas abandonan la Cólquida, Ercole de'Roberti, c. 1480, Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, Madrid

martes, junio 28, 2022

Manolis Anagnostakis / Aún hacía falta...



Aún hacía falta mucha luz para que amaneciera. Sin embargo, yo
No acepté la derrota. Veía ahora
Cuántos tesoros ocultos debía salvar
Cuántas fuentes de agua conservar en medio de las llamas.
Hablad, mostrad heridas desquiciadas en las calles
El pánico que estrangula vuestro corazón como bandera
clavadlo a los balcones, cargad con prisa el cargamento
Vuestro pronóstico infalible: caerá la ciudad.
Allí, atentamente, en un rincón, recojo en orden,
Sensatamente cerco mi último refugio
Cuelgo manos cortadas en los muros, adorno
con los cráneos cortados las ventanas, tejo
con cabellos cortados mi red y espero.
De pie y solo, como entonces, espero.

Manolis Anagnostakis (Salónica, Grecia, 1925-Atenas, 2005), El Navegante. Revista de Humanidades, Universidad del Desarrollo, Instituto de Humanidades, Santiago de Chile, 2016
Traducción de Pedro Ignacio Vicuña
Envío de Jonio González


Foto: Altazor

lunes, enero 10, 2022

Yannis Yfantís / L' antichissima luce

              


                                                  poco antes de que se apague
                                                 la antiquísima luz
                                                                   Pier Paolo Pasolini

No conocí al rey del rebaño, el hijo del sol.
Solamente vi su vellón una vez colgado de un antiguo árbol
mientras el anochecer
se ovillaba en la raíz del árbol como una serpiente.
Oh sagrada raza de los antiguos, oh luz.
Alcancé la antiquísima luz, la respiré.
Monté desnudo a caballo bajo los árboles del Gran Día,
comí moras, tomé leche, bailé,
jugue con el tranquilo, ágil, rizado, temible
príncipe de nuestras ovejas. Y he aquí
que se secaron todos los ríos, han huido
hacia el mar, y detrás
quedan sus guijarros, las montañas --
para que habiten cíclopes y soles.

Yannis Yfantís (Raīna, Grecia, 1949), El Placard, junio 24 de 2012
Versión de Horacio Castillo


Foto: Politeia

jueves, octubre 28, 2021

Takis Varvitsiotis / Dos poemas



Boîte à musique

Era otoño
Y era un muelle

Una triste voz
Del ayer
Que subía a su paso hacia los astros

Y algunos sueltos cabellos amarillos

Como un legendario crepúsculo
Como una bandera victoriosa


El cielo está muy azul

                     Il semble que ce soit le ciel qui ait
                     le dernier mot. Mais il le prononce
        à voix si basse que nul ne l'entend jamais.
                                                          René Char

Decías; el cielo está muy azul
Un círculo inmenso donde se hunden los años
Un círculo inmenso donde se hunden las estrellas
Nos separa de la tierra nos une a la tierra
Parece un camino que llevara a un extraño
Cementerio de pájaros parece un río transparente
El cielo está muy azul como una voz que brilla
Anunciando el más prodigioso nacimiento
La más prodigiosa metamorfosis

Takis Varvitsiotis (Tesalónica, Grecia, 1916-2011), Seis poetas griegos, Colihue, Buenos Aires, 2000
Traducciones de Horacio Castillo


viernes, mayo 07, 2021

Yannis Ritsos / De "La casa muerta"























(De toda la familia, quedaron sólo dos hermanas, y una de ellas enloqueció.
Imaginó que su casa había sido trasladada cerca de la antigua Tebas o, más bien,
a Argos. Confundía la mitología, la historia y su vida privada, el pasado y el
presente, no el futuro. Sólo eso. Más tarde volvió en sí. Y es ella la que me hablaba
esa tarde que les traje un mensaje de su padre, desde el extranjero. La otra no se
hizo presente en absoluto. De vez en vez, solamente, se escuchaba un suave 
caminar con pantuflas en el cuarto contiguo, mientras la mayor hablaba.)


(Fragmentos)

en otros días, en bodas, en bautizos, en fiestas, en cumpleaños, 
en días de triunfo y glorias, cuando el mensajero lleno de polvo 
caía acezando en esta escalera 
y besaba el mármol y lloraba 
y anunciaba con una voz varonil, algo ronca, 
extraña en la resaca de su postrer sollozo;

y los sirvientes de la casa y algunos viejos de paso 
escuchaban apretujados en la columnata 
y las sirvientas en las puertas con sus delantales levantados hasta los ojos 
y nuestra madre, la patrona, en el medio del zaguán 
y la nodriza a su lado como encina quemada por el rayo 
y más allá el institutor, amarillo como cera entre su rala barba, 
todo entero como una mano sin carnes, agarrada a las cuerdas de un arpa 
y las niñas pequeñas inmóviles en las ventanas, 
escondidas detrás de sus sueños y de sus sospechas, 
escuchando y no entendiendo, 
observando la bella inclinación de la rodilla del mensajero, 
su joven barba castaña y sus negros cabellos, 
rizados y costrosos por el sudor y el polvo 
y una rama de espino enganchada en su túnica – De modo 
que los bosques caminan y las mesas se levantan como caballos en sus dos patas, 
y los trirremes pasan por encima de los árboles con el crepúsculo 
y los remeros se inclinan y se yerguen se inclinan y se yerguen, se inclinan 
     y se yerguen,
por cierto, al ritmo del amor; y los remos 
son mujeres desnudas colgadas de sus cabellos 
que palpitan y se agitan brillando dentro del mar 
hasta que tras los trirremes se marca la espuma de la 
     galaxia. De modo que entonces – 


El mensajero anunciaba la brillante victoria 
entremedio de mil y tantas muertes  – aparte de los heridos –  
anunciaba en fin, la llegada del Señor 
con mucho botín y banderas y carros y esclavos 
y una herida en medio de la frente – decía – 
como un nuevo, excelso ojo, desde donde vigilaba la muerte, 
y ahora el Señor veía hasta dentro de las entrañas 
de los paisajes, de las cosas, de los hombres, 
como si todo fuera de vidrio transparente y leía libremente 
el ritmo de nuestra sangre, nuestros deseos, nuestro destino, 
las venas de oro que fluyen en las piedras, 
y la ramas del carbón extendidas en la oscuridad subterránea 
y los nervios plateados del agua ramificados dentro de las rocas 
y los pequeños calofríos de la culpa bajo las ropas y la piel.

Todos oían (igual nosotros) como petrificados, 
inquietos todos y curvados y sin lágrimas 
como si fueran ya de vidrio 
y todos los vieran y se vieran ellos a sí mismos 
con su desnudo esqueleto en el vidrio, también de vidrio, 
frágil, sin refugio alguno ya. Y sin embargo

en esta total ausencia de resguardo, 
en esta mortal debilidad, 
en esta transparencia sin sombras

se sentían de pronto apaciguados, desarmados 
en la infinitud de la transparencia, también ellos infinitos, 
como inmaculados en medio del pecado general, 
todos como hermanos en soledad general de la enemistad recíproca, 
como armados de lo inerme del hombre, 
bella y gentilmente vestidos de la desnudez universal.


(...)

Una lechuza voló bajo, sobre el atrio, 
a pesar de que aún era temprano en la tarde – 
no había anochecido y la sombra de la lechuza se marcó indeleble, 
exactamente sobre la entrada (aún existe). Las sirvientas corrieron adentro. 
La señora olvidó engalanar a sus hijos. Entró al baño. 
Lo llenó de agua caliente y no se lavó. Al poco 
se encerró en su cuarto y se pintó al espejo 
roja, roja, púrpura, como máscara, como muerta, como estatua, 
como asesina o como ya asesinada. Y el sol se ocultaba a lo lejos 
amarillo y encendido como adúltero coronado, 
como usurpador dorado de un poder ajeno, 
salvaje en su cobardía y temible en su miedo, 
mientras sonaban desquiciadas las campanas en todo el país


(...)


Por las noches si una mujer se atrasaba 
lavando aún en el río y se oía el golpe del palo 
sobre los tejidos blandos, empapados, nadie decía 
que un cuchillo se entierra en la carne 
ni que cierran una trampa secreta 
ni que lanzan por la ventana norte un cadáver al foso – simplemente decían 
que un palo golpea en la ropa 
además por el sonido distinguían 
si era lana o algodón o lino el género
 y sabían que una mujer  blanqueaba la dote de su hija 
se imaginaban además el día de la boda 
la palidez del novio el rubor de la novia 
el entramado de los dos cuerpos casi incorpóreos por el  velo de tul de la cama, 
que mueve el aire de la noche. Tantos detalles 
y tanta exactitud (¿no es acaso muestra de equilibrio?) 
junto a esta sensación de lo indispensable, 
como si hubiese sido necesario aquello que ocurrió y lo que luego sucedió – 
la sensación de lo inexorable y lo irresponsable y aún incluso
una vena de música que late en el aire 
y la oyes de nuevo y la oyes de nuevo y no sabes

dónde se encuentra – ¿un poco más arriba de los árboles? 
¿bajo los solitarios bancos del parque? 
¿adentro de ese baño? ¿encima del río rojo? 
o en la cerrada armería del padre con los trofeos de tantas guerras vanas 
o en las sandalias vacías del hermano mayor que hace años está ausente en los barcos,
     tripulante, 
y que quién sabe si jamás volverá 
o en los cuadernos de dibujo del hermano menor que dejó ya de escribirnos 
     desde el sanatorio, 
o en el guardarropía de nuestra infeliz madre 
con los largos, vestidos blancos llenos de pliegues y las anchas fíbulas labradas – 

(a menudo, desde la ventana, por las noches, vi los vestidos 
caminando solitarios debajo de los árboles 
livianos, ondeando como sombras del claro de luna y detrás 
de su blanco vaho, detrás de su pálida ondulación, 
distinguía la fuente seca con el delfín de bronce 
curvado en un postrer brillo de fuga – aquella transparencia, de vidrio, 
     que no dejaba estigmas de remordimiento ni memoria 
porque la memoria también es inútil en una constante ausencia 
     o presencia). En todo caso

esa vena de música se oía en todas partes y ni siquiera sabes 
por qué eres feliz, qué es la felicidad; sólo distingues 
aquello que nunca te importó y ni siquiera viste 
liberado empero de su peso. Ni al mensajero conocíamos, 
ni el asesinato, ni las aterradas sirvientas que corrían 
y era yo una de las dos muchachas que estaban en las dos ventanas 
y que miraba las dos hijas como abajo de la escalera o del camino, 
más o menos desde el lugar del mensajero o desde el lugar de la sirvienta más pequeña, 
yo que estaba siempre en la ventana; (a menudo envidiaba a las sirvientas 
por su bella insolencia, astucia, su buen ánimo y su libertad, 
aquella libertad profunda de la esclavitud que te libera 
de iniciativas y decisiones – las envidiaba).

[1949]

Yannis Ritsos (Monemvasía, Grecia, 1909-Atenas, 1990), La casa muerta, Lom, Santiago de Chile, 2017
Traducción de Pedro Vicuña

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